Hello~!

Disculpen la demora, este capítulo fue un poco difícil de escribir por que tenía que tener en cuenta várias cosas y había mucho que quería agregar, aún siento que me faltaron cosas, pasa que lo pensé tanto que al final hice una mezcla de todo lo que se me ocurrió y ¡BOOM! salió este cap xD A pesar de eso me gustó el resultado y espero que a ustedes también. Como siempre muchisimas gracias por sus comentarios y visitas, espero que disfruten su lectura! ^^

Sorry for the wait, this chapter was a little difficult to write 'cause I had to consider a lot of things and I wanted to add many things to it, I still feel like I'm forgetting something, but I thought about it so much that in the end I just mixed everything and ¡BOOM! the chapter was done xD Still I liked the result and I hope you like it too. As always thank you so much for your kind words and views, I hope you enjoy your reading! ^^

Disclaimer: Inazuma Eleven/GO no me pertenecen.


Continuamos entrenando todos los días para alcanzar nuestro objetivo: participar del campeonato de fútbol. Nuestros esfuerzos dieron frutos cuando vencimos a Teikoku en las finales del distrito, clasificando como el equipo que representaría el distrito de Kanto en el campeonato. Nos tomamos las primeras horas del entrenamiento de hoy para practicar una nueva técnica que aprendimos en nuestro partido contra el equipo legendario de Raimon: Honoo no Kazamidori, mi primer técnica con Gouenji. Repetimos el tiro una y otra vez como nos lo ordenaba nuestro entrenador Hibiki, ante la atenta mirada de Kageno, quien nos ayudó a perfeccionarla y las palabras de aliento de Endou que se escuchaban por todo el campo a cada gol. Poco después interrumpimos el entrenamiento debido a la llegada de nuestro director, quien se tomó la molestia de hace un poco de tiempo en su apretada agenda para acercarse a felicitarnos por nuestro desempeño en el campeonato entre distritos y expresar sus altas expectativas sobre el equipo una vez que comience el campeonato oficial. Pensamos que su visita sería breve, pero al llegar a nuestro club descubrimos que en realidad había un segundo motivo por detrás.

La oferta de tener un lugar más grande y moderno en el cual reunirnos y guardar nuestros equipos sonó tentadora, pero nadie pudo evitar sentirse conmovido al ver los recuerdos del antiguo equipo de Raimon escrito en las paredes del club. La mezcla de esos recuerdos y los nuestros, que pese a que fueran pocos, no dejaban de ser valiosos, fueron los que nos hicieron darnos cuenta de que no necesitábamos un lugar más grande, ya que no sería tan significativo como lo era nuestro pequeño espacio frente al campo de fútbol. Luego de agradecer la oferta de nuestro director, nos despedimos y regresamos al entrenamiento. De camino, varios alumnos se asomaron por las ventanas de sus clases y pasillos para dedicarnos palabras de aliento.

—¡Kazemaru! —Me detuve al oír que alguien me llamó, en ese momento vi pasar al equipo de atletismo. Uno de sus miembros se alejó del grupo y se acercó a mí.

—Miyasaka, ha pasado un tiempo, ¿cómo va el entrenamiento? ¿Te está yendo bien? —asintió alegremente.

—¿Tú también estas yendo a entrenar? —asentí—. ¿Cuándo piensas volver al equipo? —El tono alegre que usó al preguntármelo hizo con que me sorprendiera aún más—. Vamos, dijiste que solo los ayudarías por un tiempo.

—Ah sí, eso dije…

Vi pasar a Endou por detrás de él, se detuvo unos instantes antes de bajar al campo y llamó mi atención para que lo siguiera, pero tuve que disculparme y pedirle que comenzaran sin mí, ya que tenía algo que hacer antes. Sabía que mi encuentro con Miyasaka duraría un poco más que una charla de algunos minutos. Ambos comenzamos a caminar en dirección al campo de atletismo. Al llegar, varios miembros del equipo se acercaron a saludarme y preguntarme como estaba, ya que desde que me había unido al equipo de fútbol no nos habíamos visto muy seguido. Tanto mis superiores como mis juniors me llenaron de halagos, no dejaban de decir que gracias a mí el equipo había sido capaz de clasificar para participar en el campeonato. Traté de explicarles que no se trataba únicamente de un logro mío, sino que algo que todos conquistamos, ya que hay muchos otros jugadores excelentes en el equipo a los cuales atribuirles nuestras victorias, pero aun así, para ellos, quien estaba al frente del equipo, dándole una ardua batalla a nuestros enemigos, era yo. Me sentí feliz al reunirme con ellos, extrañaba nuestras charlas y lo bien que la pasábamos juntos.

—¿Cuándo vas a volver a nuestro equipo? —otra vez esa pregunta. Para mí suerte Miyasaka se interpuso y no tuve que responder. Luego de haber sido blanco de un par de bromas, propuso que compitiéramos en una carrera.

Dudé un poco, se suponía que debía regresar al entrenamiento, pero me moría de ganas de volver a correr con ellos.

—«Solo una vez, no vamos a demorar mucho».

Nos colocamos en posición y esperamos hasta que uno de los miembros diera el disparo de partida. Al oírlo, un único pensamiento tomó cuenta de mí: llegar a la meta. Fijé la mirada hacia el frente, ignorando todo lo demás. Mientras corría pude revivir todas aquellas sensaciones que solo la pista de atletismo era capaz de proporcionarme, era como si estuviera corriendo en una competencia oficial nuevamente, en aquel momento el equipo dependía de mí para ganar y no pensaba fallarles. Me sentí un poco confundido al no oír gritos de victoria cuando pasé la meta, fue entonces que me di cuenta de que apenas estábamos compitiendo amistosamente y no estaba en una competencia oficial, como había imaginado. Me sentí un poco tonto por dejarme llevar de esa manera, pero no podía evitarlo, amaba correr.

—Ese es nuestro Kazemaru, eres muy rápido. —Miyasaka se esforzaba por hablar mientras intentaba recobrar el aliento.

—Ustedes están fuera de forma. —Uno de nuestros compañeros se acercó a nosotros.

—¿Cómo pueden dejarse vencer por Kazemaru, quien dejó de entrenar para ir a jugar fútbol?

—Puedes decir eso… pero la verdad es que Kazemaru se ha vuelto aún más rápido que antes.

—Es cierto, también lo notamos. —Uno de mis superiores se dirigió a mí—. Has estado entrenando mediante el fútbol, ¿no?

—Los entrenamientos son bastante pesados, así que se podría decir que sí. —En verdad lo eran, si me había vuelto más rápido, era debido a la exigencia.

Miyasaka expresó su alivio al ver que mi forma al correr seguía intacta, cuando los demás le preguntaron la razón detrás de su comentario, dijo que tenía miedo que hubiera olvidado como correr al estar tanto tiempo lejos del equipo. A uno de nuestros compañeros le causó gracia y agregó que no sería un corredor de primera clase si mi forma fuera algo que se pudiera perder tan fácilmente. Mentiría si dijera que su comentario no me afecto, al contrario, lo hizo de tal manera que apenas pude escabullirme para no tener que responder la última pregunta de Miyasaka y regresar al entrenamiento del equipo. Me afectó tanto que todos los tiros de práctica que hicimos con Gouenji, a diferencia de los anteriores, se desviaron del arco.

Mamá tuvo que salir a comprar unos ingredientes que había olvidado, los cuales, según ella, eran esenciales para la cena de esta noche, así que para no dejar a Kirino solo, tomé mis libros y bajé a la sala para terminar la tarea, mientras él hacía lo mismo. O al menos eso intenté. No dejaba de recordar lo sucedido esa tarde: mi encuentro con Miyasaka, la visita al club, nuestra carrera, los comentarios de los chicos y mi desempeño desastroso cuando regresé al campo para continuar con el entrenamiento. No podía ahuyentar sus palabras de mi mente. Es cierto que en un principio me había unido al equipo de fútbol para ayudarlos en su primer partido, mi intención era hacerlo de forma temporaria, siempre lo fue. ¿O no? Lo cierto es que había perdido la noción del tiempo y ahora me encontraba prestes a participar del campeonato que Endou y los chicos tanto anhelaban conquistar.

—«Pero a nadie le importará si regresas al equipo de atletismo, ¿no?»Huir había sido lo único que pude hacer.

«Claro que les importará». —No podía dejarlos ahora, no podrían participar en el campeonato sin mi ayuda, ellos aún me necesitaban y debía quedarme—. «¿O no? Ahora tenemos a Gouenji, además Someoka también ha mejorado bastante. Sus habilidades son más que suficientes para sacar al equipo adelante».

Eso sería cierto si el fútbol fuera un deporte que dependiera de una única persona, pero no era así, cada uno de nosotros era importante, cada uno, incluso los reservas, aportaba su grano de arena.

Además, no solo éramos compañeros de equipo, éramos amigos y eso hacía con que cada logro y cada victoria se sintieran tan bien. No quería tener que dejarlos, pero por otro lado también extrañaba a mis amigos en el club de atletismo. Me había sentido realmente feliz al reunirme con ellos y recibir su apoyo para el campeonato, pero, ¿y si en verdad todo era una fachada? Miyasaka no estuvo de acuerdo en que me fuera, así que su actitud no me pareció extraña, pero ¿y si me estaba pidiendo que volviera por que el equipo me necesitaba? Estaba seguro que de ser así, Maya nunca me lo diría. ¿Y ahora, que debía hacer?

—Kazemaru. —Kirino me miraba preocupado—. ¿Estás bien? —Extrañé su pregunta.

—Sí, ¿por qué preguntas? —Señaló mi cuaderno antes de responder.

—Desde que llegaste estas mirando tu cuaderno, pero aún no has escrito nada. —Eché un vistazo y era cierto, mi hoja seguía en blanco.

—Ah sí, estoy un poco distraído. —Sonreí algo apenado. Pensé que mi respuesta sería suficiente para que continuara lo que estaba haciendo, pero lo único que hice fue llamar aún más su atención. Me miraba fijamente, esperando a que continuara—. Estaba pensando en el equipo.

—¿Por qué?

—No es importante. —Kirino infló los cachetes y me miró enojado.

—Si lo es, ¿por qué no me quieres contar? —Era difícil sentirse intimidado ante su carita, se veía tan gracioso, me hacía recordar a una ardilla enojada. No quería hacerlo enojar aún más así que hice un esfuerzo para contener la risa y en su lugar le sonreí.

—Hoy me encontré con un amigo del club de atletismo y me llevó a visitar al equipo. —Sus cachetes se desinflaron y se acomodó en su lugar. Me miraba atentamente con los ojos bien abiertos—. Tanto él como los demás miembros me preguntaron cuando regresaría al equipo.

—¿Regresar? ¿Por qué?

—Cuando dejé el equipo dije que lo haría por un tiempo, hasta que el equipo de fútbol consiguiera miembros suficientes

—¿Pero tú quieres volver al equipo? —Me quedé en silencio, aún no tenía una respuesta a esa pregunta—. Pensé que te gustaba jugar al fútbol, ¿ya no te gusta más?

—Me sigue gustando.

—¿Entonces? —La inocencia en su mirada me hizo pensar que quizás el problema no era tan grave como pensaba—. Si te gusta tienes que seguir jugando.

—Lo sé, pero también me gusta correr. —Fijé la mirada en mi cuaderno—. Ese es el problema, me gustan ambos, no puedo elegir uno. —Apreté el lápiz con firmeza. Después de todo no era una decisión fácil.

—Hmmm... Difícil, difícil… —Alcé la mirada hacia él, se había cruzado de brazos y tenía el ceño fruncido mientras miraba su cuaderno.

La escena me pareció cómica, nunca antes lo había visto tan concentrado. De pronto cogió un lápiz, cambió un par de hojas y comenzó a dibujar. Intrigado, me apoyé sobre la mesa y me incliné para ver mejor. Primero dibujó un muñeco con cabello largo, bajo el cual escribió mi nombre, a su lado dibujó otro muñeco y al terminarlo, giró hacia mí para preguntarme el nombre de mi amigo, como era un poco difícil, lo ayudé a escribirlo y le dije que llevaba el cabello un poco debajo de los hombros, detalle que agregó al dibujo. Luego dibujó un balón de fútbol a la izquierda, sobre nuestros muñecos, y a la derecha unas líneas que representaban la pista de atletismo.

—Whoa recreaste a la perfección mi historia, eres un gran artista. —Se sonrojó un poco, después cogió un lápiz de color y comenzó a trazar dos líneas, una uniendo mi muñeco a la pelota y la otra a la pista.

—A ti te gusta el fútbol y el atletismo. —Me miró y asentí, luego miró nuevamente el dibujo—. Y a tu amigo solo el atletismo —asentí mientras trazaba una línea desde el muñeco de Miyasaka hasta la pista. Luego de trazarla se tomó unos segundos para pensar antes de volver a mirarme. Me sorprendió un poco que llegara a una conclusión tan rápido—. ¿Por qué no lo invitas a jugar contigo?

—¿Eh? ¿Invitarlo a jugar fútbol? —asintió.

—A veces en el jardín alguien quiere a jugar a las escondidas, pero hay chicos que prefieren jugar a la rayuela —asentí para demostrarle que estaba siguiéndolo atentamente—. Cuando eso pasa, hacemos que cada uno juegue un turno y después elija a que quiere jugar. ¿Tú amigo ya jugó al futbol? —No recordaba que lo hubiera hecho, así que negué con la cabeza. Kirino sonrió y trazó una última línea en el dibujo antes de girar el cuaderno hacia mí—. Entonces invítalo a jugar. —Sonreí ante la simplicidad de su respuesta. Kirino había logrado responder, en cuestión de minutos, algo que llevaba casi medio día intentando solucionar.

—¿Entonces no te parece que debo ser yo quien elija a qué jugar? —negó.

—A ti te gustan ambos juegos, pero él solo conoce uno y es él quien quiere que dejes de jugar al fútbol. —Miró su dibujo por un instante y luego a mí—. No es justo que un amigo le diga a otro que deje de jugar a algo que le gusta solo porque a él no le gusta o porque nunca lo jugó. —Él tenía razón. Sonreí mientras acariciaba su cabello.

—¿Es así como solucionas los problemas en el jardín? —Sonrió de oreja a oreja—. Eres un gran mediador. —La palabra que usé lo confundió un poco pero la olvidó en seguida, enfocándose nuevamente en el problema que acababa de solucionar.

—¿Entonces lo vas a invitar a jugar juntos?

—No creo que quiera jugar, pero talvez acepte ir a ver el primer partido del campeonato. —Era más probable, ambos estábamos ocupados con las clases y nuestros equipos, así que esperar a que tuviéramos un poco de tiempo libre para jugar solo retardaría las cosas y esto era algo que debía solucionar lo antes posible.

—Gracias Kirino, no sé qué habría hecho sin tu ayuda. —Sonrió tan ampliamente que sus ojos se cerraron—. ¿Ya terminaste la tarea? Si mamá llega y ve que aún no lo has hecho va a enfadarse. —Intenté intimidarlo pero lo único que recibí fue una mirada despreocupada.

—La terminé poco después que llegaste, el que va a tener problemas eres tú. —Me sentí un poco avergonzado.

—Tienes razón, pero estos ejercicios son taaaan difíciles… —Hice una mueca de tristeza— No creo que los termine a tiempo. —Miró preocupado mi cuaderno, el reloj de pared de la cocina y después a mí.

—¿Quieres que te ayude? —Lo miré con mi mejor cara de cachorrito.

—¿Lo harías?

Ni bien terminé de preguntárselo, asintió y tomó lugar junto a mí para poder ver mejor mi cuaderno y empezamos a leer juntos los ejercicios. Kirino, por más que no lograra entender algunas cosas, se esforzaba por ayudarme. Por momentos le pedía que me alcanzara algún libro o que lo abriera en alguna página específica, la rapidez con la cual lo hacía, intentando no desperdiciar cada segundo —los cuales controlaba a cada tanto en el reloj— me pareció adorable. Mamá no entendió por qué chocamos los cinco cuando entró a la sala, pero se percató de que se trataba de algo entre nosotros y simplemente nos dijo que guardáramos nuestros materiales y la ayudáramos a terminar de cocinar.

Al día siguiente salí de casa temprano, quería pasar por el campo de fútbol que estaba a la orilla del río antes de ir a clase. Aún estaba un poco preocupado por lo que había sucedido el día anterior así que practiqué unos dribles y tiros para calmarme. Miyasaka llegó poco después y se acercó a mí para que charláramos, así que nos sentamos frente al río.

—¿Estás seguro de esto? ¿No llegarás tarde a la práctica matinal?

—Está bien, me quedaré solo un poco.

Comencé a contarle como me sentía al respecto de nuestra charla, pero antes de que pudiera terminar, me interrumpió, pidiéndome nuevamente que regresara al equipo. Los argumentos que usó eran los mismos en los cuales había pensado: el equipo ya tenía miembros suficientes, ya había hecho mi parte. Insistió en que regresara, pero aun así me negué. No podía regresar, no quería dejar el equipo.

Traté de explicarle mis razones para quedarme, el deseo de jugar contra jugadores más fuertes y volverme más fuerte en el proceso y aunque me dijera que podía hacer lo mismo en atletismo, era diferente, le expliqué que aún había muchos jugadores fuertes que debía conocer. Después de habérselo dicho, él volteó hacia un lado, sabía que mis palabras lo habían herido, aunque no fuera esa mi intención, no pude evitar sentirme mal.

—Hablas como si ya no te importara el atletismo, nunca pensé que te oiría decir eso. —Estaba decepcionado, pero una vez más juntó fuerzas para mirarme e implorarme nuevamente que volviera—. ¡Por favor regresa, corramos juntos de nuevo! —Recordé las palabras de Kirino.

—Miyasaka, el campeonato nacional comienza mañana, ¿podrías ir a ver el partido? Quiero que me veas jugar. —Si las palabras no bastaban, talvez verme jugar lo ayudaría a entender cuán importante es para mí el equipo. No pareció gustarle la idea, pero al ser un pedido mío, aceptó.

Como ya se había quedado tiempo suficiente, se despidió haciendo una reverencia y se alejó. Poco después escuché como alguien más se acercaba. Endou colocó su balón a mi lado y se sentó sobre él. No me molestó que escuchara mi charla con Miyasaka pero me aseguré de corregirlo cuando se echó la culpa por lo que había pasado. Él no era el culpado, sino yo. Hablamos un poco sobre lo sucedido, como él siempre me había considerado un miembro permanente del equipo, olvidando por completo el hecho de que me había unido temporariamente. Recordé la fiesta de bienvenida que me hicieron y lo feliz que estaba de tenerme en el equipo. Tal vez fue su alegría y los buenos momentos que pasamos juntos los que me hicieron olvidar que sería algo temporal.

—¿Vas a volver?

—No lo sé, tanto ustedes como ellos son importantes para mí, siento que si escojo a uno estaría traicionando a los demás.

—Creo que sea cual sea la decisión que tomes, será la mejor. Continúa pensando en ello hasta que estés satisfecho.

Alcé la mirada hacia él cuando sentí su mano en mi hombro, apenas pude ver su sonrisa ya que unos segundos después perdió el equilibrio y cayó sentado a mi lado, mientras que su pelota rodó hacia el río.