Falsa Amortentia

Capítulo 6

Hermione metió sus enseres en la pequeña maleta y se recogió el pelo en un moño, porque lo tenía hecho un arbusto. Echó de menos sus productos muggles para domar rizos como los suyos. Ron solía burlarse a menudo de sus cabellos locos.

Pensó en ponerse en contacto con él y contarle sus avances. Cuando lo llamó, este no contestó. Recordó entonces que solía quedar con Harry para ver el Quidditch, así que lo dejó pasar.

Bajó a recepción y dejó la llave. Luego, con la excusa de ir un momento al baño de una cafetería cercana, desapareció en los baños y apareció en la Mansión Malfoy.

Tres veces aquel día le hicieron marearse demasiado, así que se medio desmayó sobre la cara y antigua alfombra. Quedó sentada, confusa.

Unos brazos la levantaron por la cintura y se vio, de pronto, entre los brazos de Draco.

—¿Estás bien? —se le notó preocupado.

—Odio las apariciones… —musitó con un buen mareo.

Draco la sentó en una silla cercana y Sinny le acercó agua.

—Gracias, estoy mejor.

—Podemos saltarnos la cena y te vas a dormir…

—Se me pasará en unos minutos. Gracias, Draco.

Pero el hombre se sintió culpable por hacerla pasar por eso. Por mucho que rechazara su ayuda, ella insistía más, y él necesitaba más de esa insistencia.

Aquella mañana fue un despojo, y por la noche volvó a ser Draco, al menos algo parecido a lo que fue.

Hermione se echó agua en la cara de nuevo, y se sentó en la mesa de la gran cocina. Miró esta algo sorprendida. Sinny hizo moverse los platos con la comida hasta dicha mesa, así como los cubiertos y vasos.

—Vaya, yo que me imaginaba que cenaríamos cada uno en una punta de la mesa aquella tan grande…

—Scorpius y yo cenamos aquí, nos gusta más. Además, aquella mesa ya no se usa. Se sentaron muchos mortífagos y no me trae buenos recuerdos.

Hermione observó cómo se rascaba el brazo instintivamente, allí donde debía de estar la marca tenebrosa que le dejó Lord Voldemort.

—Nosotros también cenamos en la cocina —dijo Hermione, con una sonrisa—. Así que se me hace natural.

Comenzó a tomar la sopa. Draco la miró, sin probar la suya.

—¿Tengo algo en la cara?

—Astoria soplaba igual el caldo en la cuchara, para no quemarse.

La mujer sonrió y siguió cenando. Luego Draco la imitó.

—¿Por qué sonríes tanto, Granger? Pones cara de tonta —la picó.

—Porque esta mañana no querías comer y ahora ya te has terminado tu plato.

—Me has embrujado.

—Oh sí, te he puesto Amortentia, si te parece.

—Ni con Amortentia conseguirías que me enamorara de ti.

—Vete a la mierda, Malfoy. Tu romanticismo brilla por su ausencia. Con lo bonita que estaba resultando la velada contigo calladito.

—La que siempre habla por los codos eres tú, Hermione. Si te pusiera un hechizo mudo, te explotaría la cabeza, y como ya lo parece con esos pelos.

—¡Oh, cállate! No tengo la culpa de carecer de un bonito pelo rubio platino, lacio y largo.

—Gracias por el halago.

Hermione cogió su varita y le lanzó una manzana, que Draco sujetó con las manos para evitar que le diera en la cara.

—Pobre Ron como lo trates así.

—Desde luego, él es más romántico que tú.

Draco echó una carcajada.

—No me lo imagino siendo romántico. Ni siquiera se había dado cuenta de que existías hasta que ese primate de Krum se fijó en ti.

—No hables así de Víctor.

—Dime, Granger, ¿perdiste la virginidad con ese bruto?

—¡No! ¿Por quién me tomas? —Hermione enrojeció como una colegiala—. Obviamente fue con mi marido.

—Seguro que esperaste al matrimonio.

—Eso no es asunto tuyo.

Draco mordió la manzana, sin dejar de sonreír. Le encantaba chincharla.

—Aquella noche estabas bonita… —susurró.

—¿Qué?

—En el baile, estabas bonita. No parecías tú.

—¿Eso lo dice el Draco de entonces o el de ahora? —Hermione siguió acalorada.

—Eso lo pensó el Draco de entonces, pero claro… Llego a decir algo y me echan de Slytherin.

—Debió de ser duro ser el Draco de entonces…

—Mucho, Hermione. Amigos que solo venían conmigo por mi apellido y mi dinero. Estar fingiendo ser más de lo que realmente me sentía ser, tener miedo a decepcionar a mi padre… Ser un Malfoy, en definitiva.

—Ya… Y yo tenía que defender que una hija de muggles podía llegar a ser mejor que un mago de sangre limpia.

—Y lo has conseguido. Yo en cambio aquí estoy, solo.

—No estás solo —dijo, deslizando la mano y atrapando la de Draco, para apretarla un par de segundos. Luego la apartó—. Tienes a Scorpius, y puedes contar conmigo.

Sinny los interrumpió para traerles la tarta de plátano, la preferida de Draco. Este miró a su empleada y sonrió. La elfina se fue más contenta que unas castañuelas.

Los miró de lejos y recordó que su señor, sonreía igual cuando estaba Astoria con él, cuando esperaban a Scorpius.

Sabía que la señora ministra tenía un esposo, que no le caía muy bien al señor, pero se le pasó por la cabeza una cosa y decidió ponerla en práctica lo antes posible.

Hermione era mucho más joven, casi una niña, y estaba tirada en el suelo, llorando por el dolor infligido.

¡Crucio! —le chilló Bellatrix, y un latigazo de dolor insoportable le recorrió de arriba abajo, volviéndola loca.

¡Crucio! —de nuevo aquella voz chillona y fuera de sí, y un terrible y espantoso ramalazo en su espalda.

Luego, su brazo ardiendo con las palabras "Sangre Sucia". Chilló hasta desgallitarse.

Un Draco más joven, y con el cabello corto, la abrazó contra sí, susurrándole que no pasaba nada, que era una pesadilla.

Hermione volvió a mirarlo, y ya no era un niño, sino un adulto, como ella misma.

En un impulso de devolvió el abrazo, sollozante sobre su hombro.

—Vamos, no pasa nada, estabas soñando, no parabas de chillar.

—La imperdonable… —susurró.

—¿Qué quieres decir?

—Bellatrix me torturaba con la imperdonable. Me duele todo el cuerpo.

—No tienes nada, estás perfectamente. Es todo de tu cabeza. No ha sido buena idea que te quedases en la mansión.

Hermione respiró con más calma.

—La oigo en mi cabeza, susurrando. Y me pica el brazo.

—Lo tienes igual que esta mañana. Se te han curado con el tiempo… Apenas si se lee…

—Pero yo veo lo que pone…

—Mira… —Draco le enseñó la marca tenebrosa. Hermione la tocó levemente, con las llamas de los dedos. Él la obligó a posar la palma sobre aquel tatuaje eterno—. Últimamente me pica.

—¿Qué quieres decir? —se alarmó.

—No, no tiene que ver con Voldemort. No es lo mismo. Está todo en mi cabeza. Desde que murió mi mujer, me molesta. Cuando ella la acariciaba, parecía desvanecerse en mi mente. Por desgracia, de mi piel no desaparecerá jamás del todo. A veces me he llegado a rascar tanto, como para intentar quitarla, que me he hecho sangre. Aquí tengo cicatrices, toca…

Hermione le pasó la mano por encima de nuevo y sintió las protuberancias. Pero la propia marca era lisa y suave.

Draco hizo lo mismo con el antebrazo de ella, aunque lo frotó con más brusquedad.

—Está todo en nuestra cabeza. Aunque no lo creas, aquí no te pasará nada. No mientras dependa de mí.

—Sí que eres dulce…

—Qué asco das, Granger. Ya lo has estropeado.

A Hermione le había salido del alma decir aquello, sin saber ni por qué.

—Aparta de ahí —empujó a la mujer hacia un lado.

—¿Qué haces? —preguntó, reculando.

—Me quedo a dormir aquí, que con los berridos que has pegado, casi se me para el corazón del susto. Venga, a sobar —dijo, tapándose con el cobertor.

—¡Estoy en bragas y con una camiseta!

—Como si fueras desnuda, no te tocaba ni con un palo.

—¡Lo dicho, un romántico!

Hermione se colocó al borde de la cama, lo más lejos posible de Draco.

—Es una cama enorme de dos metros de ancho, dudo que nos toquemos sin querer. No hace falta que te pongas tan lejos. Sé adulta, por favor.

—¡Precisamente por eso! Porque soy adulta, estoy casada y voy en bragas.

—Pues si te caes al suelo, no pienso ayudarte. Allá tú.

Ella se puso más cerca y le dio la espalda, como hacía él. Cuando sintió que estaba dormido, se relajó y por fin pudo dormir, mucho más tranquila.

¡Gracias a Lovedramioneok por sus comentarios en ada caítulo! ^^