La forma que toma el amor
Y poder darte un poco más de todo
Cuidaré cada instante que sea de los dos
Tu…
Tomo el primer paso, mi cabeza se recarga en su pecho, es una sensación rara y a la vez muy reconfortante. En ocasiones me planteó más de un momento para cambiar mi personalidad y ser más expresiva, pero considero que no es necesario, así soy yo, y tal vez no sea la persona más fuerte emocionalmente, pero me agrada esa vulnerabilidad.
—Sal, debo cambiarme de ropa—le indico poco después.
Es claro que él esperaba quedarse ahí, sin embargo, es potencialmente malo. El sexo está prohibido en mi mente y lo estará en mi vida una larga jornada. Aunque, si lo pienso con detenimiento, jamás ha sido elemental estar juntos, es algo que no hacemos a menudo y no tomaremos práctica ahora.
Yoh se separa de mí con lentitud y casi puedo jurar que le cuesta trabajo, como si al hacerlo estuviese separándose de mí en una forma más concreta. No digo nada, incluso cuando se va, lo hace en silencio para no molestarme y lo afirmo, no me incomoda, sólo quiero probar algo que a la par resulta… ¿hermoso?
Sacó de mi bolsa los pañuelos desechables, el moño sigue ahí y mi atención también. ¿Cómo algo tan simple puede convertirse en un buen detalle? Ahora que me he cambiado de ropa, siento la diferencia de traer vestido y ataviarse de prendas, es natural, estoy enferma, quiero calor y no el frío viento corriendo por mi piel.
Estornudo un poco antes de sentarme en el suelo y colocar en la mesa un libro. La novela que Kouji me lee cada tarde, y de la cual sólo escucho la mitad por ver otras cosas. Su superficie es rugosa y las páginas amarillas delatan lo viejo del libro. Sin embargo, eso no importa, hay algo que me hace abrazarlo.
Cierro los ojos y permito dejar a mi imaginación correr, flotar si lo desea. Inevitablemente me han dado ganas de llorar, es tonto y totalmente ilógico, pero hay algo en todo eso que me da nostalgia, en que recuerdo la forma que él me abraza y me protege. Jamás han hecho algo así por mí, ni siquiera Yoh.
—Anna, ¿puedo pasar?—oigo de nuevo su voz y no puedo comprender cómo es que ha venido nuevamente.
Limpio mis lágrimas, el rastro que queda, y respiro suavemente antes de dejarlo entrar.
—Pasa, pero más te vale que no vengas con el enano de Manta—le advierto sin mucha severidad, especialmente porque su amigo seguramente me tiene fichada de algún modo.
Noto entonces que Yoh lleva una charola en la mano y cierra la puerta hábilmente. A veces me regocijo de logros como esos, sólo que no esperaba que me llevara la comida y menos que fueran dos platos, cómo si no fuese a comer con Manta y Tamao…
—Pensé que seguías un poco enferma y quise acompañarte-me dijo tan jovial como siempre— ¿Te han dejado leer eso?
No tengo la menor idea de por qué pero antes de que él lo tome de la mesa, yo lo agarro y lo pongo en mi regazo. He tratado de no ser esquiva y mucho menos grosera, pues Yoh en verdad no lo merece. Así que sólo sonrió con levedad. Si supiese que esa es una novela romántica, no imaginó la cara que pondría.
—Ojala pudiese leer tu mente—comenta con cierto tono de decepción y no comprendo qué tiene de maravilloso hacerlo.
—Tú… a diferencia de mí, sabes estar controlado y estás siempre estable. Tal vez para ti no implique un reto—reconozco sin la menor duda—Te admiro por ese temple frío y alegre.
—Gracias…
Estamos frente a frente y aún así, casi puedo sentir que no hay una barrera física entre nosotros, especialmente cuando comienza a comer. Es una buena señal, al menos olvidó por completo el libro. Estornudo de nuevo. Francamente, no espero comerme todo lo que ha traído, ya que no tengo hambre, así que sólo agarro el té y lo bebo mientras tomo las pastillas que me ha dado Kouji.
Sé que soy blanco de su atención, lo que me hace preguntarme con detenimiento si tengo algo en la cara. Yoh toma un fragmento de pollo con los palillos y me lo ofrece. Es muy probable que mi rostro tenga un gesto de extrañeza, ya que eso jamás había tenido lugar entre nosotros. Muerde un trozo y después lo pone frente a mi boca.
—Tienes que comer—me dice con delicadeza, y mucha soltura—Vamos…
Qué linda forma de animar a una persona a comer, en verdad, de no ser porque he vivido con él ya dos años, diría que Yoh es un amor, y si estuviese lo bastante enferma como para delirar.
—No tengo hambre—pronunció con firmeza, pero tal parece que no aceptara un no por respuesta.
—Si no comes, tendré que desnudarte y hacer cosas malas contigo—contesta con una inocente sonrisa, claro, como si no conociera lo que realmente es capaz de hacer.
Yo tomo mis palillos y alcanzo a coger el trozo de pollo de los suyos. No quiero enfermarlo, de hecho, me parece especial que él trate de establecer una intimidad más profunda a pesar de no saber con detalle el por qué.
—Veo que en verdad no quieres tener nada conmigo—añade con cierta… ¿melancolía?
Es difícil creer que algo así pueda desubicarme, pero cuando su mirada recoge fragmentos del pasado, lo comprendo absolutamente todo. Nos tenemos el uno al otro, de forma incondicional, sin importar nada más. Poco a poco suelto el libro de Kouji y me pongo a reflexionar sus palabras.
—Tal vez piensas que te has enamorado, pero tu amor es nulo, porque no sabes amar—evoco fácilmente el hueco su mirada y ahora más al tenerlo de frente, no tengo idea qué tan mal he vivido, sólo sé que no he sentido un arrebato tan loco al amar.
—Quiero tener un hijo contigo, quiero casarme, ser tu esposa y seguir con nuestro futuro—aseguro confiada, mas ello no levanta su ánimo ¿Qué sucede con Yoh?
— ¿Existe acaso un futuro?-preguntó triste- Después del torneo ya nada es igual.
—La vida sigue-contesto posando mi mano sobre la suya—Todo cierra un ciclo.
Su mano aprieta la mía en un gesto firme y suave. Toma un bocado más y lo lleva a su boca continuamente. La tristeza siempre obedece a un impulso, a un flechazo de verdad, concisamente a un terrible mal revelado. Puedo verlo, incluso en sus ojos, que están tristes, que hay algo que le duele y no me va a decir jamás.
— ¿Puedo dormir contigo cada noche, de hoy en adelante?—cuestiona con verdadera vehemencia—Por favor…
Nunca me pide favores, sabe que estoy dispuesta a cumplir sus deseos, que es una de las partes que distinguen a nuestra relación de las demás y sin embargo, suena tan bien en sus labios. Se acerca a mí y la distancia entre nosotros es muy escasa. Sus brazos me rodean y mi cuello siente uno de sus dedos acariciando levemente mi piel.
—Sí
No tengo idea si intenta seducirme, pero tan pronto como dejo de crear un mundo perfecto en mi mente, me levanto y cierro la cortina de la habitación. Puedo sentir su cercanía, la forma tan sincera en que acude a mí con prontitud. Me siento extraña entre su actitud sobreprotectora y la acostumbrada indiferencia.
— ¿Hay algo que quieras decir, Anna?—me pregunta con una sonrisa melancólica en su rostro.
Es inútil fingir, más porque entre nosotros mentir no es una opción viable. Yoh puede no leer mi mente, sin embargo, intuye lo que pienso y hago. Ocasionalmente todo está dirigido a él, casi toda mi vida se vuelca en su bienestar, contrario a la ocasión, que mis pensamientos se direccionan a lo que a mí me hace bien, sin importar lo mucho que le afecte.
—Nada—respondo finalmente—Voy a salir un rato.
— ¿Puedo acompañarte?—cuestiona con prontitud.
—No soy la persona más elocuente para salir un rato a caminar—objeto en consecuencia y sé que eso no le importa en lo más mínimo— Porque quiero meditar, no hablar, ni distraerme en algo más.
Sé que ha sonado duro, que no merezco ni siquiera vivir junto a él, pero no quiero que me vigile, aunque todo me contradiga, no haré, ni pienso hacer algo malo en su ausencia. Sonríe con levedad y sé que lo hace por obligación, mas no por convicción. Él quiere irse, va alejarse y cerrar la puerta, pero antes de que lo haga, antes de que se marche y me fugue, quiero besarlo.
Ha crecido un poco estos últimos meses, así que me paró en puntas para rodear su cuello y acercar mi rostro al de él. Sus labios son suaves, mucho más que los míos que he mordido con impaciencia una y otra vez mientras mis cavilaciones me mataban. Es muy genuino, tierno y dulce. Respiro y nuestras bocas se entrelazan en un esporádico roce.
Puedo sentir el aliento de Yoh contra el mío una y otra vez. Siento de pronto la pared y lo que es un beso simple, ha terminado por ser una sesión. No existe algo sexual en ello, sólo que empiezo a sentirlo como una necesidad. Mis ojos se cierran y rodean su cuello, se deslizan hacia su pecho y trato de separarme, pero aun así, la boca de Yoh besa mi sien. Jamás lo había hecho, y traza por mi rostro un sinfín de besos. Toca mi nariz con sus labios. Estoy enferma y eso no le importa, no quiero contagiarlo.
—No deberíamos de hacer esto—pronuncio aun fascinada por el toque gentil de las yemas de sus dedos sobre mis labios—Estoy enferma.
—Sí…. Lo sé….-resumen él, como si en verdad nada más importara—Hay algo distinto en ti, puedo notarlo.
Sé que es ridículo, aun cuando mi cuerpo este pegado al de él, percibo más de lo que soy capaz de estructurar en mi mente. Y me aterra pensar que no pueda controlar mis hormonas. Mi mano se interpone entre ambos y me da la libertad de empujarlo. Yo soy culpable, lo he besado. Tomó el abrigo de la silla, me lo coloco y antes de escuchar alguna queja, salgo.
Manta me mira de una forma sospechosa y francamente no me interesa. Puede argumentar, decir todo y aun así, Yoh no va a llegar a reclamarme nada. Abro la puerta y antes de lo que espero, comienza una ligera lluvia. Es genial como el tiempo confabula en mi contra. Antes adoraba la lluvia, ahora no sé cómo evitarla.
El transcurrir de los días me hace pensar que vivimos en una burbuja de cristal, que posiblemente Hao maneje a su antojo. Y hablando de él, me cuestiono abiertamente qué pensara de mi súbita debilidad. No lo culparía por sorprenderse, casi estoy segura que todas las personas que me conocen, en algún momento han deseado someterme.
Sin embargo, me despreocupa el tema. El agua ha hecho florecer hermosamente el césped y se ve tan verde como esos típicos colores chillones para proteger el medio ambiente, es sumamente impresionante. Pueden verse con claridad algunas gotas en las hojas de las plantas. Me agacho a ver una flor a la orilla del camino. Por lejos hay varias parejas caminando abrazadas, algunos niños corriendo y yo…
-Tal parece que te has enamorado de una flor-oigo su voz tan suave y firme.
-Es más fácil enamorarse de una flor-le confirmo sin problema.
Y sigo preguntándome cómo es que Yoh me ha dejado salir sin ninguna explicación el fin de semana, tampoco es mi esposo y aunque lo fuera, no tendría por qué detallarle lo que hago. Contrario a él, que sí lo hace. Su actitud comienza a verse anormal a mis ojos, y estoy seriamente pensando la posibilidad de hablar con el psicólogo de la escuela.
Kouji toma mi mano y me obliga a levantarme. Ir a la feria y los juegos mecánicos quedó descartado por obvias razones, pero él aún quiere que camine junto a él. Mete una mano en el bolsillo de mi abrigo y dice que es muy cálido. Es un gesto tierno, sobre todo cuando me besa en la mejilla.
-Eres la persona más cálida que he conocido, Anna-me susurra cerca de mi rostro.
Y no logro comprender cómo logra hacerme sentir algo extraño.
-Tal vez sea la única mujer a la que has conocido, a parte de tu madre y por eso todo lo generalizas de una forma tan universal-contrasto en respuesta y él parece meditarlo hasta que saca de su propio abrigo un papel y me lo entrega- ¿Qué es esto?
-Tonterías que escribí antes de dormir, pienso en ti antes de acostarme-me contesta con firmeza y atrae mi cuerpo al suyo mientras comenzamos a caminar de nuevo- Y si fuese consiente de todos mis sueños, también me agradaría soñar contigo.
Bien, me cuestiono mentalmente cómo puedo ir en contra de un pensamiento tan intenso como ese. Últimamente sueño con él, para qué negarlo, pero eso me hace sentir mal, sobre todo cuando es Yoh quien me abraza por las noches. Y es una posesión extraña en él, querer estar pegado a mi futon y durante el pasar de la noche adentrarse en el mío.
-Gracias por la atención, Anna-me murmura Kouji besando mi sien, él logra hacerlo muy seguido y baja la sombrilla porque ha dejado de llover- Aun así, siendo pensativa eres un encanto.
-También lo eres tú-dijo premeditadamente y eso logra hacerle sonreír con levedad, qué ego debe traer ahora- Bueno, sabes lo que quiero decir.
-Sí, lo sé- me dice besando mi mano.
Mi mirada cruza con la suya y sé de antemano que hay algo más cálido entre nosotros. De hecho podría haber roto el acuerdo de no besar mis labios si él… no hubiese aparecido.
-¿Anna?
N/a: ¡Hola! Lectores de este fic extraño, no bueno no tan extraño, a mí francamente me encanta escribirlo, es parte de sentimientos que yo he tenido alguna vez. En verdad me ha conmovido mucho la parte de Yoh, así como la parte que pertenece a Kouji, me agrada. Gracias por los comentarios, espero poder seguir con un buen ritmo en esta historia.
Agradecimientos especiales: Beautiful'Silence00, Anna, annprix1, DjPuMa13g, Majo-Sonolu, Lola.
