Albino fue en dirección casi opuesta a la de Rayo; es decir al Claro de los Lobos, donde se hallaba el acceso al Robledal: un puente sobre el río.
Sentado en el centro del anillo irregular que formaban los Hongos convocó a sus compañeros con un largo aullido y esperó. Dos Lobos de piel blanca llegaron en primer lugar.
-Buen día, hermano mayor... Buen día, hermano menor. -Eran efectivamente sus dos hermanos.
El primero lucía unas muñequeras y una correa que formando un arco encerraba a cada lado de la cara parte de la boca, un ojo y una oreja. Pasaba luego por detrás de ésta y se unía con el otro extremo y la parte media de la correa entre la nariz y los ojos.
Desempeñaba la función de Cazador.
El menor usaba simplemente un collar y un par de muñequeras, todos de metal.
-Buenos días a todos... Terruño, Pardo, Ceniza... Cepillo, Rastreador... Tostado, Venteador. -Los saludó a medida que iban llegando: el primero, con manchas oscuras en la espalda y en el cuello; luego uno de color enteramente pardo, uno marrón claro con una especie de crin que empezaba entre las orejas y llegaba hasta el extremo de la cola, uno que se encargaba de seguir los pasos de las presas que buscaban, uno de pelo negro en la espalda y marrón Siena en el resto de la piel, y uno cuya función era avisar de un peligro o de alguna presa.
Casi todos lucían correas y brazaletes, como el hermano mayor de Albino. Ceniza había sido en sus buenos tiempos el mejor Rastreador. También había dirigido la Manada por varios años más que la mayoría de sus compañeros. Cepillo, por su parte, era el más fuerte y salvaje de todos ellos; pocas cosas le gustaban tanto como enfrentar y vencer a la Anaconda más grande que pudiera encontrar.
Y hasta el momento siempre había ocurrido así.
Los Lobos rodearon a Albino, el cual le preguntó a su hermano menor.
-¿No viene ninguno más?
-No; los demás están allá, con las Lobas.
-Bueno, quería ponerlos al tanto de todo lo que pasó desde mi viaje a la Ciudad.
"yo acompañé a Destructor y a un Perro a lo que conocen como "Callejón de los Gatos". Allí hubo un enfrentamiento: yo contra un Gato joven, y Destructor contra el padre de una Gata a la que el Perro persiguió... y mató de un mordisco en el cuello. -Todos los Lobos dieron visibles señales de asombro.
-Pero deben saber que antes de eso había visto herida a Lucero; y cuando Destructor me contó lo que le había dicho el Mastín, decidí ayudarlo en su plan.
"más tarde yo estaba con aquél, y con la idea de ir a buscar al Gato joven, pero fue él quien me encontró y... Bueno, por mi aspecto pueden imaginarse lo que pasó; en tanto que una Serpiente daba cuenta del fiero Destructor. -Otro remolino de murmullos recorrió el Claro de los Lobos.
-Poco después vi a Lucero acosando al Gato; entonces la detuve y le dije que él no tenía la culpa de nada. En ese momento -no me acuerdo cómo-, salió a la luz un asunto que a ella no le convenía que yo supiera. Así me enteré que había motivado a Rayo a tener relación con ella.
-¿Qué...? -Se escandalizaron los hermanos de Albino y varios Lobos más.
-Al oír eso la eché de mi lado. Luego hice las paces con el Gato, y ahora estoy con él y con la Serpiente que mencioné.
Algunos ya lo miraban de reojo; otros hablaban en voz baja entre ellos, o se quedaban mirándolo, serios y tristes.
-Pero aún hay más... -continuó sin hacer caso de lo que oía y veía. -Aparte de habernos hecho amigos, los tres integramos un grupo en el que cada quien aprende un Idioma Universal, que puede ser el de la Voluntad o el del Amor, para incorporar luego la Corriente Espiritual relacionada con el lenguaje que eligió.
Sus dos hermanos abrieron aún más los ojos; Cepillo, Tostado y Rastreador se miraron entre ellos mientras Ceniza daba a entender con un gesto que a su amigo le faltaba un tornillo.
Este, sin embargo, continuó: -Yo elegí el Idioma de la Voluntad, por lo cual, hoy, ¿…?
Todos sus compañeros se alejaron; unos pocos volvieron la vista hacia él.
-¡Vuelvan acá, ignorantes! -Estalló el Lobo blanco... Pero ya Rastreador y Pardo, que habían quedado rezagados, cruzaron la línea de árboles abandonando el Claro.
El corazón de Albino suspiró, muy hondo.
Casi al anochecer, dejó el Terreno de caza donde había ido a comer, y luego de atravesar los Bosques Blanco y Abierto junto con el Prado, entró a la Ciudad por el Pre-Bosque del Sur.
Mientras tanto, en el Callejón de los Gatos, alguien subido al techo de una de las casas esperaba por ver regresar a Rayo.
Sin saber que él había vuelto brevemente antes de reunirse con Albino y Collar, la Gata Siamesa permaneció allí en romántica vigilia.
De su vida nadie sabía demasiado -fuera de su nombre, Turquesa-; todos sabían una u otra cosa.
Las Ratas podían contarle a cualquiera que preguntara por ella, que le estaban agradecidas por no incluirlas en su dieta. Si el eventual investigador continuaba la encuesta en el Sector Viejo, podía saber de fuentes confiables que había estado entre dos y tres años alternando con los Conejos, las Comadrejas y los Armadillos.
Los Conejos le darían el dato de su procedencia extranjera, y los Armadillos le contarían que se sentía más a gusto con ellos que con los demás grupos del Sector Viejo y de la Ciudad, excepción hecha quizás de las Ratas.
Los Zorros le hablarían de su inteligencia casi sobrenatural, en tanto que las Comadrejas le dirían todo esto, y algunas cosas más que hubieran llegado a escuchar.
En el pueblo de los Perros se enteraría de casos en los cuales había ayudado a un Conejo o a un Perro a escapar de algún Zorro demasiado abusador. No sabían nada de ella ni las Serpientes ni los Lobos, pues desde su llegada había vivido únicamente en la Ciudad.
Por último, los Gatos -su propia gente- le darían al investigador unos cuantos datos particulares sobre el lugar donde vivía (una casa de artículos milagrosos del Sector Moderno); su edad, siete años; y su cultura: había contribuido a mejorar en este aspecto a la mayoría de los que vivían en la Ciudad.
Eran muy pocos los que sabían que su verdadero nombre era Ileana (ILEANA)Clelia Turquesa Isolda Sofía, que consideraba unas exquisiteces el strudel y las trufas con chocolate y café, que respondía con largos maullidos al ruido de las bisagras creyendo que se trataba de Gatos fantasmas, que conocía varios idiomas, que reconocía los significados de más de ochenta mil palabras, y que tenía un signo tatuado por debajo de la cinta celeste que adornaba su cuello.
Este signo tenía una clave relacionada con los números que, si bien era simple, sólo ella conocía su secreto y sus alcances. A un Chihuahua muy querido -en circunstancias muy especiales- le explicaría más adelante y únicamente a él, la utilidad de las distintas combinaciones numéricas.
Hasta el momento, del significado de las letras y del verdadero uso de los números nunca había hablado, pero al parecer estaban ubicados según el resultado que arrojaban sumados entre sí.
Empezando por la estrella, el 1, sumado a sí mismo = 2; después, siempre tomando al 1, se obtenía: 1+3= 4; 1+4= 5; 1+5= 6; 1+6= 7; 1+7= 8.
Las puntas de la estrella arrojaban otros resultados: 4+5= 9; 5+6= 11; 7+8= 15; 8+4= 12.
(nótese en todos los casos la ubicación de las cifras y sus resultantes).
Luego, estudiando las distintas operaciones con los del círculo externo (22= 20+2 / 17+5 / 14
+8, o: 13 = 8+5 / 7+6 / 9+4, etc.) se notaba que los números formaban un triángulo en cuyo vértice estaba el resultado.
Otro tipo de operaciones estaba dispuesto en línea, como por ejemplo 22= 16+6.
...Pero tanto el secreto de las combinaciones numéricas, como la utilidad de las sumas, pertenecían al misterio y a la filosofía de Turquesa.
Algo más fácil de notar era su conformidad. En general, sentíase conforme con todo... Pero bastaba con que algo la perturbara, para que se sumiera en un estado sombrío del que tardaba en salir; era una característica común a los Siameses.
Sin embargo, de momento era simplemente Turquesa; simplemente enamorada y aguardando a Rayo.
