A: El general y su
mujer. –Dice-. Cuando Vic y yo… no estábamos bajo el mismo
mando. Yo estaba designada en la base, y él era el abogado del Coral
Sea. Supongo que de allí le asignaron a Falls Church.
H: ¿Cómo
sabe Vukovic lo de la niña?
A: No lo sé.
H: Llámale.
–Responde Harm, serio-. Tengo su número de teléfono. Le llamas y
lo averiguamos.
A: ¡NO! –Grita, levantándose del sofá-. Puedo
cuidar a Rose yo sola.
M: Si me permites… -Hablo por primera
vez, desde que me senté-. Hazme caso. Habla con Vic. Harm no te pide
que estés con él. Solo déjale que vea a la niña. Mira… -La
digo, levantándome de mi sitio, y acercándome a ella-. Yo estuve
sola con mi padre dos años. Me habría gustado tener a mi madre
conmigo, pero ella me abandonó. –Me giro a Harm-. Tu hermano
estuvo tres años solo con su madre. Tenemos nuestras razones para
pedirte que le des una oportunidad. Tu hija se merece tener un
padre.
A: Pero…
M: Nada. –La interrumpo, levantando la
mano-. Que le dejes entrar en la vida de Rose no quiere decir que le
dejes entrar en la tuya. No de golpe. Dale una oportunidad, Alice.
–Le cojo la mano, y hago que se siente-. Él no te abandonó. No
sabía del embarazo. ¿Qué crees que habría hecho si se hubiera
enterado antes?
A: Vic… él se habría hecho cargo. –Sonríe-.
Es muy responsable, aunque no lo parezca.
M: Llámale, Alice.
Habla con él. Se merece una explicación, igual que nos la has dado
a nosotros.
A: Está bien. –Me responde, después de meditarlo-.
Le llamaré e iré con la niña a su apartamento. –Se levanta y
camina hacia la puerta. Harm se incorpora, pero justo en ese momento
ella se da la vuelta-. No hace falta que me des el teléfono.
–Sonríe, levemente-. Lo tengo en mi agenda, junto con la dirección
de su apartamento.
Harm vuelve a sentarse, y ambos contemplamos como Alice se marcha. Cuando se cierra la puerta, me acerco hasta él y me siento en sus rodillas. Soy recompensada por un beso suyo en mi cabeza. Al girarme, veo como me sonríe.
H: Gracias.
M:
¿Por qué? –Le pregunto, con una sonrisa-.
H: Por ayudarme con
esto. Creo que yo solo no la habría convencido.
M: Claro. Es que
nos entendemos mejor entre marines.
H: Mac… -Le sonrío aún
más-.
M: Sabes que es verdad.
H: No pienso reconocerlo con
testigos delante.
M: De acuerdo. –Me levanto de su regazo, y me
agarra la mano-. Tranquilo, solo voy a por algo de ropa a mi
apartamento. No quiero estar sola en mi apartamento. –Se levanta, y
me abraza-.
H: Trae también tu cepillo de dientes, y todo lo que
necesites. No pienso dejar que te vayas de mi lado, Sarah.
M: No
quiero alejarme de ti. –Me besa, y deja que me marche-.
16:05 Horas,
Sábado
Iglesia San Vicent, Washington DC
Cuando estaba en mi apartamento, Harm me pidió que llevase ropa elegante. No entendí porque. Solo me dijo que era algo importante. Así que, metí varios vestidos en una maleta y cuando tuve todo recogido, retorné a su apartamento.
Ahora son las cuatro y cinco minutos de la tarde. Acabo de llegar a la dirección que él me había dejado en un trozo de papel, encima de la mesa del salón. En la nota también me pedía que fuera arreglada.
Me quedo petrificada al encontrar el sitio. Me acerco lentamente, y encuentro a Harm en la entrada de la iglesia. Va vestido con su uniforme de gala. Eso me pone aún más nerviosa. ¿Se casa alguien y yo no me he enterado? Al verme, sonríe y se acerca hasta mí.
H: Has venido.
M:
Es lo que me habías pedido, ¿no? –Bromeo-.
H: Quiero
preguntarte una cosa, Mac. –Se pone de rodillas, delante de mí, y
saca una caja-. Has sido mi compañera, mi amiga, mi confidente, mi
ayudante,… mi todo. Me has acompañado a todos los sitios en los
que me he empeñado en ir. Estuviste conmigo cuando busqué a mi
padre. Me ayudaste en esa búsqueda, y estuviste ahí para
consolarme, cuando descubría la verdad. Has sido la única mujer
capaz de meter en mi cabeza algo de sentido común, igual que has
sido tú la única que ha logrado enamorarme, sin hacer nada para
ello. Has estado tan presente en mi vida desde hace años, que solo
me queda esperar que sigas a mi lado, durante los días que nos
queden. –Me sonríe, y siento como las lágrimas que intento
eliminar salen-. Mac… Sarah… ¿Me harías el honor de compartir
tu vida conmigo, siendo mi mujer?
Ya está. Estallo en llanto. Lloro de alegría. Sé lo que tengo que decir, pero por más que lo intento no me salen las palabras. Sin poder evitarlo, me arrodillo delante de él, poniéndome a su altura, y asiento. Entonces, me coge la mano y con cuidado, coloca el anillo en el dedo correspondiente. Después, abre los brazos y me tiro hacia él. Entierro la cabeza en su cuello y termino de desahogarme.
H: Espera aquí.
Me dice, separándose de mí. Le veo entrar en la iglesia, y al cabo de cuatro minutos y nueve segundos, salen del edificio el almirante Chegwidden y… ¡Oh, dios!
M: ¡¡Tío Matt!!
–Grito, corriendo hacia él y abrazándole-.
Ti: Enhorabuena,
pequeña. –Cuando me separo, le veo sonreír-. AJ y yo estamos aquí
para acompañarte.
M: ¿A dónde?
C: A tu boda, hija. ¿A
dónde si no?
M: ¿Qué? –Digo, alucinada. ¿A quién van a
acompañar y a dónde?-.
Ti: Si. Tu prometido lleva organizándolo
todo desde hace un mes. –Me sonríe-. Consiguió un permiso para
que yo estuviera aquí hoy. Nos explicó que te sería difícil
elegir entre AJ y yo, así que los dos te vamos a llevar al altar.
C:
Fue idea de Rabb. –Sonríe-. ¿Preparada?
M: ¿Y los demás?
–Pregunto, por decir algo-.
Ti: Están todos dentro. Han venido
hasta el general Cresswell y su esposa. Era la condición que
pusieron por colaborar.
M: ¿Qué? –Sé que me repito, pero no
puedo decir otra cosa-.
C: Alice y Vukovic han ayudado bastante,
también. Entre todos hemos logrado que vosotros dos seáis por fin
felices. –Me tiende el brazo, y cuando he aceptado los dos,
exclama-. ¡Ah! También ha venido el SECNA.
(Varias horas después…)
Aún continúo alucinada. Tío Matt se fue después del banquete. Comió, bailó conmigo y los encargados de la cárcel que lo habían traído, se lo llevaron. Ahora, estoy en el coche que nos ha prestado Frank para ir al aeropuerto. Él nos va a dejar allí, y después nosotros cogeremos un avión hasta París, donde pasaremos nuestra luna de miel, que durará nada más y nada menos que dos semanas. El permiso ha sido cortesía del SECNA.
H: ¿Lista, señora
Rabb? –Me emociono solo al oírlo. Soñé tantas veces con este
momento-.
M: Claro que sí, señor Rabb. –Le respondo,
sonriendo-.
Después de despedirnos de todos nuestros conocidos, amigos y familia, nos montamos en el coche y emprendemos el camino hacia la felicidad, no sin antes saludar desde el coche a todos los que hoy han estado presentes en nuestra unión. Nos despedimos de todos nuestros amigos, muchos de los cuales han visto con sus propios ojos cómo evolucionaba nuestro amor. De la familia, de la que ahora formo parte. La abuela Sarah, Thris,… De Alice y de Gregory, que al final han decidido seguir nuestro ejemplo, y ella ya luce su anillo de compromiso. Allí estaban todos, conocidos, amigos, familia,… para ver como comenzamos a formar una nueva familia, y como por fin, Harm y no nos confesamos nuestro amor.
Si hay alguien que todavía no crea en el amor, es porque aún no ha encontrado a su media naranja. Por suerte, para mí, si lo he hecho. Entre los dos ponemos final y principio a nuestro propio cuento de hadas. Porque al final, el amor, por muchos problemas que atraviese, siempre encontrará el camino para salir victorioso.
