Los personajes no me pertenecen, los tome prestados.

Saludos a todos! Prometo contestar pronto sus reviews, es solo que estoy teniendo problemas de tiempo. Espero que disfruten mucho el capítulo.


Capitulo 7. ¿Celos?

Draco Malfoy caminaba por los pasillos del castillo camino a las mazmorras. Sus pasos elegantes y firmes le daban ese habitual aire de superioridad. Cualquiera que lo mirara pensaría que aquel chico rubio se sentía el Rey de Hogwarts. Y, aunque todos lo vieran con esa mueca pacífica y de indiferencia, en la mente de Malfoy se vivía un debate.

Más temprano ese día, él había estado a nada de besar a la que se supone es su enemiga y lo peor de todo es que se encontraba un poco decepcionado por la interrupción. Estaba molesto consigo mismo por casi besarla, por no haberlo hecho y por aún desear hacerlo. ¿Qué le estaba sucediendo? Él no era así pero Hermione Granger estaba provocando algo que nunca había conocido. Pensar en ella y el momento que compartieron en esa aula apartada le estaba haciendo sentir algo extraño en su estómago "mariposas en el estómago, como los muggles" le gritaba la ya habitual y molesta voz en su cabeza. Bufó molesto e intento pensar en algo más. "Quidditch. Eso siempre me distrae. ¿Aún seré el capitán del equipo de Slytherin? ¿Quién mejor que yo podría hacerlo? Con todo lo que ha pasado este año, ya no sé qué pensar... quizás ya ni siquiera estoy en el equipo. Pero, si lo estoy ¿iría ella a verme a mis partidos? Diablos, otra vez estoy pensando en ella". Durante todo el camino hacia su sala común le pasó eso, intentaba pensar en algo más pero de una forma u otra, la castaña terminaba colándose en sus pensamientos.

El "Principe de Slytherin" llego a su habitación y se aventó en su cama de una forma nada elegante. Recostado en su cama, viendo hacía el techo empezó a preguntarse qué haría al día siguiente que se encontrara con Hermione ¿Estaría dispuesto a besarle? O más bien ¿a no hacerlo?

Le hubiera gustado responder esas preguntas fácilmente. Trataba de convencerse que sólo se trataba de unos besos con la chica y si tenía algo de suerte, algo más... pero, no era así. Solo había pasado unas cuantas horas a su lado y estaba completamente afectado por su presencia y no podía sacarla de su mente. Todas esas miradas que se hacían al encontrarse en los pasillos y, más concretamente las que habían compartido en el aula, significaban algo más. No era solo deseo, porque ya había experimentado esa sensación y esta tenía algo distinto. Era otra cosa, él lo sabía y eso lo aterraba.

Su temor estaba bien fundado. Aunque se lo negara, sabía que convivir con esa chica lo llevaría irremediablemente a terminar enamorado de ella, algo en su interior se lo gritaba cada vez que veía su sonrisa en su mente. Pero, Draco era un Malfoy y los Malfoy no se enamoraban. O tal vez sí, pero no lo hacían de la forma en que los demás lo hacen. No se supone que conozcan a una chica por casualidad, se enamoren y luego se casen. No. Los Malfoy tenían matrimonios por conveniencia, si lograbas enamorarte de esa persona ¡Felicidades! Pero si no era así, no importaba, lo único que importaba era que tan grande podía ser su cámara en Gringotts y cuanto oro había ahí.

Además, ¿Qué dirían sus padres si se llegasen a enterar que él estaba enamorado de una hija de muggles? Probablemente lo echarían de casa y le prohibirían utilizar el apellido Malfoy por siempre. La pureza de la sangre aún era importante para ellos y quizás también un poco para Draco.

El rubio escuchó cuando sus compañeros de cuarto entraron a su habitación pero no los saludó, se dedicó a seguir pensando y a repetir en su mente, una y otra vez, lo que había sucedido horas atrás con Hermione.

Cuando miró su reloj de bolsillo, se dio cuenta que ya pasaba la media noche por lo que se empezó a desnudar para ponerse su pijama de seda. Al quitarse su camisa, no pudo evitar echarle una mirada a la marca que se encontraba en su brazo, algo que llevaba evitando desde hace meses. Ahí estaba una marca que no podía quitar de su piel, ni de la mente de los demás. Una marca que llevaría toda su vida y que le recordaría a él, y a todos, las malas decisiones que había tomado... Se sintió desdichado al darse cuenta que había más razones por las cuales era muy mala idea enamorarse de Hermione y la más importante la tenía en la piel de su antebrazo.

Antes de quedarse dormido tomó la decisión de no asistir al aula al día siguiente y poner aún más distancia con la muchacha.


Al día siguiente se encontraba de un humor terrible. Sus estúpidos sentimientos, sus pensamientos acerca de Hermione y el haber dormido pocas horas no le permitían sentirse ni un poco alegre. Bajo a la sala común y le echo una mirada a sus amigos para que se marchasen, ellos le siguieron en silencio, seguramente ya habían notado que él no se sentía con ganas de hablar con absolutamente nadie.
Al entrar al Gran Comedor, se reprendió a si mismo por buscar directamente a la Gryffindor en su mesa desayunando pero no la encontró ahí. Desilusionado, y furioso segundos después, empezó a comer sus cereales como si estos tuvieran la culpa de todo lo que sentía.

Las clases no habían sido mejor, había estado completamente distraído con sus pensamientos en la mitad de ellas y en la otra mitad se la había pasado observando a Hermione. Incluso, algunos profesores le habían llamado la atención pero Draco solo los miraba molesto y continuaba ignorándolos.

Por más que lo intentara, no podía sacar de su mente a Hermione y de preguntarse si debía asistir o no a su encuentro con la chica. Se encontraba enfadado porque ahora la castaña estaba en sus pensamientos constantemente y además, estaba en sus sueños también. La noche anterior la había soñado y despertó tan desconcertado que tuvo miedo de volverse a dormir.

Durante todo el día se había reprendido a si mismo cuando se daba cuenta de que la observaba fijamente. Una de las veces que la miraba, Hermione posó sus ojos en él y le sonrió suavemente provocando que el rubio sintiera unas violentas mariposas que volaban con fuerza en su estómago; Draco la miró molesto, todo era culpa de ella por verse jodidamente hermosa ese día.

En la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Theo se dio cuenta que Draco estaba viendo fijamente a Hermione Granger, quien reía a un lado de sus amigas. Carraspeó un poco para atraer la atención de Malfoy y le dio una mirada curiosa, enarcando la ceja y Draco bufó molesto. Theo volvió a hacer lo suyo, ignorando a su amigo.
La clase transcurrió normal, Draco miraba de vez en cuando a Hermione y cuando no lo hacía, se insultaba en su mente por todo lo que no podía evitar sentir.

Se puso furioso cuando vio como el profesor llamó a la castaña por su nombre, como si de amigos se tratase, y posó su mano sobre el delgado hombro de la chica para felicitarla. Apretó su mandíbula y casi se tuvo que morder la lengua para no gritarle a ese imbécil que no la tocara, sus manos se habían puesto blancas de lo fuerte que apretaba sus puños y seguramente su mirada lo habría delatado si Theo estuviera viéndolo. "Demonios. Mierda. Maldita sea, Granger." Estaba seguro que esa furia era nueva. No recordaba haberla sentido antes por nada más. Claro que había estado furioso otras veces, pero esta vez se sentía distinto. Sin embargo, su mente, o su consciencia que últimamente era su enemiga, le trajo recuerdos de otros momentos en que había sentido esa furia: Hermione entrando al Gran Salón, viéndose perfectamente hermosa, pero tomada del brazo de Viktor Krum.
Hermione caminando por los patios sonrojada de tanto reírse por algún chiste del Pobretón de Weasley. El Pobretón gritándole a Crabbe y Goyle que Hermione era su novia mientras los seguía amenazándolos con sus varitas...

-¿Estas celoso? – le dijo Theo en voz baja, sacándolo de sus pensamientos. ¿Celos? ¿Eso es lo que sienten las personas cuando están celosas? ¿Una furia incontrolable que crece por todo el cuerpo?

-¿Celoso? ¿De quién? – le contestó haciéndose el indiferente. No podía permitir que Theo se diera cuenta de lo acertado que estaba.

-Del profesor, por Granger. – "Maldita sea, me han descubierto. Rápido Malfoy, di algo que suene lo suficientemente ofendido para que Theo elimine esa idea"

-No sé qué mierda ha pasado por tu mente Nott. Yo jamás podría sentir nada por... esa. – le contestó, mirando a Hermione con desdén.

Theo asintió y continúo con su trabajo.

Entonces, celos. Eran celos lo que estaba sintiendo. Pero, eso quería decir que antes ya había sentido celos por su culpa... Imposible. Él siempre la había odiado ¿o no? Entonces, lo que había sentido antes no eran celos, era otra cosa... tenía que ser otra cosa, porque si no aquello significaría que desde hacía bastante tiempo, sentía cosas por Granger. Cosas que ni siquiera él había podido ponerles nombre.

Al finalizar la clase, el profesor le pidió a Hermione que se quedara nuevamente, pues tenía algunas preguntas que hacerle por lo que Draco empezó a guardar sus cosas con muchísima más fuerza de la necesaria dentro de la mochila y casi golpea su pupitre cuando vio como Hermione soltaba una carcajada de algo aparentemente muy gracioso que dijo el profesor. "Par de estúpidos" pensó mientras salía del aula y cerraba la puerta con furia.

Theo miró el actuar de su amigo con curiosidad. Eran amigos desde muy pequeños y consideraba que conocía a Draco muy bien, más de lo que el rubio se conocía a sí mismo. Suspiró mientras lo veía salir furioso y lo siguió tranquilamente hasta la mazmorra de Slytherin, donde su amigo se metió a la habitación, dando un portazo sonoro. Definitivamente Draco Malfoy estaba celoso.


Hermione espero durante más de una hora en el aula en la que había estado con Malfoy el día anterior.

Todo el día se había debatido entre si debía ir o no.

Lo que había dicho el rubio antes de irse la confundió más de lo que ya estaba, un sentimiento de emoción y anhelo apareció y se plantó en ella durante toda la noche que paso sin dormir. Pero, al día siguiente empezó a dudar sobre las" buenas intenciones" del chico... Además, era consciente de que si asistía al aula daría entender que quería que él terminara "lo que había empezado" y aunque probablemente era muy cierto, no estaba segura de que quería que él se enterara. Se imaginó a Malfoy burlándose de ella o hechizándola al llegar, pero la imagen de ellos uniendo sus labios después del momento que pasaron el día anterior, fue más fuerte. Finalmente, se decidió por ir. Pensó en que si Malfoy la molestaba al respecto de querer que la besara, simplemente le diría que fue a revisar a las sanguijuelas.

Al llegar, se sentó a esperar.

Una hora y media después, se rindió "seguir aquí no tiene sentido, no vendrá". Así que tomó un pergamino y anotó el avance en las sanguijuelas. Por un momento pensó en dejarle una nota al rubio diciéndole que lo había esperado pero pronto le vino a la mente que ya había perdido la dignidad esperándolo por una hora y media así que tomo sus cosas y salió molesta. Molesta y decepcionada.

Hermione no se dio cuenta que unos ojos grises la observaban desde la sombra de un armadura.


Harry Potter caminaba por el largo pasillo de madera pulida mientras veía cómo iban apareciendo magos y brujas -quienes lo miraban con curiosidad- entre las llamas de las chimeneas doradas que se encontraban en las paredes. Tomó el ascensor que lo llevaría al segundo piso del Ministerio de Magia.

La conocida voz le indicó que había llegado al Departamento de Seguridad Mágica y caminó hasta la Oficina de los Aurores. Tenía un día de haber vuelto a casa, después de semanas sin haber encontrado algo. Fueron a cada lugar que era significativo para Voldemort y en ninguno de estos encontraron algún indicio de que Bellatrix Lestrange haya estado ahí. El único lugar que les falto visitar fue Hogwarts, que habían descartado por la obviedad de que no se podía encontrar en el castillo.

Aun así Harry se sentía preocupado y quería buscar más información, lo que llevo a pensar que debía hablar con su mejor amiga y además, entrevistar al auror sobreviviente del sangriento enfrentamiento con Lestrange. "Y además, podré ver a Ginny" una sonrisita se escapó de sus labios.

Tocó la puerta de la oficina de su jefe directo, quien con voz gruesa y profunda le permitió la entrada.

-Potter ¿en qué puedo ayudarte? – le dijo el hombre moreno, canoso y de mirada severa, sentado detrás de un gran escritorio de caoba.

-Señor quisiera pedirle permiso para que me permita ir a Hogwarts. Me gustaría hablar con Sebastián Jones acerca de lo que aconteció la noche que se enfrentó a Lestrange.

-Sebastián Jones ya fue entrevistado al respecto. – le dijo tajantemente Alexandre Williams.

-Lo sé, señor. Pero, quizás, él podría recordar un poco más de información que por el shock pudo haber omitido.

-¿piensas que pudo ocultarnos algo? –

-No, señor. No pienso eso, sólo me gustaría hablar con él sobre el asunto.

-Está bien, Potter. Tiene mi permiso. Espero que traiga información valiosa ya que no pudimos encontrar nada en aquellos lugares a los que nos guio. – su afirmación le pareció más un reproche, pero Harry no le dio mucha importancia.

-Gracias, señor. Me gustaría llevar a mi compañero Ron Weasley conmigo, si está usted de acuerdo.

-Lleva a quien quieras. No hay mucho que hacer aquí. – El mago le hizo una seña para que se apresurara a salir. Harry se sintió ofendido, sin embargo no hizo ni dijo nada al respecto y salió de la oficina en busca de su mejor amigo y compañero Ron Weasley.

Unas horas después, Harry Potter y Ron Weasley se encontraban en Hogwarts. Un golpe de nostalgia invadió sus cuerpos al caminar en los pasillos del castillo recordando todos los buenos y malos momentos que vivieron ahí; no pensaron en la batalla, ni en las muertes, sino en las risas y todo lo que compartieron con sus amigos.

Decidieron que antes de hablar con Sebastián Jones, buscarían a Ginny y Hermione.

Harry extrañaba a Ginny como loco. Ella era la mujer de su vida y lo sabía. Moría de ganas porque ella terminara pronto el Colegio y eventualmente, aceptara casarse con él. Se sentía muy feliz de solo pensar en que en unos momentos podría estrecharla entre sus brazos y volver a besarla.


Había pasado casi una semana desde que Malfoy había dejado plantada a Hermione. Ella seguía apareciendo en el aula cada tarde después de que terminaran las clases, y trataba de convencerse a sí misma de que lo hacía por ir a revisar las sanguijuelas de la poción y no porque mantuviera la esperanza de encontrarse con Draco Malfoy.

Por supuesto que veía al chico durante el día, ya sea en el Gran Comedor o en las clases que compartían juntos, pero no se hablaban y cada vez que Hermione lo buscaba con la mirada, él le rehuía o la miraba muy molesto. Se supone que eso debía bastar para que ella dejara de mantener la esperanza de tener un encuentro como el de días atrás, pero no bastaba.

No sabía porque pero necesitaba verlo y hablar con él. Seguramente se traba de que el rubio la había dejado curiosa e intrigada con su actitud y a ella no le gustaba quedarse con dudas. Si, era eso. Definitivamente. No se trataba de que cada vez que pensaba en él y en esa tarde en el aula, un sentimiento de anhelo se apoderara de ella. Ni tampoco de que sus ojos grises la hipnotizaran cada vez que los miraba. Ni mucho menos se trataba de esas mariposas que sentía cada vez que repasaba en su mente como Malfoy se había acercado lentamente a sus labios. Suspiró cuando se dio cuenta que hubiera querido probar sus labios y que aún quería hacerlo. Se preguntó cómo se sentirían sus labios, si serían fríos como sus manos y si aquel rumor que escucho un par de años atrás sobre como los besos de Draco Malfoy hacían que las piernas de aquellas que besaba, temblaran.

La imagen de Draco Malfoy y ella besándose le provocó un escalofrio placentero que recorrió toda su espalda, logrando que se sonrojara levemente. Pero, rápidamente eliminó todos esos pensamientos que obviamente eran una locura. Probablemente Draco Malfoy solo se había comportado de esa manera por molestarla y sacarla de sus casillas y nada más. Además ¿qué dirían sus amigos si se enteraran de lo que estaba pasando por su mente en aquellos momentos? Se enojarían y se burlarían, pero principalmente se enojarían y Hermione no los culpaba.

Aquél chico por el que se encontraba suspirando como una chiquilla enamorada los había molestado durante 6 años, mayormente a ella. Dobló en una esquina por un pasillo con sus manos cruzadas fuertemente y se sintió tremendamente triste al recordar todos los insultos y desprecios que Draco le había regalado. Con la mirada baja repasó cada uno de estos.

"Sabelotodo", "Pelo de arbusto", "Come libros", "Sangre sucia".

"Sangre sucia"... el insulto favorito de Malfoy e instintivamente se tocó el brazo que Bellatrix Lestrange había marcado con esas lindas palabras. Otro escalofrio recorrió su espalda, pero esta vez no fue placentero. Levantó la mirada y lo primero que vio fueron unos ojos oscuros que la observaban fijamente, de forma dura y profunda que hizo que el cabello de la nuca de Hermione se erizara. El profesor Sebastián Jones le sonrió amablemente pero, la castaña no se sintió menos incomoda.

-¿Qué hay, Hermione? – le dijo el profesor que aún no dejaba de mirarla. – Estabas tan distraída que por poco chocas conmigo. - El profesor hablaba con aire casual, como si fueran amigos desde hacía bastante tiempo.

- Lo siento, profesor. – Intento parecer lo menos incomoda y lo más confiada que se podía.

- Te he pedido que me llames Sebastián... ¿En qué pensabas? Seguramente en algún novio del que no me he enterado – El profesor bajo la mirada mientras se rascaba inconscientemente la nuca.

-¿Novio? – Hermione no pudo soltar una risita irónica – No tengo novio, profesor. No tengo tiempo para eso, tengo que hacer todas las actividades que nos han pedido en pareja y además, tengo que estudiar para los EXTASIS. En eso estaba pensando. – Sebastián levantó la mirada y Hermione le pareció que sus ojos brillaban y no supo si eso debía agradarle o asustarle.

-Pero, ¿para que tienes que estudiar para los EXTASIS? Si tú eres increíblemente inteligente. – La castaña murmuró un gracias acompañado de una sonrisa nerviosa que fue contestada con una bonita y deslumbrante sonrisa. No hablaron por unos segundos, hasta que el profesor se puso muy serio y rompió el silencio.

-Escucha, quisiera pedirte una disculpa por lo del otro día. Debes saber que en ningún momento trate de ser irrespetuoso, en realidad no sé que fue lo que sucedió ni que pasaba por mi mente. Lo lamento. –

Hermione había olvidado por completo lo que le había pasado la semana anterior con el profesor:
Al finalizar la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor le había pedido que se quedara después de la clase para hacerle "unas preguntas" y aunque Hermione no le venía a la mente ninguna pregunta que pudiera hacerle el profesor, obedeció y se quedó con él. Cuando ya casi no quedaba nadie en el aula, solo Draco Malfoy y Theodore Nott, el profesor le contó una historia de cómo le fue la primera vez que intentó desaparecerse, según le contó, una de sus piernas se quedó en el otro lado del salón provocando que cayera por la falta de equilibrio; no se supone que eso fuera gracioso pero aun así todos sus compañeros rieron y Hermione también rio con la historia aunque le pareció que esa historia no tenía ningún sentido en aquel momento. Cuando escucharon la puerta cerrarse, el profesor se acercó un poco más a ella y cruzó sus brazos en su pecho.

-Y bien, Hermione ¿Qué te están pareciendo mis clase?

-Son excelentes, profesor. Es un gran maestro. – le contestó Hermione, sonriéndole dulcemente.

-Llámame Sebastián, por favor. Me alegra que te estén agradando mis clases – el hombre estiró su brazo y con sus manos grandes, tomó la de Hermione.- tu opinión es muy importante para mí.

La castaña tuvo una sensación extraña en su estómago -como si de repente estuviera completamente vacío- y todo el aire escapó de sus pulmones. Lentamente alejó su mano de las del profesor, tratando de no ser grosera con él.

-Usted es mi profesor, debo llamarle de esa forma.

-Me gustaría ser más que tu profesor – Ambos se tensaron – quiero decir, quisiera ser tu amigo.

Hermione asintió y no dijo nada más. El profesor se acercó aún más a ella y la castaña entró en una especie de shock que no le permitía moverse de donde estaba. El profesor se acercaba más, despacio, y cuando se inclinó unos cuantos centímetros hacía Hermione, pero entró en sí y tomando sus cosas con firmeza, salió apresurada del aula.

-Está bien, profesor. Sólo espero que no se vuelva a repetir porque no sería nada bueno... ni ético.

-¿De verdad sería tan malo que intentara algo más? –

-Pues claro que sí, es usted un profesor, sería completamente incorrecto.

-Solo estoy aquí por ayudar a la directora y apenas nos llevamos 5 años, Hermione.

-Sigue siendo un profesor. Y, las relaciones amorosas entre profesores y alumnos están prohibidas.

- Es extraño como me has dado estos argumentos sobre lo que está prohibido y lo que es incorrecto. Pero en ningún de tus argumentos escuche que no te gusto. –

Hermione buscó palabras para contestar al profesor pero no supo que decir, se encontraba demasiado sorprendida con todo lo que aquel profesor le estaba diciendo y se sintió aún más incómoda. Sebastián la estudiaba con la mirada, esperando una reacción de la castaña o alguna señal de que se rendía ante él. Levantó su mano con la intención de tocar la de la chica...

-¡HERMIONE! – escucharon al final del pasillo, detrás del profesor. Hermione miró sobre el hombro de Sebastián, buscando de dónde provenía aquella conocida voz y lo que vio la hizo sentirse completamente aliviada y feliz.

Un chico moreno y de ojos verdes y un pelirrojo alto, la miraban con una sonrisa gigantesca mientras caminaban hacía ella. Hermione no pudo evitar correr hacía ellos y abrazarlos con todas sus fuerzas. Sus mejores amigos estaban ahí. El trio dorado junto de nuevo.