CHIARA

6-Bésame.

Martes, 16 de Marzo.

Sonó el despertador programado a las í los ojos y miré hacia el techo, donde se encontraba un poster de Vanessa Mae, una de mis violinistas favorita.

- Hola Vanessa, buenos días…-bostecé aún medio dormida- Tu tan espectacular como siempre ¿Verdad?

Sonreí para mí misma y me incorporé en la cama mientras me frotaba los ojos. Suspire y salí de entre las sabanas sin muchas ganas, aunque… ¿Quien tiene ganas de levantarse un martes (Lunes 2) a semejante hora de la mañana? Me fui al cuarto de baño mientras me quitaba la camiseta y el resto de la ropa para meterme en la ducha. Abrí el grifo y empecé a ducharme sin mucha prisa. A los cinco minutos salí y me sequé con la toalla, luego fui a pillar lo primero que viera en el armario para vestirme y listo. Ni siquiera desayuné, no tenía ganas de ello. Cogí la cartera y me fui.

A las 6:35 salí de casa para ir al instituto. A primera hora tocaba literatura, una clase que no me incomodaba del todo si no fuera porque debajo de nuestra clase se encontraba el gimnasio y se oía al profesor más gritón de la historia del David, el señor Marcos; Era un hombre de unos 37 años, español, robusto, con pelo por todas partes (parecía un oso) lo cual según él le hacía más macho ibérico (sinceramente, a mi aquello me sonaba a cabra montesa…).Pues bien, ese hombre tenía una voz hiper ronca y al nada que abría la boca ya era una molestia y si sumamos eso con el botar de las pelotas y su silbato que sonaba minuto si minuto también literatura se convertía en una clase que acaba odiando solo por eso. Tengo que pedirle a la señorita Octavia que nos cambie de clase para el trimestre que viene, eso, si puede ser, claro está.

Cuando finalizó la clase me dirigí al pasillo para coger de mi taquilla los libros para la siguiente hora.

Normalmente por el pasillo iba con la cabeza agachada y pensando en mis cosas y no levantaba la vista hasta estar justo enfrente de mi taquilla. Pero esta vez levante la vista antes al oír una voz familiar que decía mi nombre. Levanté la cabeza para mirar a quien había pronunciado mi nombre, aunque ya supiese quien había sido. Era la rusa. Hoy lo cierto es que iba bastante atractiva. Llevaba una camiseta negra a conjunto con su chaleco de cuero, unos pantalones rotos también de color negro y como accesorios tenía sus típicas pulseras de pinchos que le daban un aire de chica dura.

-Hola pelirroja –me sonrió- ¿Qué tal tu mañana?

-Oh, hola Laika. Bien si no fuera porque en la clase de debajo tenía el gimnasio y los gritos de Marcos.

-Vaya, eso es lo peor del mundo –soltó una pequeña risa- ¿No te abras quedado sorda, no? Porque mira que sus gritos son algo que no es de este mundo.

-Ya lo sé...No entiendo cómo se puede chillar tanto y no, por suerte sigo oyendo perfectamente.

- Bien, me alegro por ello.

- Anche me desperté por culpa de los perros. No sé que les pudo pasar

- ¿En serio? No me di cuenta de ello.

- Pues por lo visto despertaron a todo el mundo, en clase es de lo único que hablaban.

- Bueno…yo es que tengo un sueño bastante profundo. – La morena se encogió de hombros con expresión de indiferencia, la verdad es que me resultaba imposible creer que no se despertará con el ruido que hicieron los perros.

- Supongo que así es mejor para ti, pudiste descansar sin interrupciones.

-Sí, descansar… -la morena me cogió un mechón de pelo y se puso a jugar con él- Bueno pelirroja, me tengo que ir yendo a clase que sino llegaré tarde a literatura.

-C-claro, que vaya bien. – Le sonreí con timidez mientras notaba como me subía la sangre a las mejillas dándoles a estas un tono más rosado, todo por la reacción de Laika al estar jugando con mi pelo.

- Nos vemos luego en música.

La morena sonrió de lado, me soltó el mechón de pelo y se fue tal como vino. Yo me dedique a mirar cómo se iba alejando entre la multitud. Era increíble. Me parecía increíble que una persona sola derrochara tanta sensualidad simplemente mientras andaba. Sus movimientos. Su estabilidad. Su gracia. Aquella chica no parecía humana, la verdad. Cogí los libros que necesitaba y me fui al aula 104. Me tocaba economía, aquella asignatura era horrible, se me daba fatal. Lo único que me hacía gracias de aquella clase era el profesor. Un hombre de mediana edad, algo canoso y de metro setenta y poco, posiblemente tendría unos cincuenta años o por ahí. Lo cierto es que era bastante extraño, es decir, la forma en la que daba las clases, no paraba de soltarnos anécdotas sin sentido para explicarnos las cosas o bien inventarse diálogos consigo mismo haciendo ver por ejemplo que era un hombre de la ONU con un presidente de algún país del norte de Europa y discutían sobre empresas o cosas por el estilo. Eso por una parte y por la otra sus chistes malos que soltaba sin venir a cuento como por ejemplo '' ¿Si Batman y Dora la exploradora tuvieran un hijo como se llamaría? Batidora ''. En fin, ya os podéis imaginar a Marisa contraatacando con un '' ¿Quién fue Platón? El hijo de cucharón ''. Bueno, ya os hacéis una idea del espectáculo que se montaba.

Después de ello por fin llegaba mi momento de gloria. Mis preciados veinte minutos que a partir de ayer seguramente compartiría con Laika. Entré a la clase y allí estaba ella, sentada sobre el piano con las piernas cruzadas.

-Vaya, esta vez te me has adelantado. – Dejé la mochila sobre una mesa y saqué mi violín de esta. En realidad solo tenía la cartera para guardar el violín y poco más, ya que la mayoría de libros los guardaba en la taquilla.

-Por lo visto sí.

- Por cierto… ¿Puedo hacerte una pregunta? – Fui hasta donde estaba la rusa y me la quedé mirando- Esto… ¿Por qué hasta ayer mismo no me dijiste nada y simplemente te dedicaste a observarme?

- Bueno, quizás es porque al verte tan concentrada tocando no me atrevía a molestarte o también podría ser el que no me atreviera a hablarte, eres muy reservada en todo y no te gusta llamar la atención y ahora al estar conmigo la gente empieza a saber quién eres ¿Me equivoco?

Aquella respuesta me dejó sin palabras, no creía que se hubiera dado cuenta de que había pasado del anonimato absoluto a estar en boca de todo el mundo por culpa suya.

-¿Ahora puedo hacerte yo una pregunta, Chiara?

- C-claro…Dime.

- ¿Por qué no sonríes más?

- ¿Qué sonría más? – alce una ceja, confusa ¿Qué quería decir con que sonriera más?

-Exacto. Deberías verte cuando lo haces. Te pones preciosa – De un salto se bajó del piano y se puso delante de mí, mirándome fijamente. Me puse roja por completo. ¿Qué pretendía? – Y más aún cuando te sonrojas de esta forma…

Acto seguido al pronunciar aquello se inclino un poco, me tomó de la mejilla y me dio un beso en la frente. Abrí los ojos a más no poder por aquel repentino acto de Laika. Juro que en ese momento se me iba a salir el corazón de pecho. Me tapé la cara con las manos para que no viera que estaba roja como un tomate. Pude oírla reírse .Su risa era suave, como la de una niña pequeña cuando le estás haciendo cosquillas y te pide que pares entre carcajadas.

-Venga ya, no es como para que te pongas así.

- ¡C-claro que sí! – Entreabrí un poco los dedos para mirarla. Entonces ella me acarició la cabeza mientras seguía riendo de manera inocente- ¿S-se puede saber que estás haciendo ahora?

- Creo que reírme ¿Y tú?

- Ya, que graciosa.

Me cruce de brazos y le saqué la lengua. Lo cierto es que no sé porque, pero no estaba molesta con ella, más bien era lo contrario. Al final acabé riéndome con ella. Hacía tanto tiempo que no me reía de aquella forma…