Capitulo 7.

Estaba despierta, lo sabia, pero no consciente; debía estar sedada, lo suponía, intento mover su cuerpo, imposible, movió los ojos impecablemente de derecha a izquierda, estaba en un hospital, lo dedujo por el olor, le encanta aquel olor a muerte y salvación, condena o salvación, cerro los ojos.

El mensaje doloroso impacto en sus neuronas, su espalda latía como si brazas ardientes reposaran en ella, intento mover su cuerpo, efectivo lo logró, pero dolía, dolía demasiado. La hora, fue su primer pensamiento y en acto reflejo levanto su mano para ver un reloj que realmente no existía, en cambio noto que esta temblaba, sus ojos desorbitados miraron la marca morada de su muñeca, aquello era un presagio para el pasado, sus ojos se llenaron de lagrimas y los recuerdos se desbordaron en ellos.

Lagrimas que caían como un nutrido manantinal, su nariz se aguó, formando un camino mucoso sobre su filtrum labial hasta su labio, sus mejilla se encendieron, de nuevo estaba inconciente de su estado.

- ¿Por qué de nuevo? Cuando va a terminar.


En definitiva el tiempo estropea el cuerpo. Suspiro, allí estaba de nuevo en un hospital, el mismo en el cual prometió mas nunca regresar a sus camillas, donde prometía cambiar su vida y aquella pesadilla.

Tenia el cuerpo adolorido como si de un partió de futbol americano se tratara, pero los analgésicos hacían su efecto. Casi no había dormido desde que despertó de su inconsciencia, se sentía como en los viejos tiempos, aquellos tiempos de pecado y terror psicológico.

Casi muere, cuando escucha a su compañera de cuarto susurrar y luego gimotear y posteriormente llorar como una magdalena, la hacia durmiendo, podía ver a través de la persiana y aquello era como un pelicular de terror, su llanto era asquerosamente doloroso y putrefacto, le dieron arcadas.

Anulando el dolor, se levanto, no traspilló, era de noche, camino lentamente, corrió la persiana y la imagen provoco el vacio del susto en su estomago.

- Dios mio. – Exclamo anonadado.

Ella estaba en un extraño estado, que merecía una foto, aquello seria un éxito.

Tomo la mano en el aire, esperando una reacción, no llego, estaba jodida y estaban jodidos cuando la mano apretó la suya.

Demonios.

No le soltaba, aprovecho que su opresora estaba en extremo de la cama, para colarse el en el otro, el llanto lo angustiaba.

- Na na n ara nana – Empezó a tararear una pequeña sonata, en la cual se quedo dormido en la ultima parte.


- Padre callese, por favor- Suplico por ultima vez

Su padre podría ser una maldición cuando se lo proponía, por que quien carajos llama alas dos de la mañana, para hacer cuentas de la empresa, solo Minato lo hace.

Aunque era agradable el trabajo y la compañía – aunque no lo aceptara – llamarlo a esa hora era una locura, que se la pagaría caro.

Estaba preocupado por Hinata y ya daban para las cinco de la mañana; pasaría un rato dormiría allá un rato y después lo que el destino proponga.

- Naruto ¿ya te vas? – Exclamo Minato

- Si, tengo asuntos importantes – Dijo, saliendo de la habitación.

- Este muchacho, tan inteligente, pero tan animal – Expreso para si Minato viendo lo que había realizado su hijo con maestría.

Secretamente ya se sentía mejor, solo quería molestar y la compañía de su hijo, además de pedirle disculpas a esa pequeña doctora, pero lo olvido, definitivamente los años estaban cayendo sobre él.


Estaba realmente cansado, habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo.

- Tengo que pedirle disculpas a Hinata – Reflexiono mientras iba camino al hospital.

Tenia cosas en mentes, le encantaba la personalidad de Hinata, tan maleable y tan fácil para jugar, aunque no le gustaba sentir lastima por nadie, se veía que había sufrido en esta vida.

Aparcó, se dirigió a la habitación de Hinata, lo que vio le hizo cerrar la puerta rápidamente, correr hacia el estacionamiento y manejar sin rumbo fijo.

Al parecer la historia cliché se repetía de nuevo.

- Que te caiga un rayo Sasuke, que te caiga – Espetó con una oleada de celos.

En quince minutos ya estaba en la casa de Sakura. El portero le abrió la puerta, no saludó, entro a su casa ignorando a los criados que gritaban La señorita esta ocupada, ocupada un comino a él tenia que atenderlo.

Alli estaba Sakura, como una pordiosera, con el pelo graso pegado a la cara, una camiseta que le llegaba a las rodillas, llena de mugre, tintazo y sabe dios que mas. El piso estaba lleno de todo tipo de cosas, desde lápices y marcadores hasta cascaras de mandarina y pedazos de manzana.

- Eres una cochina – Espetó.

- Calma gato, estoy trabajando – Contesto Sakura sentada en su mesa de trabajo, dibujando.

- Necesito desahogarme – Indicó – Ya.

- Siéntate cerca, te escucho – Hizo un gesto vago con la mano para que se acercara.

- De cerca te ves peor – Comentó y se arrepintió de la cara que ella le mostró – Okay.

Sakura hizo un gesto con la cabeza para que hablaba mientras, decidía entre una marcador de color turquesa y uno aguamarina.

- Bueno ya sabes en lo que trabajo y bueno en estos momentos estoy en un trabajo de esos – Dudó por un segundo – Y le he pedido a mi cliente que sea mi novia.

Vio como Sakura lo miro con odio unos cinco segundos y luego prosiguió en lo suyo.

- El punto es que cuando fui a visitarle al hospital Sasuke estaba con ella, acostados juntos. Es como el karma.

Solo se escuchaba, el chirrido del marcador sobre el papel.

- Dime algo, dime que hacer - Casi suplico.

- No la cagues, tienes celos – Balbuceo Sakura

- No estoy enamorado de Hinata, solo me agrada – Atacó.

- Pues la estas cagando, pídele una explicación a Sasuke, el no miente, lo sabes, ya lárgate estas molestando.

- Gracias, Sakura y báñate puerca – Expreso antes de salir.

Hay cosas que nunca cambian, Sakura era una buena consejera, nunca se equivocaba y siempre acertaba, era como una bruja. No es mala como todos creen, solo es una niña consentida y una gran artista, todo junto hacen una persona estúpidamente prepotente y exitosa. Gracias a ella su relación con Sasuke ha durado al pasar de los años.

No fue al hospital.

Fue a casa, a su casa con Hinata.

El olor le pegó en la nariz y la sintió escocer, era su olor.

Camino por el estar y se acostó en el sofá, por un momento pensó en ir a su departamento, el olor lo estaba agobiando, era como decía aquella viejecilla El olor de las personas que se van quedan en el lugar donde vivieron, no un perfume, ni una loción, es el olor de su cuerpo. Inspiro fuertemente, sintió el olor de ella y antes de caer en un profundo sueño recordó como olía las ropas de su madre, intentando imaginarla cerca, sentirla.

- Necesito disculparme contigo – Susurro.

El olor del café le inundó las narices, sus alertas se encedieron, la casa, Hinata, Sasuke, la cocina.

- Despierta rubio estúpido – Le dijeron mientras le tendían un taza de café.

- Buenos días, Naruto – Aquella vos si que la extraño .

- Sasuke, Hinata… Buenos días – Expreso acongojado.

Que mañana tan espeluznante.


Años sin publicar - Estudios que no te dejan vida. Gracias.