Esta historia está inspirada en la novela "A song of ice and fire" del escritor George R. R. Martin. Por ende, los personajes no me pertenecen, ya que son propiedad de George R. R. Martin.

"Invierno en Llamas"

Capítulo 7

El invierno era lo único que me recordaba que me encontraba de pie sobre las tierras del Norte, en Invernalia, hogar de la casa Stark y, por supuesto, de Jon Snow, el Rey del Norte. Sin consentimiento alguno, mis labios se atrevieron a dibujar una sonrisa al recordar los penetrantes ojos negros y finos labios del Rey del Norte ¡Oh, Dios! En verdad tenía que reconocer y aceptar, nuevamente, que estaba perdidamente enamorada de ese hombre. Eso era algo que no podía ocultar, ya que, cada vez que nuestras miradas se cruzaban, mi corazón se detenía por unos microsegundos antes de reaccionar adecuadamente ante su presencia.

—¿Estás sufriendo con el invierno igual que yo?—solté un leve risita de ironía.

Drogón dejo libre un pequeño soplido de resignación al terminar mi pregunta, para después seguir en contacto con la palma de mi mano mientras lo acariciaba. Sonreí ampliamente ante el pequeño gesto por parte de unos de mis tres dragones y continué frotando la palma de mi mano contra su gruesa piel escamosa.

—En verdad no puedo creer que lo que mis ojos están presenciando—habló Arya Stark tras mi espalda.

Me volví en mi lugar al escuchar su peculiar tono de voz y le mostré mis dientes.

—Yo tampoco lo creí cuando los conocí por primera vez—repliqué ante sus últimas palabras sin dejar de sonreír.

—No, enserio. Es tan genial—exclamó, emocionada por el momento.

—¿Quieres acariciarlo?—le pregunté.

Arya me miró fijamente y dudo por un segundo antes de responder a mi pregunta.

—Te aseguro que te protegerte—volví a hablar y le ofrecí mi mano en señal de confianza.

—Está bien, pero si esa cosa me come la mano, tú serás la única responsable—me dijo, y sin dudarlo ni un segundo más, aceptó mi mano.

—Todo estará bien—le dije—confía en mí.

La hermana menor de Jon Snow me dedicó por un momento una de sus miradas y sonrió ampliamente al escuchar mis últimas palabras.

—Ahora entiendo perfectamente porqué Jon aceptó casarse contigo—dijo, y posó la palma de su mano sobre la gruesa piel de Drogón.

No fui capaz de replicar ante su último comentario, lo único decente que pude hacer, fue soltar una leve risita de nervios.

—¿Y bien?—le pregunté—¿Verdad que no es peligroso?

Arya Stark soltó un leve gemido de asombro al percatarse del inesperado movimiento por parte de Drogón.

—¡Por los siete reinos!—exclamó, extasiada por el momento—¡Es genial! ¿Y dónde están los otros dos?

Medité por un segundo su pregunta y le volví a mostrar mis dientes.

—Si no me equivoco, no deben de estar muy lejos de aquí—respondí a su pregunta y apreté mis labios antes de proseguir—Son un poco antisociales, así que lo más seguro es que los podrás ver volando al atardecer—y solté un leve suspiro de resignación.

—¡Genial!—exclamó Arya—Ya quiero que se oculte el sol.

Y dejo libre una pequeña risita de emoción. A pesar de todo lo que esa niña había pasado los últimos años de su vida, me parecía tan agradable y satisfactorio el poder presenciar su inocente sonrisa en medio de tiempos difíciles, que fue inevitable el no unirme a su risa, y la imité. Sin embargo, el pequeño momento de alegría, se trasformó en un pequeño gemido de susto al momento en que Drogón desprendió sus alas para emprender vuelo.

—Ya te acostumbraras—le confesé y volví a mostrar mis dientes.

Arya no emitió palabra alguna ante mi último comentario, ya que sus ojos se encontraban fijos a la entrada principal de Invernalia, posé mis ojos sobre su dirección y fui capaz de detener el momento en que mi corazón quiso escapar de mi pecho al visualizar la silueta de Jon frente a nosotras.

—Es Jon… ¡Es Jon! —exclamó Arya, para hacerme regresar al momento.

La pequeña heredera de la Casa Stark corrió lo más rápido posible a la dirección dónde se encontraba su hermano mayor, y sin pensarlo dos veces, se abalanzó directo sobre sus brazos. Jon por su parte no pudo ocultar su expresión de total asombro sobre su rostro al percatarse de la silueta de Arya entre sus brazos.

—Papá prometió que nos reuniríamos en invierno…y aquí estoy—le dijo a Jon, sin intenciones de romper el emotivo abrazo de reencuentro.

Fui testigo de cómo Jon hizo más fuerte su abrazo para después soltar un leve suspiro de alivio al poder sentir el calor que desprendía el cuerpo de su hermana menor sobre él.

—Yo también… siempre lo he estado—fue lo único que salió de los labios del Rey del Norte justo en el momento que se atrevió a romper el abrazo y así poder ver fijamente a su hermana menor.

Arya le sostuvo la mirada por un segundo antes de mostrarle sus dientes en señal de felicidad.

—Siempre lo he sabido—replicó y se apartó de él.

Jon le dedicó una de sus miradas y le mostró sus dientes. Fue inevitable el no percatarme de lo encantador que se miraba en ese estado de felicidad y lo imposible al mismo tiempo.

—Volviste—me atreví a interrumpir el pequeño reencuentro de los hermanos Stark.

Jon posó sus penetrantes ojos sobre mi dirección al escuchar mi voz.

—Te dije que lo haría—replicó, sin intenciones de borrar su tímida, pero hermosa sonrisa de sus labios.

Al terminar su última palabra, se enderezo sobre su lugar y reemplazó su expresión de felicidad por una expresión de total preocupación.

—¿Sucede algo?—pregunté inmediatamente, una vez que me percate de su repentino cambio de expresión sobre su rostro.

El Rey del Norte solamente se limito asentir de forma positiva con su cabeza y se volvió en su lugar para darle una pequeña indicación a uno de sus hombres. Lo que mis ojos presenciaron era algo que no podía creer en el momento.

—¡¿Qué demonios es esa cosa?!—Salió de los labios de Arya Stark, alarmantemente.

—Es la prueba viviente del mal que acecha más allá del muro—habló la voz de Melissandre tras mi espalda para captar la atención de los presentes, consiguiéndolo con éxito—El mal en común para los siete reinos.

Era verdad, en ese preciso momento era inevitable el negar la existencia de esas criaturas que pretendieran erradicar toda vida humana que habitaba sobre los siete reinos.

—Tenías razón, Melissandre—dije, y me volví en mi lugar para verle directamente—Tendré que partir a Desembarco del Rey.

—¿De qué estás hablando, Daenerys?—preguntó Jon, intrigado por mis últimas palabras.

Me volví en mi lugar, solté un leve suspiro y le sostuve la mirada por un segundo antes de replicar a su pregunta.

—¿Podemos discutirlo mientras tomamos el desayuno?—respondí con otra pregunta.

El Rey del Norte me miró por un momento y accedió a mi petición justo en el mismo momento que le ordenó a uno de sus hombres llevar la prueba viviente de la existencia del ejército de los no muertos y lo pusiera bajo llave.

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—Fueron testigo de la prueba que respalda la existencia del ejército de los no muertos—habló la voz del Rey del Norte en medio de la enorme habitación del comedor.

Todos los presentes, incluyéndome, guardaron silencio por un momento al escuchar las últimas palabras que se desprendieron de los finos labios del Rey del Norte.

—Una prueba que es casi imposible de aniquilar—expresó Lord Baelish ante los presentes—¿Cómo demonios podremos eliminar a un ejército entero?

—Consiguiendo todos los aliados posibles, Lord del Valle—replicó inmediatamente Tyrion Lannister ante su pregunta—Así de simple es—agregó, una vez que le dio un último sorbo a su copa de vino.

—Suena interesante, Tyrion Lannister, pero me temo que ese hermoso sueño queda en segundo término—pausó por un momento para posar sus desafiantes ojos sobre el Rey del norte—, justo en el momento que recordamos que se está a punto de empezar una batalla por el Trono de hierro.

Tyrion por su parte, sólo pudo extender sus brazos en señal de estar de acuerdo con las últimas palabras que salieron de los labios del señor de los caballeros del Valle.

—No es por ser una pesimista en esto, Jon—la voz de Sansa Stark hizo presencia en la pequeña discusión—, pero meñique tiene razón, creo que no habrá ninguna casa que crea en la existencia de este ejército, y mucho menos que quieran crear alianzas.

El silencio hizo acto de presencia justo en el momento en que una de las hermanas menores del Rey de Norte, Sansa Stark, terminó de emitir su última palabra.

—Entonces llevemos esa cosa cómo prueba de su existencia—me atreví a romper el incómodo silencio del momento—Desafortunadamente, el ejército más grande y resistente que existe sobre los siete reinos le pertenece a Cersei Lannister—pausé por un momento antes de proseguir con mi posible solución y propuesta—Así que no hay otro remedio que ir en son de paz hacia Desembarco del Rey y solicitar una alianza con Cersei Lannister.

—Eso es suicido—exclamó Tyrion Lannister ante los presentes.

—Sí llevo esa cosa ante Cersei Lannister, es posible que desista, aunque sea por un tiempo, en apoderarse de los siete reinos—me detuve por un segundo para mirar directamente a Jon, el cual se encontraba atento ante mis palabras—, y apunte su ejército hacia la verdadera amenaza.

—Es muy arriesgado, su majestad—habló la voz de Ser Davos para captar la atención de los presentes, consiguiéndolo con éxito—Permítame ser yo, el encargado de acudir ante Cersei Lannister y solicitar su alianza.

Posé mis ojos sobre Ser Davos y le dediqué una leve sonrisa en señal de agradecimiento por su ofrecimiento.

—Se lo agradezco, Ser Davos, en verdad—repliqué en automático—, pero creo que es momento de que esta batalla se negocie de mujer a mujer—terminé de decir, y posé nuevamente mis ojos sobre los de Jon Snow.

El Rey del Norte no fue capaz de replicar negativamente ante mi petición de ir personalmente en buscar de una alianza con el ejército que poseía nuestro principal enemigo, Cersei Lannister. Pude observar cómo de un sólo movimiento se levantó de su lugar sin despegar sus penetrantes ojos negros sobre los míos.

—¿Su majestad?—habló Ser Davos para captar su atención.

—Lo siento, esto es algo que tengo que discutir en privado con mi futura esposa… sí me disculpan—fue lo único que salió de sus finos labios, justo antes de emprender camino hacia la salida del enorme salón.

Observé como su silueta desapareció detrás del enorme portón, y no fue necesario meditarlo por un momento, ya que, entendí perfectamente que necesitaba de mi presencia en su habitación para discutir en privado mi petición de ir en busca de aliados.

—Ruego que también me disculpen—salió de mis labios en cuanto emprendí camino directo hacia la habitación de mi futuro esposo.

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Cerré la puerta tras de mi espalda en cuanto puse un pie en la habitación del Rey del Norte. Eché un leve, pero rápido vistazo a su espacio personal, hasta que me topé con sus penetrantes ojos negros sobre los míos. Fue inevitable el no sentirme un poco intimidada y excitada al mismo tiempo.

—¿Así que deseas ir personalmente a Desembarco del Rey?—me preguntó, en cuanto enderezo su cuerpo para poder verme directamente a los ojos.

Le sostuve la mirada por un segundo antes de replicar a su pregunta.

—Creo que, cómo futura reina, debería ser yo la que negocie con Cersei Lannister—respondí mientras enderezaba mi espalda y echaba mis hombros hacia atrás en señal de seguridad total.

—No permitiré que te pongas a merced de esa arpía—replicó, un poco molesto—, ya he vivido la experiencia de perder a la mujer que amaba en batalla—pausó por un momento antes de proseguir—, y te aseguro que no estoy dispuesto a revivir ese momento…nunca más.

No fue capaz de replicar inmediatamente ante sus últimas palabras, ya que, no me esperaba ese tipo de confesión, pero de lo que si estaba segura era de que tenía que demostrarle que era una mujer fuerte y con ambición de liberar los siete reinos del mandado de Cersei Lannister.

—Jon, por favor, ¿Cómo crees que he conquistado del otro lado del mar?—le pregunté, una vez que fui capaz de recobrar la cordura para replicar ante sus últimas palabras.

El Rey del Norte me sostuvo su penetrante mirada antes de replicar ante mi pregunta, sin embargo, puede percatarme de que primero lo medito por un segundo.

—No conquisté y liberé a toda esa gente con mi debilidad y mis encantos—volví a hablar para captar su atención—, lo hice con mi esfuerzo, habilidades para negociar y… es difícil para mí decir esto—pausé por un segundo para meditar las próximas palabras que estaban a punto de salir de mis labios—, pero fue necesario eliminar aquellos que sólo se interesaban por su propio bien y hacían el mal a los demás.

Jon aún sostenía su mirada sobre mi dirección, soltó un leve suspiro y se despego de su lugar para acercarse un poco más a mi persona.

—Es sólo que no quiero perderte—confesó, una vez que se posó a unos cuantos centímetros de distancia de mi cuerpo—, pero confió totalmente en tus habilidades y encantos—me dijo, y posó su puño cerrado debajo de mi mentón para obligarme a verlo directamente a los ojos.

Le miré por un instante y dibujé una amplia sonrisa sobre mis labios.

—Por favor, confía en mí—salió de mis labios, casi en tono de suplica.

Jon Snow me miró por un segundo antes de posar una de las palmas de sus manos sobre mi hombro y comenzar a deslizarla por su longitud hasta llegar a entrelazar su mano con la mía para después depositar un leve y delicado beso sobre el dorso sin dejar de mirarme fijamente.

—Tanto, que te he entregado mi corazón sin reproche alguno—dijo, y me mostró sus dientes descaradamente.

Mi corazón se detuvo por unos microsegundos al escuchar sus últimas palabras. El contacto de su mano sobre mi piel provocó que cada centímetro de mi cuerpo se estremeciera y temblara de deseo por tenerlo conmigo. Y una vez más, descubrí que estaba perdidamente enamorada de ese hombre: Jon Snow, el bastardo y Lobo Blanco, que, con su hermosa, pero tímida sonrisa, se atrevió a robarme el corazón desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron.

—Y yo lo he aceptado sin reproche alguno—le dije, y sin ser capaz de tomar el control de mis emociones y cuerpo, deposité mis labios sobre los suyos.

Jon no tardo en corresponder a mis labios, al contrario, inmediatamente aprisionó mis cintura entre sus brazos y me guió directamente hacía su cama. Una vez que llegamos, deslizó sus labios sobre mi cuello y comenzó a despojarme de mi vestido. El contacto de sus labios sobre mi piel desnuda me volvía loca, tanto que no era capaz de tomar el control total de mis acciones. Mordí mi labio inferior al volver a percatarme de sus labios sobre mi cuerpo, los cuales seguían descendiendo lentamente por todo mi vientre hasta llegar a la altura de mi intimidad. Sentí como el Rey de Norte se atrevió a posar sus manos sobre mis muslos para obligarme a abrir mis piernas y así poder tener acceso directo a mi intimidad. Fue inevitable ahogar un leve gemido de placer que salió desde lo más profundo de mi garganta gracias al contacto de sus labios sobre mis pliegues y de su lengua deslizándose de arriba abajo.

— ¡Oh, Jon Snow! Sabes lo que haces—exclamé, y me atreví a soltar una leve risita de complicidad por el momento.

Entrelacé mis dedos en su cabello y con mi mano libre, apreté las sabanas al sentir que todo mi cuerpo se estremecía por el orgasmo que estaba a punto de liberarse gracias a sus movimientos y habilidades. Y cómo lo imaginé, una corriente eléctrica se apoderó de todo mi cuerpo hasta llegar a soltar un inevitable gemino de placer. Abrí mis ojos justo en el momento que recobré el control de mis acciones y cuerpo sólo para tomarme con la hermosa, pero tímida sonrisa que poseía el Rey del Norte.

—Eso, sólo es el principio milady—me dijo mientras enderezaba su espalda para empezar a despojarse él mismo de su ropa.

Le miré fijamente, comenzó con su grueso saco de piel, luego con su camisa, hasta terminar con sus pantalones. Durante todo el hermoso proceso, no pude despegar mis ojos de su trabajado y tonificado cuerpo, sobre todo de su abdomen bien esculpido. Posé unos de mis dedos sobre mis labios y lo mordí lentamente para contener por un momento mis descontrolados deseos de lanzarme sobre él y hacerle el amor desesperadamente. Sin embargo, fui capaz de controlarme por un segundo y disfrutar del excitante momento. Enderecé mi cuerpo sobre la cama y le miré desde abajo. Posé las palmas de mis manos sobre su abdomen, y fui testigo de cómo cerró los ojos y echó su nuca hacia atrás para sentir y poder disfrutar de mi contacto. Volví a morder mi labio y me atreví a posar mis labios sobre él, directo en su abdomen, mientras utilizaba un poco mi lengua. Me atreví a deslizar mi lengua sobre todo su abdomen hasta llegar a la altura de su miembro, y sin dudarlo ni un segundo, lo envolví con mi boca.

—¡Por los siete reinos!—exclamó el Rey del Norte al sentir su duro miembro dentro de mi boca.

Liberé su miembro y le volví a mirar desde abajo mientras dibujaba una satisfactoria sonrisa sobre mis labios. Jon por su parte me dedicó una de sus penetrantes miradas y posó una de sus manos sobre mi cabello. De un sólo movimiento me ayudó a apoyar mis manos y rodillas sobre la cama, solicitando poseerme en esa posición. Sin embargo, no fui capaz de reprochar, ya que inmediatamente lo sentí dentro de mí. Al principio fue tan repentino, que tarde unos leves segundos en reaccionar, hasta que pude hacerlo, y sentir como su miembro salía y entraba en mi interior, lentamente. El placer aumentaba poco a poco, conforme sus movimientos de caderas también lo hacían. Apreté los puños de mis manos y ahogué un leve gemido de placer, tanto que tuve que esconder mi cabeza entre las sabanas.

—¡Oh, Dios!—salió de mis labios en perfecta combinación con un leve gemido.

Solamente fui capaz de escuchar un leve, pero ronco sonido salir desde lo más profundo de la garganta del Rey del Norte, hasta dejar escapar un gemido de total placer al haber llegado al clímax de nuestro íntimo encuentro. Tardamos unos segundos en volver a recobrar el aliento, pero una vez que lo hicimos, no paramos de sonreír en complicidad.

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—Cuando era pequeña, lo cuentos de hadas, como los dragones, me eran imposible de creer—confesé mientras apoyaba mi cabeza sobre el pecho de Jon—, ahora creo que todo es posible—terminé de contar y solté una leve risita de nervios.

Jon dejo escapar una leve risita en señal de empatía en ese momento, mientras acariciaba mi largo cabello. Aún seguíamos desnudos sobre su cama.

—¿Me crearías si te dijera que yo tampoco creía en los muertos vivientes?—preguntó en perfecta combinación con una irónica risita.

Le miré por un segundo y quedamos en silencio por un momento, el cual no se pudo prolongar más de lo esperado, ya que, como si fuera un truco de magia, soltamos una carcajada al mismo tiempo.

—Le di órdenes a Ser Davos de acompañarte a Desembarco del Rey—dijo Jon, rompiendo el momento descaradamente.

Borré mi sonrisa de mis labios y le miré fijamente por un segundo antes de replicar ante sus últimas palabras.

—No es necesario, llevaré conmigo a Tyrion, Gusano Gris y Daario—repliqué, y le mostré mis dientes—, además de mis tres dragones y un buen grupo de inmaculados—agregué al momento.

—El mercenario—dijo, y desvió su mirada por un segundo antes de proseguir—¿Confías en él?—me preguntó de golpe, volviendo a posar sus ojos negros sobre los míos.

Dudé por unos segundos en responder ante su última pregunta, desvié mis ojos por un segundo y me levanté de mi lugar para darle la espalda.

—¿Pasa algo Daenerys?—volvió a preguntar, en cuanto enderezo su cuerpo sobre la cama.

Tardé unos leves segundos en replicar ante su inesperado movimiento.

—Jon… tengo que contarte algo—salió de mis labios justo en el momento que me volví en mi lugar para toparme con sus penetrantes ojos negros.

—¿Ese imbécil se atrevió a hacerte algo? —me preguntó, dejándome notar un leve tono de molestia en su voz.

—No, claro que no—respondí inmediatamente sin dudarlo—, es sobre nuestro pasado—por fin pude dejarlo salir.

Jon por su parte no reaccionó ante mis últimas palabras. Al contrario, dejó que continuara con mi repentina confesión prestando total atención a mi relato.

—Daario y yo… fuimos amantes antes de llegar aquí—le confesé—, pero tengo que dejar en claro que eso es pasado, él y yo no tenemos nada que ver, sólo tenemos una relación de Reina-Soldado—pausé por un momento para tomar una bocanada de aire y atreverme a verle a los ojos—, antes de mi viaje a Westeros, él me confesó que me amaba y que haría lo posible porque yo lo aceptará.

—¿Lo hiciste?

—Por supuesto que no—respondí en automático—, le dejé claro que no lo amaba y qué jamás lo haría.

El Rey del Norte desvió sus ojos de mi dirección por un segundo y soltó un leve suspiro de alivio.

—Te aseguro, Jon Snow, que lo que hubo entre Daario y yo, es pasado y jamás volverá—le dije, y posé una de mis manos sobre la suya.

—Gracias—fue lo único que salió de sus labios al volver a posar sus ojos sobre los míos.

—¿Por qué?—pregunté, confundida por agradecimiento.

—Por confiarme algo tan personal e importante a mí—respondió a mi pregunta, sin dudarlo ni por un segundo.

Le miré por un segundo y le mostré mis dientes.

—Prefiero que seamos sinceros y que no haya secretos entre nosotros—le dije, sin intensiones de borrar mi sonrisa.

Jon sonrió ampliamente hasta mostrarme sus dientes.

—Por mi parte… estaba tan ocupado muerto, que te aseguro que no tuve la oportunidad de pensar en un amante—me dijo, mientras aún sonreía ampliamente.

Solté una leve carcajada por su último comentario y aventé mi cuerpo sobre la cama, sin parar de reír. Jon por su parte tardo unos leves segundos en reincorporarse a mi lado, pero cuando finalmente lo hizo, no dudo ni por un segundo en depositar nuevamente sus labios sobre los míos.

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Desembarco del Rey

—Su majestad, una mujer que se hace llamar la Madre de Dragones, solicita una audiencia con usted—habló la voz de Pycelle.

Cersei Lannister, la primera mujer en llegar al Trono de Hierro y que poseía el apellido Lannister, enderezo su espalda sobre el trono de hierro y sonrió ampliamente.

—Debe de tratarse de una broma, mi querido Pycelle—replicó Cersei Lannister mientras le daba un leve vistazo a su copa de vino antes de proseguir—, esa mujer sólo existe en los sueño húmedos de todos los pervertidos y deseosos de obtener el trono de hierro.

—Entonces me considero un orgulloso pervertido y sediento de obtener el trono de hierro—se escuchó la voz de Tyrion Lannister justo cuando atravesó el enorme portón de la sala del trono.

La gobernante de los siete reinos dirigió su mirada a la dirección de dónde se escuchó la voz tan peculiar, la cual conocía a la perfección y sonrió al descubrir al verdadero dueño.

—Creí que nunca diría esto, pero me alegra verte, mi desafortunado hermano—salió de los labios de Cersei en compañía de un ligero tono de desprecio, cómo era costumbre—Tenía la esperanza de que a estas alturas estuvieras muerto, pero no es así—soltó un leve suspiro de resignación al emitir su última palabra.

Tyrion detuvo su paso en cuanto terminó de salir la última palabra de los labios de su hermana, y le miró directamente, sonriendo ampliamente.

—No esperaba tan calurosa bienvenida—replicó Tyrion, sin intenciones de borrar su cínica sonrisa de sus labios—Por cierto, lindo corte de cabello.

Cersei Lannister le sostuvo la mirada por un segundo y cambió la expresión de su rostro por una mueca de fastidio.

—Tienes agallas al volver a Desembarco del rey después de haber asesinado a mi hijo y a nuestro padre—soltó con desprecio, nuevamente.

—A mi defensa, tengo que declarar que yo no tuve nada que ver con la muerte de tu bastardo—replicó Tyrion, sin despegar sus ojos de la dirección de su hermana—Sin embargo, la muerte de mi padre, sí… fue obra mía y no me arrepiento de ello—terminó de declarar aun sosteniendo su cínica sonrisa.

—¡Eres un hijo de puta!—exclamó Cersei, a punto de levantarse de su trono con la única intensión de clavar sus uñas sobre el rostro de su hermano y matarlo con sus propias manos, sin embrago, el peso de la palma de la mano de Jaime se lo impidió por completo.

—Te recomiendo que no lo hagas, Cersei—la reina le miró por un segundo y desistió en su intento de asesinato—déjamelo a mí, una reina no tiene que ensuciarse las manos con la sangre de un bastardo como este—terminó de decir la mano derecha de la reina.

—Por lo que veo aún tienes a Jaime detrás de ti—comentó Tyrion para captar la atención de sus hermanos, consiguiéndolo con éxito. —Aunque no del modo que te gusta tenerlo.

—Basta de estupideces—espetó Jaime—¿A qué has venido?

Tyrion soltó un leve suspiro de resignación, ya que tal como lo recordaba, sus hermanos no habían cambiado en nada.

—Está bien, vengo en representación de la Madre de Dragones, Daenerys Targaryen—soltó Tyrion, sin previo aviso—En palabras cortas, ella solicita una alianza para combatir un mal en común que acecha a los siete reinos.

Fue inevitable que la carcajada de Cersei Lannister se hiciera presente en medio del enorme salón del trono de hierro.

—¡No puede ser!—exclamó Cersei—El exilio te hizo delirar, hasta que te hizo creer que eres la mano derecha de la supuesta Madre de Dragones—pausó por un segundo para verle directamente—, No te creo nada, guardias, quítenlo de mi vista.

—Entonces ya no hay motivos para seguir ocultándome detrás de la puerta—se escuchó la voz de la Madre de Dragones, una vez que entró al salón del trono de hierro.

Todos los presentes del lugar, incluidos Cersei Lannister, dirigieron sus ojos a la dirección de dónde provino la voz.

—¿Qué demonios eres tú?—se atrevió a preguntar Cersei.

—Mi nombre es Daenerys Targaryen, Madre de Dragones, la única y verdadera dueña de esa corona y trono de hierro—replicó Daenerys mientras levantaba el mentón lo más alto posible.

—No estoy para bromas estúpidas, niñita—dijo Cersei, y con un sólo movimiento de su mano les indicó a sus hombres que rodearán el salón.

Sin embargo, los hombres de la Madre de Dragones se habían adelantado, y ya había rodeado el salón en cuanto los hombres de Cersei intentaron cumplir la petición de su reina.

—Basta de arrebatos, Cersei Lannister, y escucha lo que tengo que decir—habló Daenerys, para captar la atención de la reina.

Cersei por su parte no pudo ocultar la furiosa expresión de su rostro ante el inesperado movimiento por parte de los hombres de la Madre de Dragones.

—Vengo en son de paz, con él único propósito de solicitar tu apoyo para combatir al ejército de los muertos vivientes, los cuales amenazan con destruir toda vida humana sobre los siete reinos.

—Tú también, creí que el único desquiciado en esta sala era Tyrion, pero ya veo que no lo es—exclamó Cersei, en perfecta combinación con una carcajada—¿Ahora que más falta? ¿Lobos en vestido?

Daenerys aclaró su garganta antes de continuar hablando.

—Desearía que fuera una broma, Cersei, pero no lo es.

—Lo siento quería, pero aún sostengo mis principios, hasta ver…no creer—replicó la reina de los siete reinos.

—Sí te demostrará que en verdad existe esa clase de criaturas ¿Te unirías a nosotros?

Cersei Lannister quedo en silencio por un momento, meditando su posible respuesta

—Depende—respondió, y se atrevió a echar su espalda hacia atrás—¿Qué gano yo con aceptar una alianza? sí es que en verdad logras comprobar la existencia de esas criaturas.

—Tú vida—replicó la Madre de Dragones en automático.

—¿Perdón?

—Te perdonaríamos la vida y la de tu hermano—volvió a replicar Daenerys.

—¿Sabes con quien te estás metiendo, estúpida?—espetó Cersei, con rabia.

—Por supuesto ¿Y tú?—le preguntó mientras elevaba una de sus cejas en señal de curiosidad—Déjame decirte esto, Cersei Lanniester, tengo bajo mi mando a más de 5000 hombres, sin tomar en cuenta las casas que me respaldan de este lado del mar, más tres dragones a mi disposición. Así que te recomiendo que prestes atención a lo que va a ocurrir enseguida.

Con un sólo movimiento de su mano, Daenerys le ordenó a uno de sus hombres que trajera la prueba de la existencia del ejército de muertos vivientes ante la presencia de Cersei Lannister. Una vez que lo hizo, Cersei no fue capaz de ocultar su expresión de horror al ver a esa criatura frente a ella.

—¿Qué demonios es esa cosa?—preguntó inmediatamente Jaime a los presentes.

—La prueba viviente de la existencia de este mal que amenaza con destruir todo ser vivo y humano de los siete reinos—respondió Tyrion a la pregunta de su hermano.

De repente la criatura se liberó de sus cadenas y comenzó a atacar a los hombres que se encontraban en medio del enorme salón, sin embargo, un sujeto de tamaño bastante grande apareció de repente y lo atrapo entre sus brazos, apretándolo hasta romperle el cráneo y terminar con su vida.

—Dices que hay más de esas cosas del otro lado del muro—se escuchó la voz de Cersei, entre pausa.

—Así es—replicó Daenerys—Así que te recomiendo que tomes una pronta decisión respecto a mi propuesta de alianza, porque te aseguro que si tardas demasiado, no habrá ser vivo al cual puedas gobernar sobre los siete reinos.

Cersei quedo en silencio por unos segundos, ya que no fue capaz de replicar ante las últimas palabras que salieron de los labios de la Madre de Dragones.

—Entonces, Cersei Lannister ¿Te convertirás en mi aliada en esta batalla o en mi enemiga?—preguntó Daenerys.

La dueña del trono de hierro, le miró por un segundo, inhaló un poco de aire y lo soltó en forma de suspiro.

—Está bien—fue lo único que salió de los labios de Cersei.

—Bien, porque sería una pena tener que quemar ese hermoso rostro.

Y sin decir ni una palabra más, Daenerys abandonó el salón en compañía de sus hombres y, obviamente, con Tyrion Lannister de su lado.

Continuará…

Notas de la autora (LiLiCo): Hola, principalmente quiero agradecer enormemente a las personas que se tomaron su tiempo en leer el capítulo anterior de mi historia, y sobre todo que hayan dejado su comentario y están al pendiente de mi fic desde el primer capítulo (Y a los lectores (as) que también están pendientes de mi fic, y no dejan comentario, también les agradezco mucho). Por otra parte, muchas gracias por sus favorites, follows y reviews. En verdad, se los agradezco desde lo más profundo de mi corazón y más, el saber que la historia es de su total agrado. Espero que hayan disfrutado del la actualización y que haya sido de su total agrado.

¿Quién está listo para el inicio de la séptima temporada el próximo domingo 16 de Julio? ¡YOOOOOO! En verdad que estoy extasiada, sólo de imaginar todas las cosas que podremos presenciar en los próximos siete episodios. Se dice que si va ver una escenita romántica entre nuestro par favorito (aunque sólo son especulaciones, en verdad espero que se hagan realidad) ¿Ustedes que han sabido que puedan compartir conmigo?

Ya saben, sí les gustó el nuevo capítulo, no olviden dejar su reviews/comentario. Eso, es lo que más me gusta de redactar y compartir mis historias: Leer sus opiniones.