Viktor acomodaba los últimos cabellos que sobresalían de su "peinado perfecto" que a decir verdad, era solo una variante de su aspecto normal. Rizó un poco su fleco hacia la izquierda, y podía jurar, (según él), que era otra persona.

Todo sería tan perfecto e ideal, de no ser por las terribles ojeras que surcaban su pálido rostro. Había pasado la noche casi sin dormir; el hormigueo en su estómago y el saber que el día siguiente por fin tendría una cita con Yuuri hacían que de pronto tuviera un insomnio terrible. No es que pudiese evitarlo de todas formas, nunca había sentido algo igual, e iba a dedicarse en atesorarlo.

Faltaban únicamente diez minutos para que su cita llegase por él, y si no estaba a punto de empezar a comerse las uñas, poco le faltaba. Usualmente, él era el galán que llegaba a la puerta de su cita, rogando para que la experiencia no resultase incomoda y terminase mal.

Sin embargo, con Yuuri jamás sintió esa extraña ansiedad. Ese hombre japonés podía terminar embarrado en lodo, o decir algo totalmente fuera de contexto, incluso quedarse en silencio, pero tenía la corazonada de que él seguiría sintiendo completamente dichoso a su lado.

Su celular vibró indicando la llegada de un mensaje, y como colegiala enamorada, corrió hasta su teléfono para tragar amarga desilusión al ver que solo era un mensaje de Chris.

«Buena suerte campeón, no olvides prepararlo correctamente»

Era una única frase, si una palabra más ni menos, incomprensible para el ruso, no dándole ni siquiera tiempo para preguntar el porqué del mensaje, cuando escuchó el estruendoso timbre de su apartamento. Sabiendo perfectamente de quién se trataba, corrió hacia la puerta para abrirla.

Y Viktor agradecía infinitamente al cielo por regalarle la magnífica vista de un hermoso japonés, vestido casualmente con una camisa a cuadros, bajo una chaqueta de cuero (Que parecía de chico malo, y certeramente, lo adoraba) además de unos pantalones bastante ajustados, marcando sus hermosas piernas y seguramente, su trasero también. No suficiente con lo anterior, llevaba el cabello peinado hacia atrás y sus lentes no hacían presencia en su persona.

Era increíble. Y pensó en que debió haber sido alguien excepcional en todas sus vidas pasadas para ser merecedor de un hombre tan hermoso como Yuuri Katsuki.

— Hola, Viktor — Saludó el japonés con su tan conocido sonrojo rosa palo mientras alzaba una mano hacia el más alto — ¿Estás listo?

El ruso asintió. Listo era su segundo nombre.

En realidad, era Ivanovich, y en realidad, era su patronímico, pero daba igual. Tomó la mano de Yuuri con firmeza y no la soltó en ningún solo momento, hasta que se llegaron al estacionamiento del lote de departamentos y tuvieron que separarse para entrar cada uno al auto de Yuuri.

Viktor inhaló silenciosamente una vez dentro del vehículo, al sentir el olor de su cita impregnado en él y una paz increíble se situó en su corazón, decido a no sentir más nervios, solo dejarse llevar como la marea del océano.

Aunque en sí el camino fue más bien silencio, le hizo feliz comprobar que no era incomodo como se esperaba, dedicando de vez en cuanto miradas furtivas al conductor, hasta que se dio cuenta de que habían llegado a un centro comercial cercano, justo a tiempo para una función de un estreno en el cine.

— Sé que es muy cliché, pero te aseguro que este solo es el comienzo de nuestra cita — Mencionó el japonés mientras lo invitaba a hacer fila para comprar snacks, después de haber comprado los boletos para la película.

— Yuuri, tú podrías llevarme al parque a sentarnos a ver el mundo girar, y estoy seguro de que sería una de las mejores citas de mi vida. — Respondió sin dejar de mirarlo.

El menor naturalmente, no contestó, simplemente tomó la mano del más alto con la suficiente firmeza para indicarle que no se alejase de su lado.

Como todo un caballero, pagó absolutamente todo lo que el ruso había deseado. Claro que este último se había negado en un principio, pero el menor insistió. Que sería el sino una mala cita al dejar que el ruso pagará algo si él mismo era quien lo había invitado, pensó el japonés.

Todo lo demás fue tan rápido, que para cuando se habían dado cuenta, las luces de la sala se habían apagado y sólo eran ellos dos. No la pareja acaramelada y joven de atrás, tampoco el grupo de ruidosas amigas y mucho menos los escandalosos niños junto a sus padres en la parte inferior de la sala.

La película, un estreno bastante reciente, comenzó después de minutos de molesta publicidad. Nada mejor que un clásico de súper héroes, y algo por lo que Yuuri todavía sentía gran emoción en su corazón.

Pero a pesar de que en verdad sentían que no necesitaban palabras, Viktor comentaba la película con Yuuri trivialmente, tratando de emocionarse igual que él y riendo cuando el japonés parecía han emocionado como cualquier niño con su héroe favorito. Tan puro e inocente, como tan corrompible.

De un momento a otro, el frío en la sala comenzó a calarles. Pero aún se sentían lo suficiente avergonzados como para buscar calor en el cuerpo del otro. Viktor notó que en cuanto habían entrado a la sala, el menor se había quitado la chaqueta de cuero que tan bien le quedaba. Se preguntó si no tendría frío o si estaría bien buscar su calor.

La verdad, jamás había tenido una cita similar, pero se abstenía de pensar en ellas por qué no lo necesitaba más. No necesitaba recordar tales experiencias cuando se sentía en la gloria con el hombre al lado suyo. No necesitaba experiencia previa para saber qué hacer, si tenía la intuición y el deseo de estar más cerca de quien pretendía amar con todo lo que tenía.

Así que sin planearlo y sabiendo que nada de lo que pudiera hacer estaría mal, acercó lentamente su mano a la del pelinegro, posada suavemente en el descansabrazos que los separaba. El japonés estaba tan atento a la película que no lo notó hasta que un suave roce hizo su cuerpo hormiguear con fuerza.

Actuó por mero instinto, alejando contraria la mano de él.

Sin dar tiempo para nada más que sonreírle al ruso, mientras quitaba el descansabrazos entre ellos, pasando su brazo por atrás del ruso y atrayéndolo hacia el en un abrazo.

— Tenías frío, ¿no es así? Tu mano estaba muy helada... — Dijo, sacando al otro de su estupefacción.

— Ahora estoy mucho mejor — Contestó, acurrucándose más sobre el pecho del japonés, quien lo sujetó más fuerte contra si al sentirlo tan cerca.

El clímax de la película pasó entre suaves caricias repartidas por el japonés en el brazo de Viktor, pasando desde los dedos de sus manos hasta sus hombros, siempre con una lentitud embriagadora.

Si eso era estar en los nubes, Viktor quería saber que sentía estar entre el fuego con Yuuri.

Y rompiendo la primera regla de una primera cita, Yuuri comenzó a acariciar lentamente el cuello del ruso, haciéndolo mirar hacia él, quedándose absorto en sus ojos aguamarina, y terminado con todo rastro de lejanía entre ambos. Acarició los labios contrarios con los suyos propios en un movimiento tan lento y tan fugaz que el mayor no alcanzó a corresponderle debidamente.

— Yuuri — Jadeo por la sorpresa, sin dar lugar a nada más que el choque de sus labios nuevamente, mucho más fogoso que el anterior y robándole el aire a cada segundo que pasaba. No supieron en que momento, pero cuando recordaron, el mayor ya tenía todo su cuerpo recargado en el japonés, acariciando sus brazos de vuelta y negándose a separarse de él.

Estaban tan absortos en su propio mundo que no se dieron cuenta cuando la película había terminado y los créditos finales surcaban la gran pantalla de la sala.

— Viktor — Llamó Yuuri en cuanto se separaron, ambos buscando aire desesperadamente. — Vamos.

No le dio tiempo de decir nada más, cuando lo tomó del brazo listo para correr escaleras arriba hacia la salida.

— ¿Espera, no quieres ver la escena post-créditos?

— La puedo mirar por internet después, ahora mismo, quiero estar contigo. — El ruso comenzó a reír tratando de decirle que podían verla juntos, pero el japonés fue más rápido y lo llevo de la mano rápidamente hasta el estacionamiento del centro comercial.

— ¿Porque la prisa? Yo no tengo planeado escapar de ti... — Mencionó Viktor mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

— Quiero mostrarte algo... — Respondió el japonés con simpleza mientras encendía el motor del auto.

— Por favor dime que es a ti desnudo.

— ¡No! — Río el japonés, mientras aceleraba por la carretera — Aún no puede ver eso, señor Nikiforov.

— ¿Y cuándo podré verlo?

— Cuando sea nuestra décima cita.

— En ese caso podemos terminar esta primera cita ahora mismo y tener las próximas nueve en lo que queda de la noche — Respondió el ruso, riendo mientras admiraba a Yuuri conducir.

— Lo pensaré.

OoOoOoOoOo

Yuuri había conducido alrededor de media hora, cuando el ruso notó el paisaje que se alzaba frente a él.

No había rastro alguno de oscuridad, probablemente eran pasadas las 8 de la noche pero el cielo seguía viéndose tal como si apenas fuese el comienzo de la tarde. Una noche blanca*, notó, sus favoritas para apreciar el paisaje y algo que había olvidado admirar por mucho tiempo.

Pararon el auto cerca de una zona despejada, parecida a un prado y llena de girasoles, cuyo movimiento se balanceaba por el aire aún fresco, un paisaje verdaderamente hermoso y al que con un gesto suave, el japonés invito al ruso a entrar.

— Te dije que la película solo era el comienzo — Comenzó a decir Yuuri, mientras extendía una manta celeste en la parte más despejada del prado — Seguramente, tú habrás visto ya cientos de noches blancas, pero yo no, y quería compartir este momento contigo.

— Ninguna tan especial cómo ésta — Respondió Viktor, sentándose junto él — Ninguna que me hiciera sentir tan especial, para ser exactos.

— Si hubieses venido antes, podríamos haber visto juntos los fuegos artificiales, pero nunca le di importancia a donde estuviésemos, con tal de estar juntos. — Comenzó a decir Yuuri, mientras se encargaba nuevamente de abrazar al ruso — Nunca le di importancia por qué jamás pensé que alguien como tú quisiera estar con alguien como yo.

— Yuuri...

— Eres tan perfecto para mí, ¿lo sabes, Viktor? Daría lo que fuera para ser alguien especial para ti.

— Yuuri.

— No creo merecer a alguien tan hermoso.

— ¡Yuuri! — Gritó Viktor lo más suave que pudo, abalanzándose sobre el para besarlo una, dos, tres veces más hasta que pudo sentirse tranquilo con respecto a lo que el japonés acababa de decir — Creo que te estás equivocando, yo debería ser quien diga esas cosas horribles que hablas. Yo soy el solitario hombre que no tiene nada más que un buen empleo, nada más que eso. Hasta que llegaste tú, y pusiste mi mundo de cabeza. Me pusiste a mí de cabeza.

— ¿Y eso es malo?

— Claro que no, tonto. Tú ya eres especial para mí, y no necesito nada más.

— Pero... — Comenzó de nuevo el japonés, para ser callado de vuelta por el ruso.

— Pero nada, Yuuri. Quiero intentarlo contigo, quiero saber que se siente amar a alguien por sobre todas las cosas, quiero serlo todo para ti.

— Yo también quiero eso... quiero ser suficiente para ti.

— Tú ya lo eres — Respondió el ruso, con el corazón a punto de escapar de su pecho, mientras acariciaba las mejillas del japonés bajo suyo. Perdiéndose en sus ojos castaños y viendo el hermoso cielo a través de sus ojos. — Solo nos falta una cosa.

— ¿Qué cosa? — Preguntó el japonés mientras admiraba al precioso hombre frente suyo, embelesado con sus pequeñas risas y en la manera como el aire revolvía su cabello.

— Algo que debiste haberme pedido desde que nos besamos por primera vez.

— No lo sé — Murmuró el japonés por lo bajo — ¿Las llaves de tu casa? ¿La custodia compartida de Makkachin?

Viktor respondió con un puchero gracioso, dándose la vuelta para ignorar al despistado japonés.

— Era una broma Viktor, pero quería hacerlo especial para ti, si estás tan impaciente puedo pedírtelo ahora. ¿Te gustaría ser... —

— ¿Yuuri, quieres ser mi novio? — Interrumpió el ruso, antes de que el japonés saliera con otra de sus bromas.

Y ahí, fue cuando la confianza del menor cayó. Sus mejillas se tiñeron de rojo intenso, y su boca se mantuvo abierta hasta que fue capaz de articular palabra alguna.

— Viktor yo... — Miró hacia ambos lados, sin saber que hacer por lo sorprendido que estaba. Jamás pensó que Viktor tuviera esa iniciativa, aunque fuera totalmente lógico que el ruso se lo pidiese primero, simplemente, fue repentino para su (normal) vergonzosa personalidad. — P-por supuesto que sí, me encantaría.

Ni lento ni perezoso, el mayor se abalanzó sobre él nuevamente para apretarlo contra sí y besar cada centímetro de piel encontrada a su paso, siendo especialmente cuidadoso en no asustar al japonés bajo suyo con su frenética personalidad. Aunque probablemente, ya lo habría hecho.

Pero estaba completamente seguro, de que no lo dejaría escapar.

— Maravilloso, моя любовь, ahora tengamos nuestras siguientes nieve citas.

OoOoOoOoOo

*Las noches blancas, mayormente dadas en países nórdicos y en Rusia, son un fenómeno atmosférico donde la luz solar puede durar hasta 20-24 horas diarias. En San Petersburgo son motivo de celebración y hay un festival especialmente dedicado a ellas.

* моялюбовь, mi amor

Hola, después de una intensa falta de inspiración regresé para seguir escribiendo sobres mis tontos enamorados favoritos, que claramente, no tienen intención alguna de llevar las cosas lentas, que decir3

Espero que les haya gustado el capítulo, en lo personal, a mí me convenció bastante. ¡Gracias por leer!