Capítulo 7
-Digiriendo la comida-
Tras aquellas reveladoras palabras del vociferador, todo el Gran Comedor se había quedado petrificado. Algunos alumnos, confundidos, no sabían si ya podían dar por terminada la comida, o si todavía debían permanecer allí unos minutos más, a la espera de que el director del colegio dijera unas palabras.
Dumbledore dio un respingo al darse cuenta de la incertidumbre que se había adueñado de sus alumnos. Se levantó, carraspeó un poco y anunció en voz alta:
-Doy por concluido este… ehhh… singular…almuerzo. Por favor, regresen a sus tareas cotidianas.
Todas los miembros de las casas empezaron a dispersarse, pero no en silencio, dado que predominaban los murmullos entre los estudiantes. Únicamente algunos miembros de Gryffindor permanecieron sentados, sumamente desencajados por cuanto acababa de ocurrir:
-¡Ron! ¡Muévete! -le apremió su hermana Ginny. –¡Deberías arreglar este lío!
-¿Yo? ¿Por qué? ¿Qué he hecho? -contestó el pelirrojo, que acababa de volver en sí, tras arduas y complejas meditaciones acerca de lo que podía suponer aquel vociferador.
-¿Qué ha pasado? -intervino Harry, inclinándose un poco para que su amigo pudiera oírle mejor. –No lo entiendo: ¿qué bicho le ha picado a tu madre para mandarte ese vociferador?
-O sea, que no piensas hacer nada, ¿verdad? Tienes la misma sensibilidad que el mango de una escoba, Ronald -siguió insistiendo Ginny, ahora mucho más sulfurada. –Vale, tú no te muevas, que ya voy yo a buscarla… ¡HOMBRES!
Y dicho esto se levantó de malas maneras y puso rumbo a la puerta del Gran Comedor, supuestamente para ir en busca de Hermione.
-¡Eh, vosotros, hijos de la gran bruja! -se oyó a Luna muy excitada desde el otro lado del salón. La muchacha estaba señalando con el dedo a los gemelos Weasley y se dirigía hacia ellos, seguida por un ejército de alumnos enfadados.
-¡Nos debéis una explicación! -seguía gritando la rubia.
Los gemelos Weasley, conscientes de que algunos profesores rezagados todavía estaban levantándose de sus asientos, no dejaban de hacer aspavientos para que pospusieran la charla a un lugar menos peligroso.
-¿Pero es que se han vuelto locos? -le susurró Parvati a Fred. -¡Como no se calmen nos van a descubrir a todos!
Cuando por fin Luna y compañía llegaron hasta donde estaban los Gryffindor, fue George quien intentó aplacar la situación:
-Luego hablamos, luego hablamos… ¡Pero cerrad las bocazas hasta que se hayan ido todos los profesores! - les suplicó, dirigiéndose especialmente a Marietta, cuyos ojos estaban inyectados en sangre.
En ese preciso momento Dolores Umbridge estaba rebasando la mesa de Gryffindor, y se había quedado mirando a los estudiantes con cara sospechosa.
Fred, más rápido que todos los demás, hizo un amago de reverencia a la odiosa profesora y comentó en voz alta, para que ésta lo escuchara:
-¡Qué comida más horripilante! ¡Un verdadero escándalo! ¿No creéis? Esperemos que la cena sea más tranquila…
-Estoy en total desacuerdo, Fred -terció Draco, que también se había sumado a los otros demandantes. –Hemos pasado unos momentos inolvidables -comentó el rubio pestañeando muy rápidamente, al mismo tiempo que lanzaba un delicado suspiro. -De un espíritu jovial como nunca antes había podido disfrutar en Hogwarts.
Entre las risitas de algunos tras ese comentario, George le propició un codazo al rubio para que éste silenciara su verborrea.
La profesora Umbridge le dedicó una mirada asesina a Draco, pero por suerte continuó su camino sin mediar palabra.
Mientras el resto esperaba a que se despejara la zona, el pobre Ron todavía seguía sumido en sus propios pensamientos. Tanto él como Harry se encontraban separados del grupo de exaltados, y su amigo todavía estaba esperando una respuesta del pelirrojo. Pero había un tema que le preocupaba mucho más a Ron que el aclararle la actitud de su madre a su mejor amigo. Así que de repente, el pelirrojo salió de su ensimismamiento y entabló conversación con Harry:
-Oye, Harry, tú eres mi amigo, ¿verdad?
-Sí, ya sabes que sí… Y si me vas a echar en cara que besé a tu hermana, tengo que decir que todo es culpa de…
-No, no, eso ya está olvidado -dijo el pelirrojo, todavía sin creérselo demasiado. La realidad era que aún no había tenido demasiado tiempo para decidir en qué medida iba a afectar eso a su relación con Harry. –Me refiero a que… si eres mi amigo… vas a ser sincero del todo conmigo, ¿no?
-Sí, bueno…-titubeó Harry, temeroso de la pregunta que pudiera formularle Ron. -Ya sabes que sí -concluyó.
-Bien… porque… Tú y yo nos hemos dado… alguna que otra ducha juntos, ¿cierto? -continuó el pelirrojo. –Quiero decir que nos hemos visto en los vestuarios y esas cosas.
¿A dónde pretende llegar?, se planteó Harry nerviosamente para sus adentros.
–Sí, Ron, eso creo…-admitió, mirando por el rabillo del ojo a Marietta, que estaba a punto de pegarle un mordisco a uno de los gemelos Weasley, en un ataque de ira por lo que le había pasado a su querida Cho.
-¡Por vuestra culpa ahora está en la enfermería! -les gritaba, descontrolada, inspeccionando a la vez a una lechuza que pasaba por allí. Si no fuera porque la muchacha Ravenclaw no podía volar, seguro que ya habría alzado el vuelo en busca de un romántico y tierno "encuentro" con aquella lechuza.
-Y tú…-prosiguió Ron, ajeno a lo que estaba ocurriendo cerca de ellos-… bueno, tú… ¿Tú crees que mi cosita es pequeña?
¿Cosita? ¿Qué cosita?, pensó Harry, retomando ávidamente la conversación tan extraña con su amigo.
-Ya sabes… ejem -carraspeó el pelirrojo-… mi… cosita…
-¡HERMIONE! ¡HERMIONE! ¡Vamos, Hermione, sé que estás por ahí! ¡Soy yo! ¡Sal! -Ginny Weasley estaba buscando a su amiga por todo el castillo. Tras haber revisado varias clases vacías, ahora la pequeña de los Weasley había llegado hasta la Sala Común de Gryffindor. Pero tampoco allí parecía haber rastro de su amiga, así que, cansada, Ginny optó por la opción más sencilla de todas:
-Seamus, ¿has visto a Hermione? -le preguntó a su compañero de casa cuando comprobó que éste iba en busca de sus libros para las clases de la tarde.
-¿A cuál de ellas? ¿A la Hermione máquina sexual o a la Hermione prefecta? -respondió éste, partiéndose de risa.
Ginny se le quedó mirando unos instantes, tratando de controlar su genio.
-No, a la Hermione te daría una patada en el culo si haces alguna gracia más con esto -le contestó. Primero con voz melosa, aunque su voz adoptó rápidamente un tono amenazante. –O puede que si te emparejo los dientes de un puñetazo nos riamos los dos.
Asustado, el pobre Seamus salió corriendo en dirección contraria sin decir nada. Ginny podía tener un genio endiablado cuando quería y con estas cosas no bromeaba.
Poco después, consciente de que iba a ser imposible encontrarla con el método de la pregunta, la pelirroja siguió su búsqueda por su cuenta.
-A ver… Aclárame algo, ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de tu cosita -quiso saber Harry.
Ron no podía creer que su amigo le estuviera haciendo esta pregunta. ¿Es que no había quedado suficientemente claro?
–Pues, pues… ¿Pues de qué va a ser? -exclamó angustiado, casi señalando con las manos su entrepierna.
-¿Y por qué teníais que mandar a esos dos porcinos que me besaran? -se quejaba ahora Pansy Parkinson a los Weasley.
-¡Eh! Estamos aquí, ¿recuerdas? –apuntilló Crabbe, señalándose. –Además, se dice "personas que padecen de sobrepeso".
Todos los participantes del juego, a excepción de Ginny y Hermione (desaparecidas); Harry y Ron (enzarzados en sus cositas); Cho (lesionada) y Lavender (misteriosamente ausente durante toda la comida) estaban ahora rodeando a los gemelos Weasley para pedirles explicaciones.
-¿Pero es que nadie está preocupado por la pobre Cho? -preguntó cansinamente Marietta, al filo del desconsuelo.
-¡Pff! ¿La pobre Cho? –se burló Luna. -¡Anda, Neville! ¡Los grindilows no me dijeron que estabas aquí! -le dijo al muchacho de Gryffindor. -¿Eres ya miembro de mi club de fans? No te veo la chapa…-no desperdiciaba ni una sola oportunidad para hacer promoción de su club de fans.
-¿Y por qué el dichoso Potter tuvo que apartarme de Ginny? -reclamó de pronto Michael Corner, aparentemente muy enfadado por no haber podido darle un beso como dios manda a la pelirroja.
-¡Vamos a ver! ¡Callaos todos de una vez y escuchad! -estalló Fred, subiéndose a la mesa para intentar poner calma de una vez. ¡Vosotros aceptasteis las consecuencias!
-Sí… todas ellas…-recalcó George.
-Y nosotros ya os dijimos que…-continuó Fred.
-…¡No nos hacíamos responsables de nada de lo que ocurriera en el juego! -remarcaron los dos gemelos a la vez.
-¡Cáspitas! ¡Qué divertido! ¿A qué juego estamos jugando? ¿Puedo participar yo también? -preguntó la desmemorizada Hannah.
Si las miradas de los participantes hubieran podido asesinar, Hannah habría quedado pulverizada allí mismo y sepultada bajo tres metros de tierra.
-Cierra la boquita, anda, rica, que estás más guapa…-le dijo en un susurro, con la boca pequeña, su amigo Justin.
En el otro extremo, todavía sentados a la mesa, Harry y Ron seguían tomando medidas DEL asunto…
-Pues, hombre, Ron… Yo si te soy sincero es que nunca me he fijado en eso… -le comentaba a su amigo el chico que sobrevivió.
-Ya, bueno, claro…Ejem –tras el carraspeo se puso de color escarlata.
-Pero, si te ayuda, yo no creo que esté tan mal. Vaya, si no me he fijado… eeeh… será porque tampoco me ha llamado la atención…Pero tranquilo... tu... tu... eeh... bueno tu… ejem… salchichón -dijo Harry por cambiar de palabra -no debe de estar tan mal... pero no es que me haya fijado, claro -le intentó animar.
-Vale, no te preocupes…-comentó el pelirrojo, que trataba de dar la conversación por zanjada- ya me siento mucho mejor.
-Oye -dijo Harry, dispuesto a cambiar de tema tan rápido como fuera posible-, ¿sabes a dónde ha ido Ginny?
-Pues supongo que a buscar a Hermione…-dedujo el pelirrojo.
-Ah… -fue la única respuesta de Harry.
-Creo que tú también deberías ir. Yo ahora mismo no estoy de humor, y tampoco creo que ella quiera verme. Pero cuanta más ayuda, mejor -le sugirió Ron, casi con voz suplicante.
-Tienes razón, luego nos vemos…-y dicho esto, Harry se levantó y fue en busca de Hermione ¿O más bien en busca de Ginny?
Mientras tanto, en la torre de Astronomía una Hermione deprimida, tirada en el suelo de piedra, había hecho un ovillo con su propio cuerpo y no dejaba de sollozar. ¿Cómo había podido hacerle eso Ronald? Estaba casi segura de que había sido por el juego, pero no podía afirmarlo completamente y ese "casi" no dejaba de revolotear en su cabeza. En esto estaba pensando la desangelada Hermione cuando de pronto una lechuza se posó directamente delante de ella. Antes de que pudiera empezar a picotearle, la morena ya se había dado cuenta de que el mensaje que llevaba iba dirigido a ella. Por eso, sin pensárselo, se secó rápidamente las lágrimas que todavía humedecían sus mejillas y comenzó a leer:
Estimada alumna Hermione Granger:
Me dirijo a usted para convocarle a una reunión de suma importancia. El encuentro en sí es de carácter obligatorio. Es decir: no valen excusas, tales como que usted ha estado vomitando todo el día debido a lo que ya-todos-sabemos. Simplemente eso sería algo normal, dado el "delicado estado"en el que se encuentra.
Como iba diciendo, la reunión tendrá lugar a las nueve de la noche en el despacho del ilustrísimo director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. En ella se debatirán los comportamientos y cuestiones que nos afligen a todos en estos días de incertidumbre. Contamos con su asistencia. Sea puntual.
Atentamente,
Minerva McGonagall
P.D: en esta ocasión la contraseña para entrar en el despacho del profesor Dumbledore serú "Luchamos para prevenir la minusvalía física y mental de Cho Chang"
¿Vómitos? ¿Delicado estado en el que me encuentro?, se preguntó Hermione a sí misma, totalmente confundida.
Harry Potter se estaba volviendo loco intentando encontrar a alguna de sus dos amigas. Por ningún lado parecía haber rastro de Hermione, pero tampoco de Ginny. Si era sincero consigo mismo se daba cuenta de que tenía más interés por encontrar a la pelirroja, que a su amiga del alma. No era que Hermione no le importara en absoluto, sino que había ciertas cosas que debía aclarar con Ginny de inmediato. Además, estaba seguro de que tarde o temprano a la morena se le pasaría la rabieta. Y, sin embargo, para él era urgente hablar con Ginny porque estaba dispuesto de una vez por todas a ser sincero con ella.
Esos pensamientos saturaban la agobiada mente de Harry, cuando de repente, Justin Finch-FletchLey se cruzó con él en uno de los pasillos. Por lo visto la reunión espontánea con los gemelos Weasley había concluido. Aprovechando el encuentro fortuito, el chico de Hufflepuff se acercó a Harry y le comentó:
-Oye, Harry, no es que a mí me concierna demasiado, pero… ¿Es verdad eso que dicen por ahí de que Hermione está embarazada?
-¿Qué? -preguntó éste muy sorprendido? ¿Pero qué dices? ¿De quién iba a estar embarazada?
-Bueno, al principio se decía que de Snape, pero ahora hay quien dice que es de Ron.
-Vamos, Justin, ¿a qué viene todo esto? ¿Es que todavía no te has enterado de que esto es un juego y que todo eso no son más que conclusiones que la gente saca de las estúpidas pruebas?
Y dicho esto, sulfurado, Harry siguió su camino, dejando atrás a un Justin muy confundido.
Minutos después, alguien estaba golpeando con sus nudillos la puerta de la enfermería. Madam Pomfrey salió entonces del pequeño biombo donde se ocultaba y fue hasta la puerta.
-¿Qué queréis? -preguntó con voz hostil.
-Venimos a ver a la lesionada.
-Sólo queremos asegurarnos de que se encuentra bien, Madam Pomfrey
Los gemelos Weasley, ruborizados, esperaban en el umbral de la puerta con un ramo de flores encantadas que habían conjurado momentos antes.
-Pasad, pero no arméis mucho jaleo. Su salud es muy delicada en estos momentos -les advirtió Madam Pomfrey.
En una cama con pinta mortuoria yacían los desquebrajados huesos de Cho Chang. La desafortunada buscadora estaba escayolada hasta el cuello. Al parecer ninguna de las pociones mágicas que habían usado había sido capaz de recuperar sus destrozados huesos. De ahí que a la enfermera del colegio no le hubiera quedado más solución que entablillarla a la usanza Muggle. Por lo que su parecido a una momia era bastante evidente.
Tan pronto entraron, los gemelos se dieron cuenta de que no estaban solos en la enfermería. Marieta también se encontraba allí, sollozando en un costado de la cama de Cho, mientras la temporalmente minusválida hacía esfuerzos inhumanos para tenderle un pañuelo a su amiga.
Al ver a los dos gemelos, Cho dio tal respingo que sus huesos se quebraron de nuevo. La buscadora de Ravenclaw soltó un grito de dolor y les dijo luego:
-¡Apartaos de mí, hijos de Quién-no-debe-ser-nombrado!
-¡Por el amor de Merlín! ¡Cálmese, señorita Chang o tendré que darle de nuevo un calmante para hipogrifos!-le reprendió Madam Pomfrey. –No hay manera de que se esté quieta si no le damos medicación fuerte- aclaró dirigiéndose a los gemelos Weasley, los cuales se limitaron a asentir como si darle medicación de pájaro-medio caballo a una humana fuera lo más normal del mundo... –Ya que están aquí, podrían echarme una mano -sugirió la enfermera.
-Por supuesto, Madam Pomfrey, estamos aquí para ayudar –ironizó George con una sonrisa forzada, mientras Fred asentía con la cabeza.
-¿Me ayudarían a sacarle esas cosas de las muñecas? -dijo Madam Pomfrey señalando algo.
Los gemelos Weasley siguieron el dedo de la enfermera con la mirada. Allí, grapados a sus muñecas, estaban los pompones que Cho había empleado para corear a Harry en el Gran Comedor.
–Lo hemos intentado con todo tipo de anti-despegantes, pero ha sido imposible ¡Es como si se los hubiera tatuado en la piel! ¡No hay manera de quitárselos!
Fred Weasley se acercó disimuladamente a su hermano y le susurró entre dientes:
-Ya te dije que no era conveniente poner tanto pegamento…
-¡Harry, Harry! ¿Has visto a Hermione?
Harry se dio la vuelta. Allí mismo estaba Ginny, gritándole si había visto a Hermione. No, no la había visto, pero ahora respiraba más tranquilo: al menos había encontrado a Ginny.
Harry se acercó a ella, sudando por la gran caminata que había realizado. De pronto, la cercanía le recordó a Ginny lo que había pasado momentos antes entre los dos y entonces la pelirroja se ruborizó un poco.
-No, no la he visto. Ya veo que tú tampoco la has encontrado…-le dijo Harry, todavía intentando recuperar el aliento. El corazón le palpitaba rápidamente, pero ya no sabía si era por el esfuerzo físico que había hecho o porque por fin estaba cara a cara con Ginny.
-No, ni rastro de ella…
-Oye, Gin…
-¿Qué? -le cortó la pelirroja muy sulfurada.
-¿Podemos hablar un minuto? –propuso, mientras la tomaba del brazo para que no pudiera decir que no.
-¿Preparados? A la de tres, tirad con todas vuestras fuerzas, muchachos. Como dos machotones, ¿entendido, machotes?
Fred y George intercambiaron miradas ante aquel comentario tan poco jocoso de Madam Hooch.
La profesora de clases de vuelo había sido citada en la enfermería para a dirigir la operación despegue de pompones tras aterrizaje forzado para conseguir liberar a Cho Chang de aquellos dos artilugios fijados a sus muñecas.
-Venga, George, colóquese bien, hombre. ¡Y estírese! Usted póngase a la izquierda y su hermano a la derecha. Agarren cada uno un pompón y que sea lo que Merlín quiera.
-¡NO! ¡NO LES DEJÉIS HACERLO! -gritaba la pobre Cho como podía por el pequeño agujero que le habían dejado en el yeso para hablar. La pobre buscadora parecía un buzo en medio de tanta venda superpuesta.
-Tranquilícese, señorita Chang. Ya verá como dentro de unos minutos se habrá librado de esas dos cosas -le apremiaba Madam Pomfrey.
-¿Está segura de que nos podemos fiar de esos dos? -preguntó Marietta, preocupada. Pero ya era demasiado tarde porque Madam Hooch había comenzado la cuenta atrás y tenía un silbato en los labios.
-Tres… Dos… ¡Uno! ¡Ahora! ¡Tirad, muchachos! ¡TIRAAAAAD!
Fred y George dieron un enorme tirón al unísono para intentar desencajar los pompones de las muñecas de Cho Chang. Pero, como resultado del brusco movimiento, la buscadora de Ravenclaw acabó en el suelo, provocando que la faja de yeso se resquebrajara por un costado.
Los gemelos Weasley también habían acabado en el suelo, tras aquel brusco movimiento, aunque no les costó demasiado volver a ponerse en pie y observar cómo una desesperada Cho no dejaba de pedir auxilio:
-¡Ay! ¡Me quieren matar! -sollozaba Chang desde el agujero, desesperada por moverse, atrapada en aquella masa que le cubría todo el cuerpo. Madam Pomfrey y Marieta se habían inclinado para ayudarle a incorporarse. Al ver que no podían entre las dos porque pesaba demasiado debido al yeso, la enfermera le dijo a Madam Hooch:
-Será mejor que entre las dos conjuremos un hechizo-grúa o no va a haber manera de moverla del suelo…
-Bueno… al menos ya no tiene los pompones pegados -comentó Fred rascándose la nuca, y todavía sujetando uno de los pompones en su mano derecha.
-Sí, pero ahora habrá que hacer recuento de los huesos que se han roto con esta nueva caída…-apuntó George, haciéndose a un lado para que las dos mujeres intentaran levitar a Cho hacia su cama.
En el despacho de Dumbledore, el director del colegio y los jefes de las casas estaban ultimando los detalles para la reunión que se iba a mantener esa noche con los alumnos.
-Ya está confirmada la asistencia de Molly Weasley- comentaba McGonagall. –Lo que todavía no sabemos es si va a venir sola o acompañada de Arthur Weasley.
-Bueno, mejor contamos con ambos, por si acaso Arthur decide venir. Recordemos que dos de sus hijos están citados. Me extrañaría que únicamente se presentara Molly- anotó Dumbledore.
Minerva McGonagall garabateó el pergamino que llevaba en su mano.
-¿Qué hay de la abuela de Neville? -quiso saber el director.
-La señora Longbottom ha estado aquí esta mañana, como habrán podido comprobar- apuntó McGonagall señalándose su propio ojo, haciendo una clara alusión al ojo morado de Neville. –Sin embargo, parece ser que también asistirá esta noche.
-Estupendo ¿Quién más tenemos? -añadió el director, frotándose las manos frenéticamente, como un fanático ante el inicio de un partido de Quidditch. Aunque, ante la mirada asombrada de los profesores, retomó su serio talante.
-¿Los padres de Granger? -preguntó Snape, con una mueca de asco.
-¡Pero si son muggles! -se escandalizó Sprout.
-Sí, Pomona, pero tienen el mismo derecho a asistir que el resto –terció Dumbledore. -Además, nunca han sido invitados al castillo y ésta puede ser una muy buena ocasión para que conozcan el sitio donde se está formando…
-Deformando -puntualizó Snape.
-…su hija -al rematar la frase Dumbledore le dirigió una mirada reprobatoria a Snape.
De pronto una lechuza se coló por la claraboya del despacho del director y fue a parar a la superficie de su escritorio. Todos los profesores se quedaron mirando al animal, pero fue el propio Dumbledore quien tomó el mensaje y dijo en voz alta:
-Es una lechuza para todos nosotros. De Sybill… Os la leeré…
Queridos colegas:
Como no tengo amigos, (repito y recalco: Como no tengo amigos. Bueno, ni falta que hace, la verdad…) quiero compartir mis visiones con todos vosotros, dado que no puedo elegir a ninguno en particular.
Sé que los acontecimientos acaecidos durante la comida os han pillado de improviso a todos ¡Pero he de decir que yo lo sabía hace semanas! Ay… estas mentes mundanas se pueden llegar a sorprender por todo…. Pero quien tiene LA VISIÓN, como esta humildísima servidora, es capaz de anticiparse a cualquier acontecimiento futuro.
Por eso quiero ofreceros mis servicios para la reunión que va a llevarse a cabo esta noche…. Y para la cual "sorprendentemente" (¡ja, como si no estuviera acostumbrada!) no he sido invitada.
Si alguno desea conocer qué designios están escritos para ese encuentro, sólo tenéis que decírmelo.
Estoy ansiosa por mostraros "mis bolas" a todos vosotros…
Un abrazo comunal a todas vuestras mentes cerradas al futuro,
Sybill Trelawney
-Bueno, ¿por dónde íbamos -preguntó Dumbledore, tras haber leído el mensaje traído por la lechuza, y constatar una patente falta de interés hacia los servicios que ofrecía la profesora de Adivinación.
-Yo me preguntaba, profesor Dumbledore, ¿qué hacemos con Luna Lovegood y su club de fans? -quiso saber el pequeño Flitwick.
-Está claro que su padre aprueba esa idea del club de fans. No veo por qué deberíamos citar entonces a la señorita Lovegood -argumentó Dumbledore, para desilusión del pequeño enano.
-¿Y cree usted que debería hablar con Hannah Abbot? –se interesó Pomona Sprout.
-Ciertamente, el comportamiento de la señorita Abbot está siendo de lo más extraño. No estaría mal que intentaras charlar con ella en un momento que te la encuentres por los pasillos, Mona. Quizá ella pueda darnos alguna información de los extraños sucesos a los que estamos asistiendo-aconsejó Dumbledore.
-De acuerdo -asintió Pomona, anotando en una libretita las palabras de Dumbledore: "Quizá ella pueda darnos alguna información…."
-¿Y qué pasa con Potter? -sacó a colación maliciosamente Snape.
-¿Qué pasa con él? -reaccionó McGonagall a la defensiva.
-¿Es que también pensáis excusarle esta vez? -se quejó Snape.
-¿De qué quieres que hablemos? -preguntó Ginny.
Harry quiere hablar conmigo. ¿De qué?, pensó. Bueno, aquella era una pregunta bastante estúpida, por lo que Ginny dejó de hacérsela a sí misma y prestó atención a las palabras que estaba a punto de decir Harry:
-Yo… esto… -comenzó a tartamudear el muchacho, visiblemente nervioso. –Yo… quería saber…
-¿Sí? -se hizo de rogar un poco más la pelirroja.
-Vamos, Gin, esto no es fácil –se quejó Harry-, no me lo pongas más complicado.
-¡Ay, Harry! No tengo tiempo ni paciencia para jugar a las adivinanzas –le reprochó ella, molesta de que el chico que vivió no terminara de pedir lo que sospechaba que deseaba.
-Bueno, quiero decir... quería saber sobre -siguió el pobre Harry con un nudo en la garganta.
-¿Sobre qué? -preguntó Ginny, a punto de perder la poca paciencia que le quedaba.
-Bueno, pues… ¿Que qué te ha parecido lo de antes?
-¿El qué?
Harry le miró con cara de cordero degollado.
-¿Te refieres al…-comenzó a decir Ginny.
-Al beso, sí -escupió, por fin, Harry.
Ginny se puso muy roja al oír esto de la boca de Harry. Y el pobre muchacho ahora mismo no era capaz de mirar a la pelirroja a los ojos. Simplemente permanecía con la vista fija en el suelo.
Apenas quedaban diez minutos para que se reanudaran las clases de la tarde, pero un alegre Draco Malfoy se dirigía en ese momento a los pasillos que conducían a la parte de atrás del comedor. Caminaba con zancada valiente y algo danzarina, como si nada de lo que hubiera pasado en el Gran Comedor le hubiera afectado en absoluto. En su recorrido, de pronto pudo divisar una cabellera pelirroja, que andaba taciturna, camino de la escalera principal. El rubio se acercó y poniendo una mano en el hombro de Ronald Weasley, lo giró y le dijo:
-Escucha, Ron…
Ron al ver quién estaba justo frente a él se quedó muy extrañado. Estuvo a punto de decir alguna barbaridad, pero ya no le quedaban fuerzas para nada. Acababa de recibir una lechuza de citación para la reunión en el despacho de Dumbledore, y gracias a eso había podido descubrir qué había querido decir su madre con aquello de "nos vemos esta noche". Simplemente no estaba de humor, por lo que se limitó a escuchar.
-Sólo quería decirte que lo siento. Realmente lo que te han hecho tus hermanos ha sido una cerdada. Yo no me lo habría tomado nada bien. Entiendo que ahora estés preocupado, pero verás como todo se resuelve.
¿Es que estaba soñando? Aquella persona tan buena, dadivosa, cálida y comprensiva… ¿realmente era Draco Malfoy?
-Además -continuó el rubio-, sé que ahora le estarás dando vueltas a eso del tamaño. Pero, tranquilo, te he visto en el vestuario de las clases de vuelo y… ¡la tienes bien puesta, hombre¡Buenas dimensiones- le dijo, dándole una palmada hombruna en la espalda. –Claro… no se puede comparar con la de Potter ¡Todo un roble! Aunque algo excesivamente gruesa y larga para mi gusto…Y, claro, luego está mi Big Boy, la octava maravilla del Mundo Mágico. Pero volviendo a tus asuntos…Te voy a ser sincero: lo tuyo no es que sea nada del otro mundo. Pero créeme: comparada con la pitufina de Goyle, tu aparato no tiene por qué avergonzarse de nada….Así que déjale que salga, que vea la luz del sol de vez en cuando, que haga ejercicio y se hinche de orgullo… Y sobre todo… que siga practicando y se relacione… con Hermione o con quien sea…
-En fin, me voy, que tengo que felicitar a los elfos domésticos por la maravillosa comida con la que nos han deleitado hoy. Luego te veo –dijo Malfoy antes de dar media vuelta y desaparecer, dejando a Ron allí clavado, meneando su cabeza con incredulidad.
-Pues creo que ha estado bien, Harry -se aventuró a decir Ginny.
-¿Sólo bien? -se desinfló Harry, alzando un poco los ojos para posarlos en los de la pelirroja. –Pero yo estaba pensando que a lo mejor…-titubeó- que a lo mejor podríamos… Es decir, Ginny… Yo me preguntaba si a partir de ahora tú querrías… no sé… repetirlo de vez en cuando… Como algo más establecido…
Harry realmente no podía creer que lo hubiera dicho ¡Se lo había propuesto! Bueno… le había propuesto algo así como besarse de vez en cuando, lo cual era igual a proponerle algo más estable, ¿o no?
Pero ahora no sabía si estar contento por eso o no, ya que era consciente de que no había marcha atrás.
Estaba allí, esperando para conocer la reacción de Ginny a sus palabras, cuando de repente Peeves, el poltergeist, apareció surcando los aires:
-Nino, nino, ninooooooooooo…-cantó Peeves. El poltergeist se estaba abrazando a sí mismo y dándose besitos, como intentando imitar el beso que se habían dado momentos antes Harry y Ginny. ¡La parejita va a llegar tarde a claaaaaaaaaaaseeeee¡Vamos! ¡Métele la lengua, Potter!
-¡Lárgate, Peeves! -le gritó Harry enfadado.
Peeves parecía tener el don de aparecer en los momentos más cruciales y delicados…
-¡Calabazas, calabazas, calabazas! ¡Ella quiere a Michael Corner! -gritaba Peeves, mientras se alejaba de la parejita.
-¿Es eso cierto? ¿Prefieres a Corner? -dudó Harry.
-Mira, Harry, yo es que… Con Michael es algo seguro, ¿entiendes? No tengo que estar pendiente de una cicatriz, de si el mago más poderoso de todos los tiempos te va a matar un día de estos o si en cualquier momento me vas a decir que prefieres que cortemos para que yo no esté en peligro. Por eso creo que lo mejor va a ser que lo dejemos así. Olvidarlo, dejarlo de lado, ¿no crees? Estuvo bien, pero yo ahora mismo prefiero dejarlo como está -respondió Ginny, casi sin creer que acababa de rechazar al chico que sobrevivió.
A Harry se le arrugó el corazón como una pasa, pero entendió que ya no había nada más que decir y asintió a la vez que bajaba la cabeza.
-Me tengo que ir a clase…-le advirtió Ginny.
-Sí, yo también…
Así fue como ambos se separaron, camino de sus respectivas aulas.
La primera clase que tenían por la tarde era la de Adivinación. Ron ya se encontraba en su asiento habitual, cuando Harry hizo su aparición, bastante taciturno. El muchacho se sentó al lado de su amigo, derrotado, y antes de que la profesora entrara en la clase, Ron le preguntó:
-¿Qué te ha pasado? Estás como si te hubiera dado un beso un Dementor.
-Me ha dado un beso algo mucho peor que un Dementor -comentó Harry con ironía, volviendo a recuperar el humor por momentos.
-Oye -cambió de tema Ron, dispuesto a no hablar bajo ningún concepto del beso que Harry le había dado a su hermana-, ¿tú también has recibido una carta de citación?
-No… ¿una carta de qué?
-¡Maldita sea! -se quejó el pelirrojo. –Es McGonagall: me ha citado para una reunión esta noche en el despacho de Dumbledore. No sé si tiene que ir alguien más…-le informó el pelirrojo.
-Pues no, no he recibido ninguna carta de citación…Bueno, puede que no suene demasiado bien, pero a lo mejor es una tontería -intentó animarle Harry.
-Ya… no sé… ¿Y al final pudiste dar con Hermione? -preguntó Ron, levemente preocupado y temiendo un encuentro con la morena.
-No… no hay ni rastro de ella. Espero que esté bien…
En ese momento la profesora Trelawney hizo su aparición en la clase y se sentó frente a su bola de cristal.
-Queridos -comenzó a hablar-, hoy es un día muy especial. Con todo el movimiento astral que ha provocado los reveladores acontecimientos que se han producido en el castillo, tenemos mucho trabajo que hacer para intentar averiguar las consecuencias que tendrán estas acciones tan agresivas que acabamos de presenciar. Por favor, abran sus libros por la página un millón doscientos cuarenta y siete mil.
-Carajo, otra vez volvemos al librito fino y ameno…-murmuró sarcásticamente Ron.
-¿Hay algo que quiera comentar con el resto de la clase, señor Weasley? ¿Alguna premonición, quizá, sobre el sexo de su futura prole? –se burló Trelawney disimuladamente.
El resto de la clase se echó a reír, recordando las palabras de la señora Weasley en el vociferador. Ron simplemente se quedó callado. Justo en ese instante la puerta de la clase volvió a abrirse y Lavender Brown apareció en el umbral.
-Llega tarde, señorita Brown.
-Disculpe, profesora, me encontraba algo indispuesta.
-Ya lo sabía, querida, ya lo sabía…. ¿Por quién me ha tomado? ¿Por una principiante? Tome asiento, por favor.
Lavender hizo ademán de ir a sentarse al lado de Parvati, pero comprobó entonces que su asiento habitual estaba ocupado por otra chica de Ravenclaw a la que apenas conocía. Por eso fue a sentarse a una de las filas posteriores, justo detrás de su amiga.
-Capítulo 1230: besos anunciados y cómo predecirlos -leyó Trelawney. ¿Alguien sabe algo de este tema?
-Pregúntele a Potter -sugirió otro chico de Ravenclaw entre risas.
Trelawney no le dio importancia al comentario y prosiguió:
-Señorita Patil, ¿quiere hacer el favor de sentarse aquí? -le pidió, señalando uno de los taburetes que había frente a su bola de cristal. Parvati se levantó e hizo lo que la profesora le pedía.
-Y a ver… a ver… a ver…¿quién más, quién más? ¡Ah, sí! Señorita Brown, usted siéntese en el otro.
De mala gana, Lavender hizo lo propio y se sentó en el extremo opuesto de la bola de cristal.
-Junten sus manos, queridas, para descargar su energía sobre la bola y vaticinar quién será la próxima pareja en besarse.
Las dos muchachas de Gryffindor juntaron sus manos temblorosas, tocándose una a la otra, y sin querer parecieron entrar en un trance. Tanto Lavender como Parvati sentían una poderosa energía que bullía en el fondo de su barriga.
-Y díganme, ¿qué ven?
-Yo… yo veo a Lavender -comentó Parvati.
-Ummmm, interesante -opinó Trelawney. -¿Y usted, señorita Brown?
-Yo veo a… veo a…
Pero fue todo lo que pudo decir porque entonces se abalanzó sobre Pavarti para intentar darle un beso mientras ésta gritaba:
-¡Nooooo! ¡No lo hagas! ¡No te dejes vencer!
De poco valió porque la poción mágica a la que las dos muchachas se habían resistido todo el día a base de evitarse, se impuso en ese momento y concluyó con un beso entre las dos Gryffindor.
-¡Ay, ay, ay! –le susurró Ron a Harry. -¿Por qué los gemelos no pueden ser más discretos a la hora de poner las pruebas?
-¿Por qué si no, no serían los gemelos?
-Cierto…No sé ni por qué lo he dicho.
-Interesante…-comentó Trelawney cuando las dos muchachas dejaron de besarse. –Aunque yo ya lo sabía, por supuesto ¡Por algo se lo he pedido a ustedes dos! Bueno, pues ahora ya saben más o menos cómo se adivina los besos.
-Y yo que pensaba que eso tenía algo que ver con la atracción física de las dos personas… ¡Qué estúpido soy! -le susurró Ron en broma a Harry.
La profesora Trelawney estaba ya dispuesta a reanudar la clase con total normalidad cuando de repente, en un ataque de ira no contenida, Lavender abandonó la sala y se fue corriendo, camino de la torre de Gryffindor. Sin embargo, Parvati se quedó allí, consciente de que era mejor estar separada de su amiga durante un tiempo.
Una lechuza entró rauda y veloz en una de las mazmorras del castillo y justo cuando su destinatario tocó con sus temblorosas manos el sobre que venía atado a una pata del animal, una voz honda y gruesa llenó el recinto...
Lechuza para R2-D2:
Mi inútil androide:
Tu señor "Darth Vader" es consciente de que has hecho todo lo posible durante esta misión.
Fiu- fiu, fiu-fiu(mítico sonido de Darth Vader al respirar).
Pero ahora has de hacer todo lo posible por implicar a "Luke Skywalker" en la reunión que van a mantener los miembros de la "República" esta noche.
Fiu-fiu, fiu-fiu…
El Imperio no puede permitirse ningún fallo más.
Fiu-fiu,fiu-fiu…
Si "Han Solo" y la "Princesa Leia" están castigados por practicar sexo adolescente y van a acudir a ese encuentro con "Obi-Wan Kenobi", tú debes asegurarte de que Luke también esté allí.
Fiu-Fiu, Fiu-Fiu…
Así tendremos un motivo para asaltar el despacho (uy, perdón, el "Halcón Milenario" de "Obi-Wan Kenobi")
Fiu-Fiu, Fiu-Fiu…
¡Me da igual que te hayan dicho que el niñato no debe ir a la reunión!
¡Por Adava Kedava! ¡Que le parta otro rayo la cabeza a ese niño malcriado!
Por cierto: lamento que todos los "jedis" de Hogwarts se estén volviendo tan locos como tú dices.
Firmado:
Vader… Darth Vader.
P.D: C3-PO también te envía saludos y te pide que cuides de su pequeño "Chewbacca"...
Por fin la primera hora de las clases de la tarde se había acabado. Los pasillos ya empezaban a estar llenos de alumnos muy excitados tras aquella comida. La profesora Sprout, tras haber rematado su clase de Herbología, esperaba en la puerta para poder retener a una de sus alumnas. Cuando por fin Hannah Abbot pasó por su lado, Pomona entabló conversación con ella:
-Bueno, bueno, Hannah. ¿Qué tal? ¿Cómo te van las clases?
-¡Muy bien! ¡Son tremendamente excitantes para mí! -respondió la rubia.
-Entonces… ¿seguro que te encuentras bien últimamente, querida?
-¡Mejor que nunca! Esto de la magia es tremendamente divertido. Me siento como si hubiera vuelto a nacer -contestó la pobre desmemorizada, preguntándose quién era esa señora regordeta tan amable que le estaba hablando.
-Me alegro mucho, querida, porque estaba un poco preocupada -le confesó la profesora Sprout. –Y ahora que estamos hablando…-se le encendió la bombilla a la profesora: "Sacarle información"-por casualidad tú no sabrás quién se hace llamar por ahí Verde Brócoli ¿verdad, querida?
A la salida de la clase de adivinación, al pie de las escaleras, Harry, Ron y Parvati discutían muy animadamente lo que había pasado con Lavender en medio de la clase:
-¡No entiendo por qué ha reaccionado así! -se quejaba Parvati. -¡Ni que yo hubiera deseado hacerlo! ¿Acaso no entiende que es un juego? ¿Qué puedo hacer yo si es eso lo que me mandaron hacer?
-Tranquila, Parv, ya se le pasará –intentó animarla Harry.
-¡Hey, Parvati! ¿Podemos hablar un minuto?
Parvati se giró. Por alguna razón Roger Davies, el apuesto capitán de Quidditch de Ravenclaw que había estado saliendo a escondidas con su hermana gemela, le estaba esperando al pie de la escalera.
Vociferador para la falsa y mezquina bruja (con verruga fea incluida) de mi hermana:
¿Cómo has podido? ¡Después de que te contara sólo a ti lo mucho que me gustaba Roger! ¡Tú! ¡Sangre sucia de mi sangre! ¡Mala hermana! ¡O lo que es peor: mala gemela! ¡Gemela postiza!
¡BRUUUUUUJAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
La próxima vez que quieras besarte con alguien, a ver si agarras tu escoba y ensayas unos cuantos besuqueos con ella… ¡Así que ya estás apartando tus sucias manos de MI Roger!. ¡Me da igual que sea un endemoniado juego!
¡Cuando te vea te voy a dejar un ojo tan morado como el de Neville!
¡Olvídate de que tienes hermana!
Firmado:
Una bruja cabreada
En ese preciso instante.
Madriguera.
Hora X. Tarde temprana
-¡Pues por supuesto que vas a venir! -le gritaba Molly Weasley a su marido.
-Pero Molly… -suplicaba el señor Weasley. -¡Son sólo adolescentes! ¡Están en la edad!
-¿Realmente me estás diciendo que tu querido hijo tiene todo el derecho del mundo a ser un consumidor precoz de preservativos? ¿Y qué va a ser lo siguiente? ¿Una rayita de cacafina?
-Se dice cocaína, Molly -le informó el señor Weasley, experto donde los haya en asuntos y objetos Muggles. –Pero ése no es el caso. El caso es…
-¿Y tu hija? ¿Qué me dices de la hasta ahora dulce y delicada Ginny? ¡Jugando a malabaristas y lesionando a pobres jovencitas únicamente por celos! -insistía la señora Weasley, sin prestar atención a las palabras de su marido.
-¡Cosas de chicas! Ahora no me digas que tú no te ponías celosa cuando estábamos en el colegio. Siempre que me paraba a hablar con aquella chica de Ravenclaw… ¿Cómo era su nombre?
-¡PERO AQUELLO ERA MUY DISTINTO! ¡Yo no me dediqué a mandarla prácticamente a San Mungo con una lesión cerebral!
-¿Y qué me dices de nuestros escarceos nocturnos en la torre de Astronomía en séptimo? ¿Es que eso no cuenta? ¡Tenía que hacer un conjuro silenciador para que nadie te escuchara gritar! -intentó razonar el señor Weasley.
-¡Pero eso fue en séptimo! ¡Y tu hijo ya nos lleva dos años de ventaja! ¡AJÁ! ¿Y qué pasó después, eh? ¿Qué pasó después, Arthur? -le dijo la señora Weasley, señalándole con su dedo índice- ¿O acaso tengo que recordarte que nos casamos porque el señorito metió su Quaffle donde no debía y ganó el partido? ¡Que no, Arthur, que no! ¡No hay más que hablar! ¡Tú vas a esa reunión como yo me llamo Molly Weasley y se acabó!
Con esta amenaza en el aire, la señora Weasley abandonó la cocina de la Madriguera para seguir con sus labores en la casa. El señor Weasley cabeceó, y se llevó una mano a la cara, como resignándose a acometer la tarea que le había planificado su esposa para aquella noche.
NdA: Valeee… Ha pasado un mes ¡Un mes! Y creo que os debo una disculpa por ello. Realmente han ocurrido muchas cosas en mi vida durante este mes y algunas de ellas me han demorado para escribir. Pero como no creo que os valga ninguna como excusa, simplemente me disculpo y os pido perdón por el retraso.
Este capítulo HA SIDO HORRIBLE. Básicamente porque es lo que yo llamo "un capítulo de transición". Éstos los odio especialmente porque, aunque son necesarios, se alejan un poco del ritmo de la historia, ya que en ellos no pasa nada realmente emocionante. Total, que no he podido dejar de escribirlo porque necesito lo que ocurre aquí para ediciones posteriores… pero bueno, cuando lo leáis os podréis hacer una idea de por qué ha sido tan difícil de escribir.
También he de advertir que ocurre algo un tanto triste en esta séptima entrega. No es que nos vayamos a poner a llorar todos, pero sí que es un poco melancólico. En fin, no es más que otra de las cosas que voy a necesitar para continuar la historia… así que no os penséis que esto se va a convertir en un culebrón o algo así¿vale?
Otra cosa importante: este capítulo me ha salido MUY MUY LARGO. Así que respirad hondo antes de abordarlo. Espero que no se os haga muy pesado. El problema era que había muchas cosas que contar y me ha salido así de gigante…
He de advertir que es probable que el día dos (recordad que ahora estamos en lunes, día uno) no os vaya a resultar muy emocionante. Bueno, ya se verá porque aún no lo he escrito. Pero si sois capaces de aguantar y continuar con la historia, puedo prometer YA que el día tres no os lo esperáis ni de broma.
Para terminar y ya que he estado tanto tiempo sin dar señales de vida, quiero daros las gracias por el ALUVIÓN de reviews que tuvo el capítulo seis. Guau… ‚?me emocioné un montón! (Booh con la lagrimita…) Casi se me cae todo al suelo al verlo. De verdad que muchas gracias…
Lo que más lamento es que la espera os habrá hecho olvidar un poco la historia. Quizá algunos tengáis que volver atrás para entender la trama de este capítulo (yo tuve que hacerlo para escribirlo), pero lo que no puedo hacer es pararme para rememorar cosas del pasado (si lo hiciera se haría eterno). En fin MIL BESITOS Y MIL GRACIAS A MIS CHICOS/AS LECTORES. Sois lo mejor que le puede pasar a una aprendiz de escritor.
Por cierto… alguno de vosotros me ha dado su dirección de msn para que le agregue. La verdad es que no soy muy amiga del MSN, pero si queréis contactarme vía e-mail; podéis escribirme para lo que sea en la dirección que aparece en mi "bio" (bueno, evidentemente no me hará mucha ilusión que me mandéis virus, insultos o amenazas…) En fin… Gracias, gracias, gracias a Boni y a Anita, mis dos compañeras de fiebre-fic, que siempre están ahí para decirme: "te has pasado en esto, te has quedado corta en esto, haz esto, etc". ¡Qué haría yo sin vosotras! Ufff…
En resumen: un beso enorme para todos!
