CAPÍTULO 7. CUANDO LOS RECUERDOS TE AHOGAN.

Otra noche, un bar diferente, mucho más privado, de mejor categoría, estaba tomando un lícor muy suave, no estaba ni remotamente cerca de embriagarse, así que por eso mismo no estaba preocupado.

Se prometió a sí mismo llegar temprano a casa para no preocupar al pequeño Mokuba, odiaba ser el causante de la preocupación de Mokuba, porque siendo ambos hermanos y estando solos en el mundo, tenían que brindarse apoyo mutuo y no fallarse uno al otro, aunque sabía que en determinado momento iba a tener que darle libertad a su hermano.

Suspiró, sosteniendo una cerveza en su mano.

No sabía a qué atribuirselo, pero estaba demasiado obsesionada con el perro. Demasiado.

Pasó su mano por el cabello color chocolate de su flequillo y bostezó; seguía sin entender qué demonios significaba aquel extraño sueño que desde que se embriagó una noche atrás le había estado molestando tanto.

Un sujeto muy parecido a Joey con aquel supuesto sacerdote que él encarnó en el pasado.

Por Dios, incluso llegó a pensar que había sido un sueño húmedo el que había tenido con el perro, hasta que comprendió algo muy importante. Uno: no era él quien estaba con el perro, y dos: no era precisamente el perro, sino un supuesto esclavo.

Lamió la comisura de sus labios y cogió una botana que estaba dispuesta a su lado, porque él la había ordenado.

Eso era lo bueno de ese bar, a comparación del primero que visitó, porque además, allí no había un perro molestando y ladrando a cada minuto.

Cerró los ojos y pensó en la extraña situación que estaba presentándose ante él.

Por qué estaba tan confundido respecto a aquel sueño tan anormal que se levantaba en su subconsciente noche tras noche? Ojalá no fuera algo profético.

Odiaría imaginándose con el perro.

Principalmente, él no era gay, al menos no que supiera, y no estaba el perro con la rubia Valentine? Así que hay no había nada de profético en sus sueños, quizá sólo era una pesadilla por haber despertado un día en su automóvil con el perro durmiendo a su lado.

Era el trauma de haber visto al perro dormir.

Cuando terminó su cerveza, una mujer se le acercó, con obvias intenciones de flirtear con él, pero el CEO la desestimó con una sola mirada, sin tomarle mucha importancia al escote que mostraba parte de sus pechos o a su sonrisa coqueta.

No era idiota y no iba a dejarse embaucar por alguna desconocida que iba a querer tener sexo con él para luego probablemente, mientras él duerme, robarle dinero.

No, Kaiba no era estúpido y eso estaba comprobado.

"Hola, precioso," Fue el saludo inicial de la joven, sonriente, mientras lamía seductoramente sus labios y se contoneaba casi cual serpiente intentando incitar al joven ojiazul, quien enarcó una ceja, indiferente. "Cómo estás?"

Kaiba bostezó, aunque fuera un gesto grosero.

Ése era el motivo principal por el que él no buscaba alguna joven con quien compartir su vida, porque todas estaban interesadas primero que nada en su físico y en su nada despreciable fortuna que seguía incrementándose constantemente.

El mismo motivo por el que se limitaba a interactuar con Mokuba y la pandilla de perdedores de Yuugi y Compañía.

"No estoy interesado en ti. Déjame en paz." Pidió secamente, lanzando una mirada helada a la joven.

Pero ella era una belleza y creyó que podría llegar al ojiazul, derritiendo su coraza.

Así que sin que Kaiba lo esperase, acortó la distancia entre ambos y pegó su cuerpo pequeño al de él para plantarle un feroz beso que le robó el aliento a Seto, y le envió un escalofrío por todo el cuerpo.

"No tienes porque esconderte, estamos solos." Dijo Seth, su voz casi fría, sus ojos fijos en la silueta de aquel que estaba dándole la espalda.

Había una vela en aquel cuarto, que daba una muy pálida iluminación al lugar y delineaba de forma exquisita los contornos del cuerpo de su esclavo, quien escondía su rostro de él.

Seth terminó por enfadarse y caminó en dirección al rubio y lo volteó con fuerza, encontrándose con el rostro sonrojado del joven, quien bajó su mirada, apenado. Seth y él acababan de confesar sus sentimientos y todo estaba aún tan fresco, pero Jouno seguía sin creer completamente que alguien como el sacerdote Seth estuviera interesado en él.

"No es verdad. No me mienta."

Seth sujetó el rostro del rubio por su barbilla y le miró a los ojos.

"No me llames mentiroso." Pidió y se inclinó lo suficiente para besar los labios de su esclavo con suavidad, disfrutando del escalofrío que lo recorrió, de las manos de su esclavo en su cuello, de la inexperta boca que respondía su beso con desesperación, de los gemidos placenteros que ambos tenían que evitar para no romper el beso y de sus corazones latiendo acelerados en sus pechos.

Era la primera vez que experimentaba algo así de intenso y quizá la última, así que por eso mismo quiso entregarse a las sensaciones y acarició los mechones rubios de cabello suave que cubrían el rostro de su amante.

Su mano delineó los contornos de la cintura del rubio y se deleitó con el nerviosismo que hizo temblar a Jouno.

Todo era tan perfecto...

Kaiba reaccionó, había estado besando a una desconocida mientras su mente vagaba en un tiempo completamente diferente, tendría que empezar a ubicarse en tiempo y espacio, porque seguir teniendo esos recuerdos empezaba a ser algo traumatizante, porque terminaban excitándole y él odiaba sentirse así, especialmente si tomaba en cuenta que el tal Jouno se parecía demasiado a Joey Wheeler.

Cuando él rompió el beso, asustado de haber reaccionado así, la joven habló.

"Precioso, quieres ir a mi casa?"

Kaiba se apartó y la ignoró tajantemente.

"Lárgate." Fue lo que dijo, pero ni siquiera esperó a que ella se hubiese retirado para hacer su salida él.

No iba a quedarse a averiguar si de un momento a otro recordaba algo más.

Llegó a su vehículo, tambaleante de los nervios, porque a diferencia de la noche anterior no había consumido mucho licor y aún estaba lo suficientemente consciente como para reconocer que era un disparate imaginarse haciendo ese tipo de cosas con el perro, cosas que en su vida jamás había hecho.

Entró al auto y cerró, encendiendo el motor y partiendo de aquel lugar, aturdido, cansado y con un terrible dolor de cabeza. Por qué el destino le mortificaba de esa manera haciéndole ver fantasmas en su cabeza, haciéndole experimentar sensaciones ajenas que lo intoxicaban, embriagándolo de sentimientos que no eran suyos y que si le preguntaban, no quería tener?

Presionó duro el acelerador y se perdió por las calles, a una sorprendente velocidad, siguiendo un rumbo que su mente trazaba, que no recordaba haber recorrido antes, pero que estaba llevándole a un lugar que se le hacía muy extraño, anormalmente familiar, de un modo que no apreciaba.

Hizo un mohín de disgusto cuando finalmente reconoció a la distancia una figura estilizada que estaba parada frente a una rubia despampanante y que se movía coquetamente.

La mueca de fastidio en el rostro de Wheeler le dijo que eso al menos estaba bien.

'Bien?' Pensó, asqueado de su propio pensamiento, confundido, hastiado de sentir esa pulsación en su pecho a la sola visión del rubio; acaso estaba siendo arrastrado por los sentires románticos y cursis de Seth. Qué demonios se suponía que tenía que hacer él? Tirarse al perro... ni soñarlo. 'Desde cuándo empecé a pensar que estaba bien que el perro no tuviera interés en May? Ni que estuviera feliz por tener una oportunidad con él.'

Alarmado, terminó por apoyar su frente en el volante y cerrar con fuerza los ojos, pensando que tal vez así iba a eliminar cualquier vestigio de locura que aún quedaba en su mente, tras el fenómeno que experimentó gracias al supuesto ex faraón Yami, la otra parte de Yuugi.

"Te amo, Seth. No me dejes." Dijo el rubio, con lágrimas en los ojos, mientras temblaba de frío.

Seth lo calló con un beso.

"Cállate." Ordenó fríamente. "Solamente cállate."

Sujetó su rostro entre sus manos, besó sus mejillas, sintió las lágrimas calientes en sus labios, probó la piel del rubio en un beso suave a su mejilla, disfrutó las caricias que el esclavo le dio. Le amó.

"Cállate y déjame disfrutar esto."

Tragó saliva y sin esperar más, encendió de nueva cuenta el vehículo y partió en dirección a su casa. No iba a permitir que una vez más el destino intentara controlarlo como si él fuera una marioneta.

OOOO

Joey estaba aburrido de la charla animada de May, la rubia no podía mantener la boca cerrada y hablaba sin parar sobre lo divertida que había sido la noche al haberla pasado juntos, mientras conocía al padre de Joey.

El rubio sabía que lo que hizo no tenía vuelta atrás, pero para deshacerse de May iba a tomar más que una conversación que ella, iba a requerir de ayuda para que la rubia entendiera que no estaba interesada en ella, al menos no de forma romántica; una vez la quiso, pero ella arruinó su oportunidad y él no daba segundas oportunidades a mujeres como May, que parecían no querer sentar cabeza.

Obviamente tuvo que invitar a la chica, y no fue difícil, para convencer a su padre que sí era su novia, que tampoco fue nada complicado, pues May simplemente tuvo que ser ella y actuar muy melosa y pegajosa con el rubio, quien no la pasó tan bien como hubiese querido.

Aún así, logró convencer a su padre, e incluso May, con la invitación, quedó convencida que Joey quería algo con ella.

"Sí, May, pero ya tengo que entrar, papá va a enterarse por qué estoy demorando tanto?" Dijo, con tono de disculpa. Aunque en realidad no lo sentía. "Le dije que solamente iba a despedirte apropiadamente."

"Como a una novia?"

La pregunta dejó helado al rubio.

Por qué demonios no dijo que su novia era alguien más? Estaba seguro que incluso Tea iba a cooperar sin andarle molestando de esa manera, especialmente porque la joven estaba en una relación con Yuugi -aunque si hacía trato con Tea, ésta iba a tener que olvidar su babeo constante por el pequeño-, pero iba a ser mejor que con la rubia, quien intentaba ligárselo.

Joey suspiró, agotado.

"Frente a él, sí; pero tú sabes muy bien que no eres mi novia, May. Te pedí ayuda y tu aceptaste." Recordó él, sin perder los estribos. Muy anormal en el rubio. "Recuerdas el trato?"

La rubia asintió.

"Sí, nada de besos ni abrazos a menos que esté tu padre. Contento?"

Joey asintió.

"No eres tú, May..."

"Antes que me salgas con el cuento de 'No eres tú, May, soy yo' déjame decirte que no es cierto y no te va a funcionar. Antes solías estar loco por mí. Qué fue lo que cambió?" Quiso saber la joven.

Joey sonrió.

"Nada, May. Por eso mismo, porque nada cambió es que no quiero estar contigo. Yo no necesito de alguien que no me preste atención porque simplemente se preocupa por ella misma, ni de alguien que suponga que no me molestara que coquetee con otros, tampoco de una persona egoísta que solamente busca su propia superación; quiero alguien decidido, que sea un reto para mí, que me conquiste día con día... quiero a alguien a quien yo quiera."

Y cerró con broche de oro dándose media vuelta y dejando con la boca abierta a la rubia, quien comprendió que por mucho que el rubio le gustase, ella no iba a cambiar su forma de ser, ella no iba a sacrificarse por Joey y mucho menos iba a establecerse simplemente con él, especialmente porque ella era un alma libre.

Pero también se preguntaba quién iba a ser capaz de conquistar a alguien como el rubio, que parecía tan inalcanzable... quién podría ser capaz de llenar aquella mirada color miel que parecía, a veces, tan carente de emoción. Quién?

Continúa...

Notas de Lena:
Otro capítulo, donde una vez más, quien sufre todo es mi queridísimo Kaiba, porque me gusta torturarle, ya que es entretenido jugar con su subconsciente, no que eso signifique que no voy a hacer lo mismo con Joey, pero su dosis de recuerdo vendrá un poco más adelante.
Ya me llevé siete capítulos sin YAOI entre Seto y Joey, espero escribirlo pronto, antes que acá me linchen, jeje.
Gracias a mis reviewers... y lamento no poderles responder apropiadamente, pero estoy algo triste -deprimida-, espero poder responderles con todo el ánimo que pueda recolectar, en el próximo capítulo. Espero me entiendan, chicas!
Forfirith-Greenleaf, Set-Yam, Ale, NaKuRucHaN, Rei-Dark-Angel, saritakinomoto.