Siento muchísimo el retraso. Sé que os prometí subir este capítulo hace como una semana y media, y merezco que me tiréis tomates a la cara (o espinacas, que las odio más) por no haberlo hecho.

Quería que el capítulo quedara bien, y con la tontería me he tirado casi dos semanas sin actualizar, de verdad que LO SIENTO.

Disclaimer; personajes, lugares, hechizos… pertenecen a J.K Rowling.

MUCHAS GRACIAS por seguir leyendo el fic a pesar de tardar tanto en actualizar, eso dice mucho de vosotros =)

-Pensamiento en cursiva y entre comillas.

-Leed los comentarios que pongo al final del fic =)

-Espero que os guste el capitulo, que lo he hecho más largo para compensar.

Capítulo 6; Sobre cosquilleos, interrupciones y descubrimientos:

No supo que le impulsó a hacerlo, si su actitud retadora, el tono de la conversación o el hecho de que estuvieran tan cerca que el olor a chocolate del cabello de la chica invadiera por completo sus fosas nasales, el caso es que, sin previo aviso, la besó.

No fue un beso tierno y delicado como los que a ella le gustaban, de esos que se ven en las películas románticas y que toda chica sueña tener. Fue más bien pasional, violento e incluso algo rudo. Sus lenguas luchaban, chocaban, en vez de moverse al compás. Era rápido, frenético, sofocante… No les daba tiempo a respirar, pero tampoco les importaba, podrían haberse muerto allí mismo que ni siquiera se hubieran dado cuenta.

Sin saber cómo, Astoria acabó medio tumbada encima de la mesa de billar con Draco entre sus piernas.

Él le agarraba y apretaba la cadera fuertemente con una de sus manos, mientras que con a otra sujetaba la cabeza de la chica como queriendo evitar con ello que escapara. Aunque ella no parecía muy dispuesta a hacerlo, respondía al beso con la misma fiereza, no pensaba en lo que estaba haciendo, solo sentía. Sentía el corazón de Draco latir a mil por hora bajo su mano izquierda, colocada en ese lado del pecho del chico. Su otra mano arañaba con fuerza la nuca de Malfoy, despeinando su siempre perfecto cabello rubio. Parecía como si de repente hubieran subido la temperatura de la sala cuarenta grados. Se sentía febril, ardía, era una sensación que jamás había experimentado, con ninguno de sus anteriores novios.

Astoria se dedicaba a sacarle la camisa del pantalón a Draco cuando éste, alarmado por un destello proveniente de la puerta, rompió el beso y se separó de la chica rápidamente, dejándola totalmente descolocada.

…...

Lucius Malfoy, hecho una furia y varita en mano, dejo el salón para dirigirse a la sala de juegos.

Uno de los mortífagos le había dicho que Draco andaba desaparecido desde hacía horas, y suponía que estaría en aquel lugar.

Sus deducciones le habían llevado a culpar a su hijo de haberle hablado a Astoria acerca de la sala, ¿quién sino?, y eso merecía un castigo, nadie debía saber de la existencia de ese lugar en la casa.

Comprobó que no había nadie alrededor y, con un elegante movimiento de varita, hizo aparecer la puerta en la pared. Luego la guardó en el bastón, recuperado y arreglado después de la reunión en la que Voldemort se lo destrozó para quitarle su antigua varita, la cual todavía no había encontrado y daba ya por perdida.

Vaciló por un instante, pero enseguida giró el pomo y entró, provocando un gran estruendo cuando la puerta chocó contra la pared, pero cerrándose automáticamente a los pocos segundos.

-¿Qué está pasando aquí? –preguntó Lucius, con su habitual altivez y mortalmente serio, al ver la imagen que se presentaba ante sus ojos. Astoria, al lado de la mesa de billar, colocándose bien la falda a cuadros grises y negros e intentando taparse con la túnica, y su hijo, un poco más alejado, metiéndose la camisa por dentro del pantalón disimuladamente- ¡Greengrass, vete! Ya hablaré contigo luego…

-Yo… eh… yo… sí, mejor me voy. –Astoria salió disparada por la puerta y corrió a esconderse en su habitación para todo lo que quedara de día, no saldría ni para cenar.

Draco, ya con su atuendo perfectamente colocado y con su cabello impecablemente peinado de nuevo, encaró a su padre sin saber muy bien que hacer o decir, no sabía por qué había entrado tan de repente en la sala, Lucius no solía ir muy a menudo.

Al principio, cuando Voldemort llegó a la mansión, se refugiaba ahí casi todos los días para evitar ver como el resto de mortífagos se permitían mirarle con superioridad en su propia casa, pero después de que Draco les devolviera parte del respeto que antaño habían tenido no había necesitado volver a ocultarse en el lugar.

Así que ahora el más joven de los Malfoy estaba completamente perdido y, porque no decirlo, algo asustado. No estaba muy seguro de ello, pero ¿era posible que su padre hubiera visto el beso?

Se separó de Astoria en cuanto vio el haz de luz que había provocado la varita de Lucius al activar el hechizo para que la puerta apareciese, asique era prácticamente imposible que les hubiera pillado, entonces, ¿cómo explicaba el cabreo de su padre? Porque sí, estaba cabreado.

Lucius normalmente no es que fuera el hombre más cariñoso del mundo, y su severidad deprimiría hasta a Luna Lovegood en sus mejores días, pero Draco sabía cómo distinguir si su padre estaba enfadado o, simplemente, "normal".

-Creo que yo también debería irme, tengo que… practicar algunos hechizos… -comentó Draco evasivamente, mientras se dirigía hacia la puerta a pasos acelerados.

-¡Siéntate Draco! –le ordenó su padre sin ni siquiera mirarle, apuntando con su bastón en dirección a la chimenea, y con un tono que no admitía réplica.

Draco obedeció sin rechistar y esperó sentado en el gran sofá de cuero negro de enfrente de la chimenea a lo que Lucius tuviera que decirle. Sin embargo éste no parecía tener la intención de decir nada más. Se dedicaba a mirar la mesa de billar totalmente inmóvil y con expresión vacía.

Harto de toda esa pantomima Draco se levantó del asiento dispuesto a hacer que su padre le mirara, que reaccionara, pero no le dio tiempo a dar ni un paso cuando Lucius se dio la vuelta y le encaró.

-¿Te gusta? –le interpeló a bocajarro.

-¿Qué? –pregunto Draco, cada vez más confuso y cabreado.

-¿Te gusta Astoria Greengrass?

Durante unos segundos se produjo un silencio incómodo entre los dos. Lucius con su helada mirada clavada en Draco, y éste último rehuyéndola.

No sabía que decir, acababa de descubrir que no tenía una respuesta clara para esa pregunta.

-Ya veo… Tu silencio me lo ha confirmado. –comentó con tono de desprecio Lucius, apartando la mirada y dirigiéndose a la puerta.

-¡Padre! ¡Espera! –le gritó Draco antes de que éste se fuera- No.

-"No" ¿qué? –Lucius quería que se lo confirmara, que le dijera la frase completa. Quería ver la reacción de su hijo al decirla, cerciorarse de si era cierto o no eso a lo que llevaba dándole vueltas desde hacía unos días. Quería comprobar si esa muchacha de tres al cuarto había conseguido ablandar en lo más mínimo a su hijo.

-No me gusta Astoria Greengrass. –dijo la frase en voz muy baja y con la cabeza gacha, evitando así enfrentar la dura mirada de represalia que le mandaba su padre desde el otro lado de la sala.

Lucius y Narcissa habían hablado recientemente acerca de la pequeña Greengrass, y habían descubierto que tenían opiniones bastante opuestas con respecto a ella.

Mientras que Narcissa opinaba que era una buena chica y que podría ayudar a Draco a recuperar su antiguo puesto, Lucius defendía que sólo podría traerles problemas y que Draco debía deshacerse de ella como la competencia que suponía para la familia.

No habían conseguido ponerse de acuerdo, pero Narcissa le había tenido que dar la razón a su marido. Ella se caracterizaba por ser una esposa sumisa y comprensiva, y entendía que, para mantener a la familia fuerte y unida, tal vez tendría que hacerle a Lucius sentirse importante, autoritario, asique prefirió no profundizar más en el tema y darle el mando a él.

-Espero que no me estés mintiendo, no quiero que te acerques a esa chica. -advirtió el mayor de los Malfoy, con un cariz de peligrosa amenaza en la voz.

-Tranquilo, no lo haré, pero… -Draco reflexionó unos segundos antes de seguir, valorando si realmente merecía la pena terminar la frase- ¿Por qué? ¿Por qué no debo acercarme a ella? –se atrevió a preguntar por fin, a pesar de saber que eso no le gustaría nada a su padre.

Lucius volteó la cabeza, haciendo que su larga cabellera creará una corriente de aire helado que incluso Draco pudo sentir, y se acercó en dos zancadas a su hijo. Le agarró del hombro izquierdo, justo en el hueco donde se une con el cuello, y apretó fuertemente. Draco juraría que le había roto algún hueso pero tuvo que aguantar el dolor y mostrarse firme, lo que menos quería era parecer débil ante su padre en esos momentos.

-¡¿Es qué no lo entiendes? –vociferó Lucius. Apretaba la mandíbula y tenía los ojos incrustados en sangre, daba verdadero miedo- ¡Ella es el enemigo! Te ha quitado tu puesto, ¡te lo ha arrebatado sin haber hecho nada para merecerlo! Y ahora se pasea por nuestra casa como si fuera la dueña de todo, como si pudiera mandar sobre nosotros. Somos Malfoy, Draco, nadie, y repito, nadie tiene derecho a darnos órdenes.

Y en ese momento Draco explotó.

-¿A sí? ¿Nadie puede mandar sobre nosotros? ¿Nadie puede pasearse por nuestra casa como si fuera el dueño? ¿Seguro? –bramó el joven con los nervios a flor de piel. Lucius se quedó inmóvil, sabía a quién se referían esas palabras, a pesar de no querer aceptar que la realidad fuera así- ¡Eres un maldito hipócrita!

-No te atrevas a hablarme así. –amenazó Lucius, con una inquietante calma.

-Y qué si lo hago… -le desafió Draco, levantando la cabeza con orgullo para que quedaran a la misma altura. Ambos medían casi lo mismo pero la presión de Lucius en el hombro del chico le obligaba a tener lar rodillas flexionadas- No puedes hacerme nada, ¡no eres capaz! Te limitas a dejar que te ninguneen como si fueras un simple sirviente.

Draco escupió las palabras con decepción, con odio, con miedo… todo lo que sentía en ese momento. Decepción porque él siempre había visto a su padre como un modelo a seguir, alguien respetable, todo lo que él quería ser de mayor. Odio por la doble moral que siempre demostraba, criticando a Astoria por hacer lo mismo que hacían todos con él. Y miedo por la reacción que pudiera tener su padre ante lo que acababa de decir, sabía que la cosa no se quedaría así, seguramente recibiría un castigo. Pero el simple hecho de ver la cara de consternación de Lucius al escuchar sus palabras era suficiente satisfacción para todo lo que pudiera venir después.

-¡Ya basta! –Lucius empujó a su hijo contra la pared más cercana, provocando que Draco se llevara un fuerte golpe en el costado, y sacó su varita- Te lo advertí. ¡Nunca me vuelvas a hablar así! –La varita apuntando directamente hacia el rubio más joven- ¡Cruccio!

El dolor que esa maldición le provocaba se tornaba inexplicable, pero eso no significaba que fuera nuevo, no era la primera vez que Lucius maltrataba a su hijo de esa manera. Pero Draco aguantó estoicamente la tortura y, a pesar de no haber podido reprimir las muecas de dolor, no gritó ni una sola vez, para enojo de Lucius.

Éste se cansó después de estar casi quince minutos avasallando con ese dolor insoportable a su hijo, el cual, una vez se hubo recuperado levemente, sonrió con tristeza y decepción y dijo:

-Hasta una mocosa de dieciséis años ha demostrado ser mejor que tú, da que pensar, ¿no crees?

Incluso desde el suelo y medio encogido por el dolor que la imperdonable todavía le provocaba, Draco parecía tener más dignidad que su padre, el cual le miraba desde la puerta con asco, aunque sus ojos expresaban todo lo contrario.

Lucius salió del lugar silenciosamente, sin decir una sola palabra más, dejando a su hijo todavía en el suelo, reponiéndose de todo lo que había pasado.

Astoria se despertó al día siguiente con un gran dolor de cabeza. Se había tirado toda la noche pensando en "el beso",porque, sí, eso no había sido un simple beso, había sido "el beso", no podía describirlo de otra manera.

No se dio cuenta de que Draco se estaba acercando a ella hasta que tuvo sus labios pegados a los de él, moviéndose con los de él, bebiendo de los de él… Él, él, él, era lo único en lo que podía pensar.

Se sentía idiota por haber dejado que Malfoy la besara. Era un imbécil, el enemigo, como bien se había recordado a sí misma durante todo el tiempo que llevaba en la casa, además de un niñato consentido, todavía no se explicaba cómo había podido llegar a ser la mano derecha del Lord. Vale, sí, conocía las imperdonables, era bueno en conjuros y hechizos, no tenía escrúpulos y era un experto en legeremancia y oclumancia pero, ¿aparte de eso? ¡Nada!

Había estado toda la noche pensando en él pero, no, Malfoy no le gustaba, absolutamente no ¡eso nunca! Podría ser todo lo guapo que quisiera, pero eso no significaba que sintiera algo por él. Si le había respondido al beso había sido por la sorpresa, porque no se lo esperaba, nada más.

Aunque… si era así… ¿por qué había sentido un cosquilleo en el estómago al besarle?

El agua caliente resbalaba por sus hombros y caía por todo su cuerpo, dejándole una sensación agradable por primera vez en mucho tiempo.

Por suerte, esa noche había dormido mejor de lo que se esperaba. Cuando se acostó le dolía todo el cuerpo y ni siquiera había cenado. No le apetecía enfrentarse a todos los mortífagos, con su apariencia de duro y autoritario, después de haber recibido un Cruciatus de su propio padre y, sobre todo, lo más importante, no sabía si para bien o para mal, después de haber besado a Greengrass.

No sabía por qué lo había hecho, y tampoco es que le importara mucho, pero le asustaba el hecho de que le hubiera llegado a gustar… solo un poco, eso sí, o al menos eso es lo que se decía a sí mismo una y otra vez.

No iba a claudicar ante Greengrass. Estaba buena, eso tenía que reconocérselo. A pesar de ser dos años menor que él estaba mejor formada que muchas de las chicas de su edad.

Aunque también influía el hecho de que llevara meses sin ver a ninguna mujer menor de treinta años, con su consecuente falta de "desahogo". Sería capaz de ver atractiva hasta a la mismísima Minerva McGonagall si se le insinuara.

No, definitivamente, no le gustaba Greengrass. Solo había sido un calentón provocado por la discusión que estaban teniendo.

Pero… entonces… ¿Cómo explicar el cosquilleo que había sentido en el estómago al besarla?

Snape hojeaba algunos libros de magia oscura que había conseguido coger de la mansión.

Estaba escondido en la casa de los gritos, por precaución. Si Voldemort le descubría investigando sospecharía y, conociendo las habilidades mágicas del Lord, no duraría ni dos minutos antes de que averiguara toda la verdad acerca de la misión.

Se había leído ya tres libros, de considerable tamaño y grosor, y no había conseguido encontrar nada que le pudiera ayudar a averiguar los planes que tenía el señor oscuro para Astoria. Todos hablaban de magia negra y hechizos prohibidos, pero no decían nada acerca de magia ancestral o pureza, y mucho menos acerca de la manipulación en sí.

Sabía que existía un poder que tenía que ver con las características que le había descrito la morena, pero nunca había llegado a encontrar nada acerca de ello, ni siquiera el nombre. Era una magia muy rara y obsoleta, de eso estaba seguro y, si el Lord la conocía, no podía ser nada buena.

De repente algo llamó su atención. Era un pequeño libro, situado entre otros dos ejemplares mucho más gruesos, que seguramente se habría colado sin que él lo viera. Era mucho más fino que los otros, y el color violáceo de su portada lo hacía parecer más como un libro de príncipes y princesas que como uno de magia oscura. En la carátula se podía leer: "Magia anticuada: usos y habilidades".

Lógicamente, empezó a leerlo, y cuál fue su sorpresa cuando, sin haber pasado siquiera de la primera página, empezó a encontrar las respuestas a lo que tanto andaba buscando.

Después de una buena ducha ya estaba listo para desayunar. Le encantaba ducharse por las mañanas, le ayudaba a despejarse y relajase para lo que tendría que afrontar a lo largo del día. Vivir con mortífagos y el mago oscuro más poderoso del mundo no era lo que se consideraba una actividad relajante precisamente.

Lo único malo es que se le quedaba el pelo mojado y algo despeinado durante gran parte de la mañana, cosa que le molestaba a horrores, a pesar de saber del efecto positivo que ese "look" provocaba en las chicas.

Ya con su capa negra (como no) y su varita preparada, se dispuso a salir de la habitación, para otro largo y aburrido día como mortífago.

A lo mejor hoy le tocaba torturar a alguno de sus "compañeros", eso lo haría algo más divertido, que ganas les tenía a algunos…

Estaba hambrienta. La tripa le había rugido ya tres veces, cosa normal contando con que la noche anterior no había cenado y, aunque ella no fuera de comer mucho, no se solía saltar las comidas por nada del mundo.

Se lavó la cara para despejarse y se arregló un poco el pelo, ya se ducharía por la noche, no le gustaba nada ducharse por las mañanas, total, a lo largo del día se iba a volver a ensuciar ¿qué utilidad tenía entonces?

Se vistió y, como ya era habitual en ella, se puso una túnica negra por encima. No es que hiciera tanto frío como para tener que ponerse varias capas de ropa, pero las prendas que a ella le gustaba vestir eran demasiado… coloridas para una casa llena de magos oscuros y maldad a raudales. La capa le daba más seguridad, con ella sentía que se camuflaba mejor entre los mortífagos, y eso nunca estaba de más.

Se guardó la varita en su escondite habitual, enganchada en una pulsera y tapada completamente por la manga izquierda de su túnica. Nunca se sabe cuando te van a atacar y es mejor estar preparada, más si cabe en ese lugar.

Cuando ya estuvo lista para bajar a desayunar, respiró hondo tres veces y se dispuso a salir de la habitación.

…...

Debía encontrarla, y debía hacerlo ya. Si no lo hacía rápido podría ser demasiado tarde. Hasta que no averiguara más acerca del plan, debía estar escondida…

En tremendo estado de shock. Así es como se habían quedado cuando, al salir de sus respectivas habitaciones, casi se chocan de frente el uno con el otro.

-¿Greengrass? ¿Qué haces tú aquí? –Draco se apartó un mechón mojado de pelo de la frente y miró con sorpresa a Astoria.

-Lo mismo digo Malfoy, pensaba que ese cuarto estaba desocupado. –contestó la chica frunciendo el ceño y evitando mirar al rubio.

-Pues ya ves que no. –Comentó molesto, como si lo que acaba de decir Astoria fuera la mayor estupidez jamás contada- Anda, apártate, quiero ir a desayunar. –y empujó suavemente a la morena para poder bajar las escaleras.

Odiaba tener que hacerlo, pero debía, si no se volvería loca. Una cosa así no se puede quedar sin hablar.

-¡Malfoy! –Draco, que todavía no había dado ni un solo paso, giró sobre sus talones y clavó su mirada en Astoria, esperando con ello disuadirla de lo que, sabía, iba a hablarle- Sobre lo de ayer…

-¡Ayer no pasó nada! Jugamos al billar y te gané, nada más. –le interrumpió el chico con agresividad.

Se dispuso a continuar su camino pero la mano de Astoria en su antebrazo se lo impidió.

-Eso… eso no es cierto… -la mirada fría y gris de Draco taladrándola era demasiado para ella. La hacía sentirse tan insignificante… como si no valiera absolutamente nada y todo lo que dijese fuesen idioteces- ¡Gané yo! –replicó con tono infantil. Tal vez no fuera capaz de mantener una conversación con Malfoy sobre el beso, de momento, pero eso no impedía que le reivindicara su victoria al billar.

-Lo que tú digas… -sonrió mientras negaba con la cabeza- Eres un caso Greengrass… Un caso…

-No sé a qué te refieres con eso, pero viniendo de ti, no puede ser nada bueno. –comentó ella divertida.

Y ambos bajaron juntos, aunque en silencio, a desayunar.

Astoria y Draco estaba conversando, si es que a una discusión acerca de si el profesor Flitwick era el profesor el más para dar encantamientos se le puede llamar conversación, cuando Maiky se apareció a los pies de la morena.

-¿Qué quieres ahora Maiky? –le preguntó en tono cansado la chica. No es que se llevara mal con su elfina, de hecho, con el tiempo, la había cogido un cierto grado de cariño, pero es que en mitad de una discusión nadie suele estar de humor.

-Maiky ha sido enviada por Snape. El señor Snape quiere hablar con la ama.

-¿Snape? ¿Por qué quiere Snape hablar contigo? –preguntó Draco intrigado enarcando una ceja.

-Si lo supiera no habría mandado a una elfina para venir a buscarme. –contestó Astoria, como si fuera lo más obvio del mundo- Vamos Malfoy, usa esa cabecita rubia que tienes para algo más que para echarte gomina.

-En primer lugar Greengrass; ya quisieras tu tener mi "cabecita", en lugar de ese cerebro más digno de un fracasado Hufflepuff. –la chica fue a replicar acerca de que no era una fracasada pero Draco no la dejó- Y en segundo lugar; ¡dejé de echarme gomina en el pelo a los trece años! ¿En serio no te habías dado cuenta? Me da que tienes un problema…

-Aparte de porque me da exactamente igual lo que tú hagas o dejes de hacer -Malfoy chascó la lengua en clara desaprobación y Astoria rodo los ojos- ¡es imposible que me hubiera dado cuenta! Cuando tú tenías trece años yo ni siquiera había entrado en Hogwarts.

-Craso error pequeña e inocente Greengrass –Astoria le miró con cara de pocos amigos ante esa manera de llamarla- Cuando yo tenía trece años tú estabas en tú primer año en Hogwarts. Además…

-Maiky siente molestar, -le interrumpió la elfina, a lo que Astoria sonrió triunfante mientras miraba a Draco con la cabeza bien alta- pero el señor Snape insistió en que fuésemos rápido.

-Sí, claro Maiky, mejor nos vamos, esto es un aburrimiento. -Draco mordió la tostada que había estado untando con mantequilla anteriormente y sonrió falsamente, dando a entender que le daba igual que Maiky le hubiera interrumpido.

Ambas salieron del comedor bajo la atenta mirada del chico, que no había podido evitar quedarse mirando a Astoria mientras abandonaba el lugar.

-Ya pensaba que no vendría señorita Greengrass. –Dijo un muy sarcástico Snape, apoyado en los barrotes de una de las celdas de las mazmorras- ¿Por qué ha tardado tanto?

-Lo siento, estaba… -comenzó Astoria, quien se había puesto muy nerviosa de repente.

-¿Estaba…? –le instó Snape.

-Estaba… discutiendo con… Malfoy. –Astoria bajo los hombros y suspiró pesadamente al tener que aceptar que se había retrasado por no poder evitar discutir con Draco. Eso no era muy profesional y sabía que Snape opinaría lo mismo.

-Señorita Greengrass, si cree que Draco es más importante que su misión tal vez debería abandonarla para fugarse con él. –comentó ácidamente el antiguo profesor.

Astoria se puso roja como un tomate ante el comentario, no sabiendo si por vergüenza o por indignación. Le había dicho claramente que había discutido con Malfoy, y él lo había interpretado como le había dado la gana. Además, ¿por qué ella era la "señorita Greengrass" y él solo "Draco"? No era por ser quisquillosa, pero le hacía sentir como si Snape no confiara en ella, y se había esforzado demasiado como para que ahora no la tuviera lo suficientemente en cuenta.

-No es mi culpa que a Draco –intentó pronunciar el nombre con el mismo tono que Snape, aunque sonó demasiado resentido- le guste discutir, además…

-¡Vale! –Astoria tuvo que morderse la lengua para no decir una insolencia al ser interrumpida por Snape de la misma manera que Maiky había interrumpido a Malfoy- Ya me ha quedado claro señorita Greengrass, no hace falta que siga.

Astoria respiró hondo para calmarse y centrarse en la conversación y no en la maldición que, en esos momentos, deseaba lanzarle a ese hombre de pelo grasiento y actitud mordaz que la miraba con seriedad desde el otro lado de la pared de la celda.

-¿De qué quería hablar conmigo? ¿Sabe algo sobre la misión? –peguntó la chica con nerviosismo.

-De hecho, sí, he averiguado algunas cosas… -Snape miro a Maiky con desprecio y esta se desapareció al ver el gesto de asentimiento de Astoria- Sé para qué la requiere el Lord…

-¡¿Y a qué espera para decírmelo? –bramó la chica ansiosa.

-Tranquila señorita Greengrass, recuerde que para esta misión necesita estar muy serena, no vaya a estropear todo por lo que hemos luchado algunos… -el retintín con el que Snape dijo esa última frase no le paso inadvertido a la morena, que prefirió no hacer ningún comentario al respecto, no quería enfadar más a su antiguo profesor- Su "poder" de manipulación podría convertirse en un verdadero poder, eso es lo que tiene pensado el Lord. –Astoria frunció el ceño, no entendía nada y volvía a dolerle la cabeza- Con el correspondiente aprendizaje de magia pura y magia negra, unido a las cualidades que usted posee, podría llegar a tener un gran dominio sobre las personas. ¿Lo entiende?

-Más o menos, pero… si solo se trata de aprender magia pura y magia negra… ¡cualquiera podría hacerlo! ¿Por qué yo? ¿Por qué no, por ejemplo… Malfoy? El sabe mucha más magia negra que yo, con él el proceso sería más corto. –nunca llegaría a entender por qué fue Malfoy la primera persona que se le vino a la cabeza para el ejemplo.

-Digamos que sus características son algo distintas a las de Draco. –Otra vez llamándole por su nombre, en serio, ¿por qué lo hacía?- La gente confía en usted, piensan que es buena persona, que nunca les hará daño, y usted, aunque no quiera reconocerlo, sabe cómo sacar provecho de eso, les manipula.

-¡Eso no es cierto! –A Astoria le sentó muy mal el comentario, y ya estaba harta de que Snape siempre la tratara como la mala de la película- Yo no manipulo a la gente, simplemente, la gente, hace lo que yo les pido. ¡Pero no hago nada para conseguirlo! Me sale natural.

-¡Exacto! He ahí la cuestión. Les manipula sin ni siquiera darse cuenta señorita Greengrass. Puede ser con una mirada, con una sonrisa… Les seduce -Astoria se puso tan roja que podría haber sido confundida con un tomate perfectamente- Y todo eso le sale de manera natural, no tiene ni que esforzarse en conseguirlo.

-Pero eso sería el equivalente a una Veela, se ahorraría más trabajo si consiguiera que unas cuantas se aliasen con él.

-Dejando aparte el hecho de que la mayoría de las Veelas están totalmente en contra de las ideas del Lord… Ellas solo seducen a los hombres, y se queda en eso, una mera seducción. Con usted tanto hombres como mujeres caerían a sus pies. Irían donde dijera, harían lo que quisiera…

-Estarían a mi entera disposición… -le interrumpió Astoria absorta en sus pensamientos.

-Y por consiguiente a la del Lord. –Concluyó Snape- No tendría ni que esforzarse. La mandaría a usted a por la persona que necesitara y usted se lo pondría en bandeja de plata. Para matarla, para sacarla información… ¡lo que fuera! ¿Se da cuenta de lo peligroso que es eso?

-¡¿Y qué puedo hacer yo? El señor oscuro me tiene totalmente controlada. No puedo librarme de él, ¡sospecharía! –todo lo que le estaba contando su ex profesor le estaba empezando a preocupar. Desde el principio todos le habían insistido en que debía cumplir la misión porque sería muy importante en la lucha contra Voldemort, pero nadie la aviso de que estuviera tan implicada en el perverso plan del mago oscuro.

-De momento, y hasta que sepa lo que hacer, manténgase escondida, que el Lord no la encuentre. –Ordenó Snape, impasible a pesar de la creciente ansiedad de la chica- Mañana es un día crucial.

-¿Mañana? Pero si mañana es mí… cumpleaños. ¿Qué pretende hacer Él? –Astoria estaba cada vez más asustada.

-No sé cuáles son las intenciones del Lord para ese día, pero estoy más que seguro de que tendrán mucho que ver con usted. Al fin y al cabo, cumple su mayoría de edad mágica. –Astoria asintió, corroborando lo que había dicho el hombre, a pesar de ser un hecho conocido por ambos- Es cierto que el ministerio no ha estado muy pendiente de usted últimamente, pero al cumplir esa mayoría de edad podrá utilizar la magia sin ningún riesgo de que la descubran, facilitándole las cosas al Lord.

-¿Y qué riesgo podría ser ese? Al fin y al cabo, es la misma magia que usaría en Hogwarts.

-¿En serio? ¡Vaya! No sabía que en Hogwarts se enseñaran maldiciones imperdonables… -comentó Snape irónicamente.

-¡Vale! Lo pillo. –Le interrumpió una muy irritada Astoria- Pero no creo que consiga evitarle por mucho tiempo. Si, como dice, tiene esos "planes" para mí, ¡me buscará dónde sea! Además, no creo que le vaya a gustar mucho la idea de que me esconda de Él y, sinceramente, preferiría no enfadarle demasiado.

-Señorita Greengrass, si el Lord la encuentra seguramente querrá comprobar sus avances en cuanto a los hechizos aprendidos con Bellatrix, los cuales, por cierto, son prácticamente nulos.- Astoria bufó de indignación- Veo que discrepa en cuanto a lo que he dicho acerca de sus… progresos.

-No.

"Al menos es sincera, algo bueno tenía que tener" -pensó Snape

-Pero no por falta de ganas, ¡sino por falta de tiempo! –se quejó la chica- Tengo que mantener la mente cerrada todo el día, reunirme con usted cada dos por tres para hablar de mi misión, la cual, por cierto, cada día me parece más absurda –Snape abrió los ojos como platos, sorprendido ante la confesión de la joven, pero la dejó continuar- discutir con Malfoy (porque, sí, empieza a convertirse en una actividad rutinaria), fingir delante de un grupo de mortífagos asesinos para que no me pillen, y lo digo literalmente, el otro día Yaxley y sus amiguitos intentaron matarme, menos mal que huí… ¡y encima tengo que practicar los malditos hechizos! ¡Mi mente va a explotar!

Snape se frotó la barbilla mientras observaba el mugriento techo de las mazmorras.

-Bueno… tal vez tenga una solución para eso. –dijo el hombre, todavía pensativo, ajustándose las mangas de su túnica negra para que quedaran a la altura que él quería.

-¿En serio? –preguntó Astoria, aun algo reticente ante las intenciones de su antiguo profesor.

-Sí, pero antes tiene que prometerme que, durante todo el día de mañana, se encerrara en algún lugar en el que el Lord no pueda encontrarla, y no saldrá bajo ningún concepto.

Ambos se miraron y enseguida supieron a qué sitio se refería Snape, aunque en ese momento a Astoria lo único que se le vino a la cabeza fue la imagen de un billar y cierto rubio…

-Prometido. ¿Qué es lo que ha pensado?

-Sería bueno que tomara clases de legeremancia. –Astoria enarcó ambas cejas, incrédula. Según lo que ella había entendido, Snape pretendía ponerle una actividad más para que tuviera más tiempo libre. Puede que su mente no fuera tan brillante como la de Hermione Granger, pero eso no sonaba muy lógico- No haga conclusiones precipitadas señorita Greengrass, eso le servirá de mucho.

-Permítame dudarlo… -comentó con sorna.

-Si aprende legeremancia tendrá mucho más control sobre su propia mente, y no tendrá que preocuparse tanto de mantenerla cerrada. Yo, a cambio, prolongaría más el tiempo entre reunión y reunión. –Astoria sonrió levemente en señal de agradecimiento- En cuanto a Yaxley… me temo que no puedo ayudarla. Pero, si le sirve de consuelo, no pasará mucho tiempo hasta que el Lord se entere de lo que hicieron y les castigue por ello, a partir de ese momento, le aseguro que no se volverán a meter con usted. –la chica suspiró aliviada. Por primera, y posiblemente única, vez en su vida deseaba que Voldemort torturara a alguien de la peor manera posible- ¿Qué me contesta? ¿Acepta mi propuesta? –Snape extendió su mano derecha hacia Astoria y esta se la estrechó suavemente.

-No es que me apetezca mucho tener que pasar aun más tiempo con la loca de Bellatrix Lestrange… pero al menos me servirá para estar algo más tranquila en esta mansión de mier…

-¿Y quién le ha dicho que las clases vayan a ser con Lestrange? –la interrumpió Snape, temiéndose la grosería que fuese a decir la morena. ¿Cómo podía hablar tan soezmente habiendo sido educada por las mejores institutrices del mundo mágico?

-¿No serán con Bellatrix? ¡Menos mal! ¡Al fin una buena noticia! –Clamó Astoria, levantando los brazos hacia el techo- ¿Quién me dará las clases entonces?

-Mi ahijado. ¿Quién sino? Es el mejor en legeremancia después del Lord y de mi mismo en esta casa. –contestó Snape, como si lo que decía fuera lo más obvio del mundo.

-¿Su… ahijado?

Astoria no tenía ni idea de quién era ese chico, ni siquiera sabía que Snape tuviera un ahijado, pero no podía ser peor que Bellatrix, ¿o sí…?

Y esto es todo por hoy.

¿Qué opináis? ¿Qué significará ese cosquilleo que han sentido Draco y Astoria al besarse? ¿Conseguirá ésta última esconderse de Voldemort? ¿Se lavará por fin el pelo Snape? ¡Lo sabremos en el próximo capítulo! (Bueno, menos lo del pelo de Snape, eso ya que lo decida Rowling) Se aceptan apuestas acerca de lo que pasará próximamente.

No suelo pedir reviews, pero hoy estoy melancólica, que mañana estrenan la última película de nuestro amigo Harry, asique me animará bastante saber que seguís siguiendo la historia =) ¡Ay! Que recuerdos, diez años desde la primera peli (y catorce desde el libro), creo que voy a llorar en el cine mañana.

Bueno, y no me enrollo más que soy muy pesada. Espero que os haya gustado el capítulo.

Muchísimas gracias por leerme.

Besos.

Audrey HMA n.n