Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de CLAMP. Sin embargo, Luke Lafertte sí me pertenece. JA, tomen eso! Enjoy the silence le pertenece a Depeche Mode. Los demás personajes incluidos aquí... son magia de sus autoras.
Nota capitulposa: Este extra está dedicado especialmente a Hikari-sys, Asuka-hime, sam-ely-ember y Chocolate-con-menta.
~Capitulpo extra: Enjoy the silence~
Luke's POV
Hubo un tiempo en el que las cosas resultaron muy diferentes a como están ahora. Sí, lo digo muy en serio. Es extraño, pero si te detienes a pensar, resulta que si varías un poco en la rutina —además de que se te van todos los planes a la mierda—... no, se te jode todo y punto.
Y me hubiera encantado por un segundo que la conexión de internet de Syaoran no fuera una basura. Vamos, llevaba al menos unos treinta y dos segundos mirando mi propia cara frente a la cámara web sin nada mejor que hacer. Por otra parte, durante la agonía de mi tiempo desperdiciado, encontré sorpresivamente que este programa me daba las opciones de personificar a muchos personajes muy curiosos. Tan así, que le di una oportunidad a lo primero que vi.
—Meow.
Justo así iba a terminar algún día si mi visita virtual no aparecía de una jodida vez.
Suspiré, y pensé que sería una buena idea darle la bienvenida por fin al silencio. Está todo tan silencioso. Pero antes de comenzar a quejarme, di cuenta de algo: en mi pequeño mundo no bastaba nada más. Después de una función terminada, la paz de un pentagrama vacío es sencillamente perfecta, que no podría pedir algún obsequio que lo superara.
Conté un minuto y cinco segundos cuando alguien se atrevió a escribir la primera figura musical.
—¿Por qué mierda tienes un gato en la cara?
—¿Por qué mierda no buscas un mejor servicio de internet y te dejas de joder? —Le respondí a Syaoran, quien me miraba con una de sus cejas alzada mientras yo le regresaba una sonrisa amistosa y para nada sarcástica. De ésas que sólo yo puedo dar a las personas que me caen bien, o que pretendo y les engaño para que lo crean—. Bonne nuit, mademoselle.
Pero con esa pequeña niña no tenía la necesitad de pretender. Sakura me devolvió el saludo tan sólo con un movimiento de sus labios. Bonne nuit, había sido su respuesta vi sonreír luego. Y la curva de sus labios me lo dijo todo. Me limité a negar con la cabeza sin decir nada para evitar que cierto alguien escuchara, pero al ver que mi gesto no daba el resultado que estaba esperando, tuve que abrir la boca.
¿No lo entiendes, Pequeña?
—No te disculpes con esa sonrisa. No tienes la culpa de convivir con un idiota.
—No está viviendo con su amigo británico.
—Qué lindo —le dije a cierto alguien—. Me refería a ti.
De la misma manera en la que convivíamos cuando Syaoran se quedaba conmigo en mi departamento. Sin embargo, ahora tenía la esperanza —diminuta esperanza— de que su actitud hubiera madurado tan sólo un poco. Si fuera su psicólogo, estoy seguro que lo dejaría peor… pero con muy buenos motivos. Lástima que soy un actor nada más, porque sería una gran ayuda para aquéllos que tienen problemas. Partiendo conmigo.
Lástima también que me culpe a mí de su desgracia. Sé que algo de culpa tengo, no lo voy a negar nunca, pero no toda la culpa es por obra mía. Y no me arrepiento de ninguna de mis acciones. Me importa poco que le cueste la vida aceptarlo, él sabe que lo hice con buenas intenciones. Que no resultaran como lo planeara ya es otra historia.
—Entonces —Comenté luego de quitar el gato de mi cara—, ¿para qué me querían?
Sentí las ganas que tenía Syaoran se cortar la video llamada en ese segundo, y a Sakura cuestionándose sobre si responder a mi pregunta o no.
—Bueno… fuiste tú el que quiso acompañarnos en los preparativos —Me respondió ella al instante de tomar su decisión.
—¡Ah, claro! Ya lo sabía —mentí—. Sé que necesitan de mis recuerdos para sus listas de regalos.
Syaoran tenía un cigarrillo entre sus labios y una libreta en sus manos. A pesar de que fue su lápiz de tinta morada lo que me hizo dudar un momento. ¿Fui yo quien se lo regaló? Lo medité un par de segundos hasta que lo negué. No, yo era el responsable de lo que él tenía en su boca. Sentí un ligero alivio y con eso me quedé tranquilo.
Es una noche brillante en mi ciudad de luces, y al parecer una muy fría en Londres. Déjenme contarles un secretito: Syaoran sólo fuma cuando tiene frío, está nervioso o incómodo.
Sakura estaba sentada junto a un pequeño árbol de navidad, adornado con algunas esferas rojas y bastones de dulces —espero que reales—. Tenía su portátil sobre su regazo y una taza de… café si no me equivoco, a un lado de ella. Un ambiente acogedor la envolvía. Desde mi lugar no tenía más que la compañía de la Torre Eiffel que brillaba a la distancia a través de mi ventana. Me gustaría estar allí junto al fuego de su estufa eléctrica jugando con algunos acertijos de ésos que siempre me han gustado.
—¿Ya tienes el regalo para la chica pelirroja? —Preguntó Sakura. Me asombré ante la mención. Oye, a mí me gustan las chicas con el cabello rojo. Algún día encontraré una para mí… sí— Dijiste que te encargarías de los regalos de las chicas y yo el de los chicos, ¿verdad?
Syaoran asintió con la cabeza y encendió el cigarrillo. ¡Estaba usando mi regalo! Es un bonito gesto de su parte.
—Lo tengo. Es un regalo sorpresa —Eh… no, amigo, tus juegos misteriosos no tienen el mismo efecto como los míos, pero se agradece el intento—. Es algo que se quedará tras el telón.
¿Por cuánto tiempo? Vamos, si la función tarda en comenzar, el público pierde todo el interés, y cuando por fin te decides a actuar, sólo lo haces frente a un montón de butacas vacías. Detente con el misterio, hombre.
Por otro lado, ¿Tras el telón? ¿Estamos hablando de un teatro, entonces? Claro, no tendría otro sentido…
¡Ah, un segundo que ahora entiendo! ¿Se refiere a la chica disfrazada de Alicia? Joder, no recuerdo mucho alguna interacción entre nosotros. No obstante sí recuerdo al tipo que iba de sombrerero…
—Para él tengo planeado un poco de tabaco y un José Cuervo. —Comentó Sakura siendo muy oportuna esta vez. Como si ella pudiera leer mi mente también. Qué tierna.
—¿Puedes regalarle un trébol de cuatro hojas, también? —Sugirió Syaoran—. Tal vez se sienta afortunado de recibir tales regalos.
En ese caso no sería necesario, idiota… Oye, ciertas actitudes tuyas, señorito, me hacen sentir como un pésimo padre. Yo pensé que te había criado bien en esos dos años que te tuve bajo mi especial cuidado. Qué vergüenza me da. Pude habértelo hecho saber, pero sería una pésima idea joderte tus comentarios irrelevantes. No podría más. Syaoran no necesita de mi ayuda para esas cosas.
—¿Qué tan sorpresa es ese regalo tuyo? —Curioseé para sacarlo de quicio si se me permitía, consciente de la reacción que tendría él.
—No te incumbe.
Cuatro o cinco años atrás su respuesta hubiera sido: exactamente lo mismo. Igual de corta, precisa y fría.
Vi cómo Sakura miraba de reojo a Syaoran, e intentaba disimularlo bebiendo un sorbo de la taza. Y al momento de observarla a ella, pude notar que llevaba el collar de piano que le había obsequiado en el aeropuerto. Asentí con la cabeza luego de confirmar un detalle. Sin duda alguna, ella seguiría preguntándose cómo fue que supe que era pianista. Pero ése es un asunto que discutiré con ella cuando se presente la ocasión. Espero que no muy tarde.
—El siguiente en la lista es el chico panda.
Mi vago recuerdo me decía que él andaba acompañado por una chica disfrazada de… ¿conejito? También recordaba que mi misión era entretenerlos mientras los adultos responsables se emborrachaban. No había ido del Joker por nada. Ah, pues si se trata de ellos, entonces no será muy complejo encontrarles un regalo.
—¿Por qué no le regalas un nuevo traje de panda? —Propuse— El chico crecerá, está en la edad. No creo que el próximo año el traje se ajuste a él.
—Me parece una buena idea —Respondió Sakura alegremente. Los pandas son la debilidad de la mayoría de las mujeres, después de todo. Sin embargo la alegría en ella se apagó un poco luego de ver a Syaoran—. ¿No estás de acuerdo?
¿Pero, por qué le pregunta a él…?
Bueno, parece legible si pudieran observar la expresión que tenía ahora mismo en el rostro. Tendría que ser yo el encargado de sacarlo de ese trance. Con una bofetada, un agarrón de brazos o hasta un beso de ser necesario. Agradece la distancia, en serio.
—¿Es tan difícil para ti aceptar que el chico se ve bien en un traje de panda?
—Joder, no estaba pensando en él —Aseguró mirándome. Me pregunto si en este programa puedo agregarle el sombrero de copa que aparece… hmm, no—. Las decisiones de los chicos las decide Sakura, no es necesario que esté de acuerdo con ella.
—¿Y qué tienes para la conejita? —Insistí.
Apagó su cigarrillo con la suela de su mocasín. Claramente aún no se dignaba a apagarlos en el cenicero que tenía a unos pasos de él. Vamos, no era para pensarlo dos veces. Antes te jodes los zapatos, perezoso de mierda.
—Una tarjeta mágica que invoque algo que brille —Dijo, no muy convencido de su idea. En el sentido de si fuera real o no lo que pretendía obsequiarle a la chica.
Sakura dejó su portátil a un lado y se puso de pie. No eran tan alta en cuanto a estatura, por lo tanto aún podía distinguir con facilidad su rostro. Caminó hasta el árbol de navidad y comenzó a buscar algo de por medio. Ambos, Syaoran y yo, le prestamos atención. Él más que yo, porque estaba seguro que no tenía idea que también se ganaba un poco de mi atención.
Desde mi punto de vista, podría decir que la Pequeña estaba jugando con el árbol. ¿Quería ver si podría perderse entre medio de todas las ramas y adornos? Tal vez, aunque luego de ver cómo las luces de éste comenzaron a funcionar de forma intermitente, comprendí que sólo pretendía darle un poco de vida al símbolo navideño que tenían en el departamento.
Es como una luciérnaga, lo reitero. Una muy brillante.
—Miren cómo brillan —Comentó ella con la mirada perdida en aquellas chispas de colores.
—Perfecto, ya sé qué regalarte para navidad.
—¿Le regalarás la galaxia? —Pregunté irónicamente—. No tenía idea que ahora eras un Guardián de la estrella.
Él ni siquiera me miró ni nada. Ni el esfuerzo o la intención de hacerlo se notó. Mi trabajo, señores, era siempre joderle la vida a mi amigo cada vez que podía. Nada cambiará en la relación de ambos. Syaoran seguiría siendo el chico de doble faceta que mostraba cero interés por fuera, pero que aun así se preocupaba de su alrededor lo quisiera o no. Yo por otra parte… seguiría siendo el que se divierte delirando de forma consciente (o inconsciente) frente a un grupo de personas.
Como ahora, por ejemplo.
—Claramente te imagino, vestido con un traje blanco y sombrero que le haga juego, invocando algún tipo de magia mientras utilizas un báculo. Uno de color rosa con una brillante estrella en el centro. Batallarías día y noche con un único propósito: acabar con la oscuridad que amenaza al mundo. Serías algo así como… ¡la súper heroína de la ciudad! ¡Sí! Salvándonos de toda desgracia…
—Mierda, ¿por qué siempre te refieres a mí utilizando el género femenino?
—Porque siempre has sido mi niña.
—¿No era yo el hombre en nuestra relación?
Chasqueé los dedos y lo apunté. Vaya, me has jodido. Tú ganas esta vez.
Me recliné sobre la silla de mi escritorio y busqué entre mis cajones la cajetilla de cigarrillos que había comprado en la tienda esta mañana. Cuando los tuve, tomé mis guantes de cuerina roja junto con el encendedor, que ya poca vida tenía como para sacarle provecho a todo el chocolate que quedaba.
Fumar con estilo y estropear el único conjunto de ropa decente que tienes. Es mi fiel consejo para ti.
Volviendo con el tema de los obsequios, esta pareja no era la única menor de edad. Según mi imagen visual, también había un par más de chiquillos que compartieron con nosotros ese día. Estaba la chica que se había preocupado de hornear los pasteles de cumpleaños para los chicos, y su acompañante que lucía sin gracia un sombrero de chef.
—¿Qué tal si compramos ingredientes para hornear pasteles? —Dijo Sakura luego de revisar la lista en la libreta de Syaoran—. Puedo preparar algunos y enviarlos.
Sonreí ante la ternura que irradiaba la pequeña. Nada podría hacerme cambiar de opinión. Alguien se había ganado la lotería aquí, y no se trataba de mí.
—Eso sería una pérdida de tiempo y dinero —Objetó Syaoran—. La chica sabe hornear, que ella lo haga. No creo que nuestros pasteles signifiquen más que una muestra de aprecio, porque claramente no los tomarán en cuenta. Se los arrojarían encima, te lo aseguro.
—Pero quiero obsequiarles algo a ellos, Syaoran —Comentó Sakura—. En especial al chico.
Atención. Vendo boletos en primera fila para ver el espectáculo de preguntas sin sentido que saldrán de la boca de Syaoran Li. Contáctense con el rubio de pañuelo rojo que les está hablando en este momento. No querrán perdérselo.
—¿Por qué tienes que regalarle algo en especial a él?
—Sí… ¿por qué a él? —Agregué sólo para añadir más tensión a la situación. Después de todo, en esa fiesta yo no había visto ninguna muestra de cariño o cercanía entre ellos dos. A menos…
—Me quedé dormida, ¿lo recuerdan? —Sí, lo recordamos— No tengo idea en dónde se fueron a meter ustedes dos, pero cuando yo desperté, me enteré que fue este chico el que se había preocupado por mí.
Ese argumento no funcionaría, Pequeña. Te lo digo… mentalmente.
—Pero yo salvé tu vida cuando te ahogabas.
¡Oh, espera un segundo! No, no… ¡basta ahí!
—Syaoran, cierra la boca. —Dije rápidamente.
Jamás se deja a la damisela sola. Qué gran metida de pata. No fue con intención, así que me disculpo por ambos. Probablemente para Syaoran la culpa de todo sea sólo mía… y puede que lo sea. Vamos, algún día aprenderé a orientarme si es que ya no es demasiado tarde. Que les sirva de lección también a los demás en no confiarme nada.
—Sakura —La llamé—, si quieres intentarlo, hazlo.
—Sigo insistiendo que será una pérdida de tiempo y dinero. Aunque te pongas de su lado.
—Déjala —Reclamé—. Tú comprarás los ingredientes para los pasteles. Será su dulce venganza.
Mi comentario pudo resultar lo suficientemente jodido para él. Sin embargo, no se me ocurría otra forma de aprovechar el pánico y pedir disculpas.
De forma victoriosa al sentir que había sido de gran utilidad, me puse a sacar un par de cuentas mentales. Si mi cálculo estaba en lo correcto, ya no quedaría nadie más en la lista. Sus obsequios eran más allá del límite de extraños, pero en ese aspecto debía admitir que me gustaba. Por otra parte… comencé a hacer un par de muecas cuando noté que ninguno tenía ni el más mínimo interés de preguntar qué es lo que yo quería para navidad. Y pude haber hecho saber mi queja al respecto. Sin embargo fue Sakura, quien seguía sumergida bajo la luz de su portátil, hizo una acotación que pareció importante.
—Nos falta alguien.
¿Se acordó de mí? ¡Lo hizo, lo hizo!
—El chico que usa lentillas de colores.
¡Ah, mierda! No estoy de forma presencial con ustedes, pero joder, sigo aquí.
—Creo que él es músico —Dijo Syaoran mientras jugaba con el lápiz de tinta morada. No importa cuántas veces lo muevas así, no me engañará esa ilusión—. Tú lo entenderás mucho mejor que yo.
Uno de los placeres de la vida es relacionarte con personas que jamás en la vida has visto. Decirle muchas cosas con respecto a sus vidas, las cuales muchas podrán resultar ciertas, y otras serán un simple error que no se corregirá. Lo he hecho tantas veces en lo que va de mi vida, que uno más no cambiará absolutamente nada. Ningún sentimiento de por medio, nada que pueda producir algún daño.
Nada de lo que digo puede tener sentido, es por eso que puedes olvidarlo con facilidad…
—Yo me encargaré de su regalo —Acaté, llevándome de sorpresa las repentinas expresiones de ambos—. Envolveré lo primero que se me ocurra y en la tarjeta escribiré ¿De parte de quién soy? No tendrá la menor idea del remitente, pero eso le importará poco. Lo importante aquí es una cosa: Si es músico, ¿quién sabe? Puede componer una canción utilizando ese título. Lo veo sin problema alguno rodeado de dulces. Chocolate, sobre todo chocolate, mientras que toma su guitarra y escribe. Sería una estupenda idea... ¿Qué tienen que me miran así?
—En serio, jamás comprenderé cómo mierda lo haces.
—Viviste dos años conmigo, deberías saberlo mejor que nadie.
Sonreí de manera triunfal, y le di una calada a mi cigarrillo. El humo del tabaco envolvió luego con delicadeza mis guantes, tal como yo quería. El día que éstos no huelan a chocolate, será porque su tiempo conmigo habrá terminado. Para ese caso, entonces podría pedir un nuevo par. Y como aún no escuchaba alguna mención de mi nombre —siendo éste el principal motivo por el cual quise ser partícipe—, aclaré mi garganta, atrayendo la atención de Syaoran y Sakura.
—¿Dejamos lo mejor para el final?
Me quedé quieto. Esperando. Sonriendo…
—Tienes razón —Habló por fin Syaoran luego de ponerse de pie—. Y es algo que tenemos que discutir Sakura y yo. Buenas noches, Luke.
—Bonne nuit —Dijo Sakura desde su puesto.
¿Eh?
—¿Disculpa? —Pregunté luego de ver cómo se acercaba a la cámara. ¿No estará intentando…?— Hey, espera. ¡No bajes la tapa de tu portátil!
Syaoran ha finalizado sesión.
Syaoran's POV
No era asunto de Luke. No tenía ningún motivo para saberlo tampoco.
Sakura y yo habíamos acordado realizar un intercambio de regalos, si es que le podemos llamar así. En realidad, todo se trataba de dos pequeñas listas con tres deseos que el otro debía cumplir como obsequio de navidad. De los tres, teníamos la opción de escoger cuántos quisiéramos, ya que no era obligación cumplir con la lista completa.
Desde nuestro trato, me había detenido a pensar más en lo que ella podría pedir más de lo que yo podría pedirle a ella. Porque la verdad, yo no necesitaba más de lo que tenía. Todo lo que siempre quise y necesité lo tenía ahora.
Mis deseos navideños se encontraban anotados en la libreta de Sakura. Curiosamente había llegado a mis manos luego de que ella tomara su portátil para buscar ciertas cosas que no llegó a decirme, pero que yo no quise preguntar.
Sólo tenía una cosa clara: lo que fuera a leer en los próximos minutos, tendría que darme tiempo de conseguirlo. La Navidad sería en un par de días nada más. Y a la vez, incluso si no estuviera escrito, el disco de "The Smiths" equivaldría como uno sí o sí.
—¿Estás lista, Pequeña? —Pregunté. La vi asentir con la cabeza un par de veces hasta que se puso de pie y se acercó hasta quedar frente a mí. Noté que no tenía nada en sus manos, y dudé por un segundo sobre su lista de deseos— No tienes nada.
—No lo necesito —Respondió con una sonrisa en los labios—. Sólo quiero una cosa.
Igualmente.
—¿Qué es lo que quieres?
Respiró profundamente antes de hacérmelo saber.
—Quiero ver luces —Dijo—. Llévame a un lugar dónde pueda verlas.
Sé que en ese momento entreabrí la boca para decir algo. Lo que no sé es… si las palabras salieron o sólo lo imaginé. Su deseo era algo que podía obsequiarle, y tenía una idea en mente. Lástima que tendría que esperar al menos un buen par de meses. Por otra parte —y para respetar un poco la equidad que requería la situación—, con una gran modificación a mis planes, tuve claro qué sería lo que pediría yo.
—Sé exactamente el lugar.
Me di la vuelta y caminé en dirección al balcón. Estaba nevando. No importaría, saldría sin que me lo impidiera. Repasé la lista que tenía escrita en su libreta. Quería que se diera cuenta de las cosas que pasaban ahora, que dejara de preocuparse por las cosas que quedaron en el pasado. No quería que se involucrara con el tema del mago ni que intentara arreglarlo. Compartir un poco de música y tal vez una taza de chocolate caliente hubiera sido una humilde idea, pero todas fueron descartadas.
—Es tu turno.
Mi deseo, Pequeña, es disfrutar del silencio.
Iremos a un lugar en donde la música y el teatro se juntan. Donde el arte nos juntará… dime tú, ¿cuándo estará Coldplay nuevamente en la ciudad?
Sonreí desde el reflejo de la ventana. —No te lo diré… por ahora.
Disfrutar del silencio mientras las luces que quieres ver nos acompañan.
Nota maligna: No me gusta ponerme melosa con los saludos ni nada por el estilo, pero espero de todo corazón que este pequeño presente navideño les haya gustado :')
En caso de dudas, explicaré más o menos de qué se trató la cosa: En Julio celebramos el cumpleaños de Shaoran/Syaoran/Li/Xiao Lang en todo un juego de roles que resultó en un... bonito recuerdo para los chicos xD. Y como motivo de regalo, decidí ocupar esos recuerdos para armar esta escena. Las involucradas son (en orden): Tras el telón (Chocolate-con-menta), Hoshi no Gadian (sam-ely-ember), Dulce Venganza (Asuka-hime) y finalmente Dochirasama desu ka? (Hikari-sys) que a pesar de no haber estado en esa ocasión con nosotras, se merecía una bonita mención aquí, y una muy especial también.
Al ser en su mayoría un extra relatado desde el punto de vista de Luke, utilicé a Depeche Mode y no a Coldplay, ya que escogí a esta banda para él. En el caso de Sakura (que ha tenido capitulpos con Coldplay), para ella es The Smiths.
¡Feliz navidad a todas las personas que ahora mismo están leyendo este mensaje! Muchísimas gracias por seguir aquí, apoyando la historia a pesar de todo. ¡Son lo máximo, en serio! Mis mejores deseos para todos ustedes.
Y de regalo, patudamente les pediré unos reviews capitulposos :DDDD
Abrazos de oso mutado en camaleoncitos con pañuelos rojos.
Pau.
