Capitulo 7.

- Houston, tenemos un problema. – eso fue lo único que le dio tiempo a decir a Dean cuando entro en la habitación antes de que su hermano lo estampara contra la pared mas cercana, cerrara la puerta de una patada y se le echara encima. Al mayor se le cayeron todos papeles y recortes de periódicos que llevaba en la mano y se quedo casi sin aire por el golpe. - ¡Sam! ¿Qué coño haces?

- Has tardado mucho. – Dean parpadeo. Le miro a los ojos para asegurarse de que todo estaba bien. Nada. Ni negros, ni amarillos, ni rojos. Solos los ojos verdes/pardos/grises de siempre.

- ¿Es que ahora tengo toque de queda, Samantha? – pregunto forcejeando para liberarse. No había manera. Tenía las mil toneladas de Sammy encima y no se movía ni de broma.

Sam escondió la cara en el cuello de su hermano y empezó a olisquearlo como si fuera un perro, haciendo que al otro se le pusieran los vellos de punta. Llevaba cuatro horas esperando a que Dean volviera, preocupado. La preocupación se mezclo con la irritación de pensar que estaría perdiendo el tiempo en cualquier bar y con cualquier camarera y a eso se le unió el maldito calor que se hizo mas intenso cuando piso la habitación. Había pasado toda la tarde sin camiseta, agobiado y cuando Dean entro, sonriendo como si no pasara nada, a Sam se le terminaron de cruzar los cables del todo. Se le metió un único pensamiento en la cabeza : estamparlo contra la pared y darle de puñetazos por preocuparle. Pero al notar el cuerpo de su hermano pegado al suyo, su calor, fue cuando se dio cuenta de que llevaba mucho rato empalmado y la idea de los puñetazos cambio por algo menos violento y más satisfactorio.

- ¿Has estado bebiendo sin mi, Dean? – le pregunto hociqueando en su cuello y lamiéndoselo. El mayor cerro los ojos y ahogo un suspiro cuando Sam le delineo la mandíbula con la lengua hasta llegar a su boca. – Eres un mal hermano. – Dean abrió los ojos al notar el aliento de Sam en su boca.

- Pues parece que tu también te has dado un homenaje sin mi, ¿no, Sammy? ¿El amigo Jack, tal vez?

- Tal vez… - no tuvo tiempo para reaccionar cuando Sam se le abalanzo a los labios, pegando aun mas su cuerpo al suyo, haciéndole notar su erección, caliente y dura, a través de los vaqueros.

Dean sabia que tenía algo que contarle a Sam cuando entro en la habitación. Algo importante. Importantísimo. Sobre el caso. Estaba seguro de ello. Pero fue sentir los labios de su hermano sobre los suyos y se le olvido todo. Solo le quedo capacidad neuronal para acordarse de respirar y responder al beso antes de que Sam se lo comiera. Porque, joder, era lo que parecía que iba a hacerle. Comérselo. Así que decidió dejar lo que fuera que iba a decirle a Sam de lado (total, ahora no se acordaba, que mas daba…) y se dijo a si mismo que su hermano no besaba mal del todo (era su hermano y era un Winchester, tenia que besar bien por pelotas, que coño) pero que aun podía enseñarle alguna que otra cosa sobre como besar a alguien hasta dejarle caliente y sin capacidad de reacción. Pero mira tú por donde, la normalmente perdida y olvidada conciencia de Dean apareció, para recordarle que Sam no se solía comportar de esa manera normalmente y que tenían un caso entre manos. Un caso que, curiosamente, tenía mucho que ver con lo que Sam estaba haciendo en ese momento. Que hija de perra su conciencia…

Cuando Sam noto que Dean le respondía al beso, aflojo el agarre. El mayor aprovecho eso y, con una llave bien hecha, Sam acabo con la cara aplastada contra la pared y el brazo retorcido.

- Oks… vamos a calmarnos un poco… - gruño Dean, no sabiendo muy bien si se lo decía a Sam o a el mismo. El pequeño intento soltarse, pero Dean le retorció aun más la muñeca, haciendo que soltara un quejido de dolor. – No, no, Sam. Tu quietecito. Que parece que estés en celo, chaval.

- ¡Joder, Dean! ¡La mano! ¡Que me la rompes!

- ¡Te jodes! ¿A que coño ha venido eso? – le pregunto, empujándole hacia el salón y sin dejar de retorcerle la mano. – Desde que estamos aquí no haces más que cosas raras, tío.

- Pues no te oí quejarte antes. – fanfarroneo el pequeño. Dean puso los ojos en blanco y gruño.

- ¡Pues me quejo ahora!

- ¡Suéltame!

- ¡Ni de coña! – forcejearon hasta que Dean los metió a ambos en la ducha y abrió totalmente la llave del agua fría. Esta cayó sobre ellos, dejándoles casi sin respiración de lo helada que estaba.

- ¡Joder, Dean! ¡Esta congelada! – al mayor pronto le castañearon los dientes, de puro frío. Sam estaba temblando como una hojita, con los pantalones del pijama empapados.

- ¡Fastídiate! ¿Vas a seguir intentando meterme mano?

- No, ¿vale? Ya me estoy quieto. – Sam se froto la muñeca dolorida cuando Dean por fin le soltó y le dedico una mirada furibunda a su hermano. El mayor le ignoro y, cogiendo una toalla, se fue al dormitorio a secarse.

- Ok… ahora, vamos a hablar con calma los dos… y a buscar una explicación medio creíble a esto. Porque alguna habrá y me da que tiene que ver con nuestro caso y lo que he descubierto de mi charla con las familias de las victimas. Y… dime que has hecho algo mas esta tarde que esperarme como una gata en celo, Sammy…

Un buennnn y largo rato después…

- A ver si lo he entendido… ¿no has investigado nada desde que me fui? – Sam se sonrojo y se cruzo de brazos a la defensiva.

- Tardaste demasiado… y pensé que te había pasado algo y… vale, se me fue la pinza. – Dean arqueo una ceja.

- Y tanto que se te fue, tío… menos mal que yo si trabajo. – el pequeño gruño, pero Dean le ignoro. – Entreviste a las otras tres esposas de las victimas. Y todas me dijeron lo mismo. Que sus maridos se quejaron de calor mas de un mes antes de su muerte y que estaban "inusualmente" fogosos durante ese tiempo… ¡ah, si! Y que todos pasaron un fin de semana romántico en este motel.

- Uh…

- Yeah, uh… Lo cual significa, mi encelado hermanito, que tenemos un serio y grave problema… Porque si no me equivoco, tenemos habitación en el meollo del caso.

Continuara…