CAP 7: EL PARAISO, MÍ PARAISO

- Ja, ja, ja... Sirius para...JAJAJA.

- ¿No querías venir a la playa? – Me pregunta mientras me hace cosquillas provocando que me reboce por la arena – Pues disfrútala.

- xD Ya, xD por favor, xD, para – suplico. Esta vez si me hace caso y se queda tumbado sobre mí. Me mira fijamente a los ojos y me sonríe.

- Estás muy guapa – dice haciéndome sonrojar - ¿Por qué lo hiciste? – Pregunta mientras me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja.

- ¿Por qué hice qué? – Le pregunto. No sé de qué me habla.

- Ser tan distante conmigo en el colegio – me explica, comienzo a ponerme nerviosa, no me gusta el rumbo que está tomando la conversación – Todo hubiese sido tan distinto si... .

- Shh – le corto poniendo un dedo sobre sus labios – No pienses en eso ahora. Disfruta del momento – Le beso tiernamente. No quiero escuchar de sus labios lo que mi cabeza me lleva diciendo continuamente desde que he hablado con Lily. Si yo no hubiese actuado así con él, no hubiera empezado a salir con Nat, y puede que todo hubiese sido fácil y ahora estuviésemos juntos y no metidos cada uno en una relación de la que no sacamos nada.

Pero lo hecho, hecho está y no se puede volver atrás. Cuando estoy segura de que he reconducido la "conversación" hacia un terreno menos escabroso, me aparto y me pongo de pie.

- ¡El último Slytherin! – Grito y echo a correr hacia el agua como en nuestros años en Hogwarts. Sirius sale detrás de mí y cuando me alcanza, me coge de la cintura y me tira al agua haciéndome una aguadilla.

- ¡Ay! – Me quejo – Te vas a enterar.

- ¡No¡El pelo no! – Dice Sirius cuando empiezo a echarle agua - ¡Ven aquí!

Me coge en brazos y me lanza al agua. Se va a enterar. Echo mano de mis tiempos de saltadora de trampolín, donde cogí práctica en aguantar durante mucho tiempo la respiración bajo el agua y no salgo a la superficie.

- ¡Ary! – Le oigo llamarme – Ya vale de jugar. ¡Ary! Ary me estás asustando. ¡Sal ya!

Ahora me dejo flotar y mi cuerpo sale a la superficie, peso con la cabeza aún en el agua. Es decir, que solo salió a flote mi espalda.

- ¡Ary! – Escucho el chapoteo que produce Sirius al nadar hacia mí – Ary, lo siento – Ya ha llegado hasta mí y me da la vuelta. Yo sigo aguantando la respiración – Ary por favor respira – Su voz parece realmente asustada. Decido que ya me he divertido bastante y le escupo un chorro de agua en la cara antes de echarme a reír - ¡Vete a la mierda! – Me dice. Él no se ríe - ¿Tu sabes el susto que me has dado? – Pregunta. Oh, oh, creo que se ha cabreado de verdad.

- ¡Ey! No te enfades – le digo abrazando su cuello – Era una broma.

- Tienes un sentido del humor un poco raro¿no crees? – Dice. Sigue enfadado.

- No – contesto – Si lo hubieses hecho tú, lo encontrarías divertido.

- Puede – admite – Pero como no ha sido así, pues no me hace ni puta gracia.

- Ha sido divertido – le beso, pero él no me responde ni al beso ni al abrazo.

- ¿Y no se te ocurre nada mejor para divertirte? – Me pregunta aún molesto, pero creo que ya sé cómo hacer que se le pase. Sonrío traviesamente.

- La verdad es que sí – le digo – Y lo que se me está ocurriendo es mucho más divertido – Ahora paso mis piernas alrededor de la cintura – Y creo que a ti también te divierte – le muerdo el lóbulo de la oreja y ahora si me responde al abrazo posando sus manos en mi trasero. Um.., Nunca lo he hecho en el agua. Puede ser divertido.

- Si – admite – Esto me gusta más – me besa – Pero una pregunta¿cómo has podido aguantar tanto tiempo la respiración?

- Secreto profesional – Le guiño un ojo y continuo con mi tarea de hacer que se divierta.


Estoy en un valle, tumbada sobre la hierba, rodeada del canto de alegres pájaros que me picotean el cuello haciéndome placenteras cosquillas... . Un momento¿pájaros acercándose a humanos? Abro los ojos súbitamente. No, no estoy en un valle. Estoy en la cama y no hay pájaros mordiéndome el cuello. Es Sirius quien me mordisquea dicha zona.

- ¿Ya estás despierta? – Me pregunta.

- Ya me has despertado – corrijo.

- Es que quiero enseñarte algo – se disculpa sonriendo.

- Venga me ducho y vamos – digo levantándome. No me molesto en coger la sábana para tapar mi cuerpo desnudo - ¿Te pasa algo? – Le pregunto a Sirius que tiene una expresión un poco rara.

- Nada que estoy pensando que podemos ducharnos juntos – dice. Sonrío y le invito a seguirme.

- ¡Snoopy¡No corras! – Le digo al perro negro que va delante de mi por las traicioneras rocas de la montaña, y que se acaba de transformar en un chico guapísimo.

- Te he dicho mil veces que no me llames así – dice Sirius frunciendo el ceño – Y si te transformases podrías ir a mi ritmo.

- No insistas, no me voy a transformar.

- Como quieras – dice – Pero si te pierdes es tu problema.

- ¿Por qué iba a perderme?

- Porque no te dotaron con el sentido de la orientación – antes de que pueda replicarle, Sirius ya se ha transformado, y echa a correr.

- ¡Eh¡Espera! – Le grito e intento seguirle el paso, pero cuatro patas corren más que dos y ya le he perdido de vista - ¡Argg! – Me quejo antes de transformarme y guiarme por mi olfato de pantera para encontrarle.

Al final le encuentro totalmente desnudo en lo alto de un enorme acantilado que por el ruido deduzco que es una cascada. La verdad es que es paisaje es precioso.

- Veo que al final te has transformado – me dice cuando me ve.

- Si – respondo - ¿Qué haces?

- Prepararme para que saltemos – me explica.

- ¿Y para eso tienes que desnudarte?

- Es para sentirlo mejor – contesta – Y tu deberías hacer lo mismo.

La verdad es que no me hace mucha gracia desnudarme aquí en medio, pero tiene razón, así se siente mejor. Finalmente le hago caso y me acerco a él.

- Salta tu primero – le digo. La cascada es impresionante, y estar en la cima de ella, más todavía.

- ¿No quieres que saltemos juntos? – Me pregunta.

- Todavía no – respondo – Salta tu primero, luego yo, y después los dos juntos.

- Como quieras – se encoge de hombros, me besa y se prepara.

- Ten cuidado – le aconsejo. Me guiña un ojo y se lanza de cabeza.

- ¡Te toca! – Me grita desde abajo. Respiro y me dispongo a saltar. Estiro los brazos en cruz y la sensación es increíble. Finalmente me impulso y salto como en mis mejores tiempos.

- ¿Dónde has aprendido a saltar así? – Me pregunta Sirius cuando llego abajo.

- No me gusta sonar repetitiva – le digo – Pero es secreto profesional.

- Ya me enteraré – contesta - ¿Volvemos a saltar?

- Vale – respondo antes de aparecernos en lo alto del acantilado.


- Sirius – le llamo. Estamos sentados en el balcón. Ya es de noche.

- Dime – contesta. Él está sentado en una tumbona y yo entre sus piernas apoyando mi espalda en su pecho. Me abraza más fuerte que antes, creo que intuye lo que voy a decirle.

- Ya es miércoles.

- Lo sé – contesta.

- Deberíamos irnos.

- ¿Ahora? – Pregunta abrazándome más fuerte.

- Mañana como muy tarde.

- ¿Tantas ganas tienes de irte?

- No eso, y lo sabes.

- ¿Entonces? – Pregunta.

- Sirius, tengo que irme – digo. Me levanto y me acerco a la barandilla. Me enciendo un cigarro.

- Pero no ahora – dice mientras se acerca a mí. Me abraza por la cintura y me besa. Su mano recorre mi pierna con enloquecedora lentitud.

Le doy una última calada al cigarro y lo tiro casi entero. Le beso. No quiero irme. Me quedaría con él el resto de mi vida, pero no, no es con él con quien he de pasarla. La pasaré con Ben, con el chico de mis sueños. Pero¿qué hago pensando en Ben en este momento? Dicen que si estando con un chico piensas en otro, es que con el que de verdad quieres estar, es en quien estás pensando. ¿Será verdad? No se, pero seguramente lo sea cuando no te obligas a pensar en él, como estoy haciendo yo ahora mismo. Aparto a Ben de mis pensamientos y me concentro en el chico que está frente a mi, y que continua acariciando cada centímetro de mi piel con una lentitud enloquecedora que me hace enloquecer a mi también.

Los rayos de sol me despiertan, pero no abro los ojos. Sé que en cuanto lo haga estaré en la obligación de irme y abandonar a Sirius para siempre. Y no quiero, no quiero separarme de él. Inconscientemente, aprieto la mano que tenemos enlazada. Yo estoy tumbada boca abajo con la sábana cubriendo mi cuerpo solo de cadera para abajo, pero mis piernas sobresalen un poco. La mano derecha la tengo bajo la almohada, y la izquierda enlazada con la derecha de Sirius junto a mi cabeza. Siento cómo un largo, fino y caluroso dedo recorre mi columna vertebral desde arriba hacia abajo. Me encanta, le tendré que decir a Ben que me lo haga. No, es una acción solo de Sirius y mía. No se por qué pero estoy segura de que sólo me lo hace a mí; ni a Nat, ni a ninguno de sus escarceos anteriores. Y a mi sólo me lo ha hecho él. Es nuestro signo, nuestro secreto.

- Se que estás despierta – me susurra Sirius. No abro los ojos – No tenemos que irnos si no quieres. Nadie conoce este sitio y nunca he hablado de él, así que podemos quedarnos aquí por toda la eternidad.

- ¿Y serás capaz de dejar a James? – Pregunto sonriendo entre incrédula y divertida. James y Sirius siempre, siempre, siempre han estado juntos. Yo, personalmente, nunca les he visto a uno sin el otro.

- Por ti sería capaz de hacer lo que fuese – responde apasionadamente- Esa frase se merece un besazo.

- Te quiero – le digo. Abre los ojos de sorpresa - ¿Qué pasa?

- Nunca me lo habías dicho – responde.

- No hace falta que te lo diga para que lo sepas.

- La verdad es que no – admite – Pero me gusta que me lo digas.

- Te quiero – repito.

- Yo también – responde - ¿Eso significa que te quedas?