7. Humor


Pestañeó una vez más, incrédulo.

Había traído a este presente la noticia de un terrible peligro. Un enemigo poderoso los amenazaba a todos. La situación era desesperada y urgente. Todos los guerreros del clan Z se habían reunido, una vez más, como antaño, para decidir la forma de hacer frente a este nuevo mal.

Y habían decidido ¿hacer una parrillada para celebrar su llegada?

Mirai seguía sin poder creerlo ¡Es una locura! Sin embargo, el hilo de sus pensamientos se vio interrumpido abruptamente, cuando dos figuras pasaron corriendo a su lado desde el interior de la Corporación, huyendo hacia el otro lado del jardín.

- ¡Vengan acá, malditos pervertidos! - comenzó a gritar Bulma desde la puerta, con un puño amenazador en alto- ¡Esperen a que los atrape! Los voy a colgar directamente de sus

- ¡Hija, por Dios! ¿Qué son esos modales? - le recriminó, sonriente como siempre, su madre.

- Esos malditos… ¡Pervertidos! - volvió a gritar roja de furia- ¡VEGETA!

El aludido, que se encontraba enfurruñado en un rincón, se volteó con gesto enfadado.

- ¡¿Por qué me gritas, mujer escandalosa?!

Bulma sólo se limitó a señalar a los dos ladrones de ropa interior que, en ese momento, se habían detenido cerca de un árbol para apreciar de cerca la mercancía que habían encontrado en los cajones de Bulma; Oolong y el maestro Roshi, con sendas pantaletas sobre las cabezas, se regodeaban entre los encajes de la ropa interior.

- ¡Hazte cargo de eso!- ordenó la mujer, con mirada furibunda.

Cuando Vegeta miró hacia donde ésta apuntaba y vio a los infames ladrones, se ruborizó como un tomate maduro ¿Lo que ese anciano tenía sobre la cabeza eran las pantaletas negras de seda que a él tanto le gustaban?

Tras un grito iracundo y una tremenda explosión de ki, Vegeta cargó contra ellos, furioso.

- ¡Eso es sólo mío, malditos insectos! - Les gritó en pleno vuelo.

- ¡Vegeta!- lo regañó a su vez Bulma, echando humo.

Mirai se ruborizó hasta las orejas con semejante espectáculo.

Se distrajo cuando, sin previo aviso, un par de misteriosas manos emergieron desde debajo de la mesa y comenzaron a hacer desaparecer el contenido de la bandeja de carne que había a su lado. Con la velocidad de una gacela, los trozos de pollo y res desaparecían misteriosamente, dejando a cambio, un montón de huesos mordisqueados.

- ¡Condenados chiquillos, compórtense! - gritó Piccolo, tomando del cuello de sus ropas a Trunks y Goten, sacándolos de su escondite, cada uno con un muslo de pollo asomando por la boca.

- ¿Acaso son un par de animales? – Los corrigió con ímpetu, hasta que la voz de Gokú lo interrumpió.

- Oye, Piccolo- lo llamó extendiendo frente a él, lo más lejos posible de su rostro, a una sonriente Pan. - Se ha ensuciado de nuevo ¡Necesita un cambio de pañal!

- ¿Otra vez? – preguntó exasperado el namek, pasándose las manos por la cara con desesperación, dejando ir a los dos niños tragones que se abalanzaron sobre una fuente de carne de cerdo esta vez, para salir volando con ella y una olla de arroz hacia la copa de un árbol - ¿Por qué no la cambias tú esta vez, Gokú? ¿Y dónde están Gohan y Videl? Ellos deberían hacerse cargo de esto.

- ¡Yosh! – asintió Gokú, con el ceño fruncido ante el desafío- ¡Lo haré!

Y diciendo esto comenzó a quitarle el pañal a Pan ahí mismo, sobre la mesa.

- ¡Gokú!- Lo regaño Chichi, en un tono que, seguramente, rompía varios de los niveles de los decibeles que el oído humano podía tolerar, y que hizo saltar a Mirai en su asiento – ¡No hagas eso aquí! – Y levantando un dedo y con tono pedagógico comenzó su explicación. - Debes llevarla al baño y con un poco de agua tibia tienes que …

- ¿Qué cosa, Chichi? – le preguntó distraído, mientras arrojaba el pañal, poderosamente cargado, sin cuidado alguno por sobre su hombro, y trataba de alcanzar a la pequeña que huía del lugar con el trasero al aire.

- ¡PAN! ¡Gokú!, ten más cuidado! - Gritó Piccolo, al borde de un aneurisma por causa del estrés, mientras salía en persecución de la veloz gateadora.

- ¡Krillin, cuidado! - atinó a grita Mirai, quien incrédulo aún frente a tan dantesco espectáculo, sólo pudo seguir la trayectoria de aquel pañal que volaba peligrosamente por los aires dando vueltas y vueltas hasta abrirse y caer, con precisión y maestría, sobre la cabeza del guerrero de baja estatura, que, en ese preciso momento, levantaba a Marron en brazos.

- ¡Ay, papá! ¡Qué asco! - le dijo Marron, alejándose de él.

- ¿Qué cosa, nena?

- La caca de Pan.

- ¿Qué cosa? – Alcanzó a preguntar, antes de notar el pañal en su cabeza- ¡18! ¡Quítamelo, quítamelo! - gritaba Krillin dando vueltas en círculos con cara de espanto, mientras 18 lo observaba con indiferencia desde la reposera donde había estado tumbada toda la tarde.

- Ni loca toco algo tan asqueroso. - Dijo fríamente, para seguir bebiendo el refresco que tenía en la mano.

Mirai quiso levantarse para ir en su ayuda, pero por su camino se cruzaron los dos fugitivos de las pantaletas, con lágrimas en los ojos, mocos en la nariz y chichones en la cabeza, seguidos muy de cerca por Vegeta.

Huyeron presurosos hacia la cámara de gravedad instalada en medio del jardín, y sin poder detenerse, chocaron de frente con la puerta de ésta que se abrió con el golpe, dejando caer, cual costales de papas, a las dos personas que, en una comprometedora y reveladora situación, se besuqueaban dentro de la cámara.

- ¡Gohan! - gritó Chichi escandalizada, mientras éste ayudaba a Videl a ponerse de pie tras la caída.

- Esto, mamá… verás…- comenzó a dar una titubeante explicación, con una risa nerviosa y un tic en el ojo izquierdo, mientras el color rojo los cubría desde el cuello a la raíz del pelo. - Es que, últimamente... ya sabes.. con Pan en casa ha sido algo difícil…y pensamos que, tal vez…

- ¡Gohan!- lo cortó Videl, con cara de demonio.

- ¡Yujuuuu! - gritaron Oolong y el maestro Roshi a la vez, ante la increíble visión de Videl sin polera, mientras un tsunami de sangrado nasal los hacía caer hacia atrás.

- ¡FUERA TODOS DE MI CASA!- Gritó Vegeta con fiereza, explotando su ki con tanta fuerza, que sacudió el árbol en donde Trunks y Goten comían, causando que un pote con salsa cayera directo sobre él.

Pan, aún sin pantalones y siendo perseguida por un cansado Piccolo, se largó a reír señalando al Príncipe bañado en salsa frente a sus ojos.

Todos acompañaron las risotadas de la pequeña, salvo Vegeta, que hervía de furia, y Krillin, que con ayuda de Yamcha y Chaoz, enjuagaba su cabeza con la manguera del jardín.

Mirai estaba en shock ¿No se suponía que estaban en guerra? ¿Qué había peligro y que debían entrenar para la batalla?

De sólo una cosa Mirai podía tener plena certeza en ese momento: todos en esa familia estaban completamente locos.

FIN.


Hola hola lectores! Nos ha tocado llorar, asustarnos y hoy nos toca reír un poco :)
Si tuviera que hacer un resumen de este one shot diría que se trata de "una serie de eventos desafortunados" XD
Espero puedan divertirse con el relato, porque mañana volvemos a ponernos trágicos.
Me encantaría leer sus comentarios.
Un abrazo!
Pau :)