Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Como siempre nada me pertenece yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.

Capítulo VII. Pelea.

Los hombres veían el cuerpo tendido sobre el pasto, la sangre hizo un gran charco en poco tiempo, solo le quitaron cualquier cosa con el que pudieran decir quien era.

Estaban por alejarse para informar que el trabajo estaba hecho, cuando un aullido retumbó en el bosque, los hombres subieron a sus caballos y se alejaron justo a tiempo para ver cómo una jauría de lobos devoraban los cuerpos.

-Saltó de tiempo. -

Elsa estaba en su despacho, hacia un par de semanas que sus hombres le habían informado que ya no tendría que preocuparse por Kristoff, ella pensó que había sido zanjado ese tema, sin embargo, veía como los ojos de Anna brillaban cada que un sirviente se acercaba a informar de un visitante y como estos se volvían tristes cada vez que no veían al recolector de hielo. Eso para Elsa era un martirio, era como si no fuera suya completamente, o por lo menos su corazón no le pertenecía por completo.

Estaba firmando un par de documentos, y de casualidad alzó la mirada para ver a Anna sentada en su escritorio leyendo un libro, y aunque parecía estar concentrada en su lectura, ella sabía que en realidad su mente estaba en otro lado, pues la página en la que se encontraba no había sido cambiada en más de una hora.

Elsa regreso su mirada a los documentos, solo era cuestión de tiempo para que se diera cuenta que lo único que necesita era a ella.

De pronto escucho un sonoro suspiro, pero Elsa estaba tan absorta en sus documentos que brincó del susto, al oír el cuero del libro azotar en contra de la madera del mueble.

- Esto es estúpido.

Elsa vio a Anna levantarse de su lugar y salir del despacho diciendo un par de palabras entre dientes.

La reina en realidad no tenía la intención de seguirla, sin embargo algo dentro de ella, le dijo que era mejor hacerlo.

Así que salió de su despacho para seguir a Anna, la vio caminar a paso rápido rumbo a la habitación que ambas compartían.

Elsa en cambio camino con más calma, dudaba que Anna haría algo malo, desde el último castigo que le dio, se había comportado impecablemente, por lo que podía soportar una rabieta sin ningún problema.

Pero cuando entro a la habitación casi jadea, Anna estaba quitándose ese vestido tan bonito que le hacia ver como un pequeño ángel en la tierra, Elsa enfureció enseguida, ese vestido era un regalo suyo como para ser tratado con ese desprecio.

La reina estaba por tomar a Anna para darle un castigo, pero la vio ponerse un par de pantalones y botas, que fueron hechas para cuando salieran de día de campo.

- ¿A dónde crees que vas?

El tono de Elsa demostraba que tan enojada estaba, pero Anna no pareció importarle en lo más mínimo, pues siguió amarrando sus botas, lista para irse.

- Voy a ir a buscar a Kristoff.

Elsa tuvo que tomar la tela de su vestido para no hacer algo que se arrepentiría.

- No puedes ir así como así, es peligroso. - Elsa trababa de apelar a la lógica.

Algo que no funcionaría con Anna. - Lo se, pero se lo debo, debo saber que está bien.

- ¡Anna esto es una locura! ¡Él te abandonó! ¡Ya no te quiere! - El rostro de Elsa estaba desfigurado por la rabia.

- Tu no lo conoces. - Anna parecía extrañamente tranquila, como si esperara esa reacción de Elsa. - El no lo haría, el me ama, así como yo lo amo.

Y ese fue el punto de quiebre de Elsa, fue como si en su mente hubiera algo que la detenía de actuar, una especie de freno a sus verdaderos instintos hacia Anna, que le hacía guardar un poco la compostura, pero con esas palabras, ese freno que había, desapareció ante la rabia, el enojo, y el dolor que Anna había pronunciado.

Anna estaba a punto de salir a buscar a su amado, Elsa había permanecido quieta y callada por unos cuantos minutos, y Anna pensó había sido producto de hablarla comprendido. Si embargo de pronto sintió mucho frío en su pierna, y al voltear la mirada vio como el hielo atrapaba su extremidad sin dejarla moverse, el frió alrededor de su pierna era tanto que sentía como si miles de agujas le atravesarán la carne. El dolor era tanto que trato de romper el hielo para aminorar el dolor, en su desesperación golpeaba el bloque con sus puños, hasta que estos sangraron pero el bloque no se rompía.

Con lágrimas en los ojos volteo la mirada hacia Elsa, pero su mirada había cambiado.

- Tu no puedes abandonarme.

- El...sa, pof.. fav..gor, me du..ele. (Elsa por favor me duele) - Anna apenas podía decir las palabras sin quebrarse en llanto.

Pero era como si le hablara a una pared, la reina no la escuchaba.

Anna sintió como era levantada del suelo, y azotada en contra de la pared con bastante fuerza,

- ¿Por que no lo entiendes? Yo soy la única que te ama, acaso no es suficiente para ti. ¡Acaso no soy suficiente para ti!

Anna temblaba del miedo y sentía como su cuerpo estaba siendo apretado con tanta fuerza que en poco tiempo sería partida a la mitad. Anna no podía más que sentir como su cuerpo era empujado una y otra vez en contra de la pared cada vez con más fuerza, sentía como sus huesos estaban siendo triturados y como sus músculos pedían misericordia.

- ¡Kristoff no te ama! ¡Yo soy la única que te ama!

Y en realidad no supo por qué lo dijo, pero algo dentro de Anna despertó. - Kri...sto...ff nog meg las..s..s..tim...a.a..aría. (Kristoff no me lastimaría)

Y a pesar que las palabras estaban cortadas por el dolor Elsa lo escucho perfectamente. - Kristoff está muerto, yo lo mande a matar.

Y Elsa tomo el pequeño cuello de Anna hasta que está se desmayó con lágrimas en sus ojos, con la terrible noticia de las acciones de su hermana.

-Cambio de escena -

Un nuevo día amaneció, pero a diferencia de otros días, el castillo estaba en histeria, Gerda estaba por despertar a la reina y a la princesa, pero al llegar a la habitación de la reina solo estaba Elsa. Gerda trato de no entrar en pánico, por lo que amando a buscar a la princesa en su habitación, sin embargo rápidamente se dieron cuenta que no estaba en ningún lugar del castillo.

Cuando la noticia despertó a la reina, está de inmediato mando a buscar a cada rincón del reino a la princesa.

Casas eran revisadas, posadas eran inspeccionadas, los muelles y barcos eran revisados una y otra vez, perros eran utilizados por todo el reino y el bosque tratando de encontrar a la princesa perdida.

Los que estaban cerca de la reina veían como poco a poco estaba estaba cayendo en histeria. Repitiendo las misma palabras una y otra vez.

- Es mi culpa.

Algunos trataban de consolarla, pero las palabras eran inútiles.

Fueron semanas de búsqueda incesante, y no encontraron nada.

El consejo vio como la reina descuidaba su cargo, tratando de encontrar a la princesa, vieron como salía cada mañana y no volver hasta el anochecer cada vez más demacrada. Y pese a compartir la pena por la perdida de la princesa, no podían dejar que el reino se viniera abajo.

No podían seguir esperando un milagro, pero antes de hacer algo. Elsa firmo una carta en la que renunciaba a la corona, algunos trataron de hacerle recapacitar, sin embargo nada funcionó, Elsa escogió de la corte a un nuevo soberano, y se marchó a la montaña norte a la soledad de su castillo.

En realidad nadie del pueblo la juzgo, era de conocimiento público lo mucho que la reina amaba a su hermana, y más de uno comprendía el dolor que debía estar pasando.

Nadie la siguió, solo cada mes le dejaban alimentos a las faldas del castillo, y veian como un hombre de nieve gigante llevaba los alimentos a su antigua reina.

-Cambio de escena. -

Elsa veía como el reino crecía, de vez en cuando extrañaba a su gente, pero en la soledad de su castillo, podía estar ella sola con su hermana.

Elsa camino por el pasillo de hielo hasta la alcoba principal.

- Anna querida, despierta.

Elsa se acostó a un lado de su amor, la veía quejarse de dolor, pero el día anterior se había intentado contactar con el castillo y eso era algo que no podía permitir, así que la castigo una vez más, solo era cuestión de tiempo, para saber que ella era lo único que necesitaba, y se lo haría saber a la fuerza si es necesario.

Elsa se acostó y acarició la tibia piel de Anna, estaba marcada con golpes y mordidas, pero solo eran muestras de cariño.

Elsa beso los labios de Anna, mientras que sus dedos se deslizaban por sus cabellos rojizos.

- Te amo, mi Anna, y ahora eres solo mía.

Fin .