CAPÍTULO 6
LA VERDAD ATRÁS DE MENMA
Hinata se paró derecha y con las manos en las caderas junto a la cerca de madera del galpón del recinto Hyuga. Ese era su lugar, donde siempre se veían de noche para luego subir al entretecho del viejo granero y besarse a escondidas entras las cajas y barriles. En el suelo de madera de ese edificio había perdido su virginidad. En ese lugar había pasado en más de una ocasión la noche entera con Menma. Justo ahí se había dado cuenta que estaba enamorada de él y que Menma Uzumaki era el hombre con que debía estar, por ilógico o estúpido que eso pareciera.
A pesar de que desde la partida de Menma evitaba mirar en esa dirección durante el día, durante la noche en más de una ocasión se encontró a sí misma sentada en el ático del galpón, entre los barriles de conservas, las cajas de herramientas y los sacos de arroz, mirando la luna. A veces se sentaba en el marco y miraba el horizonte preguntándose si Menma también estaría a la intemperie observando el cielo.
Al subir la mirada hacia esa ventana se encontró con éste, sentado, observándola atrás de esa horrible máscara.
—¿Me podrías decir que hago aquí? —le preguntó subiendo la voz más de lo normal.
No iba a subir. Sabía que todo aquello podía ser una trampa. Activó el byakugan esperando encontrar sellos explosivos enterrados en el suelo, pegados en las vigas, hilos invisibles o cualquier cosa que la pudiese lastimar, pero no había nada, sólo Menma en el altillo.
—Cuanta confianza —respondió él con frialdad.
—Acabas de intentar matarme.
—¿Matarte? Por favor. Si esa hubiese sido mi intención no estaríamos teniendo esta conversación. Sólo te quería asustar un poco —dijo subiendo los hombros y suspirando.
—¿Se te perdió el cerebro en alguna parte? Tú jamás me vas a asustar.
—Si hablamos de pérdidas, puedo recordar perfectamente algo importante que perdiste en este lugar.
—¿Me citaste a algo importante o sólo a recordar errores del pasado?
Menma saltó desde el marco y se paró delante de ella. Hinata no se movió, manteniendo su posición con firmeza, con la cabeza en alto y sin titubear.
—Ambos sabemos que lo harías de nuevo —se burló Menma—. Tal vez ahora, si dejaras de ser tan testaruda… —puso sus manos en las caderas de Hinata y la tiró suavemente hacia él— Es inevitable princesita…
—Tengo cosas más importantes que hacer ahora —en un rápido movimiento, la joven sacó un kunai de su porta instrumentos y lo presionó contra el cuello de Menma—. Como cortarte la garganta.
—Tranquila —dijo Menma retirando lentamente sus manos y bajándolas hacia los costados. Hinata imitó el gesto, bajando el kunai, pero manteniéndolo en su mano—. Pero que tosca eres. El que debería estar enojado soy yo. No me hizo la menor gracia que besaras a ese perdedor.
—Lo que hago o dejo de hacer no es asunto tuyo.
Menma retiró la máscara hacia un costado y la observó con seriedad. Las facciones de Hinata se mostraron frías, pues sentía que no le debía explicación alguna a Menma por lo que hacía. Todo aquello la estaba comenzando a irritar.
—Te equivocas —dijo frunciendo los labios—. No dejo que cualquiera toquetee lo que me pertenece. Sigues siendo mía Hyuga. Métetelo en la cabeza.
—Creo que cuando se abandona algo, cualquiera lo puede reclamar para sí mismo.
La mueca de disgusto en Menma se acrecentó y ambos se miraron fijamente un momento. Entonces, esa misma molestia en él pareció suavizarse. Hinata tuvo deseos de bofetearlo, gritarle y darle un paliza, pero al mismo tiempo, deseó poder quedarse en silencio un poco más de tiempo. Era como si hubiesen llegado a un acuerdo momentáneo y sabía que él también lo notaba. Para ser dos personas de temperamento tan corto, encontrar momentos de paz que no fueran precisamente después del climax era difícil.
—¿Por qué no me has delatado? —le preguntó entrecerrando levemente los ojos, como si la estudiara—Pudiste correr con Tsunade y decirle que estoy aquí. No lo has hecho y quiero saber por qué.
—Porque no te veo como una amenaza Menma. Eres sólo un niño estúpido
Hinata subió los hombros y dejó caer el kunai. Quería traspasar esa barrera que él había puesto contra el mundo y sabía que no podía hacerlo a la fuerza, tenía que hablarle con la verdad. Menma quería escuchar sus sentimientos por él y aunque eso fuese difícil tenía que hacer el intento de ganarle en ese ámbito.
— Tienes amigos que te respetan, que se preocupan por ti; Sasuke fue en tu búsqueda cuando te marchaste y Sakura… ella está destrozada, nunca la vi tan triste. Tienes dos padres que te aman, lo sé, porque tu madre vino a verme y se quebró llorando cuando le dije que no sabía nada de ti. Eres uno de los prodigios más grandes de la aldea… y yo… yo…
—No sabes de lo que estás hablando Hinata —exclamó irritado— ¡Me mintieron! ¡Todos me mintieron!
Menma se mordió los labios y por un instante Hinata vio un rasgo un tanto animalesco en él; rabia, furia, indignación, todo impregnado en sus gestos heridos que aclamaban por venganza. En ese momento, no lo pudo reconocer sólo mirándolo a los ojos.
—Me trataron como un bicho raro toda mi vida y nunca supe el por qué de ello —dijo con amargura, sus manos tiritaban mientras cerraba los puños—. Sólo mis padres y los chicos de la Academia parecían aceptarme. Todos el resto huía de mí… todos me miraban como si fuese a explotar en cualquier momento. No sabes lo que se siente caminar por la aldea siendo un niño y ver como todos te desprecian y te observan con odio, ¡no sabes!
Menma bajó la mirada con tanto resentimiento que Hinata consideró dar un paso atrás. No se sentía segura con él a su alrededor, sobre todo por la forma en que sus emociones se estaban marcando en su rostro. No era la persona que recordaba. Menma nunca había sido un angelito con ella, pero la oscuridad que emanaba ahora la ahogaba. Nunca pensó que le importara la opinión que tenía el resto de él, pero por otro lado, quizás había formado ese carácter altanero, indiferente y cruel precisamente porque la Villa lo había forzado a actuar así para sobrevivir en un ambiente tan hostil como el que estaba describiendo.
La tomó de los brazos en un movimiento intempestivo y comenzó a apretárselos tanto que le dolía, sacudiéndola con algo de violencia mientras caminaba hacia adelante empujándola para hacerla retroceder hasta las paredes de madera del granero.
—Me odiaban sin conocerme… me despreciaban sin si quiera verme… me excluían sin considerar que estaba ahí… ¡Negaron mi existencia!...Me temían… los adultos me temían… —nunca lo había visto así, nunca se había escuchado tan amenazador en todo el tiempo que se conocían— ¡Ahora les daré un motivo para temerme! —exclamó empujándola contra las tablas en un golpe seco que repitió un par de veces.
—¿De qué rayos estás hablando? —Hinata podía sentir que se acercaba a saber qué había pasado con Menma y qué hacía ahí.
—Esos padres de los cuales estás hablando… ellos nunca me quisieron —una carcajada divertida salió de él, no lo decía con resentimiento, más bien le hacía gracia—. Sólo nací para ser un contenedor. Un vulgar frasco en donde ellos pudieran poner un problema indeseado. Me convirtieron en un monstruo, a mí, su propio hijo. Esos padres que se supone me amaban me hicieron esto.
—¿Sellaron algo dentro de ti? —lo interrumpió mirándolo absorta.
—¿No lo sabías? —el forcejeo terminó y al verlo sorprendido Hinata aprovechó de empujarlo, interponiendo distancia entre ambos. El la miró un poco sorprendido, hasta confundido— Te sobreestimé Hyuga. Pensé que eras brillante y ya lo habías descubierto, pero veo que al igual que el resto de los imbéciles de nuestra edad, no sabes lo que hay en mí.
—¿Debería saberlo?
Menma la miró un instante y le tomó el rostro acercándola a él con brusquedad. Apretó sus mejillas y Hinata se lo permitió, sólo porque sentía que le diría algo importante. Tuvo que contener el deseo de darle un rodillazo en los testículos, pero se lo cobraría luego.
—No juegues conmigo Hinata —dijo lentamente, susurrando sobre sus labios—. No sabes lo peligroso que soy.
—¿Se supone que es una amenaza? —le preguntó molesta— Si vas a hacer algo, hazlo. Las amenazas son para las personas sin agallas. Yo nunca te he temido, tarado.
—Porque no sabes lo que hay dentro de mí y lo que soy capaz de hacer con ello.
Había sido paciente. Había intentado tener la calma suficiente para evitar perder el control contra Menma. No obstante, las cosas no estaban resultando como ella lo deseaba y ya se estaba cansando de todo lo que ocurría. Una cosa era permitir que Menma la basureara como se le diera la gana y otra muy distinta era dejar que esa oscuridad la terminara sofocando, impidiendo que viera al hombre a quien había amado por tanto tiempo. Tenía que saber qué era lo que quería con ella y qué estaba haciendo en Konoha. Por mucho que se divirtieran juntos, estaba casi segura que no había vuelto a buscarla.
—¿Qué haces en Konoha Menma? —le preguntó sintiendo que un nudo crecía en su garganta.
—¿No es obvio? —le respondió con media sonrisa—. Vengo a destruirla.
NOTA
Como todos mis fics, este tampoco está olvidado, sólo he tenido muchas cosas que hacer y mis ideas se disparan para todos lados.
Dura de Matar capitulo 3 esta en proceso junto con Fangirlx.x asi que es posible que en estos días lo subamos.
Por ahora, me pongo a trabajar en Team Seven, a ver si logro sacarlo rápido. Un beso y se cuidan ^^
