Hiro se había teñido el cabello.

Sei estaba consciente de que el color de cabello de Hiro no era natural cuando lo conoció, sin embargo jamás lo había visto de otra manera, ni siquiera en fotografías y si debía admitirlo ambos tonos resaltaban diferentes puntos buenos del chico.

Mientras divagaba en su mente, sobre cosas que podrían parecer intrascendentes a toda la situación en general, se perdió gran parte de la explicación de su padre, sobre el hecho de haber tutoreado al joven durante ya varios meses para lograr que ingresara y se desempeñara bien en la universidad.

—¡Oh, pero que despistado soy! —exclamó su padre. —Probablemente tú conociste al joven Kido en el pueblo ¿no? —Sei giró su rostro para mirar a su progenitor y asintió.

—Hiro… shi me ayudó mucho en mi estancia en la isla. —miró al joven, que parecía haber estado evitando su mirada durante todo el tiempo que llevaba ahí. Sei tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no saltarle encima y zarandearlo, mientras le gritaba lo malditamente preocupado que había estado por él.

Abrió sus ojos con sorpresa.

Era la primera vez que se admitía a sí mismo que la preocupación lo carcomía desde que Hiro había abandonado la isla.

—La cena está lista. —su madre entró en ese momento y saludó con alegría a Hiro, preguntándole si había sido él quien había enseñado a su pequeño Sei a limpiar el pescado. Hiro se sonrojó un poco y aceptó con modestia el cumplido de la mujer, pero cuando comenzó a decir lo mucho que había influido en su querido hijo, Sei lo escuchó negar con rapidez.

—Todos en la isla ayudamos. —Sei se levantó ofendido. ¡Por supuesto que mucha gente en la isla lo había ayudado! ¡Pero si ahora podía…! ¡Si ahora era…! ¡Demonios! ¡Estúpido Hiro! ¡Estúpido, estúpido, estúpido! ¡Mil veces estúpido!

—¿Sucede algo, Sei? —preguntó su madre, mirando hacia arriba. Handa se sonrojó.

—Voy por agua. —masculló apresurándose a salir de la estancia.

Esa cena iba a ser demasiado larga.


Al final, su padre se había retirado a su habitación y Hiro y Handa había terminado en el jardín de la enorme casa, paseando por el caminito de piedra que rodeaba el jardín. Su madre le había pedido a Handa que le mostrara el lugar, del cual estaba muy orgullosa, pero no habían hablado nada desde que habían comenzado a caminar, más que nada porque Handa no se atrevía a hablar por temor a que Hiroshi encontrara el momento para marcharse.

—¿Cómo está todo en casa? —la pregunta le hizo congelarse un poco, sin saber qué decir. Abrió la boca, pero ningún sonido brotó de ella. —Prometí que regresaría antes de iniciar las clases, —Hiro se rió, —pero tuvo que quedarme a estudiar un poco más.

Handa quería decirle que era un mentiroso que la verdad era que lo había estado evitando, pero se obligó a morderse los labios, mientras miraba a cualquier lugar menos a Hiro.

—Tranquilo, como siempre. —Hiro tragó saliva. No sabía qué más decir y Handa tampoco ponía mucho de su parte.

—Escuché de tu padre que harán una serie de televisión de tu obra. —Handa se tensó al momento. Hiro comprendió que había sido una mala elección de tema.

—No es la gran cosa. —masculló avergonzado. Hiro se detuvo junto a uno de los árboles pequeños que bordeaban el jardín y deslizó la yema de sus dedos en la áspera corteza.

—Leí tus libros. —confesó en un quedo susurro. Handa ya lo sabía, pero igual sintió cierta desazón. Hiro no era tonto y seguramente había deducido todo. —¿Por qué?

No quería verlo, sabía que si se giraba a mirarlo probablemente soltaría una sarta de reclamos como la vez anterior y no quería que todo terminara de esa manera de nuevo.

—No quería que la gente del pueblo lo entendiera de esa manera… —respondió el mayor, sintiendo un nudo en su estómago. Handa sabía que ese tipo de relaciones no tenían mucha aceptación en ningún lado y no quería someter al escarnio de sus vecinos a Hiro, siendo tan joven, sin embargo escuchó la risa resignada de Hiro.

—Eso no me preocupa, —dijo con cierta resignación. —creí que conocías mejor a la gente del pueblo.

Handa parpadeó confundido, quería que Hiro se volteara y dejar de ver únicamente su espalda. Levantó su mano, quería sujetar aunque fuese la tela de su camisa.

Entonces la mano de Hiro sujetó su muñeca y tiró de él, hasta hacer que su espalda chocara contra el tronco del árbol, apretó por un momento sus párpados y cuando los abrió, Hiro le miraba atento.

—¿Por qué fingiste que no recordabas nada? —Hiro se veía tal y como aquella vez que había descubierto lo de las novelas y Hina. —¿Por qué actuaste como si nada y después lo escribiste detalladamente en tu novela?

Handa sintió sus mejillas sonrojarse y miró hacia abajo. Estaba demasiado avergonzado. Sintió entonces la mano de Hiro en su mentón, la calidez de su mano y levantó la cabeza.

—Toda mi vida he sido un conformista. —comentó, Handa abrió mucho los párpados. —Un rechazo en este punto de mi vida no significa nada.

—No… —comenzó, Hiro le sonrió.

—Tu madre tiene razón. Eres muy amable. —se inclinó y besó la comisura de sus labios. Handa sintió mariposas en el estómago. —Era mejor para ti fingir que nada había pasado a rechazarme apropiadamente ¿verdad?

Handa levantó la mano para sujetar la de Hiro, pero el menor se hizo hacia atrás y le sonrió.

—No quiero tu lastima. —negó con la cabeza. —Sólo quiero cerrar esto y seguir adelante. No estoy enojado contigo. —echó la cabeza hacia atrás y miró al cielo. —No puedo enojarme contigo.

Handa iba a dar un par de pasos para acercarse a Hiro, pero el otro se giró a mirarlo de nuevo y no se movió.

—Lo intenté. Pero no puedo. —se acercó y sujetó sus mejillas con ambas manos. Se inclinó y Handa levantó un poco la cabeza, entreabriendo sus labios. Pero Hiro sólo acercó su frente hasta pegarla a la de Handa. —Sólo un momento, un solo instante. —musitó. Handa alzó sus brazos y estaba a punto de sujetar las manos de Hiro contra su rostro, cuando de pronto lo soltó y se echó hacia atrás, riendo como si hubiese escuchado una broma.

—Hiro…

—No. Estoy bien. —se encaminó hacia la casa. —Nos veremos después.

Handa sabía que tenía que ir tras él, pero sus piernas no le respondieron.