Universidad

A Jacob no le importaba tener que recorrer todo un día corriendo el país. Tampoco le importaba quedar cansado y terminar con la lengua fuera de su hocico, sin poder controlar sus deseos de beber lo que fuera con tal de calmar su sed. Y mucho menos le interesaba dejar abandonado el taller por dos días y medio exactos, después de todo, él era su propio jefe y perder las posibles ganancias por su ausencia era su propia decisión.

Todo por estar con ella diez horas completas.

La rutina siempre era la misma: llegaba a la periferia de la ciudad y se detenía para transformarse. Limpiaba la ropa que llevaba atada a su pierna con la ayuda de Quil para luego colocársela. Y desde allí caminaba como humano por unos quince minutos hasta llegar al campus de la universidad.

Y, aunque se pensara lo contrario, la rutina siempre parecía una nueva aventura.

La emoción que golpeaba su cuerpo cuando volvía a su forma humana lo hacía hasta saltar. Como lobo, sólo se dejaba llevar por instintos y pocos pensamientos o sentimientos podía tomar en cuenta, porque estaba más enfocado en correr, en aullar, en olfatear el rastro de algún ciervo o el dulzón aroma de un chupasangre cercano. Siempre estaba Angela en sus pensamientos, pero el remolino de emociones e imágenes que inundaban su ser al tener cuerpo humano, le encantaba.

Había algo especial en cómo su corazón saltaba cuando llegaba al campus y caminaba hasta llegar al edificio en que estaba su dormitorio. Tomaba una piedrecilla y casi sin tomarse más de dos segundos, porque se había memorizado el edificio y sabía qué ventana pertenecía a la del dormitorio de Angela, la lanzaba contra el cristal de la ventana produciendo un corto ruido.

Le encantaba cuando escuchaba suaves y cautelosos pasos aproximarse hasta la entrada del edificio. Ella abría la enorme puerta de vidrio y al instante podía sentir su exquisito aroma a naranja y durazno inundar el ambiente.

Sin embargo, lo que más le gustaba era la sensación de las manos de Angela tomándolo por la muñeca obligándolo a entrar rápidamente mientras le lanzaba una mirada chispeante; una mezcla de travesura y ternura, que sólo en ella se podía presentar.

-¿Sabes que no pueden entrar extraños al campus a estas horas? –preguntó una vez con un tono ligeramente nasal.

-Toda mi vida he sido la excepción a las reglas, Ang –contestó mientras sus alientos chocaban.

Y mucho menos le iba a importar a Jacob emprender nuevamente ese recorrido tan familiar, puesto que tenía una aventura gravitalmente mayor que los años anteriores en aquella travesía. No por nada Angela se graduaría en tres meses y prometieron formalizar la relación llegado a ese periodo en particular.

Esa noche, Jacob Black le pediría matrimonio a Angela Weber.


N/A: La primera viñeta que escribí para esta tabla; y al tratarse de una de las que más me gustan y al funcionar como secuela de "The Hardest Part", se la dedico especialmente a Carla Gray por haber sido su cumpleaños hace algunos días, por no decir semanas, atrás (no te preocupes, no revelaré la fecha porque si no la tienes en tu perfil, entonces la quieres mantener en secreto). Ella ha sido una de las lectoras con las que más me he reído en los reviews de estos Jake/Angela que he escrito, y la verdad agradezco muchísimo sus correcciones ortográficas y su humor. ¡Ésta es para ti, Carly!

Vale, esto es una publicidad extraña, pero es por si saben inglés y les gustan los Jake/Angela. ¿Alguna alma caricativa que levante la mano, afirmando con la cabeza? Bien, si ese es el caso, entonces me gustaría invitar a esas personas a leer mi one-shot "Sunny day". Nació una noche de insomnio, y para estar en otro idioma, quiere decir que en verdad estaba desvelada. En fin. Si quieren darse una vuelta, prácticar su inglés y hacer a esta pseudo-escritora feliz, pues vayan con toda confianza. Y no hay necesidad de escribir el review en inglés, eso ya sería entregarles bombas con la invitación.

Sin afán de hacer esta nota más larga que la viñeta, me despido. ¡Muchas gracias, y hasta la siguiente viñeta!