Buenas buenas! Aqui les traigo el capitulo :D Disculpen la tardanza, lo que pasa es que con el Colegio y esas cosas me tenian verde y hasta la coronilla. Ademas de que escribia poco a poco el capitulo, se me hizo eterno.

Evans deja la presion e.e que ya esta listo el cap.

Saludos a mi fan numero 1 :3 A Slinky Pink que me ha estado inspirando :') -se pone sentimental- Okzya ._. y que sigue escribiendo como una lunatica XD

Sin mas nada que decir al fic! C:


Capítulo VII: Ese mayordomo, desorientado.

o.o.o.o

"Es mejor ser rey de tu silencio, que esclavo de tus palabras".

William Shakespeare

o.o.o.o.

— ¡Desde luego que no iré! -, dije tirando el sobre, encima de la mesa de granito negro.

— My lady, ¿no cree que está siendo testaruda? —respondió, colocándose del otro lado de la mesa.

¿Ir al médico yo? ¡JA! Que buen chiste es.

Una de las cosas que más me atemorizaba eran las agujas, y si de ir al médico se trataba, me iba a enfrentar con mi gran enemigo de la vida…las agujas.

¿Qué daño le puede hacer la visita a un médico? —, dijo suspirando.

Yo sólo fruncí el ceño y me cruce de brazos, con la vista puesta en la mesa.

Sebastian solo continuaba platicando sobre el ir al médico, pero me distraje cuando algo sobresalía del gran sobre que me había entregado Ralph.

Por unos momentos no comprendía que más yacía guardado en el sobre; ¿no se suponía que solo estaba la carta de mi tío dentro? ¿Qué más habrá allí dentro?

No le seguí prestando la más mínima atención a lo que me decía Sebastian, mi primer arranque fue tomar el sobre y abrirlo. Pude deducir que eran fotografías, así que las saque y las pose en la mesa.

Quede estupefacta al ver las fotos, mis ojos se abrieron más de lo normal y los latidos del corazón se hicieron cada vez más rápidos.

Eran las fotografías de unos asesinatos, sin embargo, estos no eran los típicos asesinatos, y aunque por más lo tanteaba, me era inalcanzable concentrarme en tal barbaridad de asesinatos. Simplemente, no daba a más.

Para hallar alguna respuesta, no tuve más remedio que acudir al rostro de Sebastian. Lo miré aún estupefacta. Este pareció entender mi señal y detalló las fotografías que se hallaban en la mesa.

— S-Se-Sebastian… -dije casi en susurros.

Un gran nudo en la garganta se me formó, me ardía a millones y un suplicio me atravesó el pecho, dándome la sensación que no todo estaba en orden.

— Ya veo… ¿Con qué todavía se hallan humanos haciendo este tipo de sacrificios?—-,su voz se tornaba algo… algo extraña, no pude reconocer su voz.

— Aún así… -intenté decir— no podemos quedarnos de brazos cruzados a esperar que otros se lleven a cabo.

No quería que otros asesinatos siguieran ocurriendo.

— ¿Qué piensa hacer, my lady?

— Investigar… —, respondí cabizbaja.

— My lady… Aquí hay algo más… —dijo, al compás que se avecinaba donde yo me localizaba.

Sebastian sostenía en sus manos otro sobre. Éste sí era un poco inusual.

Tenía una apariencia descuidada. Daba la impresión de que era antiguo.

Constaba de una apariencia amarillenta, desgastada, emitía un olor a húmedo.

— ¿Qué es lo que dice? —dije, de mala manera. Me estaba enfureciendo rápidamente.

El demonio aparto el sobre y saco una carta. Era raro, no tenía sello, no tenía escrito para quién iba dirigida la carta, ni siquiera quién la enviaba.

El sobre estaba en blanco, completamente en blanco, sin dato alguno.

El demonio prosiguió a leer la inusual carta.

"Querida…

Veo que has logrado salir con vida del secuestro. Seguramente cree que está a salvo, pero déjeme decirle que, no lo está.

Te he estado persiguiendo durante siglos hasta llegar a ti, que eres la última descendencia que queda, de lo impuro de este mundo. Con tu muerte todo acabará.

Sé que hiciste un contrato con un demonio, lo sé.

Te seguiré hasta los confines de la tierra; hasta el momento en que dejes de respirar.

Te capturaré, te haré sufrir lo que nos hiciste sufrir. Porque, por tu culpa, todos fuimos condenados."

No podía comprender nada de lo que decía la carta.

¿Cómo carrizo entró esta carta?

Busqué el rostro de Sebastian una vez más, para hallar una explicación. Éste releía la carta, en búsqueda del culpable.

Estaba tenso y molesto. Lo sé porque el sello en mi cuello inició a arderme a los mil y un demonios, y él, de seguro, tuvo la misma molestia en su mano izquierda.

— S-Se-Sebastian… E-esto…—susurré.

Dejó de releer la carta, y me observó, con sus ojos carmesí, con esa mirada petrificante, con esa mirada que te atraviesa el alma, que te quema poco a poco.

No respondió absolutamente nada… Sólo se quedo observándome, en la espera de mi orden.

Sinceramente, no sabía que decir, no sabía que orden darle.

En mí, recorrió cierto temor… miedo. Mi cuerpo se quedo quieto, estático ante aquellas palabras.

— Sebastian… Investigaremos más acerca de estos casos…

— Entiendo, my lady… —dijo, entregándome la carta.

— Veamos… Quizá pueda obtener algún dato.

Detallé la carta, poco a poco, aplicando lo aprendido por mi tío.

Me decía anteriormente, que con tan solo una letra, una sola letra dibujada, se detectaban parte de la personalidad y sentimientos de la persona que escribía.

Sobre mi mejilla cayó un líquido, que se extendía por ella. Bajando, hasta llegar a la comisura de mi labio.

— ¡Agh! ¡Demonios! —exclamé. — Ahora resulta que también la calefacción del departamento está dañado. ¡Tch! —dije al instante que paseaba mi mano para quitarme el líquido que se había colado en mi rostro.

Llegue a pensar que tan sólo era la calefacción que goteaba, ya sea por falta de mantenimiento (hacía tiempo que no le mandaba a hacer) o simplemente que se estropeó por el paso de los años.

Déjenme decirles que… No… No era ninguna de las anteriores.

Luego de limpiarme lo que había caído por mi mejilla, quise observar, que era y para mi sorpresa, lo que descubrí no era para nada agradable.

Sangre… Risas macabras… Sangre… Dolor… Sangre… Fuego… Sangre… Miedo… Sangre… Rostros ocultos… Sangre… …Viscoso… Sangre…Risas…Sangre…Ardor… Sangre… Sangre… Frío…Sangre… Sangre…Fuego…Fuego…Sangre…

Me era increíble el color que poseían las yemas de mis dedos, un color familiar, un color que manchó toda mi insignificante existencia, un color tan vivo, tan corrupto, pero tan delicioso para otros seres.

Un color que causa satisfacción para aquellas mentes retorcidas, que sienten placer al ver derramarse de sus víctimas.

No era cualquier color, no era el típico rojo, este era un rojo carmín.

Mis manos emprendieron en temblar; mi cuerpo se quedo estático, paralizado; mis músculos se tensaron totalmente, no podía moverme; mi respiración se agitó; tragaba saliva con dificultad y me ardía la garganta.

¿De dónde provenía esa sangre rojo carmín?

Esa era la única pregunta que se mantenía en mi mente en ese instante.

En mis adentros, algo me decía que debía hacerlo, debía investigar de donde venía esa sangre. Mientras que la otra se mantenía bloqueada, completamente estática, y en algún rincón oscuro dentro de mí, sin poder moverse por el pánico al ver tal sangre.

Hazlo…

No, no lo hagas…

Hazlo… Tienes que hacerlo…

No, por favor, no lo hagas…

¡Hazlo! ¡Hazlo de una buena vez y termina!

¡No! ¡No le hagas caso! ¡Pide ayuda!

Así era la lucha en mis adentros, una lucha que a mi juicio duró unos pocos segundos.

Eran varias voces hablándome de que debía hacer, que debía hacer en esa circunstancia, como desenvolverme ante aquella situación. Aún así, las voces de mi yo hablándome, me desorientaban, me confundían más de lo que ya estaba, y mi cuerpo paralizado, tampoco me ayudaba.

Traté de controlar mi respiración, mi cuerpo, mis pensamientos, mis sentidos, todo mi ser.

En mis adentros, las voces discutían entre sí, unas más fuertes que otras, en eco, en una terrible y descarrilada sinfonía.

Yo, seguía mirando la sangre rojo carmín en las yemas de mis dedos.

En ese momento, tenía y debía tomar una decisión…

¿Huir?

O

¿Quedarme?

En verdad, en mí se hallaba la misma sensación de correr y huir, escapar de allí, encerrarme en mi habitación y esperar que todo acabe. Dejar que el tiempo haga lo que tenga que hacer, es el que puede hacer y deshacer lo que hace.

Dejar que el tiempo se encargue de borrarlo todo, mientras tanto, yo por mi parte trataría de esperarlo.

….

Una sensación extraña, una atracción inexplicable apareció de repente en mí.

Por mi cuerpo recorrió un pequeño hormigueo, y al estar allí, parada, horrorizada por la sangre, me sentencié a mi misma el acabar con eso de una buena vez.

Dejar de ser tan débil e idiota. Recordar que no soy la misma chica de antes. Ya no soy la misma, he cambiado y no es por que quiera, es por tantos tropezones, tantas heridas que el tiempo y la vida me han otorgado.

No le daré más tiempo al tiempo, basta ya.

Apreté en puño la mano ensangrentada, con fuerza.

La adrenalina corría por mis venas, porque no sé con lo que me pueda encontrar una vez descubierto, pues, ya no me interesa, estoy dispuesta a correr el riesgo necesario como para abstenerme a las consecuencias.

Si ya antes me había enfrentado con el peligro, estuve a punto de morir y en ello establecí un contrato con un demonio.

Y sí acaso fallecía, ¿qué caso tenía? Mi alma ya está atada a los confines del infierno, las puertas del cielo se me han cerrado, ya no hay marcha atrás y estoy totalmente consciente de ello. ¿Qué más podía hacer? Total, yo solo soy una insignificante humana, sensible a cualquier bacteria, cualquier rasguño, que será el alimento de un demonio.

Ya ni me interesa mi propia vida.

Natasha… ¿Qué harás de tu vida? ¿Seguirás huyendo? ¿Dejarás que el tiempo y tus miedos decidan tu destino? O ¿Decidirás tu propio destino?

Me di cuenta que el tiempo podrá ser rápido o lento, al final, el tiempo no decide todo; las decisiones las toma uno mismo, él sólo nos da el espacio para pensar y luego decidir.

Apreté mi mandíbula, la adrenalina comenzó a esparcirse por todo mi cuerpo y me armé de valor. Subí mi rostro y…

Pude ver de dónde provenía la sangre rojo carmín. El color de la guerra, la sangre…

Venía directamente de la calefacción, no era solo eso, estaba dispersa por el techo, se esparcían cada vez más como raíces de una gran mata en crecimiento, la única diferencia es que está tomaba el techo a un ritmo rápido.

Bien, era muy misterioso en sí que la sangre saliera de la rejilla de ventilación, pudiera que quedaran los conductos de la calefacción por todo el departamento, aún así, del lugar donde partía la sangre, era de esa rejilla de ventilación.

Contemplé más despacio las rejillas, en busca del culpable de tal travesura.

Las rejillas podían ser un poco estrechas entre sí, esto no quería decir que no se pudiera ver aunque sea el mínimo rastro del responsable.

Mi estómago se revolvió, sentía como mis jugos gástricos iniciaban a mezclarse entre sí con la comida que ingerí hace unos pocos minutos y la bilis subía por mi garganta quemándomela, tragué, y la garganta me ardía, como si hubiese tragado algo ácido. Todo mi tracto digestivo estaba a punto de llegar a su límite.

Dejé caer la carta y me tapé la boca con la mano antes de que todo lo que había consumido se saliera de ella. Traté de inhalar y exhalar, tragaba saliva desesperadamente…

Era la mano de una persona…

Quedé inmóvil y con todo mi estómago revuelto, intenté no devolver nada al exterior.

Fue en ese instante en donde escuché una voz a lo lejos, que repetía una y otra vez lo mismo, en eco, en cambio, yo aún estaba mirando esa cosa que sobresalía por las rejillas.

Me era difícil saber de quién era la voz, mi mente se concentraba en la sangre que se deslizaba tan fluidamente, se asemejaba a un cuchillo carnicero paseando su delgada y afilada hoja acabada en punta cortando parsimoniosamente un trozo de carne.

Aquel fluido rojo carmín llegaba hasta el dedo medio, deslizándose una vez más, al llegar a la punta, se acumulaba la sangre formándose una gota. Yo que aún miraba esa gota que se moldeaba segundo a segundo, permanecía inmóvil con mi mano aún en mi boca.

El líquido rojo carmín no aguanto más, como una telaraña frágil a las gotas de la lluvia se despegó y mí alrededor se detuvo en tiempo lento, viendo caer la gota lentamente detallé mi rostro, y cuando la gota solo estaba a centímetros de mí, una vez más la voz irrumpió entre mis pensamientos.

Y…

— Joven ama, ¿se encuentra bien? —me dirigía la voz de Sebastian un tanto preocupado.

Regresé.

Seguía observando la rejilla de ventilación que se encontraba encima de mí, esta vez sin nada.

Nada de sangre, nada de soledad, nada de mano sobresaliente en la rejilla, nada de sangre esparcida por el techo. Nada…Nada…

El demonio continuaba en su mismo sitio, pero yo, de cierto modo, no le prestaba mucha atención, mi única reacción fue mirar la mano que una vez me pareció ensangrentada y… nada… Simplemente nada…

Me reactivé al sentir sus pasos aproximándose hacia mí y topándome con su mirada.

— No es nada… —respondí desviando la mirada.

¿Por qué se preocupaba? Al final y al cabo, simplemente soy una comida para él. Mientras menos se preocupase, y en si en más riesgo estuviera mi vida, al borde de la muerte o si me dejaría morir, ya mi insignificante alma se alojara en su estómago, haciendo digestión y ¿yo? Pues, en el infierno junto con él.

— ¿Necesita algo? —preguntó.

Ladeé la cabeza en un intento de tratar de parecer que nada sucedía. Intentaba persuadir la curiosidad del demonio, el que nos una el contrato no le daba el derecho de andar averiguando lo que yo veía o sintiera.

Requería pensar, calcular cuales serían mis próximos pasos antes de llevar a cabo mi estrategia para capturar al responsable, saciar mi sed de venganza y concluir el contrato con Sebastian.

Primeramente, no sabía por dónde emprender… Tenía una mescolanza en mi cabeza, tantos pensamientos se localizaban mezclados, que hasta yo misma me desorientaba. Algo si estimaba, mientras más ágil tuviera mis hipótesis y mientras más pistas consiguiera, en poco tiempo, descubriría quien es el culpable de todo esto.

Sebastian permanecía en el mismo sitio, inmóvil. La expresión en su rostro me decía que no me creía en nada…

No anhelaba que supiera lo que en verdad acababa de pasar, por lo menos no ahora, con tantas cosas encontradas y mezcladas entre sí.

Perdida, desorientada, mareada, nerviosa… así me sentía una vez más.

Quería correr… Huir de todo… Escapar.

— ¿Está segura de que está todo en orden, my lady? —volvió a decir mientras aproximaba su mano a mi frente.

— ¡Te dije que estoy bien! -, grité al momento que golpeaba su mano que estaba cerca de mi frente.

No quise decir más, me invadía esa necesidad de llorar y gritar, porque no discernía lo que sobrevenía.

Marché hacia las escaleras que daban a la terraza y a las habitaciones, en pasos vigorosos, subí cada escalón.

El pasillo estaba oscuro, lo único que lo iluminaba era la tenue luz de una lámpara de lava en blanco y negro. Yo, que me encontraba al final del pasillo, pretendiendo calmarme respiraba diafragmáticamente, algo que de cierto modo parecía no poder hacerlo.

Al final del pasillo, radicaba la puerta de mi habitación. Desde lejos, se aparentaba al pequeño pórtico parlante de Alicia en el país de las maravillas.

Continúe mi vagancia por el pasillo, no me alojaba sola, mi acompañante durante varios años, persistía conmigo y que nunca se separaba de mí.

….Soledad...

o.o.o

...Eterno... Distante... Largo...

Así se percibía aquel pasillo.

El tiempo, para mí, se había congelado, todo transitaba paulatinamente, creía que mí alrededor había muerto, y descubrí que el tiempo era el verdadero asesino.

Cuando menos te lo esperas, aparece enfrente de ti, la puerta a todas tus respuestas y el final del tiempo asesino, logrando escapar de él.

Dudé en acceder a mi habitación, la sensación de confusión y de inseguridad se hizo más fuerte.

No le presté mucha atención y decidí entrar en ella.

La habitación olía a flores y florales. La esencia me atravesó los pulmones.

Me lancé sobre la cama cayendo encima de los cojines y las almohadas, mi cabello disperso por toda la cama, la cara la contenía enterrada en uno de los cojines de color blanco.

Esa fragancia…

El olor a bebé que tenían los cojines, la almohada y las sábanas, me aludieron a mi abuela… Era la misma fragancia que contenían sus cosas.

Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella. Su tierna voz, sus abrazos tan cálidos que me brindaba de pequeña, el sabor de sus comidas, lo atenta que era, sus remedios caseros, sus ocurrencias…

Existían cosas que he olvidado con el pasar de los años.

Me coloqué boca arriba, mirando al techo que era a penas alumbrado por la tenue luz de una de mis lámparas de mesa.

Solté un leve suspiro para tratar de relajarme un poco y poder circunscribir un equilibrio en mi cerebro.

Las horribles imágenes de algunas de esas escenas venían a mi mente, provocándome cierta incomodidad y repugnancia.

El tiempo para mí, pasó lento, sin ningún fruto y para cerciorarme de que horas eran, acudí al reloj de pared que mi madre cambio.

Eran portarretratos de varios colores y tamaños, en círculo, la aguja de la hora es de color fucsia fosforescente y la de los minutos verde fosforescente.

En las noches, cuando todo está obscuro, los portarretratos y las agujas brillan en la oscuridad.

Eran las tres de la tarde.

— Bien, es la hora en la que Sebastian saca a pasear a Ruby. — me dije a mi misma en voz alta.

El que Sebastian sacara a pasear a Ruby, para mí era un alivio, y un gran alivio.

Podía dedicarme a tocar piano, guitarra, violín, cantar, bailar o lo que se me antojase.

La verdad que estando acompañada de la soledad, no me resultaba para nada mal.

Yo ya residía con la soledad por casi dos años, y sabía que la única que me entendía y que jamás cuestionaba todo aquello que opinaba, era ella.

Tumbada entre los cojines y las almohadas, con ese olor tan envolvente, pacífico y agradable, deje de darles vueltas a mi cabeza.

Mi mente en blanco, mis ojos encabezados en el techo de "mi nueva habitación", mi respiración sosegada, duro poco tiempo.

Di un gran respingo, al escuchar que el teléfono sonaba con la canción The Boys – Girls Generation indicándome que alguien me estaba llamando.

El teléfono yacía en la mesa de noche, estiré mi brazo para alcanzarlo, estaba muy cómoda como para pararme de la cama. Miré la pantalla.

Número desconocido.

¿Número desconocido?

Nunca antes me aparecía número desconocido, siempre aparecía el número o en consecuencia aparecía el número y el nombre de la persona.

Decido responder…

— ¿Aló? ¿Quién habla? —mi voz sonaba tranquila…

….Nadie respondía…

Al otro lado de la línea se escuchaba el sonido del viento.

— Por favor, alguien responda. En estos momentos no me encuentro de buen humor para estar calándome bromas, ¿ok? -, mi voz se tornó algo seria y desafiante.

En un instante, la respiración de una persona se escuchó del otro lado de la línea y un escalofrío paseo mi columna vertebral.

— …. —solo se escuchaba la respiración.

— Si no tiene nada que decir colgaré. —asigné molesta.

Decidí colgar. En el momento que alejé el teléfono de mi oreja a unos centímetros, escuché unas palabras.

Aliquam morietur… Hominem impurum. -, y colgó.

La voz era complicada de distinguir, lo que sé, es que esa voz se atendía de forma amenazante, tenebrosa y escalofriante.

No pude comprender que contenía esa voz que mi piel se erizó y el escalofrío se paseo por todo mi cuerpo. Una voz tan amenazadora, y compleja que no sé si era un humano o un demonio el que se localizaba del otro lado de la línea.

Ladeé la cabeza para esfumar lo ocurrido.

Natasha te estás volviendo loca cada vez más, no pasa nada, tienes que descansar de todo esto. Aléjate aunque sea por unos momentos, son demasiadas cosas que recaen sobre ti. Terminaras enferma si sigues así.

Hablaba conmigo misma, y aunque al voto de los demás pensaría que si estoy loca, era algo que hacía para distraer mi mente, cosa que a veces funcionaba.

Como dije, solo a veces.

Para "despejar" mi mente, me dirigí hacia la sala, donde se hallaba la gran televisión plasma de color negro, conjuntamente con el Play Station 3 de color negro que hacia juego con esa parte del apartamento.

El juego que seleccioné en jugar fue Resident Evil 5, me faltaba solo una parte del juego para terminarlo, así que lo coloqué dejando que pasase el opening mientras yo buscaba algo con que entretenerme y cuando me refiero a entretenerme es comida.

Busqué indefinidamente que comer. Veía arriba, abajo, tratando de localizar algo que pudiera "entretenerme" mientras jugaba.

El frigorífico prácticamente se encontraba vacío. Tan solo habían unas manzanas, una lechuga, un tomate, las jarras llenas de agua, un trozo de queso…

Tenía que hacer mercado y urgente.

Frecuenté bien por el frigorífico, durante unos segundos más, al compás de que el opening pasaba. El opening acabó y yo contenía mi cabeza incrustada dentro del frigorífico en busca de algo que comer.

Creí que mis esfuerzos fueron en vano hasta que finalmente conseguí mi entretenimiento.

Mis ojos se iluminaron, me sentí tan feliz que mi estómago que hace unos minutos devolvía todo al exterior pareció calmarse y saltar de alegría.

Una chupeta sabor a fresa se alojaba escondida detrás de las jarras de agua. La saqué, cerré el frigorífico y me encaminé hacia el sofá.

Me lancé sobre él provocando que los cojines dieran un leve salto, abrí la chupeta y comencé a comérmela mientras jugaba.

….

— ¡Mueran perros! —grité— ¡Jaja ja! ¿Acaso pensaban en ganarme? ¡Juju! Pues… ¡NO!

Si les soy sincera, cuando me pongo a jugar videojuegos me vuelvo una maniática en eso.

Mis amigos dicen que me sale el demonio que llevo dentro. A decir verdad, el momento en que se me sale es cuando me interrumpen mientras juego. Sí ese es el peor momento para la pobre existencia que lo haga.

Al llegar a la parte decisiva del juego, en donde cada vez que lo intentaba me asesinaban, me paré y hacia combos con el control tratando de asesinar a todos los zombies.

La chupeta había desaparecido momentos antes, solo quedaba el chicle en el cual en momentos de estress en el juego hacia bombas y bombas.

Me acercaba más y más al televisor plasma. Combos y combos. Bomba tras bomba.

— ¡JA! ¡Allí tienen bitches! ¡Por fin se murieron todos! —gritaba como una lunática-—¡Oh sí! La primera de mis amigos en terminar el juego. Ya quiero verle la cara a Evans cuando se entere de esto. ¡Yupi! —bailaba y brincaba por todas partes, llegue hasta hacer el "Tú tranquilo y yo nervioso" de Hora de Aventura.

La pantalla se puso de color negro, haciendo que el juego parara.

— ¿Ahora qué? –inquirí con desmotivación.

Contemplé la pantalla y el reflejo que pude observar era del demonio a mi lado, paralizado, mirándome fijamente.

Automáticamente me quede paralizada y me quede en una pose, digamos que un tanto extraña, porque hacia los bailes raros al ganar en algún juego, hasta la bomba que había hecho se explotó al decidir dirigirle mi mirada.

Sebastian arqueaba una ceja, con su rostro confundido ante mi reacción.

Mi pregunta era, ¿por cuánto tiempo estaba el demonio observándome? Y además, ¡¿cuándo demonios entró que no me di cuenta?!

Yo lo seguí mirando con mi cara aterrorizada por la escena, no hubo intercambio de palabras así que aproveché que la pantalla se aclaró para tomar el control, sentarme en el sofá, encogerme de hombros y seguir jugando como si nada hubiese pasado.

Me encogí para tratar de desviar la mirada del demonio que todavía continuaba contemplándome.

¡Maldición! ¡Maldición! ¿Por qué a mí?

Continue con mi juego, en mis intentos de olvidar lo ocurrido.

El demonio se dio media vuelta quedando de espaldas y se alejo.

— Humanos… —manifestó en voz baja.

— Demonios… —respondí de igual forma.

.o.o.o.o.

Estaba sentada a la orilla de la cama, junto a la mesa de noche y observé el celular que estaba allí. El led estaba encendido, por lo que supuse, tendría un mensaje o algo.

A mi mente volvieron las palabras…

"Aliquam morietur… Hominem impurum"

Pasé mis manos por mi cabeza para acomodarme el cabello hacia atrás que me molestaba un poco y tomé el teléfono. Revisé el pin y era Roseanne.

— ¿Qué tal Natilla? ¿A qué no adivinas?

— ¡Te tengo buenas noticias!

— Mañana te digo. ¡Aishiteru!

— Qué raro Rose y su nuevo vocabulario. –dije en voz alta, mientras ladeaba la cabeza.

Coloqué el celular sobre la mesa de noche, en silencio e irrumpieron en la tranquilidad de mi cuarto.

La puerta sonó dos veces y se comenzó a abrir lentamente, junto con su minúsculo rechinar.

— ¿Se puede, my lady? –dijo la suave voz de Sebastian.

— Sí, claro pasa. –respondí.

Yo todavía, sentada en la orilla de la cama, no le vi el rostro a ese demonio. Lo que pude visualizar es que colocó un vaso de agua en la mesa de noche.

El cuerpo ya me pesaba, los brazos, las piernas y los parpados. Estaba cansada.

Cansada de tanto pensar, cansada de mi vida, cansada de los problemas, cansada de todo, y cansada de todas las volteretas que di cuando termine Resident Evil 5.

Aquel demonio se posó en frente de mí, sin cruzar palabra alguna, se inclinó un poco, y me abrochó los dos botones que quedaban de la bata.

Reaccioné y levanté la mirada hacia donde él se localizaba.

Allí estaba él, con su mirada rojiza; sin embargo, se notaba diferente, no era el mismo Sebastian arrogante, que se burlaba o buscaba una forma de fastidiarte. Era más una mirada… de ¿preocupación? ¿Curiosidad?

Me ruboricé ante ese momento.

No me ruboricé por eso, me ruboricé por tener el rostro de él a centímetros del mío, un poco más, una circunstancia más y ya nuestras respiraciones se unirían conformando un tornado.

¡Concéntrate Natasha, no eres una adolescente con hormonas alborotadas! Cordura Natasha. ¡Cordura por favor!

— Sí que es descuidada, joven ama. —, me dirigió.

No quise decir nada, estaba avergonzada por lo que presenció en la tarde. De seguro que pensaría que su ama, a la que sirve es una completa loca y que en cualquier momento hay que meterla en un manicomio.

Se paró derecho y yo solamente me convencí en seguir mirando el teléfono.

Mi perrita ladró.

— Vamos… Ruby necesita que le prepares su cama y que le pongas su comida. —le dije mientras sonreía por lo bajo, casi ni podía mirar mi sonrisa.

Subí mi rostro para verle la cara, sin la sonrisa marcada, y allí perfectamente a la luz de la luna, se marcaban sus preciosas facciones, su piel mortecina, su nariz perfilada, sus labios curveados y finos.

Tenebrosamente hermoso.

Sentí como la sangre de mi cuerpo se acumulaba en mis mejillas y rápidamente me envolví entre las cálidas sábanas tapándome el rostro.

— ¿Sucede algo, joven ama? —interrogó haciéndose una vez más el inocente. Cosa que actuaba y le salía tan bien.

— N-no.. S-s-solo anda y ve a terminar con tu trabajo. Es una orden. —balbucee y le ordené.

— Yes, my lady…—me dijo y salió de la habitación.

Cerró el pórtico y mientras la brisa tambaleaba las hojas de los árboles me quede dormida, asemejándome a una niña durmiéndose al compás que escucha una canción de cuna.


Que tal chicas? Tomatazos? O que? Decidi desobedecer las ordenes de mi padre de acostarme temprano por subirles este cap. Son las 1 am y yo terminando de escribir el cap y con esta oscuridad de los 1000 y un demonios. Me voy de viaje y por eso decidi dejarles hasta ahora el nuevo cap porque de verdad que ya no podia con tanto bullying T.T

En estos dias me han llegado unas ideas geniales para hacer otros Fics, pero sera cuando este este mas adelantado xd Seran con los anime: Ao no exorcist (fucking Mephisto Pheles y Rin Okumura por ser tan sexys *Q* MephistoxOc o RinOkumuraxOc) Vampire Knight (Zero te dejaron sooolo nooo TwT Yuuki eres una grandisima bitch e.e ZeroxOc) Hellsing (Alucard mi gran maestro =w= A sus ordenes AlucardxOc) Que piensan? Si tienen ideas se vale hablar, no me las comere ewe Bueno todavia no heheheh okz ya acadkcdxckdx

Con esta me despido porque parece que me estan espantandoooo T.T

Besos, abrazos y que Sebastian las viole -w-

Recuerden dejar sus reviews se los agradeceriaaaa/ :D

Att.. LizzySego