Título: Helga en Hogwarts

Resumen: Helga se caracteriza por ser una Slytherin, ellos hacen cualquier cosa para conseguir lo que quieren, y Helga no es la excepción a la regla, hace lo que esta a su alcance para conseguir a cierto Hufflepuff del que lleva enamorada muchos años. Esta historia se trata de las locuras que llega a hacer por el amor o la amistad.

Notas: Los personajes no son míos, tampoco el mundo de Harry Potter. Solo soy una gran fan, la historia si me pertenece.

Aviso importante: Quiero decirles que recibo sugerencias si alguien quiere aportar un título o decirme algo de lo que quiera que escriba. También me gustaría que me digan que animal creen que concuerde con la personalidad de cada personaje (si, planeo hacer un capitulo con los chicos aprendiendo a hacer su Patronus y no sé qué animales usar) eso es todo. Gracias por leer.

El próximo capítulo es sobre Quidditch. Gracias a todos por sus ideas y apoyo. Nos leemos -3-

Capítulo 7. Helga y sus eneamistades

—Así que fue tu culpa.

—Del todo, director Dumbledore.—la postura de Helga era completamente relajada, casi acostada en la silla, con los brazos cruzados y esforzándose para no poner los pies sobre la mesa.

— ¿Te das cuenta de los peligros a los que te expusiste? ¿O a los riesgos a los que expusiste a tus amigos? ¿Tienes alguna idea? Señorita Pataki, podrían no haber salido vivos de esa aventura.

Helga fue acomodándose en su asiento, le incomodaba la manera de hablarle del viejo barbón. ¡Por Merlín! Nunca lo había visto tan molesto. El lenguaje corporal de la rubia cambio, se enderezo en su asiento, frunció el entrecejo y subió sus hombros a la altura de su cuello.

—Yo... no deberían haber venido, ese no era el plan.

—El bosque prohibido esta prohibido por algo, ¿cómo la escuela iba a hacerse responsable de la muerte de cuatro jóvenes? ¿Qué les diríamos a sus padres?

—A mis padres no le interesarían.

—¿Y a la familia de la señorita Heyerdahl, del señor Jonhanssen o la del joven Shortman?

Entonces la señorita quedo más abochornada. Phoebe era su mejor amiga, Arnold era el amor de su vida y Gerald... Gerald era una especie de amigo, o tenían algo a lo que ella le gustaba llamar eneamistad.

—Tendríamos que discutir sobre su castigo, y quizá el castigo llegue a ser una expulsión.

— ¿Qué?—sus ojos se abrieron a mas no poder. Tenía que hacer algo para que el viejo barbudo le perdonara la vida, ¡lo que sea!—No, espere, puedo cambiar, podemos llegar a un trato.

—Su comportamiento deja mucho que desear... pero sus notas no.

—Yo seré mejor, director Dumbledore, pero por favor no me expulse.

Se mordió los labios, ¿es que no tendría más charlas con Phoebe ni planes absurdos que crear para conquistar a Arnold?

¿No vería más a su cabeza de balón?

¿No escucharía más a la perfecta Lila tararear una canción absurda en clases?

¿O no escucharía más los jadeos en el oído, cuando Brainy invade su privacidad (algo que hace menos que antes, pero sigue y seguirá haciendo)?

¿No escuchará y se burlará más de la princesita de Slytherin Rhonda Lloyd?

¿O acaso no podrá seguir viendo las luchas y molestando a Harold?

¿No seguiría burlándose de las aburridas charlas de Stinky sobre el pie de limón?

¿No se reíria más de la paranoia de Sid?

¿No seguiría molestando a la niña bicho, Nadine?

¿Qué haría sin un Curly con el cual tener una conversación muy poco cuerda y coherente una vez a la semana, por lo menos?

Rayos, incluso se puede decir que extrañaría al cabeza de espagueti.

—Podemos llegar a un acuerdo, señorita Pataki.

Entonces ella volvió a respirar.

—Aún recibirá un castigo, —la rubia asintió rápidamente—será más severo que el de sus compañeros y su conducta debe ser completamente excelente, ¿lo ha entendido?

Ella asintió repetidas veces, dando gracias al sabio Merlín por brindarle esta oportunidad tan grande.

Una vez que salió de la dirección, estaban a unos metros de ella algunos chicos. Prácticamente todos los niños ahora jóvenes que había conocido hace muchos años. Entre ellos, Rhonda Lloyd, que se acercó y se cruzó de brazos.

— ¿Otra vez Pataki, no te cansas de meterte en problemas?

Si, otra chica con la que se podía decir que tenía una eneamistad.

—Solo esta molesta porque no tienes el chisme completo princesita, apuesto a que estas aquí para saber cuál será mi sanción.

Helga se cruzó de brazos, con una sonrisa.

—Sí, quiero saber si al fin te van a sacar de Howgarts.

—Bueno, lamento mucho informarte Rhonda, que este no es tu día. Me quedo en Howgarts por ahora y espero que para siempre.

— ¡Si! ¡Helga, eso es asombroso!

Eso no lo dijo Rhonda, obviamente, Lila saltó sobre ella para abrazarla, Phoebe la miraba a pocos pasos de ella con aprobación. Por la única razón por la que no podía tener una eneamistad con Lila es porque ella nunca peleaba. Eso era irritante para la rubia.

—Que fastidio. Tendré que tolerarte más tiempo. —dijo Rhonda, ocultando así su sonrisa sincera.

—Oh, señorita Helga, estoy tan feliz por usted que podría comerme un pie de limón entero.

Odiaba cuando Stinky hablaba de ese postre, pero en ese caso, ¡ella sonrió! Para sorpresa de todos.

—Deja un poco para mí, Stinko.

—Escucha, orejas de chivo, yo...—esto era muy incómodo para Harold.

—Calma chico rosa.

—No, en serio lo siento Helga. No quería... no esperaba que te fueras al bosque prohibido, en realidad.

Él estaba apenado. Harold es otro de los chicos con los que Helga podía decir que tenía una eneamistad, algunas veces veían partidos de Quidditch o peleas violentas juntos, ambos adoraban los deportes y el pastrami y era algo que tenían en común, algo muy importante que los ayudaran a reforzar esa amistad extraña que tienen. Ellos se tienen alta estima y a la vez se burlan uno del otro y Helga no cambio en mucho su trato hacía él.

Se escuchó una respiración pesada detrás de ella, que dijo pausadamente.

—...Estoy... feliz... por... ti.

Brainy, por supuesto, aún no había arreglado su problema de asma pero pronto lo haría y sería con magia. Helga, milagrosamente, no lo golpeo. Solo se giró y lo abrazo con un brazo.

—Gracias, Brian, lo mismo digo.

Todos empezaron a expresar sus emociones, Helga no se sentía especialmente comoda en ese tipo de situaciones pero en ese momento, todo estaba perfecto, todo era paz y calma. Y aunque haya tenido sus altos y bajos con sus compañeros los quería, y con cada uno tenía una forma especial de demostrarlo, lo mismo por parte de ellos hacía ella.

Al final, solo quedaron el cuarteto de siempre: Helga, Phoebe, Arnold y Gerald. Gerald se acercó a la rubia, algo incómodo y suspiro.

—Me alegra que te hayas quedado Pataki, aunque seas un dolor de cabeza.

—Me alegra haberme quedado Jonhanssen, aunque seas un dolor de culo.

—¡Helga!—la asiática la reprendió por su palabra.

Los cuatro se rieron a la vez. Arnold se sentía feliz por la noticia, solo había que mirar sus ojos y su sonrisa enorme para saberlo.

La amistad no siempre se demuestra de una sola manera, y con Helga todo era... más complicado. Por eso, aunque sea realmente extraño y curioso, ella estaba feliz con sus eneamistades.