Capítulo 7

Se encontraba más que mejor. Su fuerza había regresado, sintiéndose capaz de realizar cualquier cosa como aquellos días como pirata espacial al lado de sus secuaces. Se sorprendió a sí mismo al comprobar que era posible incrementar su poder sin ayuda del Árbol Sagrado. Una habilidad que hasta el momento, desconocía sobre sí mismo. Sin embargo, Kakarotto había hecho el mismo descubrimiento en algún momento de su vida. Como quiera que fuese, Turles estaba satisfecho. Y ahora, de nuevo en la plataforma redonda, frente a Shura y el resto de los demonios, Mera se preparaba para atacarlo.

Turles esperó a que la diablesa hiciera el primer movimiento para contraatacar. Shura, espectador del que creyó sería "el duelo más esperado" miraba a Turles por momentos. El saiyajin debía de haber basado su estrategia en desarmar a Mera de cualquier tipo de arma que ella portara. Tan diestra en la espada como en los kunai, Mera había optado por usar también un látigo como primer instrumento de ataque. Turles dominaba el campo de batalla sin embargo al esquivar el impacto del látigo cubierto de espinas.

-Mera debe hacer algo más si quiere librarse de Turles –pensaba el rey de la Tierra del Demonio cuando el saiyajin sostuvo por fin el látigo en una de sus manos y Mera hacía muecas de rabia.

Había elegido a la diablesa como siguiente oponente de Turles al considerar que el saiyajin pudiera salir vivo de los combates y a riesgo de perder más demonios, Shura decidió que ya había sido suficiente para presenciar las habilidades de Turles. Debía morir en manos de su mejor guerrera. Era una desventaja para Turles, pero en la Tierra del Demonio no regían las mismas leyes de justicia que en la Tierra u otros planetas conocidos en el universo. Al final, Turles moriría peleando por su vida, como se lo había advertido el rey desde el principio.

Volviendo al combate, Turles por fin había hecho que Mera soltara aquel látigo y la diablesa, escapando del contraataque del saiyajin –que fueron varios ataques de energía-, rodeó a su rival con el fin de clavar varios de sus kunai sobre la espalda. Turles se percató de ello y con una sonrisa desafiante, fue él quien apareció detrás de Mera. Juntando sus manos y entrelazándolas tomando impulso, Mera recibió del saiyajin un certero golpe sobre su espalda. Terminó impactada sobre la plataforma, abriendo una brecha en el suelo de piedra. Turles de inmediato voló frente a ella. Mera se levantó sin dejar de observar a Turles con furia. Turles volvió a sonreír y ambos se desvanecieron de pronto, escuchándose por todo el recinto el eco de los impactos de un combate cuerpo a cuerpo sobre la plataforma.

-Algo no está bien… -murmuró el rey, siguiendo la pelea al mirar donde ambos combatientes estaban y por cada vez que cambiaban de lugar.

En efecto, algo no cuadraba para Shura. Sabía que Turles había incrementado su fuerza, pero sin la ayuda del Árbol Sagrado, el saiyajin no llegaría muy lejos. Además, Mera tendía a terminar sus combates rápidamente sin importar qué. Pero esta vez, no sólo Turles ya había leído sus movimientos, sino que la diablesa parecía… darle oportunidad.

O-O

Shura entornó sus ojos para analizar si su teoría era cierta.

Turles recibía y contestaba más golpes que los que Mera tenía oportunidad de defender y acertar. El saiyajin era más rápido y pudiera ser que ambos estuvieran al mismo nivel y por tal, Mera se viera de pronto en problemas. Pero aun así…

El resto de los demonios que veían el combate estaban sorprendidos, comentando algunos de ellos que Mera podría cansarse si la cosa continuaba así.

Siguió una explosión. Turles había vuelto a usar su energía y Mera no pudo esquivarla tan rápido como antes. Su brazo izquierdo había quedado inmovilizado.

-¡Mera! –gritó Gora desde uno de los palcos, atento a toda la pelea desde el principio.

Una densa nube de humo se había hecho en el techo de la amplia cámara, haciendo que Turles y Mera volvieran a la plataforma para continuar con la pelea.

Shura veía que Mera, aun herida, no había perdido ni su espada ni sus kunai. Turles caminó hasta la diablesa, levantando su mano izquierda sobre el rostro de ella y haciendo un alto después a unos centímetros de distancia. Todos los demonios gritaban como protesta, pues una de las más valientes y fuertes de los demonios estaba a punto de morir. Gora estaba preocupado, pero Shura observó que no estaba furioso, como siempre ocurría cuando Mera estaba en peligro.

Turles no concentraba sobre su mano la energía para matar de una vez a Mera. En cambio de eso, se giró hacia el rey, hablándole después con una enérgica voz:

-¡Si la mato, ¿me dejaras ir de una vez?!

Shura se desconcertó un poco con esas palabras. "Así que por eso no peleaban en serio, estaban montando una farza…"

-Mátala –respondió Shura en voz alta-. Tu libertad se decidirá después…

-¡Déjame ir, Shura o nunca te librarás de mí! ¡Ahora es el momento!

-¡Ja! ¡¿Y crees que podrás merodear por ahí?! ¡Te pudrirás es una mazmorra! ¡Serás comida de los seres más inmundos de Gokyusan!

Turles retiró su mano de delante de Mera. En cambio, la subió unos ángulos hacia arriba. Mera por su parte, se armó de varios kunai con el supuesto brazo inmóvil.

-¡Te lo advertí! –gritó Turles mientras tanto, Mera arrojó sus kunai al rey , inmovilizándolo en su trono, mientras Turles cerraba el puño de su mano y gritaba-. ¡Explota y crece!

O-O

La densa nube de humo negro del techo se disipó cuando una luz comenzó a brillar, pudiendo ver todos los demonios una Luna.

-¡Imposible! ¡¿Cómo lo hizo?!

Los demonios que se disponían a detener a Mera, incluidos Gora y Shura, observaron la Luna Llena que Turles había creado.

Turles miraba su brillante creación mientras sus ojos se ponían en blanco y su cuerpo comenzaba a crecer y cubrirse de pelo oscuro. Todos fueron retrocediendo y Mera aprovechó la oportunidad para deshacerse de aquellos demonios que querían detenerla, como advertencia al resto de que se encontraba perfectamente y que haría lo mismo con cualquiera que quisiera acercarse. Serían asesinados por ella o aquel mono gigante que gruñía ferozmente y hacía retumbar la tierra con sus pasos.

-Malditos… ¡Ustedes… hicieron un acuerdo contra mí! –gritó Shura, deshaciéndose de las kunai y poniéndose de pie de su trono-. ¡Eres una traidora, Mera! ¡Mereces morir!

-Todos alguna vez necesitamos ser golpeados, ¿no lo crees? –le respondió la diablesa desafiantemente.

-¡Eres una traidora! ¡Has traicionado a tu gente! ¡Te uniste al saiyajin para traer la perdición a la Tierra del Demonio! –protestó Shura nuevamente.

-¡SHURA!- vociferó Turles, girando su inmenso cuerpo que abarcaba parte de la cámara, pero dándole el suficiente espacio para hacer cualquier movimiento.

Todos, incluido el rey, guardaron silencio.

El Oozaru volvió a soltar un gruñido de ira mientras levantaba sus brazos, para después, descargar ambos puños sobre el suelo, estremeciendo la tierra nuevamente y destruyendo casi totalmente la plataforma.

El rey, sea por instinto de supervivencia o por verdadero terror hacia una metamorfosis que no conocía personalmente, se movió de entre las ruinas, tratando de salvar su vida. Todos los demonios huían también, pero varios de ellos fueron testigos de cómo el Oozaru capturó al rey.

O-O

Gora se reunió con Mera y ambos, silenciosamente, esperaban el final del rey. Mera con su infinita tranquilidad y Gora con algo de preocupación sobre sus rostros.

Shura se enfureció.

-¡Te arrepentirás, Mera! ¡Vas a morir también en manos de este saiyajin!

-Ambos estuvimos de acuerdo en quitarte de en medio –respondió la diablesa-, pero después de tu muerte, Turles y yo decidiremos quién será el verdadero rey…

Turles soltó un nuevo y estremecedor gruñido, como si estuviera de acuerdo con las palabras de Mera, para después añadir con su espantosa y retumbante voz, dirigiéndose al rey:

-¡TU DEBES MORIR!

Las manos del Oozaru se juntaron alrededor del cuerpo de Shura, comenzando a ejercer presión. Pese al dolor y un chasquido que anunciaba que alguna de sus piernas se había roto, Shura no gritaba ni suplicaba ser liberado.

-¡No… será fácil… para ti… matarme….! ¡Maldito saiyajin!

La piel del rey se volvió más purpura y sus ojos se pusieron en blanco. Estaba a punto de usar lo último de sus poderes para liberarse y contraatacar. Con ayuda de un aura rojiza, Shura concentró su energía y ésta fluyó en sus manos como brillantes esferas de fuego que hicieron contacto con la mano del Oozaru. Turles lo soltó inmediatamente, gruñendo a causa de un sorpresivo y agudo dolor.

Shura cayó al suelo. Con su pierna inservible, se puso de pie sin embargo. Levantó sus manos por los costados de su cuerpo y volvió a crear la misma energía de momentos antes. Mera por fin mostró algo de preocupación en su rostro, pues aunque Turles fuera enorme, dudó sobre si aquella energía de Shura pudiera atravesarlo, volviendo la altura del Oozaru en su propia contra al ser un blanco fácil. Tampoco sabía que el Rey de la Tierra del Demonio tuviera todo ese poder.

Turles ensordeció a todos con un nuevo grito de ira. Buscó con la vista a Shura y lo encontró preparando ese ataque que en breve sería impactado sobre él. El Oozaru abrió su hocico y con sorpresa, Mera y los demás vieron una luz que fluía desde la garganta de la bestia.

-¡Es energía! ¡Turles va a atacar también con su poder! –anunció Gora, tomando a Mera de un brazo, dispuesto a apartarse ambos de la que sería, una explosión de grandes dimensiones que terminaría por destruir la cámara y más partes de la tierra subterránea.

La ira de Shura no le permitió ver tales consecuencias e instantes después, juntando ambas manos, la energía que había creado acrecentó su tamaño, lanzándolo de inmediato al Oozaru.

Turles disparó también, pero aunque el rey había puesto casi todo su poder en aquel poderoso ataque, la energía de Turles fluyó con más destrucción y rapidez, siendo Shura quien inevitablemente recibiera ambos ataques, quedando de él sólo el recuerdo.

O-O

Varios demonios más murieron aplastados o fulminados al no poder abandonar la cámara a tiempo. Por suerte para el resto de los demonios, aquella energía no había sido suficiente para destruir por completo todos los túneles y cámaras que componían la Tierra del Demonio.

Luego de la explosión y que el humo se disipara, varios minutos después, Mera y Gora y otros demonios entraron de nuevo a la cámara, donde contemplaron la destrucción. La Luna Llena y el Oozaru, habían desaparecido también.

Nadie se atrevía a remover los escombros y en silencio, mantenían la mirada fija donde alguna vez estuvo la plataforma, las antorchas se dirigieron donde escucharon ruidos repentinos y con asombro observaron que alguien había salido de entre el polvo, reconociendo todos con terror al saiyajin, ileso. Había recuperado su tamaño normal pero a diferencia de su aspecto ordinario, detrás de él ya no estaba la cola que mantenía enrollada sobre su cintura la mayor parte del tiempo.

Turles observó a Mera a su vez. Ambos se dedicaron una sonrisa llena de ferocidad y odio.

-Es hora, Mera –dijo Turles primero-. El trono está en juego entre tú y yo…

-Por supuesto, saiyajin –respondió Mera, cruzando sus brazos sobre su pecho-. Esa fue una buena demostración de tu poder, pero aun no te tengo miedo.

Los demonios oyeron esas palabras, en medio de la sorpresa. Ambos habían conspirado para matar al rey durante su combate. Mera no era la leal diablesa como todos pensaban y había traicionado a Shura para ocupar su lugar. Sólo que ahora, tendría que volver a pelear contra el saiyajin a muerte. El vencedor, sería el nuevo rey.

-Pero esto no sería justo para el resto de los demonios –anunció Mera a sus congéneres-. Ustedes también son habitantes de la Tierra del Demonio y ahora, el más digno y fuerte de entre todos nosotros será el nuevo rey. Son libres de pelear también contra nosotros.

La oferta entre los demás demonios fue esparcida por todos los túneles y cuevas de la Tierra del Demonio. La batalla, según se añadió después, sería en el exterior de Gokyusan.


Dos días antes…

Mientras el saiyajin comía, encerrado en la habitación donde había estado descansando momentos antes, escuchó cómo las puertas se abrieron. No se inmutó y siguió comiendo al saber de quién se trataba.

La recién llegada tomó asiento delante de él en otra silla. La luz de la antorcha iluminaba el rostro de Mera por la mitad, haciendo relucir sus ojos violetas como ópalos.

-Turles, deseo hablar contigo…

Turles no contestó y siguió consumiendo los platillos por delante de él. No eran muchos, ni sabían bien, por lo que estaba a punto de terminar.

Como no recibió respuesta, Mera continuó:

-Somos enemigos, Turles. No voy a cambiar eso. Además, mis ambiciones van más allá que un estúpido combate entre tú y yo…

El saiyajin seguía sin responder, pero escuchaba a Mera, prestándole aún más atención por lo que la diablesa dijo después:

-Shura ha sido rey desde que puedo recordar. Pero rápidamente me gané su confianza al demostrarle mis habilidades como guardiana y como guerrera. Por eso, Shura no midió conmigo el límite para saber qué era lo adecuado que yo aprendiera. Pero tú, quieres tu libertad, porque me he dado cuenta de que no tienes nada qué hacer aquí. Deseas irte, pero Shura no te dejará. Quiere verte muerto.

-¿Cuál es el fin de que me digas todo esto, Mera? ¿Detener nuestra pela? –preguntó por fin el saiyajin, dándole a la diablesa una mirada desafiante.

-Le preocupas a Shura por alguna razón. Y yo sé que tú ya te estás recuperando desde tu pelea contra Botsu. Aun así, te falta poder para…

-¡Ya déjate de rodeos, Mera! ¡¿Qué carajos es lo que quieres decirme?!

La diablesa sonrió.

-El poder de Shura no es tan inimaginable como todos creen, Turles. La clave para vencerlo, es no dándole la oportunidad de contraatacar. Debe matarlo algo sorpresivo, algo destructor…

Turles frunció el ceño, siguiendo aquel pensamiento. Luego, sonrió también.

-Eres astuta, pero lamento informarte que no me interesa participar en lo que sea que estés planeando. Quiero largarme, eso es todo.

-Shura sabe de la existencia de la Tierra, no lo olvides –insistió Mera-. Y sin salir de la Tierra del Demonio, ¿cómo crees que llegó a conocer a la bruja que te ayudó a huir?

Turles iba a protestar con un insulto, pero luego, comprendió algo.

-¡¿La puerta que lleva a la Tierra?!

Mera asintió.

-No tienes una nave que te lleve hasta allá, saiyajin. Y yo, como guardiana, conozco la puerta que te llevará a la Tierra.

-¡Dímela!

Mera sustrajo de un pequeño morral de tela que llevaba consigo, una pluma, tinta y un papel.

-Te haré un mapa de su ubicación –dijo mientras dibujaba y Turles trataba de memorizar aquellos trazos. Como la tinta secó rápidamente, Mera enrolló el mapa y miró a Turles nuevamente-. Coopera conmigo y será tuyo.

-¡No voy a pelear por un estúpido mapa! –dijo el saiyajin.

-Turles… -continuó Mera, mirando fijamente a su interlocutor-. Eres un saiyajin. De los pocos que quedan en el universo. Eso significa que tu especie es peligrosa, que tú mismo eres el portador del caos, eres capaz de hacer algo que destruirá a Shura… Estás débil aun, pero si lo derrotas, estarás a un paso de poder ser el rey de la Tierra del Demonio y saber más cosas de las que yo sé… Soy fuerte, Turles, pero tú tienes que ser quien venza a Shura. Y después, cuando el rey haya caído, tú y yo volveremos a enfrentarnos, porque yo también quiero ser reina de la Tierra del Demonio. Uno de los dos será el nuevo rey sobre el cadáver del otro.

Todo aquello había sorprendido un poco al saiyajin, pero se fue recuperando.

-Mera… No me importa ser rey de este lugar o no. Quiero volver a la Tierra y antes de eso, asesinar a Shura. Tú quédate como reina si quieres. Yo quiero mi venganza.

-Te obligaré a combatir contra mí si es necesario. No voy a ser reina de este lugar porque un saiyajin mató al anterior rey para luego irse y regalarme el título. Quiero ganar el trono. De otro modo, quedarás perdido en medio del laberinto de túneles para siempre y jamás llegarás a la puerta que conduce a la Tierra.

-Tú eres la única que sabe dónde está esa puerta. No podría matarte de todas formas hasta que me lo digas.

-No tienes alma. Si eres rey, un alma demoniaca de un antiguo gobernante te será concedida y por ende, sabrás todos los secretos de este lugar.

Turles guardó silencio. Necesitaba pensarlo un poco más.

Mera se puso de pie, a su vez. Se colocó al lado de Turles.

-Ponte de pie, saiyajin.

Turles fue sacado de sus pensamientos con tales palabras e instantes después, obedeció de mala gana.

Como aun tenía puesta su armadura, por debajo de esta aún estaba la herida hecha por el primer demonio y un sinfín de quemaduras hechas por Botsu en el segundo combate. Mera colocó sus manos sobre la armadura, halándola hacia arriba del torso de Turles, con el fin de quitársela.

-¿Qué es lo que estás haciendo? –preguntó el saiyajin, desconcertado, pero ella no respondió.

Mera analizó las heridas aun en silencio y colocó sus manos a la altura de donde estaban. Turles sintió que de las manos de la diablesa, fluía calor. Ya no preguntó más hasta que Mera retiró sus manos casi un minuto después.

-¿Qué hiciste? –dijo a la joven, observándose.

-Eso era lo que te impedía decidirte, ¿no? –respondió Mera-. No estás curado, pero ahora, tus heridas son mucho menores que antes. No es una técnica de curación, sólo cautericé las heridas con calor. En dos días, estarás curado. Y serás capaz de usar tu habilidad, lo que te caracteriza y enorgullece como saiyajin… Oozaru...

Turles le devolvió una mirada seria. Mera lo sabía; de alguna forma se había enterado de su más poderosa transformación. Si Shura estaba advertido o no de esa metamorfosis, pronto lo comprobaría.

Le tendió una mano a la diablesa. Ella estrecho la suya. Luego, le dijo:

-Uno de los dos, será el nuevo rey…


Tarde, pero aquí está, jeje.

Saludos.