En tu Corazón
Acto Siete
Mil disculpas
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Aoshi sintió tanta sed durante la noche, que se levantó para tomar agua.
Se calzó unas suaves pantuflas negras forradas en cuero, elegantes, de acuerdo a su estilo, y bajó silenciosamente las escaleras de su enorme casa. Pasaría a la cocina y tomaría algo. Se sentó a la mesa pequeña que tenían allí y mientras bebía una taza de té recién hervida, recordó su tarde de compras con Misao.
La joven lo había arrastrado de tienda en tienda buscando lo de última moda para comprarse. Y desde luego habían reñido un par de veces con respecto al largo de algunas faldas o al escote de camisetas. Incluso el color del labial causó conflictos entre los dos.
"-Tú quieres que me vista como una monja"- se había quejado Misao en algún momento.- "Pero debes entender, que soy bonita y…!!!No tengo por qué ocultarlo!!!"-
Aoshi tenía más que claro que Misao era bonita. Muy bonita. Más bonita incluso de lo normal. Pero por lo mismo ella debía ser precavida con respecto a quien enseñar sus atributos, claro que ella no podía o no quería entenderlo.
-"Ya entendí por que mi papá te escogió como mi tutor. Eres igual a él. Ojala me hubiera puesto bajo el cargo de Sanosuke."- le habría gruñido ella en cuanto él se negó a comprar una falda excesivamente corta. Misao salió desafiante de la tienda, con el mentón en alto, mientras él cargaba seis bolsas con compras tras de ella.
Aoshi se pasó una mano por la frente, echando hacia atrás su flequillo. Tal vez no había sido tan buena idea el aceptar la tutoría temporal de Misao, aunque se lo debía a su padrino por acogerlo en su casa cuando él era un estudiante universitario. Suspirando, terminó su té.
En verdad, debía reconocer que le había dolido cuando Misao lo comparó con Okina. ¿Realmente sería como él?, ¿Tan autoritario, tan estricto?. No le había gustado ese comentario. En realidad, él había visto la tarde de compras como una posibilidad de acercarse a Misao y ser su amigo, enterándose de las necesidades de su protegida, pero al parecer, estaba haciendo todo mal.
-Simplemente no sirvo para hacer amigos o ser sociable. No es lo mío.- se dijo Aoshi. Llegó a la conclusión de que él, siendo así, no tenía por qué esforzarse en ser amable con Misao, si bastaba con que la tuviera en su casa y la guiara con algunas normas de comportamiento. Pero en verdad, esa idea no le gustaba.
Subió a su cuarto y al pasar frente al de Misao, notó que había luz. Se acercó a la puerta y tocó suavemente, sin poder contener el impulso de interesarse por ella.
-¿Puedo pasar?-
-Si… - respondió Misao. Estaba acostada sobre la alfombra, apoyada en los codos, haciendo una tarea de matemática, el ramo que más odiaba.
Aoshi se arrodilló junto a ella.
-Este problema… simplemente no me entra en la cabeza que una letra se pueda multiplicar con un número y dar como resultado otra letra.- explicó ella.
La jovencita estaba convencida de que ese problema no tenía solución hasta que Aoshi le dio un par de indicaciones y de pronto, mágicamente, el problema matemático estaba resuelto.
Misao se sentó para mirarlo con admiración.
En realidad, para Misao, cualquier persona capaz de resolver algo matemático, era un genio.
-Aoshi, eres realmente genial. Tú deberías enseñar en la escuela.- dijo como si su tutor fuera su nuevo héroe.
Pero Aoshi no estaba ahí para ser admirado ni nada por el estilo. Se levantó y se encaminó a la puerta.
-Apaga la luz y duérmete pronto, que es tarde.-
-Claro.- dijo Misao, recogiendo su cuaderno y el libro de matemática.- Gracias a ti terminé mi tarea. Muchas gracias. Por cierto… - agregó con algo de duda. Sin embargo, Aoshi se detuvo para escucharla.
-Dime.-
-Es… ¿has sabido algo sobre Kaoru? –
-Himura está investigando sobre ello. Quizá mañana ya tenga algunos datos para poder decidir. Buenas noches.-
Misao se quedó sola en la lujosa habitación, pensando que si había en el mundo una persona más opuesta a ella, esa debía de ser Aoshi.
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Kenshin miraba a Kaoru un tanto resignado, mientras ella dormía tranquilamente sobre su espalda, al lado de él. En cuanto la joven se había acomodado, había caído en un profundo sueño del que él estaba seguro, ni un terremoto grado 8 la sacaría.
Pero al menos lo había ido a buscar con la intención aparente de acostarse con él. Esa ya era una señal más que interesante y esto animó mucho a Kenshin, de tal modo que se relajó y trató de quedarse dormido junto a la joven, pensando que con un poco de suerte, en la mañana pasaba algo, ya que él no podía negarse que la deseaba con ganas. De hecho estaba usando toda su fuerza de voluntad para ignorar la tremenda erección que tenía. En fin… si ella estaba dormida, no había nada que hacer.
A la mañana siguiente, Kaoru despertó con una suave cosquilla en su barriga. Se rió quedo sin abrir los ojos hasta que de pronto, la que ahora era una caricia, se extendió hacia arriba, cerca de sus senos…
-Buenos días… - le dijo una voz masculina.
-Hola.- contestó ella con una sonrisa. Eso, hasta que recordó lo de la noche y enrojeció violentamente. –Oh, no… Kenshin, yo… por favor, no creas que… -
Kenshin la miraba divertido.
-Creo que superaré algún día el hecho de que te hayas dormido antes de que yo pudiera siquiera tocarte. Pero será en bastante tiempo.-
Mientras el pelirrojo se lo tomaba a la broma, Kaoru en verdad se sentía avergonzada.
-Por favor, discúlpame… no era mi intención dejarte solo. Yo… no sé… supongo que fue porque no dormí anteanoche y encima luego lo de Sohji… y… y… -
Kaoru se enroscaba y enterraba el rostro en el pecho de Kenshin, que estaba acostado de lado.
-Ya… ya… no te preocupes, Kaoru. Entiendo tus razones y está bien. Ya tendremos tiempo de hacer cosas divertidas en vez de dormir por las noches… -
-Pero es que no quiero que creas que anoche vine a "calentar la sopa para no tomármela"… en verdad yo si quería estar contigo y… -
A Kenshin una mujer nunca en su vida le había dado tantas disculpas por dormirse a su lado. En realidad, nunca le había pasado algo así.
-Ya, está bien, pequeña, no te preocupes por eso. En verdad, me sentí muy bien esta mañana por despertar y verte aquí, conmigo. Y anoche, por tenerte a mi lado.- dijo él, abrazándola tan fuerte que Kaoru sintió por un momento que iba a romperse.
-¿Qué hora es?- preguntó ella.
-Las ocho. Tengo que irme al trabajo dentro de poco.- contestó Kenshin, consultando un reloj digital sobre su velador.
-Oh… - dijo Kaoru, pensando que él se iría luego. Kenshin la besó en la frente y luego se rió.
-Nunca me había pasado esto… esto de dormir con una mujer que me gusta sin tocarle un pelo y encima, darle besos inocentes. Aunque tal vez… - añadió, colocando una pierna entre las rodillas de Kaoru para separarlas y colocarse entre ellas.- … eso se pueda remediar.-
Apoyándose en las manos, Kenshin bajó su nariz hasta el cuello femenino, aspirando su aroma a flores y causándole cosquillas a la joven con un ligero roce. Kaoru rió quedó y en ese momento sintió un beso entre el hombro y el cuello, que le causó una especie de descarga eléctrica que resultó nueva para ella.
-"Debe ser que llevo más de un año sin tener relaciones"- pensó Kaoru, olvidándose de ello cuando esta vez sintió un muy ligero mordisco en el hombro. Por instinto se arqueó hacia arriba y Kenshin llevó su boca hasta la oreja de ella.
Una nueva caricia causó una sensación intensa en el estómago de la joven, a la par que sintió un bulto entre las piernas que ella estaba segura, antes no estaba ahí y que no era de ella. Supo entonces que Kenshin también estaba teniendo reacciones intensas y le gustó pensar que ella podía causarle eso a esa persona en especial.
No estaba preparada cuando ahora Kenshin tomó por asalto su boca, como si le hubieran dicho que el mundo se acababa en dos minutos más. La besó al principio suave y después como un desesperado, sin querer soltarla. Le succionaba los labios, los mordisqueaba con cuidado, introducía la lengua entre ellos y salía para volver a tomarlos.
Fue en se momento que sonó la alarma del despertador. Kaoru notó en la mirada de Kenshin un momento de furia contra el pobre aparato, que disimuló para luego estirar una mano y apagarlo.
Se la quedó mirando por unos segundos antes de anunciar:
-Tengo que ir a trabajar.-
Kaoru no dijo nada. Sólo suspiró y lo atrajo hacia ella en un fuerte abrazo. Kenshin abandonó la cama pesadamente. Tomó una toalla y se dirigió a la ducha.
-Esta noche, ten por seguro que no te salvarás.- le dijo a Kaoru mientras salía del cuarto. Quince minutos después, cuando volvió seco y fragante, ella nuevamente dormía.
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Sohjiro sonrió cuando reconoció a su visita. Sobre todo al notar el gracioso gorro que traía puesto.
-Hola, Kaoru.
-Hola, Sohji…-
Kaoru traía un par de globos de brillantes colores y un ramo de flores blancas.
-Me alegro de que te den el alta en unos minutos.-
-Si. Es que pasé muy buena noche. Pero tendré que faltar a clases un par de días, para hacer reposo y hacerme un chequeo.-
El jovencito estaba sentado en su cama, vestido para irse. Pero tenía que esperar a que le dieran el alta formalmente. Su madre lo acompañaba en el cuarto, preparándole un abrigo porque afuera estaba muy frío. Afuera, el padre estaba en el auto.
-Gracias por ayudarme.- dijo el chico en una sonrisa.- Eres muy valiente.-
-Por favor, ven a visitarnos cuando gustes.- dijo esta vez la madre de Sohjiro, de buen ánimo por la recuperación de su hijo.
-Será todo un agrado.- contestó Kaoru.
Rato después salía del hospital un poco indecisa sobre a donde ir. Ahora que miraba con calma hacia atrás, le parecía totalmente inapropiada su actitud hacia Kenshin. Ella no debía ser así… tan "fácil", pero algo le pasaba con el pelirrojo. Él le gustaba y era la persona que más cerca estaba de ella. Era en ese momento, lo más parecido a una mini familia que tenía, pero… sospechaba que en verdad ella tenía miedo de volver a estar sola y más que el deseo, eso era lo que la impulsaba a acercarse a él.
-Debo reflexionar sobre estas cosas- pensaba.
Pasó frente a la tienda donde antes había comprado su verde muy verde planta con hojas y raíces, cuando vio en el vidrio un cartelito con la leyenda de "se vende local comercial" y siguiendo un impulso, entró.
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-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!!!!!!!!-
Kaoru ese día había tenido que faltar a su promesa de no volver a vestirse de colegiala. Pero esta vez no saltó la pared de la escuela, sino que hizo lo del primer día, es decir, ir contra los jóvenes que salían de clases. Y cuando le contó a Misao que Sohjiro había sufrido una especie de desmayo, la joven lanzó la exclamación antes mencionada, impidiéndole contar más detalles.
-No lo puedo creer. Sohjiro-sempai en el hospital… y yo no estuve ahí para tomar su mano. Con razón hoy no pude verlo en recreo.-
-Afortunadamente dice el médico que está mejor y… -
-Oye, ¿Y cómo es que tú sabes todo eso?.- preguntó Misao, mirándola con suspicacia.
-Hem… lo que pasa es que Sohjiro y yo fuimos a una pastelería a comer y de regreso… -
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!?????????- Misao no salía de su asombro. – No puede ser que hayas ido a comer pasteles con él y no me hayas avisado.-
Kaoru miró a Misao con un dejo de molestia.
-Recuerda que no tengo como comunicarme contigo.-
-De todos modos podrías haber buscado la forma… en fin, ya, eso no importa. Tenemos que ir a ver a Sohjiro, organizar un comité para acompañarlo en estas horas amargas para él y…-
-Sohjiro lo que necesita es reposo. Quizá sea mejor que vayas a verlo tú sola en vez de llevar a un séquito de amigas que te acompañen. Será más tranquilo para él.- repuso Kaoru muy seria.
Misao se dio un golpecito en la cabeza por no haber tenido antes esa idea. Finalmente… podría estar a solas con Sohjiro-sempai. Podría usar la hermosa ropa que se había comprado el día anterior y quizá, con un poco de suerte… pasaba algo entre ellos.
-Kaoru.- dijo Misao de repente, sin mirarla.
-¿Dime?-
-Recuerda que Sohjiro sempai es siete años menor que tú.-
Kaoru miró con extrañeza a su prima.
-Misao, por favor, no creas que yo… a mi no me interesa Sohji. Sólo somos amigos y además, yo tengo a… -
-¿Y encima ya lo tratas de "Sohji"? Deberías tratarlo como "sempai"-
Kaoru estaba empezando a exasperarse.
-Como tú misma dijiste, soy siete años mayor que él. Y ocho años mayor que tú. Mientras sigas con esa mentalidad tan inmadura, no podremos entendernos con respecto a Sohji. Y si de verdad te interesa tanto su estado de salud, aquí tienes apuntada la dirección de su casa.- comentó la joven antes de darse la media vuelta y largarse de allí, dejándole un papel en la mano.
Misao vio a Kaoru perderse entre los estudiantes y se sintió tremendamente mal. Tanto así que de inmediato corrió tras ella, esquivando a algunos alumnos. Estaba por darle alcance cuando chocó con un enorme bulto.
-Ahhhhhhggggggg…lo siento, lo siento!!!- exclamó Misao, desde el suelo. Al levantar la vista, vio a Aoshi de pie frente a ella, que le extendía una mano para ayudarla a ponerse de pie.
-¿Te lastimaste?-
Misao se palmeó el trasero, para quitar el exceso de polvo.
-No. Estoy bien… - agregó, viendo como Kaoru desaparecía tras doblar en una esquina. Al ponerse de pie y ver en torno, se dio cuenta de que Aoshi causaba un efecto devastador en las jóvenes que estaban allí. Pero ignorándolas completamente, Aoshi se dedicó a ella.
-¿De verdad que lo estás? Tuviste una fea caída. No deberías correr así, sin fijarte.-
-Tú te me atravesaste.- replicó ella molesta.- ¿Vienes para llevarme a casa?-
Aoshi en verdad había pensado invitarla a comer algo por ahí, por lo que comentó algo cohibido:
-Pensé que podríamos salir y conversar.-
Misao se sorprendió más que con las revelaciones de Kaoru. Aoshi rápidamente agregó:
-Yo no soy muy bueno en relacionarme con la gente pero… como ahora estás a mi cargo… tal vez sea bueno que tengamos una buena comunicación.-
Misao podía escuchar a sus espaldas los suspiros de admiración de las colegialas en torno a ellos y se preguntaba cómo Aoshi las podía ignorar tan bien. En verdad, pensó mientras lo acompañaba al auto, él era muy apuesto y debía estar acostumbrado al efecto que causaba cuando salía a la calle.
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Kaoru llegó a su casa y se cambió de ropa, preparándose para ir donde Kenshin. Antes, regó su jardín y con todo listo, emprendió la marcha.
-Compraré un ramo de flores y prepararé algo especial. Seguramente será una buena forma de disculparme por lo de anoche. Además, el postre que hice por la mañana quedó con buen aspecto.-
Llevaba un bolso verde donde traía sus medicamentos y al salir de la florería, se topó esta vez con Enishi.
-Ahhh, tú…- dijo molesta. Y se dispuso a esquivarlo. Pero Enishi no se lo permitió y le cerró el paso.
-Kaoru, Kaoru, por favor, no me ignores.-
-Déjame pasar.- dijo ella a la defensiva.
-Por favor… quiero hablar contigo. Yo… yo te debo una disculpa.-
-Ehhhh?-
Kaoru conocía a Enishi desde hacía mucho tiempo y sabía reconocer en su voz la sinceridad de lo que decía.
-Me comporté como un cerdo la otra noche pero es que… cuando dijiste que Himura y tú eran algo más yo en verdad me enfurecí y sé que no tengo derecho a pedirte nada pero, me gustaría mucho hablar contigo. Por favor… -
Enishi estaba en verdad avergonzado por su actitud de antes y Kaoru pensó que no estaría mal tomarse algo por ahí con él. Así que entraron a un restaurante y ella pidió una gaseosa. Enishi en cambió pidió agua mineral.
-Tanto tiempo sin verte, Kaoru. En verdad estás cambiada y muy preciosa.-
-Gracias por el cumplido.- respondió ella sin bajar del todo la guardia.
Se generó un tenso silencio por algunos minutos. Enishi tenía muchas cosas que contarle a la joven, pero no sabía por donde empezar. Finalmente, se decidió a hablar.
-Recuerdo la primera vez que te vi en la universidad. Curiosamente ese día hacía frío y traías una gorra larga y puntiaguda. Y pensé: "esta chica es muy excéntrica. Parece un duende". Creo que te descarté en ese momento como posible novia hasta que te me acercaste y me preguntaste en qué sala se impartía tal clase. Y todo cambió para mí.-
Kaoru sonrió al recordar que en algunas ocasiones, Kenshin la llamaba "duendecita"
-Te he extrañado mucho. Tenía muchas ganas de verte. Por eso hice lo imposible por conseguir tu nueva dirección.-
-Vaya. Hasta que al final me apreciaste.- comentó Kaoru, jugueteando con la bebida de su vaso. Enishi reparó en las flores que Kaoru mantenía sobre la mesa.
-¿Son para él?-
-Si.-
Enishi sonrió de medio lado.
-Realmente debe ser importarte para ti.-
-No te imaginas cuánto.-
Enishi suspiró.
-No tengo posibilidad alguna, ¿verdad?-
Cuando Kaoru salió del hospital psiquiátrico y se vio sola en una ciudad llena de conocidos, pensó que si alguna vez volvía a ver a Enishi le diría todo lo que había pasado con ella para que él comprendiera lo terrible que fue su abandono. Y aunque en el presente ya no sentía esa rabia intensa por lo que había pasado, aún tenía en su mente las palabras que guardó para él por tanto tiempo.
Tomó aire cuando Enishi tomó su mano.
-Perdiste tus posibilidades desde el momento en que ya no recibí ninguna noticia tuya. Traté de contactarte pero siempre estabas ocupado, preparando la tesis, trabajando… yo me había quedado sola de un momento para otro y tú, que decías ser mi pareja y mi apoyo, no lo fuiste en ningún momento. Es más, fuiste la peor de las cargas.-
-Kaoru, perdóname… yo te dejé en el hospital porque pensé que era lo mejor para ti. Llorabas a gritos sin poder controlarte y yo ya no sabía que hacer contigo.-
-Claro, y por eso dijiste "vamos a tirarla donde no me moleste". ¡Que otro se haga cargo de ella!-
-No fue tan asi. Kaoru… yo no sabía que te pasaba y cuando te hablaba de ir al médico a ver lo de tus estados de ánimo, te negabas. Cuando te dejé en el hospital, fue porque pensé sinceramente que yo te hacía mal. Tú me habías dicho que no querías que te volviera a tocar durante la noche… y yo estaba desesperado porque cuando te sentía conmigo en la cama, no podía controlar las manos.-
-Admito que tengo algo de culpa por no ir al médico antes pero cuando me abandonaste en el hospital, hayas tenido el motivo que sea, me sentí mal. Como una loca. A veces sentía que perdería la razón de un momento a otro y tenía tanto miedo pero, además del psicólogo tratante, no tenía nadie con quien hablar porque nadie iba a verme. La familia de Misao me borró de la lista de familiares y le prohibieron acercarse a mí como si yo tuviera la peste y la actitud tuya… esa me dolió más que ninguna otra. Aunque hubieses pensado que tú eras el que me hacía mal por el tema íntimo, al menos podrías haberte acercado a interesarte por mí. ¡Pero nada!-
-Kaoru, sé que cometí un error y lo reconozco. No sabes lo mal que lo he pasado pensando en eso.-
-Pues qué lástima contigo porque al menos a mí me sirvió para darme cuenta de que habría cometido el peor error de mi vida al casarme contigo. ¿O no recuerdas que según nuestros planes, ya estaríamos casados?-
-Recuerdo hasta el día que escogimos.- reconoció Enishi apesadumbrado.- Pero yo sé que si nos esforzamos, podemos volver a retomar lo nuestro.
-No, Enishi. Eso ya no es una posibilidad. ¿Sabes? Cuando salí del hospital, estabilizada, con una bolsa de pastillas que me dijo el médico, debía tomar de por vida y una serie de normas que debía aplicar para siempre, me sentí más perdida que nunca. Con una enfermedad crónica que desconocía, con una carrera inacabada y sin mis padres, mi familia ni tú. Y me costó mucho, pero mucho trabajo acabar el semestre que me quedaba, hacer la tesis, trabajar y todo eso. Cuando entregué el libro y todas las copias de mi tesis, pensé que no valía la pena estar un minuto más en esa ciudad porque durante todo ese tiempo esperé que aparecieras y nunca lo hiciste. Porque tú eras el hombre que yo amaba y no estuviste ahí para mí. Y por eso recordé que mis padres nunca vendieron esta casa y me vine y me ha ido bien. He estado haciendo amigos y conocí a Kenshin y estoy haciendo planes que estoy segura serán fabulosos.-
-Pero Kaoru… mis sentimientos son sinceros… además, estoy segura de que al tal Kenshin lo debes conocer de hace menos de un mes, que es el tiempo que llevas acá. Y no creo que eso funcione por mucho tiempo… -
-Enishi… - dijo Kaoru un poco cansada y notando que debía irse ya al departamento de Kenshin.- Lo nuestro llevaba cuatro años y cuando tuve las crisis tú no atinaste a hacer nada. Ni siquiera después te interesaste por saber qué tenía yo. Si bien salí estable del hospital, durante la finalización de mi tesis y el traslado a esta casa pasé mucho estrés y hasta perdí mis pastillas y me desestabilicé. ¿Y sabes? Sin conocerme del todo, Kenshin estuvo ahí. Pero no como mero espectador, porque él estuvo ahí para contenerme, hacerme compañía y mientras yo dormía, el buscaba el modo de informarse sobre mi enfermedad para saber tratarme. Y no le importa que yo la tenga porque está dispuesto a estar conmigo y aceptarme así, tal como soy. –Kaoru abrió de pronto su bolsa y sacó una caja llena de pastillas, para casi lanzárselas a Enishi.- Ahí tienes, eso es mi dosis para dos días. ¿Qué tal? Dime, ¿Te sigue interesando estar conmigo? Si vuelvo a desestabilizarme, puedo cometer una locura.-
Enishi cerró los ojos y le devolvió la caja, que ella metió en el bolso nuevamente. Kaoru entonces sacó su monedero y dejó el equivalente a su vaso de bebida sobre la mesa. De inmediato se puso de pie.
-Este no es el mejor momento para que hablemos porque lo cierto es que me estoy alterando.- dijo Kaoru.- Y eso no es bueno para mí. Si quieres podemos hablar en otra ocasión, sobre lo que quieras, pero con respeto a retomar lo nuestro, no me interesa. No es tema para mí.-
La joven se puso de pie para irse, pero Enishi la tomó de una mano.
-Esta es la salida fácil, ¿no?-
-¿Ehhh? ¿De qué hablas?-
-Que es más fácil para ti llenarte con esas porquerías de pastillas que hacer el intento de estar bien tú sola. Seguramente Kenshin te acepta que tomes todas esas mugres pero sabes que yo en cambio te pediría que dejaras esas drogas.-
La cachetada que siguió a esas palabras se escuchó en todo el local.
-¡Imbécil!- le gritó Kaoru a Enishi, saliendo del lugar con rapidez. Tanto así que se le quedaron las flores para Kenshin. Enishi se repuso pronto y cayendo en cuenta de su error, tomó las flores y salió corriendo tras ella. Sólo que a diferencia de Misao, él pudo darle alcance.
-¡Kaoru, Kaoru!-
-¡Piérdete!- le dijo ella mientras avanzaba con paso rápido hacia el departamento.
-¡Kaoru, por favor!- dijo él plantándose frente a ella. –Las flores para tu novio. Hem… y discúlpame nuevamente. Me salí de control. – agregó después de un rato.
Kaoru recibió las flores y controló su ira.
-Es "trastorno bipolar", idiota. No es cosa de controlarlo, porque es un daño en alguna parte del cerebro. Es como si un diabético tratara de mejorar su páncreas a pura voluntad. ¡No se puede!- dijo en tono bajo antes de seguir su camino.
Enishi regresó al restaurante a pagar la cuenta y de paso, compró una botella de licor para llevársela al lugar donde estaba alojando. Si hubiera estado lloviendo, podría haberle echado la culpa al agua por tener las mejillas mojadas.
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Cuando Kaoru llegó al departamento, notó que Kenshin ya había llegado. Ella cerró la puerta feliz, con una gran sonrisa. A pesar de que no había sido un día muy bueno en cuanto a sus relaciones personales, le había ido mejor en otro asunto importante para ella.
-¡Hola Ken… !-
Kenshin apareció desde el dormitorio, con cara de pocos amigos.
-Hola, Kaoru.-
La joven corrió para darle un beso, pero él la esquivó.
-¿De dónde vienes?-
-Hoy viví muchas aventuras.- dijo ella. – Y te las quiero comentar. Tengo planes… -
-Si, ya me imagino qué tipo de planes.-
-¿Si??, Que raro porque aún no te comento nada aunque me gustaría que me des tu consejo.- siguió Kaoru con entusiasmo.
-Si es sobre volver con Enishi, ese ya es problema tuyo.- respondió Kenshin cortante.
-¿Volver con él? Eso es impensable… yo no… -
-Te vi con él hace un rato. Supongo que la pasaron muy bien en el restaurante al que te llevó.
-¿Cómo sabes todo eso?- dijo ella.
-Estaba finiquitando un negocio para Aoshi en las oficinas del frente y los vi entrar. Por cierto, lindas flores.-
-Espera, Kenshin… aquí hay un error.-
-No hay error porque los vi. Así que si quieres irte con él no hay problema, yo lo entiendo… -
Kaoru sintió uno de esos dolores de cabeza que le venían cuando se estresaba. ¿Acaso en ese día todo el mundo pensaba malinterpretarla? Ya estaba harta de eso.
Le dio a Kenshin con las flores en el estómago cuando se las pasó.
-Piensa lo que quieras. ¡Ya estoy harta de que todos me juzguen y me digan qué hacer como si yo fuera una imbécil!-
La joven entró como una bala al dormitorio para rescatar su mochila que aún no desarmaba y rápidamente salió del lugar. Kenshin por su parte, se quedó de una pieza y minutos después, cuando se le pasó el ataque de celos y Kaoru ya estaba como a dos cuadras de allí, dejó las flores sobre una mesa y fue a preparar algo de comer.
Vio en el refrigerador una receta pegada con uno de esos imanes graciosos que Kaoru tenía en el suyo. La receta era de un postre dulce que a él le encantaba y que descubrió materializado dentro del refrigerador. Rato después, cuando meditaba en la mesa, movió las flores que había dejado sobre ella y cayó un sobre blanco oculto en el ramo.
"Para Kenshin, un hombre muy especial."
A Kenshin nunca en su vida le habían regalado flores. Ni siquiera para su graduación aunque le llegaron otros obsequios muy interesantes. Apretó los puños con fuerza, cayendo en cuenta de su error.
Mientras tanto, en su casa, Kaoru estaba acostada sobre la cama, cansada ya de golpear la almohada y de ahogar en ella sus gritos de rabia. Estaba tratando de no llorar pero el esfuerzo se traducía en un enorme dolor de cabeza que ya no la dejaba en paz.
Claro, ella defendiendo a Kenshin frente a Enishi y resulta que al final él ni siquiera confiaba en ella.
Su celular empezó a vibrar sobre el velador y lo tomó con la secreta esperanza de que fuera Kenshin. Pero en verdad, se trataba de un número desconocido.
-¿Hola?-
-¿Kaoru?... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡PRIMA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!-
Misao, al otro lado de la línea, se tapaba la boca al comprender lo fuerte de su grito. Estaba escondida en el armario de Sanosuke, a quien le había robado el celular mientras se duchaba.
-Misao… ¿cómo estás?-
-Kaoru… me siento muy mal por lo de esta tarde. Fuiste muy amable en tomarte tantas molestias para avisarme lo de Sohjiro. Aoshi hoy pasó a recogerme a la escuela y después de pasar un rato juntos, me llevó a ver a mi sempai. En verdad, creo que Aoshi es un tipazo.-
-Me alegro de que te haya ido bien.- dijo Kaoru, haciendo un esfuerzo enorme por controlar el temblor de su voz.
-Si. Y en verdad Kaoru… de verdad, gracias por darme la dirección y la oportunidad de estar con él. Y perdóname por malinterpretarte. Oh, Kaoru, estoy impaciente por poder juntarme contigo y así conversar más que los cinco minutos de cada día.-
-Yo también, Misao, pero es cosa de tiempo. Seamos pacientes.-
-Si.- dijo Misao entusiasmada y contenta por haberse reconciliado con Kaoru. En eso sintió que el agua de la ducha cesaba. – Ahora te tengo que cortar pero mañana nos veremos.-
Kaoru escuchó el tono del teléfono y cortó la comunicación desde su equipo. Misao en tanto salía con cuidado del armario de Sano, devolvía el celular a su lugar y escapaba sigilosa. Por su parte, Kaoru tenía los ojos llenos de lágrimas.
-No es justo… - decía, mirando el retrato de sus padres, que estaba sobre el velador.- No creo haber hecho las cosas tan mal o ser tan atolondrada como para merecer esto, ¿o si? Ojala estuvieran acá conmigo. ¡No tengo con quien hablar y parezco loca hablando sola!, ¿Por qué tenían que pasar todas estas cosas?-
-No estás loca.- dijo Kenshin a sus espaldas, entrando en la habitación con las flores de Kaoru.- muchas gracias por las flores. Están preciosas. – agregó.
La joven lo miró sin decirle nada y por instinto, escondió la foto de sus padres bajo la almohada porque Kenshin ya no era alguien con quien podía compartir sus pensamientos. Kenshin comprendió con ese gesto que ella le cerraba una puerta.
-Lo siento, Kaoru. Me porté mal. Como un idiota… más que un idiota, un soberano idiota.-
Kaoru, que estaba aún acostada sobre su estómago, se incorporó y se sentó en la cama.
-Quiero dormir. He tenido un día largo.-
-Kaoru, por favor, dime algo. Debemos resolver este problema.-
-Tengo sueño.-
-Por favor.-
La joven se quitó la ropa y rápidamente se puso un camisón, metiéndose a la cama.
-Entiéndeme, yo no tenía cómo saber que Enishi no te había dado esas flores.-
-Podrías haberme preguntado.-
-No se me ocurrió. Estaba enfadado, celoso…-
Kaoru suspiró.
-Claro, te enfadaste y sacaste tus conclusiones. El otro día, cuando descubrí que me investigabas, te pregunté, te dejé defenderte…-
-Perdóname. Soy un tonto… es que ni yo entiendo lo que me pasa. Es que… es que me dan tantas ganas de encerrarte en una cajita y tenerte sólo para mí. Pero… pero no se puede.- reconoció Kenshin bajando un poco la cabeza.
Kaoru lo observó unos momentos y luego suspiró. Estaba cansada.
-Enishi quería conversar y acepté escucharlo. Me interceptó después que te compré esas flores. Y acabamos riñendo. Como salí tan rápido del restaurante, se me quedaron en la mesa y él me las devolvió. Eso es todo.- dijo la joven acostándose y dándole la espalda al pelirrojo.
Kenshin se sintió fuera de lugar en ese cuarto, con las figuritas de colección de Kaoru mirándolo, riéndose o atacando, según la figura. Tomó aire y además, una decisión.
-Me quedaré.-
-Haz lo que quieras.- dijo Kaoru medio adormilada. Poco antes de perder la conciencia, sintió a Kenshin recostándose junto a ella.
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Cuando Kaoru abrió los ojos al día siguiente, sintió a Kenshin todavía dormido a su espalda. Sin embargo, por alguna extraña razón, tenía la sensación de que todo era diferente, como por ejemplo, la luz que percibía aun con los ojos cerrados.
Se reacomodó en la cama, que le quedaba muy cómoda, sintiendo cómo Kenshin de inmediato cambiaba de posición para seguir abrazándola. Y en eso, Kaoru lo besó en la cara, abriendo levemente un ojo y quedarse estática en ese mismo momento.
-¿Dónde estoy?... ¡Kenshin… Kenshin!.-
El pelirrojo, medio adormilado, abrió los ojos.
-¿Oro?, ¿Qué pasa?.-
Kaoru, con la sorpresa, se sentó en la cama, viendo que no estaba su repisa ni sus figuritas ni nada que ella conociera. Estaban en una sobria habitación de madera.
-¿Qué es esto?- preguntó con evidente temor en sus ojos. Kenshin de inmediato se sentó junto a ella.
-Shh… tranquila, cálmate. Estamos en una cabaña en la playa.-
Kaoru, extrañada, no entendía nada. Kenshin decidió aclararle las cosas.
-Te traje mientras dormías. Me dijiste anoche que hiciera lo que quisiera y te rapté. Eso es todo.-
La joven pasó saliva, nerviosa. ¿Kenshin la había raptado? Kaoru lo miró con desconfianza y salió rápidamente de la cama, poniéndose a la defensiva.
-Dime que no eres un psicópata, por favor.-
-Hem… no.-
Kaoru se acercó a la ventana y en efecto, comprobó que estaba en la playa. A la distancia, se veía un mar azul y relativamente calmo.
-Pero cómo… -
-Tengo un auto. Lo uso poco porque trabajo cerca de mi casa y tu casa también me queda cerca. Asi que siempre está en el estacionamiento y lo uso para viajar. Anoche me fui a mi departamento, metí un poco de ropa en el bolso, lo cargué y ya en tu casa hice lo mismo con algunas de tus cosas.-
-¿Hurgaste mi ropa?- Kaoru de pronto tenía ganas de patearlo.
-Sólo lo necesario. Luego te envolví en una frazada y te subí al auto. Me está empezando a gustar que tengas el sueño tan pesado. Pero ahora estoy agotadísimo, porque tuve que conducir casi dos horas bajo la presión de que despertaras y quisieras matarme.-
-Sólo retrasaste el momento… - gruñó Kaoru entre dientes. ¿Cómo se atrevía a sacarla de su casa?
Kenshin vio a Kaoru tan furiosa que por un momento temió por su vida. Pero de pronto, ella empezó a reír.
-¡Eres un tonto, Kenshin Himura!- le dijo entre risas, mientras le arrojaba una almohada a la cara. En ese momento Kenshin supo que estaba perdonado.
-¡Es el mar, se ve que hace un día precioso… deberíamos salir y pasear, ¿no te parece? Pero eso después que yo duerma otro ratito.- comentó, metiéndose de nuevo a la cama. –Por cierto, Kenshin, ¿dónde estamos?-
Kenshin sonrió nervioso a la par que se abría la puerta, dejando ver a una atractiva mujer en edad madura que traía una bandeja con lo que parecía ser el desayuno, que dejó sobre uno de los escasos muebles de la habitación, y se acercó sonriente a la cama, donde se sentó al lado de Kenshin.
-Hola, mi amor… asi que esta es tu novia Kaoru, ¿verdad?-
¿Novia?...
Kaoru se quedó mirando a la señora por unos segundos, con los ojos muy abiertos, mientras ella rascaba los rojos cabellos de Kenshin, quien reía quedo. ¿Acaso esa señora era… era…?
-Kaoru… pero qué niña tan preciosa eres. Mi hijo se quedó corto al describirte… -
Estaban, claramente, en la casa de la familia adoptiva de Kenshin.
-… nos sorprendió tanto esta madrugada. Apareció como a las cinco y media cargando un bultito y nos dijo: "esta es mi novia y se quedó dormida en el camino". Te miraba con tal adoración, niña… pero es que mi hijo es un sol y de seguro que está todo perdido y enamorado por ti…-
-Mamá, no digas esas cosas… - replicó Kenshin amablemente.
-Claro que las digo. Hija, él nunca había traído una mujer a esta casa, y menos envuelta ni en brazos. ¡Qué romántico! Esto debe ser como la previa al día de su matrimonio.-
Kenshin estaba de todos colores porque todas esas cosas ya se le habían pasado por la cabeza, sólo que estaba buscando el momento apropiado para comentárselas a Kaoru. Ésta en cambio, pasada la primera impresión, sonreía junto a la señora, despreocupadamente. De pronto, la mamá de Kenshin se paró y les acercó la bandeja.
-Aquí tienen. Les traje jugo de fruta y leche. Espero que esté bien para ambos.-
-A mi me encanta.- dijo Kaoru mirando la bandeja como si fuera un elemento caído del cielo. Kenshin en cambio dijo algo sobre que quería café.
-El café no es bueno para tu salud… pero la leche sí y debes alimentarte bien. Ya mis amores, los dejo. Después del desayuno quedan en libertad de acción pero los quiero a la hora de almuerzo en el comedor, ¿bien?-
La señora se fue, dejándolos solos. Kenshin, cohibido y algo avergonzado por la actitud de su madre, ni siquiera miraba a Kaoru.
-Disculpa a mi madre, por favor.- dijo él en un momento, atreviéndose recién a mirar a Kaoru. Notó entonces que ella tenía una sonrisa radiante.
-Me agrada tu madre. Porque ella es muy parecida a la mía. Es una mujer refrescante.- comentó la joven.
Pasado el momento de tensión, acabaron el desayuno más felices. De pronto, se sintieron como dos niños preparándose para un gran día. Kaoru, contraria a su costumbre, se levantó de un salto de la cama a mirar por la ventana nuevamente.
-¿Y qué te gustaría hacer hoy?- le preguntó Kenshin. Kaoru, entusiasmada, abrió las ventanas, dejando entrar una ráfaga de viento fresco.
-Vamos afuera, Kenshin. Vamos a jugar.-
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Fin acto Siete
Mil disculpas
Noviembre 16, 2007
El mundo sigue siendo por estos días de algodón de azúcar y lo estoy disfrutando plenamente, a pesar de que a veces me da mucho sueño y cansancio. Pero es que nunca pensé que había tantos detalles que cuidar para un matrimonio. Y yo que soy algo atolondrada a veces, apenas le sigo el paso a toda la organización que hay. Pero además, hoy ha sido un día importante porque ¡empezaron a construir mi casa!
Me gustó el final de este capítulo. En verdad que me gustó. Quizá hasta podría haberlo usado como final y sólo puedo decir que en el próximo capítulo, la comunicativa mamá adoptiva de Kenshin nos revelará unas cuantas cosas sobre él. (Je, en verdad se las dirá a Kaoru y nosotras nos enteraremos de chiripazo)
Mil besitos y gracias a las amigas que me han escrito y en verdad que hay muchas teorías al respecto de cómo y por qué se muere Kenshin. Ya he leído unas tres o cuatro diferentes.
Además quisiera mandar besos a las lectoras de la zona norte del país, afectado por un terremoto. Espero que llegue pronto la ayuda necesaria para levantarse nuevamente y que la mayoría esté bien.
Les quiero agradecer enormemente a…
pipalullabye
Kaoru
Himura T
mel
yessica
MargoChanning
bizcochia
U-u
BattousaiKamiya
mari8876
Ruby
P. Black
Jegar
Sahaduta
silvi-chan
kisa-Chan-sohma
Himurita
hitoki-chan
kagomekaoru
kanke-chan
Athena
Kaoru Himura
gabyhyatt
coolis17
… por reportarse y decirme cosas tan lindas. Gracias!!!!!!!
