CHAPTER VII

Levantó la vista del libro y suspiró por enésima vez. Así había sido durante dos semanas completas. Durante el día se mantenía encerrada en la biblioteca. Estudiando para la última presentación, que era en una semana, justo antes de la fiesta de Alice. Aún estaba considerando la invitación. Simplemente no podía hacer de cuenta que no tenía responsabilidades esperando por ella cuando Edward todavía luchaba por despertar.

Durante las noches se sentaba en el sillón a los pies de la cama y se recostaba con un libro hasta que amanecía. Dormía poco y nada. Apenas sentía el cansancio en su cuerpo. Le daba lo mismo.

Había programado el tiempo de extracción de cosecha y contratado a quienes se ocuparían de la tarea. Hablado con el representante gubernamental para participar del festival de la siembra a mediados del verano. Se ocupaba de que los guardias estuvieran lejos de la casa principal y fueran bien atendidos.

Lejos de sus obligaciones, se sentía como el demonio. Abatida y cansada. Visitar a Alice en las tardes día de por medio era su escape, pero ya comenzaba a no ser suficiente. Jacob había sido incondicional. Galopaban juntos, corrían en las mañanas, bañaban a los perros en el lago y se ocupaban del campo huyendo de Irina Vulturi. Como siempre lo había sido.

Pero diferente. Ella estaba diferente.

Cerró los ojos y dejó el libro a un lado. Esa noche había sido difícil. Como la anterior. Edward parecía tener pesadillas difíciles de manejar. Sudaba y subía su fiebre. Jasper había estado con ella para calmarlo, pero a veces él parecía estar sufriendo de verdad. Jadeaba y se removía, como si fuera una pesadilla constante.

Jasper se encontraba a un costado de Edward, solo relajaba su espalda en la pared mientras Bella caminaba a su alrededor para cambiarle las toallas húmedas. Finalmente había cedido y dormía tranquilamente. Ya era cerca de la madrugada, el sol comenzaba a vislumbrar en el cielo.

-¿Quieres ir por más toallas y agua fría? Esta ya está tibia.

-De acuerdo.

-Gracias.

Se estiró para acomodar las almohadas de Edward y retrocedió un brazo sin medir el espacio. Su codo dio directo con el recipiente de metal a un costado de la mesa de noche. Éste perdió el equilibrio y fue enviado directo al suelo en un gran estruendo.

Acto seguido se vio inmovilizada. Una fuerte mano presionaba su brazo izquierdo con fuerza. Se volvió hacia Edward. Sus ojos estaban abiertos y fijos en ella, pero sin verla realmente.

.

Una explosión. Sus oídos pitaban y su cabeza dolía como el demonio. La bomba había estado cerca de él, más cerca suyo que del resto por quedarse a un costado supervisando la seguridad mientras el resto testeaba el lugar. Cayó al suelo como saco de papas y se cubrió los oídos. Su vista era roja y pequeños destellos de luces brillantes.

Era el jodido infierno.

Cerró los ojos y giró sobre su espalda. Seguía sin oír nada. Pero entonces oyó su nombre a lo lejos. Tardó unos segundos en identificar a Emmet. Se arrastró hasta el sonido mientras su vista iba aclarando poco a poco. Lo distinguió tirado entre los escombros. Una viga se había soltado y había atravesado su carne, del brazo y el estómago. No profunda, pero sí suficiente para hacer un manchón de sangre sobre él.

-¿Estás bien?

Vociferó sin ser capaz de escuchar su propia voz. Emmet asintió aturdido. Recuperó su arma caída y se unió a su lado.

-Emboscada.

Emmet rió y le dio una mirada dura.

-Atentado, jefe.

Estaba de acuerdo. Llevaban años pisándole los talones a Black pero sin lograr atraparlo. Cuando creía que lo tenía, había caído como un idiota en las garras de su rival. Solo él podía haber sido tan estúpido.

-Tenemos que salir.

Bestia se puso de pie y cubrió el cuerpo de Emmet. Pero fue tan rápido que no pudo reaccionar. Las dos primera balas aterrizaron directo en su carne, quemando como brasas todavía encendidas. Su hombro y espalda de la zona izquierda había quedado inutilizado. Cayó al piso y giró enfrentando de donde venían las balas, pero era un aguacero.

Tiraban a matar.

-¿Qué demonios?

-¡Si no salimos, seremos un colador!

Arrastró a Emmet hacia la parte trasera mientras las balas corrían de ida y vuelta desde todas las direcciones. No tenía el equilibrio con el que siempre había contado, pero logró derribar a dos para poder salir de la contienda.

Asomó su cuerpo primero y debí de haberlo esperado. Emmet lo sostuvo de atrás mientras fue receptor de ocho balas más. Seis en su pecho, amortiguadas por su chaleco y dos en su brazo derecho.

Lo tenían.

Cayó junto a Emmet al suelo detrás de una camioneta. Rió amargamente. Se llevó la mano al pecho, solo él sabía lo que había en su bolsillo interno. Sonrió de forma perezosa.

-Ese tipo es ingenioso.

Estaba sobrepasando tranquilamente el pico de dolor normalmente estipulado para una persona.

-Resiste, voy a sacarte de aquí.

-Eso espero.

Gruñó antes de caer en la inconsciencia.

Ese episodio se había rememorado una y otra vez en su cabeza como una pesadilla de al cual no podía librarse. Y una y otra vez, oía esa dulce voz calmarlo y llevarlo denuevo al sueño ligero. Pero esa vez había estallado la bomba, lo había hecho despertar de golpe y aferrarse a la vida. A lo primero que veían sus ojos.

Un jadeo de sorpresa lo atrajo a la realidad. Parpadeó, no estaba en el galpón con Emmet. El silencio era absoluto y el aroma floral invadía sus sentidos.

-¿Qué es lo que sucede?

Volteó su vista hacia la voz sorprendida. Jasper. Sonrió sin poder contenerse. Pero éste no le sonreía de regreso.

-Suéltala.

Consciente de su cuerpo por primera vez, miró su mano. Aferrada con fuerza al brazo de una mujer. La soltó y ella se alejó de inmediato. Jasper se acercó despacio hacia ella pero no permitió que se apiadara de ella.

-¿Estás bien?

La vio asentir en su dirección, sin apartar la mirada de sus ojos. Esos ojos...

-Si, solo fue un acto reflejo.

Esa voz. Parpadeó sin poder dejar de mirarla. Jasper dejó el cuenco con agua y recogió el del suelo, ella se hizo a un lado y dejó que él procediera a cambiarle las vendas.

-Iré por el médico.

Edward no despegó la mirada de ella hasta que la vio desaparecer de la habitación. Luego se giró hacia Jasper. Su viejo amigo. Ahora le sonreía con una mueca de gracia.

-Estás de vuelta.

Hizo una mueva y asintió.

-Eso parece.

Su voz era gruesa y molesta. Jasper lo ayudó a sentarse cuidadosamente sobre la cama. Pero se sentía de mil maravillas. No le dolía nada, solo sentía el cuerpo adormecido. Cosquilleante.

-¿Cómo estás, amigo? Tanto tiempo.

Jasper rió por lo bajo. Apartó las toallas húmedas y se mantuvo a su lado. Sin poder creer que el hombre de acero había sobrevivido de nuevo.

-No hay una tercera vez, hombre.

-Lo sé. Pero no vas a librarte de mí tan fácilmente.

-Eso parece.

Nunca había estado tan endemoniadamente cerca de morir. Las dos veces habían sido gracias al mismo causante. No estaba dispuesto a permitir que eso sucediera de nuevo. Tenía presente que la tercera, vencería. Pero esa vez, la balanza sería en su favor.

Miró a Jasper, su mano derecha. Cuando había decidido enviarlo con la chica, había sido porque había notado que ella no le temía y en cierta forma se sentía cómoda. Tenía muy presente que no solo necesitaría alguien que la cuidara, sino un amigo. Y confiaba su vida en que él haría exactamente eso. Al parecer, había hecho un buen trabajo. Se habían mantenido en contacto, pero había sido tan escaso como inexistente. Acostumbrado a su forma de trabajar y contar con un cerebro extra, había tenido que cambiar la estrategia y depender de su único aliado. Su instinto. Si bien había salido ganando la mayoría de las veces. Black tenía un afortunado trasero que todavía seguía con vida.

-Luces bien, Jasper.

Se encogió de hombros desinteresadamente. No solo lucía como lo había hecho la última vez que lo había visto, sino que había un brillo en sus ojos. Reflejaba paz interior, una que no había tenido en sus días en Londres.

-Aquí había mucho para hacer y se vive tranquilo. Supongo que eso.

Asintió. Luchó contra el impulso que cada vez crecía en su interior. Con la pregunta en la boca, se giró hacia su amigo de nuevo. Con la necesidad de saber de ella, de sentir que su promesa de mantenerla con vida, sana y salva se había cumplido. Jasper captó de inmediato. Sonrió de lado, con discreción.

-Ella está bien...

-Que bueno.

Asintió con monotonía. Le era difícil mantener la neutralidad cuando no sabía qué le estaba sucediendo a su inquieto interior. Cuestionándose si de verdad quería verla como pensaba que lo hacía. Enfrentarla después de tantos años, saber qué era de su vida...

-...si es que no le quebraste un brazo.

-¿Qué?

Salió de su línea de pensamientos con brusquedad. Jasper se rascó la nuca y carraspeó.

-La mujer a la que casi le rompes un brazo...

-Si, de verdad lo sien...

-Es Bella. Tu esposa.

La puerta se abrió con lentitud. Como en cámara lenta. Bella entró por detrás del médico al que relataba con detalle su forma de despertar, sin siquiera dedicarle una mirada. Eso le dio tiempo de sobra para repasar en detalle su persona. Pero podía ver quién le estaba dando una mirada a quién. Amún era un hombre joven después de todo. Y la mujer que iba con él, de vestido veraniego enseñando sus torneadas y largas piernas, dejando a la imaginación la delgadez de su cuerpo y enseñando el valle de sus senos, era hermosa.

Ya no era la niña que él había grabado a fuego en su memoria. Era una mujer. Una hermosa. Su rostro era delicado y conservaba esa línea de elegancia. Pero algo en ella era diferente, sus ojos seguían siendo del mismo avellana pardo que recordaba. Pero sus labios se veían más apetecibles de lo que quería creer. Su aroma llenaba el lugar hasta asfixiarlo.

Entonces, como si hubiera sentido su mirada sobre ella, lo miró directo a los ojos.

-Tienes que estar jodidamente bromeando.

.

Amún se enfrentó a la fría mirada del paciente.

-¿Cómo se siente?

-Genial.

Enarcó una ceja y asintió conforme. Bella se mantuvo detrás, apartada del grupo. Edward estaba despierto, vivo. Allí a pocos centímetros de ella. Pendiente de todos los movimientos. Se sentía levemente aterrada, por lo que pudo comprobar, no se sentía débil o digno de permanecer en cama más tiempo. Maldito fuera.

El médico controló sus pupilas, oyó sus pulmones, hizo preguntas y terminó por concluír su respuesta en una sonrisa.

Bella casi se echa a llorar.

-El resultado es maravilloso.

Se volteó hacia Bella.

-Excelente trabajo, él está en perfecta recuperación. Con un par de días de reposo para acostumbrar al organismo de nuevo estará listo para salir de la cama.

Su estómago se retorció y asintió con indiferencia.

-Me alegro.

Desprovista de emoción, lo acompañó de regreso a la salida. Se tomó unos segundos para ella misma.

¿Estaba listo para enfrentarlo? No. Porque no tenía idea de qué debería decir. No conocía a ese hombre por más unidos legalmente que estuvieran. Era un desconocido. Aceptaba que le debía todo lo que tenía en la actualidad, pero eso no le daba nada de confianza ni ninguna certeza de que iba a quedarse luego de su completa recuperación. Nada de él la llamaba a asegurarse de su bien estar mental. Se preocupaba, si. Pero el estar cerca de él la ponía enferma. Nerviosa.

Tomó un lento respiro y se dio la vuelta de regreso hacia la cama. Edward no apartaba la mirada de ella, ni un solo segundo pero él sentía que ella no le devolvía la mirada. Él era intimidante y molesto, por lo que trató de ignorar el hecho de que su cuerpo temblaba de pies a cabeza y sentía el corazón latir desbocado.

-Iré por algo para comer y más agua.

Tenía que huir. Eso quedaba tan implícito que nadie lo mencionó. Edward se negó a sacar el tema a relucir, tenía millones de preguntas pero no era de Jasper quién quería oír las respuestas. Todavía tenía que pensar en cómo iba a enfrentar la situación.

-¿Dónde está Emmet?

-Le diré que venga.

Lo dejaron a solas. Con su mente a cuestas, se permitó pensar en Bella. Su cabeza cayó en el respaldo y suspiró. Recordando la última vez que la había visto. En el sala de juntas, ella no lo odiaba, él sabía cuándo alguien lo hacía, pero tampoco sentía demasiado aprecio. Y demonios que sí lo entendía, pero desde entonces había sabido que no quería dejarla ir. Inconscientemente no le había dejado opción. ¿Estaría bien lo que había hecho? Se volvió hacia la puerta, Bella regresaba con una bandeja copiosa y con buen olor. De pronto, nunca se había sentido tan hambriento. La colocó en su regazo y se alejó. Solo entonces lo miró a los ojos.

-¿Necesitas algo más?

Si, explicaciones ¿por qué se había obligado a mantenerse tanto tiempo lejos de ella? Negó con su cabeza.

-No, gracias.

-De acuerdo.

Se obligó a mantenerse ocupada, estaba haciendo un buen trabajo manteniendo su mirada lejos de él. Pero sentía la intensa e insistente mirada de Edward sobre ella. No podía evitar sentirse incómoda ante tal análisis. Cuando oyó las voces en los pasillos agradeció que pronto dejarían ese molesto silencio y ella podría escabullirse de regreso a su vida. Si es que de eso, quedaba entre sus opciones todavía.

-¿Cómo estás?

La pregunta escapó de sus labios sin siquiera procesarla primero. Ella se detuvo tan deprisa que los cuencos y elementos de medicina casi hacían un paseo por el suelo. Enderezó su espalda y se aventuró a mirarlo. Era una pregunta libre, ella bien podía pasarla por encima fácilmente.

-He estado bien, gracias.

La simpleza de sus palabras era acogedora, pero la dulzura de su tono era ensordecedor. Su mirada era firme, sin vacilar en ningún momento. Aunque todo su cuerpo exudaba nerviosismo.

-Tal vez no puedo decir lo mismo de tí.

Agregó casi en tono mordaz. Aunque no pretendía sonar demasiado ruda.

-Bueno, yo...

Se calló y se miraron por unos segundos. Si, como ella lo esperaba. No había cambiado eso. No iba a enterarse de nada que tuviera que ver con él, con lo que hacía o la forma en la que había llegado a la casa. Ella simplemente se mantendría al margen de nuevo. Se apartó de él al tiempo que Emmet entraba como rayo en la habitación con Jasper a pura risa. No era la primera vez que lo oía reír, pero ese sonido le salía profundo y desinteresado. Agradable. Bella se acercó al él discretamente y susurró.

-Si necesitas algo, llámame. Pero yo no tengo más nada que hacer aquí.

Si Edward no le hubiera estado prestando atención, no la hubiera oído. Sin embargo, sus palabras bajas pero filosas rozaron algo en su interior que lo hizo sentir molesto. Incómodo por la sensación se incorporó por completo, obligando su mente a enfocarse en Emmet. Necesitaba ponerse al día.

.

Bella se refugió en la cocina. Llevaba una semana corriendo a toda prisa. Si no estaba supervisando la cosecha, estaba preparando la presentación de las nuevas tecnologías en su biblioteca. En el pueblo había explotado una epidemia infantil y los últimos dos días había estado prestando su ayuda hasta tarde. La cantidad de niños que había intentado sanar, calmando llantos de dolor y sobando mejillas con ternura. No había cenado, caía rendida hasta la mañana siguiente. Una semana de locos. Bufó tratando de sacarse ese peso mental. Lo que en realidad había estado haciendo era pasar fuera de la casa o de la vista de los demás la mayoría del tiempo.

Casi amanecía y se sentía agotada. Agradeció la soledad de la habitación y se dejó caer en el afeizer acolchonado de la ventana que daba al patio trasero, justo al huerto que ella misma y con alguno de sus ayudantes había logrado sacar adelante. Recordando brevemente que debería hacer la limpieza de maleza de principios de verano y asegurarse de que el sistema de riego estaba funcionando para evitar la sequía que aquejaba la tierra por ese lado del país.

-No te ves nada bien.

Se volteó hacia la vieja astuta que se había convertido en su madre desde que había llegado a la casa. La había atendido como si fuera frágil cristal a punto de quebrarse. Más de una vez se había sentido así, pero si no hubiera sido por los mimos de Sue, se hubiera sentido perdida. Ella la había alimentado, dado ropa moderna y llevado con ella al mercado para enseñarle las cosas de la casa. Lentamente había comprendido la tarea de la mujer y se disponía a ayudarla, hasta que topado presencia en el asunto. Ahora trabajaban a la par día a día.

-No lo estoy.

Admitió. Era incapaz de ser tan sincera con alguien más. Incluso con Jacob era difícil, y era algo que definitivamente, no hablaría con Jasper.

-Tengo demasiadas cosas en la cabeza, Sue. Estoy por explotar.

La mujer dejó los trastos y se sentó a su lado, con una pesada mano sobre su rodilla y una mirada maternal.

-Lo he visto, niña. Te conozco como si fueras mi propia hija. Se que algo va mal contigo.

-¿Todo, es una opción?

Sue rió, meneando su cabeza en forma negativa.

-Niña, necesitas aprender a separar las emociones del deber. ¿Sabes qué debes hacer?

-Tal vez.

-Entonces, ponte a pensar y hazlo. ¿Sabes lo que debes sentir?

-Definitivamente no.

-Entonces déjalo a un lado y espera a que se aclare solo. Enfócate.

Asintió varias veces. Pero su mente brilló en respuesta.

-Sue...

-Sé lo que vas a pedirme, Bella. Retoma tus obligaciones tal cual han sido hasta ahora, que voy a encargarme del enfermo hasta que pueda salir por sí solo. Quiero que equilibres tu ser, cariño. Prepara tu presentación, visita a Alice, ve de compras al mercado, trabaja en el campo... hasta que sepas qué hacer y qué sentir. Entonces regresa.

Se puso de pie y la envolvió en un abrazo.

-Gracias, Sue. Siempre eres brillante.

-Siento interrumpir.

Jacob estaba en la puerta de la cocina, con su overol marrón repleto de estiércol y barro. Bella se apresuró a llegar a él.

-¿Qué sucedió?

-Dos caballos menos.

Jadeó. Se sintió enfurecida, con necesidad de golpear hasta el dolor a sus vecinos.

-¿Cuál es su jodido problema?

-No lo sé, fueron de la parte norte de la caballeriza.

-Emily y Sam.

Susurró. Tragó fuerte, sintiéndose poderosa por una vez en mucho tiempo. Segura de lo que tenía que hacer.

-Jacob, vamos a recuperar esos caballos. Mis ovejas, los dos cerdos y el toro. Esos desgraciados, no van a lograrlo. Espérame aquí.

No podía creer que con toda la seguridad que había rondando la casa, todavía pudieran seguir infiltrándose en su campo para estropear su finca y robarle los animales. Sabía que no los necesitaban, que podían comprarse unos cuántos y mejores que los suyos. Pero era ese afán de hacer su vida imposible. Había tratado de ser pacífica, todo hasta antes de que se metieran con Sam. El caballo que había visto crecer de un fuerte semental, ella pensaba que habían crecido juntos, lo sentía parte de ella.

Corrió escaleras arriba y se encontró con Jasper saliendo de su habitación. De seguro Emmet todavía seguía allí.

-¿Por qué la carrera?

-Rompieron las vayas de nuevo, Sam y Emily están allá ahora.

Jasper enarcó una ceja con incredulidad y luego sintió furia.

-¿Cuándo vas a dejar que me ocupe de ello?

-Descuida, voy a hacerlo yo misma.

-Esos desgraciados deben dejar de hacer eso.

Bella respiró profundo y asintió de acuerdo.

-Necesito saber dónde los tienen, todavía no se cómo, pero voy a recuperar lo que es mío.

-Voy contigo.

-No, lo haré con Jacob. Solo será un avistamiento.

Sabía que Jacob no era la persona favorita de Jasper, lo notó en la hostilidad que adoptó de repente y en su fría mirada. No entendía cuál era el problema, pero decidió que eso era campo minado.

-Cuídate.

Le dio una sonrisa y corrió hasta el cuarto del final del pasillo. Nadie sabía que ella la estaba usando, por ende, era siempre un desorden. Allí había trasladado un par de sus cosas para dejar la habitación principal a Edward. Ahora que había despertado, no pensaba volver a entrar ahí.

Jasper volvió dentro, cerrando tras de sí. Edward no se había perdido de la conversación, menos cuando se trataba de Bella ahora que su innato interés por todo lo que pasaba con ella le hacía querer saberlo todo.

-¿Quién es Jacob?

-El capataz.

Asintió una vez.

-¿Y qué sucedió?

-Hace un par de años tenemos problemas con los vecinos, nos fastidian todo el tiempo. Han estado robando los animales, no van a devolverlos por un estúpido decreto firmado por el estado que dice que todo lo que caiga en sus tierras es de ellos.

-Eso es estúpido.

-Lo sé, pero Bella dice que prefiere mantener la cordialidad con ellos. Ha estado tratando de descubrir porqué lo hacen, pero es imposible. Haga lo que haga, siempre hay algo que arreglar porque alguno de nuestros animales se encuentra con ellos ahora.

-Hasta ahora.

Jasper nunca había visto a Bella perder el control de su paz y tranquilidad. Supuso que se debía a los últimos acontecimientos. Pero ese no era el origen de todo.

-Hasta Sam.

-¿Quién?

-Su caballo, ella realmente lo ama.

Edward asintió de nuevo.

-¿Entonces que harás?

-Nada, ella no me deja hacer nada.

-¿Entonces solo te quedas aquí mientras ella corre peligro ahí afuera?

Jasper se acercó a Edward y tomó asiento a su lado.

-Hay algo que debes tener en cuenta ahora que estás aquí. Nadie sabe quiénes somos o qué hacemos, Bestia. Son inofensivos, personas con otra realidad que no van a dañar a Bella. Están fastidiando nuestra existencia y qué decir de la Bella específicamente, pero los únicos que tienen armas, somos nosotros. Y solo nosotros le daríamos un uso asesino.

Edward supo que era cierto. Pero no podía dejar de creer que ella seguía estando en peligro, ya sea porque él estaba allí ahora o porque tenía unos vecinos enojados.

-Hay algo que debes recordar. Ella es la cabeza de esta casa y si quiere que algo sea de determinada forma, así lo será.

Si Bella no lo quería a nadie metido en sus asuntos, entonces la dejaban hacer. Siempre había sido consciente y centrada, si ella tomaba esa decisión era porque sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Jasper no había interferido en eso y así sería. Desconocía de cómo reaccionaría Edward, pero estaba comenzando a pensar que no le importaba. Lo incitaría a que volviera por donde había venido.

-¿Entonces qué hacemos ahora?

Bella se acomodó en el lugar detrás del matorral que la escondía y ajustó el larga vista.

-Esperamos. Mientras más sepa cómo se manejan y el lugar en el que están los caballos, podré tener un plan.

Pasaron dos horas de la tarde vigilando los movimientos. Sam y Emily estaban en su caballeriza, era pequeña por lo que no estaba dividida en zonas y sería fácil irrumpir para sacarlas.

-Son las seis de la tarde y todos dejaron libre sus puestos hace media hora para volver al pueblo.

-Lo sé, eso significa que nadie se queda en las noches.

Jacob sonrió.

-¿Tienes un plan?

-Posiblemente. Regresaremos mañana para comprobar el resto de nuestros animales, dudo que los rescatemos a todos pero quiero a Sam y Emily de nuevo en mi poder.

Se puso de pie para volver. Tenía que hablar con Jasper, tenía un plan pero no era nada seguro decirlo ahora. La casa Vulturi no tenía un horario rotativo fijo ni de a grupos. Era una real desorganización. Tenía que llegar más a fondo en el funcionamiento sin infiltrase. Pero eso era difícil.

-¿Puedo pedirte un favor?

-Por supuesto.

Ella hizo una mueca, si supiera lo que estaba a punto de pedirle no hubiera aceptado así de rápido.

-Quiero saber qué sucede dentro de la casa ¿podrías invitar a salir a Irina y averiguarlo?

Jacob se quedó de una pieza.

-¿Bromeas?

-No.

Subió a lomo de Urín, un caballo tan blanco como la nieve. Solía ser uno que se utilizaba para las carreras pero era viejo para ello y estaban por sacrificarlo. Ella lo salvó de su destino y lo mantenía perfectamente cuidado en casa. Lo sacaba ella misma a entrenar para que no perdiera su estado y ahora mismo, le venía de maravillas algo de adrenalina.

-¿Una carrera de regreso?

-¡Espera!