Triple actualización este fin de semana, lectores.

Muchas gracias a InatZiggy-Stardust, Asalea19, Mel-Gothic de Cáncer, Kumikoson4, Saragranchester, por sus comentarios y a todos por leer (¡silenciosos, gracias!) Pobre Asmita, abandonado por su condición, sí muy clasista me vi, pero creo que sigue siendo así en la India y bueno, antes supongo que era mucho más marcado.

En esta entrega tenemos de nuevo a Dohko de Libra. Copyright a Kurumada y a Shiri Teshirogi por sus personajes. Adelante y buen provecho.


Dragón

Sus padres estaban muertos para cuando él sintió aquella mirada, muertos en la enredadera de agua en la que se convertía la corriente a mitad de la época de lluvias. Él era muy pequeño para que pueda recordarlos. Le queda apenas una sensación de tibieza, un cuerpo espigado en exceso alrededor de su llanto, unas mantas hechas jirones.

Era su madre, seguro, ese regazo caliente. Era mamá. Ella y su padre murieron colmados de agua y de frío, o eso cree ahora, mirando la cascada luego de su entrenamiento; ninguno pudo liberarse del nudo que forma la crecida del río. Pero no se quedó a solas; su maestro lo rescató.

No le pertenece tal recuerdo. Tiene que leerlo en las escamas del maestro, del dragón que fue hombre antes, muchísimo antes, antes de él, de la cascada, del pueblo que arroja el humo de sus hogares hacia la amplitud del cielo. Antes de estos Cinco Viejos Picos, quizás.

Así, se acerca al larguísimo, helado cuerpo del dragón, para acariciar las escamas que, cree, rodean su corazón. Y después cierra los ojos y se los cubre con ambas manos. Y suspira. Por la nostalgia, porque ese recuerdo es apenas un esbozo conformado por tres o seis pincelazos en el aire, por unos cuantos segundos.

Todavía no avanza más allá de la figura espigada y bajita, del regazo, de la silueta fornida y lejana allá, a la orilla del río. Sí, sus padres aún son un par de víctimas de la inundación anual. Pero pronto eso cambiará. Cuando su maestro alimente su cosmos, convirtiéndolo en una cascada de escamas que rivalice con la que refresca los Cinco Viejos Picos, los verá por completo. Está seguro.

Tal poder vendrá más tarde, en algunos años, o meses, no lo sabe, pero vendrá. Y ese día le dará gusto descubrir que en su regazo habita la tibieza con la que su madre rodeaba a un ser más débil que ella. Y sonreirá al ver en su rostro de niño–adolescente las cejas gruesas y la nariz que le ha legado el hombre que fue su padre.


Próximo capítulo: Kardia.