¡Vamos que nos vamos!
Aviso: Este no me gustó nada QvQ.
7- Animadora
.
.
Ryoma quiso morirse ahí mismo. Entre los silbidos y los aullidos de perro salido de sus compañeros.
No comprendía bien qué era lo que había llevado a la joven de trenzas para vestirse de ese modo tan… sugerente. Pero ahí estaba.
Una camiseta de tirantas que le quedaba por encima del ombligo, de color blanco y letras azules con el nombre de la escuela. En cada mano dos pompones con mezcla entre azul, blanco y negro. De su cintura caía una mini faldilla tipo reglas azul con filos blancos. Las piernas al aire.
Movió los pompones sin ánimo e hizo un giro que dejó ver su ropa interior, blanca, por cierto.
Ryoma apretó los dedos sobre la visera de su gorra y tragó.
—¿Qué tal, Ryoma-sama? — chilló tan estridente como siempre Osakada—. ¿Te gusta el modelito?
Un chico respondió por él.
—¿A quién no le gustaría, Osakada? — rió—. Pero la próxima vez, vístete tú así, que ella tiene poca pechonalidad.
—¡Cállate, imbécil! — gruñó sorpresivamente la apodada serpiente, invistiendo al tipo y obligándolo a retractarse.
Ryoma continuó con la mirada fija en las rodillas femeninas. ¿Esa condenada forma de vestirse era solo por él?
—Ridícula…
Ryuzaki ahogó un gemido. Pudo ver cómo temblaba y giraba sus pies para echar a correr. Luego fueron empujones y a Osakada gritándole que era un grosero y que Sakuno había hecho el esfuerzo por él.
A Ryoma no le importaban esas cosas.
Logró zafarse de todo aquello a riesgo de dejar caer su ponta y caminó hacia los árboles, con la raqueta bajo el brazo y las manos en los bolsillos. Por algún motivo, no podía quitarse de la mente la visión de Ryuzaki vestida de animadora. Delante de TODO el mundo.
Se detuvo tras un árbol para buscar el mejor para poder echarse una siesta, justo cuando la escuchó. Encogida sobre sí misma y gimoteando. Se había soltado el cabello para que nadie viera su rostro y se abrazaba a sí misma.
Increíblemente la molestia había pasado al verla así. Se acercó, poniéndole la gorra encima y después, la chaqueta.
—Simplemente, no dejes que otros te vean así.
Y sin dar más explicaciones, se marchó.
Cuando llegó su hora de jugar, Ryuzaki estaba allí. Vestida con el uniforme y los pompones. Sonreía y tenía su gorra puesta. Ryoma no pudo perder. No podía.
Tenía la mejor animadora con él. Sin necesidad de enseñar carne.
¡Nos vemos en el próximo!
