-Entonces…

-No quiero hablar de eso.

-Eso solo puede significar que algo no anduvo bien.

Garrus hizo lo posible para centrar su atención en la tarea que tenía en frente. Estaba cansado y frustrado, consciente de que todo por fin le estaba pasando la cuenta. Disimular frente a Shepard después de lo ocurrido en su departamento no era nada fácil, y finalmente había acabado evitándola. Tampoco era algo que le hiciera sentir exactamente bien, pero al menos de esa forma no la incomodaría haciendo algo estúpido. Tenía que reponerse rápido, sabía que habían cosas más importantes en las que pensar, pero al parecer sus hormonas no estaban de acuerdo.

-Nada ocurrió entre nosotros, Tali-. Contestó en un tono cansado sin siquiera dirigirle la mirada. Sabía que el momento del interrogatorio llegaría tarde o temprano, pero lamentablemente la quariana no lo había encontrado en el mejor de los momentos. Esta se apoyó en la baranda a su lado antes de volver a hablar.

-Evadirla no es la mejor opción, Garrus. Shepard no es torpe. Se dará cuenta-. Intentó convencerlo con un tono serio, algo poco usual en ella en una conversación de ese tipo. El turiano finalmente dejó lo que hacía apoyando sus manos en el tablero y soltando un suspiro. Tali volvió a hablar. –No te des por vencido tan pronto-. Dijo finalmente antes de girarse para salir de la Batería Principal.

El aludido se volteó para ver a su amiga salir, pero justo en ese momento su mirada fue atrapada por algo más. Al final del pasillo, Javik sujetaba a Shepard firmemente por sus brazos. Pudo ver que la comandante le devolvía la mirada justo antes de que las puertas se cerraran y tuvo que contener el impulso de ir hacia allá. ¿Por qué estarían haciendo algo así? Sabía que Javik estaba leyéndola, pudo reconocer las características de la situación. Había sido testigo de eso antes. Pero aun así, ¿Por qué Shepard se lo había permitido? Hasta ahora no habían tenido más contacto del que era estrictamente necesario, y algo en su interior le decía que esta interacción no lo había sido. Maldijo sus propios pensamientos. ¿Desde cuándo Javik había comenzado a ser una amenaza en su mente? No tenía sentido alguno. No había razón por la que se interesaran el uno en el otro en un ámbito más que profesional, pero aun así la horrible sensación de impotencia no parecía querer abandonarlo.

Pasó horas centrado en hacer lo que mejor sabía en la Batería Principal, perdiéndose en sus tortuosas reflexiones. La situación hacía evidente que el tiempo se estaba agotando y el momento de la batalla final se hacía cada vez más cercano. Eso sí lograban sobrevivir hasta entonces. Dejó de teclear abruptamente, consciente de que debía tomar una decisión, debía actuar ahora. Tenía que ser capaz de dejar de lado su cobardía y tomar la oportunidad ahora que la tenía.

Con esto en mente, el turiano por fin abandonó el lugar para ir en busca de Shepard.

-o-

-Doctora T'Soni, nuestras redes han detectado información que podría resultarle de interés.

La asari se acercó a la pantalla con curiosidad y comenzó a investigar los archivos que le habían llegado. Una grabación de audio y cortos mensajes de los pocos contactos que aún tenía en Omega. La mujer reprodujo el audio.

-Señor, Aria T'Loak está intentando penetrar nuestras defensas.

Se escuchó la risa escéptica de un hombre antes de que este hablara.

-Quiero verla intentarlo.

La mujer del comienzo volvió a hablar, esta vez con un tono de voz nervioso.

-Hay un problema, señor. No viene sola. La acompaña…

Lo siguiente que se escuchó fue interferencia, y la grabación se acabó. Liara tuvo un horrible presentimiento.

-Glyph, intenta conseguir imágenes y mantenme al tanto de todo lo que ocurra.

-Sí, doctora T'Soni.

La mujer salió del lugar a toda velocidad para cerciorarse de lo que su mente había comenzado a suponer. Si había alguien quien sabría dónde estaba la Comandante, ese probablemente sería Joker. Shepard les había anunciado que se detendrían durante unas horas en la Ciudadela, y ahora su tardanza comenzaba a tener sentido. Tomó el ascensor y llegó justo a tiempo para ver al turiano discutiendo agitadamente con el conductor de la nave.

-¿Cómo que no sabes dónde está?

-Maldición, ya te lo dije. Lo único que me dijo antes de irse es que haría un par de entregas y luego volvería a la nave. No soy su niñera, supuse que tú estarías más interesado en tomar ese puesto-. Se defendió el piloto, logrando irritar aún más a Garrus.

-Lo que dice Jeff es cierto. Shepard no dio mayor detalle de su destino. Sin embargo, es extraño. Ya debería estar de vuelta-. Intervino esta vez EDI.

El turiano se giró exasperado dispuesto a salir de la nave para in en busca de la pelirroja, pero en lugar de eso, se topó de frente con su amiga.

-Creo que sé dónde está Shepard-. Dijo con un tono de voz que logró todo menos tranquilizarlo.

-o-

Garrus había pasado horas pendiente de la poca información que se filtraba hacia las redes de Liara, impaciente por saber con claridad que estaba ocurriendo. No era difícil de imaginar: Aria planeaba retomar Omega y le había pedido ayuda a Shepard para hacerlo. Sin embargo, no había notado el momento en el que la orgullosa mujer había llegado a confiar tanto en la Comandante como para confiarle una tarea tan delicada, y más aún, pedirle ayuda. Tenía sentido que Shepard no le hubiese comentado a nadie más sobre sus planes, después de todo, era una misión secreta. Pero algo dentro de él le hacía sentir decepcionado. Por alguna razón, no esperaba ser excluido de algo tan delicado como eso. Quizá se debía a la costumbre que había adquirido de formar parte incluso de los planes más confidenciales de la mujer, pero aun así, pensar de esa forma estaba fuera de lugar. Shepard velaba por el bienestar de todos ellos, y su deber era confiar en ella. Incluso si no le gustaba para nada la situación en la que se había metido.

Después de lo que casi había parecido una eternidad, recibió el mensaje de que la Comandante estaba de vuelta en la nave. Su estómago se encogió en una mezcla de alivio y nerviosismo. Que Shepard llegara sana y salva eran maravillosas noticias, pero lo que debía hacer a continuación le armaba un nudo en el estómago. Caminó con lentitud en una mala excusa para retrasar el momento que sabía debía enfrentar y su corazón latió fuertemente cuando se vio una vez más frente a la puerta de su cabina privada. Llamó dos veces y entró tras recibir una respuesta positiva, tal y como la primera vez. Shepard se encontraba sentada sobre su cama con un vaso en su mano, revisando reportes. Su rostro y sus brazos tenían claros indicios de una batalla reciente, pero no había ninguna herida realmente preocupante.

-Garrus. ¿Qué puedo hacer por ti?

El turiano se acercó un poco antes de hablar.

-Me gustaría hablar contigo-. Contestó sacando seguridad de quien sabe dónde.

-Está bien, te escucho-. La mujer contestó sin levantar la vista, causando incomodidad en el recién llegado. Pero no dejó que esto lo detuviera.

-Puede que esto te suene un poco extraño, pero…- No recibir ninguna clase de mirada por parte de la mujer le estaba poniendo los nervios de punta. –He estado… Sintiendo un afecto especial por ti últimamente-. Ya estaba. Lo había dicho. Pero el tiempo que se tomaba la mujer en reaccionar le hacía tener un terrible presentimiento.

Shepard un sorbo a su vaso antes de contestar. –Es mutuo, Garrus. Ya sabes que no eres solo un miembro más de la tripulación, eres mi amigo-. Dijo en tono casual, aun sin mirarlo directamente.

Aquella respuesta lo había encontrado volando bajo. Se había puesto en todas las situaciones que su mente pudo imaginar, pero esa definitivamente no era una de ellas.

-No es exactamente a lo que me refería… Shepard-. Se acercó algo frustrado y tomó el objeto de sus manos para ser centro de su atención, logrando por fin que la pelirroja lo mirara. Sin embargo, no duró más de un par de segundos antes de que la mujer se pusiera de pie.

-Sé que estás nervioso por la batalla final, Garrus. Yo también lo estoy.

El turiano la tomó del brazo antes de que volviera a escabullirse.

-Shepard, por favor. No intentes evitarme.

-Bueno, tú lo hiciste por casi tres días.

Garrus se sorprendió al recibir aquella respuesta. No era exactamente lo que había estado esperando. ¿Había sido evidente? Por supuesto que sí, no había que ser un genio para darse cuenta dada la relación que ellos tenían. Sin embargo, era extraño que la mujer se mostrara afectada por eso. No era usual, y ahora se sentía terriblemente culpable. Nunca pretendió que pasara un mal momento.

-Shepard, lo siento. No quería…" Notó que la mujer estaba luchando por contener una sonrisa "Espera, ¿Estás intentando vengarte?

Los labios de la mujer se curvaron ahora libremente en una sonrisa maliciosa, y de pronto se cruzó de brazos reclinando su espalda contra una de las paredes.

-Quizá. De ser así, ¿Qué harás al respecto?

La mujer parecía emanar claramente un aire de seducción que comenzaba a afectarle, pero temió que sus nervios y el intenso calor que se había formado en su interior estuvieran jugándole en contra. Su cintura se veía ahora más prominente debido a la posición en la que estaba, y aquella actitud desafiante lo volvía loco. Maldición, ¿Lo estaba haciendo a propósito? Se aclaró la garganta antes de responder.

-Creo que el tema principal se desvió un poco.

-Tienes razón-. La mujer se movió de la posición en la que estaba, dándole la espalda para caminar hacia su escritorio. –Entonces, ¿De qué querías…?

Shepard dejó de hablar abruptamente cuando notó que la atrapaban fuertemente por la cintura. La cabeza del turiano descansó en la hendidura de su cuello, provocándole una agradable sensación al sentir su respiración directamente contra su piel.

-Sabes lo que he intentado decirte, Shepard-. Murmuró Garrus en su oído, logrando que la mujer sintiera un cosquilleo recorrer todo su cuerpo. Se preguntó cómo era posible que el turiano fuera tan provocativo sin siquiera proponérselo. Sin contenerse más, sujetó las manos ajenas con las suyas y las puso en sus caderas, subiéndolas lentamente por su vientre para incitarlo.

Garrus no se atrevió a mover un centímetro de su cuerpo por miedo a arruinar la situación. Las pronunciadas curvas de la pelirroja se sentían aún más tentadoras bajo su tacto, y estaba seguro de que la situación en la que estaban distaba mucho de lo profesional, incluso de la mera amistad.

Tocó su busto con suavidad, consiguiendo un suspiro complacido por parte de la comandante, lo que le incitó a seguir. La tela de su delgada remera comenzaba a hacerse molesta. Quería sentir la suavidad de su piel, tal y como lo hacía con su expuesto cuello. Deslizó sus manos de vuelta a sus caderas y comenzó a subir una vez más, esta vez en contacto directo con su piel. Sin embargo, se sintió decepcionado al llegar arriba una vez más y sentir un nuevo trozo de tela cubriendo su delantera. Maldición, ¿Cuánta ropa usaban los humanos? Estuvo a punto de quitarlo para recorrer su cuerpo libremente cuando un mensaje por el altavoz logró sobresaltarlos a ambos.

-Shepard, el Almirante Hackett solicita que te haga saber que la flota está lista para atacar la base de Cerberus.

Garrus tomó distancia pese a que su cuerpo suplicaba lo contrario. La confusión le llegó de golpe, como si hubiera estado sumido en una burbuja por demasiado tiempo.

-Está bien EDI. Estaré allí en un segundo.

Miró nerviosamente a la Comandante, un tanto inseguro de cómo debía comportarse a continuación.

-Lo sabías, ¿Verdad?-. Preguntó ahora consciente de que la mujer había estado intentando irritarlo desde que entró en la habitación. Si hubiera estado menos preocupado de sus propios pensamientos, probablemente lo hubiera notado antes.

-Me acabo de enterar hoy-. Contestó la pelirroja sin borrar la sonrisa juguetona de su rostro. –Y debo decir que no estuviste nada mal.

Garrus sintió una repentina oleada de vergüenza al recordar con detalle lo que acababa de hacer. Se había dejado llevar por completo, incluso antes de decirle a Shepard cómo se sentía.

-Oh bueno… Acerca de eso…

-Estaré esperando el momento en que podamos retomarlo-. Dijo coquetamente antes de finalmente girarse con la intención de abandonar la habitación. –Hasta entonces, ¿Cuidarás mi espalda en la siguiente batalla?

El turiano se despojó de toda duda antes de responder, incluso si la afirmación anterior le había hecho sentir algo aturdido.

-Siempre.