Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

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La sombrilla roja

Capítulo 7

Leucótea

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Utakata suspiró, encogiéndose de hombros con resignación.

Cinco años en la escuela de Artes, cuatro más en la escuela de música de Juilliard en Nueva York, tres giras internacionales, ¿y todo para qué? Para terminar dando clases a niños elitistas e idiotas, y que además lo hacían esperar como si fuera el maldito chico de las pizzas.

Molesto e impaciente, Utakata se dedicó a observar la casa de la familia que lo había contratado. Era una mansión bastante lujosa, así que era claro que los Uchiha tenían dinero, algo bastante bueno para su economía. Según le había explicado la asistente del señor Uchiha por teléfono, su trabajo consistiría en dar clases de piano a un niño, el hijo menor de la familia. Nada muy complicado. Sólo le enseñaría unas cuantas escalas al mocoso y una cancioncilla relativamente simple para que sus orgullosos padres lo presumieran en un recital para sus igualmente ricos y presumidos amigos.

No era la primera vez que le tocaba un trabajo como ése, así que sabía que los niños ricos sólo aprendían a tocar un instrumento (en especial uno tan difícil y clásico como el piano) por obligación de sus padres; a la mayoría ni siquiera les interesaba la música realmente, por lo mismo que a él no le interesaba enseñarles, pero sí el dinero que sus padres le daban por pretender hacerlo.

―Sensei ―escuchó que lo llamaban, y Utakata rápidamente se levantó del elegante sofá negro donde estaba sentado, contemplando fijamente a la sirvienta por una fracción de segundo ―El joven Sasuke bajará enseguida, y la señora Uchiha se disculpa con usted, pero su hermana enfermó, así tuvo que viajar al interior para cuidarla.

―Sí, está bien ―dijo de forma natural, aprovechando que ya estaba de pie para estirar un poco las piernas y dar un corto paseo alrededor de la habitación mientras la mujer desaparecía tan silenciosamente como había llegado, volviendo a dejarlo a solas. Utakata echó una rápida mirada al jardín, y luego contempló una pared que tenía algunas fotografías y listones de primer lugar colgados. En ella había un retrato de cuatro personas, una pareja y dos niños que se veían muy serios; el menor no debía tener más de cinco años, así que dedujo que ése debía ser Sasuke.

"Bien, puedo trabajar con eso", pensó, escuchando pasos acercándose por las escaleras. Segundos después, Utakata se dio la vuelta para recibir al niño, pero en su lugar había un adolescente, con cara de malhumorado, bajando las escaleras con un montón de hojas pentagramadas y lápices bajo el brazo. Y cuando llegó frente a él, el muchacho lo miró de arriba a abajo, frunciendo el ceño.

—¿Eres el maestro de música?

―¿Tú eres Sasuke? ―respondió Utakata, atónito. Y el chico lo miró, levantando una ceja.

―Sí.

Utakata soltó una risilla nasal.

―¿Tú quieres aprender?

El chico bajó su ceja y volvió a fruncir el ceño, notablemente molesto.

―Sí. ¿Y qué?

―¿Es broma, verdad? —Utakata se pasó una mano por el rostro, con gesto sarcástico —Chico, estás muy viejo para empezar con el piano ―volvió a reírse, haciendo que el joven lo mirara con muy mala cara ―. No me mires así; si quieres dedicarte a la música la edad promedio para empezar a aprender es a los tres o cuatro años. Asia tiene uno de los sistemas más competitivos en cuanto a jóvenes músicos, así que no creo que...

―¿Por qué querría ser un perdedor que vive de la música, como tú? —refutó el chiquillo, cabreando a Utakata, quien hasta entonces no se había preocupado por sentirse molesto.

―¡Oye! ¡Esa no es forma de hablarle a tus mayores, niñato engreído!

—No le hablo a un mayor. Le hablo a alguien cuya paga depende de que me enseñe lo que quiero aprender sin hacer preguntas. De lo contrario puedo llamar a otro maestro. Pianistas sobran en éste mundo, y de seguro mucho mejores que tú.

Utakata abrió los ojos con sorpresa. Nunca nadie le había hablado de esa forma, ni mucho menos habían osado dudar de su talento. Sin embargo, mal que le pesara el mocoso tenía razón en algo, y era que necesitaba el maldito trabajo.

—¿Vas a enseñarme o no? —volvió a hablar el engreído muchacho, sacándolo de sus cabales. No obstante, Utakata suspiró y se mantuvo sereno, aparentando que no quería partir la cara de ese chico con su puño.

―¿Y para qué quieres aprender a tocar el piano de todas formas? —preguntó, yendo por el lado más lógico. Los niños pequeños podían ser fácilmente obligados o influenciados por sus padres, o se dedicaban a la música por curiosidad, pero los adolescentes eran un tema completamente distinto. No era fácil obligar a un adolescente a aprender un instrumento tan difícil, que requería de tanta concentración, disciplina y paciencia, porque ellos eran inquietos e indisciplinados por naturaleza. Tampoco había conocido antes a ningún chico que prácticamente lo hubiera obligado a enseñarle como ese chico quería. El asunto era, por donde lo mirase, inusual, así que quería saber el motivo.

—Eso no es asunto tuyo —el chico le respondió como si estuviera oyendo sus pensamientos, y entonces Utakata rió de medio lado, dejando sus cosas sobre una mesa de escritorio.

—No. Tienes razón —suspiró, rendido —¿Conoces las notas?

—Sí.

—Pues eso ahorra algo de tiempo. Siéntate en el piano. Te enseñaré unas melodías y...

―Quiero escribir música también —el mocoso redobló la apuesta, haciendo que el maestro volviera a enarcar una ceja.

―¿Escribir música? —preguntó, todavía más sorprendido. A un estudiante de música podía llevarle años componer tan solo una melodía; esa era la parte más difícil y menos popular de ser un músico, por eso no podía creer lo que ese adolescente pedía —¿Por qué?

―Eso no te importa mientras te paguen, ¿no? —y el niñato volvió a hacerlo, así que Utakata se dio por vencido y empezó con las lecciones habituales, volviendo a suspirar.

Y pensar que había creído que ése sería un trabajo de los fáciles.

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Ino suspiró con cansancio, atravesando las puertas de la escuela mientras ahogaba un profundo bostezo.

—En serio, problemática, sé que yo soy perezoso, pero tú me ganas —bufó Shikamaru a su lado, mirándola con expresión divertida.

—¡No soy perezosa! —protestó ella, dándole un golpe en el brazo —Solo no dormí bien anoche, es todo.

—¿Y eso?

Ino sonrió, sonrojándose como una niña.

—Estuve hablando con Sasori por videollamada. Es que…había unos ejercicios de matemática que no entendía, y él…

—Oh, no. No quiero saber tanto —Shikamaru hizo una mueca de horror que hizo reír a su amiga —No me dijiste que salías con él. Creí que a Deidara no le gustaba que su amigo te rondara.

—¡Sasori-san no me está…! —empezó a decir Ino, interrumpiéndose a sí misma cuando se distrajo con la presencia de un tercero —¡Hola, Sasuke! ¿Cómo estás? —exclamó, alzando una mano para saludar a Sasuke Uchiha cuando estuve frente a Shikamaru y ella en el corredor, pero el muchacho, por enésima vez en los últimos dos meses, ignoró su saludo.

—Estoy ocupado —gruñó, alejándose de ella como si tuviera la peste, dejándola confundida y algo molesta.

—¿Qué le pasa?

—Mnah, él siempre fue raro —murmuró Shikamaru con tono perezoso, sacando los libros de su gaveta con mucha parsimonia —Y le gusta actuar como si fuera el rey del universo. Sólo ignóralo.

—Pero...

—¿Qué? ¿Vas a decirme que sigues enamorada de él como cuando éramos niños? Tsk. Qué problemático...

—¡No es eso! —Ino se escandalizó, haciendo un mohín —Es sólo que... Uchiha-kun fue tan amable antes... Bueno, no amable-amable, pero al menos no huía de mí como si fuera a pegarle algo. Me hace sentir...extraña.

—A mí también —concordó Shikamaru, frunciendo el ceño —. Aunque más que extraño me hace sentir náuseas. ¡Auch! ¡¿Qué?! —se quejó, ahogando una pequeña sonrisa burlona mientras terminaba de guardar sus cosas y ponerse las zapatillas de la escuela —Por cierto que no sabía que fueran tan amigos, mujer problemática...

—No somos amigos — contestó Ino, negando con un enérgico movimiento de cabeza —. Creo que él no es del tipo que tiene amigos. Es algo raro.

—¿Y se supone que eso debería sorprenderme? Es Sasuke Uchiha de quien estamos hablando. Tiene la palabra "raro" tatuada en la frente.

—¿Por qué lo dices?

—Porque es un jodido loco engreído...— anunció Shikamaru, colgándose la mochila al hombro— Por cierto, hablando de locos, mi madre quiere que te invite a casa por mi cumpleaños. Así te quedas ahí y festejamos el tuyo. Dijo que lo hablaría con tu padre.

—¿Mi cumpleaños? —Ino parpadeó, confundida, y después se dio un suave golpe en la frente, como quien recuerda algo importante —¡Oh, es verdad! Ya se acerca la fecha...

—Tsk —su amigo chasqueó la lengua, frunciendo el ceño —¿Qué? ¿Olvidaste tu propio cumpleaños?

—No es eso. Sólo se me pasó la fecha... Raro, ¿no?

—No es raro. Con todo esto de la mudanza pudo pasar. Además, tu memoria siempre ha sido pésima...

—¡Oye! —Ino levantó el puño para golpear a su amigo en el brazo, pero antes de que pudiera hacerlo se vio interrumpida por la presencia de otra persona frente a ellos.

—Hola Ino. Shikamaru.

—Sasori-senpai —respondió el joven Nara mientras ella, avergonzada, bajaba la mirada con las mejillas sonrojadas.

—Ho-Hola, Sasori. ¿Cómo estás?

El chico pelirrojo se pasó una mano por el cabello, despeinándolo un poco más de lo habitual.

—Bien, yo... Me preguntaba si querías almorzar conmigo hoy.

—¡Sí! —estalló la chica, avergonzándose al instante —Eh... Quiero decir, sí —se corrigió, mordiéndose el labio inferior —. Eso me gustaría.

—Genial.

—Genial.

—Te veré entonces... Pasaré por ti a tu salón.

—De acuerdo.

—Bien... Hasta entonces.

—Hasta entonces.

El chico del último año se dio la vuelta, e Ino clavó la mirada en su espalda hasta que se le perdió de vista.

—Muy bien, ¿qué se traen usedes dos?

—¿Qué?

—Hace semanas que almuerzan juntos, y además es obvio que te gusta. No me digas que no pasa nada. No, sabes qué, en realidad no me interesa. ¿Por qué las mujeres siempre tienen que ser tan problemáticas?

Ino sonrió. Se sentía tan feliz que no podía enojarse con Shikamaru.

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—¡Uchiha-kun!

Sasuke se sobresaltó ligeramente y dejó caer su libreta al suelo, levantando la vista del acuario y suspirando con hastío al ver al recién llegado.

—Zetsu. ¿Algún día te quitarás ése estúpido disfraz? —preguntó cuando el chico de rostro multicolor entró al laboratorio de Ciencias, usando su habitual disfraz de planta.

—No lo creo —sonrió el mayor, divertido, alcanzándole su libreta y recargándose contra el escritorio junto a él —. ¿No vas a ir a almorzar? Llevas toda la mañana en el labotorio de biología.

—Todavía tengo que limpiar las jaulas de los jerbos y alimentar a los peces antes de que vuelvan a empezar las clases —informó Sasuke tras mover la cabeza negativamente, siguiendo con su labor mientras hablaba.

—Responsabilidad. Eso me gusta... —Zetsu se levantó de un salto y agitó su mano en señal de despedida mientras caminaba de regreso hacia la salida —Bien, Te veo luego... Ah, por cierto, Uchiha-kun, el otro día vino un chico a buscarte... Creo que era un universitario, porque se veía mayor, y se parecía bastante a ti. Y dijo que volvería otro día —informó, a lo que Sasuke reaccionó con una leve nueva afirmatoria.

—Lo sé. Es mi hermano —sin darle mayor consideración, Sasuke siguió observando el ph del acuario, cosa que no le importó al presidente del club.

—Ah. Eso creí... Bueno, adiós.

Sasuke respondió con un gruñido, dejando sus notas de lado para pasar al acuario de las tortugas y terminar de limpiarlo. Sacó a las fos tortugas marinas con sumo cuidado, limpió los restos de excremento y comida y acercó la pecera a la ventana para ventilarla, quedándose un momento allí.

De pronto, su mirada se posó en el patio, y su ceño se frunció cuando encontró a Ino y a ese pelirrojo Sasori comiendo bajo un árbol, riendo y charlando. No era una postal poco habitual, sino que ya los había visto varias veces en la misma situación durante las últimas semanas, pero esa vez, mientras veía a Ino sonrojándose y sonreírle al chico del último año, algo se agitó en su interior. Sasuke se sintió repentinamente extraño, más molesto se lo usual, sin una razón aparente. Y de repente, una vez más, pensó en que detestaba a Yamanaka Ino profundamente, pero ese pensamiento desaparecía para abrir paso a otro más realista: detestaba profundamente a Sasori, el amigo de Ino, y lo más extraño era que no sabía porqué. El chico de tercero era un idiota, eso lo sabía, pero su escuela estaba llena de idiotas, y ninguno le molestaba tanto como él. Era tedioso.

Dándose un golpe mental, Sasuke dejó salir un suspiro cansado y se recargó contra la ventana, cerrando los ojos un momento para intentar dejar de pensar en cosas sin sentido.

—¡Oye, teme! ¡¿A quién estás espiando? —gritaron de repente a sus espaldas, y el joven Uchiha enderezó la espalda de inmediato, frunciendo el ceño mientras veía a su mejor amigo entrar al salón.

—A nadie. ¿Qué haces aquí?

—¿Pues qué más? —Naruto soltó una estridente carcajada —¡Te estaba buscando! ¿Nos vas a comer con el resto?

—Tengo cosas que hacer —lo esquivó, volviendo a entrar la pecera para reacomodar a las tortugas en su interior —Y no tengo hambre, así que puedes irte.

—Ay, estás actuando muy raro últimamente, Teme —Naruto soltó un bufido, tomando una tortuga para hacerla girar sobre su caparazón, pero Sasuke se lo impidió —Estás más amargado de lo usual, y ya casi no te vemos después de clases. ¿Qué has estado haciendo, eh? ¿Acaso tienes una novia? —preguntó en tono que pretendía ser sugerente, pero que solo logró que Sasuke enarcara una ceja.

—¿Y a ti qué te importa?

—Tienes razón. A veces olvido que no te gusta nadie más que ti mismo —rió Naruto, acariciando la nariz de uno de los jerbos —Pero en serio, ¿dónde has estado?

—No te importa —Sasuke bufo, ahogando una sonrisa cuando el jerbo mordió a Naruto y le hizo apartar la mano —Y de cualquier forma, ¿no tienes alguien más a quién molestar? ¿Qué tal Sakura?

—Ah, está en una reunión de delegados de la clase, así que… ¿Primo Shisui?

Sorprendido, Sasuke se giró hacia él, notando al tercer chico que había entrado al salón. Era alto y delgado, de ojos idénticos a los suyos, cabello despeinado y piel pálida. Era casi imposible ocultar el lazo familiar que los unía, ya que la única diferencia entre ambos era la enorme sonrisa en el rostro del recién llegado.

—¡Hola, Naruto, hola Sasuke-kun! —Shisui sonrió ampliamente, palmeando la espalda de Sasuke —¿Cómo estás, primo? Sí que ha pasado tiempo, ¿eh? —soltó una carcajada. Sasuke entornó la mirada y contempló a su primo con suspicacia, parco.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a ver a mi primo favorito... Y a ti Sasuke —bromeó, pero solo Naruto rió, chocando palmas con Shisui.

—Qué gracioso. Son tal para cual —ironizó el Uchiha menor, desviando su atención de regreso a las tortugas —Pero estoy muy ocupado, así que sería oportuno que los dos se larguen.

—¡Oh, vamos, Sasuke-kun! Te extrañé, pequeño quejumbroso —Shisui rió una vez más, abrazándolo por los hombros —¿Qué dices de ir a comer algo con tu primo favorito?

—¡Claro que sí! —respondió Naruto de inmediato, siendo golpeado por Sasuke.

—No te invites solo, Dobe —gruñó el joven Uchiha, girándose hacia su primo después —Paso.

—Si vienes conmigo te sacaré de la escuela. Tu madre lo autorizó —propuso el mayor, y Sasuke lo miró por el rabillo del ojo, dejando de alimentar a las tortugas para contemplar su propuesta con interés.

Casi cinco minutos después estaba sentado en el asiento del acompañante del coche de su primo, yendo hacia el centro, al restaurante italiano que solían frecuentar durante las visitas de Shisui y que era el favorito de Itachi. Sasuke eligió una mesa en el rincón más apartado del lugar y pidió un plato de pasta. Shisui se pidió una hamburguesa y una botella de vino de la que apenas bebió. Por espacio de diez o quince minutos ninguno dijo nada.

—Es una excelente tarde, ¿no crees? —Shisui fue el encargado de romper el silencio tras acabar su primer copa de vino, y Sasuke, obligado a levantar la vista del juego de su teléfono, solo emitió un gruñido como respuesta.

—Hmp.

—Y dime. ¿cómo has estado?

—¿Quién te envió? —preguntó el menor sin rodeos, dejando su teléfono de lado. Shisui se sobresaltó ante la pregunta, frunciendo el ceño de inmediato.

—¿Qué? Por supuesto que nadie.

—¿Quién?

—Ya te dije que…

—¿Quién?

—¡Tus padres! —admitió, soltando un bufido exasperado —¡Rayos! Eres bueno en esto —gruñó, haciendo un mohín mientras Sasuke fruncía el ceño, molesto.

—¿Qué pretenden ahora? ¿Por qué te mandan a hablarme?

Shisui chasqueó la lengua, pasándose una mano por el cabello negro, algo indeciso.

—No lo sé... Tu madre estaba muy preocupada por ti. Dice que actúas muy raro últimamente, y tío Fugaku…

—Yo no actúo raro.

—Es lo que creí. Les dije que siempre fuiste raro, y que no tenían de qué preocuparse, pero aun así querían que hablara contigo... Así que, heme aquí. Estoy para escucharte.

—No quiero hablar contigo —Sasuke bufó, casi levantando la voz —No me pasa nada extraño; esto es ridículo. Mis padres no debieron llamarte.

—Sasuke, los padres se preocupan...

—No los míos.

—Pues aunque no lo creas, tus padres te quieren, y se preocupan por ti, así como tú también te preocupas por ellos. Lo sé. Aunque puede que ahora creas que no los necesitas, o que solo se entrometen en tu vida, es perfectamente natural que quieran cuidar de ti —aseveró, endureciendo la mirada de Sasuke.

—¿Estás intentando psicoanalizarme como si fuera uno de tus trastornados pacientes?

—¿Qué? ¡No! Olvida mi trabajo. Eres mi primo, somos familia, y quiero ayudarte... —Shisui levantó las manos con inocencia, sonriendo un poco para cambiar la atmósfera —Así que, dime, ¿qué pasa?

—No voy a decirte nada —Sasuke cruzó los brazos y se encogió de hombros, como cuando era niño e Itachi y Shisui intentaban sonsacarle algún tipo de información, como en ese momento. Sin embargo, su primo nunca había aprendido a respetar la privacidad ajena.

—¡Oh, vamos Sasuke-kun! Dime qué es lo que te está molestando. Porque es claro que algo te molesta… ¿Son drogas, haces trampa en la escuela, estás metido en problemas?

—No hay nada de eso.

—¿Entonces? ¿Hay una chica? ¿Un chico, tal vez?

—No. Ya cállate —respondió Sasuke, abochornado. Shisui volvió a alzar las manos con inocencia.

—Tranquilo, no te juzgo. A ésta edad es muy común que tu cuerpo exprese cambios, y que empieces a sentirte atraído por otras personas. Algunos de esos cambios pueden ser sudor excesivo, vello en todo el cuerpo o vergonzosas erecc...

—¡No es nada de eso tampoco! —Sasuke lo interrumpió, completamente abochornado, sobre todo cuando las meseras miraron en su dirección y rieron. No obstante, su expresión denotaba que no mentía, así que Shisui parpadeó, perdiendo el hilo del asunto.

—¿Entonces qué? Porque es claro que algo te molesta. Y si no quieres que hable con tus padres al respecto será mejor que..

—Es Itachi —admitió Sasuke entre dientes, viendo atentamente como su primo levantaba las cejas con curiosidad, para después esbozar un rictus de pura frialdad.

—¿Qué con él?

—Volvió a la ciudad —le soltó tras unos breves momentos de vacilación, haciendo que su primo escupiera la soda de su boca, directamente en su rostro —¡Cuidado, idiota!

—¡¿Qué dijiste?! —Shisui, con los ojos abiertos de par en par, ignoró sus quejas. Sasuke solo frunció el ceño, limpiándose el rostro con una servilleta.

—Dije que Itachi regresó. Y me ha estado visitando en casa y en la escuela. ¿Por qué tanto escándalo?

—¿Por qué? —el mayor volvió a alzar la voz, pasándose ambas manos por el cabello, mirándolo fijamente por varios segundos —Sasuke, sabes que eso... eso no es posible. No es posible que tu hermano... —Shisui empezó a balbucear, visiblemente nervioso de pronto —Tu hermano se fue, y nunca va a...

—¿Dices que miento? —la voz de Sasuke sonó confusa y molesta, tal y como él se sentía —¿Por qué mentiría?

—No. No creo que estés mintiendo, pero no... —Shisui se agarró la cabeza con ambas manos, confundido, luego se dedicó a mirarlo fijamente una vez más —. Definitivamente no esperaba esto. Tus padres tenían razón. Sí estás en algo raro... No quería contemplar la posibilidad de las drogas, pero...

—¡¿Por qué sigues diciendo eso?! ¡No consumo drogas!

—Ya, tranquilo —Shisui entornó la mirada; se veía preocupado, pero luchaba por disimularlo.

Después de eso hubo un tenso silencio hasta que la mesera les llevó la comida.

Sasuke apretó los labios. El silencio en alguien como su primo no podía significar nada bueno, y aquello se había vuelto mucho más raro e incómodo desde que había mencionado lo de Itachi, así que, suspirando, se encogió de hombros y volvió a hablar:

—Era mentira.

—¿Qué?

—Lo de Itachi. Estaba mintiendo —murmuró, levantando la vista nuevamente hacia su primo, esbozando una pequeña sonrisa socarrona —Debiste ver tu cara. Trabajar con tantos locos te volvió uno de ellos.

—¿Una broma? ¿Acaso crees que es gracioso?

—Sí —encogiéndose de hombros una vez más, Sasuke le dio un sorbo a su vaso de agua tónica y después fingió tener apetito, aunque seguía pendiente de las acciones de su primo, que continuaba inmerso en algún lugar de su mente. Eso no era bueno —Estoy estudiando música —comentó entonces, y Shisui volvió a prestarle atención, levantando una ceja con curiosidad, invitándolo a seguir hablando —. Piano.

—Creí que odiabas el piano —dijo su primo, frunciendo el ceño —. Siempre dijiste que era una pérdida de tiempo, incluso cuando Itachi tocaba.

—Sí lo dije, pero eso no significa que no me gustara —añadió Sasuke, ceñudo; luego contempló el cielo por la ventana, y su mirada se suavizó levemente —Parece que lloverá —murmuró, distraído, para luego empezar a comer en silencio, dando a entender que la conversación se había acabado. Sin embargo, Shisui no parecía dispuesto a aceptarlo.

—Sé que algo te pasa —insistió, divertido ahora —Te conozco demasiado bien como para notarlo; y sé también que no vas a decirme, pero debía intentarlo —Shisui se encogió de hombros, sonriendo aún más —Pero todos esos cambios repentinos…el club de Biología, el piano…Si no es Itachi, entonces debe haber alguien más —razonó, entornando la mirada con suspicacia. Y Sasuke dejó de comer para volver a mirarlo, taimado. Shisui amplió su sonrisa con suficiencia, acabándose du cerveza —Pero supongo que todo adolescente tiene derecho a tener sus propios secretos vergonzosos.

—No es un secreto vergonzoso —musitó el menor de los primos Uchiha, peri su voz se perdió en el aire.

Shisui solo desvió la mirada hacia la calle y sonrió.

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La música sonaba suave y serena, llenando la habitación con su armoniosa y dulce melodía. Hasta que un mal movimiento rompió la atmósfera, y Utakata frunció el ceño, apretándose el puente de la nariz con dos dedos.

—Hazlo de nuevo. Desde el principio —ordenó. La música entonces se detuvo, se oyó un gruñido y la melodía volvió a empezar desde el inicio mientras Utakata volvía a pasearse de un lado a otro por la habitación, escuchando en crítico silencio.

Solo tuvieron que pasar un par de clases para darse cuenta de que el hijo de los Uchiha no tenía demasiadas aptitudes para la música, y parecía que él también lo sabía, pero Utakata notaba tanta determinación en él que no dudó que podrían llegar a algo, aunque quizá se trataba de obstinación, pero, fuera cual fuera su motivación, Sasuke Uchiha parecía decidido a aprender todo cuanto le enseñara. Pero era extraño. El chico no parecía disfrutar especialmente de la música, ni parecía ser atosigado por sus padres. Utakata aún no lograba identificar la fuente de su inspiración para forzarse a sí mismo a aprender un instrumento tan difícil y complejo como el piano.

A veces le daba demasiada curiosidad saberlo, pero en el mes que llevaba enseñándole casi todos los días, aún en contra de su voluntad, había aprendido a respetar los espacios y silencios del joven Uchiha. Incluso, podía decirse, en cierta forma le recordaba a él mismo años atrás.

—Estuve pensando —la indiferente voz de Sasuke lo sacó de sus pensamientos, haciendo que se diera cuenta de que la canción ya había terminado, igual que sus dos horas de clase. Así que Utakata posó los ojos en él para darle a entender que lo estaba escuchando, y en verdad lo estaba haciendo, pues no era usual que Sasuke buscara iniciar una conversación —Hay una melodía que he estado practicando, pero necesito… —Sasuke hizo una pausa, como si lo siguiente que iba a decir fuera extremadamente difícil, intrigando a su maestro —, necesito tu ayuda para escribirla. Sé las notas que quiero tocar, y donde ponerlas, pero… No es nada muy difícil. En realidad es algo simple, pero…—Sasuke volvió a hablar y se detuvo una y otra vez. Pedir su opinión era una clara pelea contra su orgullo, así que Utakata solo movió su mano, quitándole algo de tensión al momento.

—A ver. Tócala.

El joven Sasuke bufó, girando el taburete hacia el piano una vez más mientras ponía los brazos en la posición correcta, tomándose unos segundos antes de que sus dedos comenzaran a deslizarse por las teclas. Utakata tomó asiento sobre el escritorio dispuesto para él y se cruzó de brazos, escuchando con atención, aunque sin muchas expectativas.

Sasuke tocó el piano sin un solo error, con un profesionalismo que Utakata nunca había visto en él, y aunque solo tocó unas cuantas notas agudas, el joven pianista no pudo sino quedar absolutamente perplejo.

—¿De dónde sacaste eso?

—Yo la escribí —Sasuke se encogió de hombros, enseñándole sus pentagramas borroneados. Utakata entonces se levantó de su asiento y volvió a acercarse.

—Es buena. Sasuke, es realmente una buena melodía. ¿Quién te ayudó?

—Nadie —Sasuke frunció el ceño, tocando unas cuantas notas sueltas para mantener sus dedos en movimiento —Solo me senté y escribí, usando lo que aprendimos. Pero todavía le falta…

—¿Tiene un nombre?

—¿Qué?

—Que si tiene un nombre. No puedes componer una canción sin nombre. Su nombre es lo que le da si esencia —Utakata se cruzó de brazos, mirándolo con una ceja levantada.

Sasuke pensó un momento, frunciendo el ceño un momento.

—Diosa blanca —dijo al fin, volviendo a levantar la vista. Utakata rió entre dientes.

—Es un pésimo nombre. ¿Cómo se te ocurrió?

—Es un mito —Sasuke hizo un mohín —Sobre Leucótea, la ninfa protectora de los marinos…Ella los ayudaba. A encontrar el camino a casa.

—¿Quién?

—No importa.

—Como digas. Los nombres son difíciles —el maestro rió una vez más. Lo cierto es que no importaba que tan estúpido fuera el dichoso nombre. Que un alumno comenzara a componer a solo un mes de clases era algo sumamente admirable, y no podía sentirse más orgulloso, aunque nunca se lo diría a ese niño —Bueno, entonces pongámonos a trabajar.

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Las siguientes semanas se fueron entre clases tediosas, largas horas en el club de Biología y tardes sentado frente al piano, escribiendo y practicando. Sasuke nunca había puesto tanto empeño en nada, y eso agradó a sus padres, que incluso habían visto su cambio con buenos ojos, y habían desistido de intentar descubrir qué le pasaba. Todo se debía, pensaban, a la influencia de un maestro como Utakata en su vida, y Sasuke no veía sentido en desmentirlos porque, si bien Utakata no lo había inspirado en lo más mínimo, aceptaba que era un buen guía, y, a regañadientes, había aprendido mucho de él en tan poco tiempo.

Utakata, en cierta forma, le recordaba a Itachi. Era algo idiota y regañón las mayor parte del tiempo, pero cuando lo conocías no era tan malo. Sasuke sabía que de verdad amaba la música, y eso lo transmitía en su enseñanza. Era agradable en cierta forma. Molesto, pero agradable.

Sasuke suspiró, moviendo los dedos sobre su muslo como si estuviera tocando el piano mientras se dirigía hacia el salón de música. Como su tutor, Utakata había pedido un permiso oficial para trasladar sus clases a la escuela, así podían aprovechar el tiempo y la acústica del lugar. Claro que a Sasuke no le había importado, pues prefería pasar el tiempo fuera del ojo vigilante de su madre ahora que estaba de regreso, y usar la sala de música de la escuela estaba bien si nadie más se enteraba. En especial...

—¡Hey, Sasuke!

Sasuke, deteniendo su marcha un momento, levantó la vista y, sorprendido, vio a Ino Yamanaka correr en su dirección. Ella iba con un montón de flores bajo el brazo y un delantal morado similar al que Sasuke una vez había visto en su casa. Además de eso, Ino sonreía; parecía feliz de verlo, y eso hizo que desviara la mirada.

—Hola.

—Hola —respondió él con rapidez, girándose nuevamente hacia el lado opuesto para ignorarla y seguir con su camino, pero no contó con que ella lo seguiría.

—¿Cómo has estado?

—Ocupado —respondió, encogiéndose de hombros antes de seguir avanzando. Fue entonces que de reojo la vio detenerse, y entonces se detuvo también, volviendo a voltear hacia ella, que lo miraba con una mezcla de sorpresa y angustia en sus ojos claros.

—Sasuke, ¿estás enojado conmigo? —le soltó, tomándolo completamente por sorpresa una vez más.

Sasuke, frunciendo el ceño, ni siquiera dudó en su respuesta:

—No.

—¿Y por qué ya no me hablas en la escuela? —la voz de Ino no expresaba dolor, sino más bien confusión, la misma que Sasuke mostraba en su mirada ahora.

—Nunca te hablo en la escuela —recalcó, frunciendo el ceño como si de esa forma pudiera resaltar la obviedad de sus palabras. Ino entonces parpadeó, cambiando su gesto de confusión por una enorme sonrisa.

—Oh, es verdad —rió, acomodando las flores bajo su brazo y tirando algunas que se apresuró a levantar, igual que Sasuke, que por reflejo se agachó y alcanzó a tomar una de las rosas blancas del suelo.

—¿Para qué son las flores? —se aventuró el joven Uchiha, llevándose la rosa a la nariz de forma inconsciente, notando que olía igual que el perfume de Ino.

—Son para unos arreglos. Las chicas del club me están ayudando a hacerlos...pasado mañana será mi cumpleaños —ella le sonrió otra vez, y Sasuke la miró como si no supiera eso —Por cierto, habrá una cena. Es mi casa, a las 8. Puedes venir si quieres... Irán varios —anunció, y Sasuke volvió a desviar la mirada, chasqueando la lengua mientras fruncía el ceño.

—Lo siento. Estaré ocupado —informó, encogiéndose de hombros mientras le extendía la rosa, haciendo que la mirada de Ino descendiera hasta su mano.

—Oh. Está bien. Bien. No hay problema —dijo ella, esbozando otra sonrisa, sin tomar la flor —Supongo que debí avisarte con más tiempo, pero has estado tan ocupado...

—Sasuke, ¿listo? —Utakata, quien oportunamente se había aparecido por el pasillo, se acercó a ellos tras Sasuke. Llevaba varias hojas de música bajo el brazo y un par de libros, pero lo único que Sasuke notó fue que su maestro se le quedó viendo a Ino, sorprendido y algo curioso —¿Y tú quién eres?

—¿Eh? Ah... Hola. Mi nombre es Ino.

—¿Ino? —el gesto de curiosidad de Utakata fue reemplazado por una sonrisa divertido —Leucótea…—murmuró, y Sasuke de pronto sintió su corazón latir con más rapidez.

—¿Qué?

—Nada. Vámonos —ordenó a su maestro, volviendo a extender la rosa blanca hacia Ino, pero ella solo le sonrió, simpática.

—Puedes quedártela —le dijo, haciendo una pequeña reverencia para Utakata, a pesar de que no habían sido presentado —Adiós.

La joven Yamanaka se dio la vuelta y corrió en dirección opuesta con todas sus flores. Sasuke entonces se le quedó viendo un momento, y después a la flor en su mano, olvidándose, por un segundo, de la presencia de su curioso tutor de música, hasta que éste carraspeó para volver a hacerse notar.

—Entonces... Es ella, ¿verdad? Es la chica para la que compusiste esa canción —preguntó, con algo de picardía en la voz, cosa que hizo sonrojar a Sasuke, cosa que intentó ocultar bajo una cortina de cabello azabache, aunque no fue de mucha ayuda.

—No. No es nada de eso. Y además no te importa.

—¡Oh, vamos! —insistió el mayor, siendo repentinamente amistoso —En estos meses he llegado a conocerte lo suficiente como para saber cuándo mientes. ¿Es tu novia?

—¡No!

—Pero quieres que lo sea.

—Claro que no.

—¿Y para qué le compones una canción entonces?

Sasuke guardó silencio ante esa pregunta, porque era algo que él mismo se había preguntado, y que aún no tenía respuesta.

—Yo no le compongo nada —optó por repetir lo que se decía a sí mismo desde hacía dos meses, mostrándose completamente indiferente —¿Y vamos a practicar o no?

—Te gusta.

—¡No!

—Oye, no te estoy juzgando. La chica es muy bonita —Utakata levantó las manos con diversión, y después suspiró, observando el camino por el que Ino había desaparecido con una mirada anhelante —No puedo creer que todavía sea estudiante de preparatoria... Lástima.

Sasuke rodó los ojos, pasando de su maestro para ir directamente al salón de música. Una vez allí, dejó la rosa blanca sobre el piano y se sentó frente a las teclas, mirando la flor durante varios segundos, sonriendo casi imperceptiblemente cuando Utakata entró al aula y empezó con sus indicaciones. Sasuke no escuchó ninguna de ellas, y aun así, ese día, tocó tan maravillosamente como nunca.

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