Hola!

Aquí tenéis el siguiente capítulo! Capítulo 6: Dilema... Espero que os guste!


Capítulo 6

Dilema

Tras la conversación, Ron le pidió a Lavender que al día siguiente reuniera a sus amigos en el apartamento que ella compartía con Ginny y Luna para poder solucionar las cosas esa misma tarde. Su novia, por supuesto que no tuvo objeciones.

El martes, en la cafetería, Lavender se acercó a sus amigos tras dar un profundo suspiro, pues no olvidaba que ellos estaban enfadados con ella.

—¡Hola, chicos! —les saludó muy sonriente. Todos la miraron entre sorprendidos y molestos porque ella actuara como si no hubiera pasado nada.

—¿Cómo puedes tener tanta cara? —le cuestionó Luna. Lavender se sentó en una de las sillas libres, al lado de Draco, dispuesta a cumplir con el encargo de su novio.

—Luna, tranquila. Sé que mi modo de llevar todo el asunto de Ron no ha sido el mejor pero tengo buenas noticias —les contó Lavender, que vio como todos la miraban incrédulos.

—¿Buenas noticias... tú? —Ginny estaba muy molesta con Lavender y no pensaba dar su brazo a torcer.

—Sí, yo... Después del espectáculo que Ron y yo dimos ayer en la cafetería sabréis que quedé en hablar con él por la tarde —todos asintieron, pues no iban a negar algo que era evidente—. Bueno, pues conseguí que accediera a vernos a todos esta tarde en casa de las chicas.

—¿De las chicas? ¿Ya no vas a vivir con nosotras? —preguntó Ginny al notar que no se incluía en la frase.

—Eso depende de cómo salga todo esta tarde. Yo no soy la que está enfadada sino vosotras. No voy a imponeros mi presencia en vuestro departamento y si decidís echarme no pondré ningún problema. Ron espera veros a todos esta tarde a las seis y media, cuando acabe las prácticas —añadió mientras se levantaba de la silla y se marchaba, dejando a todos estupefactos por la actitud de la rubia.

—¿Y a esta qué le pasa ahora? —intervino Ginny totalmente estupefacta, rompiendo el silencio que se había instaurado en el grupo.

—Ha conseguido lo que quería —afirmó Luna dirigiendo una discreta mirada a Ron, que estaba sentado en una mesa de la cafetería completamente solo.

—¿Qué quieres decir? —le preguntó Neville, mirando a su novia curioso.

—Prefiero no decir nada por si estoy equivocada —Luna le devolvió la mirada a su novio y le dirigió una triste sonrisa.

Harry le dedicó una mirada rápida a Ginny, que estaba sentada a su lado y le cogió una mano en señal de apoyo. No habían dicho nada a sus amigos acerca de su nueva relación pues consideraban que no era el mejor momento para hacerlo. Quizás si todo salía bien podrían dar la noticia en unas horas. Harry le dirigió una sonrisa cargada de esperanza y apoyo y ella se la devolvió, mientras le daba un apretón en la mano.

Esa tarde fue una de las más largas que Ginny había sufrido hasta ese momento. El tiempo transcurría de una forma tan lenta que lograba desesperarla y no paraba de caminar de un lado a otro por la casa, bajo la mirada de Luna.

Los chicos llegaron a las seis en punto tras las prácticas de esa tarde como habían acordado con las chicas. Neville y Harry querían hacer compañía a sus novias y apoyarlas, pues sabían que iban a estar muy nerviosas. Draco, por su parte, estaba muy inquieto por lo que pudiera ocurrir esa tarde y quería dar su apoyo a sus amigas, que sabía estarían más nerviosas que él.

A la hora acordada el timbre de la puerta sonó, provocando que Ginny diera un bote en el sillón que compartía con Harry y Draco. Maldiciendo a ese timbre que siempre conseguía sobresaltarla, la pelirroja se levantó temblando y se dispuso a abrir la puerta.

Al otro lado de ella se encontraban Lavender y Ron. Ginny observó a su hermano bajo la atenta mirada de todos los presentes, que veían todo desde el salón. El recién llegado observó a su hermana con el entrecejo fruncido. Pasaron unos minutos de absoluto silencio tras los cuales Ron relajó la expresión y regalándole una sonrisa a su hermana la abrazó, consiguiendo que Ginny se deshiciera en lágrimas devolviéndoselo. Todos asistieron a ese momento felices y aliviados, pues parecía que Ron estaba dispuesto a perdonarlos. Ginny se separó de su hermano y le hizo pasar al igual que a Lavender.

La pelirroja se dirigió a su sitio en el sofá, sentándose y siendo abrazada por Harry, quien le susurraba palabras de consuelo a la pelirroja. Este detalle no pasó desapercibido para Ron, pero decidió pasarlo por alto de momento, ahora tenía otros asuntos que tratar. Suspiró y se decidió a hablar.

—Luna —habló al fin. La chica se sobresaltó y Neville, que estaba sentado a su lado, abrazándola, la acercó más a él. El pelirrojo se acercó a la pareja sonriéndoles tímidamente y continuó— y Neville... Lo siento muchísimo —eso desconcertó a todos los presentes a excepción de Lavender.

—¿Q-qué? —preguntó Luna asombrada.

—Lo siento, de verdad. Me he portado fatal contigo Luna y contigo también Neville al intentar defenderla... Sé que sólo queríais ayudarme y os estoy muy agradecido...

Luna se levantó de un salto del sofá y se lanzó a los brazos de Ron, que la elevó en el aire, como hacía con su hermana cuando ésta era más pequeña y le dejaba hacerlo sin recibir un golpe después. Luna apreciaba mucho a Ron, le quería casi como si fuera un hermano y le hacía muy feliz que la perdonara.

—Ron, de verdad que lo siento —se disculpó cuando volvió a tener los pies en el suelo, abrazándole más fuerte—. Sé que te fallé, no pude evitar que sufrieras... —se lamentó soltándole.

—No es culpa tuya... Habría sufrido igualmente... Serás una gran psicóloga —le aseguró sonriéndola— pero no se puede evitar siempre el sufrimiento o el dolor y esta era una de esas ocasiones. Aunque podéis ayudarme a salir de él, si estáis dispuestos, claro —dijo mirando a todos sus amigos. Harry soltó a Ginny y se levantó del sillón, encarando a Ron.

—Ronald —el pelirrojo no pudo evitar asustarse un poco cuando el moreno uso su nombre completo, pues sólo lo hacía cuando estaba verdaderamente enfadado con él. Sin embargo, Harry sonreía— Por supuesto que te ayudaremos —y le abrazó.

Después de eso se sucedieron una serie de emotivos abrazos que Ron recibió encantado. Lavender observaba todo en una esquina del salón, en un discreto segundo plano, pues no era su momento de intervenir.

—Por cierto, hermanita... ¿No me dijiste en la cena que no habías vuelto con Harry? —preguntó Ron con una sonrisa pícara. Ginny y Harry se sonrojaron mientras los demás los miraban sorprendidos.

—Y así era cuando te lo dije —murmuró la pelirroja, mientras se miraba los zapatos.

—¿Y ahora? —presionó Ron divertido.

—Ahora la situación ha cambiado —intervino Harry igual de sonrojado que su novia. Ron se acercó al chico con una expresión muy seria que consiguió que el moreno se asustara bastante.

—Harry James Potter, espero que aproveches tu segunda oportunidad, no todo el mundo la tiene —le dijo el pelirrojo, mientras Harry asentía lentamente con la cabeza. Ron volvió a sonreír y lo abrazó—. Me alegro mucho por vosotros.

Se soltó de Harry y llamó con un gesto a Lavender, que se acercó con una sonrisa y le dio la mano a Ron.

—¿Vosotros? —preguntó Ginny sorprendida, pues su hermano siempre había negado tener interés en la rubia. Los aludidos se miraron sonrientes y todos pudieron apreciar como parte del brillo que Ron había perdido en los ojos hacía más de un año había vuelto. Este miró a su hermana y contestó.

—Lavender y yo somos pareja.

El resto de la tarde la dedicaron para contar todo lo ocurrido desde la cena, por qué Ron había decidido perdonarlos, cómo se habían formado las nuevas parejas... Todos estaban muy contentos... todos, excepto Draco que estaba un poco retraído entre tanta pareja, a pesar de que todos le trataban como siempre. En parte estaba feliz, por supuesto. Había recuperado a dos de sus mejores amigos, Ron y Lavender, aunque le incomodaba un poco la idea de que empezaran a salir juntos.

En las sucesivas semanas, Ron se mostró muy feliz y volvía a ser quién era antes de la marcha de Hermione. Lavender lo hacía sentirse querido y especial y volvía a creer en el amor. No, no estaba enamorado de ella, ni mucho menos, y eso era algo que tanto él como la rubia sabían, pero sí que le gustaba, cada día un poco más. A pesar de todo no podía evitar acordarse de Hermione, sobre todo con la llegada de los exámenes finales, pues al finalizar éstos ella volvería.

Las semanas previas a los exámenes fueron de locos. Los chicos apenas se veían, pues estaban muy preocupados y no paraban de estudiar, en especial los chicos y Lavender, quienes se jugaban sus títulos en ellos. A pesar de la falta de tiempo siempre encontraban tiempo para reunirse, aunque sólo fuera en la hora del almuerzo y dejar los libros de lado por unos minutos.

A diferencia de lo que tendría que pasar, con el transcurso de los días y la llegada de la última jornada de exámenes, los nervios de Ron se acrecentaron, aunque todos sabían que no se debía a los exámenes.

—¡Ron, quieres estarte quieto! —exclamó Ginny, interrumpiendo la conversación de sus amigos, pues Ron le estaba sacando de quicio con su movimiento frenético de pierna.

—Lo... lo siento Ginny... Es que estoy un poco nervioso —se excusó el pelirrojo.

—¡Oh! ¿De verdad? —preguntó Lavender, sarcástica. Comprendía el nerviosismo de Ron por la llegada de Hermione pero no podía evitar el estar un poco celosa. Ron le dirigió una mirada culpable, pues sabía que su novia se sentía muy molesta por cómo estaba llevando él toda esa situación. Ella, viendo que su novio se sentía mal por tener esa actitud, le dedicó una sonrisa de comprensión.

—Ron, piensa que sólo te queda un examen y serás libre —dijo Harry, a pesar de saber que eso sólo lo pondría más nervioso y así fue, ya que Ron se atragantó con el refresco que estaba bebiendo.

—Harry, así no ayudas —murmuró la pelirroja.

En ese momento Ginny, al apartar la vista de su novio, vio algo por la ventana de la puerta de la cafetería que la hizo palidecer. Tratando de controlarse, se fue levantando lentamente.

—Si me disculpáis, me voy. —Todos la miraron curiosos— Tengo que ir a coger un buen sitio para el examen —les dijo sonriendo nerviosa.

Se encaminó a la puerta de la cafetería y tras salir por ella se vio atrapada en un gran abrazo que no devolvió. La persona que la abrazaba se separó de ella al percibir que su abrazo no era correspondido, permitiendo a Ginny ver a la chica que destrozó el corazón de su hermano: Hermione Granger.

Ginny no sabía qué sentir al tener a la causante de haber estado a punto de perder a uno de sus hermanos ante sus ojos. Antes de que todo esto pasara, un año atrás, ella adoraba a Hermione, era su mejor amiga... Y la mujer que siempre había querido para su hermano. Era ahí donde Ginny tenía un dilema, pues no sabía cómo sentirse. Ella quería a Hermione pero al mirarla recordaba todo lo que Ron había sufrido con su partida y, aunque era eso lo que más le dolía, no era lo único. Todos habían sufrido con la partida de Hermione... Harry, Neville, Luna e incluso Draco, que se había convertido en uno de los mayores apoyos de Ginny y Hermione cuando tenían problemas con Harry y Ron y necesitaban la opinión de una mente masculina. Todos sufrieron y ella no fue la excepción. En la misma noche había perdido a su hermano y a su mejor amiga y todo por culpa de Hermione y esa estúpida beca.

Hermione fue testigo de cómo Ginny, que parecía inmersa en sus pensamientos, se iba poniendo cada vez más colorada. En ese momento la castaña se vio empujada por su amiga pelirroja hasta la primera sala que encontró abierta, que resultó ser un baño.

La recién llegada estaba estupefacta. Durante todo el tiempo que había estado fuera había mantenido el contacto con Ginny y ella nunca se mostró molesta.

—¿Qué haces aquí? ¡Todavía no ha acabado el curso! —señaló Ginny.

—¡Vaya recibimiento! Pensaba que te alegrarías de verme —dijo Hermione todavía sorprendida por toda la situación.

—¿Alegrarme? Con todo lo que os has hecho sufrir, ¿pensabas que me alegraría? —preguntó Ginny ofendida.

—Bu... bueno... En este año nunca me diste ninguna muestra de estar tan enfadada conmigo.

—Las cosas han cambiado desde que enviaste tu última carta, han empeorado...

—¿Qué quieres decir?

—Cuando te fuiste, sin siquiera despedirte, dejaste a mi hermano totalmente destruido... Se convirtió en una sombre de lo que era y después degeneró en un mujeriego y todo porque no tuviste las agallas de decirle a la cara que te ibas porque no le querías y "no tenías nada que te retuviera aquí" —dijo Ginny haciendo referencia a la carta que le dejó la castaña a su hermano. La pelirroja necesitaba decir todo lo que se había guardado hasta ahora—. Cuando nos enteramos de que volvías nos preocupamos por cómo reaccionaría Ron, pues pensábamos que esto podía acabar de destruirlo por completo... ¡No me interrumpas! —ordenó cuando vio que Hermione abría la boca—. Ideamos un plan, aconsejados por Lavender, para poder decírselo pero todo salió mal. Se enfadó, nos dejó de hablar y nos evitó. ¡Por Dios! Trató a Draco como si volviéramos a estar en el instituto y él todavía fuera ese estirado que se dedicaba a insultarte —Hermione se sorprendió, pues Ron y Draco se habían hecho muy buenos amigos con el paso de los años—. Al final Lavender consiguió explicarle lo ocurrido y nos perdonó pero desde entonces está muy nervioso porque tendrá que enfrentarte otra vez y no sabe si podrá soportarlo.

Ginny dio una gran bocanada de aire tras soltar todo lo que había ocurrido con su hermano a lo largo de ese año, en lo que pudo considerarse como una especie de resumen. Hermione se quedó callada unos minutos esperando a que Ginny se recuperara y así le prestara atención.

—No quería haceros sufrir, Ginny. Simplemente era una oportunidad que no podía desaprovechar, no en ese momento. En cuanto a tu hermano, yo no tengo la culpa de que no acepte que me cansé de ser su juguete.

Ginny se acercó a ella y la abofeteó, ofendida por lo que había dicho de su hermano, pues lo último que él habría hecho sería jugar con ella.

—Aquí la única que jugó, Granger, fuiste tú. ¿Pero sabes lo peor de todo? —Hermione negó con la cabeza, mientras se frotaba la mejilla que había recibido el golpe—. Que a pesar de todo me alegro de verte.

La castaña se quedó totalmente estupefacta cuando vio como Ginny se lanzaba a sus brazos. De todas formas le devolvió el abrazo, aunque no entendía cómo la pelirroja podía ser tan bipolar.

Ginny se alegraba de volver a ver a su amiga y era ahí donde estaba el problema porque sentía que traicionaba a Ron y lo que habían sufrido, tanto él, como sus amigos y ella misma. Ginny se separó de su amiga con lágrimas en los ojos.

—Tenemos que hablar pero ahora no puedo porque tengo un examen —le dijo seriamente—. Escúchame bien. —Hermione asintió, dándole a entender que era toda oídos— No permitas que nadie te vea. Ron tiene su último examen ahora, se juega su carrera y no quiero que suspenda por los nervios que le provocaría el enterarse de que su ex-novia está en el edificio. Cuando suene la campana espera diez minutos, te vas al departamento y me esperas en mi habitación, ¿vale? Toma mis llaves... —dijo mientras le entregaba un juego de llaves que había sacado del bolsillo de su chaqueta—. Por favor no salgas de mi habitación... Lavender está viviendo con nosotras y no quiero que te vea antes de que hablemos.

—¿Qué Brown está viviendo en el departamento? —preguntó Hermione muy molesta.

—Sí, en la que alguna vez fue tu habitación. —Hermione enrojeció de furia.

—¿Dónde están todas las cosas que estaban en la habitación y eran mías? —cuestionó.

—Se las quedaron Neville y Ron... A mi hermano no le hizo mucha gracia pero eran los únicos que tenían sitio y a Neville no le cabía todo en el trastero del departamento que comparte con Ernie y Justin.

—Genial...

En ese momento sonó la campana y las chicas escucharon como pasaban los alumnos, apurados por llegar a sus aulas para realizar los últimos exámenes. Ginny se dirigió a la puerta del baño pero antes de salir se giró para mirar a Hermione.

—Recuerda, diez minutos —y tras esas palabras se marchó, dejando tras ella a una Hermione triste y sorprendida.


Espero que os haya gustado!

Nos leemos!

Besos!

Bye

Nay