Disclaimer: Los personajes de Hetalia no son de mi pertenencia.
La magnitud del sismo no podía calcularse con una exactitud puesto que no era el momento ni había personas que pudiesen hacerlo; Para algunos, llegó a catalogarse entre una magnitud de 7,0-7,9 e inclusive de 8,0-8,9 pues, aunque el edificio no lo mostrase por no tener un techo el cual derrumbarse, se provocaron daños en extensas zonas.
El equilibrio logró mantenerse en las personas del lugar, exceptuando la tarima donde algunas de las banderas cayeron por estrepitosos movimientos.
Finalmente el sismo cesó provocando nervios en ciertas naciones con antecedentes de índole, sobre todo en Chile, al recordar los grandes y devastadores hechos durante 1960 que se registró y ha sido registrado como el más alto de 9,5 de magnitud, incluso se presumía que un poco más de.
Estados Unidos, Alaska, terremoto en 1964 con una magnitud de 9,2; Indonesia un terremoto del océano indico en 2004 con una de 9,1 y Japón, un terremoto y un maremoto en el 2011 con una magnitud de 9.
- ¿Estás bien, Chile? – Preguntaron tanto Carmen como Argentina
- Sí – Respondió
- ¿Seguro?
- ¡Que sí estoy bien!
- Tranquilo, Chile – Le regañó Venezuela – Están preocupados solamente.
No es que tuviese traumas, pero ese hecho aún le picaba.
- Señoras y señores – Pidió uno de los narradores – Les pedimos tomen asiento, las autoridades se harán cargo de verificar si no hay daños en el exterior. No ha sido más que un pequeño sismo.
- Claro, pequeño.
Algunas de las naciones suspiraron más calmadas ahora, tomando asiento y otras levantándose para mirar curiosos.
- Al menos no hay heridos aún – Suspiró Colombia con una sonrisa.
Sin embargo, a sus palabras de aliento sin herir, un grito desgarrador se escuchó fuertemente ante el silencio y murmuro de unos cuantos espectadores por el hecho anterior.
Las cámaras que grababan todo buen momento, comenzaron a buscar ferozmente el proveniente grito, mostrando todo lo que ellos veían en las enormes pantallas que colgaban en los extremos del gran estadio de inauguración.
Finalmente una de ellas enfocó a un grupo de personas que rodeaban a una en especial. Sus rostros mostraban horror, espanto y una fuerte impresión; La persona a la que rodeaban asustados, se encontraba ligeramente encorvada, con la cabeza más agachada que una persona normal, sin emitir ningún tipo de sonido.
- Oigan, chicos – Comenzó Francia hacia el G-8, quienes se encontraban cerca, mirando otra de las pantallas - ¿Ven lo mismo que yo?
Otra de las cámaras había captado un segundo grito mucho más fuerte que el primero, esta vez, enfocando más las acciones del ser que era nuevamente rodeado. Se irguió, causando pánico entre la gente a su alrededor pues éste carecía de rostro y la forma de su cabeza era completamente ovalada.
La tercera y última pantalla, mostró algo peor.
El ser, porque claramente no era una persona, había cambiado drásticamente su aspecto dejándose ver cómo realmente era. No, no era una persona; Éste poseía la piel completamente blanca, carecía de articulaciones pues una línea entera parecía entornar su rostro, no tenía manos, sus pies no tenían dedos y sus extremidades terminaban en curva que unía la otra parte. Sin rostro, sin cabello, lo único que tenían era una especie de antena con una luz verde al final de ésta.
¿Qué impedía a la gente moverse? La curiosidad.
"Habitantes de la Tierra" – Les llamó una voz a la que buscaron con desesperación – "No deben temer, no estamos aquí para conquistar de manera hostil su planeta. Alguna vez lo intentamos, pero fallamos".
- ¡¿Cómo que fallaron?!
"Un sentimiento de alegría pudo más que nuestro ejército, pero comprendimos nuestro error por tomarle interesante y dejarle así. Recomendamos ceder ante nuestras exigencias, hemos venido para conquistar el planeta y esta vez no nos retiraremos. Si se rehúsan, sólo empeorarán las cosas."
La luz que provenía de sus antenas, comenzaron a brillar con intensidad, siendo ligeramente opacadas por las luces del escenario, una bruma opacó por completo la visibilidad de las personas lanzando un grito de terror en las víctimas.
Algunas comenzaron a retirarse de forma lenta, sin dejar de mirar las futuras consecuencias de la bruma que envolvía a unos cuantos y para cuando se esparció, los que se encontraron a sus alrededores, tomaron la forma de los seres venidos de otro lugar. Carecían de rostro, pero podían sentir su mirada sobre ellos.
La gente comenzó a correr hacia las salidas el ver el caminar de esos seres hacia ellos. Gritaron con terror y desesperación.
Las naciones buscaron a sus respectivos protegidos entre la multitud de gente aterrada, sabiendo al final de cuentas que no era una buena idea aceptar la suya de sentarse donde ellos quisieran.
Les llamaron con un grito, pero éstos no respondieron, incluso entre ellos se buscaron pero simplemente tuvieron que buscar un lugar donde esconderse y no terminar como el resto.
"No podrán escapar. Nos haremos de los más débiles a los más fuertes" – Siguió la voz hasta desaparecer – "Su planeta será nuestro"
El auditorio estaba vacío, en completo silencio emanando un olor a desesperación.
¿Dónde estaban los demás? ¿Habrán caído en manos de esos seres? ¿Quiénes eran ellos, de dónde veían y cuál era su nombre? ¿Por qué venían a la tierra, cuando existían más planetas?
Mariana suspiró frustrada y un poco aterrada de estar sola, o eso creía, en el gran estadio. ¿Dónde estaban sus amigos? ¿Dónde estaba México? ¿Por qué Alexy no la buscaba?
Escuchó unos pasos cerca de ella, por lo que se acercó a una de las sillas para tomarla con ambas manos y usarle como arma en caso de que esos seres quisieran algo con ella, como lo quisieron con muchos otros. La sujetó con firmeza, quedándose quieta para escuchar con precisión el sonido de los pasos y cuando éstos estuvieron casi a centímetros de ella, no alcanzó a levantarla cuando una mano sujetó su muñeca derecha.
Era…
- ¡Alex!
Y ahí estaba el estadounidense, sí la buscaba después de todo. El joven la abrazó, asustado por que le pasara algo; Nunca quiso alejarse de ella, sin embargo, la ola de gente los separaron.
- ¿Segura que estás bien? – Le preguntó
- Que sí, estoy bien – Sonrió
Alexy casi olvidaba su idioma nativo por comunicarse con quien quería en el idioma contrario, pero le daba igual.
- Menos mal… Yo… Perdona por tardar
- Estás aquí y eso basta… - Suspiró - ¿Qué haremos? No sabemos donde están los otros, y si…
- Don't worry. Estoy seguro que están mejor que nosotros.
Alexy la sujetó fuertemente de la mano para asegurarse de que no volviese a perder.
- Vamos, debemos salir de aquí.
Caminaron en sigilo, sabiendo que esos seres se escondían entre las sombras, cosa que era imposible por la luz verde sobre su cabeza lo que los delataba, sabiendo que podrían ser atacados en cualquier momento.
La entrada podía verse a un metro y un poco alegrados de estar casi fuera del edificio, apresuraron el paso… Hasta que uno de ellos les tapó la entrada.
- ¡Pero eso no estaba antes!
- No me digas que son listos…
¿Acaso podían esconderse usando la oscuridad a su favor? Vaya punto.
Su luz comenzó a brillar iluminando la pequeña zona en la que se encontraban y aunque pudiesen escapar, el lugar era muy estrecho para dar vuelta y huir sin saber si del otro lado, otro ser les esperaba.
El joven hizo retroceder a la otra, rompiendo el contacto entre sus manos y alejándole.
- Alexy…
- Si algo llega… Vete
- ¡Está loco si crees que lo haré, puedo ayudarte también! Tú eres mí…
- I'll be fine – Sonrió alzando el pulgar interrumpiéndola – Esa cosa ni siquiera me tocará, ya verás.
Pero antes de que el ser hiciera lo mismo que los anteriores al par de jóvenes, una fuerte patada lo estampó en la pared izquierda. Sorprendidos de tal acción, se acercaron sigilosos hasta sonreír.
- ¡Alfred!
Nada como encontrarse a un viejo conocido. La nación se les acercó, mostrando preocupación en el rostro que mostró con un abrazo hacia ambos.
- Both are well?
- Sí – Contestó Alexy tras un suspiro
- ¿Dónde está México?
El norteamericano guardó silencio desviando la mirada y la mexicana temió lo peor. Su país estaba…
- No… no pudo pasarle eso…
- Debemos irnos, antes de que se recupere.
Ambos obedecieron a la potencia mundial quien las guió hacia la salida del edificio, cuidándoles de los pocos seres que merodeaban los alrededores y haciéndoles llegar hasta uno de los estacionamientos.
Era bueno en el sigilo, tanto así, que llegaron a un pequeño refugio sin levantar ningún tipo de sospecha.
Un pequeño escondite en el edificio principal, oscuro y húmedo. No muchos lo conocían, excepto Japón, Italia y Alemania y para que Estados Unidos lo conociese, debía estar uno de ellos tres con él.
Al entrar y asegurarse de que la puerta estuviese cerrada y sin visibilidad, fueron recibidos por una agradable luz junto a los que se habían refugiado.
- ¡Sakura!
Y no sólo la protegida de la nación atacada se encontraba con ellos, también se encontraba Inglaterra, Isabel, Hungría y el italiano mayor, Romano.
- ¿Se encuentran bien? – Preguntó Sakura hacia los dos americanos - ¿No tienen heridas?
- No, ninguna, gracias por la preocupación.
- ¿Dónde está Alice? – Preguntaron tanto el inglés como la española - ¡Estaba sentada con ustedes!
- ¡No sabemos! – Expresó con molestia la mexicana – ¡Muchos de nosotros nos separamos en cuanto la gente comenzó a correr como pinche loca!
- Estoy seguro de que está bien – Explicó Alexander – Por ahora, debemos encontrar al resto
- Muchos debieron regresar al hotel – Opinó Hungría – Allí estaban sus pertenencias y las armas de algunos precavidos.
- ¡¿Y qué esperamos, maldición?! – Siguió el italiano dando patadas al suelo - ¡Salgamos y plantémosle cara a esos malnacidos!
Pero no estaría del todo sencillo llegar.
Lilian comenzó a temblar, retrocediendo más y más ante el ser que se le acercaba a ella sin mostrarse amenazante; Kumajiro no podía combatir, también se refugiaba por miedo.
No podía huir y no tenía un objetivo al cual ir, estaban solos. ¿Acabarían así después de todo el viaje que tuvieron?
Ambos cerraron los ojos fuertemente al ver la luz verde brillar con intensidad y giraron la cabeza hacia otro lado, esperando su final. Hasta que una voz les hizo abrir los ojos.
Mei Ling, protegida de China, sujetó la silla despegable que tenía en sus manos y golpeó al ser blanquecino con la mayor fuerza que tenía haciendo al otro caer por la intensidad.
- Tú…
- ¿Están bien, Lilian?
Ella compartió una mirada con el oso polar quien entendiendo a la perfección a la humana, asintió.
- Estamos bien, un poco asustados – Sonrió.
Mei Ling desvió la mirada apenada en un intento de calmar la dulzura que la canadiense provocaba. Era una joven bastante linda
- ¡Mei Ling!
Sujetó la muñeca de la canadiense y la llevó hasta donde su nación China y Rusa se encontraban junto con el protegido del segundo, suspirando más tranquilos.
- ¿Segura que estás bien, aru?
- Sí, gracias por buscarnos – Sonrió
- Bien, debemos ir hacia el hotel – Explicó Rusia con una sonrisa tranquila – Deben estar allí los demás
- ¿Estás seguro de eso? – Preguntó Nikolai – Es un largo camino hasta el hotel.
- Siempre puedes quedarte para que seas uno de ellos – Sonrió nuevamente
- No, vamos
China suspiró con pesadez, siguiendo a ambos rusos hacia un camino que seguramente se llenaría de alienígenas en cuanto les divisaran.
Lilian se aseguró de que Kumajiro estuviera en buen estado y comenzó a seguir a los hombres, seguida de Mei Ling quien la inspeccionaba para verificar que no tuviese heridas.
- ¿Dónde podrían estar Canadá y Francia?
- Conociendo a Francia… Seguramente escondido o siendo uno de ellos – Rió Iván
- ¡No digas eso, aru! – Le regañó China – Debe estar con alguno más, aru.
Ambas protegidas deseaban que así fuera.
El mexicano apuntó con firmeza el arma, hasta estornudar y soltarla de golpe.
- ¡No hagas eso! – Le regañó Argentina - ¡Puedes matar a alguien!
- Oh, vamos… Necesitaría tres al menos para matarte
- ¡No peleen! – Los separó España – No estamos en condiciones para esto.
Nicolás, protegido de Argentina, suspiró con pesadez mirando de reojo a la inglesa que se encontraba sentada tranquilamente en la cama. ¿Cómo la chica no perdía la postura?
- Eh, vos – Le llamó - ¿Te encuentras bien?
Alice abrió los ojos, alzando la ceja a su pregunta.
- Claro que me encuentro bien – Respondió mirando a las naciones discutir – Sólo pienso
- ¿En qué?
- ¿Debería contarte?
- No tenés a nadie más.
Chasqueó ligeramente molesta. No había compartido más de un saludo con el argentino, y sabía que se encontraba la nación de su compañera cerca de ella. El joven rubio se pasó a la cama para notar si ésta le contaría sus penas.
- Me gusta alguien – Comenzó – Pero esa persona es muy tonta para darse cuenta.
- Te entiendo, me pasa lo mismo
- Ya intenté de todo y… ¡Nothing!
- ¿Has probado decirle?
Alice desvió la mirada para quitarse los lentes y limpiarlos con un pequeño trapo limpió que sacó del bolsillo de su camisa para evitar más el tema cosa que logró a la perfección.
- Bien, estamos en el hotel, ¿Y luego?
- Vamos, México – Le dio un codazo Argentina – Grítale al gringo, vas a ver que viene corriendo
- Jódete.
-Basta vosotros – Les jaló España la oreja como años atrás – Es obvio que el resto vendrá.
- ¿Mientras tanto nosotros? – Preguntó Alice - ¡Hay más de esos en el hotel! Son listos, estarán buscando entre las habitaciones.
No podían atentar contra su vida, algunos de ellos eran humanos convertidos, no podían arrebatarle sus vidas.
- Lo que podemos hacer es sellar la entrada – Explicó la nación argentina – Cuando alguien más venga, nos daremos cuenta.
Sin embargo, ¿Cuánto tiempo sería eso? ¿Qué les aseguraba su llegada?
Francia guardó el espejo que traía al asegurarse que el pasillo al que caminaban, estaba vacío. Les ordenó a sus seguidores continuar con paso seguro y callado.
- El hotel realmente asusta estando así – Confesó Carmen con una sonrisa nerviosa
- Tranquila, Carmen – Sonrió el australiano tomando su mano – Yo te protegeré
- Eso lo sé – Sonrió
A pesar de ser sólo una sonrisa normal y no tanto de sinceridad o algún otro tipo de significado, Ledger no pudo evitar sonrojarse y sonreír tontamente al verla.
- ¿Led? – Le preguntó confundida la chilena casqueando sus dedos frente a él - ¿Estás bien?
- ¿Qué?
- Te pregunté si estabas bien – Suspiró – En serio, ¿Qué te pasa?
- N-Nada – Sonrió nerviosamente apretando ligeramente su mano – Sólo déjame protegerte
- Pero tampoco me dejes como una damisela, ¿Entendiste?
Jennel miró de reojo a la nación canadiense, preguntándose de por qué su mirada tan seria y triste. Suponía que era por la situación de Lilian y Kumajiro; Ambos habían desarrollado un lazo único, se conocían mejor que nadie, y suponía que eso le preocupaba.
Kassandra y Francia se tomaban la molestia de mirar el lugar y buscar opciones.
- No podremos usar el elevador – Suspiró Francia – Atraería mucho la atención.
- Son muchos pisos hacia la habitación – Siguió Carmen – Además, si nos emboscan
- Algunos podrían usar el elevador – Explicó Canadá – Sólo necesitamos a alguien que sea rápido para llamar la atención del resto
Los seis se miraron entre sí, esperando una respuesta a su interrogante.
- Yo lo haré
- ¡Ledger!
- Estaré bien – Sonrió – Soy bastante rápido y fuerte. Esas cosas no podrán atraparme. Además, si uso la escalera de emergencia, no pasará nada
Carmen le observó, intentando hacerle cambiar de opinión con la mirada, pero el australiano siempre negó.
- Ustedes vayan – Besó el dorso de su mano – Los veré arriba.
Y sin más, se separó del grupo esperando la señal.
- Que valiente – Susurraron Kassandra y Jennel
Alemania derribó a uno de ellos con sólo sus puños mientras Chile y Venezuela guiaban a sus protegidos a un área segura. Estaban a una esquina del hotel, sólo tenían que caminar un poco más.
- Eh, grandote – Le llamó Venezuela - ¿Estás bien?
- Sí, estos no son nada – Explicó acomodándose de nueva cuenta sus guantes.
- ¡Alemania!
El hombre sintió un peso extra sobre su espalda y casi regresaba al golpe, hasta recordar de quién era el peso.
- ¡Italia!
- ¡Feliciano!
El joven miró confundido, hasta sonreír a su protegido que se hallaba con Alemania.
- ¡Biagio!
- ¡Feliciano!
En serio que se parecían bastante, y el verles compartir un abrazo de reencuentro les era bastante adorable.
- Gracias por cuidarlo, Alemania.
- Sí, no es nada
Ximena, quien se encontraba con el italiano, buscó a su nación con la mirada tanto entre los reunidos como en los alrededores. No estaba, sólo las naciones y Biagio junto con María, la protegida de Venezuela.
- Costa Rica…
- Ella está bien – Le sonrió el italiano – Ya lo verás.
Sólo deseaba que fuese así.
- Te has mantenido a salvo, Italia – Le halagó el rubio – Podemos estar a salvo una vez que lleguemos al hotel.
- ¡Ve~!
Actualicé rápido, lo sé :v Bueno, espero que les haya gustado. Inspiración llegó pronto.
¡Nos vemos en el próximo!
