Disclaimer: Nada me pertenece. Alto OoC por parte de algunos personajes.

¡Nos vemos abajo!


EDWARD CULLEN:

Sinceramente, comenzaba a cuestionarme si el haber traído a Bella era una buena idea. La niña era muy deseable, pero estaba dando muchos problemas y parecía no ceder. Esta mañana me había excedido un poco al tratarla con tanta rudeza y gritarle, pero era algo que no podía evitar en mí. Aunque, por supuesto, su reacción después de eso fue totalmente comprensible. ¡Había sido secuestrada por un mafioso! ¿Quién en su sano juicio no se asustaría? Su vida corría peligro cada segundo por el sólo hecho de conocerme. Ahora las probabilidades de que me dejara tomarla eran nulas, y estaba seguro de que se pondría muy a la defensiva, al menos cerca de mí. Me puse furioso cuando me enteré de que había escapado de la casa, en las narices de Peter, y peor aún ¡llevándose varias de mis pertenencias! No me importaba volver a comprarlas, el dinero, sobre todas las cosas, me sobraba. Lo que me molestaba era la ingratitud de la muchacha hacia mí. Le había comprado cosas, me había portado bien con ella, ¿no? No tenía razón alguna para temerme.

Sin dudar salí a buscarla, la estúpida niña corría demasiado peligro estando sola y siendo tan deseable, en una ciudad como Chicago, llena de delincuencia y vicios. En aquellos momentos ella no me agradaba mucho, pero después de todo, yo tenía el suficiente corazón —y valor de responsabilidad—, para ir por ella e impedir que le pasara algo. Por supuesto, todo se complicó cuando comenzó a armar un escándalo. No me gustaba causar alboroto en los lugares a los que iba, debido a quién era y lo que podía pasar si las autoridades me encontraban, y eso fue exactamente lo que ella hizo. Armar un escándalo en medio de la ciudad. Toda la gente nos observaba y yo trataba de hacerla recapacitar, y convencerla de venir conmigo. Supongo que al final se asustó y decidió dejar de luchar. La subí en la motocicleta, enojado, y nos fuimos de nuevo a casa.

—¡¿Qué estabas pensando al hacer eso, Bella?! —exploté una vez que estábamos dentro de la casa. En esta semana había tenido más disgustos que los que normalmente tenía en un mes. Ella me miró fríamente, sus ojos rojos e hinchados por las lágrimas que había derramado en el camino.

—¡Estás enfermo! ¿¿Cómo puedes tenerme cautiva de esta manera?? —me preguntó furiosa. Como una pequeña gatita tratando de ser un león. La expresión de su rostro y su pequeño cuerpo tenso, en una posición de defensa, me hicieron sonreír sombríamente.

—Cálmate, gatita. Soy yo quien debería de estar enojado. No sabía que tenías tendencias cleptómanas —me burlé. Ella me miró ácidamente.

—¡Voy a reportarte! Vas a irte a la cárcel por hacerme esto.

Me carcajeé.

—Pequeña Bella, la policía come de la palma de mi mano. Estamos en el año dos mil nueve. La corrupción rige al mundo.

—¡Te odio! —estaba enojada. En cualquier momento comenzaría a lanzar cosas a diestra y siniestra.

En ese momento frotó sus manos contra el sucio vestido, que antes se veía delicioso en ella. Al hacer aquello, lo manchó de sangre y me di cuenta de que estaba herida. Debían de haber sido las púas de la barda. Aún así, la niña había tenido suerte; esas púas eran eléctricas y Peter había olvidado encenderlas.

—Ven aquí —le dije—. Déjame ver tus manos, cariño.

Ella se rehusó, sus ojos se llenaron de lágrimas y sus pequeños labios se fruncieron en un lindo puchero.

—¡No!

—Demonios, ¡odio que te comportes así! Trato de ofrecerte ayuda.

—Me moriré por tu culpa —me respondió ácidamente.

—No, no te vas a morir. Voy a cuidarte.

Se puso rabiosa. Soltó un grito desesperado, golpeó el suelo con los pies, y entonces gruesas lágrimas comenzaron a caer de sus grandes ojos. ¡Dios, no! Si hay algo en el mundo que no soporto es una mujer llorando. Me pasé los dedos por el cabello, desordenándolo más.

—No hagas eso —ordené, como si ella fuera a hacerme caso. Me acerqué y tomé sus manos. Estaban manchadas con sangre seca y podía divisar las pequeñas hendiduras que el metal había causado.

—Te pondré un poco de alcohol para que no se infecte —le avisé. Ya tenía experiencia con este tipo de heridas y de cómo curarlas: más de una vez había llegado a casa con una bala enterrada en el brazo o en alguna otra parte no vital de mi cuerpo. Cuando las heridas eran graves tenía que ir al hospital, donde me atendían rápidamente.

Fui a la sala de estar: en el mini-bar que había ahí tenía un poco de alcohol desinfectante guardado en la estantería de abajo, así que doblé mis rodillas y saqué la botella, junto con un poco de algodón.

—Eres una tonta —la regañé—. No debiste hacer eso.

Ella se estremeció, y me dejó revisar sus manos. Debían de dolerle mucho.

Mojé el algodón con el alcohol, e insensiblemente lo froté contra su mano. No fue mi intención, pero normalmente así lo hacía, ya estaba acostumbrado a usar ese método de manera brusca en mí. Ella soltó un gemido de dolor y se alejó de mí.

—Dámelo, por favor. Yo lo haré.

—Lo siento —me disculpé—. Es solo que acostumbro a hacerlo así, nunca había…

—Está bien —me cortó—. Sólo dámelo.

Entendí que había regresado a su posición defensiva, así que sin educación, le arrojé el algodón y el alcohol. Se sentó en la mesa y con suavidad comenzó a limpiar sus manos, soltando pequeños quejidos de vez en cuando. Cerré mis ojos e imagine esos quejidos de una diferente forma: yo, penetrándola con mucha fuerza, y ella, gimiendo y retorciéndose debajo de mí. La fantasía comenzó a desarrollarse más detalladamente en mi cabeza.

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¿Edward? —Bella se acercó hacia mí, con su tierna mirada de cachorro, y esos deliciosos labios rosas fruncidos en un puchero—. Lo siento. No debí de haberme comportado así.

Mi expresión se suavizó.

Está bien, cariño. Te asustaste, es normal.

Sí… pero te he causado tantos problemas. De seguro ahora mismo debes de estar odiándome —la niña estaba al borde del llanto.

Cariño, no —la tranquilicé—. No podría odiarte ni aunque quisiera.

Ella sonrió un poco.

Me imagino que estás muy cansado. En los últimos dos días no has hecho otra cosa más que lidiar conmigo.

Sí, sí estoy algo cansado. Pero no de ti, bebé. Claro que no.

¿Por qué no subes y descansas un poco? Yo iré en un minuto contigo, solo necesito ir al baño —la seductora sonrisa de Bella era un indicio de sus intenciones. Sin rechistar me fui a la habitación, en el camino me quité el saco y comencé a desabrochar los botones de mi camisa, exponiendo mi marcado torso. Iba a explotar por la emoción. Por fin se entregaría a mí.

Para cuando pisé la habitación, sólo tenía los pantalones y zapatos puestos.

Me recosté en la amplia cama, y cerré los ojos mientras esperaba a Bella. Pasé mis brazos por detrás de mi cabeza, y me mantuve en esa posición hasta que sentí en colchón hundirse. De pronto Bella puso sus manos sobre mi pecho, y se sentó sobre mis caderas. Era muy ligera, la niña. Abrí mis ojos: Bella veía mi pecho con adoración. Cuando se dio cuenta de que la estaba observando, se acercó para besarme. Jamás pensé que ella tomaría la iniciativa, pero lo hizo y fue genial. Sus labios se sentían muy suaves contra los míos, eran pequeños pero carnosos, y sabían a cereza. Sólo atiné a succionarlos una y otra vez, disfrutando del sabor.

Mmmhh —se quejó ella cuando succioné demasiado fuerte—. Pobre bebé… —me dijo con dulzura—. Has trabajado tanto, sin tener ni un poco de paz. No te preocupes, yo voy a encargarme de quitarte todo ese peso de encima.

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—¡Edward! ¿Estás bien? —la verdadera Bella me sacó de mis ensoñaciones: yo me encontraba en el sillón frente al televisor y ella en la cocina, con su mano bajo el grifo. Mi pene estaba duro dentro de mis pantalones, aunque no en su límite.

Antes de levantarme, le sonreí y después le di la espalda, para que así no viera mi erección.

—Sí, Bella… escucha, iré a recostarme un poco a la habitación —levantó rápidamente su mirada, con sus ojos brillando. «No, lo siento, pequeña. No hay manera de que salgas»

—Si necesitas algo… —ni siquiera terminé mi oración, subí rápidamente por las escaleras, sin querer que mi erección bajara. Atravesé el pasillo con pasos apresurados, desabrochando el botón de mis pantalones en el camino. Entré, cerré la puerta y me encaminé al baño. Cuando estuve ahí, me despojé de mi ropa, y entré a la regadera con agua caliente.

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Mmmhh… Bella, no tienes que hacer nada. Podemos esperar.

Ella frunció el ceño.

¿Esperar? ¿Para qué?

Tragué saliva. Quería ser bueno con ella, ¡demonios! Y lo estaba complicando todo.

Posé mis manos sobre sus caderas cuando comenzó a moverse sobre mi hinchado sexo. No me dejaba pensar con claridad, y si íbamos a hacerlo, yo tomaría el control.

Eres virgen, ¿no? Cualquier virgen quiere que su primera vez sea especial.

Me sonrió dulcemente.

Si eres tú, entonces es perfecto.

Una sonrisa maligna adorna su angelical rostro cuando le sonrío con satisfacción. La niña cree que me está dominando.

Te lo voy a meter hasta que te duelan las entrañas.

Mmmmh, ¡sí! —lloriqueó con satisfacción. Ella aún está sobre mis caderas, pero no pude soportar la posición. Me impedía tocarla con libertad, así que sin delicadeza alguna la rodé para que estuviera debajo de mí. Me comencé a quitar el costoso cinturón negro, y después lo lancé sin importarme mucho donde cayera.

Me imagino cómo sería tenerte dentro de mí… —susurró Bella, cerrando sus ojos y relajando su cuello—. Bien adentro… tan grueso y largo —metió dos de sus escurridizos deditos en su boca.

Sí, mi niña. Nunca nadie te lo va a hacer tan bien. Serás incapaz de disfrutar el sexo con otra persona que no sea yo.

Acercó sus manos al botón de mis pantalones y me los quitó con desesperación. Llevaba unos bóxers negros que ella, por el momento, no se molestó en quitar.

Dirigí mis manos a sus muslos tersos, eran increíblemente suaves y se sentían perfectos para mis manos. Estaban cremosos y de un color blanco aperlado, igual que toda su piel.

Te voy a quitar este vestido, está hecho un desastre.

Ella sólo emitió un sonido que tomé como algo positivo. Acerqué mis manos al cierre y lo bajé, para pasar mis manos por sus delgados hombros y hacer que los tirantes cayeran. Por último tiré del vestido sobre sus muslos, haciendo que éste se resbalara por la suavidad de su piel. Su ropa interior era sencilla, pero le quedaba sensualmente virginal. Su cabello estaba desordenado, y sus labios rosas e hinchados por tanto besar. Su respiración estaba agitada, y sus mejillas sonrojadas. Era una imagen que quedaría tatuada en mi mente por el resto de mi vida.

Quítamelo todo, vamos —me pidió ella.

Espera, cariño… esto no es asunto de cinco minutos —le respondí.

Se acerco a mí e hizo que me levantara de la cama, y entonces quitó los bóxers, sin ningún tipo de suavidad, —cosa que agradecí profundamente ya que mi miembro rogaba por su libertad—.

Quiero probarte… —dijo mirándome a los ojos, mientras se dejaba caer sobre sus rodillas—, pero tendrás que decirme cómo hacerlo —cuando bajó su vista a mi longitud, su respiración se detuvo. Miró mi pene con adoración, y luego se relamió los labios.

No tienes que hacerlo, Bella. Ni siquiera… ahhhm… —cerré mis ojos después de aquella perturbadora visión: Bella había sacado su pequeña lengua rosa, y había dado un tímido lengüetazo a mi glande hinchado. Mis ojos se pusieron en blanco cuando lo hizo de nuevo, y sentí como el pre-semen caliente cubría mi punta.

¿Qué es eso? —me preguntó Bella curiosa.

Es pre-semen, cariño —le respondí con suavidad. Acerco sus curiosos deditos, y empapó dos de ellos con el líquido para después llevárselos a la boca. Lo saboreó sensualmente con los ojos cerrados, y estuve cerca de un orgasmo por aquello.

Es amargo, Edward… —se quejó.

Sí, amor. No tienes que probarlo si no te gusta...

Quiero hacerlo —me respondió con sus grandes ojos de cachorro viéndome.

Muy bien, amor, abre tu boquita y toma todo lo que puedas —le pedí. Se acercó, y vaciló un poco, pero después me tomó en su pequeña boca y sólo atiné a cerrar los ojos. Pasó su lengua por la punta para limpiar los restos del pre-semen que tanto anhelaba. Mi cabeza cayó suavemente hacia atrás, y puse una de mis manos sobre su cabello para guiarla. Bajé mi vista y vi como sus gordos labios envolvían mi glande y un poco más de mi longitud. Era hermoso. Ninguna mujer nunca había sido capaz de tomarme completamente dentro de su boca o de su interior, pero mientras tuvieran manos ágiles todo estaba bien. Era obvio que a Bella tendría que enseñarle todo aquello.

Empujé suavemente su cabeza, desesperado por sentirla un poco más. Ella aferró sus manos a mis muslos, pero no se quejó: al contrario, su lengua comenzó a jugar con la parte de mi pene que estaba dentro de su boquita caliente. La sensación era maravillosa, jamás lo había sentido así.

Sí, pequeña, muy bien… ¡Ahhh! Cuidado, amor —le dije cuanto sentí que por accidente mordió aquella parte tan sensible de mí. Seguí empujando con suavidad hasta que sentí que golpeé la parte posterior de su garganta, pero aún así no había tomado mucho de mí. Se separó un poco y se puso furiosa al ver que era incapaz de tomarme.

Está bien, pequeña —la tranquilice cuando vi que sus ojos se llenaban de lágrimas por la rabia.

No puedo tomarte —se reprochó furiosa. Inesperadamente se abalanzó con fiereza sobre mi miembro, tratando de tomar la mayor parte, pero obtuvo el mismo resultado.

Mmmhhnn… Bella, cariño… —susurré. No podía pensar con claridad. Si en aquel momento hubieran llegado para matarme, no me habría dado cuenta hasta haber llegado al infierno. Mi mente se encontraba desconectada de mi cuerpo, sólo era capaz de sentir la boquita de Bella succionándome.

Ven, cariño, es suficiente… ya habrá tiempo para esto después —me consumía el deseo de hacerla mía, y a ella le pasaba igual. La tomé en mis brazos y nos recosté a ambos en la cama. Mi miembro explotaría si no estaba dentro de ella pronto.

Le quité el sostén con facilidad una vez que estuvimos de nuevo en la cama. Sus senos eran más que perfectos. Grandes y blancos, con pequeños y suculentos pezones rosas adornándolos coquetamente. Me acerqué a aquella sensible protuberancia rosa y tiré sin piedad de ella. Los dedos de Bella se enredaron en mi cabello, y pasé un brazo por debajo de su espalda, provocando que quedara en forma de arco a mi merced. Bebí como un niño pequeño de su pezón, y succioné con glotonería mientras con mi otra mano masajeaba el otro.

Mmmmhh… Edward —lloriqueó. No entiendo como la niña había huido del sexo, consiguiendo permanecer virgen hasta su edad. Yo perdí mi virginidad a los catorce años con una chica de diecisiete. Aún la recuerdo: Gianna Grancelli, una hermosa rubia con descendencia italiana que hacía los mejores orales del mundo.

Quizás te duela un poco, pero iré lo más suave que pueda, cariño.

Ella asintió suavemente y la besé por un breve segundo. Le bajé las braguitas para encontrarme con aquel templo prohibido.

Bella vio de nuevo mi longitud, pero esta vez pude ver la inseguridad en sus ojos.

No, Edward —negó—. Mejor no, no va a entrar.

Reí sombríamente y la puse sobre mis caderas. Decidí que era mejor que esta vez me montara, así ella podría controlar la penetración de manera que mi bestia no la lastimara.

Vamos a hacerlo lento, amor.

Bella estaba asustadísima, pero asintió. La tomé suavemente por las caderas, levantándola, y ella puso sus manos sobre mi pecho para apoyarse. Me posicioné y vi como ella se estremeció dulcemente. Subí un poco más sus caderas, y luego la solté un poco. La gravedad era una gran aliada: mi glande se abrió paso entre las paredes de Bella. ¡Dios! Era tan estrecha que incluso me dolía a mí. Ella cerró los ojos y levantó su vista hacia el techo, mientras lloriqueaba suavemente.

Uhhngg… ¡Sí, sí!

La bajé un poco más. La sensación de su interior increíblemente estrecho me hacía perder la cabeza. Ella volvió a gemir y se quejó un poco, y ambos nos quedamos muy quietos. Los gruñidos hacían vibrar mi pecho para finalmente salir censurados por mi boca.

Esperé unos segundos para dejarla adaptarse a mi grosor. Debía dolerle muchísimo, mi tamaño no era normal, y ella era tan estrecha… Ni siquiera se había corrido, pero yo ya la sentía apretándome en su interior.

Bella estaba desquiciada, comenzó a balancear sus caderas levemente, con sus deditos tomó sus tiernos pezones y tiro de ellos violentamente, cerrando los ojos y mordiendo su labio inferior. Me introduje un poco más, y ella trató desesperadamente de tomarme entero, agitando sus caderas. Ninguna mujer me había tenido completamente en su interior, siempre se asustaban un poco y tenía que detenerme a cierto punto.

Está bien así, pequeña.

Pero no me obedeció. En un descuido, Bella balanceó sus caderas un poco, y concentró su peso en ellas. Gemí y me arqueé cuando me tomo por completo.

Uhgmmm… —gemí—. Bella, bebé…

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Me estrujaba con mucha intensidad. Estaba a punto de alcanzar mi clímax, no recuerdo haber estado excitado de esta manera nunca en mi vida, y solamente era una fantasía.

—Ahhhhmnn… ughhh…

Con el pensamiento de sus grandes ojos de cachorro mirándome mientras me tenía dentro de su boca, lo alcancé. Uno, dos, tres… varios chorros de semen fueron expulsados por mi miembro. La intensidad de la corrida fue tal, que creí que mis rodillas no me podrían sostener.

Cuando terminé, con la respiración agitada, tomé una toalla y envolví mis caderas. Cerré la llave, y traté de controlarme.


Se que me quieren matar, mujeres, lo sé. Lo lamento muchísimo. No voy a darles un discurso enorme porque no vale la pena, el escrito está aquí :) Muchísimas gracias por todos los reviews,¡Los últimos tres capítulos han recibido más de cien cada uno!

Me tardé porque, bueno, me confiscaron la computadora por unas cuantas semanas, y mi mamá sufrió un accidente. No se preocupen, esta bien. Sólo fue una quemadura sin daños permanentes, pero aún así, tengo que ocuparme de la casa. Prácticamente he sido la mamá de mis hermanos estas últimas semanas.

En fin, ésto es un outtake, no se preocupen, no creo tardar tanto con el próximo capítulo por que ya tengo el borrador, y estoy apunto de salir de vacaciones :)

Por cierto ¿ya vieron new moon? No me gustó tanto la actuación de Kristen, no sé, la finge demasiado. ¡Y Taylor! Dios, lo amé, casi me hago Team Jacob (L) CASI, CASI... Díganme que les pareció el outtake y la película :) Ah, y para aquellos lectores de el amo y su esclava, decidí que voy a convertirlo en un one-shot muy, muy largo. Quizás haga uno de todas las parejas :)

¡Besos!