Buenas tardes ;3
No había terminado esta historia porque no se me ocurría nada para el ultimo extra. Pero como en estos días estoy sin trabajo, me llego la inspiración de la nada XD y he aquí el capitulo extra final de esta historia. Con esto concluyo el fanfic, muchas gracias por seguirlo y por leer mis locuras ;D
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.
Extra 3: Caricia Oral
Kagome caminaba distraídamente por la calle principal de ese gran pueblo. Le gustaba ir de compras a ese lugar porque tenía un mercado local muy bien surtido y una vez al mes ella y Sango iban para surtir sus vivieres, pues a veces no era posible conseguir todo en la aldea donde vivían.
La sacerdotisa estaba dando un recorrido para distraerse en lo que esperaba a su amiga, ya que ésta pasaría al taller local para conseguir algunas herramientas de mantenimiento para su boomerang. En ese momento Kagome escucho a un grupo de mujeres que platicaban detrás de un puesto de frutas. Ella no era de las personas que escuchan conversaciones ajenas, pero no pudo alejarse cuando entendió el tema de la plática. Entonces disimuladamente se quedo a un lado del local, en un ángulo en el cual no podían verla.
– ¿En serio se lo pediste Mari?– pregunto una de las jóvenes.
–Sí, la verdad no estaba segura pero después de lo que me dijo Kari, me anime a intentarlo– respondió emocionada la segunda chica.
– ¿Y qué paso, no lo disfrutaste?– intervino la tercer mujer.
–Claro que si Kari, fue muy divertido y mi esposo acepto inmediatamente… la verdad no sabía que fuera tan… tan placentero– contesto Mari con la cara sonrojada.
–Te lo dije, es una gran experiencia y qué bueno que tu marido acepto encantado– dijo Kari con guiño de ojo y una picara sonrisa.
–Tendré que intentarlo con mi esposo, pero dime como debo pedirlo– solicito la primer chica.
–Escucha Azuza, antes que nada debes tener confianza de pedírselo, luego comienzas a mimarlo y después…– comenzó a decir Kari.
Kagome sonreía ampliamente ante la simpática conversación. Sabia claramente de qué estaban hablando, pero no se le había ocurrido que esas palabras podrían serle útiles. Es decir, a pesar de llevar más de un año casada con InuYasha, no se habían dado tiempo para experimentar otras cosas en la intimidad. Y recordaba que aun estaba pendiente la experiencia oral que InuYasha quiso darle en su noche de bodas. De pronto la idea surgió en su cabeza ¿Por qué no intentarlo?
…
Un poco después las dos jóvenes caminaban de regreso a la aldea de la anciana Kaede.
–Kagome, ¡Kagome!– dijo Sango.
– ¡Eh!, si que pasa… perdón estaba distraída– contesto la sacerdotisa.
– ¿En qué piensas?, cuéntame– pidió la exterminadora.
–Pues… la verdad es que tengo unas dudas respecto a cierto tema… complicado– explicó Kagome al tiempo que se sonrojaba. –Sango… ¿tú has recibido… sexo oral?–
La mujer detuvo el paso y la miro con gesto de sorpresa, después sonrió y se rio tímidamente. –Kagome, esa sí que es una pregunta inesperada. –
–Perdóname Sango, pero eres la única a la que le puedo preguntar ese tipo de cosas. Tengo algo de curiosidad después de escuchar a unas mujeres platicando sobre ello– confesó con evidente incomodidad.
– ¿Acaso InuYasha no se ha esmerado en atenderte?– pregunto la exterminadora con mirada picara.
–Yo… la verdad no me he dado tiempo para practicar más cosas… ambos hemos estado un poco ocupados y solo experimentamos con algunas posiciones o bien, lo hacemos en diferentes lugares… pero específicamente ese tipo de estimulación no– contesto Kagome.
–Ya veo, entiendo tu curiosidad. Pero solo puedo platicarte sobre lo que se siente con esa caricia… porque aun no he intentado devolvérsela a Miroku– índico Sango, sonriendo como tonta al remembrar ciertos pensamientos libidinosos.
– ¿En serio?, ¡oh, dime por favor!– suplico Kagome emocionada. –Yo tengo conocimiento teórico, pero hasta ahora no le he pedido a InuYasha que lo haga. –
Sango continúo con su gesto divertido y comenzó a contarle su experiencia personal. –Pues mira, es una estimulación muy placentera y más cuando…–
…
Una hora después, Kagome llegó a su casa y se puso a acomodar los víveres. InuYasha no se encontraba, probablemente estaría con Kaede o molestando a Shippo.
Después de preparar la comida y arreglar alguna que otra cosa, la joven decidió tomar un relajante baño. Llenó la tina grande de madera, acerco una esponja y un jabón elaborado con hierbas aromáticas. Momentos después, disfrutaba de la temperatura y el olor de la espuma.
Kagome no dejaba de pensar en la conversación de las mujeres y en lo que le había contado Sango, así que inconscientemente se dejó llevar por la relajación y el suave recorrido de la esponja sobre su piel. Primero estimulo con lentitud sus pechos hasta que sintió la tensión de sus pezones. Una de sus manos se quedo masajeándolos y la otra bajo a su vientre con el blando objeto palpándola y liberando más burbujas. Con un ligero jadeo recargo su nuca contra el borde de la tina y una placentera mueca se dibujo en su rostro.
La estimulación manual le generaba tan satisfactorio delirio, que no se percato de la llegada de alguien. Su marido se acerco en silencio al patio posterior cuando olfateo el olor del jabón aromático. Sonrió complacido al ver el grato espectáculo y sin delatar su presencia, tomo asiento en un pequeño banco. La mujer seguía con los ojos cerrados y su lengua recorrió las comisuras de sus labios con lujuriosa lentitud. En ese momento InuYasha sintió un espasmo en su bajo vientre y su cuerpo comenzó a reaccionar ante el deseo de su esposa.
La joven sintió la mirada y abrió los ojos asustada, el medio demonio le sonrió con malicia.
– ¿Te puedo acompañar?–
– ¡InuYasha eres un tonto, me asustaste!– le reclamó.
– ¿Qué sucede?... puedo sentir que estas inquieta por algo– dijo el muchacho al tiempo que se desnudaba.
–Yo… no se a que te refieres… – contesto distraídamente, volviendo a la actividad de enjabonarse.
Su esposo se aproximo y agachándose quedó frente a su rostro. – ¿En serio, no hay nada que me quieres decir?–
Kagome se sonrojo por completo y tuvo el pensamiento de arrojarle la esponja en la cara, sin embargo se detuvo al recordar el consejo de su amiga Sango. –Se sincera Kagome, debe haber confianza entre los dos. –
Entonces liberó un suspiro y su gesto se relajo, al tiempo que sus manos subían al rostro del medio demonio para acariciar sus mejillas. Lentamente lo acerco a su boca y él se dejo llevar hasta que un suave beso unió sus labios.
–InuYasha… yo quisiera… intentar algo… – dijo entre jadeo y jadeo. Cuando se separo de él, pudo notar su atento gesto y una sonrisa complaciente.
–Lo que tú quieras, solo tienes que decirlo– contesto el muchacho, al tiempo que entraba a la tina.
–Pues… yo… es que no sé cómo decirlo… yo…– dijo entrecortado. Su cara seguía enrojecida.
El muchacho se recargo en el otro extremo y le hizo un gesto para que se acercara. –Ven, no tienes que decirlo con palabras… sigamos con el baño. –
La sacerdotisa sonrió, se acerco a él hasta quedar recargada en su pecho y con suavidad comenzó a recorrerlo con la esponja. Entre sus manos tomo algo de agua, dejándola caer sobre su pelo blanco y un poco más en su rostro. Ambos continuaron masajeándose mutuamente, notando como crecía el deseo en su interior. Sus cuerpos estaban empapados por el líquido y la aromática espuma. La fricción de sus pieles comenzó a generar placenteras sensaciones y después de algunos minutos los gemidos comenzaron a delatar el anhelo de algo más.
–Te deseo Kagome…– dijo de pronto InuYasha, al tiempo que la tomaba en brazos y salía por completo de la tina.
Ella lo abrazo por el cuello y con un intenso beso le confirmó que el sentimiento era mutuo. Ambos entraron al interior de la cabaña donde el futon los recibió.
–Recórreme con tu boca…– solicito la joven con las mejillas encendidas y la lujuria en la mirada.
El mestizo sonrió maliciosamente y por un momento sus orejas se agitaron inquietas. La recostó con suavidad a lo largo de las mantas, mientras volvía a besarla. Después sus labios se desviaron a su cuello con lentitud, subiendo hacia el lóbulo de su oreja, haciendo un sensual recorrido con la lengua, dibujando el contorno y provocándole un intenso jadeo.
Kagome tembló, adoraba esa caricia y se dejo arrastrar por la sensación que comenzaba a crecer en su interior. Su piel empezó a arder al sentir las manos masculinas recorrerla centímetro a centímetro. Primero inicio en sus hombros, luego bajo por los brazos y de pronto el toque se posó en sus pechos, provocando una descarga de goce que le recorrió la espina dorsal. Sus gemidos dejaron de ser suaves y su cuerpo empezó a solicitarle más placer.
InuYasha notó de inmediato el anhelo creciente de Kagome, era lógico después de su caricia manual, así que su atención se concentro en el recorrido bucal, dejando que la cálida lengua humedeciera de nueva cuenta su piel. La sintió temblar ligeramente y percibió el subir de sus manos hasta tocar con suavidad sus orejas en un gesto de retribución. Él seguía entretenido besando su cuello y luego comenzó el descenso a sus senos, los cuales permanecían firmes y deseosos de atención. La boca se esmero en besar y mordisquear una y otra vez cada uno de ellos, turnando la caricia manual con la estimulación lingual.
La joven trataba de concentrarse en acariciar a su esposo, pero el mar se sensaciones la arrastró hasta que se rindió. Se dejo llevar por las atenciones de InuYasha y solamente se dedico a sentir y gemir. Su lengua era tan cálida, suave y firme que comenzó a sentir nervios por lo que vendría después. Realmente deseaba sentir ese placer, quería experimentarlo, gozarlo y aprender para devolverlo después.
El medio demonio hizo que creciera su excitación con solo la caricia de sus manos y su lengua, se sentía complacido con eso y estaba dispuesto a hacerla gozar hasta el final. Su tacto bajo por los costados hasta llegar a sus piernas, que ligeramente se entreabrieron. Con gran habilidad comenzó a acariciar la suave piel interior de sus muslos, mientras sus labios se despedían de los pechos para iniciar el viaje hacia su vientre. Bajando y lamiendo, bajando y besando se acerco al inicio del monte de venus, ella se estremeció por completo.
Kagome jadeo con anhelo y su espalda se arqueo como reflejo al notar la cercanía del joven a su feminidad. Sus manos apretaron las mantas, preparándose para sentir. El torso de InuYasha se acomodo entre sus piernas descendiendo un poco más, sus manos seguían acariciándole los muslos y el cálido aliento erizo su piel. Ella cerro lo ojos cuando la inquieta lengua inicio el acercamiento a su intimidad.
La primer lamida contra su carne fue tan lenta y ondulante, tan húmeda y firme, que la obligo a gemir con fuerza. Una punzada contrajo su interior y un lubrico hilillo de humedad escapó. Sus piernas se tensaron y por un instante quiso cerrarlas, sin embargo cuando él comenzó a recorrerla, su intención se disipo y sus extremidades se aflojaron. No se dio cuenta cuando InuYasha coloco sus pantorrillas sobre sus hombros hasta que sintió el cosquilleo del plateado cabello. Su rostro se descompuso en una mueca delirante y su respiración se descontrolo.
El órgano bucal dejaba rastros de humedad y descargas de placer al marcar su piel, recorriendo cada contorno y lamiendo cada pliegue de la suave flor. InuYasha se regodeo al notar la lubricación provocada por su hábil caricia y al ver el semblante femenino, no pudo evitar sonreír con orgullo al saberse responsable de su lascivo delirio.
La mujer respiraba con dificultad y su espina dorsal era recorrida por intensas sensaciones que la perdían en el sopor del placer, sus uñas se clavaron en la manta preparándose para el estallido final. Lo sintió crecer en su botón, expandirse por sus pliegues y punzar contra su interior. Abrió los ojos de golpe cuando el orgasmo explotó en su vientre y se derramo por todo su ser. Su boca liberó un intenso jadeo al tiempo que su cuerpo se convulsionaba en el éxtasis total.
InuYasha la sitió estremecerse y la escucho clamar a más no poder. Su lengua persistió con la lúbrica caricia hasta que la flor femenina se relajo. Sus manos continuaron recorriendo suavemente la piel hasta que la respiración se normalizo. Lentamente se incorporo, observando satisfecho el gesto de su mujer, se recostó a su lado y la abrazo.
–Kagome, ¿ya regresaste a la realidad?– susurro en su oído.
–Mmm… – dijo ella con los ojos entrecerrados.
–Toma un descanso– índico InuYasha, al tiempo que la acurrucaba contra su pecho. –Me pregunto si después me tocara a mí…– caviló esperanzado.
Kagome se sintió arrastrada por el sueño, jamás pensó que la lengua de su marido fuera tan impetuosa. Tendría que buscar la manera de recompensarle sus atenciones y sonrió de tan solo imaginarlo.
=Fin del Extra 3=
Bien, esto es todo por el momento con fics clasificación M
XD ya se me ocurrirá algo mas adelante, lo sé... así que solo me queda darles las gracias por leer, por sus comentarios y por su tiempo :3
Abrazos :)
