Holu~ vengo a traer el capítulo siete de esta hermosa y hasta ahora solo graciosa XD historia 3

Que lo disfruten~

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Capítulo 007

El anciano había quedado lastimosamente debajo del chico de cabellera rubia, mientras encima de este se encontraba ex Coronel, expresando un quejido de dolor por el impacto. Al divisar su vista al frente, la vergüenza se hizo presente en sus mejillas, levantándose rápidamente del suelo.

-¡Ah, discúlpame por favor Alphonse! – Expreso el General, saliendo rápidamente por la puerta del baño, esperando que los otros dos le siguiesen, cosa que no sucedió.

Los otros dos que habían tardado unos segundos en volver a la tierra, miraron hacia el frente en cuanto Mustang cerró la puerta, encontrándose con la mirada perpleja de Al, que los observaba totalmente sorprendido, como si aún la idea de que tres personas entrasen estrepitosamente por la ventana de su baño no quedara del todo en su cabeza, sujetando con firmeza la toalla que se encontraba amarrada a su cintura ocultando sus partes nobles. Tanto Edward como el anciano no pudieron evitar que un gran sonrojo adornase sus mejillas, incluso pudieron sentir como la sangre bajaba por sus narices.

Al ordenar mejor su mente, el rostro de Al se tiñó de un fuerte carmín que hizo reaccionar a ambos personajes acostados en el suelo de la habitación.

-¿Po-podrían salir un momento, p-por favor? - El castaño desvió la vista de la de su hermano, articulando en voz baja, casi imperceptible.

-Cla-claro… disculpa. – Dijeron ambos al unísono avergonzados mientras corrían rápidamente hacia la puerta. Allí se encontraron con Mustang, quien los miraba con molestia y desaprobación.

-¿Por qué se tardaron tanto? Depravados.-

-P-perdón. – El unísono volvió a congeniar en ambos, quienes ahora se encontraban con sus mejillas totalmente sonrojadas.

Edward desvió su vista hacia el anciano totalmente molesto, no había podido evitar que viese a su hermano mientras estaba bañándose, pero de seguro se encargaría de meterlo tras las rejas ¡Eso seguro! El rubio juntó sus manos y rápidamente envolvió al viejo con la cerámica del suelo, logrando que este no pudiese escapar ni hacer ninguna tontería.

-Tranquilo, no pienso escaparme. – Dijo el anciano con una sonrisa.

-¿Eh? – Tanto Edward como Roy no entendían absolutamente nada. Intercambiaron miradas entre ellos, con rostros llenos de confusión.

-Así es, pienso esperar para poder disculparme con el jovencito. – Expresó entonces, mientras el sonrojo se hacía presente en sus mejillas. Tal acción hizo enfurecer a Edward desmesuradamente.

-¿¡Oye que te pasa pedazo de-

-¡Edward Elric! ¡Desata a ese pobre anciano ahora mismo! – Alphonse gritó con una firmeza tan grande que incluso Mustang dio un pequeño respingo. Edward miró con terror a su hermano que se encontraba en el umbral de la puerta, ahora vestido y con una cara que sabía que habría problemas si no hacia lo que le estaba pidiendo en ese momento. Un escalofrió recorrió toda su columna vertebral y sonrió internamente, realmente se parecía a su madre cuando se enojaba.

Cuarto personas se encontraban en la sala de la casa de los Elric, el hermano menor colocó cuatro pequeñas tazas de té en la mesilla ratona y comenzó a verter con cuidado el líquido color marrón que se alojaba dentro de la tetera. Al terminar depositó la tetera en la mesilla y se sentó tranquilamente en su sillón correspondiente, miró entonces con firmeza a Edward, esperando pacientemente por una explicación. El mayor tragó saliva y comenzó a hablar aun con miedo en sus palabras.

-Veras Al… Roy y yo estábamos persiguiendo al viejo este y- las palabras "Viejo este" resonaron en la mente de Alphonse, logrando que una mirada de enojo se dirigiese al narrador, quien calló ante la reciente equivocación. Roy dio un suspiro y comenzó a hablar.

-Estábamos persiguiendo al anciano quien por cierto resultó ser el ladrón de ropa íntima que estábamos tratando de atrapar, cruzamos un par de calles y a tu hermano se le ocurrió la idea de guiarlo hasta su casa para poder tenderle una trampa, pero se nos salió de control ya que el anciano se dirigió hacia la ventana del baño que por cierto yo no sabía que se encontraba allí. Pero al escuchar a Edward decir "No pienso permitir que entres allí", a pesar de no entender nada sospeché algo, de todas formas nunca pensé que se tratase de su baño, pido disculpas por aquello. – Explicó Roy haciendo una pequeña reverencia en señal de disculpas que fue bien recibida por Al, quien se inclinó también.

-Yo también quiero pedirle disculpas jovencito, no fue mi intención hacer aquello, tampoco sabía que se trataba de su baño. – Expresó el anciano, logrando que la poca paciencia que a Ed le quedaba le abandonase, ocasionando que un fuerte golpe resuene en la cabeza del anciano, quien dio un pequeño quejido por el dolor.

-¡NII-SAN! – El grito de Al resonó por toda la sala, ocasionando que ambos tres se tensasen por acto reflejo.

-No se preocupe señor, pero por favor dígame ¿Por qué razón roba usted ropa interior? – Preguntó el castaño con tranquilidad, mientras una pequeña sonrisa adornaba su rostro.

-Ah~ es que son tan bonitas, tienen unos diseños tan hermosos, con sus moños y colores claros ¡realmente me encanta coleccionarlas! – Respondió animadamente el anciano, logrando que una gotilla resbalase por la nuca del menor de los Elric.

-Ya veo… ¿Y no cree usted que es mejor comprarlas que robarlas? – Preguntó entonces nuevamente, logrando que una graciosa expresión pensativa se adornase en el rostro del pequeño anciano.

-¿A qué te refieres con comprarlas? Preguntó luego de unos momentos, totalmente curioso.

-Vera, si lo que me han dicho es cierto ¡usted tiene una gran habilidad para poder saltar incluso hasta los tejados de las casas! Si invirtiese esa energía trabajando entonces conseguiría el dinero suficiente para poder comprar más prendas y comenzar una nueva colección que no requiera de robarle a personas que las necesitan, em… más que usted ¿Me entiende? – La idea de Al cruzó como un rayo en la cabeza del ancianito, quien emocionado como un niño sus ojos se llenaron de brillo.

-¡Tienes razón! Y así la policía no me perseguiría ni las chicas me golpearían. – Expresó el anciano con alegría.

-¡Eso no quita que lo metan a prisión por depravado! – Acotó Edward con molestia, mientras miraba al anciano por el rabillo del ojo.

-No necesariamente tiene que ir a prisión, podemos olvidar todo esto, siempre y cuando devuelva toda la ropa que se robó. – Expresó Mustang, mientras le daba otro sorbo a su té.

-¿¡Eh!? ¡Pero yo no quiero tirar todo lo que me costó tanto conseguir! – Gritó triste el ancianito siendo golpeado nuevamente por Edward, quien ya estaba bastante cansado de esta estúpida situación.

-Pero es mucho mejor que ir a prisión, señor. Además comenzar desde cero no es tan malo, incluso puede viajar por todo el mundo en busca de nuevas prendas y conocer todo tipo de lugares. ¿No le parece una mejor idea? – Preguntó con entusiasmo el castaño, causando que la idea le gustase al hombre mayor.

-Tienes razón. – El anciano meditó unos varios minutos, al decidirse dio un gran respiro y lleno de determinación dijo: - ¡Esta bien, llévenme entonces! Devolveré todo lo que he robado y empezaré una nueva vida comenzando desde cero! – Expresó con entusiasmo, la escena a los tres restantes le parecía la cosa más bizarra que habían experimentado en toda su vida, pero si con eso lograrían que el viejito dejase de robar, entonces no quedaba de otra.

-¡Muchas gracias jovencito! ¡Le has dado un nuevo rumbo a mi vida! – Dijo entonces el ancianito mientras se aferraba a las piernas del castaño, logrando que la expresión de molestia que tenía Edward aumentase considerablemente.

-En unos momentos vendrán oficiales que lo llevaran a declarar para que devuelva todo lo robado y luego lo dejaremos en paz. – Expresó Mustang mientras le daba el último sorbo a su té. En el momento en que salió del baño aprovecho la oportunidad y llamó por teléfono al cuartel, pidiendo refuerzos para poder llevar al anciano en caso de que quisiese escaparse.

El ruido de un motor se escuchó en la lejanía para más tarde el golpeteo de la puerta delantera.

-Oh, ya llegaron. – Se paró de su asiento entonces mientras Alphonse recibía a los militares que escoltarían al anciano. Antes de partir, el viejito se acercó hasta el castaño, quien se agachó para quedar a la altura del ancianito.

-Oiga jovencito, ya que no se me permite robar ¿Puedo pedirle una cosa? – Preguntó entonces con una infantil sonrisa en su rostro.

-Claro ¿Qué necesita? – Respondió Alphonse con los ojos cerrados en arcos y una pequeña sonrisa.

-¿No podría usted regalarme alguna ropa interior suya? Ya sabe, para tener un recuerdo de la persona que cambió mi vida. – Expresó feliz el anciano.

-¿Eh?

Edward, quien ya estaba harto del viejo le propinó una patada que lo noqueó al instante, haciéndolo volar por los aires y logrando que encajase perfectamente en el asiento trasero de la patrulla que estaba estacionada en la vereda de la casa.

-¡Strike! – Expresó el rubio con entusiasmo que disfrazaba muy bien a la ira que tenía por dentro.

-Bien, nosotros nos retiramos. Alphonse, muchas gracias por el té y por ayudarnos con la misión, tu ayuda fue realmente necesaria, te veo mañana Acero. – Articuló Roy mientras realizaba un ademán de saludo y se dirigía hacia la puerta.

-¡Ah espere General! Prepare pastel de carne para esta noche ¿No le gustaría quedarse a cenar con nosotros? – Preguntó entonces Alphonse antes de que el General cruzase el umbral de la puerta.

-Ah, me encantaría, pero no sé si la idea termina de agradarle a Edward. – Respondió Roy mientras miraba al rubio, quien todavía seguía molesto por el escenario que se había creado hace algunos minutos. Al sentir que se referían a él rápidamente cambió su expresión.

-Ah no, no me molesta, de seguro debe sentirse tan solo en su casa que hasta me da pena, por favor quédese a cenar algo decente que de seguro no habrá probado algo comestible hace mucho tiempo. –Bromeó Ed con entusiasmo, Roy sonrió y dirigió sus pasos nuevamente dentro de la casa, mientras saludaba a los militares que se marchaban con el objetivo satisfactoriamente atrapado.

-Si… incluso podría quedarme a dormir también. –Expresó el General con humor.

-Ah no, eso sí que no. No pienso tener a un vago durmiendo en mi sofá. – Dijo el rubio siguiéndole el juego, logrando que el moreno riese animadamente ante el comentario.

-¿Y quién dijo que yo dormiría en el sofá? Yo no entro en él, en cambio tú entras y hasta sobras, Acero. –Bromeó con gracia el General al tiempo que esquivaba un ligero golpe proveniente de Ed.

-¿¡A quien le estas diciendo que es tan enano que se pierde entre los pliegues de una sábana eh!? – Acotó con furia el alquimista, logrando que tanto Al como Roy riesen animadamente.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Ah~ nada mejor que el hogar ¿no? 3

Y ahora con todos los problemas resueltos, su querida autora no tiene escusas para poder poner preguntas estúpidas al final, excepto una:

¿Qué clase de estupidez se le ocurrirá ahora a Melu para continuar?

¡Eso y más en el próximo episodio!

Gracias por leer~