Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a JK Rowling y la historia original a Luckei1.

Capítulo 7: Entre la espada y la pared.

A la mañana siguiente, Hermione despertó con el sonido de las olas detrás de ella. Se había quedado dormida en el porche, y se encontró a sí misma en el columpio. Recordaba perfectamente haberse sentado en una de las sillas. Alguien la había movido, le había dado una almohada y una cálida túnica. Examinó el material que la cubría y vio que le parecía familiar; se sentía familiar también. Era la túnica de Malfoy. Harry debió de haberla pedido prestada porque él no tiene una, pensó. Se acorrucó contra la túnica y miró al mundo llenarse de brillo.

Justo cuando estaba por ponerse de pie, escuchó voces. Instintivamente buscó su varita, pero no podía identificar de dónde venía el sonido. Se puso de pie justo cuando dos personas volaron más allá del acantilado, haciendo giros y vueltas, intentando empujarse el uno al otro. Cuando miró con atención, pudo ver el brillante cabello rubio reflejando el sol y respiró llena de alivio; eran sólo Harry y Malfoy. Envió unas luces para que pudieran verla, lo que sucedió. Con un hechizo final, Malfoy golpeó a Harry en el brazo, lo que causó que esté brincara y con ello cayera.

–¡Involito! –dijo Malfoy, moviendo su varita y causando que Harry dejara de caer y flotara en el aire. Entonces Malfoy lo dirigió hacia el porche donde pronto aterrizó. Harry conjuró su escoba y miró tímidamente a Hermione, avergonzado de que Malfoy lo hubiera sobrepasado.

–¿Hermione, que estás haciendo aquí? –preguntó Harry, sentándose junto a ella.

–Yo, uh, me quedé dormida aquí anoche. –dijo, intentando esconder su sorpresa y mirando a Draco, quien se negó a mirarla a los ojos. Huh, pensó; Malfoy se encargó de mí anoche. Era una cosa simple, moverla de un lugar a otro, haciendo que descansara adecuadamente. Pero también era una cosa muy amable, asegurarse de que tuviera algo suave debajo de su cabeza y algo para que se protegiera del frío. Todo lo que sabía de Draco Malfoy siempre había sido una pared sólida, formada de años de antipatía y peleas. Nunca nada había amenazado esa pared, sin embargo, el simple acto causó que un solo ladrillo cayera de la cima y cayera en cámara lenta hacia la tierra.

–¿Qué hacen ustedes dos? Y tan temprano debo agregar. –preguntó.

–Entrenando. –Dijo Draco –Junto con el sol. Y tenemos hambre.

–Haré el desayuno. –ofreció Hermione. Draco sólo se encogió de hombros y entró a la casa. Mientras Hermione cocinaba los huevos, salchichas y algunos panqueques, Draco habló.

–Harry me está enseñando todo lo que aprendió en su entrenamiento de auror, y yo le estoy enseñando algunos de mis, uh, talentos especiales.

Hermione entrecerró los ojos.

–¿Cómo qué?

–No te asustes Hermione, –dijo Harry. –Nada demasiado oscuro. Sólo algo de Legimenrancia, Oclumancia, algunos contra hechizos y otros hechizos útiles.

–¿Harry Potter, para qué necesitas magia oscura?

–Bueno, para empezar, para pelear contra el Señor Tenebroso. –dijo Draco bufando. –Necesita al menos saber contra qué lucha, ¿no crees? Después de todo, el Señor Oscuro sabe todos los trucos que Potter puede sacar bajo la manga. Excepto esa que usaste en mí, –dijo, cómo si acabara de recordarlo. –¿Cuál era?

–Sectumsempra.

–Una herida permanente. Aún tengo algunas cicatrices, deberías saber.

–Bien. ¡Te lo merecías! ¡Me ibas a lanzar un cruciatus!

–Me venciste esa vez. Y nunca lo harás de nuevo, te lo aseguro. –Draco miró a Harry antes de tomar un trago de jugo de naranja y dijo, –¿Por cierto, dónde lo aprendiste?

–Snape.

Draco escupió el jugo.

–¿Qué?

Hermione puso el plato de salchichas en la mesa y se les unió.

–Bueno, no directamente de él, pero estaba en su libro de pociones, el que usé en sexto año. Estaba escrito con las palabras 'para enemigos' junto a él.

Draco pareció procesar algo rápidamente en su mente.

–¿Así que por eso eras tan adepto? ¿Hacías trampa con un libro?

–Sí. –dijo Hermione. –Le dije que el libro iba a meterlo en problemas. Pero se negó a escucharme.

–Cómo sea, –dijo Harry, comiendo un poco de los huevos. –Eso no es importante ahora, Señorita yo lo sé todo.

Hermione miró a Harry asesinamente.

–Recuerdas perfectamente lo que Arthur nos dijo el día que Ginny fue poseída por el diario… Nunca confíes en nada que piense por su cuenta.

–A menos que veas donde mantiene el cerebro. –Terminó Harry. –Lo sé. ¡Te he dicho millones de veces que tenías razón!

–¿Ya que pudieron superarlo, podemos avanzar? –preguntó Draco, ligeramente entretenido, pero no del todo interesado en escuchar más del libro.

–Sí. –gruñó Harry, tomando un poco de su jugo.

–Cómo dije, estábamos entrenando. –continuó Draco. –Y necesitamos hablar de tu parte en todo esto. Continuaremos entrenando hasta que Harry haya aprendido algunos hechizos importantes y haya dominado el estudio de la mente. Incluyendo improvisar sus incursiones en la oclumancia. Eso es lo más importante. Necesitamos que trabajes en información.

Hermione miró la comida que había puesto en el tenedor, pero antes de comerla, miró a Harry.

–¿Y qué tal si también quiero entrenar?

De nuevo, Draco escupió su jugo de naranja.

–¿Qué? –dijo, mirando a Hermione como si le hubiera preguntado si podía volar a la luna y traer algo de queso.

–Fregotego. –dijo Hermione distraída, hacia el desastre. –Me escuchaste.

Draco sacudió la cabeza. Esto no era lo que había planeado. Esperaba que Hermione aceptara el rol que se le había dado, con algunos desacuerdos obviamente, pero nada demasiado complicado. Debió de haber sido el hecho de que no había estado cerca de ella en años lo que causó que olvidara su comportamiento testarudo y su inflexibilidad para algunas cosas, sin mencionar aquello que parecía meterla siempre en problemas con Potter y Weasley: determinación.

–Potter, habla con ella. –dijo Draco, decidiendo que estaba fuera de su alcance cuando se refería a lidiar con ella. Harry tenía años de experiencia y podría lograr su propósito más fácil que él. Draco sólo la molestaría más, incapaz de resistir la tentación de fastidiarla en cada oportunidad que tuviera.

–Hermione, –comenzó Harry.

Ella se giró hacia él y alzó una ceja, como diciendo, más que vale que esto sea bueno.

–Hermione, te necesitamos del otro lado.

–¿Haciendo qué?

–Buscando información. Formulando un plan.

–¿Información? –dijo, con un toque de disgusto en la palabra. –Código para aburrido.

Draco la miró boquiabierto.

–Pensé que disfrutabas las investigaciones, Granger; ¡Pensé que te gustaba tanto la biblioteca que preferirías vivir en ella!

Hermione lo miró fríamente.

–Bueno, me gusta investigar, y me gusta la biblioteca y los libros, y soy buena en eso, pero es aburrido comparado con lo que ustedes hacen. Harry puede decirte, practico hechizos así como los estudio de los libros. No quiero que me dejen de lado mientras ustedes aprenden hechizos y tácticas útiles, yo también quiero poder volar. Busco información todo el día en mi trabajo; ¡No lo dejé para venir aquí y que ustedes me dejen en la banca!

–¿En la qué? –preguntó Draco.

–Olvídalo, frase Muggle. Fútbol.

–Hermione, puede ser temporal. –dijo le aseguró Harry. No quería enojarla más de lo necesario. –Dos o tres semanas, investigas todo lo que puedas, y después renuncias. Necesitamos a alguien que pueda caminar libremente por Londres y por el Ministerio. Para el lunes, oficialmente seré catalogado como 'Perdido' y Malfoy no puede precisamente ir al Ministerio y pedir una credencial para la biblioteca. Necesitamos que mantengas tu presencia en Londres. Después de que renuncies al Ministerio, podrías conseguir un trabajo que te guste, tal vez trabajando en Flourish and Blotts o en la tienda de Fred y George. –Harry esperaba que pudiera distraer al enojo de Hermione y convertirlo en algo que le gustara; como los libros y los gemelos Weasley.

Hermione bufó.

No trabajaré para ellos.

–¿Por qué no? –preguntó Harry.

–¿Puedes imaginarlo? Probablemente me torturarían sin fin. Además, ellos sólo contratan brujas hermosas para trabajar con ellos, ¿no lo has notado?

Draco tosió de nuevo y decidió que había tenido suficiente jugo de naranja por el día. Puso el vaso en la mesa algo fuerte y Harry y Hermione lo miraron; Harry tenía una mirada divertida en el rostro.

–¿Estás bien?

–Sí, estoy bien. –contestó Draco malhumorado.

Harry se giró hacia Hermione.

–Sí, de hecho lo he notado. Ron disfruta comprar en la tienda cada que vamos al Callejón Diagon. –Rió ante el recuerdo de su última visita. –Okay, no tienes que trabajar para ellos. La idea que es que encuentres un trabajo fácil con horas flexibles. Entonces podrías pasar algo de tiempo ahí, y bueno, tal vez aprender un par de cosas… –dijo mirando a Draco, como esperando una confirmación.

Draco había estado estudiando a Hermione desde que hizo el comentario sobre el tipo de chicas que los Weasley contrataban. ¿En verdad no lo sabía? Se preguntaba si aparentemente sus amigos no le decían que no era del todo… desagradable de ver. Sus pensamientos volvieron al presente cuando escuchó a Harry ofrecerle a Hermione una oportunidad de participar en el entrenamiento.

–Eso no fue parte del acuerdo. –dijo Draco, cauteloso.

–¿Por qué no puedo aprender yo también? –preguntó Hermione, molesta.

–No tenemos tiempo. –dijo bruscamente.

–Harry puede enseñarme lo que tú le enseñaste; no tiene por qué ser una inconveniencia.

–¡No! –dijo Draco, golpeando su puño contra la mesa en impaciencia. La miró con enojo en sus ojos grises.

Hermione se negó a bajar la mirada.

–¿Y por qué no? –preguntó desafiante.

Draco habló clara y lentamente para que ella pudiera entender a la perfección.

–Harry ha escogido este camino para llegar a un final. –dijo, intentando controlar su voz para retener el enojo que intentaba salir por su voz. –Él y yo trabajaremos para cumplir eso.

–Bueno, suena como si en verdad no quisieras mi ayuda entonces. –dijo levantándose de la mesa; entonces salió de la cocina y subió a su recámara. Harry brincó cuando escuchó el fuerte golpe de la puerta cerrándose.

Draco dejó salir lentamente su respiración, corriendo una mano por su cabello.

–¿Siempre es tan testaruda e imposible?

Harry sólo sonrió.

–Sí, es parte de lo que la hace especial.

–Irritante, querrás decir.

–A veces, –dijo agradablemente. –Pero también es lo que la hace Hermione, y la mejor y más leal amiga que pudieras pedir. Y además, todos necesitan algo de picante en sus vidas, incluso tú. Sólo puedo imaginar cuán aburrida era tu vida antes de ella entrara, y ahora será más viva y ruidosa de lo que era antes.

Draco bufó.

–No necesito una vida animada, y ciertamente no una ruidosa. Estaba bastante bien antes, muchas gracias.

Harry rodó los ojos.

–Oh claro, por eso es que viniste conmigo con tu oferta, porque eras muy feliz con tu vida. –Sabía que había cruzado la línea demasiado tarde. Los ojos de Draco brillaron antes de volverse oscuros y sólidos, impenetrables e imposibles de leer. –Iré a hablar con ella, intentar que entienda nuestra posición. –Harry comenzó a ponerse de pie, pero Draco lo detuvo.

–No, no puedo tenerte corriendo arreglando todo cada vez que ella y yo tengamos problemas. Lo que probablemente será algo común. Yo lo arreglaré.

Draco subió las escaleras, mentalmente preparándose para lo que iba a suceder. Cuando llegó al segundo piso, Hermione salió de su habitación, casi topando contra él.

–Cuidado, Granger. –dijo, apartándose antes del choque. –¿A dónde vas?

Hermione lo miró fríamente.

–No me voy a ir, si eso lo que estás pensando.

Draco la miró con curiosidad. Estaba sorprendido de ver que no había llorado. Había asumido que las chicas siempre lloraban cuando estaban molestas. También estaba sorprendido de ver que no estaba amenazando con irse para obtener lo que quería. Su experiencia con las chicas le enseñó que nacieron con el don de la manipulación, lo que usaban cuando la situación lo requiriera.

–¿Por qué no? –preguntó, como si en verdad no le importara. Por dentro, tenía mucha curiosidad.

Hermione alejó la mirada, hacia las escaleras.

–Porque… tenías razón. –dijo, apenas audiblemente.

Draco parpadeó y tuvo que resistir la urgencia de conjurar un hechizo para limpiarse las orejas. En su lugar, meramente alzó una ceja, en una señal leve de incredulidad.

Ella bufó.

–Oh, cierra la boca o te van a entrar moscas. Y no me mires como si fuera del espacio. Puedo admitirlo cuando me equivoco, sabes. –se cruzó de brazos, retándolo a pelear.

Draco intentó enfocarse en el incontenible deseo de saber que significaba 'del espacio'. En su lugar, se enfocó en la imposibilidad de lo que acababa de ocurrir. ¿O era una improbabilidad?

–¿Pero… puedes? –preguntó.

Hermione rodó los ojos.

–Sí, hurón. Puedo. No porque no pase seguido quiere decir que sea imposible.

Ah, así que era una improbabilidad después de todo.

–De todas maneras, como dije, tenías razón. Tú y Harry necesitan enfocarse en su trabajo. Yo haré mi parte como me pidieron. Pero Malfoy, puedo pelear, si se llega a necesitar, no te arrepentirás de tenerme de tu lado.

–No lo dudo, Granger. –dijo, agradecido de que no iban a pelear y gritar, como había pensado. –Estimo altamente tus habilidades, y sé que eres una auror muy capaz. Es mi esperanza que tus habilidades, tan grandes como son, no sean necesarias. ¿Podemos regresar con Harry y discutir tu parte en el plan?

Ella asintió y comenzó a caminar por el pasillo, cuando se detuvo y se giró hacia él.

–Oh, toma. –dijo, dándole la túnica que había usado para taparla la noche anterior. Draco evitó verla a los ojos mientras extendía la mano para tomarla. Cuando lo hizo, sus dedos se rozaron, enviando una corriente eléctrica que le recorrió todo el brazo a Hermione. Se alejó, mirándolo sorprendida. Sin embargo, él pareció no sentir nada, ya que sólo asintió y se giró hacia su habitación. Hermione se quedó observándolo por un momento, entonces sacudió la cabeza y bajó las escaleras.

Draco había sentido la energía que pasó entre ellos, pero no quería que ella lo supiera. No entendía que había pasado; nunca había sentido algo así y se preguntó qué significaba. Puso la túnica en la cama y se detuvo un momento. Sus dedos apenas se habían rozado, pero la energía había sido poderosa y fuerte. Frunció el ceño, buscando en su mente por alguna explicación para lo que había sucedido. Cuando nada lógico surgió, sacudió la cabeza y dejó la habitación.

Harry y Hermione estaban hablando agradablemente cuando entró a la cocina. Recogió los platos de la mesa y los puso en el fregadero.

Harry lo tomó como una señal para continuar con su conversación.

–¿En qué estábamos? Oh, sí. Entrenaremos aquí. Hay una saliente cerca del acantilado lo suficientemente largo como para tener un duelo adecuado. Cuando no nos encuentres aquí en la casa, lo más probable es que estemos ahí, por si nos necesitas.

–Como estoy seguro de que ya sabes, –dijo Draco, –Esta casa está protegida con el encantamiento Fidelius. En caso de que alguien se aventure tan lejos de la civilización, no verán nada más que un campo vacío. No seremos vistos mientras estemos en un duelo.

–¿El encantamiento Fidelius? ¿Cómo?

–Yo soy el guardián secreto.

–¿Para tu propia casa?

–Sí.

–¿Cómo es eso posible?

Draco suspiró como si una niña de dos años le estuviera haciendo preguntas tonta.

–Eso no es importante ahora, Granger.

Ella lo miró con un momento, entonces se giró hacia Harry y dijo,

–¿Okay, entonces que pasará conmigo?

Harry tomó aire antes de continuar.

–Tú tienes una tarea muy importante.

Hermione lo miró, ansiosa por saber cuál sería su parte en el plan.

–¿Bien? –dijo después de un momento de silencio por parte de su amigo.

–Tú tarea es hacer un plan de limpieza. –Hermione frunció el ceño, sin entender que quería decir. –Una vez que Voldemort esté muerto, el Ministerio tendrá que hacer un gran trabajo para encarcelar a todos los amigos de Malfoy.

Draco miró a Harry, divertido por su elección de palabras.

–Los mortífagos. –dijo Hermione.

–Sí. Queremos que tengas un plan para que el Ministerio realice esa tarea.

Ella asintió, pensando en la lista que Malfoy le había dado; sería un enorme trabajo.

Como si leyera su mente, Draco dijo,

–Y esa lista que te di no está del todo completa. Fue todo lo que pude descubrir. –Se sentó con ellos después de haber terminado de limpiar los platos.

–Hermione, puedes hacer lo que quieras sobre el trabajo. –dijo Harry, intentando recordarle que había cosas buenas envueltas en este plan.

–Oh, Granger. Hay una parte en esta tarea que creo que disfrutarás, lo que también es muy importante, adivinar lo que hará cada mortífago una vez que el Señor Tenebroso muera. Algunos huirán, otros pelearán, y otros dirán que fueron usados con la maldición Imperious. Mi padre como ejemplo.

–Cómo si alguien fuera a creer eso. –dijo Hermione sin pensar. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, abrió los ojos sorprendida al esperar el enojo de Draco, pero este nunca vino.

Él solo la miró extrañado y continuó.

–O mi madre, quien en realidad nunca tomó la marca. Podrá alegar que mi padre la controlaba, lo que en realidad no es del todo mentira.

–¿Tu madre no es parte de los mortífago? –dijo Hermione.

–Para todos sus intentos y propósitos, sí; por asociación. Ella nunca tomó la marca porque ella se casó con Lucius y él la tomó. La esposa de un mortífago no tiene derechos o puede decir algo; ellas deben seguir a sus esposos como ellos siguen al Señor Tenebroso. Mi tía Bella fue algo así como una excepción, pero ella había mostrado una gran habilidad con las Artes Oscuras, el dolor, la tortura, y todo ese tipo de cosas desde joven. El Señor Tenebroso no acepta muchas seguidoras femeninas. Sin embargo, mi madre ciertamente merece Azkabán, aunque no creo que alguna vez haya tomado una vida.

Hermione se estremeció ante lo casual de su comentario sobre asesinatos. Repentinamente recordó que este hombre había matado a sus padres. Había estado tan distraída por lo que había pasado que por momento lo olvido. Sobre sus padres; sobre la noche cuando los encontró; sobre el monstro de hombre que estaba sentado frente a ella. ¿Cómo había sido tan descuidada, tan irracional; tan ciega? Miró a Harry, sintiendo miedo repentinamente, y no sólo por Malfoy, sino por ella.

Harry frunció el ceño.

–¿Qué, Hermione? ¿Estás bien?

Ella asintió, pero Draco notó que le temblaban las manos.

–Hey, –dijo Harry, tomando su mano derecha e intentado alejar sus miedos, los que sea que fueran. –¿Estás bien, cierto? Estoy aquí; nada te lastimará. Yo te protegeré.

Ella asintió de nuevo, intentando calmarse. Contrólate, se dijo a sí misma. No podía dejar que él la viera débil; no podía saber cuán fácil era lastimarla, sólo le echaría sal a la herida, presionándolo con la punta de su varita hasta que el dolor fuera insoportable.

–Estoy bien. –dijo forzando una voz valiente.

Durante este intercambio, Draco pensó en lo que pudo haber pasado para que Hermione se volviera un pálido fantasma. Acaba de terminar de hablar de su madre… que ella no había matado a nadie. Pero no había dicho la palabra 'matar', había usado otras palabras. ¿Había sido eso? El día anterior, afuera de la casa, él alegó 47 muertes; ella lo corrigió con la palabra asesinatos. Tal vez era eso; no, no podía ser, no era lo suficiente como para provocar ese efecto dramático en ella. Cerró los ojos fuertemente al darse cuenta de la razón. Sus padres. Ella los había recordado, y recordó su parte en ello, y deseó regresar el tiempo y borrar lo que dijo. No había sido su intención causarle dolor y se arrepintió de lo que sus palabras ocasionaron.

–Estoy bien. –repitió Hermione, sonando más segura que antes. –Parece que será mejor que mantenga mi trabajo en el Ministerio. Puedo obtener más información de los mortífagos más efectivamente, dado que es mi trabajo después de todo, cazarlos. En adición, me ayudará a conocer mejor a mis compañeros, así sé a quién recurrir cuando llegue el tiempo.

Draco sonrió.

–Sabía que te había escogido por una razón, Granger. Es ese cerebro tuyo.

Hermione intentó no abalanzarse sobre él y apretar su garganta. Trabajar con Malfoy iba a ser más difícil de lo que pensaba, ahora que pensaba más que nunca que debería de estar muerto. O muriendo. O pudriéndose por dentro. Sonrió ante el pensamiento.

Entonces suspiró y dijo,

–Me agradó la idea de trabajar en Flourish and Blotts. ¿Okay, ahora qué?

Harry habló.

–Donde vivirás, eso depende de ti; puedes quedarte aquí, o vivir en Londres, o en donde quieras en verdad.

Hermione no había pensado en donde iba a vivir, asumiendo que se quedaría ahí. El hecho de que tuviera esa opción hizo que frunciera el ceño.

–Oh.

–Depende de ti. –dijo Harry, sin querer presionarla a tomar una decisión.

–¿Puedo pensarlo?

–Claro. –dijo Harry.

–Tomaré mi decisión esta noche. –dijo mirando a Harry. Se negó a mirar a Malfoy más de lo necesario. Él y Harry se quedaron.

–Entrenaremos hoy. Gracias por el desayuno, Hermione. –dijo Harry. Y entonces salió.

Hermione pasó la mayoría del día pensando en dos cosas: Draco Malfoy y en donde iba a vivir.

Se sentó en la cama toda la mañana mientras pensaba en él. Malfoy había matado a sus padres, y sin embargo aquí estaba ella, sentada en su casa, comiendo su comida, respirando su preciado y puro aire. ¿Cómo podía vivir en la misma casa que él? Ciertamente había jurado hechizarlo en la primera oportunidad que tuviera, no sólo por sus padres sino por cada vez que la llamó sangre sucia. Frunció el ceño. No la había llamado así desde que volvió a entrar a su vida. ¿Por qué no? Tuvo muchas oportunidades; tal vez había sido parte del acuerdo que había hecho con Harry. Sólo algo tan serio podría ser una explicación de la ausencia de sus dos palabras favoritas. Eso debió ser, decidió.

¿No sería deshonrar la memoria de sus padres vivir en la casa de Malfoy? Intentó pensar en lo que ellos querrían, pero cuando lo hacía, sólo la hacía llorar. No sabía que querían porque ellos no estaban aquí, porque él los había matado. ¿Cómo podía siquiera pensar claramente?

–No. –Hermione intentó tranquilizarse. –Piensa; ¿Qué querrían tus padres que hicieras?

Conjuró un pedazo de pergamino, una pluma y una botella de tinta y comenzó una lisa de cosas que pensó podrían ayudarla en su decisión. La cosa más importante, decidió, sería que estaría ayudando a Harry e indirectamente ayudarlo a derrotar a Voldemort, lo que ayudaría al mundo entero, no sólo al mágico. Y si Harry creía que Malfoy tenía algo que lo ayudaría a derrotar a Voldemort, ella confiaba con su vida a Harry, entonces ella tenía que confiar en que Malfoy en verdad tenía algo para ayudar. Quería estar ahí para Harry y con Harry tanto como él lo permitiera; después de todo eran amigos. Dado que Malfoy parecía ser la llave, o al menos tener la llave, eso quería decir que tenían que soportarlo.

El peso de lo que podría significar la muerte de Voldemort la golpeó. Libertad para los magos, brujas, y muggles, de él, del miedo, de todo lo que había estado reinando los últimos seis años. Sus padres apoyarían su decisión de hacer del mundo un lugar mejor, incluso si eso significaba tener que trabajar con un asesino. Ella sabía eso de sus padres, porque eran buenas personas, que le enseñaron a ser buena y a pensar en los demás. Muchas vidas estaban en riesgo en la guerra y muchas vidas podrían ser salvadas debido a lo que Harry y Draco estaban haciendo. Esas vidas eran más importantes, al final, que la suya. Ella ya había aceptado que tal vez moriría por la guerra, y esta situación era meramente desagradable. Por un tiempo indefinido. Aun así, mucho bien vendría de ello. Tendría que sacrificar su felicidad y paz temporal por el bien de toda la gente que sería salvada con el fin de la guerra.

Hermione sonrió y se dio cuenta de que sentía como la paz se iba haciendo lugar en su corazón. Con el dilema resuelto, se dio cuenta de que tenía hambre y bajó a la cocina para hacer un sándwich. No quería ver a los chicos, así que se lo llevó a su habitación. Después de que terminó, escuchó los sonidos de los chicos en la cocina, preparando algo para comer.

Leyó por un rato antes de realizar su siguiente tarea; decidir dónde iba a vivir. Hermione conjuró otras dos piezas de pergamino. En una escribió 'Londres: Pros y contras' y en la otra, escribió, 'Malfoy: Pros y Contras'. Durante las siguientes dos horas, llenó las listas con todas las cosas buenas y malas que pudiera pensar de ambos lugares.

Finalmente, se hizo para atrás y observó las listas. En Londres, estaría en su departamento, con todas sus cosas, cerca de sus amigos y su trabajo, y del mundo mágico en general. Sería libre de ir y venir a su gusto, y hacer lo que quisiera. Pero estaría lejos de Harry y sería más difícil estar en contacto con todo lo que pasara aquí.

Por otro lado, vivir con Malfoy sería una prueba dura. Ella tenía fuertes sentimientos en cuánto a él correspondía. Lo había odiado por muchos meses después del asesinato de sus padres. Y estaba bastante segura de él aún la odiaba. No podía imaginar que sería tener que vivir con alguien a quien odiaba. Imaginó un sinfín de números de peleas, sonrisas arrogantes, miradas de desprecio y referencias a su sangre (sólo porque no lo ha mencionado, no quiere decir que no lo haga nunca). Y era su casa, lo que significaba que ella tenía que seguir las reglas de Malfoy, si alguna vez había algún problema. ¿Qué tal si la trataba como una esclava, o peor, como un elfo doméstico, dado que ella estaba en un posición 'inferior'? ¿Qué tal si la quería aquí como una ama de llaves? Rechazaría semejante posición. Su lista de contras para vivir con Malfoy era la más larga que había hecho, mientras que los pros era la más corta. Estaría cerca de Harry y con ello sabría lo que estaría pasando con él. Pero también significaba que estaría más cerca de Malfoy, otra contra.

Para la cena, aún no había llegado a una conclusión. Buscó entre los gabinetes para hacer algo de comer, y regresó a su habitación para comer sola. De nuevo, los escuchó en la cocina, y esta vez no se fueron una vez que terminaron. Podía escuchar los apagados sonidos de la conversación y eso sólo la distrajo. Conjuro un hechizo silenciante para su habitación y sonrió ante la tranquilidad que siguió.

Después de un par de horas de pensar en las listas, y cambiarlas, suspiró pesadamente. Había una batalla dentro de su cabeza: lógica vs emociones. Usualmente, la lógica ganaba fácilmente, pero esta vez la otra dirección la atraía fuertemente. Pero la lógica era muy útil, y nunca la había hecho equivocarse, a diferencia de cuando seguía a su corazón, a sus emociones. Como en quinto año, cuando dejó que Harry la convenciera de que tenían que ir al Ministerio para salvar a Sirius.

Su corazón jalaba fuertemente esta vez, como nunca antes. Le estaba diciendo que esto era importante, que lo que estaban haciendo era importante, que necesitaba atención. Con otro pesado suspiro, Hermione alejó las listas y fue a encontrar a Harry. Él y Malfoy estaban en la sala, hablando en un tono muy bajo y serio. Cuando la vieron, se callaron.

–¿Harry, puedo hablar contigo? –preguntó.

–Sí, claro. –dijo, poniéndose de pie. Caminaron hacia el porche donde Hermione se sentó en la silla en la que se había quedado dormida la noche anterior. Había una tormenta formándose en el mar. El viento estaba más frío que la noche anterior, y pudo ver rayos a la distancia.

–Bueno, –comenzó, –Todo en lo que he pensado, desde todos los ángulos, todos los puntos lógicos apuntan a Londres, –dijo, sin quitar sus ojos de la tormenta. Cuando los rayos brillaban, las olas se levantaban hacia las nubes y el agua parecía hervir como una poción.

–Okay, lo entiendo. –dijo Harry. Estaba intentando esconder su decepción, o eso suponía.

Entonces se giró para verlo.

–Pero Harry, la verdad es, que no quiero vivir ahí. Quiero quedarme aquí, contigo, donde está la acción. –Se giró de nuevo hacia la tormenta. –Amo este lugar.

–Hermione, sólo quiero lo mejor para ti.

–Lo sé. –Se quedó en silencio por un minuto. –Me podría sentar aquí toda la noche y nunca cansarme de mirarlo. El agua ahí afuera. Se quedó una parte pequeña de mí anoche. No me había sentido tan calmada desde… hace mucho tiempo. E incluso aunque es aquí, dónde está él, creo que está bien. El mar está tan vivo. Es como si el mundo estuviera respirando con cada ir y venir del agua. Su profundidad es infinita, su voz implacable. Podrías ser ahogado por su profundidad o salvado por su llamado. Y sin embargo puede matarte sin detenerse, con una simple mirada.

Harry no dijo nada por un rato.

–¿Así que amas este lugar? ¿Tan rápido?

–Oh, sí. Nunca he pasado tanto tiempo con el agua, pero este mar me ha encantado, Harry.

–Es increíble. –Entonces Harry gimió. –Oh, Hermione, le prometí a Ginny que le escribiría para hacerle saber que estoy bien. ¿Te importaría si me voy ahora?

–No, claro que no, ve.

–¿Entonces ya has tomado tu decisión? ¿Te quedarás aquí?

Ella asintió, y levantó la mirada para sonreírle.

–Ahora ve a escribirle a tu esposa. –Harry se fue sin más motivaciones. Hermione sonrió a la tormenta y ante el pensamiento de Harry y Ginny casados. Entonces se estremeció ante el frío viento.

Después de unos minutos, la puerta se abrió de nuevo. Estaba a punto de preguntarle a Harry sobre su vida con Ginny, pero sintió la calidez de algo siendo puesto en sus hombros, y se movió para dejar que Draco le pusiera de nuevo la túnica. Después Hermione la tomó y la envolvió completamente alrededor de ella.

Se sentó donde había estado Harry.

–¿Así que cómo está el clima hoy? –preguntó, viendo la tormenta.

Ella rió.

–¿Es un intento de conversación? –Él no habló por algunos minutos. –Cielo azul despejado, con un 10% de probabilidad de precipitación. –respondió finalmente, con una sonrisa en los labios.

–¿Buen humor, entonces? –preguntó.

Ella asintió.

–Amo este lugar.

De nuevo, Draco estuvo en silencio por varios minutos. Ella parecía no notarlo muchos, pero los nervios de Draco estaban agitados. Había salido para decirle algo, para decirle algo que había estado esperando mucho tiempo para hacer. Sabía que ella no entendería, probablemente se enojaría, y había una pequeña posibilidad de que lo maldijera por ello. Pero tenía que decirlo, sin importar como reaccionara. Cuando finalmente se calmó lo suficiente como para hablar, dijo, apenas audiblemente entre el ruido de la tormenta.

–¿Importaría si te digo que lo siento?

Hermione se congeló. ¿Había querido decir lo que pensaba? Lágrimas comenzaron a salir de sus ojos y ellas las dejó caer, sin vergüenza. No podía responderle; no había nada que decir. Se habían ido, y él no podía traerlos de vuelta, no con una disculpa, no con toda la magia del mundo. ¿Qué importaba que dijera que lo siente, que bien podría hacer eso? Se sintió adormecida. Hacía tan sólo unas horas ella había decidido poner a un lado sus sentimientos de enojo y odio por este hombre para ayudar a Harry a lograr su misión, pero él tenía que venir y decir ESO. A hablar de sus padres, a ella.

Draco la vio llorar. Ella ni siquiera se molestó en limpiar las lágrimas. Él deseó poder decir que no sentía nada al verla llorar, pero no era verdad, ni siquiera estaba cerca. Vio como Hermione ponía las rodillas contra su pecho y recargaba la rodilla en ellas, nunca quitando su mirada del mar. Después de lo que se sintió como una eternidad, se dio cuenta de que ella no le iba a decir nada.

Suspiró y se puso de pie.

–No duermas aquí de nuevo. Va a llover. –Entonces entró. Hermione no se movió para indicar que lo había escuchado, y no fue sino hasta 20 minutos después, que ella respondió.

–¿Qué te importa?


Justo antes de ir a la cama, Draco revisó el porche. Hermione aún estaba ahí, en la misma posición en la que la había dejado. Fue a la habitación de Harry y tocó.

-Potter. Hermione está afuera y va a llover.

-Okay, gracias; yo iré por ella.

Draco regresó a su habitación y esperó hasta que escuchó a Harry dejar su habitación, bajar las escaleras, abrir y cerrar la puerta del porche, abrir y cerrarla de nuevo, y escuchó dos pares de pies subiendo las escaleras, seguido de dos puertas cerrándose. Entonces apagó su luz y se fue a dormir.


Una vez junto al océano
Robert Frost

El agua rota hizo un estruendo brumoso.
Grandes olas vieron a otras venir,
Y pensaron en hacer algo para la orilla,
Esa agua nunca había llegado antes de la tierra.
Las nubes eran bajas y peludas en el cielo,
Como cerraduras soplando hacia adelante en el brillo de los ojos.
No podías decirlo, y sin embargo parecía como si
La orilla fuera afortunada de estar respaldada por un acantilado,
El acantilado estaba respaldado por un continente;
Parecía como si una noche de oscuras intenciones venía,

Y no solo una noche, sino una era.
Alguien mejor tenía que estar preparado para su ira.
Habría más que un agua rota de un océano
Antes que por último Dios sacara la luz fue hablada.


¡Muchas gracias por sus hermosos reviews! Espero y este capitulo también haya sido de su agrado :)

Nos seguimos leyendo!

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