Y la que andaba morida regresa XD. Todavia no termino el reto ( y es para el treinta y uno XD) pero aqui regreso con este cap nuevo, esta corto si,pero se revela algo que creo algunas personas querian saber. No puedo decir algomas,porque realmente no se que decir,solo agradecer la espera, y disculparme con quien me pidio mas Prumano porque olvide introducirlo aqui, pero este cap tiene segunda parte, donde lo vera XD. Sin mas, a lfic.

Capítulo 5 Hasta que el dinero nos separe: parte I

Precisamente en esa mañana de sábado Feliciano tenía que despertar con hambre. Bajó a la cocina porque ya no podía esperar hasta el mediodía y prepararse algo de pasta. En la cocina, muy atareada y casi sin aire estaba Lily, preparando las cosas la comida, porque precisamente el día anterior Vash se había enfermado por la enjabonada. Feliciano se sintió muy mal al ver sola a Lily preparando la comida desde tan temprano, así que decidió ayudarla.

—Vee~ buenos días—saludó, y Lily dio un respingo al verse sorprendida por alguien a quien no sintió llegar.

Bonjour—dijo bajito, dejando un momento de picar las verduras para el desayuno que precisamente era otro caldo de pollo.

— ¿Necesitas ayuda?—preguntó Feliciano, acoplándose a un lado de Lily y tomando una bandeja para cortar las piezas de pollo.

—Sí, por favor—respondió igual de bajito, volviendo a su tarea de cortar verduras.

Estuvieron un rato más en silencio, y dentro de ese silencio Feliciano tarareaba una canción que seguramente era opera, aunque Lily no podía estar segura.

—Buenos días—ambos, Feliciano y Lily, voltearon a ver al recién llegado. Era Roderich, parado en el marco de la puerta, aun en pijama, quizás en busca de algo de café.

—Buenos días—devolvieron ambos, regresando su atención a sus deberes.

Lily fue la única que reparó en la expresión de frustración de Roderich. Ella no era tonta, se suponía que su hermano era quien preparaba cada mañana el desayuno a esa era, completamente solo en la cocina, y también sabía que si Roderich estaba disgustado era porque él esperaba encontrar a Vash y no a ella y Feliciana, así que se hizo la desatendida y volvió a lo suyo disimuladamente.

—Vash es quien debe hacer el desayuno, es un poco cruel que te haya puesto ahora a hacer sus deberes—dijo Roderich sentándose en el otro extremo de la barra donde ellos estaban picando las cosas.

—Eso es porque se ha enfermado—se apresuró a replicar Lily sabiendo que era a ella a quien se estaban dirigiendo, sin darse cuenta de que le estaba dando a Roderich justamente lo que estaba buscando.

—Supongo que por el accidente con la lavadora—sutilmente dirigió una fugaz mirada de reproche a Feliciano que ni siquiera lo notó, siguiendo en lo suyo de cortar pollo y tararear la canción.

—Sí, eso…—y hasta ese momento Lily se dio cuenta de que dijo algo que probablemente su hermano le iba a reprochar hasta el último de sus días.

—No les quito más su tiempo, con su permiso señoritas—y Roderich desapareció de la cocina.

— ¿Qué hice?—se preguntó Lily dejando el chuchillo y tapándose el rostro con ambas manos. Feliciano se preocupó al ver a la joven hacer eso, así que torpemente le preguntó si se sentía bien.

—No es eso, es que dije algo que no debería a una persona que no debería—Feliciano no entendió, así que hizo lo único que sabía hacer, inclinar su cabeza y decir suavemente su típico "vee~".

Lily no encontró problema en contarle a Feliciano sobre "eso", después de todo, tarde o temprano todo se sabía en esa casa y podría volverse todo un drama, así que le ahorraría la pena a su hermano y le contraría todo.

—Verás…

Cuatro años atrás…

Mi hermano y el señor Endelstein eran los mejores amigos, inseparables, o eso me decía mi hermano en las cartas que siempre me mandaba. Él se vino a estudiar a América, a los Estados Unidos junto con el señor Endelstein, y siempre me escribía sin falta cada semana contándome lo que ocurriera o mandándome algo.

Todas sus cartas eran alegres, muy bonitas, mi hermano quería mucho al señor Endelstein, lo consideraba su único amigo y la única persona además de mí en quien podía confiar. Pero un día, un día me llegó todo un paquete entero lleno de muchas hojas, la carta más larga que nunca me hubiera enviado, cada hoja escrita por los dos lados…

Me contó que hubo un concurso donde su escuela estaba participando, él quería ser chef de alta repostería, y quien ganara el concurso tendría una beca al cien por ciento en la mejor universidad del país, por supuesto que mi hermano quería ganarla.

En la primera hoja me relató cómo entró al concurso, lo emocionado que estaba, que con lo que ganara en su trabajo iba a mandarme dinero para que viniera con él y también estudiar. Todo era hermoso, un bello cuento e ilusiones que ambos nos hicimos…

—Roderich, tienes que ver esto—Vash le entregó a Roderich el formulario lleno y sellado demostrando que estaba dentro del concurso. Roderich asintió y Vash no supo si fue aprobatorio o no.

—Supongo, Vash, de que tienes presente que tus posibilidades de ganar son una de mil ¿estás consciente?—inquirió Roderich alzando una ceja.

Eso molestó a Vash que le arrebató la hoja de las manos.

—Se supone que como mi amigo tienes que darme ánimos—dijo seriamente Vash, casi arrugando la hoja entre sus manos.

—Como tu amigo te digo la verdad, no me gustaría que al final terminaras amargándote por no haber ganado—le dijo Roderich, sin perder su voz serena y pretenciosa. Vash quiso rebatirle eso, pero sabía que sólo ganaría una pelea, así que optó por retirarse a la esquina de la cama que le pertenecía, pensando en que en ese momento debería estar feliz por haber sido escogido para participar…

Así pasaron las semanas, y también mi preocupación fue creciendo al no recibir más cartas de mi hermano. Acaso fuera porque no tenía tiempo para escribirme, acaso porque la emoción lo consumía por completo, cualquiera que fuera yo no estaba tranquila, quizás ya estaba presintiendo lo que vendría a continuación.

En las siguientes dos hojas por ambos lados me contó el desarrollo del concurso, y de cómo había unos chicos que a toda costa quería ganar por una apuesta que hicieron. Decía que ellos ya habían sacado a tres concursantes a base de ofrecimiento de dinero, y que sólo quedaba él y los otros chicos, pero que él por nada en el mundo iba a darles por su lado, primero los llenaba de plomo y luego aceptaba sus limosnas.

—Podrían hacerte algo, ten cuidado, Vash—le dijo Roderich después de que Vash le contara sobre el asunto de los chicos de la apuesta. Vash se molestó, porque dentro de sus parámetros de tener cuidado era simplemente ignorarlos, o quizás amenazarlos con su revólver.

Verdamnt! Por supuesto que no, ya dejame en paz, no sabes decir más que incoherencias—dijo molesto, yéndose a un rincón para pensar en la siguiente receta que podría presentar en las semifinales.

—Vash, si te digo esto es porque me interesa que no te ocurra algo, así que por favor escuchame, esos chicos podrían hacer cualquier cosa por ganar—Roderich no se equivocaba, aunque él estuviera inventando eso para desanimar a Vash y que no ganara esa beca lo dejara, no estaba consciente de que estaba más que en lo cierto con respecto a esos chicos, porque realmente harían cualquier cosa por ganar.

En las siguientes seis hojas me decía que había consultado a Roderich para ser juez del concurso, porque los anteriores jueces así lo habían decidido, para evitar cualquier clase de trampa. Mi hermano no decía cómo, pero contactaron a Roderich para ser juez.

—Mira, estirado, no sé cómo veas tu todo esto, pero te conviene—un tipo extraño y moreno lo tenía abrazado por el cuello, con un poco más de fuerza y Roderich estaba seguro que lo asfixiaba.

—No lo creo, no caería tan bajo—replicó él, porque realmente no quería incriminar a su mejor amigo por unos cuantos miles de dólares. Estaba seguro que de tratarse de otra persona seguro que si lo aceptaba, pero no Vash, porque Vash era lo único que tenía y no quería perderlo, prefería mil veces verlo lejos y feliz que tenerlo cerca y desconsolado, acaso porque perdiera, acaso porque esos tipos tramposos le ganaron y él no podía hacerles nada, pero no iba a permitirlo.

—Tu no caerías tan bajo, pero tu amigo puede terminar tres metros bajo tierra si no aceptas, piénsalo estiradito—soltaron a Roderich que se tambaleó nomás escuchar eso, blanco como la cal y con las manos temblorosas.

— ¿No…no estarán hablando enserio?—inquirió con voz rasposa, acaso quizás por el susto.

—Estiradito, estamos hablando más que enserio, así que piénsalo mejor—los tres chicos (porque eran tres) regresaron al lado de Roderich, sacando nuevamente el fajo de billetes que le ofrecieran rato atrás cuando deliberadamente lo arrastraron al interior de ese callejón.

—No…Vash—Roderich, con mano temblorosa, aceptó el fajo de billetes, con unas tremendas ganas de vomitar y sintiéndose peor que escoria—yo…me encargo de que ganen—les dijo, vacilante y nauseabundo.

Mi hermano se enteró, según lo que me cuenta en las cartas, de que los tres chicos andaban sobornando a los nuevos jueces. Temió un momento el que Roderich aceptara, pero después se sintió mal al haberlo juzgado de esa manera, porque sabía que Roderich no sería capaz de eso, pero que equivocado estaba mi hermano…

El día de la competencia llegó, y Roderich no podía dejar de ver a cada segundo a Vash, pensando en que si se diera cuenta del fraude del que sería participe lo odiaría por el resto de su vida, más aún porque era a él a quien iba a hacérselo.

No podía dejar de estar nervioso, acomodándose a cada rato el pañuelo en su cuello, revisándose el cabello, acomodándose las gafas. Advirtió las miradas fugaces de Vash, pero sabía que él también estaba nervioso, por razones diferentes pero al fin nervioso.

Finalmente llegaron al lugar, y los chicos le hicieron una seña a Roderich de que se acercara con ellos. Disimuladamente fue, dejando solo a Vash.

—Mira, estiradito, es muy fácil lo que vas a hacer—comenzó el mismo tipo extraño y moreno de la vez pasada—aquí mi colega—señaló al rubio de al lado—tendrá su comida salada, y yo diré que vi a tu amiguito echarle todo el traste de sal a su comida y tú me apoyaras, dirás que es cierto y que también lo viste—le dijo a Roderich, después señaló a un pelirrojo que estaba a su lado—él también es juez, y también, al igual que tú, confirmará lo que yo digo, es muy fácil y no tendrás problemas ni tampoco tu amigo, así que alegrate—tan descarado como era el extraño moreno, lo volvió a abrazar como despedida, entregándole el restante del dinero. Después se fueron dejando solo a Roderich.

—Hasta que el dinero nos separe, querido Vash—dijo, estrujando el dinero entre sus manos hasta formar una pelota con él.

Lo que no sabía Roderich era que Vash había visto eso, pidiendo desde el fondo de su ser que en la hora Roderich se arrepintiera y no aceptara eso, aunque estaba dudando.

Mi hermano, desde antes que iniciara el concurso estuvo enterado de la tranza del señor Endelstein, pero siempre pensó muy dentro de él que quizás y se arrepintiera, porque eran amigos, confidentes y más, y eso no podía pasarles, no a ellos…

—Yo lo vi, él fue quien echó la sal a mi platillo—acusó el rubio amigo del moreno extraño, apuntando deliberadamente a Vash que se mantuvo sereno, todo después de que cada uno de los tres jueces probara ambos platillos y expusieran un rostro perturbado tras probar el del rubio.

—Yo le he visto, es cierto—declaró el pelirrojo— ¿alguien más?—preguntó. Roderich sabía que iba dirigido para él.

Vash observó fijamente a Roderich, y este inmediatamente se dio cuenta de que Vash lo sabía todo, por su expresión y serenidad, porque de haber sido bajo otras circunstancias sabía que despotricaría contra todo y contra todos, que los amenazaría y finalmente se iría todavía gritando maldición y media.

—Yo…yo también…—su voz había salido quebrada, incluso juraba haber sentido el escozor de las lágrimas en los ojos pero se mantuvo firme hasta donde pudo, incluso después de haber visto la decepción dibujada a la perfección en el rostro de Vash.

En las últimas líneas mi hermano me pide fervientemente que venga a los Estados Unidos con él, porque no quiere estar solo, porque ya no quería sentirse solo. Me mandó dinero dentro del paquete, y yo salí dos días después en el primer vuelo que encontré, aún en contra de las réplicas de mis padres.

Presente

Lily estaba llorando, ambos descuidando por completo la comida que les importaba poco más que nada. Feliciano no sabía muy bien qué hacer aparte de abrazarla y sentir cierto rencor hacia el mencionado Roderich.

Estuvieron así un rato más hasta que el olor a quemado les sacó de sus penas y se pusieron histéricos al no saber cómo apagarlo.

—Vee~ ¡se quema, se quema!—gritaba Feliciano, despertando a los que se encontraba durmiendo plácidamente.

El primero en llegar había sido Ludwig, jalando con él una manguera que nadie sabía de dónde la había sacado. Finalmente lograron apagar el fuego, dejando la cocina ahumada y con tizne por todas partes. Salieron de las cocinas totalmente tiznadas, más Lily y Feliciano que nadie más.

—Ten más cuidado a la próxima—regañó Ludwig a Feliciano dentro del baño, mientras lo ayudaba a limpiarse la cara manchada de tizne.

—Vee~ lo siento Lud, no volverá a pasar—replicó Feliciano dejándose hacer, pensando en que tendría que lavar ese vestido antes de que la manca se pegara más feo.

—Eso dijiste con el accidente de la lavadora—recordó, y Feliciano, de no haber estado tiznado de la cara, se le hubiera visto el rubor que cubrió sus mejillas al recordar eso.

Ludwig limpió la cara de la sirvienta hasta dejarla reluciente, pero enrojeció al darse cuenta de que la estaba mirando mucho y volteó el rostro con la excusa de dejar el trapo en su lugar.

Feliciano no entendió esto, incluso creyó que se debía a que Ludwig estaba enojado con él, así que lo único que atinó a hacer fue abrazarlo y pedirle perdón a gritos rompe tímpanos, de esos que casi nunca pegaba.

Elizabeta, armada de cámara y un abanico, estaba en el marco de la puerta grabándolo todo, abanicándose con una mano y con la otra sosteniendo la cámara, sin importarle mucho la sangre que escurría por su nariz.

—Esto…esto es vida—dijo casi al borde las lágrimas.

1

Francis estaba que echaba humo. Primero Gilbert le había ganado besando primero a una de las hermanas italianas, después había sacado esa frustración molestando a Arthur, pero ahora volvía a despotricar contra su suerte el haber llegado justo en el momento en que la humareda estaba en su apogeo y le había dado de lleno, arruinando su hermoso y caro pijama de seda rosa pastel, así como su pelo recién lavado y su bello rostro.

Merdè!—casi patea una maseta en su camino de vuelta a su habitación, pero paró en seco, una de las hermanas italianas estaba ahí, comiéndose un tomate como si nada.

Oh la la, esta es mi oportunidad—se dijo avanzando a grandes zancadas hasta llegar a su lado. Carraspeo un poco pero ella no le tomo importancia, así que disimuladamente sacó su celular, porque necesitaría pruebas para lo que estaba a punto de hacer.

—Mi hermosa suerte, ahora es mi turno—no le dio tiempo a Lovino de darse la vuelta completamente cuando ya había presionado sus labios contra los de él, haciendo que el italiano tirara el tomate y abriera los ojos del espanto al ver que una cosa negra y con pelo lo estaba besando.

Aunque Francis le estuviera dando un auténtico y romántico beso francés, Lovino no podía dejar de querer salir corriendo porque una abominación negra lo estaba besando, y no es que fuera racista, nada de eso, era porque otra vez lo estaba besando un HOMBRE, otro para su jodida suerte, y eso lo tenía paralizado hasta la médula.

— ¡Lovi, te ataca un monstro negro!—exclamó Antonio llegando en ese momento. Después de la quemasón él y Lovi habían sido los últimos en llegar al lugar de los hechos, por lo que no estaban enterados muy bien del asunto, solo sacaron unos tomates del refrigerador y se fueron a sentar a comérselos, pero él se había tiznado un poco las manos y tuvo que regresar para lavárselas, y cuando regresó se encontraba con que algo negro y peludo estaba besando a Lovina, y eso él no lo podía permitir, por lo que le lanzó uno de los tomates que traía, que si bien no le dio al monstruo negro, si a Lovi tirándola al suelo.

— ¡Ahhhhhhhhhh…!—Lovino gritó antes de caer al suelo después de ser atacado por un tomate.

Francis aprovechó ese momento para salir corriendo, no sin antes tomar una foto del momento, ya después la editaría para que su piel y cabello se vieran limpios y hermosos como siempre.

—Lovi, ¿estás bien?—preguntó Antonio llegando junto a él, ayudándole a pararse.

—Sí, idiota, pero lo que no sé es cómo jodidos un puto tomate me golpeó en la cabeza—se quejó Lovino, olvidando momentáneamente el beso con la cosa negra a causa del golpe.

—A saber…—dijo Antonio evitando el asunto.

—Ma-Maldición ¡no otra vez!—gritó Lovino al recordar por qué fue todo ese show de los tomatazos, sintiéndose violado por segunda vez, y nuevamente por un hombre.

Entre gritos y traumaciones Antonio logró llevar a Lovi a su cuarto donde tenía trapitos para limpiarle los restos del tomatazo que le dio. Lovino llegó como en automático, aun perturbado por haber sido besado por otro hombre, lo que le jodía más.

—Vamos Lovi, tu tranquila—le dijo Antonio sacando los trapitos, y como vio que Lovino no hizo ademan de agarrarlos o algo, él mismo comenzó a limpiarle la cabeza y el rostro, despacio por el golpe que se dio cuando cayó.

—Me ha besado una cosa rara, negra y peluda…—balbuceo Lovino en medio de su turbación. Antonio le miró sin entender inclinando su cabeza un poco, y después se le ocurrió una idea.

Intentó darle de comer el tomate que le quedaba a Lovi, pero no se movió para nada y siguió mirando para el mismo lugar desde que llegó, entonces Antonio recordó como los pájaros alimentaban a sus crías. Mordió un poco del tomate y le dio en la boca a Lovino. Y hasta ese momento Lovino reaccionó viendo al idiota de Antonio darle prácticamente otro beso, pero esta vez sabía a tomate y no sabía por qué.

—T-Tu…—balbuceó Lovino una vez que se separaron. No esperó un segundo más y le dio un tremendo cabezazo a Antonio en el estómago, dejándolo inconsciente y saliendo corriendo muy gaymente.

2

Esperaba que su celular se cargara rápido, Elizabeta lo había dejado descargado después de tanto jugarlo la noche anterior, así que debía dejarlo mucho tiempo ahí. Gilbert se dejó caer en el colchón, recordando el beso que le diera a la italiana golpeadora, y de cómo en ese momento la imagen de Elizabeta se le había ido a la mente, justo como en ese momento.

Estaba consciente de que ese no había sido su primero beso, sería raro que así fuera. Raro era que su primer beso hubiera sido cuando apenas iba al kínder, con alguien de su salón, pero más raro todavía que ese alguien fuera otro niño, Iván Braginski, el tipo ruso con el que Antonio tenía tratos.

Recordaba que había sido porque traía puesto el suéter rojo de Yao Wang, no recordaba por qué pero sí que lo traía puesto. Iván le había confundido con Yao, en el tiempo en que todos creían que era una niña, y precisamente Iván andaba detrás de él. Después resultaría que Yao era hombre, pero esa ya era otra historia

—Eliza…beta—murmuró mirando la pantalla del celular. Una foto donde dos niños estaban abrazados por los hombros, sucios y sudorosos con el uniforme de futbol americano completamente entierrado.

La época en que todos creían que Elizabeta era un chico, todo a causa de que su padre deseaba un varón fervientemente pero su mujer ya no tuvo más hijos que además de Eli. Después de su beso con Iván, esa quizás había sido su experiencia más traumante, enterarse de que Eli era chica y no chico, más cuando tocó sus pechos, teniendo que rezar y hacer varias penitencias por ello.

— ¿Qué fue lo que nos pasó?—le preguntó a la pantalla. Antes eran amigos inseparables, pero desde que Elizabeta se había enamorado de Roderich había comenzado a ser más femenina y menos natural, dejando incluso de lado su amistad con él.

Arrojó el celular a la mesita de noche, tapándose con las cobijas dispuesto a seguir durmiendo.

3

Francis estaba editando la imagen en su laptop, no quería verse negro y mal en la foto. Tan concentrado estaba en su empresa que no notó que alguien tocaba ligeramente la puerta, pidiendo permiso para entrar, y entrando de todos modos porque nadie le había concedido dicha opción.

—Francis—la voz casi inexistente de Mathew por un pelo de rana sorprendía a Francis, que volteó a verlo sin cerrar la ventana donde la imagen terminada estaba en todo su esplendor.

— ¡Oh! Mon petite Mathew—dijo, bajándose de la cama para recibirle como se debía— ¿qué te trae por acá?—dijo llevando consigo a Mathew aferrado a su oso de felpa.

En ese instante los ojos casi violetas de Mathew se encontraron con la imagen, más bien, la foto que Francis exhibiera en la pantalla de la laptop, así como otras muchas que se veían de fondo, tanto con chicas como con chicos.

Mathew sintió envidia y coraje, porque sabía que él nunca podría llegar a verse tan bien como las personas que ahí figuraban. Con ropa de exquisito gusto, muy contrario a su ropa que casi siempre consistía en pants y sudaderas, gente utilizando lentes de contacto para evitar que los anteojos mancharan su hermoso rostro, algo que él no podía hacer porque era alérgico a dichos lentes; acaso también su complejo por su frenillos, razón por la que casi no abría mucho la boca para nada y su voz salía tenuemente. La cosa que más llamó su atención es que cada persona que miraba ahí era madura, en expresión y cuerpo, mientras que él seguía pareciendo un infante (sin contar la constante aparición del oso de felpa).

Apretó con fuerza su puño donde llevara al oso. No era justo que todos se vieran tan bien mientras él parecía sacado de una comedia, interpretando al personaje feo, al que nadie quería porque usaba lentes y frenillos, incluso no llegaba a explicarse cómo era eso de que Alfred era todo un casanova, siendo ambos casi idénticos, pero prefería no pensar en ello, porque de nada servía tener a medio mundo detrás de ti cuando la persona a la que quieres ni siquiera te voltea a ver.

—Alfred me pidió que viniera—soltó un poquito inseguro.

Textualmente Alfred había dicho: "ves tú, a ti no intentará violarte". No sabía si reír o llorar con eso, aunque era probable que terminara haciendo ambas.

—Para los consejos de conquista. Oh el amour~—canturreó Francis, llegando al pie de la cama, y cuando notó la laptop con la ventana de la imagen abierta la cerró enseguida casi en automático, cuestionándose el porqué de ese acto reflejo cuando siempre había sido despreocupado al respecto.

—Primero que nada ¿trajiste dónde anotar?—preguntó haciendo que Mathew se sentara frente a él en la cama. Mathew asintió sacando de la bolsa de su sudadera una libretita y una pluma—muy bien, entonces anota el primero consejo: hablarle bonito. Cuando adulas a esa persona, vaya, que cuando comienzas a cortejarla con palabras. Siempre funciona, o al menos siempre me funciona a mí, no estoy muy seguro de que Alfred haya sido hecho para hablar de esos temas, de hecho pienso que Alfred no fue hecho para hablar. De todas maneras, si no encuentra qué decirle, siempre puede preguntarme al respecto—Mathew anotaba tan rápido como sus manos pequeñas y delgadas se lo permitían. Había olvidado mencionarlo, el pobre también era asmático. Cada pequeña partícula de polvo o ciertas flores le causaban alergia o un repentino ataque de asma, con todo eso era de esperar que nadie quisiese salir con alguien como él, tan enfermizo y poco atractivo.

— ¿Has anotado todo?—inquirió Francis, notando de pronto como Mathew se había quedado flipando, mirando sus manos como si de pronto fueran lo más interesante en ese momento—Mathew ¿estás bien?—se acercó un poco más, por temor a que le fuera a dar un ataque o algo. En ese momento Mathew levantó el rostro, conectando sus ojos con los de Francis.

Un momento vertiginoso para ambos, incómodo para Mathew e inesperado para Francis. Y entonces Mathew, encendido hasta las orejas al rojo vivo, retiró la mirada a otro lado, diciendo atropelladamente "adiós" y saliendo disparado de la habitación. Definitivamente, no estaba preparado todavía para eso.