Capítulo 7
Estrella Binaria.
1
Cuando Star despertó decidió no abrir los ojos inmediatamente, la cama era suave, cálida y se sentía perfectamente feliz en ella así que aspiró profundamente disfrutando el familiar aroma de la habitación y pensó que tal vez sólo por hoy debería tratar de dormir un poquito más, con esta idea en mente se arrebujó dentro de las sabanas y se dejó arrastrar nuevamente a la tierra de los sueños.
Ya empezaba a flotar entre las nubes de la inconciencia libre de todo peso cuando un suave ronquido a su lado la trajo de vuelta a la realidad, abrió los ojos y con mucho cuidado asomó la cabeza desde debajo de los cobertores, además de ella no había nadie mas en la cama así que volteó hacia el lado de donde provenían los sonidos y se encontró con Marco completamente dormido: estaba recostado en una silla al lado de su cama, tenía los brazos cruzados y la barbilla le descansaba sobre el pecho, al verlo ahí los recuerdos del día anterior comenzaron a volver a la princesa como si el dique que los contenía momentáneamente empezara a resquebrajarse y se dio cuenta de dos cosas:
Primera: esta no era su habitación.
Segunda: aún llevaba puesta la sudadera de su amigo.
-Oh Marco -la calidez que le produjo pronunciar su nombre la hizo sonreír, se dio cuenta de que su amigo temblaba un poco de frío así que se levantó con cuidado de no despertar al joven y lo cubrió con una sabana.
-Star… -el nombre se deslizó de los labios del chico con tanta dulzura que la princesa sintió como si su corazón se saltara un latido.
-Shhh -le susurró alborotándole suavemente el cabello- descansa Marco.
Le alegró comprobar que con el calor de la sabana el cuerpo de su amigo se distendía, mas relajado ahora que no sentía frío, se sentó en la cama de frente al chico y lo observó durante unos momentos admirando la forma en que sus jóvenes músculos comenzaban ya a definirse claramente en sus brazos, sintió como se sonrojaba al verlo así que alzó la mirada hacia su rostro, la apacible expresión que lo adornaba contrastaba con la fiereza que había reflejado en la pelea de hacía tan solo unas horas atrás y le sorprendió que su cara fuera capaz de mostrar muecas tan dispares, recordó también el gesto de infinita ternura con que le había hablado inmediatamente después y sintió el calor en su rostro intensificarse así que para contrarrestar el bochorno se dedicó a inspeccionar el cuarto de su mejor amigo.
Todo se veía normal, estaban los trofeos de karate así como los posters de películas de Chuck Norris y Jackie Chan, el escritorio con su laptop encima y las repisas con un par de figuras de acción como se empeñaba el chico en llamar a sus juguetes, nada parecía fuera de lo común.
La naturaleza hiperactiva de la princesa hizo que pronto se aburriera con estas contemplaciones pero se sentía tan a gusto y en paz envuelta en sabanas, con la sudadera de Marco aún puesta y este durmiendo a un lado de la cama como si estuviera haciéndole guardia que se quedó quieta otro rato dejando discurrir sus pensamientos hacia los eventos del día anterior; le molestaba el no haber podido derrotar ella sola a los bribones que la habían atacado pues aún sin su magia sabía que sus capacidades debían estar mas allá de las que había desplegado en el combate, de no ser por la oportuna llegada de su amigo las cosas hubieran podido terminar muy mal pero esta era un idea que prefirió no explorar, su mente se concentró de nuevo en el chico rememorando sus acciones de la noche anterior, la aterradora actitud que había desplegado al verla en peligro, la mirada llena de preocupación que le dirigió al final de todo, la manera en que la había conducido a casa sin preguntarle nada confortándola tan sólo con su presencia.
Y luego ¿Qué?
Por alguna razón no podía recordar como había terminado dormida en la cama del chico, era como si su mente no hubiera registrado ningún evento tras la caminata a la casa, lo que si recordaba con claridad meridiana era el hecho de que Echo Creek no estaba cerca de ninguna playa.
¿Qué rayos estaba sucediendo?
Repentinamente el recuerdo mas importante de todos la impactó con toda la fuerza de un meteorito que se hubiera desplomado desde el cielo hasta su cabeza:
¡Mi varita!
No entendía como algo de tan vital importancia podía habérsele escapado durante tanto tiempo pero ahora que la idea había vuelto a su mente no podía perder mas tiempo reposando tranquilamente, se levantó de un salto y poniendo las manos en los hombros de su amigo lo agitó con toda la suavidad que sus nervios a flor de piel le permitían.
-Marco -le susurró- despierta Marco.
-Star ¿Qué ocurre? -antes de que la chica pudiera decir otra palabra el joven ya se encontraba de pie en alerta total.
-Marco -la princesa lo miró impresionada ante la reacción del muchacho- perdí mi varita.
El ánimo de su amigo pareció desinflarse al escuchar estas palabras.
-Star… ¿la varita otra vez?
-¡Si! -la princesa asió la corta manga de su playera para tratar de jalarlo- no se que le ocurrió ¡pero no aparece por ningún lado!
-Star…
-Marco por favor -lo interrumpió la chica- tenemos que encontrarla.
El joven puso las manos sobre los hombros de su amiga y la miró fijamente a los ojos inspeccionándola.
-Star -inició nuevamente- ¿estás bien?
-Si Marco -la respuesta sonó confusa y luego repitió- pero mi varita desapareció.
-Tranquilízate, obviamente lo que sucedió ayer te afectó mas de lo que creí.
-Marco, ¿de qué estás hablando?
-Vamos Star, no habías hablado de la varita en años y justo unas horas después de que te atacan empiezas de nuevo con eso, creo que estás sufriendo una especie de regresión o algo así.
La mirada en los ojos de la princesa era de total confusión pues no podía encontrar pies ni cabeza a lo que el chico le estaba diciendo, al final preguntó mas por decir algo que por otra cosa:
-¿Es uno de tus diagnósticos de Doctor Marco?
Fue el turno del muchacho de mirarla sin entender durante un momento hasta que un rayo de comprensión le iluminó la mirada.
-Je -una sonrisa fugaz le cruzó el rostro- hacía mucho que no escuchaba eso.
-Marco ¿Qué está pasando?
-Ya te lo dije, creo que estás teniendo una regresión por el trauma que te causaron los eventos de ayer.
-No… -susurró la chica- Hay algo más, todo está mal.
-¿Mal? -el joven la invitó a sentarse en la cama mientras acomodaba la silla en la que había dormido para quedar frente a frente con su amiga- ¿mal cómo?
-Bueno -Star le hizo caso tomando asiento- primero desperté en la playa, ¡La playa Marco!
-Ajá -el chico asintió sin tener idea de lo que su mejor amiga quería decir pero entrando rápidamente en su papel de "Doctor Marco" preguntó- ¿Qué tiene eso de malo?
-¡Echo Creek no tiene playa!
-¿Echo Creek? -esto era nuevo, no recordaba haber escuchado hablar a la chica de ese lugar- ¿Qué es eso?
La princesa lo miró anonada tratando de procesar esta nueva pieza de información, no sólo no se encontraba en Echo Creek sino que además su amigo no parecía recordar la ciudad.
-Marco -pregunto finalmente- ¿Dónde estamos?
-Estamos en casa Star -suspiró antes de continuar intuyendo lo que su amiga quería saber- en Santa Laguna.
-¿Santa… Laguna? -el nombre le sonaba tan ajeno que tuvo que repetirlo lentamente.
-Star… -el latino dudó antes de continuar preocupado como estaba por la salud de su mejor amiga- ¿Qué sucedió ayer?
-Me ayudaste cuando me atacaron.
-No, me refiero a antes de eso, ¿qué estabas haciendo en la playa?
-Buscando mi varita, ya te lo dije.
-Muy bien ¿y antes?
-Estuve todo el día ahí Marco ¿porqué es importante?
-Ummm…
-¿Marco?
El chico no respondió, en vez de eso le hizo un gesto a la princesa indicándole que necesitaba unos momentos para pensar, no era la primera vez que su amiga hablaba de lugares inexistentes y su varita mágica pero había pasado tanto tiempo desde la última vez que había comenzado a albergar la esperanza -aunque no fuera consciente de ello- de que finalmente hubiera superado esos delirios.
-Tus papás van a matarme -susurró finalmente.
-¿De qué estás hablando?
-Star, por favor, si esto es un juego necesito que te detengas ya mismo.
-Marco, esto no es ningún juego ¿está bien?
-Ok, ok, entonces dime porqué fuiste a la playa.
-Cuando desperté estaba ahí, antes de eso… No lo se, no puedo recordar bien.
-Maldición Star, esto es malo.
-Marco… -la princesa dudó un instante, sonrojándose ligeramente antes de formular su pregunta- ¿porqué dijiste que eras mi caballero?
-Yo no dije eso.
-¡Claro que si!, dijiste que eras mi caballero y nunca dejarías que me sucediera nada.
-Oh diablos, diablos, diablos, diablos.
La chica lo miró sin comprender.
-Creo que yo te provoque esto Star.
-Marco, esto no tiene ningún sentido, no entiendo nada de lo que está sucediendo.
El joven se levantó de su silla para sentarse al lado de su amiga en la cama.
-Star… No debí haberte dicho lo de ser tu caballero, honestamente no se porque lo hice.
-¿A que te refieres?
-Ese viejo cuento del caballero y la princesa ¿no lo recuerdas?
-Marco, yo soy una princesa pero tú no eres un caballero -lo pensó un momento- bueno, lo fuiste cuando interpretamos la mewnipendencia pero…
-¿Mewnipendencia?
-Tú sabes, el día en el los mewmanos vencieron finalmente a los monstruos que asolaban la tierra y se fundó el reino de Mewni.
-Alto, alto, estás haciéndolo otra vez.
-¿Haciendo qué?
-Eso -el chico hizo un gesto como si abarcara toda la habitación- esto, estás inventando cosas otra vez.
-No estoy inventando nada.
-Star, hace años que no hablabas de ese reino mágico tuyo.
-¿Años? Marco estuvimos ahí el otro día para el juego de las banderas.
-Y ahora -murmuró el chico- aparezco en tus recuerdos de ese mundo.
La princesa lo miró sin decir nada, tratando de entender lo que estaba sucediendo pero por más que se esforzaba no conseguía encontrarle sentido a la situación en que se encontraba.
-Necesito saber -Marco interrumpió sus pensamientos- ¿Qué recuerdas de antes de ayer?
-¿Qué importa eso? ¡Mi varita despareció!
-Por favor, es importante.
-Ugh, está bien -la princesa trató de hacer memoria y descubrió que le resultaba sorprendentemente difícil, tan solo podía recuperar destellos e imágenes inconexas- Mmmm, recuerdo que estábamos en la escuela.
-Ajá.
-Y… y queríamos ir al cine a ver una película…
-¿Cuál película?
La rubia hizo un esfuerzo pero el recuerdo la eludió insistentemente.
-No se… no puedo recordar.
-No importa, ¿qué mas recuerdas?
Nuevamente nada excepto flashazos que no parecían unirse con los demás de manera coherente.
-Estábamos con… no, te fuiste con Jackie.
-¿Jackie?
-Si, ¡si! -su mente pareció hacer alguna conexión y una pieza cayó en su lugar- Jackie llegó y los dejé solos.
-Jackie... -murmuró el chico como si el nombre le sonara conocido pero no pudiera ubicarlo del todo- espera… ¿Jackie Lynn Thomas?
-¿Acaso conocemos a otra Jackie?
-Star… Eso no es posible.
-¿De que hablas? -un nuevo recuerdo empezó a encajar en su sitió haciéndola fruncir el ceño- Ella y tú… son novios… ¿no?
-¿Novios? -el chico descartó la idea con un gesto de la muñeca- Pfff, no. Y no es posible que conozcas a Jackie, se mudó con su familia poco antes de que tú llegaras.
-¿Se mudó?
-Si, hará hace seis o siete años de eso.
-Espera, espera… ¿seis o siete años?, Marco yo no llevo tanto tiempo en la tierra.
-Otra vez con eso. Star, tus papás y tú se mudaron al departamento de enfrente hace muchos años.
-¿Departamento? ¿Qué es un departamento?
Marco se dio un suave masaje en los ojos con los dedos de la mano izquierda, seguía agotado por los eventos de la noche anterior, no había dormido casi nada para cuidar el sueño de su amiga y esta repentina regresión le alarmaba mucho mas de lo que quería demostrar, ya podía sentir un severo dolor de cabeza formándosele en la parte posterior de la cabeza.
-Creo que va a ser mejor si te lo enseño.
Se puso de pie, le ofreció la mano a la princesa que la tomó tímidamente y salieron juntos de la habitación con el chico liderando el camino.
Lo primero que le llamó la atención fue lo pequeño que parecía todo, la pieza daba directamente a una diminuta sala-comedor en la que había solamente un par de sofás de dos y tres plazas respectivamente, una pequeña mesilla central y una mas grande con cuatro sillas en la zona que fungía como comedor, lo único que parecía dar un toque de vida al lugar era el gran ventanal por el que se comenzaba a filtrar la luz del día que comenzaba; la amplia cocina que recordaba era ahora tan reducida que el refrigerador se encontraba fuera en la sala afeando el aspecto del sitio, al lado de la puerta por donde había salido había otra tras la cual presumiblemente dormían los padres de su amigo y frente a esta se encontraba una mas que daba al baño el cual no pudo ver pero si podía considerar el resto del departamento como un indicativo con seguridad era minúsculo; entre estas dos últimas puertas se extendía un corto pasillo que daba al portón de entrada y eso era básicamente todo, por supuesto no había ni rastro de su propia habitación lo cual explicaba a medias porqué Marco la había dejado dormir en la suya.
-Vamos, es por aquí -la indicación del chico era absolutamente innecesaria dado que no había ningún otro camino a seguir.
Aún así permitió que su amigo continuara guiándola en parte por la sensación de confusión y desplazamiento que se estaba volviendo demasiado común desde que había abierto los ojos en la playa y en parte porque la mano en su mano la hacía sentir al menos un poco de seguridad.
Era extraño tener dos sensaciones tan encontradas, por un lado sentía una especie de superposición entre lo que era y lo que debía ser que hacía que el cerebro le doliera cuando trataba de racionalizarlo y por el otro existía un indescriptible sentimiento de pertenencia a este lugar que no era el suyo.
Una parte de ella sabía que se encontraba en otra dimensión aunque no tenía idea de que manera había llegado a ella, no podía recordar nada al respecto y todos sus recuerdos inmediatamente anteriores a su despertar en la playa parecían borrosos y difusos; era consciente de quien era y de donde provenía, pero sentía como si los detalles se desdibujaran cuando trataba de enfocarse en ellos.
Lo mas extraño era que por alguna razón no parecía preocuparle demasiado.
Marco abrió la puerta y tras ella había otro pasillo, esta vez mas amplio con siete portones más, cuatro de cada lado idénticos en todo sentido exceptuando el número que los distinguía de los otros; la chica giró la cabeza y descubrió que acababan de abandonar el departamento número tres, no tuvo tiempo de inspeccionar mucho más pues su amigo tiró suavemente de ella y la hizo avanzar unos cuantos pasos hacia la entrada que tenían justo frente a ellos.
Número cuatro.
-¿Esta es mi casa?
-El departamento de tus papás, si.
Ugh, esa palabra no le gustaba, sonaba claustrofóbica.
El chico metió la mano libre al bolsillo izquierdo de su pantalón y sacó un pequeño montón de llaves, con un ágil movimiento de sus dedos -como si hubiera hecho esto muchas veces- seleccionó una de las llaves y la introdujo en la cerradura para luego girarla y hacerse a un lado soltando la mano de la princesa quien inmediatamente sintió el pequeño vacío donde antes estaban los dedos del chico.
-Bienvenida a casa Star.
La chica dio un paso hacia el interior de la residencia dejando que su mirada vagara sin posarse en nada en particular, tan solo permitiendo que las imágenes de este lugar nuevo y desconocido llegaran a su cerebro sin ponerles filtro alguno.
El departamento que aparentemente compartía con sus padres era una copia invertida del de su amigo, la misma distribución reflejada en un espejo, a pesar de que los muebles y la decoración eran completamente diferentes la manera en que las cosas estaban distribuidas era tan similar que parecía una versión paralela del mismo lugar; aquí la mesa del comedor era circular mientras allá tenía forma de rectángulo, la mantelería no guardaba ningún parecido y aún así hubiera podido ser exactamente la misma y esto sucedía con los sofás en la sala e inclusive la pantalla plana que aquí se encontraba sobre una mesilla y allá empotrada en la pared siendo el punto focal en ambas estancias.
Todo era diferente.
Todo era igual.
Excepto…
La princesa fijó los ojos en una esquina ocupada por una mesilla sobre la cual descansaba un florero vacío y una breve memoria de ella misma y su mejor amigo mucho mas jóvenes y en cuclillas cuchicheando justo en ese sitio le cruzó la mente.
-Recuerdo esto -susurró.
-Es tu casa Star.
-Marco ¿Qué hacíamos ahí? -señaló el sitió que había atraído su atención.
El chico no tuvo que pensarlo, la respuesta vino acompañada de una sonrisa nostálgica.
-Ahí estaba tu castillo.
-¿Mi castillo?
-Si, solíamos poner cajas y sabanas antes de que tus papás compraran los muebles, nos pasábamos horas metidos ahí dentro jugando.
La chica asintió lentamente mientras el ojo de su mente le mostraba el mismo lugar mucho mas vacío, tan solo un par de sillas de plástico y una mesa plegable, en el rincón la construcción de cartón y tela.
-El castillo de Mewni.
-Exacto.
-Pero Mewni es real…
-Star, lo inventaste cuando eras una niña.
-No… Es un lugar real, está en lo alto de una colina…
-Y domina todo el reino, lo se, desde ahí se pueden ver los campos de maíz…
-Y las casas de los habitantes.
-Y hay monstruos que amenazan su seguridad.
-Y solamente la familia real puede enfrentarse a ellos.
-A eso jugábamos.
-No es un juego.
El chico suspiró, no llevaba la cuenta pero sentía que ese día ya lo había hecho demasiadas veces.
-Star… ¿recuerdas como nos conocimos?
-Claro que si, mis padres me enviaron aquí, a la tierra, para que aprendiera a utilizar mi varita en un lugar seguro, el director te asignó como mi guía y tus papás me recibieron como estudiante de intercambio.
-Estamos en tu departamento Star, nos conocimos el día que tus papás y tú se mudaron aquí.
-Eso no tiene sentido.
-¿Y que digas que eres una princesa mágica de otra dimensión si?
-Por supuesto que si, es la verdad.
-No Star, eso es fantasía.
-Es lo que es Marco.
-Star…
-Escúchame, todo lo que te dije es cierto, soy una princesa mágica de otra dimensión, vine a la tierra para aprender a utilizar mi varita y vivo contigo ¿porqué no me crees?
-Porque ya pasamos por esto Star.
-¿Qué quieres decir?
Un nuevo suspiro.
-¿De verdad no recuerdas nada?
-Recuerdo muchas cosas, pero nada de lo que me cuentas tiene sentido.
-Esto está mal, muy mal.
La joven no había apartado los ojos del rincón pero al escuchar el tonó de su amigo volteó la mirada hacia su rostro y al ver la preocupación en sus ojos la imagen de un Marco mucho mas joven mirándola de la misma manera se sobrepuso durante un instante frente a su amigo.
-Marco… -no supo que decir y se calló.
El chico tampoco dijo nada y el silencio reinó por unos momentos en la estancia, se sentía incomodo.
Sin saber como continuar la conversación Star apartó su atención del joven que no dejaba de mirarla y continuó analizando el lugar donde se encontraban y que por alguna razón le parecía cada vez mas familiar.
Finalmente dio un paso hacia una de las dos puertas que había en el interior de la vivienda y preguntó:
-Este es mi cuarto ¿verdad?
Su amigo asintió así que la chica abrió la puerta y entró sin saber que esperar, dio un paso dentro y se quedó observando atentamente su propia habitación.
Al igual que le había sucedido al entrar al departamento sintió que este hubiera podido ser exactamente la misma alcoba en la que había despertado, no era solo que estas viviendas parecían haber sido construidas en serie, la distribución del mobiliario era prácticamente la misma y aunque los muebles eran completamente diferentes y mucho mas femeninos la sensación general que le despertaba el lugar era de una homogeneidad casi abrumadora.
El cuarto estaba completamente desordenado, sobre la cama con su dosel verde había una pila de ropa compuesta en su mayoría por vestidos y blusas aunque aquí y allá asomaba algún pantalón, el escritorio de madera estaba cubierto de libros abiertos y libretas deshojadas en cuyas páginas se podían distinguir los garabatos y dibujos con los que la chica solía adornar sus cosas, había también una pequeña cómoda y sobre ella un espejo tan grande que desentonaba un poco con el resto de las cosas.
Al ver el espejo una imagen de sus padres vestidos con sus atuendos reales le cruzó por la mente pero fue rápidamente sustituida por otra en que vestían ropa mas típica de este mundo, parpadeó un par de veces y se acercó al cristal donde contempló su propia imagen: la chica que la miraba desde el otro lado del cristal parecía una versión completamente diferente de ella misma lo que acentuaba la continua sensación de desplazamiento y disparidad que la había acompañado desde que despertara, sus ojos normalmente chispeantes se veían apagados, bajo ellos podía apreciar grandes bolsas que la hacían lucir agotada y con muchos años mas de los que realmente tenía, se llevó la mano derecha al rostro viendo como su reflejo la imitaba levantando la izquierda y se tocó la cara sintiendo la suavidad de su piel bajo la yema de los dedos, se pasó la palma por el cabello repentinamente consciente de que no se lo había cepillado y era un desastre de rizos rubios; inexplicablemente sintió vergüenza al pensar que Marco la había estado viendo con esas fachas durante todo este tiempo y se examinó mas atentamente en la superficie reflejante, al analizarse nuevamente se preguntó porque la imagen en el espejo le había parecido tan extraña la primera vez, se veía agotada pero eso era normal considerando los eventos del día anterior, tal vez fuera el llevar la sudadera de su amigo pensó tocando la tela sucia sobre su pecho, fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba mal y por un instante no pudo creer que no lo hubiera notado desde el principio.
-¡Marco!
El chillido aterrado hizo que el chico que la esperaba fuera de la habitación entrara rápidamente preguntando con urgencia.
-¿Qué sucede?
-¡Mis marcas! ¡No están!
-¿Marcas, que marcas?
-¡En mis mejillas Marco! ¡Mis corazones!
-¿Los que te solías pintar cuando jugábamos?
-¡Si! ¡No! -la chica se corrigió, por un momento se había recordado a si misma frente al mismo espejo que adornaba su habitación dibujándose corazones en el rostro.
-¿Qué fue eso? -la voz de su mejor amigo sonaba mas preocupada que nunca.
-No lo se, me siento rara Marco, recuerdo cosas que no debería recordar.
-¿A que te refieres?
-Por ejemplo justo ahora, se que nací con mis marcas, son parte de mi herencia pero a la vez recuerdo pintármelas con un maquillaje viejo de mi mamá.
-Te dibujabas esas marcas cada vez que jugábamos a lo de Mewni.
-Si… eso creo, pero Marco ¿cómo es posible que tenga ambos recuerdos?
-Ya te lo dije Star, tu mente trajo esas memorias de vuelta para protegerse de lo que sucedió ayer.
-Pero se sienten reales.
-Ummm, creo que para el cerebro no hay diferencia.
-¿Entonces son de verdad?
-No, no, lo que quiero decir es que en tu cabeza ambas cosas son reales.
-¿Y porqué no puedo recordar ninguna otra cosa?
-Claro que puedes, solo estás confundida.
-Pero recuerdo nuestra vida juntos.
-Yo también Star.
-Me refiero a nuestra vida juntos.
-¿Viviendo en la misma casa?
-Exacto.
-¿No será una proyección de lo que deseamos?
-¿Eh?
-Si, o sea, nosotros bajo el mismo techo y así.
-¡Marco!
-¿Qué?, no es como si no hubiéramos hablado de eso unas mil veces.
La princesa se sonrojó visiblemente y al verla su amigo soltó una risilla amable.
-Si recuerdas eso ¿verdad?
-Creo… creo que si.
Breves destellos de ambos caminando tomados de la mano pasaron por la mente de la chica junto a fragmentos de alguna conversación: "Será genial tener nuestra propia casa", "vamos a ser muy felices", "te cuidaré por siempre", al mismo tiempo se vio a si misma espalda con espalda junto a su amigo luchando contra las fuerzas del mal.
-Si -dijo confusa- también recuerdo otras cosas.
-¿Qué cosas?
-Nos recuerdo tal como dices, pero también nos recuerdo como te lo he dicho.
-Hmmm, veamos…
Marco hizo una pausa y la chica ladeó la cabeza a la expectativa.
-¿Qué tan importante es tu varita? -preguntó por fin el joven.
-Es el tesoro mas importante de Mewni -la respuesta fue inmediata.
-Y la perdiste.
-Ajá.
-¿Entonces porqué no estás desesperada por encontrarla?
Star parpadeó confusa, era cierto que cada vez que recordaba su varita perdida un sentimiento de urgencia la embargaba así como también era verdad que cada vez que se distraía este se desvanecía y simplemente… olvidaba.
-Yo… No lo se…
-Star…
-Si me dices que es mi mente y el impacto por lo de ayer nuevamente voy a gritar Marco.
El chico se detuvo pues era precisamente lo que iba a repetir.
-¿Porqué dijiste que eres mi caballero?
-Por favor no me recuerdes eso Star.
-Dímelo por favor Marco, necesito saberlo.
El chico nunca había podido resistir los ojos de cachorro que su mejor amiga le dirigía y esta vez no fue ninguna excepción.
-Muy bien -suspiró nuevamente- ¿Recuerdas el día que nos conocimos?
-Ya te dije que si.
-Hablo de como nos conocimos de verdad.
La joven buscó en sus recuerdos y no encontró nada que no debiera estar ahí.
-Recuerdo lo que te conté.
-Esta va a ser una larga mañana ¿verdad?
Star no respondió así que su amigo comenzó su historia.
2
La ciudad de Santa Laguna se había vuelto peligrosa durante los últimos meses así que los vecinos del edificio de departamentos donde Marco vivía con sus padres habían instalado un área de juegos para los niños del condominio en el pequeño patio de uso comunal del que disponían, se había realizado una votación para tras mucho debatir y sin consultar ni una sola vez a los pequeños que finalmente serían los usuarios principales de las amenidades que se estaban planeando se tomó la decisión de poner un cajón de arena, un juego de columpios, un sube y baja y un set de barras donde los infantes pudieran pasar sus ratos libres sin tener que abandonar la relativa seguridad que les brindaba la edificación.
Durante los primeros días que las atracciones estuvieron disponibles todos los niños del inmueble pasaron incontables horas utilizando las amenidades y no era extraño ver a un papá o una mamá que sin nada mejor que hacer se encargaba de vigilar a los hijos de sus vecinos amén de sus propios retoños mientras jugaban encantados con todas las nuevas atracciones; sin embargo no pasó mucho tiempo antes de que los niños se aburrieran de estos juegos al aire libre y se encerraran nuevamente en sus apartamentos a jugar con sus videojuegos o ver programas en la televisión, al disminuir el número de infantes que frecuentaban el área de juego los adultos también dejaron de ir hasta que finalmente el joven Marco Díaz se quedó sólo con los juegos.
Sus padres trabajaban todo el día pues tal como decían: "el país se está yendo al diablo" o "la economía ya no es lo que era" y tal como suele suceder es estos casos era su hijo quien terminaba pagando las consecuencias de estos conceptos que no entendía con largas tardes solitarias y noches donde apenas cruzaba palabra con sus progenitores quienes cansados de sus largas jornadas apenas llegaban al hogar para cenar, darse una ducha y dormir.
Y así todos los días.
Por supuesto Marco también contaba en su casa con las videoconsolas y todos los canales que el dinero podía comprar en la televisión pues sus padres pagaban el servicio mas caro de programación satelital en parte para que su hijo tuviera entretenimiento y en parte para descargar un poco la culpa que les generaba no ser capaces de pasar demasiado tiempo con él, era sólo que el niño prefería pasar su tiempo fuera de su hogar, lejos de las cuatro paredes donde en demasiada ocasiones había escuchado a sus padres discutir por cuestiones que no entendía del todo.
Claro que no siempre pasaba las tardes sin compañía en el área recreativa, había ocasiones en que algún otro niño del edificio bajaba a distraerse un rato y durante unos breves momentos Marco aprovechaba para jugar con alguien mas, sin embargo estas circunstancias se repetían cada vez con menor frecuencia de modo que eventualmente el niño latino prefirió a los demás infantes que utilizaban el parque esporádicamente pues se sentía mas cómodo en su soledad.
Sus padres no sabían -y él no tenía las palabras ni la experiencia para explicarles- que sufría una leve depresión tras la partida de una niña por la que sentía un afecto especial, Jackie Lynn Thomas había sido una de las pocas chicas con las que hablaba en la escuela y por motivos que le eran desconocidos sus padres habían decidido mudarse a algún otro lugar llevándosela con ellos, la separación había sido repentina: una mañana la niña simplemente se acercó a él para despedirse, le explicó de la mejor manera que pudo lo que estaba sucediendo en su propia casa, se dijeron adiós sin mas ceremonia y ahora el chico sentía un agujero dentro que no era capaz de explicar y del que no podía hablar con las personas mas cercanas a él; una vez había tratado de contárselo a su abuelita por teléfono pero la anciana mujer no hablaba su idioma bien del todo y no había entendido lo que su nieto trataba de explicarle dejándolo frustrado además de triste.
Así que esa mañana el pequeño Marco se encontraba balanceándose en uno de los columpios haciendo gestos de desagrado cada vez que la polea sin engrasar chirriaba sonoramente dando a entender que a menos que se le diera servicio de manera inmediata no le quedaba mucho tiempo de servicio; como todos los días había regresado de la escuela solo para encontrar la casa vacía y un plato de comida fría en el refrigerador junto a una nota de su mamá que decía algo en las líneas de:
"Volvemos en la noche,
Te amamos.
Mamá."
Eran las interacciones típicas que solía tener con sus padres y mejoraban solo marginalmente durante los fines de semana, ocasiones que el señor y la señora Díaz dedicaban casi íntegramente a ver las noticias en el sofá de la sala y dormitar por ratos en exactamente el mismo sitio, la principal diferencia entre estos días y lo demás era principalmente la presencia física de sus progenitores y la ocasional conversación que mantenía con ellos y que normalmente iniciaba cuando alguno lo llamaba:
-Marco.
-¿Si, papá?
-¿Cómo te va en la escuela mijo?
-Muy bien papá, saqué un diez en matemáticas.
-Muy bien mijo, hay que estudiar duro para triunfar en la vida.
-Si papá.
Y tras un cariño en que le alborotaba el cabello o un suave apretón en el hombro del muchacho su padre volvía a ver las noticias en la tele o a leerlas en el periódico y el día de Marco continuaba como siempre.
No es que no lo quisieran, nada mas lejos de la realidad pues lo amaban muchísimo, era solamente que sus demandantes trabajos y ajetreados ritmos de vida los mantenían continuamente ocupados y agotados al mismo tiempo; de cualquier manera era la única vida que Marco había conocido y por lo tanto era lo normal para él.
Siendo como era un Lunes había pasado la mañana en la escuela, un lugar que normalmente encontraba agradable pues existía un orden para todo: las clases se impartían dentro de un estricto horario, las materias estaban claramente definidas y diferenciadas unas de otras e inclusive aquellas que se relacionaban entre si eran categorizadas y unificadas entre si, para cada persona existía un lugar dentro de la jerarquía escolar encabezada por el director y que descendía por los prefectos, profesores y el resto personal hasta llegar a los alumnos quienes poseían sus propias categorías no oficiales pero no por ello menos rígidas que las de los adultos.
Sin embargo la semana transcurrida desde la partida de Jackie se había sentido vacía, ya no le alegraba estar sentado en su banca viendo a los maestros tratando de explicar ecuaciones matemáticas a un grupo de jóvenes mas interesados en jugar una partido de futbol durante el recreo que en las intricadas complejidades que se escondían tras los números, le aburría pasar los ratos dedicados al esparcimiento viendo a los demás niños divertirse con un balón y pasaba las horas del almuerzo simplemente picoteando la comida que tenía en su plato, lo peor de todo es que la chica ni siquiera había sido exactamente su amiga, simplemente la veía pasar por los pasillos de la escuela y la saludaba con un cabeceo al que ella respondía haciendo lo propio junto un ocasional guiño y una sonrisa que lo hacía sentirse bien.
Ahora se había ido y Marco deseaba haberle hablado cuando aún tenía la oportunidad, tal vez hacerse su amigo y así ahora tal vez sabría hacia donde se iba y quizá hubiera podido mantener el contacto a través de correos electrónicos o el servicio de mensajería, pero esa oportunidad se había esfumado y seguramente nunca volvería a ver a la niña que lo saludaba todos los días al pasar.
No era raro pues que se balanceara triste y solitario en el columpio avejentado por la acción del sol, la lluvia y la falta de mantenimiento mientras rumiaba ideas y conceptos que a su corta edad no terminaba de entender cuando un grito cercano a su oreja casi lo hizo caer al suelo con la cara por delante, se sostuvo apretando fuertemente las cadenas del balancín y giró la cabeza con la intención de averiguar de donde había provenido el chillido.
Tras él, a algo menos de un metro de distancia se encontraba de pie una niña de aproximadamente su edad, lo primero que le llamó la atención fue el largo cabello que le llegaba hasta la parte posterior de las rodillas y que de algún modo no se veía desaliñado, era del color de la mantequilla y daba la impresión de ser muy suave, tenía los ojos mas azules que el chico hubiera visto nunca y aunque en ese instante no tenía un símil apropiado con el tiempo le diría que eran sus ojos de cielo, en este momento lo miraban directamente acompañados de una gran sonrisa que era amistosa a pesar de estar llena de dientes excepto donde le faltaba un colmillo dejando un gran hueco en su sonrisa que lejos de afearla la hacía parecer muy simpática.
-Hola -repitió la chica pues aparentemente el primero alarido había sido un saludo, y sin darle tiempo al niño de contestar ni a si misma de tomar aliento continuó- Me llamó Star Butterfly y soy una princesa mágica de otra dimensión y estoy aquí para aprender a utilizar mi varita mágica y luchar contra las fuerzas del mal.
Hizo una pausa en su presentación y sin dejar de sonreír le enseñó su varita, por lo que Marco podía ver era una esfera de poliestireno como las que había utilizado para hacer su maqueta del sistema solar un par de meses atrás con un par de alas de foami pegadas a los lados y una estrella del mismo material justo en el centro, la sujetaba por un mango hecho con un tubo de papel de baño, todo estaba forrado con papel de colores y adornado con brillantina haciéndola chispear al sol de la tarde.
-Eh… Hola, yo soy Marco Díaz -el chico se detuvo por un momento y luego agregó pensando en seguirle el juego- caballero de la orden de los jinetes dragón y protector del reino de la tierra.
A pesar de parecer algo imposible la sonrisa de la niña se ensanchó aún mas y tendiéndole la mano libre le dijo:
-Es un honor Marco Díaz de la tierra.
El chico se la estrechó y continuando la farsa hincó una rodilla en tierra e inclinó la cabeza en señal de respeto.
-El honor es todo mío princesa.
El chillido de alegría de la chica le obligó a hacer una mueca pero como continuaba con la cabeza inclinada ella no se percató.
-Marco Díaz, mi presencia en este reino no ha pasado desapercibida a las fuerzas del mal, mientras me encuentre aquí necesito un protector.
El tono de total seriedad con que había pronunciado la oración contrastaba de tal manera que el chico se sorprendió levantando la mirada hacia los ojos azules de bebé, la expresión en ellos era solemne y Marco respondió sin quererlo con la dignidad que parecían exigirle.
-Princesa, si me lo permite, yo seré su guardián.
La chica asintió y majestuosamente, como si su varita fuera un instrumento de gran importancia y no el pastiche de mercería que en realidad era le tocó el hombro.
-Aceptó agradecida tu servicio, a partir de hoy serás Marco Díaz, capitán de la guardia real de Mewni y mi caballero juramentado. Levántate Sir Marco.
Por un momento antes de ponerse de pie el niño se sintió extraño, como si todo el ritual que acababan de representar fuera real y acabara de aceptar una responsabilidad demasiado grande a la que ahora tendría que responder durante el resto de su vida pero para cuando estuvo de nuevo sobre sus dos pies la sensación había desaparecido sustituida por la emoción de estar haciendo una nueva amiga y con una sonrisa le preguntó cambiando el tema completamente.
-¿Quieres jugar?
La sonrisa de la niña volvió mas grande que nunca al responder.
-¡Claro que si!
Y a los pocos minutos volaba montada en el columpio mientras Marco la empujaba.
-¡Mas fuerte! -gritaba la chica y él la complacía imprimiendo mas brío cada vez hasta que su nueva amiga parecía sostenerse paralela al suelo por un momento antes de que la gravedad la hiciera bajar de nuevo entre carcajadas de emoción y alegría.
-¡Mira esto! -le gritó la niña repentinamente al sentir el impulso que el chico le daba en la espalda y al alcanzar el punto mas alto de la oscilación soltó las cadenas y aprovechó el impulso para elevarse por los aires.
Durante un segundo pareció como si la pequeña niña realmente pudiera volar, el largo cabello ondeó al viento y por un instante a Marco le pareció que se veía como las alas extendidas de una gigantesca mariposa.
El momento pasó y obedeciendo a las inmutables leyes de la física la chica que se llamaba princesa a si misma comenzó el rápido e inevitable descenso hacia el suelo donde trató de aterrizar graciosamente solo para trastabillar y caer de bruces emitiendo un ahogado gemido de dolor al golpear el piso, al ver esto el chico corrió rápidamente hacia ella con la intención de ayudarla a ponerse en pie pero al llegar a su lado se dio cuenta de que no iba a ser posible pues una larga y fea herida adornaba ahora su pierna justo por debajo de la rodilla.
-¿Estás bien? -se sintió estúpido al preguntar pero no sabía que mas decir, su nueva amiga sorbió ruidosamente por la nariz y asintió como respuesta.
-Creo que deberíamos llevarte a casa -miró nuevamente la herida y tomó una decisión, se puso en cuclillas a su lado y le indicó que se subiera a su espalda.
Con ayuda del chico la niña se le montó trabajosamente, tuvieron que hacer un par de intentos antes de que consiguieran mantener el equilibrio juntos, en la primera ocasión estuvieron a punto de caerse juntos pues al darse cuenta de que le estaba dejando la ropa perdida con la sangre que le manaba de la rodilla la princesa se soltó y Marco tuvo que hacer milagros de balanceo para evitar que azotaran con sus huesos contra el piso y no fue hasta que apretó el mismo las piernas de Star contra su cuerpo indicándole así que no le importaba que lo manchara que la niña se relajó un poco y abrazándose a su cuello le permitió llevarla sin mas complicaciones.
Marco por su parte se sentía extraño, sabía que su mamá le iba a regañar durante días por el estado en que estaba quedando su ropa y eso lo mortificaba un poco, también se sentía algo culpable por el accidente que había sufrido su nueva amiga, por otro lado le agradaba sentir el peso de la niña a su espalda, el contacto físico no era algo a lo que estuviera demasiado acostumbrado y en esta ocasión a pesar de todo no le estaba pareciendo nada desagradable, pero lo que lo maravillaba por encima de todo era la rapidez con que la confianza mutua se había establecido entre ellos, aún a su corta edad el niño se daba cuenta de forma inconsciente de que era raro que dos personas congeniaran de una manera tan natural.
-Es necesario llevarla a casa princesa, si fuera tan amable de indicarme el camino.
No planeaba continuar con la charada del caballero, las palabras simplemente salieron así de sus labios pero supo inmediatamente que había sido lo correcto pues la niña adoptó su papel de princesa guiándolo en la forma mas regia de que era capaz y de alguna manera eso pareció ayudarle a combatir el dolor.
Siguiendo las instrucciones de la chica no tardaron en cruzar el portón del edificio, el ascensor tenía un par de meses descompuesto así tuvieron que utilizar las escaleras, la niña contó cuidadosamente los pisos que pasaban repitiendo suavemente y sin cesar el número hasta que llegaban al siguiente.
"Uno, unounounouno"
"Dos, dosdosdosdos"
Y así hasta que llegaron a la quinta planta.
-Es aquí -le indicó.
-Que casualidad, yo también vivo en este piso.
Star asintió como si eso no le sorprendiera en lo mas mínimo y empezó un nuevo conteo esta vez de los departamentos, se detuvo al llegar al cuatro.
-¿Es aquí? -sin darse cuneta utilizó las mismas palabras que la chica.
-Si -la niña hizo amago de bajar al piso pero Marco no se lo permitió.
-Te puedes lastimar -le dijo mientras tocaba suavemente a la puerta con los nudillos.
Su nueva amiga no respondió así se quedaron en silencio unos instantes esperando a que les atendieran, tras unos momentos el chico alzó la mano para llamar nuevamente y se quedó con el puño arriba cuando la puerta se abrió de par en par dejando ver a una mujer de considerable estatura de pie ante la entrada de la vivienda.
-¡Star! -exclamó al verla - ¡¿Qué pasó?!
-Hola mamá -saludó la chica tímidamente desde la espalda del chico y juntos comenzaron una explicación sobre lo que había sucedido pero fueron interrumpidos por su madre.
-Esperen, será mejor que pasen -y luego dirigiéndose al niño desconocido que cargaba con su hija- no creo conocerte.
-Mucho gusto señora, soy Marco Díaz, su vecino de enfrente.
-Es mi caballero -añadió Star haciendo que la mujer alzara una ceja interrogativa aunque finalmente decidió no preguntar.
-Pasa Marco, por favor acuesta a Star en su cama -le señaló cual era la habitación de la niña y cerró la puerta tras ellos.
La estancia que servía como sala y comedor se encontraba llena de cajas sin abrir, no había cortinas en las ventanas ni muebles de ningún tipo exceptuando un viejo refrigerador que emitía un suave ronroneo.
-¿Se acaban de mudar?
-Así es -le abrió la puerta al cuarto de Star y esperó a que la depositara en la cama donde comenzó a atender la herida de su hija- ahora ¿se puede saber que ocurrió?
-Bueno -inició Marco- estábamos jugando en los columpios…
-Mamá, fue mi culpa -interrumpió la niña- pensé que podía caer de pie pero me tropecé.
-¿Eh?
-Yo la estaba empujando.
-Y yo salté.
-Y se cayó.
-Y me hice esto -señaló su pierna- creo que me golpeé con una piedra.
-Creo que debería ir a un hospital a que la atiendan, había mucha sangre.
-¡Pero ya estoy bien!
-Te tienen que coser esa herida Star - su madre estuvo de acuerdo con el chico- si no te quedará una cicatriz muy fea.
La niña hizo un puchero y por un momento pareció que iba protestar nuevamente en vez de eso le dirigió una larga mirada a su nuevo amigo y asintió a regañadientes.
-Está bien.
La mujer parpadeó sorprendida pues no era propio de su hija aceptar ninguna de sus ideas así como así, siguió la mirada de la chica y sonrío disimuladamente para que ninguno de los niños la viera.
-Muy bien, será mejor que nos vayamos.
-Mamá, ¿puede venir Marco?
-No querida, el hospital no es sitio para niños.
-Pero yo voy a ir.
-Pero tú lo necesitas.
-Si Marco no va yo tampoco quiero.
-Star…
-Disculpe -la voz del niño sonó muy pequeña y tímida- si Star quiere que las acompañe por mi no hay problema.
-Tendría que hablar con tus padres y francamente ya perdimos mucho tiempo aquí Marco.
-Mis papás no están en casa, trabajan todo el día y aún faltan varias horas para que vuelvan.
-Eso es peor, imagina lo que pasaría si regresan y aún no hemos vuelto.
El chico imaginó que seguramente no notarían su ausencia pero se abstuvo de externar tales pensamientos, en vez de eso tomó la mano de la chica entre las suyas.
-No te preocupes Star, estaré aquí cuando vuelvas.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo.
La niña asintió.
-Muy bien -dijo decidida- vámonos mamá.
La mujer salió de la habitación para realizar los preparativos necesarios, tomó las llaves de su vehículo y las guardó en una bolsa de mano junto a su cartera e identificaciones, una vez que estuvo segura de llevar todo lo que podrían necesitar se dispuso a regresar por su hija con la intención de cargarla hasta la camioneta estacionada en el aparcamiento del edificio pero al entrar nuevamente al cuarto se encontró con la chica ya de pie con un brazo alrededor de los hombros del chico mientras este la ceñía por la cintura ayudándole a soportar su peso.
Sonrío de nuevo, esta vez abiertamente y dejó que los jóvenes caminaran juntos hasta la camioneta donde Marco sostuvo a su amiga hasta que esta logró subir al asiento trasero y acomodarse, antes de abordar ella misma el vehículo se dirigió al chico.
-Gracias por cuidar de mi hija Marco, te avisaré cuando volvamos.
-No hay de que señora, además creo que fue mi culpa que se lastimara.
-No fue tu culpa, ella es así -por un instante pareció que iba a agregar algo mas aunque finalmente se detuvo- En fin, será mejor que nos pongamos en camino, gracias de nuevo.
Encendió la camioneta y se alejó conduciendo en dirección a la clínica mientras el chico las despedía agitando la mano.
3
-Estabas ahí cuando volvimos.
-Lo prometí ¿recuerdas?
Esta vez las memorias vinieron a ella sin ningún esfuerzo, recordaba la visita al hospital, el haber llorado asustada antes de que le inyectaran un poco de anestesia local, la fascinación que le había producido la extraña sensación de la aguja y el hilo penetrando en su piel mientras la cerraban la herida.
Se acordaba también del camino de vuelta a casa, había estado adormilada y cabeceando durante todo el trayecto agotada por los acontecimientos del día, ni siquiera se percató del momento en que su madre estacionó y detuvo el vehículo hasta que la sacudió suavemente por el hombro.
-Ya llegamos querida.
Había bajado de la camioneta con desgana, lista para irse a acostar y esperar a que terminara el día cuando la voz de Marco la despertó de golpe.
-¿Todo bien Star?
-¿Marco? -su mamá sonaba tan sorprendida como ella- ¿Nos estabas esperando?
-Bueno, le prometí a Star que estaría aquí cuando regresaran, subí un rato a mi casa pero...
Interrumpió lo que estaba diciendo pues la chica ya cojeaba en dirección a su amigo quien rápida y torpemente le ayudó a sostenerse para evitar que apoyara su peso en la pierna lastimada, al verlos la mujer les sonrío amablemente e invitó al niño a hacerles compañía.
-Mientras llegan tus padres.
-¡Claro que si! -el alegre chillido de la niña les perforó los tímpanos- ¡vamos Marco!
Los niños encabezaron la marcha por las escaleras con la mujer unos pocos pasos tras ellos cuidando que no se fueran a caer, la precaución resultó innecesaria y pronto estuvieron en la habitación de Star donde la chica sacó un gran libro para mostrársela a su nuevo amigo quien lo tomó con gran cuidado entre sus manos y lo examinó detenidamente.
El libro era enorme, tan grande que tenía que sostenerlo con ambas manos y era claro que al igual que la varita lo había fabricado ella misma, las pastas estaban hechas de cartón forrado con papel de colores y adornadas con joyas de plástico, las páginas interiores eran de cartulina y papel rota folio para adecuarse al tamaño y el contenido estaba escrito con una combinación de crayolas y lápices de colores.
-Es muy bonito Star -el tono inseguro de Marco le pasó completamente desapercibido a la niña.
-Es mi libro de hechizos -lo dijo con una sonrisa de orgullo.
-¿Lo hiciste tú misma?
-Si -la sonrisa se tambaleó un momento en sus labios apagando un poco su expresión- el de verdad se perdió cuando llegamos a la tierra.
-Ya veo -el chico decidió continuar con el juego de la princesa y el caballero- supongo que salieron huyendo de tu mundo, de Meni.
-Mewni -le corrigió Star con su sonrisa ahora renovada- y si, las fuerzas del mal nos tenían arrinconados y tuvimos que escapar.
-¿Pero no es peligroso dejar el libro atrás? -Marco se metió en su papel dentro del juego- Es obvio que es peligroso.
-Si lo es -el tono de la niña se volvió confidencial- en el original están todos los hechizos que se han desarrollado.
-¡Oh no! ¿y si cae en malas manos?
-No hay problema -sacó la varita ligeramente aplastada por la caída de la pequeña bolsa que llevaba colgada- sin mi varita no pueden utilizarlo.
-Eso es un alivio, pero sin el libro ¿Cómo puedes usar tu varita?
-No puedo, no conozco ningún hechizo.
-¿Qué hay aquí entonces? -el chico aún sostenía el tomo entre las manos y lo alzó un poco para enfatizar su pregunta.
-Oh, ahí escribo lo que se sobre la historia de mi familia.
-Ya veo -y continuó casi sin reflexionar- bueno princesa, como su caballero juro que recuperaremos su libro.
-O moriremos en el intento – completó ella con una sonrisa tan enorme que parecía iluminar la habitación.
El niño no pudo evitar responder con su propia sonrisa, ella soltó una risilla y estaban carcajeando juntos sin mas razón que la de estar felices cuando la mamá de Star entró a la habitación con una bandeja en las manos.
-Les traje leche y galletas -la mujer los miró reír y contagiada por el buen humor de los niños les preguntó sonriendo- ¿que sucede?
-No es nada mamá -Star se secó una lagrimilla del ojo derecho, luego vio la bandeja- ¿Esas son chispas?
-¿Chispas? -Marco ladeó la cabeza.
-Chispas de chocolate, mamá las pone unos minutos en el horno y quedan deliciosas.
-Aquí se las dejo -puso la bandeja en la mesilla al lado de la cama- Star, cuando terminen haz el favor de acostarte.
-Pero ya estoy bien mamá.
-Star…
-Tu mamá tiene razón Star, tienes que descansar para que te cures pronto.
La chica miró alternativamente a su madre y a su nuevo amigo quienes la observaron a su vez hasta que se dio por vencida.
-Está bien, pero aún no tengo sueño.
-No importa, con que te acuestes está bien.
-¡Perfecto! -gritó la niña para acto seguido tomar un puñado de galletas y atascarse la boca con ella, su madre solo suspiró profundamente y se dirigió al chico.
-Marco, puedes quedarte cuanto quieras.
-Gracias señora -tomó una galleta y la sumergió brevemente en el vaso de leche- sólo hasta que lleguen mis papás.
-Claro que si hijo -se despidió la mujer- bueno, los dejo para que sigan con lo que estaban haciendo.
Entre crunchs y glugs de masticaciones y sorbetes los alimentos no duraron demasiado y tal como había prometido aunque un poco a regañadientes Star se metió entre las cobijas para acostarse, se removió un poco hasta que encontró una posición cómoda y pese a sus declaraciones anteriores no tardó en empezar a bostezar.
-¿Marco?
-Dime Star.
La niña le tomó la mano.
-Gracias.
-¿Porqué?
Pero no hubo respuesta mas allá de los suaves ronquidos de la chica que se hacía llamar princesa.
-Te quedaste conmigo hasta que me quedé dormida -Star volvió de la ensoñación sin saber como podía recordar todas esas cosas que nunca le habían sucedido.
-Ajá.
-Gracias -repitió años después.
El chico le dio un suave apretón en la mano y le sonrió cariñosamente.
-Pero Marco… nunca he tenido ninguna cicatriz.
-Claro que si Star, justo ahí -le señaló el lugar en su pierna y ella siguió el gesto bajando la mirada.
Ahí estaba, una fina cicatriz de unos cinco centímetros de largo que se detenía justo debajo de su rodilla derecha, el trabajo de la enfermera que la había cosido era tan bueno que apenas si se distinguía aún buscándola.
-Eso no estaba ahí hace un minuto.
-Star, tienes esa cicatriz desde el día en que nos conocimos.
-Si pero…
-¿Pero?
-Marco ¿porqué recuerdo todas esas cosas?
-Es tu vida Star, nuestra vida.
-Pero mis recuerdos…
-Sólo están tu mente.
-Se sienten reales.
-Así funciona.
-Siento como si hubiera dos yo dentro de mi cabeza, me estoy volviendo loca.
El rostro del joven se ensombreció y en un brusco movimiento apretó a la chica entre sus brazos.
-Star, no estás loca -le dijo fieramente- te lo prometo.
-Marco, me lastimas.
El chico relajó inmediatamente la presión pero no la soltó.
-Lo siento -el tono era sincero, luego repitió- no estás loca.
-Solo era una expresión.
-Lo se, lo siento.
La chica envolvió a su amigo entre sus brazos, a pesar de estar acostumbrada a sus frecuentes abrazos al sentir como el chico la apretaba nuevamente entre los suyos, suavemente esta vez, su corazón se aceleró y sintió como su cuerpo se volvía mas sensible a su contacto, su respiración se aceleró ligeramente.
-Marco, tengo miedo.
El joven se separó brevemente y ella extrañó inmediatamente la presión del cuerpo contra el suyo, sin embargo la mano derecha de su amigo subió lentamente por su espalda enviando pequeñas descargas eléctricas a lo largo de su columna vertebral hasta finalmente rozarle el hombro y acunar tiernamente su mejilla izquierda mientras apoyaba la frente en la de la chica y la miraba intensamente, se vio reflejada en sus ojos marrones y se perdió en ellos, podía sentir como sus respiraciones se mezclaban mientras el latido de sus corazones se acompasaba, el instante pareció alargarse dulcemente hasta que él habló .
-No tengas miedo Star, no hay nada que no podamos superar si estamos juntos.
La chica asintió empujando ligeramente la frente de su amigo y el momento pasó, ambos soltaron una risilla cómplice aún mirándose a los ojos.
-Gracias Marco -dijo una vez más- de verdad eres mi caballero.
-No digas eso -respondió él, pero lejos de molestarse le guiñó el ojo.
Rieron nuevamente y fue entonces que la puerta se abrió de golpe y los papás de la chica entraron en la habitación.
4
-¡Hija! -el hombre obeso y achaparrado se abalanzó sobre los jóvenes envolviendo a ambos en un fuerte abrazo -¿estás bien?
A pesar de reconocer a su padre en esta persona la chica no pudo evitar sentirse incómoda al sentir los flácidos brazos que la rodeaban pues su papá era la persona mas fuerte que conocía.
-Estoy bien -dijo y se detuvo sin saber como continuar hasta que un detalle llamó su atención- papá, ¿que le sucedió a tu barba?
Mientras el hombre se acariciaba la barbilla perfectamente afeitada Marco notó la mirada interrogativa que la madre de su mejor amiga le dirigía e inmediatamente supo que estaban en problemas aún así hizo acopio de todo el aplomo del que disponía y poniendo su mejor cara trató de sortear la tempestad que preveía.
-Señores Butterfly, pensé que estaban fuera de la ciudad.
-Lo estábamos Marco -aunque el tono era amistoso y familiar había acero bajo la voz de la mujer- hasta nos llamaron de su escuela para decirnos que Star y tú no se habían presentado desde ayer.
Era cierto, la mañana anterior había tocado la puerta del apartamento de la chica para, como todos los días, tomar juntos el autobús a la secundaria; al no recibir respuesta se introdujo en la vivienda, aunque sabía que los padres de la muchacha no estaban no esperaba que ella también se encontrara ausente así que había pasado el resto del día buscándola por todas partes.
-Si, verá -los nervios del chico resultaban evidentes para la mujer- lo que sucedió es que…
-Marco, sin mentiras por favor.
El joven tragó saliva sin saber que decir, odiaba decir mentiras pero sabía que si lo papás de su amiga se enteraban de lo que estaba sucediendo -y estaba seguro de que ya tenían sus sospechas- las consecuencias podían ser catastróficas, tenía que hacer algo para evitarlo o al menos ganar algo de tiempo hasta que se le ocurriera un plan.
Por supuesto Star no sabía nada de esto y con su increíble habilidad para convertir todo en un caos dijo:
-Lo que pasó fue que perdí mi varita.
Marco trató de llamar la atención de la chica con pequeños gestos en un intento desesperado para evitar el desastre y aunque la mujer se dio cuenta su hija no se percató de nada.
-¿Qué? -dijo su padre- Star, Marco ¿Qué sucedió ayer?
La joven procedió a relatarles todos los sucesos acaecidos durante las últimas veinticuatro horas, desde su confuso despertar en la playa hasta el momento en que sus padres habían entrado en la habitación, por supuesto se cuidó de omitir los detalles mas íntimos entre ella y su amigo pero con esas contadas excepciones no dejó nada fuera de su historia.
Hacia la mitad de su narración se percató del gesto derrotado del chico y se dio cuenta de que algo dentro de ella, una voz interior le rogaba primero y prácticamente gritaba después que se detuviera e inventara una excusa, una mentira, lo que fuera pero que dejara de contarles a sus padres todo lo referente a la magia y otros mundos pero ya era demasiado tarde.
Cuando finalizó la historia un pesado silencio cayó sobre la habitación y pudo apreciar las expresiones en los rostros de su familia: Marco se veía temeroso y en sus ojos había preocupación, su padre tenía un gesto confusión y no paraba de acariciarse el mentón desnudo donde ella sabía que debería estar su frondosa barba rubia y su madre…
Su madre estaba furiosa, lo sabía porque aunque la expresión en su cara era de calma los ojos le relampagueaban y podía ver como apretaba la mandíbula hasta que casi le parecía escuchar como el esmalte de los dientes se resquebrajaba bajo la presión.
-Marco -su voz cortaba como una navaja de hielo y el chico se encogió ante la furibunda mirada- vete a casa, ya hablaremos después.
-Pero -dijo el joven y Star no pudo sino admirar el coraje de su amigo- señora…
-Vete. A. Casa. -cada palabra restalló como un látigo y Marco dio un paso atrás como si realmente lo hubiera golpeado.
-Ve Marco -Star tuvo que interrumpir, le partía el corazón ver así al joven- todo está bien.
-No Star -la respuesta de su amigo la asustó- nada está bien.
-Querido -esta vez se dirigía a su esposo ignorando a los jóvenes y el hombre estuvo a punto de imitar al novio de su hija y retroceder un paso- pásame el teléfono y enciende el automóvil.
-Si querida -se apresuró a contestar el padre de Star- ¿A dónde vamos?
La mujer soltó un largo suspiro y cerró los ojos, cuando los volvió a abrir la furia se había ido sustituida por una tristeza infinita.
-Vamos a Santa Olga.
