Me da esa dulce sonrisa otra vez, sus ojos brillando a la luz del sol. –Hey, he estado esperándote desde hace un rato.
Sonrío ampliamente en respuesta y siento la energía de Hiei crecer tras de mí. Su rostro es duro y severo, sus manos están en sus bolsillos y su cabeza ligeramente inclinada. –No sabía que estarías aquí, Koenma.
Mis brazos se enredan a su alrededor y él me corresponde el abrazo. –Persuadí a mi padre de que me dejara quedarme, ¡Y funcionó! Regresaré a la escuela y nosotros… nosotros… podemos volver a como lo dejamos, ¿verdad?
La pregunta paraliza mis pensamientos por un momento. Miro hacia Hiei y sigue parado de la misma manera. –Umm. –Por supuesto, tan dulce como soy, no puedo rechazarlo. –Sí. Me encantaría…
Entonces, algo raro sucede. Siento que el cuerpo de Hiei se mueve y siento una apuñalada en el corazón. Se mueve otra vez y se aleja. -¡Hiei! –Pero Koenma me toma del brazo.
-Olvídalo. Lo importante es que estamos juntos de nuevo. Nada puede separarnos, ni siquiera tu amigo, ¡Me acabo de dar cuenta!- Toma mi mano y amplía su sonrisa aún más. –Te amo.
Quiero replicar a sus palabras, pero algo se levanta en mi pecho y no puedo respirar. Miro hacia atrás y no veo signos de él. Mi corazón está a punto de rendirse. Puedes hacer esto, me digo para mí. –Yo también te amo. –Es la única mentira que deseo nunca haber dicho. Esas palabras no significan nada para mí ahora, no si van dirigidas hacia él. Significa mucho si van dirigidas a quien añoro.
Me despierto a mitad de la noche, viendo medio dormido a un par de ojos rojos. -¿Hiei?-Susurro.
-Shh. Ve a dormir, rojito. –Siento algo caliente en mi frente y él desaparece. Mis ojos se cierran por el cansancio y olvido todo lo que acaba de pasar.
En la mañana, Koenma espera por mí frente a mi casa, como es lo usual. Toma mi mano y casi quiero tirarla lejos de mí. Su toque es distinto a lo que recuerdo. La escuela va a ser dura a partir de ahora. Koenma me habla acerca de la casa de su padre, de cómo tiene sirvientas, chicas hermosas que hacen su trabajo, y lo rápido que se aburrió. Le rogó a su padre que le permitiera volver aquí, cerca de mí. La culpa corre por mis venas mientras habla. Ni siquiera estoy seguro de por cuánto tiempo seré capaz de soportarlo.
En la escuela, todos se agitan por el regreso de Koenma, pero mi atención está en otro lado. Busco por cierto chico de cabello puntiagudo, verticalmente inclinado y ojos rojos a quien le debo una disculpa. Pero la gente me rodea como barreras imponentes. Las voces de todos resuenan crucialmente en mis oídos. La campana aún no ha sonado y todavía quedan unos buenos cinco minutos. Tomo un paso hacia atrás mientras todos rodean a Koenma y corro dentro del edificio.
Subo las escaleras sabiendo que probablemente estará allí. Y tengo razón. Hiei mira por encima de la valla hasta el lugar donde me encontraba hace poco. Ha estado observándome. –Buenos días Hiei.
Se queda en silencio. Camino junto a él y apoyo mi antebrazo en la barrandilla. Su mirada no vacila y estoy seguro de saber por qué. Hay un muro rodeándolo y no se derrumbará pronto.
–Hiei-
-¿Lo ves, rojito? ¿La gran oportunidad para una amistad? Pero él no le hablará a ella porque sabe que ella ya tiene alguien a quién amar. Él tiene miedo. –Frunzo el ceño por sus palabras y sigo su mirada. No veo a nadie que encaje en su descripción.
-No veo nada. –Admito tímidamente.
-Porque eres un tonto, Kurama. No ves nada porque tu amabilidad e inocencia no te dejan. Estás demasiado ciego como para si quiera ver quién está frente a ti. –Su voz se eleva en cada oración. –Algún día lo descubrirás, pero para entonces será demasiado tarde. –Se voltea y suspira profundamente.
No lo entiendo a veces. Por eso lo encuentro divertido. –No entiendo lo que tratas de decir. No estoy ciego. Mi visión es perfecta y veo bien en la oscuridad.
Pero eso sólo parece enojarlo más. -¡Eres un idiota!- Repite, más alto esta vez. -¡No te das cuenta de lo que estoy hablando! ¡Admítelo! Tienes miedo de saberlo y herir a tu preciado amante. Déjame decirte algo, rojito, si se atreve a herirte rebanaré ese rostro que ves tan hermoso. Lo rebanaré y lo tiraré en un río.
Estoy confundido, ¿Cuándo Koenma hirió a Hiei? Mi expresión se vuelve molesta. -¡Cállate! No sabes de lo que estás hablando. ¡Koenma nunca me ha herido!
-¡Mentiroso! ¡Te hirió el primer día que conocimos! ¡Para de actuar como si no supieras a lo que me refiero, rojito!- Se detiene y respira profundamente. –Todo lo que quiero decir es –Empieza a ser más suave – Que no quiero verte así otra vez. – Su mano toca mi mejilla. Un pequeño destello aparece en su rostro por un segundo. –Eres demasiado bueno para ese bastardo. – Se da la vuelta y se aleja. Quiero correr tras de él, pero mis pies no me hacen caso. Es como si estuvieran pegados al suelo.
… Creo que mejor me guardo mis comentarios…
