Adaptación de "Secreto Conyugal" de Arnette Lamb.

Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.

Lecho Conyugal~

Capítulo 7

Con ese pensamiento gratificante, Sasuke cerró la puerta tras de sí y examinó los alrededores.

Fairhope Tower, construida de acuerdo con el diseño concéntrico moderno, se elevaba sobre un montículo.

A los pies de la colina, en lugar de un foso, un sendero cubierto de paja rodeaba la torre. Más allá de la carretera y rozando los gruesos muros, había una hilera de casas con postes y vigas de madera, tan nuevas que todavía no se combaban. Las chozas de los comerciantes y los puestos de los mercaderes se entremezclaban con las viviendas. Los barracones de los soldados componían el edificio más grande.

Estaban flanqueados por una próspera herrería a un lado y los establos al otro.

En el exterior del muro circular, de tres metros de espesor, florecían la cebada y el mijo, aunque allí pacían manadas de ganado y gruesas ovejas. Muy cerca estaba el elefante Longfellow, con el malhumorado acompañante de Sasuke sobre su lomo, rodeado de una muchedumbre de aldeanos y granjeros curiosos. Más allá, otro muro, más grueso que el primero y almenado para la defensa, rodeaba toda la propiedad.

Impresionado, Sasuke miró a su esposa y de nuevo se preguntó cómo lo había conseguido, porque la torre era tan buena como cualquiera y la propiedad más rica de lo que él esperaba. La Hana que él recordaba era incapaz de calcular o planificar lo mínimo para gobernar la más pequeña de las casas.

Aquella comunidad defendible y floreciente era un nuevo testimonio de que había cambiado 0 recibido el asesoramiento de un experto.

Hana, su esposa infiel y madre de su hijo.

Un peso pareció agobiar a Sasuke al pensar en el chaval, su único hijo vivo. Se descubrió ablandándose con la mujer que tenía a su lado.

Siempre había sido adorable, su piel suave y tersa, dada a rubores virginales, su cabello espeso y de un rosa pastel exóticamente exquisito. Sin embargo, ahora sus adorables ojos verdes le observaban con cautela, y aunque lo hubiera intentado no podía ocultar la inteligencia que había en ellos. ¿Dónde y de quién la había adquirido?

Su mirada bajó a sus labios, y los encontró más llenos de lo que recordaba y más propensos a una atractiva sonrisa que a hacer pucheros. Parecía una mujer majestuosa, segura y apasionada. Esa última faceta interrumpió su admiración. Había yacido con el hombre que ahora gobernaba el país. ¿Y si Madara II pretendía mantenerla como amante? Cambió la cesta de un brazo al otro.

-¿Tenéis que examinarme tan minuciosamente? Me hacéis sentir como una cerda en el mercado.

Sasuke no pudo evitar reír.

-Cualquier hombre que te compare con un cerdo merece languidecer en una pocilga, y yo mentiría si dijera que no eres un placer para la vista. Siempre fue así.

Empezó a bajar las empinadas escaleras.

-Gracias, mi señor. ¿Tenéis más preguntas sobre la torre?

Tenía docenas, y también años para obtener las respuestas.

-¿Qué había aquí antes?

-Un cultivo floreciente de helechos, con brezo y tojo para darle color y turberas para el aroma.

Rió ante su festiva contestación y recibió una sonrisa. El mudo intercambio fue extrañamente satisfactorio e inesperado.

-¿Cuánta tierra poseemos?

Se deslizó graciosamente escaleras abajo, mientras una suave brisa le levantaba la cofia revelando un rollo de trenzas en la nuca. Y olía a flores, su fragancia favorita.

-Poseo la tierra y el control del agua en el terreno que se puede recorrer a caballo en un día en todas direcciones, según el decreto que me concedió el viejo rey.

Su uso del singular subrayaba su nueva naturaleza independiente. Él se encargaría de quitarle ese mal hábito.

-¿Cuánto cultivamos?

-Se lo subarriendo a los agricultores. A cambio recibo los primeros frutos de su cosecha.

Si ella deseaba una disputa sobre pronombres, él se prestaría con gusto.

-¿Qué hacemos con los beneficios?

-Con los del año pasado construí cuatro casas nuevas, de las que ahora cobro rentas.

Se detuvo a mitad de la colina y señaló varios edificios que él había admirado momentos antes.

-También ahorro suficiente dinero para abonar con cal los campos en barbecho. Se ha demostrado que enriquece el suelo.

Su metódico relato de su forma de administrar la tierra sorprendió tanto a Sasuke como su deseo de ella. Para explorar sus encantos tendría que esperar; por ahora ahondaría en su mente.

-Creí que asumir responsabilidades te fastidiaba. Apretó los labios y miró los elegantes ángulos de su mandíbula. Le gustaría colocar su boca ahí y probar la fragancia de las flores de Escocia en su piel.

Miró hacia la casa del guarda.

-En tiempos así fue, pero gracias a vos las circunstancias me han obligado a superar mi debilidad. -Le estaba condenando por defender su cultura y su tierra contra Madara I y dejarla a ella que se las arreglara sola.

-Si no te hubieras acostado con un príncipe, los Uchiha te hubieran acogido. Podrías haber vivido segura en el seno de mi clan.

Un encogimiento de hombros agitó su mantón.

-Soy feliz aquí. -Recogiendo el borde de su vestido, se apresuró a descender el resto de los escalones.

Por mantener la armonía, Sasuke abandonó el tema antes de lo que debería haberlo hecho. Aunque había pasado años angustiándose por el estado de los asuntos del clan Uchiha, finalmente había perdido toda esperanza de volver a las tierras altas. Toda una vida de lealtad tiraba de él y, como las hojas secas arrojadas sobre carbones encendidos, su añoranza de Escocia se convirtió en una necesidad imperiosa. Si ella admitía su infidelidad, le cedería sus tierras como regalo, cogería a Kyoske y se dirigiría al norte. Su

familia les recibiría con los brazos abiertos, aunque Kyoske sería considerado hijo de una prostituta, porque todos sabían que se había entregado a un inglés.

Durante años Sasuke la había odiado por eso.

-¿Quién te ayudó? -preguntó bruscamente.

Ante su tono encolerizado, ella retrocedió y le miró.

-Una cofradía de ingenieros romanos se levantó de la tumba y me rogó que les permitiera construir la torre -contestó también bruscamente-. Me senté en un tronco forrado de seda y tomé granadas e higos mientras ellos construían el castillo de mis sueños.

Momentos después de que su mente comenzara a funcionar de nuevo, Sasuke contuvo la risa.

«Qué extraño -pensó-, cómo se ha vuelto tan divertida y ocurrente.» Cruzó el bien cuidado césped.

-Aprendí muchas cosas en la abadía.

¿Se arrepentía de su absurdo estallido? ¿Por qué? Súbitamente, se sintió impulsado a saber más de

ella. Pensó en las historias que había contado de su infancia. -¿Aprendiste de la hermana Kurenai?

-Sí, algunos conocimientos los recibí de ella. Obviamente no quería discutir el tema, lo que resultaba extraño, porque su infancia había sido uno de sus temas favoritos.

-Entonces ¿fue alguno de tus amigos de allí? Matsuri o la otra chica. ¿Cómo se llamaba? ¿Hyuna?

Dudando de adónde se dirigían, ella examinó la hilera de viviendas apoyadas contra el muro. Luego, con serenidad, dijo:

-Fue Sakura.

Él advirtió un cambio en su humor, nuevamente el recelo que había notado antes.

-Sí, ahora la recuerdo. Siempre decías que Sakura sería capaz de dirigir un ejército en una cruzada.

Como respuesta, murmuró «podría» y se dirigió hacia la tienda del carnicero.

-Los arqueros volverán pronto. Estoy segura de que os gustará conocer al cazador. Acudirá aquí... si tuvieron éxito.

La conversación insustancial había sido uno de sus pasatiempos favoritos. Ahora parecía preocupada.

Decidido a saber el motivo de ello, la alcanzó.

-¿Por qué tendría que gustarme la compañía de esos tipos? -La miró y vio lágrimas en sus ojos-. ¿Por qué lloras?

-No estoy llorando. -La mentira se hizo evidente al enjugarse las lágrimas-. Es sólo la luz del sol.

-Y yo soy un prestamista veneciano. Dime por qué te trastorna tanto mencionar a tu amiga de la abadía.

-Dejadme, Sasuke. Simplemente echo de menos a la gente de allí.

-Entonces invítales a visitarte. -Y añadió-: Tienes mi permiso.

Los ojos de ella relampaguearon de indignación y su cara se volvió del mismo color que su desteñida sobrefalda.

-Quizá lo haga -repuso.

Si era inteligente y cuidadoso, podría averiguar entre los habitantes del pueblo si algún hombre la visitaba con regularidad.

-Entonces estamos de acuerdo. Y después de que veamos al carnicero, puedes presentarme a todos los del pueblo.

-¿Presentaros? ¿No le dijisteis Yoshike que erais mi... esposo?

Él resistió el impulso de tocarla y vencer su resistencia.

-Te he dejado el placer de hacerlo.

Abrió la boca para replicar pero cambió de opinión. Sasuke se sintió decepcionado al ver cómo ella se dominaba, pues le gustaba esa nueva y vehemente Hana.

-Por supuesto -dijo Sakura, como si accediera a una petición mundana.

Luego pasó bajo el mosquitero y desapareció en el interior de la carnicería.

Sasuke se enfadó. Su mujer debería celebrar su vuelta a casa. Debería presentarle a todo el mundo con el respeto debido al señor de la torre. Debería mostrarse agradecida porque su esposo la hubiera aceptado de nuevo.

-¿Venís, mi señor?