¡ALERTA DE SECUELA! Se va a entender mejor si se ha leído antes "Littera Minima" y "Cave Helena!". Como pueden intuir, esto es una revisión y una reedición del fic y reconozco que con este en particular llevaba AÑOS sin leerlo. Aquí lo tienen, mejorado y listo para una nueva vida. Sean lindos con él.

¡MIL GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA POR EL TIEMPO QUE SE DIERON PARA CORREGIR MIS DESVARÍOS! Gracias Yukime-chan por tus ánimos y Sonomi-chan por tu sinceridad.

MUY importante, a Ekléctica, que se dio el tiempo de releer toda la saga, cazando errores que se escaparon, para que les pudiera corregir.

Lo típico. Sumen 3 años a las edades de los personajes propios de la serie (no ha pasado mucho tiempo desde el fin de "Cave Helena!").

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa… aunque últimamente la muy perezosa no se ha quejado en lo absoluto.


ADVERTENCIA.

Principio 22 para ver y entender Manga: Los androides femeninos son sexy: los androides masculinos son… androides masculinos.

Se requiere criterio al leer. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


"Imago Mundi."
(La Imagen del Mundo.)

2ª Parte: Silva Auri (La Selva de Oro)

Capítulo 6: Buscando El Dorado.

Santuario de Athena. Grecia.

Sin perder más tiempo, Docko tomó las riendas de la situación y ordenó que quienes hubieran resultado afectados por el nuevo ataque, Saori incluida, fueran llevados a la enfermería del lugar. Shion protestó alegando que ya estaba bien, pero como era evidente que no, no tuvo más remedio que obedecer. Con la ayuda de Aioria, Máscara, Enrique y algunos guardias, esta vez el atolondrado grupo se trasladó a la enfermería: el que menos problema puso de ser llevado a rastras fue Shaka, ya que estaba por completo noqueado. U y Caloa insistían en llegar por sus propios medios, pero apenas podían enfocar bien la mirada.

Feh. A estas alturas yo ya estaría harta de ir y venir por el Templo Principal.

Mientras le aseguraban los vendajes a Saori, bajo la atenta mirada de Docko y Aioria (Máscara fue a avisarle a los demás dorados), y mientras ponderaban el NUEVO vuelco de eventos, se oyó en el pasillo una alocada carrera. La puerta se abrió de golpe: Argol y Shun entraron, se acercaron hasta Saori y se arrodillaron ante ella. Ambos se veían agitados, era como si la urgencia de su mensaje que traían quisiera salirse de su piel.

"¡Saori – san! Terribles noticias."

"¡Shun, Argol!" Exclamó Saori. "¿Qué les pasa?"

"Son Saga y Kanon de Géminis." Dijo Argol.

En ese momento, la puerta volvió a abrirse, esta vez, Milo y Shura, guiados por Máscara, traían a cuestas a los gemelos. Ambos estaban inconscientes, aunque sus rostros mostraban dolor. La nariz les sangraba. Saori se cubrió la boca.

"Acaba de ocurrir esto." Explicó Shura. "No sabemos qué fue lo que les pasó… Kiki encontró a Saga en las escaleras entre Géminis y Cáncer."

"Encontramos a Kanon en Géminis así tal cual." Añadió Milo. "Ninguno reacciona con nada."

Los santos de géminis fueron puestos en camillas contiguas. Saori sólo se limitó a asentir con la cabeza. Se mordió el labio y luego el pulgar, en pensativa actitud.

"Los gemelos pueden producir portales. Shaka tiene un fuerte poder espiritual… Mu y Shion pueden teletransportar materia. ¡Cáspita! ¡Shun! ¡Ve por Kiki Ahora y Tráelo!"

"En seguida." El santo de Andrómeda salió corriendo de la enfermería.

Saori se puso de pie y cruzó miradas con todos sus caballeros. Luego miró a los padres de Alsacia y a Caloa, quien permanecía en silencio. Docko carraspeó.

"Argol, ve por algunos de los aprendices y tráelos para que cuiden a los heridos. Que sean mayores y responsables, no traigas niños."

"En seguida." Dicho esto, Argol salió corriendo de la enfermería.

"¡Hey! Yo estoy bien." Protestó Shion. Docko lo hizo callar.

"Si claro, como tienes tu corazón, no me sorprendería que estuvieras infartado, así que tú descansa y déjame encargarme a mí de las cosas esta vez… lo que me recuerda… ¡Qué alguien llame a la Coronaria Móvil!"

"Yo me encargo de eso." Dijo Aioria mientras salía de la enfermería.

"Feh. Dame 5 minutos y estaré bien."

"Hazle caso a Docko, Shion." Rezongó Saori.

"Ahora… Caballeros." Docko tomó aire. "Estamos en alerta total. Conocen sus obligaciones." Los santos dorados asintieron con la cabeza y con tranquilidad salieron del lugar. Saori se fue tras ellos. Docko suspiró.

"¿Señor Docko?" Preguntó de pronto Enrique preocupado. "¿Qué significa alerta total para ustedes?"

"Que los dorados no pueden salir de las 12 casas." Explicó tranquilo.

"Y antes que pregunten, no tienen que irse." Añadió Shion. "Quédense si así gustan. Lo mismo va para la señora Caloa."

Los papás de Alsacia asintieron levemente y con algo de cansancio. Caloa sonrió con debilidad, como para dar las gracias. El lugar se sumió en un profundo silencio.


En algún lugar del planeta.

Sintió unas palmaditas en su rostro… poco a poco comenzó a tomar conciencia del lugar en el que estaba. Hacía mucho calor, el ambiente se sentía muy húmedo. Se oía el rumor del follaje muy por encima de donde ella estaba… ¡Esos brazos! Fuertes y seguros. ¡Conocía esos brazos! Algo muy frío le topó los labios. Hielo.

"¡Miren! Parece que ya despierta." Oyó una voz.

"¡Ya era hora! Estuvo así casi por media…"

"Hyoga." Se oyó una tercera voz de reproche, que conocía muy, muy bien.

Alsacia abrió los ojos y pestañeó varias veces. Le dolía la cabeza. Se llevó una mano a la frente. Dejó los ojos abiertos y enfocó el rostro que tenía delante de sí. Sonrió. Era la tercera vez en un día que se encontraba esos preciosos ojos al despertar: decidió que si se despertaba así todos los días, sería aún más feliz. Camus le sonrió.

"Buenas tarde de nuevo, chérie." La saludó, mientras dejaba a un lado el trozo de hielo con el que le había estado mojando los labios.

"¡No me digas que me mataron! Porque me siento como en el cielo." Alsacia se incorporó y miró a su alrededor.

"No. No estás muerta." Le dijo Camus. Seiya y Hyoga estaban cerca. El santo de Pegaso volvió a saludarle con energía. "¿Estás bien?"

"Dicen que si un día te despiertas sin sentir dolor, entonces estás muerto… y como me duele todo el cuerpo, estoy viva, por lo tanto, estoy bien." Bromeó Alsacia estirando los músculos de los brazos. "¿Dónde estamos? ¿Qué pasó?"

"Eso es lo que no sabemos." Dijo Seiya. "¡Pero El Lugar Es Precioso!"

"¿De qué te acuerdas, Als?"

"De todo hasta que nos hundimos en esa arena. ¿Qué pasó luego de eso?"

"Intenté sujetar a mi maestro, pero no pude. Seiya intentó ayudarme, pero en vano. Cruzamos a través de un portal y caímos aquí." Explicó Hyoga hastiado. "En esta selva."

"Seguro que es Sudamérica o Centroamérica." Razonó Camus. "Nar quiere matarte y para eso te necesita en El Dorado… y El Dorado se encuentra en algún lugar de América."

Alsacia se puso de pie, se sacudió las ropas, tomó aire y estiró los brazos. Le echó una rápida ojeada a su alrededor y hacia la copa de los magníficos árboles que rodeaban al grupo.

"¿Qué esperamos? ¿Vamos a irnos o nos vamos a quedar sentadotes aquí?"

"Esperábamos a que te recuperaras." Le dijo Camus. Seiya puso cara de pregunta.

"¿En serio esperábamos eso?"

"Claro, Seiya." Le dijo Camus. "Aprovechando que estamos aquí, tenemos que ir a arreglar algunas cosas con ese Nar."

"¡Pero Maestro! ¡No sabemos dónde estamos, o donde está El Dorado!" Protestó Hyoga. "¿Cómo sabemos si esta es la selva que necesitamos? Hasta podríamos estar en el Congo."

"Eso no tiene sentido. ¿Para qué Nar me sacaría del Santuario si no para llevarme al Dorado o a sus alrededores? No tiene sentido enviarme al Congo." Le dijo Alsacia. "Pongámonos en marcha: también quiero decirle un par de cosas a ese Nar." Añadió alzando los brazos y sonriendo de oreja a oreja.

"¿Alguna idea por dónde empezar?" Preguntó de pronto Hyoga.

Inserte un minuto de silencio muy incómodo.

"Es cierto. Estamos perdidos, no tenemos comida, no sabemos dónde ir ni nada." Se lamentó Seiya. "¡SÚPER! Al menos no nos vamos a aburrir porque no tenemos nada que hacer."

"Tenemos a Alsacia con nosotros." Dijo Camus. "Tarde o temprano Nar llegará hasta aquí… y como sabemos que tiene urgencia por tomarse el poder…"

"… llegará más temprano que tarde." Finalizó Alsacia. "¡Que Hermosa Selva Esta!"

Alsacia tomó una bocanada de aire y estiró los brazos como quien vuela, se separó del grupo y comenzó a explorar con descuido los alrededores. Camus la miró con aprehensión y suspiró.

Estaba preocupado.


Casa de Escorpión. Grecia.

Milo abrió la puerta del piso residencial. Ni bien estuvo adentro, Alisa le rodeó con los brazos con toda la fuerza que pudo. Milo se dejó mimar con gusto y devolvió el abrazo. Muchas emociones en un solo día. Alisa gimoteó en su pecho. June, quien estaba en la sala, le hizo un ademán con la cabeza.

"¡Me Tenías Preocupada!" Exclamó Alisa tras soltarlo. "¡Creí que te había pasado algo!"

"¿A mí? ¡NAAAH! A mí no me pasa nada. Los escorpiones somos muy resistentes." Milo le acarició la cara a su esposa. Luego se volvió hacia June. "Gracias, chiquilla, por quedarte con Alisa." Dijo con jovialidad, para luego ensombrecer su rostro. "Ahora debes regresar a tu puesto: yo me encargo a partir de ahora."

"¿Pasó Algo, señor Milo?" Preguntó June curiosa. Milo asintió.

"¿Aparte de lo que le pasó a los gemelos? Sí. El Santuario está en alerta total. Shaina dice que vayas lo antes posible."

"Muy bien." La amazona recogió sus cosas y se cubrió con su capa sin esperar otra respuesta. Alisa miraba curiosa, sin poder evitar aferrarse más a su marido. "Entonces ya me voy… Alisa, cuídate y quédate tranquila, ¿sí?" Le dijo June antes de salir. La aludida asintió.

"Mantén los ojos abiertos, niña, y cuida tu espalda." Le dijo Milo al despedirse.

"Lo haré."

La amazona de Camaleón salió de la octava casa y se perdió bajo la lluvia. Milo miró a Alisa con ternura y aprehensión. Su esposa se veía nerviosa. Puso su mano sobre su enorme panza.

"¿No deberías estar tú en cama?"

"Sí, pero te sentí llegar. ¿Qué pasó? ¿Cómo están los gemelos? ¿Qué dijo Saori? ¡¿Me vas a Decir Lo Que Está Pasando?! ¡Nadie me quiere decir nada porque estoy embarazada! Puedo aguantar un susto, pero no la tensión." Protestó con energía. Milo le besó la frente.

"El bebé sigue inquieto…" le dijo en un susurro al oído. "¡Hagamos un trato! Te vas a la cama, te llevo algo para comer, te regaloneo un poco y te cuento todo."

"Hmm… ¡Hecho! ¡Pero me lo cuentas todo!"

"Entonces vete a la cama."


Algún lugar del Amazonas.

Seiya y Alsacia bufaron de aburrimiento. Durante las últimas dos horas no habían hecho más que discutir sobre el próximo movimiento que debían o no seguir. Demás está decir que no se habían movido del lugar en el que habían aparecido. Para estas alturas, Alsacia ya había explorado los alrededores, encontrando plantas y más plantas y de civilización nada. Lo que sí había descubierto y que le había causado enorme alegría había sido que si permanecía cerca de Camus y Hyoga, tenía aire acondicionado asegurado y sin contaminar la atmósfera. Seiya parecía haber notado esto mismo, pues se quedaba quieto en el lugar.

"… el problema es llegar a Nar." Razonó Camus muy pensativo.

"No sabemos ni como luce."

"O por dónde empezar."

"El asunto es que tenemos que llegar hasta Nar y detenerlo para que no le siga haciendo daño a Athena." Añadió Camus. "Y que no mate a Alsacia."

"¿Se van a tardar mucho más? Feh. Creí que ustedes eran gente más de acción que de deliberación."

"Pero no podemos atacar sin un plan." Chistó Hyoga con antipatía. "Tenemos que pensar antes de cualquier cosa."

"¡Hyoga! Van dos." Le regañó Camus. Alsacia bufó hastiada.

"En todo caso, de todas las veces que hemos atacado sin planear nada, hemos triunfado." Le recordó Seiya con jovialidad. "Esta vez no más tenemos que medir nuestros pasos."

"¡Ya me harté!"

Alsacia se puso de pie y sacudió sus ropas. Se quitó la parte superior de su uniforme (quedándose sólo con la camiseta), y se la ató a la cintura. Tomó un palo que había encontrado hacía un rato, eligió una dirección al azar y se puso a caminar.

"Alsacia, ¿A dónde vas?"

"Al Dorado. Tengo que decirle un par de cosas al Nar ese. ¿Vienes, Camuchis?"

"…"

"¡Oigan! ¡El tipo quiere cortarme el cuello! Caloa dijo que la ciudad no está fija en un lugar, sino que puede moverse a donde sea. Nar quiere que yo esté en El Dorado para matarme, por lo tanto, si es inteligente, pondrá la ciudad en mi camino para que tarde o temprano llegue, tome el camino que tome: eso da igual."

Camus se rió de buena gana. La lógica de Alsacia era alocada, pero tenía sentido. Miró a los santos de bronce y les indicó que se pusieran de pie.

"La señorita tiene razón. Caballeros, de pie."

"¡Maestro! ¿Le va a hacer caso a Alsacia?"

"¿Tienes alguna idea mejor, Hyoga?"

"Err…"

"Lo supuse." Camus tomó la delantera. "Andando."

El grupo comenzó a caminar por la selva a paso moderado, a medida que la luz del día disminuía. Hyoga bufó de descontento. NO tragaba a Alsacia ni sus ideas. ¡La mujer esa sería la perdición de su maestro! Si tan solo Camus se diera cuenta.

Camus sintió que Alsacia le tomaba la mano. Intercambió una mirada con ella. ¡Qué bonita se veía! Era como si tuviera luz propia. De buena gana le estrecharía en sus brazos y besaría esos labios en ese momento, pero no podía hacerlo… no con los santos de bronce como invitados de piedra. Alsacia trenzó sus dedos con los de él y se recostó en su hombro.

"¡Señorita Alsacia!"

"¡Dime Alsacia, Seiya!"

"¡Alsacia!" Se corrigió el santo de Pegaso. "¿No estás preocupada por lo que te pueda pasar? Tienes muchas posibilidades de sufrir daño." Añadió algo aprehensivo. Al menos Camus no era el único preocupado.

"¡Cierto! Nos estamos metiendo a la boca de lobo y tú eres su comida favorita." Añadió Hyoga. Camus sintió un vuelco en el estómago: la seguridad de Alsacia, de la linda chica que iba a su lado, lo tenía como gato de espaldas.

"Sí, estoy preocupada." Confesó la chica. "Pero no tengo miedo… quizás un poco, pero ustedes me hacen sentir tranquila. ¡Si quieren cortarme el cuello, no se las pondré fácil!" Añadió con optimismo. "Si me matan me iré al otro mundo con la satisfacción de haber dado algunos golpes y haberles dado mucho trabajo." Dijo mientras abrazaba a Camus. "Tengo chicos muy fuertes conmigo… sobre todo este que llevo a mi lado."

"Tienen que pasar encima de mí para hacerte algo." Aseguró Camus con esa sonrisa galante suya, que no muestra seguido y hace que muchas fans del mundo nos embobemos como idiotas al mirarla.

Alsacia ya ha de tener una enemiga o dos. Hyoga frunció el ceño.

"Caballeros, recuerden que nuestro objetivo es salvar a Saori–san y punto." Anunció con voz grave. A la pareja no le gustó el comentario, pero no dijeron nada. Seiya en cambio fue otra cosa.

"Es precisamente por eso no debemos dejar que lastimen a Alsacia."

Camus y Alsacia ignoraron a los bronceados y siguieron caminando en ninguna dirección en específico. Los bronceados se rezagaron un poco, como dándole más privacidad a la pareja. Hyoga miró fríamente a Seiya, pero este le mantuvo la mirada.

"¿Qué?" Espetó Hyoga malhumorado.

"Ya sé que no tragas a Alsacia, pero al menos trata de ser más simpático." Le regañó en voz baja. "No te ha hecho nada."

"Feh. Es ella la que no me trata bien."

"Porque tú la tratas mal."

"Eso es su problema."

"Mejor no comento al respecto."

El grupo siguió en su avance por la Selva, sin saber si llegarían o no a buen puerto.


El Dorado.

La superficie del agua que había en aquella pila pareció agitarse sin que nada provocase esta reacción. Nar se llevó las manos a la cabeza y se volteó hacia el encadenado Miguel, quien se veía bastante mal y enojado. El chiquillo volvió forcejear con las cadenas.

"¡Justo como lo planeé! A este paso se tardarán dos días." Dijo Nar muy contento y entusiasmado. "¡Es Perfecto! Estarán a tiempo para el ritual"

"¡Esos te van a hacer tragar polvo! Te creí más inteligente. ¿Por qué pones a la ciudad en su camino? Te pueden matar."

"Esos enclenques advenedizos no podrán hacerme nada. Son dos chiquillos y una mujerzuela debilucha guiados por otro Muchacho un poco mayor que ellos. ¡Garrapatas!"

"Yo que tú no los subestimaría. ¡Jejeje…! Piensan liberarme, ¿Lo sabías? ¡Lo van a lograr!"

Nar le dio una patada a Miguelito en las costillas. El chico escupió sangre con el impulso, se puso a toser.

NO me gusta la auto compasión que te tienes, Mugre de Rey! ¡YO, NAR, SOY PODEROSO! No me van a vencer: Soy quien hirió a los demás dioses y quien detuvo a los jaguares. Casi he reunido toda la sangre Libre de la ciudad y sólo me falta la de esa zorra." Nar le dio la espalda a Miguel y se acercó a la pila de agua. "La muy bruta se acerca por su propia voluntad… Bah. Estos no son más que basura podrida."

"¡Tonto Nar, Imbécil!" Exclamó Miguel entre toses, muy débil. "Esa actitud tuya te llevará al fracaso. Tu orgullo te perderá."

"Lo dudo, mi buen Rey. Voy a obtener la sangre de esa virgen, la derramaré sobre la pirámide, me convertiré en el nuevo Rey Dorado, será el fin del mundo como lo conoces y el inicio del mío. Seré el único que dará las reglas y el único digno de adoración." Nar rió de gusto. Parecía un niño pequeño con un ansiado juguete nuevo.

"¡Cuánto Ego En Un Solo Ser!"

Miguelito meneó la cabeza preocupado, mientras dejaba que Nar 'pelara el cable' (léase, decir locuras u obsesionarse con algo) respecto a lo que haría una vez que fuera el nuevo Rey Dorado. Apretó los dientes… el dolor en su pecho se incrementó: había perdido mucha sangre y estaba en muy mala condición. A este paso, creía que moriría antes.

En eso… por el rabillo del ojo, detectó algo… algo pareció alejarse en el más completo de los silencios de la habitación, sin ser detectada más que por él. Miguel abrió los ojos esperanzados. Nar seguía con sus locuras, por lo que no se percató de nada.

"¿Juan Miguel?" Susurró casi imperceptiblemente. "¡ESA ES!"

Continuará.

Por
Misao-CG.


Próximo Capítulo

El grupo llegó hasta el camino antes descubierto, y sin perder más tiempo, se dirigieron hasta el cartel que antes habían visto. Los 3 santos de Athena lo miraron extrañados: estaba en castellano, pero para ninguno de ellos hacía sentido, excepto para Alsacia. No solo no sabían el idioma, sino que tenían además otras falencias. Camus de plano no entendió ni papa y Seiya no estaba acostumbrado a las letras latinas, lo mismo que Hyoga. Los tres miraron a la chica con curiosidad.

PS: ¿Cómo van las cosas? Espero que recuerden que estoy tomando algunas cosillas de muchos mitos amerindios, para darle un toque personal que vaya de acuerdo a la idea que tengo en mente. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!