Nuestra vida nunca se escribe al pie de la letra de nuestros deseos.

Si. Aveces suelen suceder anécdotas que nos regocijan con su perfección, pero la mayoría de las veces no son más que decepciones o tormentosos deseos indeseados; los cuales aparecen y nos desvían de lo anhelado.

—... Esto es un dolor de cabeza.- se quejó Lyon por enésima vez, tocando su abultado vientre para insultar como solo ella podía hacerlo. — Deja de patearme, hijo de puta. O juro que cuando cumplas los dieciocho años terminaras encadenado o viviendo en la casa del perro.- murmuró fastidiada. La pobre llevaba más de dos horas intentando consolidar el sueño, pero las patadas del bebe se lo impedían.

¿Es que acaso Lyon no se daba cuenta de lo contradictorio y gracioso que resultaban sus frases?

Me puse de pie, termine de colocarme mi peluca y evite reírme ante la mirada impresionista que tenía Lyon dibujada en su rostro. — ¿Intentas imitarme, Kyoko? Fíjate que la única y verdadera zorra aquí, soy yo.- dijo para luego mostrarme su dedo medio.

Me senté junto a ella, personalizada como Setsu; aunque sinceramente me parecía demasiado a Lyon vestida de aquella manera.

— Lyon-san, no eres una zorra...- comente y ella sonrió negando a mi afirmación. — deberías tratarte mejor...estas embarazada y requieres quererte un poco más. - ella me miró con una ceja alzada, antes de sonreír y bajar la mirada. — Te estoy hablando enserio. Eres mi amiga y no me gustaría verte mal solo por qué te niegas a querer al ser que crece dentro de ti.-

Sostuvo su mirada sobre la mía antes de sonreír con desgana. — Yo no me niego a querer a este bebe, Kyoko.- dijo cruzándose de piernas antes de mirarme y señalarme sutilmente.

Hay veces que la vida toma tus sueños, los mete en un saco y te da la espalda...

—Pero sé que esto es algo que no entiendes, porque no todas tenemos la suerte de poder cuidar a un pequeño sin problemas. No todas nacimos con ese don maternal, querida...Aún más, no todas tuvimos la suerte de perder el bebé al mes de embarazo y de manera natural...- agregó trayéndome los recuerdos de haber perdido a mi hija. — Por eso sé que no entiendes lo que se siente estar en mi posición... No comprenderías por nada del mundo lo que se siente tener a alguien que no te deja dormir porque te patea a diario. O la frustración que se siente cuando te subes a la báscula y descubres que vas ganando kilos... No podrías nunca entender nada de ello, porque tú tuviste la suerte...

Hay veces en que la vida te refriega la verdad en la cara y disfruta con ello. Lyon tenía razón, yo no entendía para nada que se sentía estar embarazada y tener que convivir con un bebé dentro de mi.

Yo nunca sería capaz de sentir y comprender sus antojos, su mal humor, sus deseos efusivos y su gusto por la mezcla extraña de comidas.

... A la vida le encantaba robarse mis sueños para luego salir corriendo con ellos, hasta perderse en los vacíos de la oscuridad.

— ...porque tú tuviste la suerte de ser Tú.- dijo antes de tomarme una mano y llevársela hasta su vientre. — desde el primer día que te vi, Kyoko, supe que podía confiar en ti, que podía acercarme a ti y volverme tu amiga. - sonrió. — en poco tiempo nos volvimos amigas, llevándome a descubrir mi cariño y admiración por ti. Eres una chica increíble, tienes un talento para envidiar y un cuerpo que te hace creer que estás en un sueño cada vez que se te ve sobre las pasarelas.

Sonreí, porque estaba segura que Lyon estaba dramatizando todo aquello para luego pedirme que le trajera un helado. Benditos y odiosos antojos. Pero no sería así, estaba equivocada.

— Cuando te he acompañado al hospital, hace ocho meses, no he pensado nada más y nada menos en lo maravilloso que sería verte enternecida por la idea de ser madre. — me miró esperando algún tipo de reacción negativa, pero al ver que no me pondría a llorar, prosiguió. — yo creo que más que ser tu la ilusionada, era yo quien deseaba poder jugar con un bebé... Siempre has sido la más bendecida y suertuda de las dos.

— Lyon...

— No, por favor Kyoko. Son solo dos minutos más.- respiro hondo y continuo.— ambas sabemos que yo no quería embarazarme. Que esto fue a causa de una noche de borrachera, que no estaba planeado... Y menos aún si tú estabas pasando por la depresión de saber que acababas de abortar por infertilidad... Enserio que yo no quería este bebe, Kyoko...

— ¡Pero ahora tendrás que quererlo!- la interrumpí entrando en mi papel de Setsu. Si no me apoyaba de la hermana de Caín Heel, seguro que acabaría llorando otra vez...

Ella negó suavemente antes de mirarme con los ojos llorosos. — claro que lo quiero, y lo amare aunque no pueda estar con él. - me abrasó y dijo. — sé que si algo llega a salir mal, puedo confiar en ti.-

Luego de esas palabras, se puso de pie, sin soltarme de la mano, para llevarme hasta la puerta y echarme rápidamente de la habitación; entonando fuerte y claro: que yo estaba atrasada y tenía que bajar rápidamente a la reunión que tendría con el presidente y Caín Heel.

Prácticamente me había expulsado sin mayor motivo de nuestra habitación de hotel.

Luego de ese día, jamás volvimos a tocar aquel tema de conversación. Yo me entretuve con mi papel de Setsu, entre grabaciones y grabaciones, hasta que se celebró la fiesta y dio por finalizada la gran producción. Dos días después de la fiesta en la mansión de Lory, mientras estaba en el departamento que compartía con Lyon en Francia, me enteré que mi amiga estaba en labor de parto y se requería de mi presencia.

Llegando al lugar, solo pude ver al pequeño que compartía el mismo color de cabello con Lyon.

Cuando la vida roba tus sueños, es porque siempre volverá con mejores experiencias que no podrás negarte a sentir.

— tiene que firmar aquí y acá, Mogami Kyoko-san.- me dijo la jueza que visitaba el hospital a causa mía y de León. — bien, espero que su hijo crezca sano y fuerte.

— Gracias por sus servicios.- comunicó Yashiro-san despidiendo a la mujer que luego de unos segundos nos dejó solos en aquel apartado que nos proporcionó la dirección del hospital.

Si no hubiera sido por la ayuda de Yashiro Yukihito, jamás hubiera podido hacer válido el testamento de Lyon y haber adoptado a su hijo bajo su consentimiento.

Ella lo sabía, lo tenía preparado y por eso me había dicho aquellas palabras esa noche. No fue a causa de su cambio de animo, como se había escusado. No. Ella... Ella es ella, y agradezco haberla conocido y echo parte de mi vida.

Siempre habrá una luz en nuestra vida, por más malvada y ladrona de sueños que sea esta. Siempre nos sorprenderá con nuevos y grandes sueños y experiencias por vivir.