Quedé pasmada mirandole boca abierta. No lo puedo creer, soy un imán para los locos. El lugar quedó en silencio por un momento entre las dos. Jeff se levantó con dificultad, le sangraba la frente (supongo de algún ataque que no llegué a ver), reaccionando, moviendose como ebrio. La chica se dió vuelta, luego volvió la vista a los cuchillos y fue deprisa a tomarlos de un salto, hacendome gritar por la presión en mi mano. Agarró los dos y amenazó a Jeff, su sombra recortada contra la luz de la cocina le daba a todo un aspecto de pelicula. Bueno, la verdad es que todo parecía de pelicula... al menos para mi.

Por un momento tuve la mente en blanco, inmóvil en el suelo. Y luego comencé a reir histercamente.

-Me estan jodiendo -decía en el absurdo ataque de risa- Demonios, me tienen que estar jodiendo...

Los otros dos me ignoraron por completo. Se miraba con un rencor e ira intensos, casi palpables. Pare de reirme con un suspiro por el esfuerzo. Y entonces todo pasó deprisa. Como si alguien le hubiera puesto play a la escena en el momento en que me callé.

Jeff propinó una patada hacia la mano izquierda de la chica y en la distracción me tomó de la cintura, apoyandome como un saco sobre su hombro, y corrió a toda velocidad hacia el piso de arriba. Indignada, lo puñeteé en la espalda todo el trayecto la lancé patadas a su pecho. Pero fue inútil, no me soltó hasta que llegamos a mi cuarto y hubiera cerrado la puerta.

-No servirá de mucho -masculló. Empujó mi escritorio (derribando la mitad de mis cosas) y esperó.

Yo aún seguía tirada en mi cama, como me había dejado. No podía entender su bipolaridad. Al final me levanté y le dí una merecida patada en las partes nobles, que lo hizo caer de rodillas, con un insulto. Sentí como la rabia comenzó a subir a mis mejillas mientras me descargaba.

-¿¡No puedo dormir tranquila al menos hoy!? ¡Me tienes hasta los cojones con tu manía de no dejar un trabajo sin terminar! ¡Ni siquiera deberías existir! ¡Se supone que no eres real, que eres una leyenda urbana! ¡Tu y tu trío de locos!

Lancé un largo suspiro y me tiré a la cama, ya relajada. El chico me miró de reojo desde el piso.

-¿No te parece que no es momento para eso? -dijo apretando los dientes.

Yo lo miré. Y aunque era cierto, no me importaba. Tenia todo el derecho del mundo de despotricar contra el y el mundo. Y de repente sonreí.

-¿Acaso... esa es Jane? -dije burlonamente.

Iba a contestarme cuando el pomo de la puerta comenzó a moverse. Me levanté alerta, buscando algo para defenderme. Y recordé el cuchillo bajo la almohada.

"Ay Carol, que lista eres" dijo una vocesita en mi mente. Y bueno, soy algo olividadiza...

Lo agarré y me puse en la puerta. Jeff me miró con burla, como si no creyera que podía contra ella.

-Una de las ventajas de los asesinos como tú -dije entre dientes- es que el miedo es un factor clave. En medio del terror, la gente no suele razonar muy bien.

Aunque no lo mire, pude sentir sus ojos pensativos en la nuca. Corrí la mesa, agarré la almohada (a última instancia) y la puerta se abrió con un estruendo. Interpuse mi escudo de algodón, desviando el ataque del primer cuchillo, apresando su mano contra la pared. Clavé el mío en la muñeca de la otra mano, haciendo que con un chillido la soltara. Ya no me iba a contener de hacerle daño.

Con una patada la mandé hacia atrás, y cayó. Me miró unos segundos con la inexpresiva cara de payaso (que daba más rareza a la cosa) y decidió correr escaleras abajo, escapando, ya que la herida comenzó a sangrar demasiado. Tal vez incluso razgué la vena.

Me quedé en el umbral, dejando que se vaya. Dios, esa era la chica que me crucé en la calle, a la que me dió verguenza casi propinarle un codazo.

Estaba exhausta, antes de despertarme había dormido tan solo media hora. Me dí vuelta. Jeff me miraba incrédulo (tal vez incluso con admiración), mientras las gotas de sangre caían por su rostro. Noté que sus ojos no estaban dilatados (daba por esto algún tipo de signo sobre su estado de ánimo) y me pregunté si debía matarlo allí, con el cuchillo que aún sostenía, ensangrentado, en mi mano derecha.

En cambio, lo apunté con este.

-Ahora dime -dije con voz grave y amenazante- ¿Qué quieres de mi?

-Nada -se llevó la mano a la cabeza, con un gesto fatigado, como si llevara todo el peso del mundo a cuestas- Solo... solo dejame en paz...

-Eso debería decirte yo -el odio saltaba en mis palabras- Dímelo.

-Eres alguien interesante -esbozó media sonrisa- Digamos que quería conocerte mejor.

-Que halago -ironizé- me siento tan feliz de que alguien como tu quisiera eso...

El se rió. Miró el cuchillo fijamente y luego a mis ojos, como sugiriendo.

-¿Y? -dijo con una sonrisa- ¿Me matas o no?

-¿Valoras tan poco tu vida para preguntarmelo, asi sin mas?

-Si no lo haces tu, lo hara la hemorragia.

Fui conciente de que iba en serio. Pero viendolo asi, tirado en el suelo, atajandose la frente, con gesto triste y una sonrisa forzada, me ablandaron. Alli tirado, parecia solo los restos de alguien que fue antes.

Suspiré. No podía creer lo que estaba por decir.

-Ven, te devolveré el favor por sacarme del rollo alli abajo.

Me miró perplejo, Pero se paró y me siguió. Fuimos hasta la cocina (yo atras por si se le ocurría algo). Allí mojé un paño y se lo pase por la frente, levantando un poco su flequillo. Era una situación incómoda, pero Jeff parecía muy desorientado, algo perdido, como con sueño, asi que fue como si estuviera ayudando a un paciente de alzheimer. Miré la herida. Era como si le hubiera encajado la punta redondeada de algo, y era un poco profunda, era normal que estuviese asi.

Mientras apretaba un paño más largo para detener la hemorragia, me pregunté por que lo hacia. El seguro no habia tenido compasión de nadie nunca. Pero en el fondo sabía el porqué: me daba pena. He leido muchas historias sobre gente con estos estados mentales, en busca de alguna respuesta para mi falta antinatural de miedo. Este tipo de gente es díficil, es como un cáncer creando por tu propia mente. Algo que no siempre se soluciona con pastillas, y ni con estas se soluciona del todo.

Terminé de vendarle. Nos quedamos en slencio, inmóviles.

-¿Por que me ayudas? -dijo de repente en un susurro. Un perro ladró afuera y otro le respondió.

Me encogí de hombros ¿Qué le podía decir? Hasta a mi me parecía un acto en contra de la humanidad.

-Eres muy interesante -su sonrisa fue pequeña, sincera. Casi agradecida.

Nunca he tenido el honor de contar con hermanitos, pero la sensación que me invadió seguro era de esas que solo sienten los hermanos mayores. No tengo muy claro el motivo.

-Bien, pero mi casa no es un hotel, asi que ya, vete.

-Bien -y se levantó. Camino pesadamente hacia arriba. Lo miré mal y el me dijo que era mejor que saliera por la ventana del ático. Al menos en eso estuve de acuerdo, y avanzamos en ese silencio incómodo que era nuestra pequeña tragua.

-Una última cosa -dije cuando llegamos, el ya estaba con media pierna afuera, se volteó para verme.

-¿Qué? -su voz denotaba fastidio.

-¿Por qué me salvaste allí, de ella? -la llevaba atorada allí desde aquel momento.

El miró al exterior, como procesando lo que iba a decir, me volvió a mirar, con gesto serio.

-Tu risa. Supongo que me simpatizaste o algo.

Hice una mueca. No es la cosa mas buena del mundo simpatizarle a un loco.

Hizo un gesto con la mano de despedida y saltó hacia la negrura de la noche. Corrí hacia la ventana, habia olvidado una cosa.

-¡Hey! -grité- ¡Esa era Jane! ¡¿No es asi?! -y me reí.

-¡Púdrete! -alcancé oirle gritar.