Día de revelaciones.

Hermione terminó de cerrar la última caja y observó, con un leve aire de satisfacción, que por fin tenía todo ordenado y listo para marcharse. Levantó la mirada y vio aquel cuarto blanco y azul, que la había acogido desde que había salido de Hogwarts; suspiró con un poco de nostalgia, al tener que separarse de aquel signo de su independencia… pero era hora de partir hacia otros rumbos, igual que estaba segura lo haría Ron. Movió la varita levemente y todo cupo perfectamente en una valija, de piel roja, y fue hasta ella para terminar de cerrarla.

Todo estaba listo para que partiera…

—Hermione, en serio no tienes que hacer esto —irrumpió Ron haciendo que la bruja diera un respingo. Lo miró por un momento, no con rabia, ni con algún tipo de rencor… simplemente lo miró.

—Debo hacerlo, Ronald —respondió con algo de pesar. Volvió a agitar su varita, y la varita quedó suspendida a unos cuentos metros del suelo, siguiéndola como un perrito faldero—. Es lo mejor, ya quedó claro que no estás dispuesto a soportar que yo pueda liberar a Malfoy…

—¡No seas extremista! Yo… no estoy de acuerdo con el mald —paró por un momento y respiró un par de veces—… con que el hurón salga en libertad, pero si tienes que hacerlo… lo aceptaré —Hermione lo miró por un momento, quizás evaluando la situación en la que se encontraban.

—Es hora de crecer… y no debes hacerlo sólo tú…

Sonrió de manera nostálgica, y se despidió de Ronald con un leve asentimiento, que él a regañadientes también correspondió. Pasó a su lado lentamente, queriendo detener el tiempo pero a la vez apurarlo y que todo aquello terminara de una vez… lo miró intensamente por última vez, guardando sus ojos dentro de sí, y salió por la puerta, sintiendo que por primera vez todo el peso del mundo estaba sobre ella; o por lo menos todo el peso de su vida.

Abajo, esperándola con una mueca que pretendía ser una sonrisa, la esperaba Harry, recostado en aquel auto que había convencido a Ginny de comprar. En cuando vio un destello de su cabello castaño, miró a ambos lados tratando de advertir a algún muggle…

—No te preocupes, tiene un hechizo desiluminador.

Comentó Hermione adivinando en lo que pensaba su amigo; que algún muggle vería aquella valija volando a varios centímetros del suelo y que se armaría una revolución.

—Perfecto —susurró mientras habría la puerta de la maletera y metía allí aparentemente sólo aire. La cerró, y miró a Hermione por un momento—. ¿Estás segura de querer hacer esto?

—Sí, Harry… es necesario que ambos nos despejemos —y sin intención alguna de que Harry le hiciera alguna otra pregunta, abrió la puerta del copiloto y se montó en el auto.

El viaje fue un tanto largo, tenía pensado mudarse a las afueras de Londres, cerca de donde vivían Harry y Ginny. Hermione no era el tipo de persona que solía escaparle a los problemas; pero aquél no era un escape, simplemente era un tiempo que debían tomarse… para pensar y reflexionar.

Al final, en poco más de una hora, llegaron a una pequeña casa, de una sola habitación, en donde Hermione viviría por el tiempo que fuera necesario. Era blanca por fuera, con un techo a dos aguas, con un pequeño jardín delantero y alguno que otro árbol flanqueaban la entrada. Hacer que Harry se fuera y la dejara sola no fue fácil, porque él quería quedarse con ella hasta asegurarse que todo estaba en orden y que no haría nada; sin embargo, luego de quince minutos de insistencias y de alguna que otra amenaza, Hermione escuchó las llantas del auto hacer tracción y arrancar hacia unas calles más arriba.

Sacudió un poco la cabeza, estaba segura que aquella noche Harry y Ginny llegarían para cenar con ella… pero sacudió aún más fuerte la cabeza. Ginny aún estaba en el campeonato, no podría visitarla.

Suspiró mientras entraba a la casa, y se tiró sobre el sofá sin ganas de acomodar todo… movió la varita y aquel techo se convirtió en una noche con estrellas, y ella pudo soñar lentamente. La luz estaba apagada, y se sentía libre bajo un cielo estrellado. Lanzó un último suspiro, y cayó en los brazos de Morfeo.

—Bien, Malfoy, es hora que empieces a hablar —aseguró Hermione, mientras ponía su maletín sobre la mesa y lo miraba severamente—. Hablé con Harry y…

—¡Oh! No sabía que Potter estaba en esto siseó.

—No, simplemente me sugirió que si quieres salir de aquí… debes hablar —repitió lo mismo que había dicho al principio, sólo que esa vez ya estaba sentada enfrente de él y lo miraba penetrantemente—. ¿Tienes algo que decir?

Draco la miró, sus ojos estaban encendiendo en furia sólo con saber que en aquel momento Hermione tenía algún tipo de poder sobre él, porque ella era la única que podía sacarlo de donde estaba en ese momento. Respiró hondo, cerró los ojos un par de veces y habló por fin:

—¿Qué quieres que te diga, Granger?

—No lo sé, creo que podríamos comenzar con el problema de esto —sacó una libretita y una pluma parecida a la de Rita Skeeter sólo que aquella no era una pluma a vuelapluma—. ¿Por qué… te convertiste en mortífago?

—Es obvio, Granger, supuse que alguien tan…

—En estos casos nada es obvio. Comienza a hablar.

—Bueno… supongo que porque debía hacerlo —paró un momento y se acercó a la mesa, posó ambas manos allí como si fuera a contarle un secreto a Hermione—. La reputación de mi padre estaba por los suelos, debía levantar el apellido Malfoy y…

—Por eso te encargaron matar a Dumbledore —terminó Hermione, haciendo que Malfoy la mirara de nuevo con odio y un dejo de asco. Se retiró hacia atrás de nuevo, intentando evitar recordar haber tenido algún tipo de contacto con Hermione—. Malfoy, supongo que sabes que yo no estoy haciendo esto porque me muera de ganas…

—Lo sé, Granger, no es necesario que me lo repitas —levantó las manos, dejando ver las grandes cadenas que lo apresaban—. A mí tampoco me gusta estar así… —iba a comentar algo más, pero antes de soltar alguna otra palabra cerró la boca y se acomodó en la silla, volviendo a su postura inicial.

La miró penetrantemente.

—Debes hacer lo que te pida, no es que vaya a pedir mucho —anotó un garabato que ella tampoco entendía—. Si tienes alguna información… de relevancia, es necesario que me lo digas, Harry me dijo que es la única manera en que podrías aspirar a libertad…

—No pienso seguir los consejos de Potter, Granger. Así que tendrás que buscar otra forma de sacarme de aquí… si es que puedes —el último pedazo lo siseó con gran placer.

Hermione lo miró desafiantemente por un momento, no dejaría que Malfoy insinuara que no era competente tan campantemente. Dejó la pluma a un lado, posó ambas manos en la mesa y se acercó lentamente…

—Quizás —comenzó fríamente— puedas salir libre aplicando alguno de los artículos, así como hice que te redujeran la pena —sonrió irónicamente—; pero si no estás dispuesto a ayudarme te jodiste, Malfoy —golpeó la mesa con su mano, hizo una mueca que pretendía parecer una sonrisa burlona, y tomó sus cosas. Salió de aquella blanca sala, luego de que le revisaran la varita y el portafolio por lo menos tres veces.

En cuanto puso un pie en la calle muggle, sintió el aire fresco sobre su cara de nuevo; luego de estar en aquella sala blanca y fría lo necesitaba. Caminó sin rumbo fijo por algunos minutos, veía distraídamente las tiendas y las cosas que vendían. No sabía por qué estaba cansada si el día anterior había dormido toda la noche como un bebé.

Sacudió la cabeza intentando quitarse pensamientos estúpidos de su mente, y cruzó en un callejón sucio y desolado. Agitó su varita fuertemente y apareció frente a aquel viejo teléfono público. Apretó rápidamente los números, y en menos de diez minutos estaba en el ascensor subiendo hacia el piso de seguridad mágica.

Llegó hasta la oficina de su amigo, tocó y entró…

—Harry, quisiera que me dijeras los nombres de quienes están fugitivos —Harry la miró con algo de incredulidad.

—Bien. Siéntate.


Hola a todos =)

Yo acá les traigo otro cap más que espero que les guste, ya saben que cualquier error no duden en decírmelo =)

Gracias por leer y me gustaría mucho si me dejan un review. Dann