"Entró en la habitación de Blaine una vez Kurt se quedó dormido. El castaño le había pedido que fuera a comprobar el estado de su amigo. Blaine estaba recostado en la cama, mirando fijamente su móvil.
-Blaine.-dijo secamente sentándose a su lado.
-Es tu culpa, ¿Sabes?
-¿Mi culpa?
-El accidente. Íbamos hablando de ti. Si no hubieses aparecido, no hubiésemos tenido el accidente. Si nunca te hubieses acercado a Kurt, no estaríamos en el hospital.
-¿Qué? Estás loco, Anderson. Esto no es mi culpa. Tendríais que haber estado más atentos. Además, el otro conductor iba en sentido contrario. No puedes culparme.
-No lo entiendes,¿No? Cualquier cosa que le haga daño a Kurt es tu culpa. Kurt era feliz antes de conocerte. Desde que llegaste no has hecho más que hacerle sufrir, y parece que disfrutas haciéndole infeliz.
-Estás celoso, Anderson. Estás celoso de que yo le hago más feliz que tú, y lo sabes.
-Escúchame Smythe, tú no le mereces. La verdad, dudo que alguien en este mundo le merezca. Pero es obvio que no se merece un promiscuo que no conoce el significado de la palabra fidelidad y menos aún de la palabra amor, jugando con él. Porque Kurt pone todo su corazón en lo que hace o siente. Él ha sufrido mucho en el pasado, no necesita que alguien como tú le destroce aún más. Es una persona maravillosa, es dulce, es inteligente, es precioso...Kurt es un ángel, Sebastian. Y tú sabes que va a pasar. Lo vas a convertir en un chico juguete con el que puedas acostarte cuando te venga en gana, regalándole mimos de vez en cuando para que crea que es especial para ti. Y se enamorará de ti, se hará ilusiones, y cuando se de cuenta de que solo es uno más en la lista, terminarás por romperle. Al fin y al cabo es lo que siempre has querido. Destrozar a Kurt, quitárselo todo. Bien, quizás lo consigas. Pero incluso cuando él no se mantenga en pie, seguirás sin merecerlo. Nunca podrás merecerle, Sebastian Smythe."
Kurt era un zombie. Su rutina se basaba en salir de la cama, tomar una taza de café y acurrucarse todo el día en el sillón del salón con su móvil entre las manos, esperando y mandando mensajes. Llevaba unos anchos pantalones de chándal que colgaban de sus caderas, y una vieja camiseta de Finn, que le quedaba enorme. Los ojos azules apagados y sin vida, ojerosos, el pelo despeinado y cayendo en mechones irregulares alrededor de su cara. Kurt sabía que se veía como el infierno. También se sentía así.
Kurt sabía porque le dolía tanto. Sabía porque estaba así, sabía porque solo tenia ganas de llorar encerrado en su cuarto, abrazando el viejo vestido de su madre y perdiéndose en su olor. Se había enamorado de nuevo. De Sebastian Smythe, la persona por la que nunca creyó que pudiera sentir siquiera un poco de compasión. Estaba loco por él y parecía que de nuevo había malinterpretado las señales. Los abrazos, las caricias, las miradas ardientes, los mensajes melosos...Los besos...Joder, ¿Cómo se puede malinterpretar un beso? Parecía que para Sebastian eso no tenía ningún valor.
El contratenor había caído rápidamente por el warbler, y se había permitido pensar que era mutuo, porque, vale que se hubiese equivocado antes, pero demonios, Sebastian realmente parecía interesado en él. Se sentía estúpido. Su mente era estúpida por pensar que él, Kurt Hummel, podía realmente gustarle a alguien. Porque era obvio que lo de Blaine no había sido realmente eso. Blaine le había dejado. Si hubiese habido otro, Kurt lo hubiese entendido, incluso tendría alguien a quien odiar e insultar por la pérdida de Blaine. Pero no, él era Kurt Hummel, y eso significaba que le habían dejado porque había algo mal en él. Algo que no funcionaba. Algo que le hacía horrible a ojos tanto de hombres como de mujeres.
La puerta sonó sacándolo de su deprimente charla consigo mismo. Se arrastró hasta la puerta sin dejar de pensar en su patética existencia(y en su patético pelo, su patética piel pálida, su patética voz demasiado aguda para atraer a los chicos...) y abrió. Unos ojos verdes le taladraron con la mirada, y Kurt se hubiese muerto en ese mismo instante si no fuera porque los ojos estaban más abajo que los suyos. Y pertenecían a una chica, no a un chico. Los ojos de Sebastian le observaban curiosos desde el cuerpo menudo de una mujer con el pelo largo y cobrizo, en una versión femenina(y espeluznante) del chico Smythe.
-¿Vive aquí Kurt Hummel?
-Yo soy Kurt.-su voz sonó ronca debido a la falta de uso en los últimos días. Se ganó otro repaso con la mirada y la mueca de desagrado de la chica.
-Tú no puedes ser Kurt Hummel, él dijo que se veía como un ángel, y tú eres lo menos parecido a un ángel que he visto en mi vida. Aunque quizás los ojos podrían coincidir.
-Yo soy Kurt Hummel.-repitió ruborizándose.
-A ver, ojos azules, no hay forma de que lo seas. Demonios, sé que mi hermano tiene mejor gusto, aunque los tipos con los que se acuesta no sean para nada su tipo. Mi hermano busca chicos fuertes pero de apariencia frágil, y tú, princesa, eres frágil por todos lados.
-¿Tu hermano?-susurró mirándola.
-Soy Judith Smythe. Sebastian es mi hermano.
Miau prrr Miau! Holis:3 ¿Me odian? No, no me odian...*Se pone a DepreKurt delante como escudo*
Aquí tienen una actualización, ¿Ven? Soy buena ;D
Espero que os guste el capítulo...Dejadme reviews, porfi...Son mi alegría ;^; En serio, ver que alguien se para ha dejarte un comentario sobre algo que has escrito...Ains, es genial *^* Bueno, os dejo :3
Capítulo dedicado a mi princesita rusa que en realidad es un pingüino Marina, a mi petita Sonia, a M por sus amenazas, a J por ser una Judith genial(e.e)...Y AL NUEVO KURT QUE ME ESTÁ ROBANDO A MI BAS. TE-TENGO-VIGILAO.
Os quiero, besos y Kurties sonrojados,
Nina Bane
