Aquí tenéis el cap 7 espero que os guste mañana si puedo subo el 8 que también esta terminado, y además es bastante largo con deciros que cuenta con 25 pags de Word espero que os guste.

No lo subí antes por que tuve problemas con el pc y tuve que cambiarle una pequeña pieza que se fastidió y bueno me ingresaron después de eso así que no pude subirlo cuando os dije que lo haría, lo siento y espero que el que suba uno hoy y otro mañana os compense un poco.

Gracias por vuestro apoyo y por los reviews, espero vuestra opinión sobre este cap y hasta mañana como mucho pasado que seguro que subo el ocho.

Cap 7.

Desperté sola en una cama una vez más sin recordar nada más que el nombre de Sermar nombre del hombre que me había utilizado la noche anterior.

No estaba del todo segura de lo que él había hecho conmigo, lo cierto es que tan solo llegaba a sentir un beso en mi cuello antes de perder completamente noción de lo que sucedía en esos encuentros, pero el dolor de mi cuerpo al día siguiente y lo sucia que me sentía yo misma después de cada noche me hacían entender perfectamente a todo lo que habría sido sometida.

Cada día odiaba más y más a Lestrange y no creía posible que ese odio pudiera llegar a pagarse de algún modo que no fuera acabando yo misma con su vida, pero esa mujer no había dado la oportunidad de llevar ese hecho acabo ya que nunca me dejaba nada a mi alcance con lo que poder herirla ni siquiera un pequeño cordel.

Miré la mesita que en esa habitación había, de nuevo había colocado flores en ese jarrón, el cual en una ocasión había ya utilizado para golpearla a ella, pero con la suerte de que era de un material que no se rompía y aparentemente tampoco hería pues ella sonreía cuando se giro a mirarme.

Las flores aunque no estaban tan vivas como el día anterior aun conservaban un poco de esta, y yo me sentía como esas flores, despojada de mi libertad y siendo asesinada poco a poco en ese lugar.

Lestrange cada día me entregaba a alguien nuevo, y yo no podía más que resignarme a obedecer y temer el momento en que apareciera él.

Había ideado un montón de formas de escapar en los últimos días pero ninguna la había podido llevar a cabo pues siempre me estaban vigilando sino era Lestrange alguna de sus chicas.

El verde había sido mi escapada no había podido hacer más que buscar en cada ocasión ese color para poder cerrarme a todo lo demás de fuera, era como un bote en un mar angosto, no era lo mejor pero si algo a lo que aferrarse, aunque lo cierto es que era como si fuera el detonante de mi olvido, conseguía la fuerza suficiente para encerrarme en mí misma y olvidar todo, pues nunca recordaba lo que la noche anterior había pasado.

Y en cierta forma lo agradecía, y nunca llegaría a saber cuanto lo agradecía, pues si con solo sentirme sucia y sin saber que había pasado deseaba con todas mis fuerzas quitarme la vida, si lo recordase sería aun peor.

Miré a la cama hay reposaba uno de esos vestidos de ella, lo agarré furiosa, y me dirigí a una de las puertas para ducharme en la bañera con agua fría que me estaría esperando sin ninguna duda.

Me metí en el agua y con la tela apretada con fuerza comencé a frotarme de nuevo toda la piel con toda la fuerza que podía poner en cada movimiento, mi piel después de cada baño quedaba adolorida y roja como nunca en algunas ocasiones en las que me sentía más sucia había conseguido hacerme heridas al frotarme con fuerza, y ella furiosa me había golpeado con fuerza y cuando comprobó que sus golpes en mí no tenían efecto mando a uno de sus hombres a hacer el trabajo por ella.

En esa ocasión mi labio derecho pasó dos días hinchado y un maratón aun rezaba en mi mano izquierda.

Salí de la bañera dispuesta y encontrarme con ella que seguramente me estaría esperando en alguna de sus habitaciones, y alguna de sus chicas me estaría esperando a la salida de esa habitación.

No llevaba calzado sentir el frío suelo en la planta de los pies me daba un poco de sentido a mi misma pues si podía sentir el frío quería decir que seguía mínimamente viva.

Abrí la puerta y me llevé una sorpresa al ver que era precisamente ella la que me estaba esperando allí.

-Vaya ya despertaste, eso esta bien no tengo mucho tiempo contigo y como descansaste bien estarás perfecta para él en la noche.-

-¿De que me estas hablando?-

-Mas te vale que esta noche lo hagas bien gatita o te juro que lo que has pasado hasta ahora no será nada en comparación a lo que te puedo llegar a hacer.- sus ojos me miraban con cierta locura parecía haberse vuelto loca en esa noche, y hasta cierto punto estaba asustada adivinaba cierto temor a trabes de su locura.

-Te preparas para él, y lo recibirás como debe ser, todo lo de estas noches a estado bien pero no tendrás escapatoria ni ayuda esta noche niña, hoy serás tú la que juegue y no intervendré no estoy tan loca para servir mi vida por la tuya en bandeja así que pequeña esta noche más te vale ser buena y obediente.-

No entendía a que venían todas esas cosas pero ella comenzó a caminar hacía una de las habitaciones y yo la seguí aun extrañada al entrar nos encontremos con tres chicas más, estas estaban asustadas sin ninguna duda, y me fijé que había una bañera en el centro de la habitación el agua humeaba por lo que supuse que estaba caliente.

-Ya me he bañado.-

-Pues lo harás de nuevo.- apartó su mirada de mí y la dirigió a las chicas:- perfecta la quiero perfecta para dentro de dos horas, y nada de remilgos, la ropa la traeré después, no quiero fallos o lo que yo tenga pagar vosotras lo recibiréis por triplicado.- su voz sonaba asustada y ellas temblaron ante sus palabras, salió del cuarto tras echarme un último vistazo y cerró la puerta, las chicas me miraban con cierta pena y una de ellas se me acercó y tiró de mi mano con cuidado y me guió hasta donde la bañera se encontraba.

Ninguna me hablaba pero me miraban con cierta lastima, yo no entendía nada, ¿Qué estaba pasando?, ¿qué había querido decir Lestrange con todo aquello?, ¿en que se supone que no me ayudaría esta noche?

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Tres días ya habían pasado los tres días de descanso que se me habían dado, y ahora estaba apunto de montar en el barco para salir a la búsqueda de mi maldita pesadilla.

Cuantas veces tendría que decirle a Albus que ella a mi no me importaba no sabía la respuesta, pero de lo que estaba seguro es de que este viejo siempre me ignoraría.

Una y otra vez me repetía que entendería las cosas cuando llegara el momento oportuno, y lo único que yo entendía es que la odiaba y deseaba verla muerta, ¿tan difícil le resultaba entender eso?

Si al parecer así era, le resultaba difícil entender que ella para mí era más un problema y un estorbo además de ser sin ninguna duda una molestia muy grande.

Y lo peor de todo eso es que por culpa de Albus yo no dejaba de pensar en ella, bueno por Albus y sus dos heridas inflingidas a mí, la de la frente una cicatriz para siempre y la de la nuca gracias al cielo temporal.

Lo peor era al cerrar los ojos y estar tranquilo, en esos momentos sus ojos me asaltaban como fuego grabados en mi memoria, su mirada mientras mataba a mi madre, o el momento en que nos volvimos a encontrar.

Me había dado cuenta de que ella era una de mis obsesiones y la peor por decirlo de algún modo, pues estaba por apostar que ella sería mi perdición.

Algo en mí me advertía de que mi vida llegaría a su fin y sería por ella, no estaba muy seguro de que papel jugaría ella en eso, ¿sería mi verdugo?, ¿sería yo el suyo y el mío mismo?, ¿acaso pasaría algo en lo que ambos acabaríamos muertos?, no sabía la respuesta pero algo me decía que nuestras vidas o muertes en cierto punto estaban ligadas, y más que nada era por Albus lo que me hacía estar muy seguro de ese hecho, pues ¿qué motivo podía llevar a ese anciano a forzarme hasta tanto?, ¿Qué poderoso motivo lo llevaba a forzar las cosas hasta los límites que podrían llegar?

Miré a mi alrededor y me percaté de que los gemelos y Luna venían juntas, detrás de ellos venían Draco y Neville, extrañe a Ron y me acordé de que debía de hablar con él y Draco cuanto antes sobre algunos asuntos, pero aun no había tenido el tiempo suficiente y para que mentirme el valor que necesitaba para ello.

Ginny venía más atrás sola, no podía sentir lástima de ella, pues era la aliada de esa mujer, aun después de todo lo que ella me había hecho a mí, no entendía como era posible que ella la considerara más que a mí.

Tampoco estaba del todo seguro de que ella conociera la situación de Granger, pero si era así tal vez era posible que por su condición de mujer fuera por lo que Ginny la apoyaba, pero como no estaba seguro de nada no podía preguntarle a ella directamente, pues se suponía que yo no sabía nada de ella.

Ginny sin embargo parecía muy preocupada por la chica, desde que la había vuelto a ver Ginny parecía ausente y siempre que la escuchaba hablar era para preguntar sobre cuando saldríamos a buscar a Hermes, y donde comenzaríamos esa búsqueda, creo que aparte de Albus ella era la única que insistía con eso.

Mirando a Ginny no me percaté de que Luna se colocaba a mi lado hasta que me hablo.

-No te veo muy ilusionado con este viaje Harry.-

-Voy en busca de la cosa que más deseo perder de vista dime ¿cómo si quiera puedes pensar que estaría contento?-

Luna sonrió de medio lado y dijo:

-Se que esto no es fácil para ti Harry, pero es lo que te ha tocado vivir, y también se que tú no puedes llevar a cabo tu venganza, por eso me gustaría hacerte participe de algo.-

Mire a Luna que ahora miraba como Albus y Sirius embarcaban, y bajo su tono de voz para decirme de forma confidencial:

-Se que tú nunca serás capaz de llevar a cabo ese hecho pero estoy dispuesta a ser tu mano si así lo precisas.- sonrió con dulzura y apretó mi brazo con cuidado para después alejarse de mí dejándome un poco helado.

Siempre supe que Luna era una chica observadora y difícil de engañar, pero era increíble que ella supiera que Hermes era una mujer, y más aun me sorprendía que me ofreciera semejante cosa.

Ella sabía que nunca podría acabar con ella por el hecho de ser mujer y me estaba ofreciendo una salida para poder llevar acabo mi venganza hacía esa mujer, pero como era evidente Luna carecía del conocimiento de que hacer eso podría significar su propia muerte pues por muy observadora que fuera era imposible que ella conociera la condición de heredera al trono de Granger, por lo que ella no podría vivir si se convertía en mi mano verduga.

Y no estaba dispuesto a ponerla a ella en semejante situación por muchos deseos que tuviese de verla a ella muerta no sería pagando otro precio mas.

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Desde hacía unos días que no había visto a Lord Lupin a pesar de que varias veces había venido a buscarme pero mi odio hacía él era demasiado grande en estos momentos como para poder si quiera verle a sus ojos dorados aquellos que la habían contemplado a ella con deseo, algo que ya no dudaba.

Mi tía lo había conseguido al fin, había conseguido hacer a Remus Lupin uno de sus hombres, no se cuantas más veces caería él en sus manos, pero lo indudable es que ya no me importaba, o al menos eso intentaría que así fuera.

Dawlish me había traído la descripción de la muchacha y me había facilitado algunas cosas más, como que era de armas tomar, y que había intentado atacar a Lestrange, si bien no resultaba ser Lady Granger si que podía serme de utilidad en un futuro, todo dependía de esa entrevista que tendría con ella al día siguiente sin que Lestrange se diera cuenta de nada.

Lo importante en todo ese asunto era averiguar de una buena vez quien era ella, y como había terminado allí, y si era lo suficientemente valiente como para poderme ayudar para vigilar a Lestrange desde dentro.

Era obvio que mi tía no le caía nada bien, así que eso para mí ya era más que suficiente.

De todas formas ya solo me quedaba un día para saber si ella podía o no ser Lady Granger, y si no era así si sería un nuevo peón en nuestro juego.

Miré por la ventana de mi propia habitación y me percaté de que Lord Lupin se acercaba de nuevo a mi casa, ¿cuando se cansaría de venir?, ¿no se daba cuenta de que no quería verlo?

Pero en esta ocasión se llevaría una sorpresa, por que Dawlish ya se encontraba abajo esperándome y no pensaba dudar en salir de mi casa de su brazo con una radiante sonrisa en mi rostro, esta noche cenaríamos juntos y él sería testigo de cómo abandonábamos mi casa.

Caminé hasta mi cama y cogí el manto que me cubriría del frío me miré en el espejo una vez más y salí de mi habitación, estaba muy dispuesta a olvidarlo.

Al llegar al final de las escaleras me encontré con que Dawlish estaba allí de pie hablando con Lavender una de mis sirvientas una chica muy despierta y a la que le encantaba Dawlish lo sentía por ella, pues este aun no se había dado cuenta de los sentimientos de ella, a pesar que la pobre muchacha no escatimaba en oportunidades de hacérselo notar.

-Veo que estas muy bien acompañado.-

Se giró y sonriendo ampliamente extendió su mano para ayudarme a bajar los pocos escalones que nos separaban.

-Pero ahora lo estoy más, que no quiero decir que la joven Brown no sea una excelente compañía por no decir de las mejores que se pueden disfrutar.-

La chica sonrió con pena, y tras hacer una pequeña inclinación se despidió.

-Bueno ¿y a donde me piensas llevar antes de cenar?-

-Eso querida Nympadora es una sorpresa, tu solo disfruta toda la tarde con la mejor de las compañías.- me guiñó un ojo mientras abría la puerta de mi casa, y yo sabiendo bien quien se encontraría al otro lado reí tras su ocurrencia.

-De eso puedes estar seguro Dawlish pienso divertirme como nunca antes.- ambos miremos al frente para bajar los escalones de la entrada de mi casa, desde donde un hombre que subía se había quedado a medias y nos miraba con el ceño fruncido.

Sus ojos dorados me taladraban como nunca antes lo habían hecho, a pesar de que en ellos podía distinguir cierto grado de culpabilidad, no escondía para nada el desagrado que sentía hacía mi acompañante.

-Vaya al parecer la tarde no empieza bien, Lord Edmure.- dijo Dawlish yo ni siquiera me digne a saludar.

-Yo no encuentro nada que la pueda estropear, así que mejor ponernos en marcha quiero disfrutar esta tarde como nunca.- sonreí a Dawlish y seguí mi camine pasé cerca de Lord Lupin sin ni siquiera mirarlo, a pesar de que él alargó su mano y cogió uno de mis brazos.

Me detuve el tiempo justo en lo que él tardo en decirme:

-Necesito hablarte de algo.-

-Escriba una misiva y désela a mi sirvienta Lord Edmure, no lo califico como alguien digno de hablarme.- sin más me solté de su agarre y me fui con Dawlish el cual sonreía como un niño al que le acaban de decir que se ha ganado dos monedas.

-Pues tenías razón parece que esta tarde si que va a ser le mejor.- dijo en voz alta este para que Lord Lupin lo escuchara.

Y si de algo estaba segura era de que los ojos dorados de él nos siguieron hasta que nos perdimos de vista pues los pude sentir mirarme en todo momento, y aunque yo no podía dejar de pensar en él el recuerdo de ella me hacía odiarlo cada minuto que pasaba más.

Y no estaba dispuesta a arruinar mi vida por ellos dos, él había escogido y mi momento de escoger se acercaba, y Dawlish era un buen candidato.

Dejé de darle vueltas a ese asunto y decidí que lo mejor era disfrutar esa tarde y mañana me ocuparía de lo que él quisiera decirme si es que me había dejado algo con Lavender, sino haría todo como estaba planeado y me infiltraría en el burdel deseo cumplido para conocer a mi posible ayudante.

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La noche ya estaba cayendo y me habían obligado a vestirme con una ropa que cubría escasamente mi cuerpo no podría decirse si quiera de que se tratara de ropa interior.

Me sentía desnuda completamente, y tenía frío, no sabía a que se debía todo esto pero estaba asustada pues desde que las chicas se habían marchado me encontraba sola con esa minúscula ropa cubriéndome y tenía la sensación de que esta podría ser una de las peores noches de mi vida, y las palabras de Lestrange no dejaban de rondarme en todo momento.

¿Qué habría querido ella decir?, ¿Por qué estaba tan asustada o nerviosa?

Me giré al escuchar como la puerta se abría tras de mí.

-Veo que ya estas lista, ese es el modelo perfecto para ti, además descalza, tu actitud salvaje le encanta después de todo, así que, que tu cabello este un poco alborotado le encantara.- me miraba como si fuera algo que iba a vender en poco y eso me ponía nerviosa.

Se acercó a mí y miró todo mi cuerpo con cuidado y después me hizo mirarla a la cara directamente agarrándome con fuerza:

-Niña no quiero tonterías, te he enseñado bien y quiero que lo demuestres, te juro que como no hagas las cosas como debes lo pagaras muy caro.-

-Suéltame.- le escupí mientras conseguía que me soltara y ella tan solo me miró con una sonrisa de loca en su rostro.

-Ese fuego le encantará a él, espero que sepas aprovecharlo niña, y no te resistas no te servirá de nada, y solo será peor.-

-¿De que estas hablando?- le dije aun sin comprender nada.

-Hoy no tendrás mi ayuda así que más te vale ser lista, te considero inteligente demuéstralo hoy, no te resistas y se sumisa, es un consejo que te doy sino será peor y aun así te hará suya eso no lo dudes, ahora sígueme.-

Comenzó a caminar y salió de la habitación yo la seguí sintiendo el frío en todo mi cuerpo pues el suelo estaba helado bajo mis pies, además de que el miedo se apoderaba de mí con cada paso que daba.

Llegamos a una de las puerta más lujosas de su burdel, nunca me había encontrado en esa habitación y estaba segura de que no muchas más veces la vería, pero eso me hizo suponer que la persona detrás de la puerta sería sin duda importante.

Ella la abrió y sin pasar me dejó a mí el camino libre y me dijo:

-Espera aquí, y no seas estúpida o será peor.-

Entré a la habitación con cuidado y tras encontrarme en el centro ella cerró la puerta, me fijé en el cuarto había una mesa, y silla, no había jarrón en esta, y no había flores, había una ventana, y los colores eran entre el rojo y el negro, no me gustaba esta habitación me hacía sentir pequeña e insignificante y a pesar de que tenía objetos con los que defenderme sabía que no podría hacerlo aunque no entendía el motivo de saber eso.

La cama era la más grande que había visto hasta ahora en el burdel de Lestrange, y la cubría una colcha negra, esperaba que las sabanas fueran de otro color.

Comencé a sentirme nerviosa pensando en quien demonios entraría en el cuarto al ver que en esta ocasión si que había objetos en el cuarto y conociéndome como me conocía Lestrange no cometería semejante estupidez a no ser que…

Mis pensamientos se congelaron cuando escuche que la puerta se abría pues al girarme todos ellos se hicieron realidad en ese mismo instante, sus ojos negros me miraban divertidos y llenos de lujuria, su sonrisa adornaba su rostro, mientras su cabello negro caía a ambos lados.

Era apuesto no había duda, pero para mí era el peor de los rostros que podía contemplar, era el miedo personificado.

Cerró la puerta tras él, y sabía que me estaba hablando pero yo no era capaz de escuchar lo que me decía, no era capaz a aceptar que ya había llegado el momento que tanto había temido, pero el ver como cerraba la puerta tras de si con pestillo me hizo entender que era el momento, que él estaba allí para repetir lo que me había hecho pasar de pequeña, imágenes de lo sucedido acudieron a mi mente como dagas clavadas en el peor sitio posible del cuerpo.

Él seguía hablando y sabía que su voz susurrante y calmada mostraba pocos sentimientos, mientras que el miedo me hacía a mí comenzar a retroceder.

Vi una sonrisa en su rostro y su voz me llegó ahora si entendiendo lo que decía:

-No hay salida Herms y lo sabes.- su voz parecía divertida por algo y lo vi comenzar a quitarse su chaleco negro, y con sus dedos comenzó a deshacer el cordel que ataba su camisa con calma dejando al descubierto su pecho.

Comencé a temblar y seguí retrocediendo hasta que dí con la silla, me puse detrás de ella agarrándola con ambas manos dispuesta a darle con ella si se acercaba a mí.

Caminó hasta mí y se quedó al otro lado de la silla mientras sonreía:

-Si quieres que lo hagamos un poco más entretenido no tengo problema, además no sería divertido si fuera fácil, pero debes saber que acabaré ganando.-

Sus ojos se fijaron ahora en mi cuerpo y se mordió el labio inferior con fuerza:

-Dos semanas y media esperando esto, no sabes que ganas tenía de verte de nuevo princesita.- sus ojos volvieron a los míos y lo ví alargar su mano para intentar atraparme, yo me alejé de él con rapidez llevando la silla conmigo.

-No te atrevas a acercarte.- le grité, y estaba segura de que así había sido por que me dolió la garganta al hablar.

Él solamente sonrió y con más rapidez se acercó yo retrocedí un poco y di contra la pared cosa que él aprovechó, me arrebató la silla de las manos con fuerza y me cogió del cuello.

-Una huida muy corta, es mejor que te dejes hacer Herms, además puedes disfrutar mucho y lo sabes, me han dicho que eres toda una gatita.- se acercó a mi cuello y comenzó a besarme, cerré los ojos con fuerza sintiendo sus labios en mi piel, y el asco me revolvió las tripas, mientras él se pegaba más a mí, imploré por escapar a mi mente como siempre hacía pero no había forma, en esta ocasión no funcionaba, no había nada que me hiciera huir, y podía sentir sus manos en mi cuerpo intentando tocarme cada vez más.

Sentí su lengua repasar parte de mi cuello, y reuní fuerzas para empujarlo y apartarlo de mí, cuando ya lo había alejado me aparté de la pared dispuesta a no dejarme atrapar de nuevo, lo miré furiosa, y él me miraba divertido.

-Sabes que accederás y lo disfrutaras, me han contado algunas cosas que haces, y estoy deseando hacer que las lleves a cabo, y lo harás por la cuenta que te trae lo harás.-

Cogí uno de los objetos de la mesa como si fuera un cuchillo a pesar de que sabía que lo máximo que podría hacer sería una herida pequeña y sin mucha importancia si le golpeaba con él, pero era lo mejor que tenía.

-No me tocarás, no pienso dejarte hacerme daño, no esta vez.-

-Mi querida Herms, resulta que no podrás evitar lo que se que deseas hacer.- de nuevo con rapidez se acercó a mi, y yo agarré con fuerza el objeto, cuando estaba casi por alcanzarme le dí en toda la cara con él, este se detuvo un momento y cuando me miró, ya no había diversión en sus ojos ahora estaba enfadado, y el labio le sangraba.

Lo ví llevar su mano derecha a su cinto y me congelé, no me había dado cuenta de que llevaba su cuchillo en el cinto, me llame estúpida a mi misma, si lo hubiese notado antes se lo habría podido robar, pero como siempre el miedo me había vuelto ciega.

Había vuelto a cometer otro error con Ton Riddel enfurecerlo cuando él contaba con algo más que un objeto.

Sin poder evitarlo a tiempo por estar pensando en eso, sentí que me ardía la mejilla derecha y sentí un fuerte golpe en mi cintura cuando caí contra la mesa golpeándome con ella en la cadera, el objeto que agarraba cayó de mis manos, mientras sentía que la cara me ardía, Tom me acababa de golpear en la cara y del golpe había dado contra la mesa.

No me había terminado de recuperar cuando sentí que me cogía con fuerza de una de mis muñecas, y con poca delicadeza me tiraba contra la cama.

Al caer en esta comencé a retroceder contra la cabecera, y no me percaté de su sonrisa hasta demasiado tarde.

Se subió a la cama mientras me hablaba pero el pitido en mi oído producido por el golpe no me dejaba escuchar lo que me decía.

Lo ví cortar dos tiras de la colcha de la cama, y se acercó a mí con el cuchillo en la boca, mientras me agarraba una de las muñecas, cuando entendí lo que pretendía, comencé a lugar con fuerza.

-Es mejor que te detengas ya o te juro que será peor.- lo escuché decir pero lo ignoré.

Agarró el cuchillo y me lo colocó al cuello.

-Te quedarás quieta o será peor.- me dijo en susurros.

-Hazlo, clávalo si crees que temo la muerte estas equivocado.- le escupí en la cara con todas mis fuerzas y él tan solo sonrió, me golpeó con la parte de atrás del puñal haciéndome un corte en la mejilla y me dijo:

-No temes a la muerte Herms, y por eso no será lo que te daré.- me dijo sin más y ató con fuerza mi muñeca derecha al cabecero de la cama, sabiendo que intentaría coger mi mano izquierda para hacer lo mismo intenté impedírselo, mordiéndole en la muñeca derecha con fuerza, conseguí hacerle sangre en esta, pero de nuevo recibí un golpe en la cara, y agarrándome con fuerza me ató la otra mano también al cabecero.

Cuando había terminado me contempló con una sonrisa, cortó un trozo más de la colcha y pensé en que demonios iba a hacer ahora, pero lo utilizó para ponerse como una venda en su muñeca.

-Eres todo un ejemplar Herms, pero no te servirá de nada, conseguiré que me supliques que te haga mía, y sin tus manos no tendrás mucho que resistirte.

Intentó acercarse a mí, y le lancé una patada que no le dio, pero que lo hizo sonreír, agarró mis tobillos con suma fuerza con una sola mano mientras que con la otra jugaba con su cuchillo el cual comenzó a hacer subir por mis piernas hacía arriba.

Sus ojos no dejaban de repasar mi cuerpo mientras que yo intentaba por todos los medios soltarme, llegó hasta mi altura y con el cuchillo rasgó la poca ropa que tenía puesta y sonriendo dijo:

-Comencemos a disfrutar del manjar.- lo sentí besar mi cuello con avidez, y sus manos comenzaron a buscar mis pechos.-

Cuando sentí su caricia, todo mi cuerpo se tensó, y comencé a intentar luchar y huir de su contacto conmigo, él tan solo reía ante cada uno de mis movimientos desesperados por escapar de él, y recibí aun más golpes cada vez que él no conseguía besar algún lugar de mi piel en especial.

Sentía varias heridas y sabía que al día siguiente mis muñecas estarían ensangrentadas, y tendría morados por casi todo mi cuerpo, pero no me importaba solo el dejar de sentirlo a él.

Sentí como me obligaba a abrir las piernas, y como colocaba su cuchillo entre ellas evitando que yo pudiera cerrarlas en ningún momento pues si lo hiciera me clavaría el cuchillo sin más remedio.

Cerré los ojos con fuerza deseando poder escapar como siempre hacía, encerrarme en mi misma, me preguntaba ahora como demonios las otras veces lo había conseguido, como nunca recordaba nada, y como había siempre escapado.

Sentí como él se colocaba encima de mí, y me aferré con fuerza a la colcha negra, abrí un momento mis ojos para después poder cerrarlos con mayor fuerza pues sabía lo que se avecinaba, cuando pude contemplar el color de las sabanas.

Debería de haberlo supuesto antes después de todo era el color favorito de él, además de ser mi salvación en ese momento pues al ver ese color lo recordé a él y la fuerza que gracias a eso yo tenía.

Cerré los ojos con fuerza y en ese momento dejé de sentir mientras me concentraba en ese color que acababa de contemplar, y recordaba cada uno de los encuentro que el propietario de unos ojos de ese color y yo habíamos tenido.

Ya no sentía a Riddel encima de mí y dejé de sentir todo a mi alrededor, ahora era de nuevo una muñeca sin vida algo que utilizaba alguien en un momento mientras mi mente me hacía revivir recuerdos de otras personas cosas y situaciones encerrándome, en un mundo que ese despreciable no podía encontrar ni tocar, un mundo en el que me había echo entrar el recuerdo de otra persona que odiaba y a la vez necesitaba, Harry Dudley.

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Furia eso era lo que mostraban los ojos de Riddel al día siguiente cuando lo vi, y eso que cuando entré a la habitación estaba más que claro que la había hecho de él.

Pero el joven estaba muy furioso, lo único bueno es que parecía ser que no me culpaba a mí por lo que hubiese pasado en esa habitación.

La chica por otra parte ahora se encontraba en una cama recuperándose de su encuentro con Riddel el cual no había escatimado a la hora de herirla.

Tenía cortes hasta en el cuello y sus muñecas representaban cortes de unas ataduras que habían estado en ellas y de las que la chica había intentado soltarse con todas sus fuerzas consiguiendo tan solo unas heridas mayores.

Sinceramente la muchacha me parecía estúpida, si no hubiese luchado, ella no habría sufrido ninguna herida y todo habría sido más fácil pero la idiota lo único que había conseguido era que Tom estuviese enfadado y que ella tuviese que guardar cama mínimo uno o dos días haciéndome perder a mí dinero por su culpa.

Pero después de todo eso a mi ya me daba igual lo importante de todo esto era que yo no había salido mal parada de nada de esto, ahora solo faltaba que esa muchacha que tenía que venir hoy a revisar a Granger lo hiciera rápido y me dijera si esa muchacha estaba en condiciones o no.

Lord Dawlish me había informado que era una de las mejores curanderas de todo el lugar así que no tendría muchos problemas a la hora de curar a la pequeña princesita, aunque esta parecía ida, pues desde que Riddel se había marchado ella estaba con lo ojos abiertos pero sin moverse en la cama tirada abrazada a si misma como si fuera un niño pequeño, solo había consentido que la soltásemos y curásemos sus heridas ni había comido desde el día anterior si se había movido de esa posición, y en cuanto esa mujer me dijera que estaba bien, ella volvería a su trabajo quisiera o no, pues yo no era aquí la que perdería por su culpa, de eso estaba claro.

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Llegué al "Burdel deseo Cumplido" acompañada de Dawlish y de la señora Filch, mi disfraz era uno de los mejores, y se supone que era una de las aprendizas de la señora Filch una de las mejores curanderas de todo el lugar.

Me sorprendió saber que la chica a la que todos llamaban gatita había tenido que cancelar todas sus citas y que tenía que ser vista por la señora Filch, y más aun cuando me contaron que Lord Voldemort había hecho una parada en nuestra ciudad el día anterior.

No sabía si tendría algo que ver una cosa con la otra, pero siempre que ese hombre visitaba esta ciudad no era para nada bueno, y parecía que esta nueva chica había sido una presa suya.

Mi tía nos dio el pase en el burdel, recibió a Dawlish con sonrisas y acercamientos que él rechazaba con suma cortesía, estoy segura de que si ella supiera que Dawlish no era un verdadero Lord no lo atendería de esa forma, pero eso no era del conocimiento de muchos.

La señora Filch y yo fuimos llevadas hasta una habitación del segundo piso de ese lugar, este estaba completamente vacío salvo por una cama, ni siquiera tenía una pequeña ventana, parecía más una celda que otra cosa.

Una vela descansaba en un candelabro colgado en una de las paredes.

Nadie se quedó con nosotras en la habitación, y mi tía estaba muy ocupada con Dawlish así que sin temor a que nos descubrieran me quité la capa que llevaba y me deshice de algunas cosas que me había puesto para cubrirme el rostro.

-¿Se encuentra bien señorita?- le pregunté con cuidado al ver que la chica no había hecho ni siquiera amago de ver quien había entrado en la habitación a molestarla.

La señora Filch se acercó a ella con su bolsa llena de frascos, y miró a la chica, la vi retirar el cabello de la cara de la joven y mirarla con cariño.

-¿Qué te han hecho?- miró sus muñecas y frunció el ceño molesta.

Seguidamente la anciana con un gesto de enfado tiró de la única sabana que cubría el cuerpo de la muchacha, el cual era blanco, la chica se encontraba desnuda, y salvo su cara y parte de sus brazos todo su cuerpo era blanco, me dí cuenta de que tenía moratones por todo el cuerpo, pero como estaba acurrucada en si misma no podíamos ver hasta que punto estaba herida.

-Échame una mano.- me dijo la anciana y comenzó a girar a la joven con cuidado para ponerla boca arriba.

Ella ahora si reacciono e intentó apartarnos asustada.

-Aléjate de mí.- gritó ella.

-Tranquila pequeña, solo vamos a curarte.- dijo la mujer mientras yo me fijaba bien en la muchacha, cabello castaño claro ondulado y ojos aunque parecían muertos marrones como el chocolate.

-Curarme.- susurró ella sin dejar de mirar a dios sabe donde.

-Si pequeña, estas herida, mira tus muñecas.- la mujer le señalo estas y ella se las miró aun perdida, cuando se las contempló abrió los ojos sorprendida, y después se comenzó a tocar todo el cuerpo nos sorprendimos cuando agarró con fuerza la manta y comenzó a frotarse con ella con suma desesperación parecía haberse vuelto loca.

Ambas la cogimos con fuerza mientras ella seguía frotándose con ambas manos.

-Tengo que limpiarme, tengo que hacerlo.-

-Tranquila ahora te bañaras pero primero tenemos que curar tus heridas.- decía la señora Filch mientras que ella seguía luchando por frotarse.

Yo miré la otra puerta la que supuse llevaría al baño, miré a la señora Filch y no hizo falta decirle nada más, me dirigí a la puerta y llamé a dos muchachas que por allí pasaban:

-Necesitamos agua caliente para un baño.-

-Ella no recibe agua caliente.- nos dijo una de las muchachas.

-He dicho agua caliente.- dijo la voz enfadada de la señora Filch desde dentro de la habitación, las muchachas ya no dijeron nada más y ambas se fueron a buscar el agua.

No se exactamente cuanto tardaron en traer el agua caliente, pero en todo ese rato Filch y yo tuvimos que sujetar a la pobre chica que aunque no había soltado ni una sola lágrima parecía desesperada por gritar y soltarse a llorar como una loca.

Cuando ambas muchachas entraron con el agua caliente y algunas telas nos dimos cuenta de que Lestrange estaba aun muy ocupada pues ambas chicas traían más de lo que les habíamos pedido y ella no era una mujer generosa, y estaba claro que con esta muchacha mucho menos que con las otras.

-Sería bueno que se dieran prisa, Madame no aceptará que le den un trato especial a ella.- dijo una de las chicas.

-¿Qué quieres decir?-

-Calla no se nos tiene permitido hablar.- dijo la más pequeña de ambas que parecía asustada.

-Desde que llegó la ha tratado peor que a ninguna otra, y siempre esta comentando que si la princesita esto, que si la princesita lo otro, todas dedujimos que hablaba de ella cuando nos ordenó que no le podíamos dar ningún objeto ni nada, y que el agua con el que se bañaba debía de ser fría, y otras restricciones que nos impuso, como que tenemos prohibido hablar con ella, nadie sabe su nombre ni su edad, además de que nos han prohibido hablar de ella fuera del burdel, la llaman la gatita al menos los clientes.

Ella escoge los clientes que la conocen y quienes no, además de que siempre es ella la que la lleva a recibirlos.- la más pequeña observaba la puerta asustada por que las pillasen y yo almacenaba esa información que la otra me facilitaba.

-Muchas gracias, ahora lo mejor es que os marchéis, yo voy a ver si la podemos curar, tener cuidado.- les dije a ambas y estas se dispusieron a salir pero antes de marcharse la mayor volvió a hablar.

-Ayer la dejó con Lord Voldemort, no se que le haría, pero en la mañana cuando la encontremos era algo espantoso como estaba todo a su alrededor.-

Yo tan solo pude mirar a la pobre chica, que ahora se encontraba con la señora Filch limpiándose el cuerpo con desesperación mientras la anciana evitaba que se abriera más heridas en su desesperación.

Cuando ya habíamos terminado de lavarla o mejor dicho cuando ella ya no tenía fuerzas para seguir frotándose la señora Filch y yo la saquemos del agua y la llevamos de nuevo a la cama, allí comenzamos a curar sus muñecas y las heridas del cuello que habíamos descubierto cuando la lavábamos, seguimos echándole un ungüento en los moratones que se apreciaban en su cuerpo, ambas nos habíamos quedado heladas al comprobar unos cortes en los lados interiores de los muslos, ¿qué atrocidades le habría hecho pasar ese hombre a la joven?, ¿Cuánto se habría resistido ella?, ¿y por qué si se suponía que ella era la famosa gatita del burdel, se había resistido de esa forma?

-¿Me puedes decir como te llamas?- le dije con cuidado mientras le colocaba un mechón de cabello detrás de la oreja.

Ella no me contesto la señora Filch comenzaba a recoger sus cosas.

-Se que no te gusta estar aquí, yo soy Lady Nympadora Tonks, te puedo ayudar a salir de aquí si quieres.-

Ella ahora me miró a los ojos sin ninguna expresión parecía que hubiese perdido toda esperanza.

-Dime como te llamas y buscaré la forma de sacarte de aquí, te puedo ayudar si así lo deseas.- le repetí de nuevo.

-¿Por qué lo haríais?- me dijo desconfiada.

-No siempre se necesita una razón para ofrecer ayuda pequeña.- le dije con una sonrisa, ella no dejo de mirarme y me dijo:

-Siempre hay un motivo escondido.-

-No siempre.- murmuré yo, ella tan solo dejó de mirarme y me dijo:

-Ya no importa nada, tampoco es que pueda ir muy lejos.-

-Yo puedo ofrecerte cobijo si lo necesitas, ¿Cuál es tu nombre?- volví a insistir, ella parecía reacia a darme ese dato y eso me extrañaba.

-No importa ese detalle, quien soy o no soy no cambia nada.- dijo esta sin más, y se apretó un poco más en las sabanas.

-No tienes nada de gravedad, así que esa bruja de Lestrange te pondrá a trabajar mañana mismo, si cambias de idea y necesitas ayuda búscame te ayudaré en todo lo que pueda.-

Me separé de ella y caminé con la señora Filch hasta la puerta, antes de abrirla y cuando estaba apunto de salir ella me murmuró:

-Busque a Lord Remus Lupin.- su voz parecía una súplica y yo me congelé en mi lugar, volví mi vista ella que me miraba suplicante y me repitió:- si de verdad me quiera ayudar busque a Lord Remus Lupin y tráigalo aquí.-

Asentí sin más y cerré la puerta tras de mí, la señora Filch me miró con ciertas dudas y yo tan solo comencé mi camino hacía abajo, cuando ambas salíamos del burdel Dawlish nos estaba esperando.

-¿Y bien que has sacado en claro?- su voz sonaba divertida y yo tan solo lo miré con ciertas dudas pero fue la señora Filch la que hablo:

-Mandaré a Lord Edmude a tu casa pasado mañana.- y se separó de nosotros, el semblante de Dawlish se puso tensó y se enfadó mientras que yo me preguntaba una y otra vez por que demonios tenía esa suerte, siempre que quería alejarme de él algo me llevaba de nuevo a su encuentro, y lo peor es que ahora era Lady Granger la que lo hacía y lo necesitaba.

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Ciudad Plata la capital y el lugar donde más cuidado teníamos que tener los piratas, y por lo que teníamos que pasar desapercibidos sobre todo aquellos que estábamos declarados enemigos del rey actual, y Sirius era una de los más conocidos como tal.

Por eso era uno de los que se quedaba sin salir del barco.

A mí por otro lado me había tocado acompañar a Albus, pues este había insistido en que fuese con él ya que Ron y Ojoloco los estaban esperando en una taberna cerca de donde se encontraban los burdeles.

Lo cierto es que por esa zona casi nunca pasaba nadie de importancia y era difícil que pudiesen reconocer a Sirius, pero por alguna razón este se había negado en rotundo a andar por las calles de la ciudad Plata y de echo creo que no recuerdo haberlo visto pisar esta ciudad ni una sola vez.

-Después si queréis podréis ir a dar una vuelta por la ciudad Harry pero tened cuidado con lo que hacéis.- me dijo Albus mientras yo miraba algunas cosas en las calles, lo cierto es que me apetecía ir con los chicos a alguna taberna a tomar alguna cerveza de mantequilla, pero no estaba muy seguro de que Ron accediera a acompañarnos si le decía que Draco venía con nosotros.

Estos dos eran muy diferentes uno del otro, como el día y la noche, tanto así que se podría decir que uno era la pimienta y otro el azúcar.

Ron era mucho más cuidadoso y recatado a la hora de hablar, además de que tenía poco tacto, un bromista cuando quería, uno de los mejores amigos y alguien en quien podías confiar y con quien contar en las buenas y malas, era de carácter variable, celoso como el solo, y defensor de muchas causas y sobre todo odiaba a Draco como a nadie.

Draco por su parte, era un chico frío y calculador, un buen amigo, y al igual que Ron podías contar con él en las buenas y las malas, no tenía tacto a la hora de decir las cosas, era una persona clara y decía las cosas sin tapujos, con las mujeres era el ligón más grande de todos, y eso hacía que Ron se enfadara más, pues el creía que Draco era un vividor, y que eso estaba mal, yo en ese aspecto no me metía, a pesar de que ambos no dejaban de intentar meterme en medio de sus peleas, y viendo la ciudad en la que nos encontrábamos sin duda tendría alguna de estas en este viaje, Draco encantaba de los burdeles cuando podía, y creo que era el único de nosotros que se había iniciado en ellos, Ron estaba seguro de que al igual que yo era todo un niño en ese aspecto, lo sospechaba más que estar seguro por que los gemelos no dejaban de incordiarlo una y otra vez con ese tema, por supuesto que cuando estos dos se habían estrenado había sido toda una noticia, y Draco había sido el que los había llevado al lugar donde se habían estrenado ambos lo que nos hacía estar seguros de que Draco ya tenía su propio camino andado.

Neville era todo un misterio para nosotros, el chico no nos dejaba entrar mucho en esos temas cuando nos acercábamos esquivaba las preguntas de una forma sumamente increíble, en eso me parecía a él.

-Tranquilo controlaré a los chicos.- le dije sin más él tan solo me miró de medio lado y me dijo:

-La última vez que tú madre me dijo esas palabras me trajo semejante problema que por poco y acabo sepultado debajo de tres caballos, así que espero no verte perseguido por nadie cuando regresemos al barco.-

Sonreí de medio lado, ¿Qué demonios habría echo mi madre?, Albus era muy dado a dejar caer ciertos detalles de ella, pero nunca acababa por contarme nada de ellos, me había dado cuenta de que no nombraba a mi padre casi nunca, por no decir nunca, Sirius por el contrario parecía deseoso de contarme cosas de él, pero nunca se decidía a hacerlos, cuando yo me acercaba a preguntarle algo sobre él, siempre comenzaba diciéndome lo mucho que nos parecemos y contándome alguna anécdota graciosa de su infancia, pero cuando llegaba el momento en que él se echaba a reír y estaba apunto de contarme algo sobre mis abuelos y sus castigos a mi padre a él y a sus otros dos amigos, se quedaba callado de improvisto y no volvía sobre el tema.

Nunca entendí eso, ¿qué clase de castigos les impartían para no querer contármelos?, y lo extraño es que parecían ser el detonante de algo muy divertido, pero aun no había conseguido que me lo contase, y algo me decía que tardaría en saberlo.

Nos reunimos con Ron y Ojoloco como estaba previsto en la taberna y tras los saludos y algunas que otras cosas, Albus de forma muy directa nos hecho a Ron y a mí del lugar ofreciéndonos unas monedas para gastar en otro lugar.

Cuando salimos afuera me percaté de que la noche ya había caído y la voz de Fred nos llegó:

-Hey Harry, Ron, estamos aquí.- ambos nos giramos y nos encontremos, con Fred, George, Draco y Neville.

-¿Dónde ibais?- preguntó Ron mientras saludaba a sus dos hermanos.

-Íbamos a iniciar a Neville, en esta ocasión no encontró escapatoria.- dijo George que iba con un brazo al rededor de los hombros de un Neville que estaba rojo.

Sonreí de medio lado al ver al pobre Neville y les dije:

-¿Y no os apetece más tomar unas cervezas de mantequilla?- ofrecí mientras que Neville me miraba con suma gratitud.

-Si claro que beberemos unas cervezas antes, sino estoy seguro de que Neville no será capaz ni de abrir la boca.- dijo Fred como si nada, y la esperanza que había nacido en Neville se desvaneció, Draco por otro lado sonreía abiertamente:

-Ya que estamos podríamos iniciar a estos dos también, aunque no se yo si la comadreja tendría siquiera el valor de entrar en el lugar.- Ron lo miró enfadado:

-¿A que viene eso?, ¿y quien te ha dicho que yo tenga que iniciarme en algo?- Fred y George estallaron en carcajadas haciendo que su hermano enrojeciera.

-Bueno espero eso conteste a tu pregunta comadreja.- dijo Draco pasando a su lado, yo decidí mantenerme al margen no quería ser blando de bromas.

Todos entramos en una de las tabernas y pedimos cervezas de mantequilla para todos, Neville resignado al parecer a lo que se avecinaba era el que más bebía.

-¿Oye Dudley quieres otra más?- me grito Fred desde la barra, todavía me molestaba mucho escuchar que me llamaban por ese apellido, pero Albus había dejado en claro que en las ciudades era así como me debían de llamar al menos en todas las demás que no fueran ciudad Esmeralda donde había nacido y me conocían por mi verdadero nombre y apellido, Albus hasta había insistido en cambiarme el nombre pero por eso Sirius no quiso pasar.

-Si por que no.- le grité de vuelta mientras que Ron me intentaba contar algo que Ojoloco le había dicho mientras viajaban.

Estábamos todos hablando y contemplé como Fred se acercaba a nosotros con cuatro jarras, pero una mujer de cabello negro, vestida de forma muy provocadora, y unos ojos agrisados se acercaban a él y le quitaban una de las jarras, con una sonrisa coqueta en su rostro.

No le dí mucha importancia a eso, salvo el que acabábamos de pagar una cerveza a una bella mujer o eso pensaba hasta que ella se giró a contemplarnos, y comenzó a caminar hasta nuestra mesa, entonces pensé que tal vez Draco la conociera o mismamente uno de los gemelos, por que dudaba que Ron, o Neville fueran los destinatarios de la sonrisa que portaba la mujer en sus rosados labios.

Me senté mejor en mi silla a la espera de a quien saludaba la mujer, con cierta curiosidad, pues no era joven pero si realmente hermosa.

Y provocadora, su forma de caminar invitaba a imaginarse mil y una cosas, y sus ojos juguetones te invitaban a jugar, su cabello largo y negro le caía suelto por la espalda, y su sonrisa era igual que sus ojos traviesa.

Cuando Fred y ella llegaron a la mesa, todos en nuestra mesa mirábamos como tontos a la mujer, ella tan solo sonreía, y cuando hablo pareció romper el hechizo que me había echado, por que algo en ella no me gusto, y me dio mala espina pero no era capaz a saber el que.

-Escuché a este apuesto joven nombrar a Dudley, ¿Cuál de vosotros es ese caballero?- su sonrisa seguía adornando su rostro, y yo fruncí el ceño, por que querría ella saber de mí.

Todos en la mesa y a una me miraron directamente, vaya con mis compañeros si llega a ser un asesino estaría ya muerto.

-Ahora entiendo lo que decía.- dijo ella sin más mientras me miraba de arriba abajo y sonreía.

-¿Perdón?- dije sin más.

-Soy Madame Bellatrix Lestrange, joven Dudley, y me han hablado maravillas de usted.- me sorprendí ante sus palabras, pero me dí cuenta de que no era la primera vez que escuchaba ese nombre, estaba seguro de que Lord Lupin me había hablado de esta mujer en alguna ocasión, aunque ahora no sabía muy bien que me había dicho de ella, salvo que era peligrosa en lo suyo, además de hermosa, tentativa y toda una artista.

-Encantado de conocerla Lady Lestrange, y si es tan amable, ¿Quién pudo hablarle de mi?- dije intrigado, ella tan solo se acercó a mí separó un poco mi silla de la mesa dejando un espacio y se sentó en mis rodillas mientras me ofrecía la jarra de cerveza de mantequilla.

Yo la cogí y seguí mirándola con intriga y aparente indiferencia:

-Un amigo de ambos, pero eso no tiene importancia, es obvio que nunca has oído hablar de mí ni de a lo que me dedico, pero eso lo solucionaremos ahora, por que resulta que la persona que me hablo de ti quiere hacerte un regalo.- fruncí el ceño, ¿de quien me estaba hablando?

-¿Y de que se trata exactamente?- dije frunciendo el ceño, Draco por su parte me miró con sorpresa y dijo:

-Esta mujer, es la que lleva casi todos los burdeles de la ciudad, su mayor éxito radica en el "Burdel deseo cumplido"-

-Veo que este apuesto joven si que sabe de mi.- y le sonrió de una forma un tanto lujuriosa, a lo que Draco respondió con todo su encanto.

-Es decir que después de todo si que podremos iniciar hoy a nuestro pequeño Neville.- grito Fred alegremente borracho mientras que Neville enrojecía y se ocultaba detrás de su jarra.

Ron tan solo miraba a la mujer como un tonto.

-Si sois tan amables de seguirme, es precisamente al "Burdel deseo cumplido" al que estas invitado a venir joven Dudley, y tus amigos pueden acompañarte si gustan aunque solo tú eres el invitado como comprenderán una tiene que ganar algo.- su sonrisa dedicada tan solo a Draco dejaba en claro que tal vez él si que podría recibir alguna invitación especial, pero que los demás tendrían que pagar por lo que hicieran en el burdel.

Todos se levantaron sin dudar de sus sillas, aunque yo no había aceptado nada, de echo estaba muy dispuesto a decir que no a esa oferta cuando Draco me sujetó del brazo con fuerza:

-Como me fastidies la fiesta te mato Potter.-

-Por que tú quieras divertirte no voy a ir a ese lugar.- le dije enfadado mientras que él me miraba con cierta diversión:

-Venga ya, no me digas que tienes miedo de un burdel.-

-Que miedo voy a tener de un sitio como ese, lo que no entiendo es por que tendría que ir, puedes hacerle una buena proposición y dejarme fuera de esto.-

-No aceptara nada si tú no accedes a ir al lugar, es más que obvio que esta interesada en darte el regalo que te hacen, a lo que ya me explicaras quien te ha hecho semejante regalazo.-

-No se quien puede haber ordenado esto, pero a mi no me parece nada de lo que estar orgulloso.- dije enfadado.

-Pues debe de estimarte mucho, ese burdel Potter es sumamente caro, y de los mejores las chicas del lugar son todas unas leyendas, así que tienes un buen amigo por ahí que ni siquiera conoces.-

-Cuando sepa quien es te lo presento y regalo si quieres, amigos que me hagan semejantes regalos no los quiero.-

-Pues trato echo yo me los quedo, ¿si quieres subo también a la habitación?-

-Te cedo el sitio.- dije sin más, pero él miró a Lestrange y esta sonriendo de medio lado nos dijo:

-Lamento deciros que solo él puede conocer a esta chica en especial.- gruñí al sentir como Draco me apretaba el brazo:

-Esta bien iré.- dije sin más.

Lestrange tan solo sonrió más y girándose gritó:

-Mescher, lo de esta mesa corre por mi cuenta.- el camarero tan solo asintió y antes de salir de la taberna el hombre le grito:

-La gemela Pavarati.-

-Mañana pásate y la tendrás esperándote.- dijo ella sonriéndole sin más y supe ya como serían pagadas nuestras cervezas de mantequilla.

Lady Lestrange tardó escasos segundos en colgarse de mi brazo como para impedir que me escapase de su lado.

-He escuchado muchas cosas de usted joven Dudley, pero nadie me dijo que erais tan apuesto.- sonreía alegremente.

-Si quien os hablo de mí era un hombre no me extraña nada.- ella rió abiertamente y dijo:

-Me habló de su coraje, y de que deseaba que en alguna ocasión fueran mucho más amigos que ahora, habló de muchas cosas, y la otra persona que me habló de usted pensaba igual aunque esta deseaba más clavarle un cuchillo que otra cosa.-

-Vaya conoce usted a mucha gente, sería tan amable de decirme quienes son esas dos personas exactamente, sería genial saber a quien debo de agradecer el presente y a quien he de vigilar con cuidado.-

-Puede que después le diga de quienes se tratan, miré allí esta mi burdel, estoy segura de que no le decepcionará el lugar joven Dudley.-

-Le confieso que no estoy muy entusiasmado con esta idea.-

-Ya cambiará de opinión,todos tienen su punto débil joven Dudley el caso es encontrarlo.- y sonrió de forma traviesa como ocultando un secreto.

-Será interesante comprobarlo sin duda.- dije sin más y maldeci a Draco por haberme echo aceptar esto, aunque estaba más que seguro de que no haría nada con la joven que Lestrange hubiese dispuesto para mi la verdad es que no me hacía ninguna gracia nada de esto.

Todos entremos en el burdel y ella tiró de mí para guiarme a las escaleras:

-Ven por aquí joven Dudley.- caminó tirando de mí hasta que lleguemos enfrente de una puerta me dejó allí plantado y me dijo:

-Disfruta todo lo que puedas, ella es todo lo mejor que tenemos la han bautizado como la gatita, dicen que es toda una fiera, y tú amigo a decidido cedértela para que la pruebes.- sonreía ampliamente y sentí como besaba mi mejilla derecha y me susurraba:

-Si después de estar con ella deseas mi compañía te la cedo gustosa.- acarició mi mejilla y mi cuello donde me dio un pequeño pinchazo y me dejó allí solo plantado delante de la puerta, la vi alejarse por las escaleras que acabábamos de subir y suspiré resignado al menos tendría que entrar en el cuarto, acerqué mi mano al pomo dispuesto a entrar y a pasar una vergüenza tremenda cuando le dijera a la muchacha que no estaba dispuesto a que pasara nada entre nosotros, ¿quedaría demasiado patético?, no estaba seguro pero me daba igual, con cuidado comencé a abrir la puerta.

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La puerta de mi habitación se abrió con cuidado y no me hizo gracia ver que se trataba de una de las chicas que traía un vestido en sus manos, uno amarillo que ya me había puesto otras veces.

-Lestrange me envía a decirte que te quiere lista en un momento.- la chica parecía nerviosa y agitada parecía haber corrido.

-¿De donde vienes?-

-Se encuentra en una de las tabernas cercanas al burdel al parecer a encontrado a alguien y quiere que tú lo atiendas, no quiero escucharte otra vez gritar por los golpes de ella y del otro bestia, así que por favor hazlo sin rechistar.- me miraba con súplica, y yo tan solo me agarré las muñecas, no era posible que ella quisiera que otra vez hiciera esas cosas, aunque estaba segura de que no tardaría en mandarme a hacerlo.

-No tiene corazón.- dije sin más y ella asintió:

-Se que es así y créeme cuando te digo que esta dispuesta a mandarte a golpear como no vayas, en esta ocasión al menos es un chico joven me dio tiempo a vislumbrar a donde se acercaba y todos eran jóvenes, no tendrás que hacer mucho esos se conforman con poco ya que no tienen muchos conocimientos.-

Sin embargo eran a los que más temía yo, por que precisamente Tom era joven, y su fuerza y destreza eran mis enemigas a la hora de defenderme de él.

Me levanté de la cama y me comencé a vestir, rogaba por quien fuera tuviera compasión de mi, y no decidiera hacerme daño en esta ocasión, o al menos esperaba poder cerrarme en mí misma como siempre hacía.

-¿A que habitación me tengo que trasladar?- le dije mientras ella me ayudaba a vestirme.

-En la segunda planta.- me dijo sin más y yo suspiré, eso quería decir que no era Tom de nuevo.

-Me ha dicho que quiere que te eches esto.- y me entregó un pequeño frasco que contenía un liquido trasparente, aunque no creo que contuviera más de dos gotas.

Ella me ayudo con todo, y ambas fuimos hacía la habitación en cuestión, abrí la puerta y me la encontré vacía:

-Quiere que lo esperes aquí.- me dijo ella sin más y se fue, me extrañé de que me tocará esperar pues generalmente eran ellos los que esperaban.

Cerré la puerta detrás de mí y caminé un poco en la habitación, me percaté de que encima de la mesa había un cordel, no me serviría de nada la verdad así que no le dí ninguna importancia.

Escuché entonces la voz de ella detrás de la puerta al parecer el sujeto si que era importante, pues ella nunca solía acompañar a los clientes, sentí curiosidad por saber quien demonios podría ser el sujeto que ella había decidido que me poseyera en esta ocasión.

Miré de nuevo la mesa buscando las flores que siempre solía haber, aunque solían cambiar según el hombre que tocará pero en esta ocasión no había ni siquiera jarrón.

Miré a mi alrededor, y me asuste un poco al percatarme de que como la vez anterior no había por ninguna parte algo del color que me ayudaba a escapar, contemplé la cama, tal vez las sabanas serían de nuevo mi salvación en esta ocasión.

Caminé rápidamente hasta la cama, pero las sabanas eran blancas y simples, sentí un poco de miedo recorrerme, ¿como podría escapar?

Me separé de la cama sin estar dispuesta a que el sujeto pensara que estaba muy dispuesta a todo eso y me quedé quieta en el centro de la habitación esperando que la puerta se abriera.

Escuché como Lestrange se despedía del sujeto, y vi como el pomo comenzaba a girarse, me mordí el labio inferior con nerviosismo.

Según se iba abriendo la puerta una melena negra azabache se hizo visible, me fijé en que en verdad era joven, y en su cabello negro revuelto, era apuesto sin duda.

Y me quedé helada cuando sus ojos hicieron contacto con los míos, hay estaba el verde que tanto había buscado hacía apenas unos segundos atrás con desesperación, y sentí mi sangre hervir en fuego puro cuando esos ojos me reconocieron y se abrieron de la sorpresa.

Lo miré con odio como siempre a pesar de que mi corazón iba a mil, y mi mente tan solo podía intentar grabar ese verde cada vez más a fuego para no perderlo nunca.

-¿Tu?- ante mí se encontraba Harry Dudley igual o incluso más sorprendido que yo, ¿qué demonios iba a pasar ahora?

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Hasta aquí el cap, espero vuestra opinión buybuy y lo dicho mañana o pasado subo el ocho según como vaya el día de mañana.