Queridas amigas,

Les recomiendo leer este capítulo, a las que les gusta hacerlo con música, acompañado de la canción "To wish impossible things" de The Cure (algo antiguos, pero ¡los amo!).

Muchas gracias por sus review y a quienes son más tímidas y no los dejan ¡Gracias por leer mi fic!

Besos,

Capítulo VII

Cosas imposibles

La respiración se me cortó de un momento a otro y todo comenzó a dar vueltas a mi alrededor. La sangre de mi cabeza comenzó a latir fuertemente… tenía miedo… mucho miedo. Di un paso hacia atrás y él continuó mirándome, del mismo modo que lo había hecho esa vez. Mi corazón se exaltó a niveles insospechados y las piernas se me debilitaron. Caminé en retroceso. Oí como a mi espalda se abría una puerta ¡Esa puerta! Uno de los chicos chocó conmigo. Podía oler el exceso de alcohol. Me giré con el terror navegando por mis venas. Ellos soltaron un par de carcajadas y creí desmayarme, pero el destino no era tan piadoso como para otorgarme ese privilegio.

—¡Uy, uy, uy! —aulló uno de los chicos, enarcando una ceja y torciendo los labios en una perversa sonrisa. El otro soltó una risotada, en tanto sostenía una botella en la mano derecha y la cámara filmadora, en la izquierda— ¡Vaya chica linda, Cullen! —él en retribución soltó una risita, pagado de sí mismo.

—¡Déjenme! ¡Infelices, degenerados! —una voz ensordecedoramente aguda vibró de mi garganta. Miré a Edward, quien estaba alineado con el resto. Volteó el rostro de medio lado hacia ellos y dio una especie de orden.

—¡Está conmigo! —agregó serio, muy formal. El par, porque el tercero al parecer continuaba con la mujer drogada, dio un paso hacia atrás y con extremo respeto salieron del cuarto.

Tenía la respiración disconforme, errática. Sentí pánico.

—¡Déjame en paz! ¡Ándate de aquí! —le grité a Edward completamente desquiciada. Había perdido todo control de mí misma. Me sudaban las manos. Él se quedó observándome conmocionado, con el ceño fruncido y un leve rastro de dolor en sus rasgos. Extendió su mano lentamente, pero yo se la rechacé de plano— ¡Déjame en paz! —continuaba con el pulso tembloroso. Di otro paso hacia atrás y choqué con un muro ¡no tenía donde escapar!. Me dejé caer con la espalda pegada a la muralla y caí sentada, mientras me arrullaba las piernas con los brazos, intentando calmarme, ¡moriría en ese momento! ¡Claro que sí! Tenía los minutos contados… ese monstruo acabaría conmigo más pronto que tarde.

Tenía el rostro húmedo e ilegible entre las lágrimas y el pelo enmarañado. Edward se puso de cuclillas frente a mí de modo muy lento y precavido. Yo lo miraba con horror, espanto… tan sólo recordar ese episodio me quitaba la respiración. Con sumo cuidado se fue inclinando hacia mí. Ya no me quedaban fuerzas para gritar, sólo apegué mis rodillas más hacia mi pecho.

—Tranquila —susurró en un silbido angelical— no te haré daño…

Lo observé con desconfianza, pero con un poco más de control sobre mi misma. Se cogió el pelo miel desordenado y se pasó los dedos de una mano en medio de ellos, de una manera brusca. Bajó el rostro y murmuró.

—Nunca pensé que fuese tan profundo el daño… ¡Perdóname, perdóname Bella! —espetó apesadumbrado. De pronto se había vuelto otro hombre, el monstruo había quedado atrás y en su lugar, dejó un dulce chico de cabello broncíneo.

—Sólo déjame tranquila —musité acongojada. Él me miró y asintió con la cabeza.

Clavó sus ojos miel en los míos, invocando una expresión de confusión y conmovedora resignación.

—Te llevaré a tu casa —aseguró, nuevamente entregándome su mano varonil y blanca. No la cogí, pero como pude me puse de pie. Él me miraba detenidamente. Ya se había fugado cualquier indicio de risa desde su rostro.

Abrió la puerta y me cedió el sitio para que yo pasara primero, escoltándome en todo minuto. Volví a pasar por el grupo de parejas del rincón oscuro. Me hice hacia un lado, incómoda, entonces sentí el soplido de su hálito tibio en mi oreja.

—¡Ignóralo! —me pidió preocupado.

Al salir me pareció ver a Rose de espaldas, pero no quise acercarme, era cosa de suya si decidía quedarse en este submundillo pervertido y sin sentido alguno de la lealtad. Por fin estuvimos fuera, el aire fresco me limpió la mente y me ayudó a poner las ideas en su sitio.

Subimos al auto. La transpiración se me había enfriado y comenzaba a llover casi torrencial. Edward no decía nada, pero podía asegurar que de vez en vez me dirigía una mirada de soslayo para asegurarse de que seguía respirando. Llegamos frente a mi casa cerca de las tres de la madrugada, pero, contra todo instinto de supervivencia, en vez de salir corriendo por esa puerta, me quedé en silencio, esperando algún tipo de respuesta que quizá nunca recibiría.

Nos quedamos mirando en medio de la penumbra. Sus ojos café con destellos amarillos se clavaron en los míos, provocándome un extraño estremecimiento. Extendió su mano derecha hacia mi mejilla y apenas rozó, la yema de sus dedos en mi piel. De inmediato lo alejé con un movimiento brusco de mi brazo.

—¡Nunca más me vuelvas a tocar, Edward! —le advertí entre furiosa y confundida. Él tragó saliva de modo sonoro.

—Tú sabes que siempre estaré enamorado de ti, ¿cierto?

Negué con la cabeza y reí irónica.

—No estoy para amoríos… —me excusé sin esconder mi molestia— menos contigo, ¡ni aunque fueras el último hombre del planeta!

—Entonces… ¿si lo estarías para el "toro salvaje de Seattle"? —agregó sarcástico— ¡Vaya! Claro…, después de ridiculizarlo frente a toda la universidad, veo muy difícil que quiera concretar una relación contigo.

—¿Tú no sab…? —me mordí el labio inferior para no continuar mintiendo. La suspicacia en sus ojos me indicó que era absurdo continuar negando la realidad.

—¿Qué acaso no sé que tú y tus amigas suben los videos de los chicos a Youtube? —enarcó una ceja y torció una risita de complicidad descubierta.

—¡No lo puedes probar! —protesté.

—No pensaba delatarlas —soltó una media sonrisa, incrédulo y perverso— creo que es como una especie de placer culpable por no tenerte conmigo. Al menos sé que ninguno de esos chicos te interesa de verdad.

—Tú no sabes nada…, incluso creo que Emmett si me gusta ¡y mucho! —inspiró profundo y rió como despabilándose en el asiento.

—Pero… —apretó sus labios en una línea— dudo que él quiera verte o hablar contigo… ¡lo siento! —musitó sarcástico.

Me quedé reclinada sobre la ventana de la puerta del copiloto, mientras la lluvia azotaba con fuerza el vidrio del parabrisas. El silencio dentro del coche se hacía insostenible, sin embargo, ninguno habló. Éramos como dos piezas de ajedrez, contemplándose, para encontrar la debilidad del otro y dar el paso final para derrocar al opositor. Por fin me atreví a preguntar.

—¿Qué cosa rara eres, Cullen? —movió la cabeza hacia ambos lados y luego frunció en ceño. Entreabrió los labios para contestar algo impulsivamente, pero pronto se arrepintió. Aspiró hacia su boca el labio inferior y tras un suspiro, habló.

—Lo sabes mejor que nadie…

—¡Seguro! —repliqué de inmediato, bufándome ¡no podía ser tan cara dura!

—Eres la persona que mejor me conoce… —continuó, acercándose peligrosamente hacia mi rostro. Enjugándome la humedad de la piel de la cara con su hálito tibio, húmedo y cargado de tabaco y hormonas. Una mezcla sutil y sensual, ¡odiaba sentirme atraída por él!

Nunca dejé de mirarlo, pero aún así sus labios se las arreglaron para lamer los míos. Me dio dos toques sutiles hasta entreabrirlos y pasar su lengua dulce a través de mi boca. De inmediato su mano se fue por detrás de mi nuca y me acercó más hacia él.

—Dime que sí… ¡quédate conmigo! —susurró, mientras me besaba intensamente. Me dejé llevar por el placer de rozarlo y disfrutar la delicia de su saliva frutosa que saciaba mi sed como nadie. Pasé mis manos por detrás de su cuello y él me aferró con su otra mano por la cintura. El roce de su barba incipiente me rasmillaba de un modo agradable la piel. Todo iba perfecto hasta que una oleada de repulsión me invadió el cuerpo. Interpuse mis manos entre nosotros. Él se resistió y cuando hice la cabeza hacia atrás suplicó en un murmullo— no, no lo hagas otra vez, por favor —hice caso omiso a su petición.

Se desimanó de mí con dificultad, quedándose con los ojos cerrados y el rostro muy cerca del mío, pero ya a unos prudentes centímetros de distancia, parecía oler y guardar en la memoria aquel momento. Estaba viviendo desde ya la nostalgia. Volvió hacia su asiento.

—Edward, ¡no insistas! —dije con rabia.

—Deseo lo imposible… —argumentó decidido— haré lo que sea por… ti.

—No pierdas tu tiempo —le advertí. Abrí la puerta y salí. Un chapuzón de lluvia cayó sobre mi cabeza, empapándome por completo. Metí las manos en mi impermeable negro hasta hallar mis llaves. El auto plateado continuaba allí y tras la cortina de lluvia y los vidrios del coche, mi dulce pesadilla.

Un par de semanas más tarde, la situación entre Alice y Rose empeoró. No había certeza de que Rosalie saliera con Jasper, pero las evasivas frecuentes de la Barbie, indicaban que en algo no muy bueno andaba y, considerando su pasado tan oscuro como el de nosotras, era el rubio sofisticado el objeto de la discordia. Nuestra amiga ya no se pasaba ni a hablar con nosotras y tampoco nos contestaba el teléfono con frecuencia. El miércoles siguiente, me encontré con Emmett en la cafetería. Era horario de clases regulares, así que había poca gente que nos rodeaba. Él no me había visto, era mi oportunidad para abordarlo y pedirle disculpas.

Tenía una pila de cuadernos y un librote de estadísticas sobre la mesa redonda y blanca. Llovía. Emmett se disponía a darle un sorbo a su café cuando se percató de mi llegada. Enarcó ambas cejas y dejó el vaso térmico sobre la mesa.

—¡Hola, Bella! —saludó cortés, pero jamás podría decir que se alegró de verme.

—Hola —musité rápido y me senté en el banco intermedio hacia su izquierda— quería hablar contigo hace más de dos semanas —me miró incómodo y suspicaz. Refrescó su sonrisa, mostrando los sexies hoyuelos que decoran sus mejillas pálidas.

—¿Quiere hacer un segundo video? —enarcó una ceja irónico. Lo dirigí una mirada con cara de "¡no seas idiota!"— ¡Vaya, por qué no! Después de todo te lo debo agradecer ¡tengo el correo colapsado de chicas que quieren tener una cita conmigo!

Debo reconocer que no dejó de impresionarme ¡¿Cómo se había dado vuelta la tortilla, no? Ahora el "Cowboy" parecía gozar de su fama y lo comprobé de inmediato. La cafetería se comenzó a plagar de gente y un número no menor de mujeres, en cuanto vieron a Emmett se fueron hacia él cómo abejas en la miel. Lo rodearon por la mesa entera, incluso pasando por encima mío. ¡Querían salir con él! ¡Era cierto! Esbocé una risita siniestra que alcanzó a captar Emmett y me devolvió un "¡Gracias!" con los labios mudos y una sonrisa sarcástica. Me guiñó un ojo. Negué con la cabeza divertida y me retiré… al parecer me había perdonado y quizá, contestaría mi llamado más tarde.

Ese fin de semana fue de lo más aburrido, como arte de magia mis amigas estaban "distanciadas" y ningún chico merodeaba los alrededores. La verdad, no quería salir sola, daba la impresión de que uno daba lástima, así que me vi obligada a quedarme en la casa. Ni siquiera llamé a Jacob Black como último recurso. Últimamente andaba medio de novio con una chica menor, creo que estaba en último año de secundaria, tenía un nombre bastante raro: Reneesme y, como si fuera poco él la llamaba cariñosamente ¡Nessie!... Pobre chica, los padres no tuvieron piedad cuando le pusieron ese nombre, yo que ella me refugio en un recurso de amparo, jejejeje. Pero bueno, con nombre freak o no, Jake estaba bastante prendado de ella, en cambio lo de nosotros no era nada serio, mmm, más bien, podría decir que era algo netamente carnal ¡Era un As en la cama!

Me quedé viendo películas y, como jamás hubiese osado pensar, estaba un sábado en la noche dentro de mi cuarto, sola. Me puse a revisar mis apuntes de cálculo ¡maldito ramo! Estaba costando más de lo que me hubiese imaginado, por más que lo miraba ¡era peor que chino mandarían! ¡Puaj!. Me instalé en el pequeño escritorio de mi habitación que me acompañaba desde el colegio y busqué la lámpara halógena más potente, junto a un café cargado y aromático. Durante esta noche me pondría al día con la materia.

Desperté con la cabeza enterrada en los cuadernos, con el sol tenue que se colaba por las cortinas y me entibió el cabello. Sin embargo, ¡no entendí nada! Había sido todo en vano ¡Arg, qué rabia! Tendría que buscarme un partner para estudiar, de lo contrario no avanzaría en la malla.

En la semana estuve un par de veces con Alice y otras con Rose, pero por separado. Mi platinada amiga no quería decir la verdad, sin embargo, no lo negaba y la lejanía con "la duende" confirmaba mi teoría que andaba merodeando seriamente a Jasper. El viernes en la noche, cerca de las diez, me llamó Alice.

—¡Hola, Bells! —saludó cariñosamente.

—¡Amiga…! ¿cómo estás? —no quería ser tan directa, pero sabía que ella estaba enganchada del rubio misterioso, más que de cualquier hombre anterior, por eso que estuviese bien era muy importante.

—Bien —intentó sonar contenta— por eso ¡salgamos a matar la noche!, vamos a ese bar mexicano —propuso.

—¡Súper! —no pasaría otro fin de semana en proceso de recogimiento dentro de mi casa.

—¿Estás lista en media hora? —agregó alegre.

—¡Claro! Te espero afuera.

Puntualmente, como se caracterizaba mi amiga psicópata de la hora, llegó a las diez y media, ni un minuto más ni uno de menos. Llegamos al lugar, estaba repleto… no cabía ni medio alfiler más. Nos introdujimos en ese mar de gente y fuimos a pedirnos unos golpeados que, se nos subieron rápidamente a los sesos. Comenzamos a bailar de ese modo sensualote que dejaba a los chicos con la boca abierta y las testosteronas revoloteantes. De pronto, nos vimos rodeadas de un par de muchachos bastante guapos, pero reservados, no los habíamos visto antes.

Un brazo fuerte me cruzó la cintura, obligándome a voltear. Era un poco más alto que Emmett y bastante parecido, de rasgos finos y rostro bello, pero cuerpo fuerte y musculoso, se llamaba Félix. Alice se quedó con Dimitri, quien era un tantazo más bajito, sin embargo, con un aspecto infantil muy atractivo. Bailamos con ellos más que una pieza de baile y nos invitaron otros dos golpeaditos a cada una. Salimos a la terraza y el Félix, se comenzó a pegar bastante hacia mi cuerpo. Lo mismo le pasó a Alice. Finalmente acabamos los cuatro en una cita doble. Ellos estaban en un banco frente a nosotros, besándose que daba gusto. No tardé en entusiasmarme y sumado al exceso de tequila, sucumbí rapidito a los encantos de aquel chico fortachón.

Los problemas comenzaron cuando los chicos quisieron que nos fuéramos los cuatro a un motel.

—¡No! —dijimos Alice y yo al unísono. Si bien podíamos acostarnos con varios chicos y grabarlos, jamás haríamos algo en "masa", de eso ¡ni hablar!. Ellos insistieron de un modo incómodo, pero logramos zafarnos. Ambos eran extraños, no sé cómo explicarlo, pero había algo en su mirada y forma de actuar que me hacía sospechar de sus intenciones.

Volvimos al coche bien pasadas de copas y en cuanto estuvimos a salvo, Alice me miró con cara de desafío.

—¿Acompáñame a la casa de Jasper? —me pidió como favor.

Mmmm, Alice, creo que no será bueno —de seguro estaba con Rose, no quería decirlo literalmente, pero ella también sabía que era un riesgo.

—¡Quiero ver qué hace si me ve llegar! —aseguró, aparentemente fría.

—¡Estás ebria, amiga!, mañana te arrepentirás.

—No lo creo —apretó los labios y tragó saliva— por favor… —sus ojos de ansiedad removieron los cimientos de nuestra larga amistad. Asentí.

Al llegar nos dimos cuenta de inmediato que había una gran fiesta. Miré a Alice con desconfianza.

Mmm, ¿sabías de esto, Alice? —pregunté inquieta, olía a que ella había planificado todo esta noche.

—Sí, así es mejor, Bells —dobló en dirección a la entrada de la casa. Los grandes portones estaban abiertos de par en par ¡Eran otras de esas fiestas de la fraternidad!

—Alice, no quiero entrar… —le advertí atemorizada.

—¿Por qué no? —frunció el ceño, mientras estacionaba el auto.

—¡Tú no sabes cómo son estas fiestas!. Ellos son raritos, Alice —le advertí.

—Es la casa de Jasper, Bella. Tranquila, nada tan grave puede suceder, después de todo, es una casa de familia ¿no? —enarcó una ceja y sonrió para calmarme. Bajé a esa fiesta por ella.

Nadie nos detuvo, porque los accesos estaban liberados ¿curioso, no? ¡¿Cómo sabrían ellos quién entraba y quién no?. Recordé que estábamos en la punta del cerro, literalmente y que si no era por un dato, nadie se enteraría de qué pasaba por aquí. Avanzamos hacia la entrada principal y pasamos sin que nadie detuviera en nosotras. Esta fiesta parecía bastante más normal que la orgía de "El Sarcófago". Estaba oscuro, sólo iluminado por velas y algunas lámparas de bajo voltaje. Alice parecía especialmente expectante a su alrededor, pero el dueño de casa no aparecía por ningún lado.

De pronto, casi me fui de espaldas cuando en un rincón vi a Emmett, parecía entusiasmado con una chica pelirroja, ¡la misma con quién estaba Edward en su particular fiesta la vez pasada!. No me vio, a pesar de que lo quedé mirando por largo rato. La muchacha estaba sentada en sus rodillas y se besaban apasionadamente, de ese modo tan, tan caluroso, que estaban a punto de comenzar a quitarse la ropa en cualquier momento. Tragué saliva y sentí una leve sensación, absurda, de celos ¡corrección!, acababan de herirme el ego. Di media vuelta para llamar la atención de Alice, pero ya no estaba y en su lugar, justo frente a mí, estaba Edward con un vaso en la mano.

—¡Buenas noches señorita Swan!, no sabía que tendría el honor de verla aquí esta noche —sonrió torciendo sus labios cereza en una sonrisa. Vaya, vaya, era de suponer que me encontraría con él. Edward parecía tener un radar para localizarme.

—Hola, Edward —saludé con pocas fingidas ganas. Me penetró con su mirada hasta lograr que me estremeciera, como si me hubiesen arrojando un cubo de hielo por la espalda.

—Tu amigo está ¿ocupado? —frunció el ceño, burlándose— dudo que quiera verte ahora —enarcó una ceja y sonrió.

—¡No estoy por él aquí! —aclaré, no quería parecer una idiota tras un chico. Por supuesto, fue la excusa perfecta para Edward y una de sus ironías.

—Entonces me debo sentir halagado, ¿es por mí? —sonrió ampliamente. Negué con la cabeza y lo miré con cara de pocos amigos— mmm, déjame adivinar —se llevó una de sus manos al mentón, histriónicamente— tu amiga, Alice, vino a visitar a Jasper —lo quedé mirando fijamente, pero callé. Y agregó— no se llevará ninguna buena sorpresa. Tu otra amiga, la rubia, no se despega del lado de Jasper.

—¡Tu amigo es una porquería, Edward!. No logró entender cómo Alice se prendó tanto de él —hice una mueca de "igual que tú no más" — ¡Bueno! —suspiró hondo a propósito— ¿qué otra cosa se puede esperar de él? Hay un dicho muy certero: dime con quién andas y te diré quién eres —mi receptor negó con la cabeza.

—Eres muy pesada de repente. ¡Lástima que seas tan hermosa! —sonrió, levantó una ceja e iba a osar acariciarme la mejilla, cuando irrumpió Alice frenéticamente.

—¡Vamos, Bella, vamos! —exclamó con los ojos cubiertos de lágrimas— ¡todo esto es una mierda! —espetó con ira y desilusión. Dejé a Edward de pie junto a la sala y me fui junto a Alice.

¿Les gustó? ¡Espero que sí! Por eso, espero sus opiniones al respecto…

Cariños,

Karen