Hola!

Uff, hace mucho tiempo termine de escribir esas historia, y me prometí a mí misma que haría un epílogo, pero muchas razones me hicieron dejar de escribir.

Hace tiempo volví a teclear historias y pensé que no podía dejar mi propósito de darle algo más a esta historia y pues aquí está...

Buena lectura!

Epílogo

Bulma sabía muy bien que ser madre no iba a ser fácil, su corazón había crecido dos tallas al ver a su pequeño por primera vez, y las palabras de Goku resonaban fuerte y claro en su cabeza aún cuando lo tomó entre sus brazos luego de dormir un poco esa noche...

"Que tengas un bebé sano"

Sus ojos se llenaron de lágrimas y sintió como que la vida se le iba y regresaba cuando el niño tomó su dedo índice y lo apretó con más fuerza de la que creía que un recién nacido tendría. Era un saiyajin. Era el hijo del príncipe de los saiyajins. Una mezcla de orgullo y nostalgia le llenó el pecho y una risita nerviosa le escaló por la garganta .

-Bienvenido, mi querido Trunks, hay tantas cosas en este mundo que me muero por mostrarte.

Él creía que ella no se daba cuenta. No hubiera habido forma de sorprenderlo de la manera tradicional... El muy maldito tenía oído de tísico, y al ser tan veloz, se alejaba sin dejar rastro al apenas escucharla acercarse.

Ella no lo hubiera sospechado, y si alguien se lo hubiera contado, en vez de verlo con sus propios ojos, no lo hubiera creído, y hasta se hubiera reído de quién se lo dijera.

La científica había pasado un par de meses difíciles al volver del hospital, pues aunque la recuperación de la cesárea no fue tan difícil, lo realmente complicado era el carácter de su pequeño. Particularmente durante las noches, en las que no dejaba de llorar ni por un solo instante, haciendo lujo de sus potentes pulmoncitos. Bulma, se había preocupado al inicio, pero luego de intentar de todo para hacerlo callar, una noche lo dejó solo por un momento sobre la gran cama de su habitación, mientras ella buscaba una aspirina en el botiquín, y al momento en el que volvió el pequeño estaba completamente dormido. La científica incrédula y con algo de temor intentó acostarse lo más lentamente posible junto a su pequeño, pero en ese momento el bebé empezó a llorar de nuevo.

Trunks prefería dormir solo.

Al día siguiente la peliazul mandó a pedir una cuna digna de un príncipe y la instalaron en la habitación contigua a la suya, la cual su papa había decorado en colores azules y marrones para su pequeño Nieto, pero Bulma había preferido que su hijo durmiera con ella. Mala idea.

Desde entonces Trunks había dormido perfectamente bien, y junto a su gran apetito, nada preocupaba a Bulma y todo le aseguraba que precisamente, como su amigo le había deseado, ella era la orgullosa madre de un muy sano saiyajin.

De hecho, a partir de ese día, Bulma descubrió que a Trunks le encantaba estar en su habitación, en ningún otro lugar el bebe demostraba más paz y tranquilidad. De modo que la peliazul se acostumbró a dejarlo en su pequeña habitación, claro yendo a verlo a cada cierto tiempo, estando su madre cerca y habiendo instalado en la habitación un sistema de vigilancia bien escondido y conectado a los monitores en su laboratorio.

Y así fue como lo vio.

No era algo de diario, y tampoco duraba mucho tiempo, pero al menos una vez por semana, el padre de su pequeño entraba a la habitación y se quedaba mirando a su hijo desde la pared opuesta a la cuna... Cuando Trunks estaba despierto, no daba un paso más allá del portal, se quedaba lli observando, con una expresión entre intrigado y asombrado, una expresión que posiblemente nadie más que la peliazul había podido ver en el rostro del guerrero, y eso en sí ya era un logro. Pero cuando el pequeño estaba dormido, el príncipe se acercaba a la cuna, sus brazos cruzados, el ceño fruncido y los ojos fijos en el bebé. Su expresión era indescifrable, y la científica podría jurar que había miles de pensamientos pasando por la mente del guerrero. Ella sabía bien que Vegeta no sería el padre ideal, ella misma no creía la seguidilla de eventos que los habían llevado a tener un hijo, pero ahí estaban, cada quien con sus inseguridades, cada quien con sus miedos...

Bulma sentía cada vez que veía al hombre de cabellos oscuros acercarse a la cuna, una cálida sensación que le llenaba el pecho y le escalaba a los ojos, ella amaba a su pequeño, y aunque no estaba muy segura de sus sentimientos hacia el guerrero, lo que sí sabía era que eran intensos, ese hombre necio, agresivo, grosero y terrible, había logrado colarse a su corazón, había pasado a formar parte permanente de su vida y pensar en su ausencia la hacía estremecer, además, simplemente por haberle dado la alegría inmensa de ser madre, el hombre de cabellos negros que veía en el monitor, era dueño de una parte de ella.

Aún habían muchas dudas e inseguridades en su mente que se agolpaban, quería poder estar segura del futuro, estar segura de que su pequeño podría crecer en un mundo seguro y que no tendría que pasar por el terrible futuro que el joven viajero del tiempo les había predicho.

Una tierna sonrisa se dibujó en su rostro al ver esa tarde al saiyajin entrar a la habitación de su hijo como ya le era costumbre. El niño estaba dormido, por lo que el guerrero no se detuvo en el portal. Su expresión era como siempre indecifrable, sus ojos fijos en el bebe y su ceño fruncido. El guerrero dio un par de pasos más y descruzó los brazos.

Bulma soltó la llave que tenía en las manos para concentrarse de lleno en la pantalla.

Vegeta dio un par de pasos más. Nunca había llego tan lejos dentro de la habitación, la científica se acercó a la pantalla con expresión curiosa.

El ceño del Príncipe se suavizó un poco y una mueca parecida a una sonrisa apareció en su rostro; Bulma sonrió. El guerrero alzo una mano dentro de la cuna y la posó en la mejilla del bebe, la peliazul se sobresaltó con el gesto y los ojos se le llenaron de lágrimas, se limpió los ojos con el dorso de la mano y al abrirlos de nuevo vio a vegeta con la palma extendida hacia el pequeño en un gesto parecido al que ella reconocía como el previo a un ataque y su corazón se aceleró. Se quedó inmóvil al ver como la palma del saiyajin se iluminó y luego un flash inundó la pantalla.

Bulma gritó al mismo tiempo que se incorporaba sobre la cama, un sudor frío cubría su frente, su corazón latía a mil por hora y sus manos temblaban. La pesadilla había sido horrible, tán vivida, tan real. La científica no se dio cuenta de cuando había empezado a llorar, pero se limpió los ojos con el dorso de la mano antes de bajar de la cama con premura y dirigirse a la habitación de su hijo, sin molestarse en ponerse los zapatos.

La puerta estaba abierta y el corazón le palpitó fuerte por alguna razón. Al entrar a la habitación un jadeo escapó por sus labios y se llevó las manos a la boca ante la escena que encontró.

Vegeta estaba parado a la mitad de la habitación, tenía los brazos extendidos y a Trunks entre las manos mientras el pequeño pataleaba y movía las manitas vigorosamente, los ojos del pequeño tenían rastros de lagrimas pero una mueca algo así como una sonrisa le adornaba el rostro. Vegeta por su parte tenía el ceño fruncido, y los ojos fijos en el bebé.

Bulma caminó lento hasta estar a un par de pasos del padre de su hijo, quien dio un respingo al escucharla cerca, ella nunca creyó ser capaz de sorprenderlo, pero el gesto en la cara del príncipe le decía lo contrario...

-El mocoso estaba llorando -dijo el guerrero en su acostumbrado tono hosco, mientras le entregaba al pequeño con brusquedad. -No debes dejarlo llorar tanto, puede ahogarse- añadió ya caminando hacia la puerta antes de detenerse y voltear a verlos. Bulma ya acunaba al bebé en sus brazos, quien parecía inquieto y movía sus manecitas en dirección al saiyajin del portal.

-Deberías cortarle la cola- le dijo sin verla a los ojos, más bien con la mirada fija en su hijo; al subir la mirada encontró el gesto confundido de la peliazul. -En realidad es solo una vulnerabilidad, y ya no es necesaria, los saiyajins podemos ser más fuertes de lo que jamás imaginamos sin necesidad de esa desastrosa transformación. -Bulma solo parpadeó, no atinaba a decir nada... -Pero haz lo que quieras, es tu mocoso. -Añadió al fin antes de salir y dirigirse a su propia habitación.

La científica parpadeo varias veces antes de voltear a ver a su bebé, quien se retorcía en sus brazos, la verdad ya había pensado en cortarle la colita, pero temía que a Vegeta le pareciera mala idea, por alguna razón ella creía que la opinión del príncipe era importante. Después de todo era su hijo.

Era su hijo.

Una sonrisa enorme se dibujó en el rostro de la científica mientras su corazón desbordaba de emociones. Ella lo entendió en ese instante, ella amaba a Vegeta, amaba a ese ser tan difícil de entender, lo amaba porque él le había dado a Trunks y porque tenía la certeza, de que aunque fuera despacio, y fuera de lo común, Vegeta sería el padre de su hijo, sería un padre del que Trunks podría sentirse orgulloso, sería quizá no el padre ideal según los estándares humanos, pero si el padre perfecto para su pequeño. Jamás sería capaz de herirlo, jamás sería capaz de dejarlos, algo en los ojos del saiyajin se lo decía, el había encontrado su lugar en este mundo, y por mucho que le costará aceptarlo, era junto a ella y su bebé. Y aunque sabía que sería un camino largo hasta que Vegeta dejará un poco de lado su orgullo y aceptara sus sentimientos hacia su familia, Bulma estaba segura de que ese día llegaría. Tán segura como el gran amor que sentía por esos dos seres tán poderosos que compartían casa con ella ahora.

Su hijo, y su Vegeta.

El motivo de esta historia siempre fue el describir los sentimientos de Bulma hacia su pequeño recién nacido, y pensaba dejarlo en un one-shot, pero la historia creció y recibió mucha retroalimentación bonita, por la que estoy muy agradecida.

Creo que todo esto podría dar para una continuación en otra historia pero el tiempo y la disponibilidad dirán...

Gracias por leer hasta aquí!

Sean muy felices!