Capítulo 7: When the lady says stop
Como Beckett había indicado sus compañeros regresaron a comisaría cuando Castle y ella terminaban de archivar las pruebas en el almacén.
—Ahora que estoy aquí y que hemos resuelto el caso gracias a mi audaz ingenio—anunció Castle — ¿Que os parece si vamos a "La guarida" a celebrarlo?
—Por supuesto— contestó Esposito — ¿Pero pued…—
—Sí, puedes llamar a Lanie para que venga— interrumpió Castle antes de que el detective pudiera formular la pregunta
— ¿Nos vemos allí en un par de horas? — accedió Ryan mientras se ponía el abrigo y aflojaba el nudo de su corbata
—Genial, trae también a Jenny— Exclamó Castle emocionado — ¿Tu qué dices Beckett, te apuntas?— consultó Castle dirigiéndose a su musa con una sonrisa.
—No lo sé Castle, hay mucho papeleo y tengo cosas que hacer en mi apartamento — respondió ella con pereza.
— ¡Vamos, será divertido! — Castle procuró convencerla. —Y poneros algo elegante, puede que aparezca el alcalde por allí— añadió mientras pulsaba el botón para acceder al ascensor.
El escritor se giró antes de que las puertas se cerraran tras de sí, llegando a distinguir una sonrisa en el rostro de Beckett.
La Guarida se encontraba completamente abarrotada, no en vano su dueño celebraba una fiesta a la que acudían algunas de las personas más importantes de la ciudad. La muchedumbre iba y venía creando un gran alboroto. Algunos se detenían a observar las fotografías que poblaban las paredes del bar en las que se retrataban multitud de escritores, incluyendo a Richard Castle. Entre las imágenes destacaba una algo más moderna que mostraba cuatro hombres y una mujer brindando con el licor de una botella de cristal rojo. Bajo el marco colgaba un grabado que rezaba "Al capitán Montgomery: El nos enseñó el verdadero significado del valor".
Aquel siempre había sido uno de los lugares preferidos de Castle para escribir. La historia de ciudad rezumaba por las paredes del bar, impregnando el ambiente con recuerdos de otras épocas. Eddie, el pianista, parecía recordar a todas y cada una de las personas que habían pasado por alguna de las mesas de La Guarida y accedió a tocar también aquella noche. El anfitrión saludaba uno por uno a los recién llegados, preguntándose si no habría invitado a demasiada gente.
— ¡Ricky! — exclamó una voz sorprendiendo a Castle
—Pez Gordo— contestó el escritor cuando vio al alcalde
—Si llego a saber que este sitio estaba en venta…— comentó el alcalde echando un vistazo a su alrededor para apreciar el local
—Ven, voy a presentarte a uno de mis compañeros— propuso Castle pasando su brazo por el hombro del alcalde.
El escritor condujo a su amigo a través de la multitud hasta dar con Ryan y su prometida. La pareja se encontraba compartiendo caricias en una de las mesas más apartadas
—Chicos, os presento al alcalde— exclamó Castle cohibiendo el intimo momento.
Ryan se puso en pie de un salto, sorprendido y avergonzado al mismo tiempo. El detective se apresuró a corregir su peinado con la mano y a abrochar el botón superior de su camisa con formalidad. A continuación estrechó la mano que le ofrecía el alcalde con nerviosismo
—Señor Alcalde. Es un honor conocerle — manifestó Ryan aun temblando —Yo soy…—
—El detective Ryan ¿verdad?— Interrumpió su interlocutor —La inspiración de Raley en los libros de Nikki Heat. Y esta belleza debe ser Jenny. Rick me ha hablado mucho de vosotros— comentó el alcalde besando el reverso de la mano de la mujer.
—Un consejo, Robbert, nunca compitas a beber con ellos— interfirió Castle —Vasito de leche puede machacarte en cualquier momento—
Ryan se disponía a reprender al escritor por emplear su apodo cuando Castle recibió una llamada de su hija y se ausentó para contestarla. Martha había insistido en que ambas debían adquirir galas especialmente para la ocasión y Alexis se vió obligada a avisar a su padre del retraso que sufrirían
Unos minutos más tarde Espósito y Lanie aparecieron juntos en La Guarida, guiados por el indiscutible bullicio de la fiesta. La doctora distinguió a Castle de puntillas entre la multitud, observando a su alrededor como un cachorro perdido
— ¿Buscas a alguien chico-escritor? — Castle distinguió la voz de Lanie a sus espaldas y se giró para comprobarlo
— ¡Doctora Parish! — Exclamó Castle ante la imagen de la examinadora —Vaya, que bien te veo —
—Gracias Castle — respondió ella ante los elogios del escritor —Todo un caballero—
— Cuidado, que te puedo dejar un ojo morado — comentó Esposito con un tono más amistoso que enfadado.
— ¿Estabas buscando a Beckett? — preguntó Lanie, advirtiendo la inquietud del escritor
—No, no, yo no buscaba a nadie — contestó Castle rápidamente, fingiendo un tono despreocupado — ¿Por qué lo dices? — continuó con su forzada actitud ausente.
—Me ha llamado antes porque no sabía qué tipo de vestido ponerse. A lo mejor deberías ir a su apartamento para aconsejarla — comentó la doctora
Esposito miró a su acompañante extrañado
— ¿Estás segura de que te ha lla… ? — Lanie golpeó al detective con el codo, impidiendo que completara la frase. La terrible mirada que siguió a la llamada de atención logró que Esposito comprendiera la situación. —A mí también me dijo que vendría. Quizás esté en un aprieto. Beberías ir a comprobarlo —
—Si, tenéis razón chicos. Vuelvo en un rato— exclamó el escritor antes de fundirse con la muchedumbre en busca de la salida
Espo y Lanie compartieron una sonrisa y se aproximaron a la barra. Allí tomaron asiento y el detective pidió sus bebidas
—Con eso último te has pasado Javi. Diciéndole que Kate puede estar en peligro, ¿quieres que le de un infarto? — comentó Lanie con una carcajada
—Eh, que tú has empezado primero. — Se defendió Espósito —Además, he estado contigo toda la tarde y no has recibido ninguna llamada. ¿Qué tramáis Beckett y tú? —
—Beckett no sabe nada de esto — contesto la doctora —Ambos necesitan un empujón y nosotros tenemos un apuesta ¿recuerdas? —
—Hey, ¡eso es trampa! — Protestó el detective —¿Y qué vamos a hacer si no vuelven? Esta fiesta la ha montado Castle —
—Si no vuelven, detective, significa que me debes algo— añadió Lanie jugando con la copa entre sus dedos
—Mm, y quieres que te lo pague con dinero o… ¿de otra forma? — propuso Esposito inclinándose para besarla
—No sé, ¿qué tenias en mente? — Lanie agarró con pasión al detective por la solapa de la camisa, evitando que se alejara
—Bueno, podría…— susurro Esposito al oído de la doctora
—Eso suena bien— Contestó Lanie emocionada —¿Qué te parece si "efectúas el pago" esta noche?… y si no gano la apuesta… te lo devuelvo mañana— añadió mordiéndose el labio
En el interior del apartamento de Beckett un acalorado encuentro tenía lugar. La ropa volaba por la habitación en todas direcciones y el elevado volumen de los ruidos sin duda alertaba a los vecinos.
—Escúchame Kate, esto es un error— exclamó él
—El único error es no haberlo hecho antes— contestó Beckett
—No sabes lo que dices Kate, ese escritor te ha comido la cabeza—
—No metas a Castle en esto— contestó ella enfadada mientras le lanzaba una camisa — ¡Toma, también es tuyo! —
— ¿Cómo no voy a meterlo, Kate?— Gritó el doctor lanzado la prenda al suelo —Me estas dejando por él ¿no es así? —
Mientras Beckett discutía con el doctor, entregándole los pocos objetos que le pertenecían para que abandonara la vivienda cuanto antes, Castle conducía a toda velocidad por las calles de nueva york. Cuando llegó al apartamento de Kate, el escritor distinguió un vehículo aparcado junto al portón principal del edificio. Una moto que indudablemente pertenecía al doctor. En ese instante Castle sintió el impacto de toneladas de sueños precipitándose al vacío. Todos y cada unos de los momentos en los que Josh se interponían entre él y su musa volaron ante sus ojos.
Castle tenía dinero, fama, talento, multitud de mujeres y encanto para salir airoso de cualquier situación. Pero aquellos momentos representaban la posibilidad de no alcanzar lo único que realmente había deseado en muchos años. Aquellas imágenes le recordaban que no todo terminaba como le gustaría, que por primera vez él no escribiría el final de la historia a su antojo. El escritor seguía acudiendo a comisaría con un café cada mañana esperando una sonrisa, pero en ocasiones el doctor aparecía para resquebrajar su fantasía, para demostrarle que aquello que anhelaba podía resbalar entre sus dedos y esfumarse
Aquella motocicleta se encontraba completamente estática y sin embargo había atropellado las ilusiones del escritor. Castle observaba aun incrédulo el vehículo, negándose a dar crédito a la imagen que captaban sus sentidos. Lanzó una mirada furtiva al apartamento, comprobando que se encontraba iluminado. Se hallaba ante la dicotomía de abandonar aquel lugar y olvidarlo todo regresando a la fiesta o subir al apartamento de la inspectora para certificar sus temores. Tardó unos segundos en tomar una decisión, y finalmente extrajo las llaves de su coche del bolsillo. No deseaba arriesgarse a contemplar una escena entre su musa y el doctor que podría acabar ahogando su ya baqueteado corazón.
Se dirigía hacia su coche cuando un sonido a su espalda le distrajo. Escuchó un portazo seguido de unos pasos marcados en el rellano del edificio. Se giró para comprobarlo y alcanzó a ver al doctor partiendo del edificio cargado con una abultada mochila y profiriendo todo tipo de maldiciones. Unos segundos después Beckett apareció agitada en el portal.
++++++++++Una hora antes…++++++++++
Beckett se encontraba en su dormitorio con varios vestidos desplegados sobre la cama cuando escuchó el timbre del exterior. Armada con su pistola, pues no esperaba visita, corrió hasta la puerta para atender la llamada.
—Oh, Hola Josh — murmuró Beckett tras abrir la puerta y regresó de nuevo al dormitorio
El doctor siguió a su novia, algo molesto por no recibir ninguna muestra de afecto a su llegada.
—Vaya, ¿vas a ponerte guapa para mi, Kate?— pregunto Josh, acercándose para besarla
—No, tengo una fiesta— Beckett se zafó del doctor antes de que sus labios entraran en contacto
Josh resopló de nuevo y regresó al salón. Allí se dejó caer sobre el sofá antes de encender el televisor y continuó la conversación elevando el tono para que la inspectora pudiera escucharle
— ¿Desde cuando los policías vais a fiestas? — exclamó Josh
—Desde que un… compañero se ha recuperado de un disparo y ha vuelto a comisaría— contesto ella aun en el dormitorio
Beckett cruzó el umbral de camino al salón, lanzando una mirada a la nuca del doctor que se encontraba cómodamente esparcido sobre el sofá. Después de ofrecerle un gesto de desaprobación que él no llego a observar se dirigió a la cocina.
—No he sabido nada de ti en un mes, asique supongo que estas aquí para disculparte por la actitud del otro día— comentó Beckett
—Ya sabes que soy un hombre muy ocupado, Kate — respondió Josh —Pero estoy aquí porque mañana me voy a África una temporada— el doctor se puso en pie y se aproximó a su novia —Asique puedes llamar para cancelar esa fiesta—
— ¿Y por qué debería hacer eso? — Beckett evitó de nuevo las traviesas manos del doctor
—Porque soy tu novio y mañana me marcho del país… ya sabes lo que toca esta noche— sugirió Josh
—Oh, ¿asique ahora eres mi novio? — Beckett se detuvo enfadada —Dime, ¿también eras mi novio cuando asesinaron al capitán? ¿Cuándo casi muero congelada? ¿Y cuando me dispararon? Y explícame porque tengo la sensación de que ya hemos hablado de esto—
—Escúchame Kate, estás cansada por el trabajo. No piensas realmente lo que estás diciendo— el chico de la moto trató de llevar la discusión a su terreno.
— ¿Estás seguro Josh? Porque yo creo que sí— Beckett volvía al interior de la habitación
El doctor, malhumorado, permaneció apoyado en el marco de la puerta. Pronto cayó en la cuenta del motivo de su ultima discusión.
— ¿Es el escritorcillo verdad? Ese amigo tuyo. — pregunto Josh con una mirada que mostraba su odio hacia Castle
—Castle, ¡se llama Castle! — Exclamó la inspectora —Y si, es él quien organiza la fiesta—
El ambiente comenzó a cargarse a medida que Beckett y Josh permitían aflorar su rabia. Pronto se encontraron gritando de un lado a otro del dormitorio manteniendo una agitada discusión.
—Sabes que solo eres una más en su interminable lista. No puedo creer que caigas así a sus encantos de famosillo barato— finalmente la tensión acumulada entre el escritor y el chico de la moto comenzó a rebosar.
—¡Se acabó Josh!, empieza a recoger tus cosas y lárgate— gritó Beckett —No quiero saber nada más de ti, puedes irte por ahí a salvar el mundo y ni te molestes en volver a esta casa. — las lágrimas corrieron raudas hasta sus ojos, pero logró contenerlas ante el chico de la moto.
—Y este escritor tuyo, ¿Qué hace por las mañanas?, ¿Opera a la gente para salvarles la vida como yo? — Josh mostró aun más repulsa hacia el escritor jactándose de su trabajo
—No, hace gofres—respondió Beckett mientras una sonrisa luchaba por escapar entre su enfado —Y ahora si no te importa, tengo que vestirme—
—Oh, el desayuno. Asique ya me has engañado con el— concluyó el doctor ante el comentario de los gofres.
— ¡No! ¿Por qué clase de mujer me tomas? — replicó Beckett sintiéndose insultada
—Por una que está desesperada por meterse en la cama con ese escritor. "Katherine Beckett" otro lio de una noche más para su colección. Dime ¿El libro te lo va a firmar antes o después de que te acuestes con él? —
Josh conocía la secreta afición de Beckett por los relatos de Castle, pero ignoraba el valor simbólico de esos libros. Desconocía que las obras del famoso novelista ayudaron a Beckett a escapar del abismo de oscuridad en el que se sumió tras el asesinato de su madre
—Termina de recoger tus cosas y márchate ahora mismo, antes de que cambie de opinión— sentenció Beckett
— ¿Por qué? ¿Tienes miedo de darte cuenta de lo tonta que estas siendo al echarme?— Josh malinterpretó la expresión de Beckett
—No, antes de que cambie de opinión y te arreste por acoso— exclamó la inspectora cruzándose de brazos
El doctor cerró de un portazo, dejando tras de sí el apartamento sumido en el silencio. Beckett enterró el rostro entre sus manos y suspiró un sinfín de emociones concentradas. Con los ojos aun vidriosos por la discusión y el repentino descubrimiento de las verdaderas intenciones del doctor, la inspectora se aproximó a la ventana. Deseaba certificar que su ahora exnovio abandonaba por completo el edificio antes de terminar de acicalarse para la fiesta. Sin embargo su mirada se detuvo en otro figura familiar junto a la acera « ¡Joder Castle ¿Qué haces aquí?!» susurró al silencio del apartamento
La tensión entre Castle y Josh resultaba evidente desde el primer día que el doctor apareció en comisaría para recoger a Beckett. En estas circunstancias, unidas a la actitud del chico de la moto, un encuentro entre ambos hombres podría acabar con terribles consecuencias. La inspectora permanecía junto a la ventana, tratando de discernir su siguiente movimiento.
Castle continúo su camino hasta el coche pues el doctor ni siquiera había advertido su presencia. De pronto algo a su espalda apresó su brazo. El escritor retrocedió, preparado para enfrentarse al chico de la moto, pero en su lugar encontró los vidriosos ojos de su musa.
—Hola Beckett, ya me iba, diviértete— masculló el escritor con seriedad antes de reanudar su camino
—Castle, espera por favor — rogó ella tirando de nuevo de su brazo
— ¿A qué quieres que espere? Yo tengo una fiesta y tú pareces estar muy ocupada— respondió él en tono irónico
—No Castle, déjame que te lo explique— insistió Beckett
—No tienes que explicarme nada Kate, corre antes de que se escape tu novio— Castle reconoció que no tenía derecho a reclamar información sobre las relaciones intimas de la inspectora.
Beckett sacudió la cabeza confundida y posó su mano sobre el hombre del escritor. El roce provocó que ambos se estremecieran y un escalofrió recorrió la columna de Castle.
—Ex-novio. Hemos roto — aclaró Beckett bajando el volumen de su voz
Cerró los ojos, conmocionado por la noticia. La esperanza y la rabia se entremezclaban en su interior, nublando sus pensamientos.
— ¿Qué? ¿Por qué?—alcanzó a preguntar el escritor
—Mañana se va otra vez a África. — Explicó ella con un deje de tristeza —Hemos discutido—
Castle suspiró preocupado. Contemplando fijamente el rostro de su musa podía apreciar la decepción en sus ojos. El escritor recordó las palabras de Beckett durante el incidente con la bomba sucia, cuando reconoció que deseaba tener una persona con quien pudiera ir de la mano. En ese instante el enfado del escritor se esfumó
— ¿Qué ha pasado? — Castle trataba de reconfortar a su compañera
—Vamos a dar un paseo — propuso Beckett; deseando, por primera vez, abrirse al escritor —Conozco un parque cercano donde podemos sentarnos—
Durante el trayecto el escritor y su musa permanecieron en silencio. Esa clase de silencio que no resulta incomodo sino agradable. Esa clase de silencio que solo existe con la persona adecuada. Una vez en el parque Castle trató de desviarse pero Beckett continuó caminando en dirección a los columpios que se mecían levemente por el viento
— ¿No podemos sentarnos en aquel banco? — murmuro el escritor demasiado bajo como para ella pudiera escucharle, señalando en la dirección apropiada
—Sabes, mi madre solía traerme a este parque cuando era pequeña. Pasaba horas y horas jugando aquí— comento Beckett con emoción
Castle comprendió el significado de los columpios y siguió a su musa hasta aquel refugio de un tiempo remoto. Beckett tomó asiento con un suave balanceo y aguardó a la llegada del escritor
— ¿Por qué habéis discutido? — murmuro Castle quebrando el silencio de la noche
— Por lo que discutimos siempre, él está muy ocupado salvando el mundo — Contestó Beckett, evitando añadir que en esta ocasión su relación con el escritor había formado parte de la disputa —Y yo creo que quiero…algo más—
Beckett alzó la mirada para contemplar el cielo estrellado. Bajo el manto de la noche podía sentir la presencia del escritor en el columpio contiguo incluso tras cerrar los ojos
—Josh siempre llegaba cansado de trabajar y no tenía tiempo de llamarme para preguntarme por mi día— añadió Beckett —Y lo cierto es que nunca me importó. Al fin y al cabo él viaja por el mundo salvando vidas mientras yo estoy aquí en Nueva York—
—Si, en Nueva York, resolviendo homicidios. Tú devuelves la dignidad a las víctimas y la esperanza a las familias. Eso es igual de importante que lo que hace Josh— interpuso Castle —Sabes, una vez pregunté con qué frecuencia se producen asesinatos en lugares seguros. Una chica muy lista me contestó que, como en cada barrio, solo ocurren una vez —Recordó Castle —En aquel momento no lo entendí. Pero tres años después he descubierto que la mejor inspectora de homicidios del cuerpo de policía se encarga de que así sea—
Beckett sonrió reconfortada. Contando los años a sus espaldas se preguntaba como aquel niñato irresponsable e insufrible podía haberse convertido en el hombre que ella, como nadie más, conocía. Castle, en cambio, sabía muy bien que la razón iba a armada y tenía nombre de policía. Resultaba increíble el efecto que tenía aquel lugar sobre la inspectora. Arropada por los columpios y la voz calmada del escritor, Beckett se sentía segura
—Supongo que siempre me he mantenido al margen en mis relaciones, manteniendo un pie fuera por si acaso— continuó Beckett —A veces creo que me gustaría tener a alguien con quien compartir los días y que podamos apoyarnos mutuamente sin importar lo que ocurra a nuestro alrededor. Pero sé que aun no estoy preparada para eso, no hasta que encuentre respuestas—
En ese momento ninguno de los dos logró comprender el significado de aquellas palabras. Pero en ocasiones son las palabras mudas que nunca llegan a pronunciarse las que aportan sentido a nuestros pensamientos. Y ahora gritaban pidiéndole al escritor que esperara por ella hasta que el tiempo lograra curar sus heridas.
—Después del asesinato de mi madre levante un muro para protegerme del mundo. Y desde entonces no he dejado que nada… ni nadie vea lo que hay al otro lado. Creo que tenías razón, que tengo miedo de descubrir quien soy sin ese caso— reveló Beckett bajando la mirada
—Todo eso lo dije porque… era yo quien tenía miedo. Después de ver lo que esos tipos eran capaces de hacer… no quiero ni imaginarme que hubiera pasado si el capitán Montogomery no hubiera…— Castle negó con la cabeza —Pero tú sigues adelante, a pesar del miedo y los obstáculos nunca te detienes. Creo que es una las cualidades que me atrajo de ti…como musa— aclaró Castle rápidamente.
—Se que no voy a poder ser la persona que quiero, ni tener el tipo de relación que deseo hasta que no derribe ese muro. Y para hacerlo tengo que encontrar a los que mataron a mi madre—Beckett realizó una pausa —Pero… Gates me obligo a cerrar la investigación sobre el hombre que te… que me disparó, y sin nuevas pistas no se por donde seguir—
—Encontraremos a quienes lo hicieron y les haremos pagar, puede que no mañana ni dentro de un mes, pero resolveremos este caso — la determinación del escritor insufló nuevas expectativas a la inspectora
— ¿Y que pasará cuando los descubra? ¿Qué pasará si no doy la talla y se escapan de nuevo? — el tono de Beckett mostraba el mayor de sus miedos
— Eres la mujer más fuerte y valiente que he conocido, esos tíos no tienen ninguna oportunidad. Además no tienes que hacer esto sola. Yo estoy aquí— Castle se aferró con fuerza a la mano de la inspectora, recordándole su apoyo incondicional. —Y ese muro del que hablas, no estará allí siempre. Algún día conseguiremos derribarlo, pero… hoy no —
El roce de su piel resultaba cálido, casi ardiente, a pesar del frio de la noche. Los dedos entrelazados precedieron al cruce de miradas, intenso, desgarrador. La visión de aquellos ojos azules clavados fijamente en los suyos terminó por renovar la determinación de Beckett
— ¿Qué te parece si vamos ahora a esa fiesta? — comentó Beckett mirando a Castle de reojo
— ¡La fiesta! ¡Se me había olvidado! — El escritor se llevó la mano a la boca al recordarlo
—Pero antes tengo que ir a mi apartamento, no puedo saludar al alcalde así vestida — añadió la inspectora con una pícara sonrisa
—Vamos — el escritor le ofreció la mano para levantarse del columpio
La melena y la oscuridad de la noche ocultaron la expresión del rostro de Beckett. La inspectora tomó la mano del escritor y la empleó para impulsarse. El balanceo del columpio propulsó a Beckett hacia el escritor, permitiendo que aterrizara grácilmente. Castle por su parte se tambaleó ante el repentino movimiento pero logró anclarse al columpio para no caer al suelo
—Cuidado Castle, que vas a ensuciar tu traje — Comentó Becket antes de ponerse en marcha
Castle tomó unos segundos para recuperar por completo el equilibrio mientras contemplaba a su musa alejándose. Por un instante creía haber visto un eco del pasado, un recuerdo de la Kate que despareció el día que ejecutaron a su madre. Aquella inspectora dispuesta a entregar su vida a cambio de encontrar al culpable había quedado eclipsada por la mujer fuerte, alegre y divertida que Castle adoraba. Y ahora ella había dado con la clave para recuperar la segunda vida que arrebataron la noche en la que Johana Beckett fue asesinada. La suya. Lograrían que el muro finalmente se desmoronase. Juntos. Y lo harían piedra por piedra si fuera necesario
—Pasa Castle y ponte cómodo — invitó Beckett
Castle echó un vistazo en derredor. El apartamento se encontraba totalmente desordenado por la discusión
—Mejor cojo una silla — comentó el escritor ante la imposibilidad de acceder al sofá —No tardes mucho —
—Solo diez minutos — contestó Beckett desde su dormitorio —Puedes coger algo del frigorífico, pero ten cuidado con la cabeza que hay dentro — añadió con una carcajada
Durante los primeros minutos Castle permaneció sentado junto a la mesa principal. Su inquietud se reflejaba en los continuos toques del dedo índice sobre la madera, mientras que sus ojos lanzaban furtivas miradas al frigorífico. Finalmente la curiosidad derrotó a la paciencia y el escritor se lanzó apresurado a investigar. Sin embargo su arrebato se tornó en decepción cuando no encontró ningún cadáver ni extremidad oculto en la nevera.
—Guau, no pudo creer que hayas picado tan fácilmente — La voz de la inspectora sonó al otro lado de la habitación
—Pero aquí no hay nad… —Castle cerró el frigorífico de nuevo y se giró para entablar una conversación con su musa, pero la sorpresa le impidió terminar la frase — ¡Ala! — Exclamó con tono infantil ante la imagen de la inspectora en su vestido —Voy a tener que organizar más fiestas—
— ¿Te gusta, Castle? — preguntó Beckett en tono juguetón
—Creo que tengo derecho a guardar silencio — contestó Castle provocando que ambos se rieran.
—Vamos, ya recogeré este lio mañana — Beckett sabía cómo interpretar el silencio del escritor
—Mi madre y Alexis ya habrán llegado a la fiesta — añadió Castle mirando su reloj de pulsera
Beckett se detuvo atemorizada al escuchar las palabras del escritor. «Alexis. Se me había olvidado» pensó Kate. Castle, que caminaba tras ella, percibió el cambio de actitud. Trató de averiguar el motivo leyendo sus gestos, pero después de tres años la inspectora continuaba siendo un misterio; y sus seductoras curvas marcadas por el vestido tampoco le ayudaban a concentrarse.
—Escucha Castle, quizás no debería ir a la fiesta —balbuceó Beckett —Todos tus amigos van a estar allí y no quiero ser un estorbo — explicó la inspectora —Además Alexis… supongo que querrá pasar tiempo con su padre—
— ¿Y por eso no vas a ir? — Preguntó Castle confuso —Si todos quieren conocer a la verdadera Nikki Heat—
Beckett titubeó de nuevo, recordando la expresión de Alexis antes de que transportaran a su padre en la ambulancia.
— ¿Qué es lo que pasa en realidad? Dímelo y después, si no quieres venir, me marcharé solo — propuso Castle con preocupación
—Alexis… No he hablando con ella desde el funeral. Creo que me odia porque te dispararon…por mi culpa— Beckett reunió el coraje suficiente para dejarlo escapar
— ¿Mi hija? Pero si ella te admira — Castle se acercó a su musa y le retiró el mechón de pelo que cubría su rostro —Meredith está chiflada, Gina es una egocéntrica y mi madre…es un caso aparte. Creo que tú eres la primera figura femenina de autoridad que tiene en mucho tiempo — Castle acortó aun más la distancia — ¿Recuerdas cuando fue a hacer trabajos de voluntariado a la comisaría? Paso semanas después de eso hablando sobre ti. Tanto que temí que decidiera hacerse policía— el último comentario logró arrancarle a Beckett una leve sonrisa
A tan corta distancia ambos podían escuchar la respiración del otro
—Además, te he visto reducir a tipos muy peligrosos sin problemas. Creo que podrás lidiar con una adolescente pacifica— Castle trató de descargar el ambiente
El intento dio resultado y se pusieron de nuevo en marcha. Había pasado más de una hora desde que Castle abandonó la fiesta y los invitados comenzaban a preocuparse
En La Guarida el retorno de Castle y su musa no pasó inadvertido. Castle se vio obligado a saludar cortésmente a multitud de invitados antes de poder retirarse con Espo, Lanie, Ryan, Jenny y, por supuesto, Beckett. Allí brindaron por la recuperación del escritor, por el caso y por su amistad en nombre del difunto capitán. Esposito, en un intento por impresionar a la doctora Parish retó a su compañero, pero pronto se anunció derrotado ante la aparente impasividad del irlandés hacia el alcohol.
Como Castle había predicho algunos de sus amigos comenzaron a mostrarse interesados por conocer a la inspectora que había inspirado a la protagonista de su nueva serie de novelas. Para su sorpresa Beckett accedió a acompañarle. Por primera vez en una de sus fiestas, Castle no presentaba a una mujer como su última conquista o trofeo sino como su musa y compañera, como una amiga de la que se sentía tremendamente orgulloso. En más de una ocasión tuvieron que aclarar que su relación se extendía al ámbito estrictamente profesional. Incluso algunos escritores, amigos de Richard Castle, quedaron boquiabiertos ante el dominio literario de la inspectora; sin duda otra capa de la cebolla que Castle desconocía.
En algún momento a lo largo de la velada Castle se ausentó al servició durante unos minutos. Beckett por su parte permaneció en el fragor de la fiesta, defendiéndose sin problemas de políticos, famosos y escritores hasta que una voz llamó su atención. Un tono familiar que le heló la sangre
—Beckett, podemos hablar un momento —
—A…Alexis— murmuró la inspectora —vamos a un lugar más apartado — logró añadir
Finalmente debía enfrentarse al odio de la joven, no podía seguir huyendo de la situación. Decidieron tomar asiento en una pequeña mesa que se encontraba en uno de los rincones de La Guarida donde la multitud no las molestaría.
—Alexis… yo… supongo que tienes razones… para…— el hilo de voz de la inspectora resultaba entrecortaba
—No Kate— interrumpió la joven —Quería decirte que… lo siento. Te debo una disculpa por mi actitud. Me deje llevar por la situación, tú me conoces y sabes que no soy así—
—Tenías razones de sobra para estar enfadada conmigo— explicó Beckett
—Para estar enfadada quizás, pero… no contigo— corrigió Alexis —Tu no le disparaste, ni siquiera le pediste que se interpusiera en la trayectoria—
—Pero no debí dejar que me acompañara— se culpó Beckett
—Kate, nunca he visto a mi padre tan entregado…con nada. Cada vez que coge el teléfono parece tan emocionado… como un niño abriendo los regalos la mañana de navidad. Trabajar contigo le hace feliz y eso es suficiente para mí— reveló Alexis —Además, no se lo digas, pero creo que pasar tanto tiempo entre policías le está ayudando a madurar—
Ambas esbozaron una sonrisa, pues sabían que el escritor continuaría siendo como un niño hiperactivo atrapado en un cuerpo adulto
—Cuando iba en aquella ambulancia, con mi padre desangrándose por el disparo no dejaba de pensar en que hubiera pasado si tú hubieras recibido la bala— añadió Alexis —Durante un tiempo pensé que deberías ser tú la que se debatiera entre la vida y la muerte, pero me equivocaba. Estaba enfadada porque casi pierdo a mi padre, pero si te hubiera pasado algo a ti… mi padre se culparía por no haberte salvado… él nunca lo habría superado…y yo tampoco. Comprendí que si tú hubieras estado sobre la mesa de operaciones yo sufriría del mismo modo y si hubieras muerto…no quiero ni pensarlo — Alexis se lanzo a abrazar a la inspectora sorprendiéndola —Mi padre tiene suerte de que tú seas su compañera y aunque yo nunca vaya a ser policía… espero llegar algún día a tener tu fortaleza y determinación… Asique perdóname por mi actitud… por favor—
—Alexis, no tienes que pedir disculpas— el abrazo de volvió reciproco —Pero te prometo que cuidaré de tu padre para que no vuelvan a dispararle. Y si alguna vez necesitas cualquier cosa no dudes en contar conmigo—
Alexis sonrió aliviada, pues como Castle había afirmado ella admiraba a la inspectora
—Bueno, ahora que lo dices… este año me iré a Stanford con Ashley y viviremos juntos, asique…puede que necesite algún consejo sobre… ya sabes— explicó Alexis sonrojándose —Pero no le digas nada a mi padre por favor—
—Tranquila, tu secreto está a salvo conmigo — Beckett guiño un ojo como muestra de complicidad
En ese momento Castle regresó a la fiesta y se sorprendió al encontrar a su hija con Beckett. Se aproximó despacio a las dos mujeres, temiendo otra discusión
— ¡Hola papa! — exclamó Alexis emocionada
— ¡Calabacita! ¿Cómo va la fiesta? — saludó Castle
—Bastante bien —contestó Alexis
— ¿Me he perdido algo? —preguntó Castle confundido
—Son cosas que chicas — Alexis y Beckett compartieron una mirada de complicidad
La fiesta continuó con normalidad durante algunas horas. Alexis decidió retornar al apartamento mientras que Martha permaneció en la fiesta tratando de promocionar su escuela de actuación. Espósito y Lanie se retiraron para saldar sus mutuas deudas y Castle continuó atendiendo a sus obligaciones con los invitados. Beckett regresaba de la barra cuando otra voz familiar la detuvo
—Hola Kate—
— ¿Josh? Creí que te ibas a África ¿Qué haces aquí? — respondió Beckett al distinguirlo
—Venía a despedirme— aclaró el doctor
—Pues adiós— Beckett trató de concluir la conversación
—No me has entendido Kate— Josh se aferró al brazo de la inspectora y se acerco para besarla —Vamos al baño y me das mi regalo de despedida—
—Josh has bebido demasiado— reconoció Beckett al recibir el aliento del doctor
—Venga Kate, uno rápido— insistió Josh tirando de ella —Luego me vas a echar de menos—
—Déjame tranquila Josh. Márchate de aquí— Beckett comenzaba a sentirse molesta
—No decías lo mismo la otra noche entre gemidos—
En ese momento apareció Castle tras haberse despedido del alcalde
—Beckett ¿pasa algo? — preguntó Castle extrañado por su conversación anterior con Beckett
—Nada, Josh ya se iba— aclaró ella
—Oh, el escritor. ¿Ya te ha enseñado el tatuaje? — preguntó el doctor encarándose a Castle mientras se tambaleaba
—Josh, casi no puedes mantenerte de pie. Vete antes de que te arreste— sugirió Beckett enfadada
—Vale, saca las esposas y vamos a divertirnos— Josh trató sin éxito de besar de nuevo a la inspectora
—Esto está lleno de policías, asique te recomiendo que marches— Beckett se encontraba aun más molesta por la escena con la su exnovio deleitaba al escritor
— ¿Y qué vais a hacer, policías?— preguntó Josh con una carcajada —No deberíais abusar de vuestra autoridad… agredir a un ciudadano sin estar de servicio… ¡Mírame, estoy tembland…! —
La pantomima del doctor se vio de pronto interrumpida. El escritor le propinó un fuerte puñetazo en el mentón noqueándolo. El estupor del alcohol se unió al impacto lanzando a Josh directamente contra la superficie de una mesa cercana. La sangre comenzó a brotar de su labio inferior y el doctor trató de limpiarla atemorizado. Aquellas personas que se encontraban lo suficientemente cerca para escuchar la pelea enmudecieron. Finalmente Josh echó a correr torpemente entre la muchedumbre para no volver
— ¿Qué? Yo no soy policía — aclaró Castle encogiéndose ante la mirada de sorpresa de su musa
— ¡Castle, no necesito que me defiendas!— la inspectora parecía enfada por la actuación del escritor
—No, ¡claro que no! — Castle se aproximó a su musa —Pero si te hubiera dejado actuar el pobre chico de la moto habría terminado en el hospital. Y no precisamente trabajando— aclaró él elogiando a su compañera —No puedo permitir ese tipo de violencia en mi bar— añadió en tono infantil
Beckett sonrió al comprenderlo y el escritor respiró aliviado
—Además, es la primera pelea de la que salgo ileso— comentó Castle
— ¿Seguro? ¿Cómo tienes la mano? — preguntó Beckett tratando de mirar tras el escritor
—Estoy bien — contestó Castle sacudiendo el brazo
—Mentiroso. ¡Si estas sangrando! —Observó Beckett —Ven anda, que te pongo algo—
Cuando la inspectora tomó con delicadeza la mano del escritor, casi acariciándola, ambos sintieron de nuevo una oleada de sensaciones. Porque aquella noche habían despejado la primera piedra y el muro comenzaba a tambalearse
