Capítulo Séptimo
"ACONTECIMIENTOS INESPERADOS"
Aquel beso fue un impulso, un acto completamente fuera de mi control, fue como un sueño hecho realidad, la culminación de todas mis fantasías y la confirmación de mis sentimientos por ella, hasta ese momento no había querido darles un nombre, por lealtad a mi señor y tal vez también por miedo, miedo al rechazo, miedo al destino mismo. Pero… aquella vez ella correspondió mi beso, me encontraba completamente sorprendido y extasiado, su aroma, su sabor, el suave roce de sus labios contra los míos, fue un beso algo tímido pero cargado de mis sentimientos por aquella muchacha. Me sentí completamente feliz pero a la vez algo de temor se alojó en mi interior pues por un momento sentí que algo malo sucedería, tal y como siento en estos momentos, un extraño e intenso presentimiento de que algo muy malo esta por suceder ¿Pero que puede ser? Nosgoth está completamente bajo nuestro dominio y ya no quedan humanos que se atrevan a hacernos frente, no existen disputas entre los clanes, cada uno tiene su respectivo territorio… y sé que Christine esta junto a mi esperando, como yo, a que este sueño de evolución finalice. Tal vez mi mal presentimiento se deba a eso… este sueño de evolución se está haciendo muy largo y ya estoy un poco paranoico y más que ansioso por volver, porque ¿Qué fatalidad podría sucedernos cuando nos encontramos en el apogeo de nuestro imperio?
La chica se aparto de él temblando ligeramente, estaba confundida, sorprendida e incluso un poco emocionada, su corazón latía más rápido que nunca, una parte de ella no quería que aquel beso terminara… su primer beso, ni tampoco que el vampiro se alejara de ella, se sentía realmente segura entre sus brazos, le hacía evocar imágenes de hace muchos años… ¿O acaso era un sueño? No estaba segura lo único que sabía era que se sentía muy cómoda junto a él. Sin embargo era peligroso que estuvieran mucho tiempo ahí, alguien podría verlos, además faltaban solo unas pocas horas para el amanecer, ella debía volver a sus aposentos y él a donde fuera que se refugiase de los rayos del sol. Al finalizar el beso él simplemente se alejó de ella caminando silenciosamente hasta desaparecer por el mismo lugar que llegaron.
Christine hizo lo mismo que el vampiro yendo rápidamente hacia su habitación rogando volver a verlo pronto. Caminaba sigilosamente por los oscuros pasillos del lugar, todo estaba en el más completo de los silencios pues a esa hora todos dormían aun, de pronto al doblar por uno de los pasillos escuchó voces, parecía ser Allan y se oía muy molesto, no iba solo y cada vez se acercaba más a ella, ya casi podía oírlo a la vuelta del pasillo donde ella se encontraba, no sabía qué hacer, hasta que repentinamente una de las puertas se abrió y sintió como alguien la tomaba por el brazo y la jalaba hacia el interior de la habitación mientras le cubría la boca.
La habitación solo era iluminada por los pálidos rayos de luz de la luna que se colaban por una de las ventanas, Christine estaba un poco nerviosa y ya tenía la mano puesta sobre la empuñadura de su espada dispuesta a defenderse en cualquier momento pues no tenía idea de quién era la otra persona, sin embargo al ver unos ojos de color claro que la observaban con una extraña expresión, pudo darse cuenta de quién era y logró tranquilizarse un poco.
- Néstor, me asustaste… ¿Qué estás haciendo levantado a estas horas? – le pregunta la chica en voz baja y un tanto preocupada pues él aun no se recuperaba completamente de sus heridas.
- ¡Eso debería preguntárselo yo a usted! – le dice seriamente el joven mirándola con una chispa de molestia en sus ojos grises y manteniendo un tono de voz bajo.
- Bueno yo… – piensa un poco en que decir –… Iba por un vaso de agua a la cocina… y me perdí – le responde inocentemente.
- ¿Vestida así y armada con su espada? Mejor deme otra respuesta porque yo no soy tan idiota – le responde Néstor quien ya podía imaginarse lo que había hecho su señora esta vez.
- Bueno yo… solo… estaba un poco aburrida así que… salí a dar un paseo – dice finalmente la muchacha quien no quería que Néstor supiera que sus intenciones eran ver de nuevo al vampiro.
- ¡¿A dar un paseo?! – casi grito el joven – ¿Sola y de noche? – dice el joven quien se encuentra al borde de la crisis nerviosa.
- No estaba sola, lleve mi espada – trata de defenderse ella.
- ¿Sola y de noche? – vuelve a repetir él ignorando completamente el intento de defensa de la chica - ¡¿Acaso no sabe la clase de peligros con los que se puede encontrar?! – la regaña… definitivamente cualquier día de estos Christine lo terminaría matando de un susto, ella no dijo palabra alguna… a estas alturas estaban de más, y solo se llevo una mano a la cabeza pues la herida aun dolía un poco, por suerte ya no sangraba, si definitivamente conocía muy bien la clase de peligros que había.
- ¿Le sucede algo? – pregunta al ver el movimiento de la chica.
- No… no es nada, solo estoy un poco cansada – responde ella acomodándose un poco el cabello y la capucha para que él no notara su herida.
- Bueno… lo importante es que usted está bien – dice el joven un poco más calmado, sin embargo aun parecía preocupado por algo más – Ahora debe volver a su habitación, Lord Allan está despierto y ya lleva varias horas rondando la Ciudadela y recorriendo la mansión, al parecer le dieron el aviso de que han visto a alguien sospechoso – le informa finalmente el pelirrojo. Pasan varios minutos y cuando están seguros de no oír a nadie cerca deciden salir para poder llegar a la habitación de Christine, recorrieron los últimos pasillos rápidamente, hasta que por fin llegaron.
- Ahora que sé que está segura yo volveré a mi habitación también – le dice Néstor.
- ¿Qué harás si alguien te ve rondando? – pregunta Christine un poco preocupada.
- Solo les diré que fui por un poco de agua a la cocina y me perdí – responde sonriéndole mientras se aleja tranquilamente por el pasillo.
Christine entró a su habitación y rápidamente se cambió las ropas para meterse a la cama, estaba muy cansada y adolorida por su enfrentamiento con los dumahim, pero se sentía feliz de haberse encontrado con Raziel, llevo sus dedos hasta sus labios para rozarlos mientras su mente se perdía en el recuerdo de aquel beso y así con sus pensamientos enfocados en el joven vampiro y en aquel cálido beso se quedó profundamente dormida.
***
Salió sigilosamente de la ciudad, aun no podía creer que la había besado y mucho menos el que ella le había correspondido, parecía tratarse de un sueño pero no… era completamente real, aun podía sentir la calidez de sus labios y la delicadeza de su cuerpo. Pronto amanecería y se encontraba muy lejos de los pilares así que decidió que lo mejor sería refugiarse en los alrededores, había muchas cuevas en ese sector por lo que no sería difícil encontrar un buen lugar donde poder pasar el día, rogaba porque anocheciera pronto para poder volver a verla, pero… ¿Estaba bien lo que hacía? Kain le había ordenado protegerla pero sin tener contacto con ella, y no solo había sido visto por la joven sino que la había besado y acordado verla nuevamente. Las cosas parecían estar comenzando a salirse de su control, se estaba dejando llevar por sus sentimientos y eso le provocaba un terrible cargo de consciencia pues estaba convencido de que con esto traicionaba a su señor y la confianza que había puesto en él. Pero… él la amaba y era posible que algún día ella llegara a corresponder esos sentimientos ¿Sería capaz su señor de entender eso?
***
Era sostenida por unos fuertes y gentiles brazos, ella no era más que una niña, estaba muy cansada, no podía mantener los ojos abiertos pero se sentía segura en aquellos brazos, ¿Quién era? No podía verlo… haciendo un gran esfuerzo logró abrir un poco sus ojos pero todo estaba demasiado borroso, apenas si logró distinguir un par de fríos ojos dorados y finos cabellos negros, un poco más lejos pudo ver otra figura… no sabía de quien se trataba ya que le daba la espalda, pero pudo notar largo cabello blanco y una capa roja… llevaba a alguien más entre sus brazos… ¿Quiénes eran? Sus ojos pesaban mucho y volvieron a cerrarse, tal vez jamás lo sabría… aunque…
Despertó un poco sobresaltada, hace mucho tiempo que no tenía aquel sueño, el cual se había vuelto recurrente luego de la muerte de su madre hace ya siete años. Había comenzado luego de que fue raptada, nunca supo cómo o quien la salvo y su padre jamás quiso decírselo. Aun era temprano y tenía demasiado sueño, además cada vez faltaba menos para su boda y eso la ponía muy triste, pero decidió levantarse para que así no sospecharan de ella, se vistió lentamente y acomodó su cabello para que la herida no se notara luego salió de su habitación, pero notó algo extraño esa mañana, parecía que los soldados de la Ciudadela se preparaban para salir, de pronto alguien la llamó, un joven alto de cabello castaño y ojos color miel, ella lo reconoció inmediatamente, se trataba de Edward, el Capitán de la guardia de Allan y su mano derecha.
- Si, ¿Que sucede? – pregunta la muchacha.
- Es Lord Allan… él desea hablar con usted mi Lady – le informa el capitán, guiándola hacia donde se encontraba su prometido.
Caminaron por varios pasillos hasta que finalmente Edward se detuvo frente a una gran puerta, la abrió pidiéndole a la chica que entrara con él, era una habitación inmensa, aun mas grande que la suya y justo en el centro se encontraba Allan terminando de ajustar la parte de su armadura que protegía su brazo, al finalizar se giro hacia los jóvenes que acababan de entrar y luego de mirar detenidamente a Christine por unos momentos, comienza a acercarse a ella, la armadura lo hacía ver aun más imponente y la joven se sintió más pequeña que nunca cuando la alta figura llego junto a ella.
- Tenemos que hablar seriamente – dice Allan mientras toma delicadamente una de las manos de la chica.
- ¿A… acaso sucedió algo malo? – pregunta ella un tanto nerviosa, ya podía imaginarse que hubiesen descubierto su paseo de la noche anterior.
- Así es – responde él, llevando su mirada desde la chica hasta Edward.
- Con su permiso, yo me retiro – dice el joven capitán dejando la habitación.
- ¿Qué fue lo que pasó? – vuelve a preguntar ella, tratando de que no se notara su nerviosismo.
- Un poblado cercano a Willendorf ha estado bajo ataques de los vampiros estos últimos días… – dice el hombre dirigiéndose al ventanal – Y solicitaron nuestra ayuda – hace una pequeña pausa, que para Christine parece eterna – Así que lamentablemente tendremos que retrasar nuestra boda por algunas semanas más, pues partimos a medio día – concluye él.
- ¿Co… cómo? – la noticia la tomó por sorpresa.
- Sé que debe ser una gran decepción para ti… pero debes entender que no podemos dejar que esos animales sigan arrasando con nuestras ciudades – dice el acariciando su rostro suavemente.
- No se preocupe por mí – dice ella un poco más repuesta – Se perfectamente que en estos momentos la prioridad es proteger aquella villa – responde ella sintiendo como su corazón estaba a punto de saltar de su pecho por la felicidad. Allan lleva su mano hasta el cabello de la chica quien no puede reprimir un gesto de dolor al sentir como roza el sector donde está la herida.
- ¿Qué te sucedió? – pregunta Allan un poco preocupado apartando el cabello de la muchacha para ver parte del golpe, mientras Christine pasa de la felicidad a sentir como si su alma se escapara de su cuerpo, pero rápidamente piensa en una respuesta.
- Anoche… la puerta de mi armario se trabó y… me golpeé con ella tratando de abrirla – responde rogando a que le crea, él la mira con una expresión completamente vacía.
- A… bueno… trata de tener más cuidado para la próxima – le dice él mirándola con infinita paciencia.
- Lo tendré – responde Christine con una sonrisa – Ahora si me permite, iré a ver como amaneció Néstor – dice ella retirándose de la habitación.
- Así que la puerta del armario… – dice él mientras observa detenidamente la puerta por la que acaba de salir la muchacha, su mirada ahora era completamente intimidante.
- Uff, parece que no sospecho nada – dice la chica recargándose momentáneamente en la puerta, por un momento pensó que sería descubierta pero tuvo suerte, se dirigió rápidamente hacia la habitación de Néstor, aun se encontraba un poco nerviosa, pero muy feliz por la noticia que acababa de escuchar, su maldita boda se retrasaría un poco más.
Llegó hasta la habitación de Néstor y entró tratando de no hacer mucho ruido pues esperaba que aun estuviera dormido, todo estaba en penumbras pero pudo darse cuenta que el joven no estaba en su cama, lo busco con la mirada hasta que lo encontró dormido en el gran sillón frente a la ventana, se dirigió hacia él para hacer que volviera a la cama pues en su estado actual no era bueno que durmiera así. Al estar a solo unos pasos de él pudo notar que su sueño no era para nada tranquilo, su respiración era irregular, tenía los puños fuertemente cerrados y el ceño fruncido, temblaba ligeramente y murmuraba algo que ella no alcanzaba a entender, así que se acercó un poco más para escuchar con claridad.
- Maldito seas… algún día te mataré… algún día… me vengaré… – decía el joven una y otra vez a cada momento más inquieto, Christine se preocupó así que consideró que lo mejor sería despertarlo y comenzó a remecerlo levemente. Néstor reaccionó inmediatamente al contacto sujetando fuertemente la mano de la chica, sus ojos estaban inundados de lágrimas pero su expresión era muy agresiva y su mirada cargada de infinito odio, Christine se atemorizó un poco, era primera vez que lo veía así.
- Néstor, suéltame me haces daño – dijo la chica pues la presión que hacia Néstor en su mano era muy fuerte y dolorosa, al escuchar sus palabras él pareció reaccionar y la soltó inmediatamente.
- Lady Christine, por favor perdóneme – se disculpa él, su mirada había cambiado completamente volviendo a ser tranquila pero esta vez tenía cierto aire de tristeza, estaba muy apenado por lo que acababa de hacer.
- Tranquilo, no es para tanto, al parecer tenías un mal sueño – dice ella restándole importancia al incidente.
- Si… un mal sueño – dice él endureciendo un poco su mirada.
- ¿Estás bien? – pregunta la chica al ver las extrañas reacciones de su guardián.
- Si… estoy bien, fue solo un mal sueño nada más, no debería preocuparse tanto por mí – responde él apartando algunos rojizos cabellos que cubrían su rostro.
- ¿Cómo que no debería? No se te ocurra volver a decir eso… si tu eres muy importante para mí… – le suelta la chica haciendo que él se sonroje un poco – Eres como mi hermano mayor – finaliza sonriéndole.
- Gra… gracias – responde él tímidamente pero con cierto matiz de decepción en su voz, hubiera deseado que ella dijera otra cosa… que era algo más que un hermano.
- Te tengo una excelente noticia – dice ella completamente emocionada y sin darse cuenta de la expresión de Néstor – La boda… la maldita boda se ha retrasado – concluye con la mirada completamente radiante.
- No sabe cuánto me alegro – responde sinceramente él, aun no terminaba de aceptar que ella tuviera que casarse con ese anciano, pero no podía hacer nada más que permanecer a su lado, como siempre.
***
En otro sector Allan avanzaba con paso firme hasta una de las estancias más custodiadas de la Ciudadela, allí lo esperaba su fiel Edward sosteniendo entre sus manos la caja que rescataron del carruaje de Christine.
- Ahora es el momento de poner a prueba este artículo – dice el hombre recibiendo la caja, la pone sobre una mesa y lentamente retira la tapa para observar detenidamente su contenido.
- ¿Usted cree que realmente funcione? – pregunta el joven castaño.
- Claro que si, gracias a este objeto podremos acabar con esa maldita plaga, acabaremos con todos y cada uno de los vampiros que asolan nuestro mundo – toma el artículo con mucho cuidado – Este es el principio del fin para esos animales – dice con una sonrisa de satisfacción.
- Entonces es hora de partir – dice el joven completamente motivado por las palabras de su señor.
- No… tu no irás con nosotros… – dice Allan desconcertando un poco al joven – Tengo otra misión para ti… – dice con un misterioso tono de voz.
***
Lord Allan decidió que en su ausencia la Ciudadela quedara bajo el mando de su primo Edmond Riedel. A diferencia de Allan, él era un hombre más bien delgado y algunos centímetros más bajo que él, de mirada severa, profunda y desconfiada, parecía ser algunos años menor que su primo, su cabello era largo hasta los hombros y completamente negro como sus ojos, pero a pesar de su apariencia un tanto frágil en comparación con Allan, su presencia era intimidante y llamaba a desconfiar de sus intenciones o por lo menos esa fue la impresión que causo a ojos de Christine.
Justo al mediodía se pusieron en marcha hacia la villa, si tenían suerte tardarían cuatro o cinco días en llegar, solo esperaban que fuera a tiempo. Las mujeres de la Ciudadela salieron a despedir a sus esposos e hijos rogando porque volvieran sanos y salvos y obviamente también Christine salió a despedir a su futuro esposo, rogando porque tardara mucho en regresar. Extrañamente no vio por ningún lado al Capitán Edward pero supuso que iba un poco más adelante liderando la avanzada, también pudo notar que llevaban la misteriosa caja de su padre, el cual por suerte había decidido no ir con ella a la Ciudadela, viejo miserable… a veces sentía que lo odiaba.
El día pasó sin mayores contratiempos para Christine, aunque la presencia de Lord Edmond la incomodaba mucho y al parecer no era la única, Néstor compartía su desconfianza hacia ese hombre, la gente de la Ciudadela parecía respetarlo y temerle, su rostro siempre permanecía serio, frío, duro, en ningún momento la chica lo vio suavizar su expresión o mostrarse agradable con alguien. Pero a pesar de eso su atención estaba completamente centrada en el pronto anochecer, se sentía ansiosa y rogaba porque las horas pasaran lo más rápido posible.
Faltaba un poco para la medianoche y la Ciudadela se encontraba en el más completo de los silencios, todos dormían tranquilamente en la calidez de sus hogares, o más bien casi todos ya que al igual que la noche anterior una pequeña figura se escabullía silenciosamente, una vez más se trataba de Christine quien se dirigía rápidamente hacia el pasaje por donde la trajo de vuelta el vampiro la noche anterior. Había dicho que se volverían a ver pero en ningún momento mencionó cuando sería, así que ella rogaba por poder encontrarlo nuevamente, por suerte la mayoría de los soldados se habían ido con Allan así que le estaba resultando muy sencillo salir, atravesó rápidamente los pasadizos hasta llegar a las cuevas afuera de la ciudad, ahora tendría que buscarlo… ¿Pero por donde comenzaría? Bueno, ya se le ocurriría algo. Sin embargo no tuvo que preocuparse demasiado ya que al salir de la cueva pudo ver la alta y pálida figura del vampiro apoyado junto a un árbol, la brisa nocturna mecía suavemente sus cabellos y su capa, tenía los brazos cruzados sobre su pecho y sus ojos cerrados dándole una expresión muy tranquila a su rostro, parecía como si la esperara y ella se acercó lentamente a él sin poder contener una sonrisa de felicidad.
En el momento en que Raziel notó la cercanía de la joven se dio cuenta de lo bien que la conocía, pues desde que despertó de su sueño diurno tenía la firme idea de que ella lo buscaría y no se había equivocado, incluso supo que ella usaría el camino que él le mostro la noche anterior.
- ¿Qué haces aquí? – pregunto la chica sonriéndole.
- Soy un vampiro, se supone que rondo de noche – responde él - ¿Qué haces tú aquí? – pregunta esta vez observándola con curiosidad.
- Quería verte – le responde la chica directamente y tomándolo por sorpresa.
- E… es un poco peligroso… que salgas de la ciudad – la respuesta de la chica lo descolocó un poco así que desvía su mirada para que no se note su nerviosismo – Podrían descubrirte y tendrías problemas – dice el vampiro intentando cambiar el tema.
- Es aun más peligroso para ti – agrega la chica cruzándose de brazos.
- Yo sé cuidarme perfectamente – responde el vampiro acercándose a ella para quedar frente a frente.
- Yo también – dice ella acercándose hasta quedar a escasos centímetros de él.
- Por supuesto – suelta el vampiro sarcásticamente – Si anoche no hubiera aparecido yo a estas horas serias un cadáver – le dice burlesco.
- Ese es un detalle mínimo – comenta Christine restándole gravedad al asunto – Fue un error de cálculo – continua diciendo, aunque la verdad realmente pensó que moriría en ese momento.
- Un detalle mínimo que casi te convierte en la cena de esos dumahim – corrige él haciendo hervir el orgullo de la joven.
- Además yo no pedí tu ayuda – le dice con tono de autosuficiencia.
- La necesitabas, estabas completamente indefensa, podrían haber hecho lo que quisieran contigo – responde Raziel esta vez con un tono completamente serio y algo preocupado.
- ¿Quieres ver que tan indefensa puedo llegar a ser? – lo desafía abiertamente la muchacha, mientras le sonríe traviesamente.
- Podría ser divertido – responde él también sonriendo y empuñando su espada mientras se aleja algunos pasos para ponerse en guardia, la chica hace lo mismo también empuñando su espada y tomando posición.
- ¿Preparada? – pegunta él.
- ¡Siempre! – dice ella dando un paso para impulsarse e iniciar su ataque.
Ella era muy rápida pero el vampiro tenía buenos reflejos. Sus espadas chocaron estruendosamente una y otra vez, Raziel la había visto luchar solo una vez y ahora se estaba llevando muchas sorpresas, su agilidad, velocidad y precisión en los ataques eran impresionantes y aunque no era fuerte físicamente, sabía sacar el máximo provecho de sus otras habilidades.
Christine por su parte estaba disfrutando mucho aquel enfrentamiento, veía como el vampiro se defendía y atacaba pero en ningún momento con la intención de lastimarla, era divertido, emocionante y a la vez poco a poco la hacía sentir muy tranquila, se había dado cuenta de que le gustaba mucho estar cerca de ese misterioso vampiro, la hacía sentir bien y en paz. De pronto Raziel desapareció de su vista, ella comenzó a buscarlo en todas direcciones hasta que de un momento a otro sintió el frío metal de la espada cerca de su cuello y la presencia del vampiro a su espalda.
- Te vencí – le dijo él dejando escapar una risita de superioridad.
- Aun no – replica ella alzando su espada en un rápido movimiento para apartar la espada de Raziel y escabullirse ágilmente para quedar a algunos pasos de distancia de él, todo eso en un solo parpadeo, mientras lentamente caían algunos cabellos de la joven cortados en el proceso.
- Buen movimiento – la felicita él – Pero tu cabello no salió ileso – dice divertido con la situación, realmente le gustaba mucho el coraje de la chica, no cualquiera haría algo semejante con una espada amenazando su cuello.
- Ni tu cara – responde ella sonriendo. Raziel no entendía a que se refería hasta que se dio cuenta del suave ardor en su mejilla, se llevó una mano a ella para notar el cálido hilo de sangre que corría producto del corte dejado por la chica. Miro la sangre en sus dedos casi con incredulidad, realmente no lo había notado pero sonriendo se llevo los dedos a sus labios para lamer la sangre en ellos mirándola fijamente con una chispa de satisfacción en sus ojos, aunque él no se lo propusiera podía llegar a ser demasiado sensual en ocasiones, cosa que no paso a desapercibida para Christine quien no podía apartar la mirada de aquella figura frente a ella, luego de esto Raziel apartó algunos cabellos que caían sobre sus ojos mientras la herida en su mejilla desaparecía completamente, volviendo a dejar su rostro intacto.
- ¡Eso no es justo! – dice la chica volviendo a la realidad y con un falso tono de molestia - ¡Mi cabello no crece tan rápido! – continua, haciendo que el joven comience a reír por el extraño comentario, su risa era tan clara y sincera que a Christine le pareció hermosa.
- Ya basta de risas y continuemos – dice ella volviendo a ponerse en guardia, la risa del vampiro le pareció una dulce melodía pero su orgullo de mujer se sentía herido por permitir que le cortara aquel pequeño mechón de cabello.
- Ja, ja, está bien – dice él recuperando la compostura. Lo mejor sería acabar con esto pronto, así que se lanzó de frente hacia ella, su intención era desarmarla y lo logró perdiendo su también su espada en el proceso, la cual quedo tirada a algunos metros junto a la de la joven, luego se abalanzó sobre ella para inmovilizarla y dar el juego por terminado, pero ella adivinando sus intenciones hábilmente saco provecho de la fuerza que Raziel estaba usando para con un pequeño y preciso movimiento hacerlo caer al piso, sin embargo el vampiro sujeto su capa haciendo que Christine perdiera el equilibrio y también cayera quedando sobre él.
- Heee… yo… – la mente de Christine estaba completamente bloqueada al verse en semejante posición – Creo… que te vencí – dice rápidamente y con un hilo de voz.
- A… así veo – dice él un poco nervioso y apartando los cabellos que cubrían el rostro de Christine para así notar su sonrojo, aunque ella no era la única ya que muy levemente podía notarse un suave tono carmesí en el pálido rostro del vampiro.
Raziel llevó su mano hasta la mejilla de Christine, disfrutando del contacto de su suave piel, estaba completamente perdido en lo profundo de los ojos de la chica, podía sentir perfectamente la forma de su delicado y liviano cuerpo al igual que el roce de su sedoso cabello que caía por los costados acariciándole el rostro, estaba algo sonrojada y eso la hacía lucir aun más bella a ojos del vampiro quien sentía que jamás podría dejar de mirarla. Para Christine las cosas no eran muy diferentes, el golpe de la caída fue mínimo ya que lo amortiguo el vampiro, sentía el firme cuerpo de Raziel bajo el suyo, los negros cabellos del joven se encontraban esparcidos en el piso mezclándose con los suyos, su pálida piel apenas era apenas teñida por un leve sonrojo, él mantenía su mano en la majilla de la chica observándola con una expresión que dejaba entrever intensos sentimientos en su interior, los cuales la envolvían completamente, definitivamente era una visión hermosa para ambos.
Lentamente y casi sin proponérselo comenzaron a acortar la distancia que los separaba sin dejar jamás de mirarse a los ojos, pronto sintieron como sus labios eran rozados suavemente por los del otro, hasta unirse en un beso tan o más significativo que el anterior. Luego de algunos minutos se apartaron observándose en silencio, como si todo no fuera más que un extraño y agradable sueño, hasta que Raziel de pronto pareció reaccionar y volver a la realidad.
- Ah! Perdón… yo no quise… bueno… si quise… pero… – trataba de explicarse apartándola cuidadosamente para quedar ambos sentados, a diferencia de la vez anterior esta sí que estaba completamente nervioso. Christine no puedo evitar reír con la reacción del vampiro a quien siempre había visto comportarse de manera muy seria y fría aunque demostrándole algunos atisbos de calidez, si que era extraño. De pronto se puso muy serio – Desde un principio no debería haberlo hecho – le dice bajando la mirada.
- Pero yo deseaba que me besaras – le dice ella acercándosele y tomando su rostro entre sus manos para besar suavemente su mejilla.
***
Los días han pasado rápidamente desde aquel encuentro entre Christine y Raziel y no ha pasado una sola noche sin que dejen de verse a escondidas, disfrutan mucho el estar juntos, simplemente paseando o hablando de cualquier cosa.
En el Santuario de los Clanes, Rahab se encontraba muy preocupado por su hermano ya que tenía algunos días sin volver. Se encontraba como siempre cerca de la entrada a la espera de ver regresar a Raziel.
- Luces preocupado de nuevo, es por Raziel cierto – dice una suave voz femenina a su espalda.
- Así es – responde él girándose para encontrarse de frente con una bellísima vampiresa de largo cabello negro y amables ojos dorados.
- Él sabe cuidarse muy bien – dice ella acercándose un poco más.
- Si sé pero no lo puedo evitar… siento que algo no anda bien – dice él volviendo a mirar hacia el horizonte.
- ¿No es solo tu hermano quien te preocupa cierto? – pregunta ella una vez más.
- Tan perceptiva como siempre… mi amada Noelia – dice el sonriéndole –… La verdad es que hace un par de semanas enviamos a un grupo para conquistar Willendorf y sus cercanías… y repentinamente perdimos el contacto con ellos… luego enviamos a un segundo grupo pero tampoco hemos recibido noticias – dice seriamente cruzándose de brazos.
- ¿Crees que les haya sucedido algo? – dice ella con un gesto de preocupación.
- No quisiera pensar en eso pero es lo más probable, los humanos se han estado comportando extraño últimamente, sobretodo en la Ciudadela… – responde el vampiro.
- ¿Entonces crees que Raziel puede estar en peligro? – Rahab se acerca a ella y la abraza fuertemente.
- Espero que no – dice él suavemente, se quedaron largo rato abrazados hasta que de pronto la joven se aparto de él - ¿Qué sucede? – pregunta Rahab sin entender, ella no apartaba la vista del horizonte.
- Alguien viene – responde ella señalando un caballo a la distancia.
Rahab se dirigió rápidamente al encuentro del jinete mientras Noelia daba el aviso a otros vampiros para que se mantuvieran alerta, pues no sabían de quien podía tratarse y era muy extraño que alguien se aventurara solo hasta esas tierras. El caballo avanzaba a trote ligero y una vez cerca de él, el joven vampiro quedo horrorizado con lo que sus ojos vieron, un estandarte de la Ciudadela estaba atado al caballo para servir de apoyo al jinete el cual estaba atado firmemente a este, venía bañado en su propia sangre y sus brazos habían sido desprendidos de su cuerpo, parte de una lanza atravesaba su pecho y su rostro estaba cubierto por un trozo de la bandera del clan de Rahab, éste se apresuró a detener al caballo para así bajar al pobre desdichado, al retirar el trozo de bandera de su rostro se quedó sin aliento pues se trataba de Mikael, uno de los miembros de su clan y a quien tenía en más alta estima, había sido enviado a Willendorf a cargo del segundo grupo de vampiros, estaba casi irreconocible… sus ojos habían sido arrancados de sus cuencas y sus labios cruelmente cosidos, su rostro y torso presentaban hematomas, laceraciones y quemaduras, el trozo de madera que atravesaba su pecho lo mantenía en letargo y Rahab no se sentía con las fuerzas suficientes como para retirarla y traerlo de vuelta a la consciencia. Lo cubrió con su capa y tomándolo entre sus brazos y se dirigió hacia el Santuario debía llevarlo con su señor Kain, pero no quería que lo vieran así, mucho menos Noelia quien había llegado a apreciar a Mikael tanto como él.
Una vez dentro se dirigió directamente hacia los aposentos de su señor, Noelia estaba con él comunicándole sobre la llegada del extraño, algunos guardias se encontraban allí, habían llegado acompañando a Noelia y otros a Rahab, el joven vampiro les ordenó que se fueran y que se llevaran a Noelia, quien no entendía la actitud de su amado pero sabía que se trataba de algo grave, Kain tampoco entendía claramente que era lo que ocurría pero apoyó la orden de su hijo. Cuando por fin estuvieron solos Kain le indicó con la mirada que dejara su carga sobre su cama, Rahab lo hizo con mucho cuidado apartando también su capa del cuerpo de su subordinado y amigo. Kain no pudo evitar que la ira lo consumiera al ver el estado del joven vampiro, pero aun así se mantuvo calmado, Rahab había hecho bien al ordenarle a los otros que se fueran y sobre todo a Noelia, ella no lo soportaría.
- Rahab… sé que esto será muy duro pero… debemos quitarle la estaca – dijo Kain seriamente – ¿Sabes quien hizo esto? – le pregunta a su lugarteniente mientras toma una pequeña daga y con mucho cuidado libera los labios del desdichado vampiro.
- Traía esto – dice Rahab extendiéndole la bandera de la Ciudadela.
- ¡Malditos bastardos ¿Acaso nos están declarando la guerra abiertamente?! – exclama tratando de contener su ira, respira profundo para despejar un poco su mente y poder pensar con más claridad – Bueno… si lo dejaron volver a nosotros debe haber un motivo, lo mejor será acabar con esto pronto – dice ya más calmado llevando su mano hasta la estaca que mantenía en letargo a Mikael.
- Ma… maestro… – trata de hablar pero las palabras no salen, ya en este estado le cuesta mucho estar cerca de su joven guerrero, no podía imaginar el dolor que este sufriría al ser devuelto a la vida así.
- Sabes que tenemos que hacerlo, puede traer información importante – dice quedamente Kain mientras comienza a retirar cuidadosamente el trozo de madera, Rahab desvía la mirada, no se siente capaz de mirar, era cierto que en su vida había matado a cientos de humanos pero jamás había llegado a esos extremos de crueldad, a diferencia de Zephon o Dumah quienes disfrutaban mucho ese tipo de prácticas él prefería matarlos rápidamente. Algunos segundos después de que Kain terminara de retirar el trozo de lanza, el cuerpo de Mikael comenzó a convulsionar y emitió un terrible grito de dolor, se movía violentamente tratando de alejarse a pesar del dolor y tanto Kain como Rahab se vieron en la necesidad de sujetarlo para evitar que se hiciera más daño.
- ¡No…! ¡No me toquen… malditos bastardos! – gritaba completamente fuera de sí, sin reconocer donde o con quien se encontraba, estaba muy débil y desorientado.
- ¡Mikael por favor quédate quieto! – le pedía Rahab tratando de tranquilizarlo, éste pareció reconocerlo y poco a poco dejó de resistirse aunque su cuerpo aun era sacudido por algunos espasmos producto del dolor.
- Mi señor… Rahab – habló ahora más calmado, pero su voz salía débilmente luego del esfuerzo que había hecho anteriormente.
- Mikael… ¿Qué fue lo que sucedió? – pregunto Kain directamente, quería obtener la información lo más rápido posible para evitarle más sufrimiento al joven, pues en sus condiciones no había absolutamente nada que se pudiera hacer para ayudarlo y era una lástima pues siempre había sigo uno de sus mejores guerreros.
- Lord Kain… todo fue una trampa – dijo con un hilo de voz.
- ¿A qué te refieres? Por favor explícate – esta vez quien preguntó fue Rahab.
- Nos… tendieron una emboscada, al llegar… a las cercanías de Willendorf encontramos a algunos de los vampiros… de la primera tropa, estaban… mutilados y sus cabezas empaladas… de un momento a otro comenzamos a sentir un fuerte dolor en el pecho… y quedamos completamente paralizados… ni siquiera pudimos reaccionar cuando los humanos nos cayeron encima, estábamos indefensos… y ellos arrasaron con nosotros… por favor Lord Kain perdóneme… – decía Mikael mientras se agitaba cada vez más al recordar lo sucedido.
- Tranquilízate muchacho esto no fue su culpa – responde Kain suavemente, lograba hacerse una idea de lo que había sucedido pero en realidad no podía estar seguro – ¿Hay algo más que recuerdes… algún detalle de lo que los paralizó? – pregunta una vez más.
- Una luz… proveniente de un báculo… tenía una serpiente y un orbe… – fue la respuesta de Mikael, con esta descripción Kain supo inmediatamente de que hablaba el joven, así que esa era el arma que se transportaba en el carruaje de Christine ¿Pero cómo había llegado a manos de los humanos? ¿Cómo había llegado a manos de Dimitri?
- Agradezco mucho tu información pequeño – dijo finalmente Kain alejándose de la cama y caminando lentamente hacia donde descansaba la Segadora.
- Gracias… Mikael – dijo esta vez Rahab mientras apartaba algunos mechones de cabello que caían desordenados sobre el magullado rostro del vampiro, se veía muy mal… estaba tan débil que ni siquiera era capaz de regenerar sus heridas y aunque lo hiciera no podría recuperar la vista ni sus miembros mutilados. Vio como Kain sujetaba entre sus manos la Segadora, sabía lo que sucedería ahora pero era tan cruel, Mikael no se merecía lo que le ocurrió.
- Mi señor Rahab… – hablo de pronto Mikael sacándolo de sus cavilaciones – Gracias… por permitirme formar parte de su clan… por tantos años… pero en este estado ya no seré útil… y no quiero convertirme en una carga… – decía casi en un susurro pero era perfectamente audible tanto para Kain como para Rahab – Lord Kain… – esta vez se dirigió al mayor – Por favor… libéreme… de todo esto… – dice con la voz temblorosa, tenía miedo si y mucho, pero le aterraba aun más la idea de ser una carga… un estorbo, Kain lo entendía perfectamente al igual que Rahab, aunque este último no podía evitar sentir que todo esto estaba mal se sentía triste pues Mikael siempre fue un valiente guerrero y un amigo fiel.
- Muchacho… – le habla Kain acercándose lentamente, Segadora en mano – Te juro que los que te hicieron esto lo pagaran con creces… – posa su mano en la mejilla del joven vampiro – Ahora puedes descansar… te lo mereces – dice mientras alza la Segadora sobre el cuerpo de Mikael.
- Señor Rahab… Lord Kain… gracias… – son sus últimas palabras mientras la Segadora atraviesa su cuerpo absorbiendo su alma y liberándolo de todo su sufrimiento, el dolor desaparecía mientras su cuerpo poco a poco se volvía cenizas ante la triste mirada de Rahab.
- Rahab esto es grave, necesito que reúnas a tus hermanos ahora mismo – dice Kain seriamente.
- Lo haré pero… hace tres días que Raziel no regresa y no sé donde se encuentra o cuándo volverá – le dice preocupado a su maestro quien parece meditar la respuesta de su hijo.
- Esta bien, reúne a los demás… cuando Raziel regrese lo pondremos al corriente – responde su señor tranquilamente, como si no le sorprendiera la ausencia de su primogénito.
- Maestro… ¿Cree que él se encuentra bien? – vuelve a hablar con tono aun más preocupado – Después de lo que le pasó a Mikael… puede estar en peligro… – no quería ni imaginar que a su hermano le sucediera lo mismo que a Mikael pero no podía evitar pensar que tal vez Raziel podía estar en problemas.
- Tranquilo debemos confiar en él, de seguro está bien – "tiene que estar bien" – Ya verás como pronto regresa – le dice para tranquilizarlo – Ahora haz lo que te pedí – le ordena, a lo que Rahab asiente levemente y se va dejándolo solo en la habitación.
- Así que esa era la misteriosa arma… el báculo de Moebius… – se dice mientras camina hacia el gran ventanal – Quien diría que después de tantos siglos esa miserable serpiente me seguiría dando problemas… solo espero que Raziel y Christine estén a salvo – termina diciendo en un susurro apenas audible mientras su mirada se perdía en el horizonte.
